Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 24-

Jasper

Salí de la pensión tras despedirme de la señora Gordon y de Jessica, a la que aquella tarde le había tocado ayudar a su abuela. Miré mi reloj y me alegré al darme cuenta de que, tal y como había predicho Alice, solo había tardado cuarenta minutos en recoger lo poco que me quedaba en la pensión. Seguro que cuando llegara a casa me reprocharía el "haber ido tan deprisa", pero no había podido evitarlo.

Después de dejar la maleta en el maletero, me subí al coche y arranqué sin poner la calefacción; total, en cinco minutos habría llegado a casa. Una vez allí me tranquilicé un poco al ver las luces encendidas; tal y como estaba todo cuando me marché. Imaginé que Matt aún estaría con la nariz casi pegada a la televisión, viendo esa película de dibujos que me había prometido explicar, mientras Alice lo arropaba bien con la manta para que no cogiera frío. Me descubrí sonriendo tontamente, por lo que sacudí la cabeza, distraído.

Me bajé del coche una vez lo tuve aparcado y saque la maleta del maletero sin prisa, para después dirigirme a la puerta de casa. Llamé al timbre una vez y esperé, pero nadie vino a abrirme. Supuse que no me habían oído, así que llamé con más insistencia, pero tampoco pasó nada. Fruncí el ceño, sin entender. Quizá se tratara de una broma que me estaban haciendo Alice y Matt, pero la verdad era que no tenía demasiado sentido. Llamé varias veces más, pero no aparecieron por ninguna parte.

Nervioso, pensé en dar la vuelta a la casa para asomarme por alguna ventana, y eso mismo hice. Me puse de puntillas para poder ver a través de la ventana de la cocina, por donde me percaté de que la televisión estaba encendida. Quizá se habían dormido y no escuchaban el timbre... Porque me extrañaba que hubieran salido de casa dejándose todas las luces y la televisión encendidas. No, aquello no podía ser.

Vi que en el suelo había algo pequeño y cuadrado que me llamó la atención, por lo que me agaché y lo recogí: era una caja de cerillas que promocionaban un bar llamado Black Moon a las afueras de Georgetown. ¿Cómo había llegado a parar eso allí?

Mis pensamientos se dispersaron cuando sentí mi móvil vibrar en el bolsillo del pantalón, y respiré, relativamente tranquilo, al ver que la persona que me llamaba era Alice:

– ¿Hola? ¿Dónde es...?

Hola, profesor.¿Sabes quién soy?

Se me heló la sangre al escuchar aquella voz, pues aunque solo la había oído un par de veces, sabía que jamás podría olvidarla.

Apreté con fuerza el asa de la maleta que aún sostenía en mi mano y, por más que intenté respirar acompasadamente, mi corazón se empeñó en latir con fuerza, consiguiendo que me palpitaran con violencia las sienes.

– ¿Qué has hecho, James?

No he hecho nada, todavía –se mofó, cosa que solo consiguió provocarme más ganas de matarlo.

– ¿Dónde están?

Tranquilo, no tengas tanta prisa. Lo sabrás todo a su debido tiempo.

–Necesito saber que están bien.

Están bien. Pero depende solamente de ti que continúen estándolo.

Apreté la mandibula, maldiciéndolo en silencio, y fue entonces cuando me di cuenta de que el cuerpo entero me estaba temblando. Aquello era culpa mía. Yo los había dejado solos, y por mi culpa ese hijo de perra se los había llevado.

¿Aún estás ahí, profesor? ¿O es que lo que les pase a Alice y al niño no te importa?

–Estoy aquí –me esforcé por mostrarme sereno, pues dejarle claro que estaba aterrado no me iba a ayudar en absoluto. – ¿Qué quieres que haga?

Antes de nada quiero que hables con alguien –murmuró James, y pude escuchar de fondo algunos sonidos que no me aclararon dónde se encontraban.

Quería hacerle alguna señal a alguien para que me ayudara, pero no había nadie en la calle. Y era consciente de que si James escuchaba a otra persona que no fuera yo, o se daba cuenta de que estaba pidiendo ayuda, no dudaría en hacerles daño a Alice y a Matt.

¿Jasper? –la temblorosa y sollozante voz de Matt consiguió estremecerme de la cabeza a los pies, por lo que solté la maleta sin miramientos y agarré el teléfono con las dos manos.

– ¡Matt! ¿Cómo estáis?

Tengo miedo. Tiene una pistola. Ven a buscarnos, Jasper...

–Ahora mismo iré, no te preocupes, campeón –se me encogió el corazón cuando lo escuché sollozar de nuevo, y más al saber que ese loco tenía un arma. –No te asustes, intenta tranquilizarte.

Quiero irme a casa –insistió. –Hace mucho frío en este... –al parecer James alejó el teléfono de Matt, y pude escuchar perfectamente el "¡cállate!" que le dedicó.

¿Profesor? –volví a escuchar la desagradable voz de James.

–Sigo aquí. No les hagas daño, por favor –le rogué, a pesar de todo, con voz impasible. Sabía que si mostraba debilidad ante él solo le daría más poder, y eso no entraba en mis planes.

Ya te he dicho que eso solo depende de ti. ¿Quieres hablar con tu novia?

No me dio tiempo a responder, porque volví a escuchar los mismos ruidos de antes y después la temblorosa voz de Alice:

Jasper, no le hagas caso. No hagas nada de lo que te pide –escuché por detrás la risa de James, que parecía estar muy entretenido con nuestra conversación.

–No os voy a abandonar a vuestra suerte. ¿Estáis bien, Alice? –le pregunté pegando aun más el teléfono a mi oreja. Sabía que no lo estaban, ¿cómo iban a estarlo? Pero necesitaba escuchar la voz de Alice diciéndome que resistirían.

Matt tiene mucho frío, solo lleva el pijama –fue entonces cuando su voz empezó a romperse, y pensé que quizá también lo estaba haciendo su espíritu. –Si no entra en calor pronto... Por favor, Jasper... Estamos en un... –de nuevo James alejó el móvil antes de que pudiera decirme dónde se encontraban. No obstante, el sonido que escuché después fue el que consiguió horrorizarme por completo, causándome repulsión: el de una bofetada. Y no solo eso, sino que pude oír perfectamente el "jodida zorra" que le dedicó James, consiguiendo hacerme cerrar los ojos y reprimir el grito que pugnaba por salir de mi garganta.

–James, dime de una vez dónde estáis –casi le exigí, sabiendo que estaba al límite.

¡Tú no estás en posición de exigirme nada, gilipollas! Si me da la gana puedo cargármelos ahora mismo, ¿te enteras?

–Entonces dime qué quieres que haga; haré lo que sea.

Lo escuché resoplar contra el teléfono, y tragué saliva con dificultad, deseando no escuchar ningún disparo.

Lo primero que vas a hacer es no colgar el teléfono en ningún momento. Si lo haces, sabré que estás buscando ayuda, y entonces los mataré a ambos. ¿Te ha quedado claro?

Tragué saliva con dificultad, pero me obligué a respirar hondo.

–Sí.

Ahora te subirás en tu coche e irás al banco más cercano. Sacarás todo lo que tengas en tu cuenta, seguirás mis indicaciones al pie de la letra y me lo traerás donde yo te diga.

–No tengo mucho dinero. No sé si es que crees que soy rico, pero mi sueldo no es para tirar cohetes.

–Me da igual. Saca todo lo que tengas de todas las cuentas. No importa que tardes, solo hazlo.

Recogí mi maleta del suelo a toda prisa y empecé casi a correr hacia mi coche, en el que estuve subido en menos de dos minutos. No vi a nadie que pudiera ayudarme, pero tampoco podría hacerlo, pues tenía la sensación de que James sabría todo lo que hacía, y no estaba dispuesto a arriesgarme. Necesitaba salvarlos, necesitaba verlos y saber que estaban bien. Sin embargo, hice lo que James me pidió y fui al banco más cercano para sacar el dinero, siempre sin colgar el teléfono. Sabía que no estaba haciendo lo que debía, porque no estaba en mis principios ceder ante un chantaje como aquel, pero en ese momento me costaba pensar. Yo solo quería que liberara a Alice y Matt, lo demás me importaba poco.

–Ya está.

¿Cuánto tienes?

–Unos... mil ochocientos dólares.

James permaneció varios segundos en silencio, en los que se me pusieron los pelos de punta. No sabía lo que estaba haciendo o pensando, y eso me sacaba de mis casillas.

Es muy poco. Pero por ahora será suficiente.

Solté el aire que había estado conteniendo.

–Vale, ¿y ahora qué?

La carcajada que soltó James consiguió exasperarme.

Veo que estás impaciente por vernos... Conduce, yo te indicaré por dónde tienes que ir. Y si cuelgas, Jasper, o si haces algún sonido extraño, o cualquier cosa sospechosa, te aseguro que los encontrarás a los dos con un bonito tiro entre ceja y ceja.

Cerré los ojos con fuerza, intentando alejar de mí esa horrible imagen que acababa de apoderarse de mi mente.

–No haré nada, pero por favor, no les hagas daño. Espera a que llegue y hablaremos como dos personas normales; no tienes por qué hacer nada de esto.

¿Ah, no? Solo me estoy cobrando lo que vosotros me habéis hecho a mí. Os voy a hacer tragar esa denuncia que me habéis puesto –decretó con la voz ronca.

Me quedé paralizado durante unos segundos en el coche. ¿Cómo lo sabía? El policía que la tramitó nos llamó días después diciéndonos que no habían encontrado ninguna dirección relacionada con James, por lo que no había recibido la notificación de la denuncia. Entonces, ¿cómo sabía que lo habíamos denunciado?

Dándole vueltas al tema en la cabeza, y tras poner el manos libres, arranqué de nuevo, nervioso, sintiendo cómo me temblaban las manos. En aquel momento lo único que sabía era que debía llegar hasta donde estaban Alice y Matt. Todo lo demás podía esperar.

.

.

Alice

Le dediqué a James una mirada furibunda. Si alguna vez volvía a tener las manos libres, lo estrangularía. Y la verdad era que me estaba empezando a sentir algo bipolar, porque en un momento solo me apetecía acurrucarme y llorar, pero al siguiente lo único que deseaba era poder liberarme para lanzarme contra James y golpearlo hasta la saciedad.

Sin embargo, de nuevo me estaban invadiendo las ganas de llorar, y más después de haber escuchado la preocupada y acongojada voz de Jasper. El pobre seguro que lo estaba pasando fatal, y yo no podía hacer nada por él salvo esperar que fuera capaz de... llegar a algún acuerdo con James, cosa que sabía que no pasaría. Tampoco podía hacer nada por Matt, que no dejaba de tiritar a mi lado. Al menos James nos había colocado a los dos lo bastante cerca como para que yo pudiera asegurarme de que mi hijo estaba bien, dentro de lo que cabía. Nos había atado a los pies de un árbol en lo profundo del bosque, y aunque estaba medio muerta de frío, estaba más preocupada por Matt. Temía que le subiera la fiebre, y sabía que lo haría, a causa de pasar tanto rato a la intemperie en una noche tan fría como aquella. Ni siquiera habíamos podido coger ropa de abrigo... Aunque claro, ¿qué más le daba a James si moríamos o no? Estaba segura de que, si por él fuera, nos abandonaría allí para que muriéramos de hipotermia, pero suponía que prefería ser él el que llevara a cabo la tarea de acabar con nuestras vidas.

Porque sí, era consciente de que iba a matarnos en cuanto Jasper llegara. Le había pedido dinero para poder marcharse después, para poder empezar de nuevo en otra parte; quizá en otro país. Imaginaba que su plan era acabar con nuestras vidas y dejar nuestros cuerpos tirados en el bosque para que, con suerte, algún pobre miserable nos encontrara en los próximos días. Para entonces James habría podido salir del estado o del país. No obstante, deseaba que fuera lo bastante imbécil como para haber dejado pruebas, o alguna de sus huellas en nosotros, para que la policía lo identificara y acabara encontrándolo tarde o temprano.

Y sí, quizá me estaba excediendo y estaba adelantando acontecimientos, pero no podía hacer nada más que darle vueltas al tema. Suponía que su intención no era dejarnos con vida después de todo lo que estaba haciendo.

–Cuando encuentres la segunda señal de stop, aparca. Una vez lo hayas hecho seguiré indicándote –lo escuché hablar con Jasper, e irremediablemente volvieron a llenárseme los ojos de lágrimas.

No había llorado cuando James me había abofeteado, ni siquiera cuando me había golpeado el pómulo con su puño cerrado, porque no me había dado la gana de darle ese gusto. Me había visto llorar después de hablar con Jasper, pero no iba a llorar por él. Ninguna de mis lágrimas había estado dedicada al malnacido de James, y ninguna lo estaría. El único hombre por el que estaba dispuesta a llorar estaba a punto de reunirse con nosotros.

No podía evitar pensar que lo había condenado... Jasper jamás tendría que haberse visto envuelto en ese embrollo, no tenía nada que ver con él. Pero había sido culpa mía, yo había permitido que se enamorase de mí y me había permitido enamorarme de él. Si no lo hubiéramos hecho, nada de esto habría sucedido, y lo más probable era que en aquel momento ninguno de los tres estuviera a punto de morir. Lloré sin poder evitarlo, sintiendo cómo las lágrimas calientes resbalaban por la fría piel de mis mejillas y mojaban la tela que me cubría la boca. Matt, que continuaba temblando, me miró con los ojos también llorosos, y a pesar de que quise serenarme por él, porque el pobre ya estaba bastante asustado, no pude evitarlo. No podía evitar pensar en que, si no sucedía un milagro, Matt no crecería, no se convertiría en un adolescente que se rebelaría contra mí en algún momento, no se enamoraría, no me haría abuela... No tendría la oportunidad de vivir, de descubrir todo lo que la vida podía ofrecerle.

– ¿Y ahora qué te pasa? –escuché la voz de James dirigiéndose a mí, y supuse que continuaba esperando a que Jasper terminara de seguir sus indicaciones. – ¿Es que no estás contenta? Va a venir tu novio. ¿No era eso lo que querías?

Lo miré con asco a pesar de que las lágrimas no me dejaban enfocarlo con claridad. Era un maldito cobarde que ni siquiera tenía agallas para enfrentarse a lo que yo tuviera que decirle.

– ¿No era eso lo que querías? –repitió mirándome con una sonrisa malévola. –Vais a morir los tres juntitos, ¿qué más quieres?

Enrabiada, intenté ponerme en pie, pero las piernas me fallaron y me desplomé de nuevo contra el suelo, de rodillas, pues estas no reaccionaron. Las tenía dormidas y entumecidas después de haber pasado tanto rato quieta. Sin embargo, aunque me hubiera puesto en pie, no habría conseguido acercarme a él, pues continuábamos atados contra el tronco del árbol.

Cuando escuché los sollozos de Matt me quedé inmóvil y lo miré, queriendo acercarme a él para consolarlo aunque fuera con mi cercanía, pero no pude. Mi hijo tenía la cabeza gacha, y mientras lo veía estremecerse por el frío y por el llanto, vi cómo caían dos lágrimas de sus ojos. El pobre estaba muerto de miedo, y más después de lo que James acababa de decir.

–Ah, Jasper. ¿Ya has aparcado? –James volvió su atención a mi teléfono móvil, con el que había hecho la llamada. –Ahora bájate del coche y camina hacia delante, hay dos troncos caídos. Tienes que meterte en el bosque. Sí.

Quería ver a Jasper y a la vez no. No quería que la última imagen que tuviera de nosotros fuera la de ambos atados a un árbol, maniatados y amordazados. No quería hacerle sufrir más. No quería que muriera. No quería que James nos matara.

– ¿Por qué se escucha tan mal? –oí la queja de James, que pareció nervioso durante un segundo. – ¿Que no tienes cobertura? ¡Esa es una excusa de mierda! Si cuelgas, Jasper, te juro que los mataré. Sigue andando, joder. Si no llegas aquí en cinco minutos ya puedes ir despidiéndote de ellos, ¿te enteras?

James empezó a moverse como un perro enjaulado, y temí que se le fuera aún más la cabeza de un momento a otro y decidiera dispararnos sin miramientos.

–Parece que a tu novio le importa poco vuestro bienestar –me informó con una sonrisa intranquila, pues le temblaron los labios en cuanto me habló. – ¿Ya has llegado al claro? –le preguntó a Jasper. –Más te vale que me vayas informando de dónde te encuentras, porque si te atreves a hacer un movimiento en mi contra, Jasper, te juro que... ¿Jasper?

James se quedó en silencio durante unos segundos, después empezó a reírse de repente como un desquiciado, y yo me tensé al instante en el que apartó el teléfono de su oreja y alzó el arma, apuntándonos con ella. No sabía exactamente a quién estaba apuntando, si a Matt o a mí, pero eso no me tranquilizó en absoluto.

–Parece que hemos perdido la conexión con el imbécil de tu novio. Veo que se interesa poco por vosotros... Pero en fin, he decidido que el primero en morir será el más joven –dirigió el cañón del arma hacia Matt, que cerró los ojos y comenzó a llorar desesperadamente. Yo, por mi parte, me removí contra la cuerda con todas mis fuerzas, gritándole a James que no lo hiciera, pero mi voz sonó amortiguada por el pañuelo que me cubría la boca. No, mi hijo no podía acabar así. –No lo puedo evitar –masculló James con una sonrisa morbosa en los labios, quitándole el seguro al arma. –Soy un hombre de palabra.

Entonces, y sin que ninguno de nosotros se lo esperara, alguien salió como una exhalación de entre los árboles y empujó a James, que salió disparado hacia un lado y cayó al suelo violentamente. Mi teléfono móvil y su arma corrieron la misma suerte, pues ambos artefactos volaron por los aires cada uno en una dirección. Mis ojos se abrieron de par en par cuando me di cuenta de que la persona que había empujado a James era Jasper, y me estremecí de la cabeza a los pies cuando los vi a los dos forcejeando en el suelo.

Volví a removerme contra la cuerda para que Matt y yo tuviéramos una oportunidad de escapar, pero no conseguí librarme de ella. Además, quería ayudar a Jasper, que en aquel momento estaba sobre James intentando evitar que este llegara hasta la pistola, que había caído lo bastante cerca como para que su dueño pudiera recuperarla tan solo estirándose un poco. Mi hijo se encontraba observando atentamente la pelea a pesar de que sus ojos continuaban llenos de lágrimas. Yo, por mi parte, empecé a respirar agitadamente, sintiendo que la sangre me corría por las venas a mil por hora, e incluso comenzaron a palpitarme con fuerza las sienes.

Grité al darme cuenta de que James había alcanzado su arma, y me enfurecí aun más cuando este tomó ventaja tras golpear a Jasper en el estómago, quien pareció quedarse sin aliento por unos momentos. Su rival aprovechó esa oportunidad y, tras ponerse en pie, intentó darle una patada en la cabeza, pero Jasper fue lo bastante rápido como para esquivarla, recibiendo el golpe en el hombro. Cerré los ojos al ver que James apuntaba la cabeza de Jasper con la pistola, y sentí que dos lágrimas volvían a resbalar por mis mejillas sin poder evitarlo. Me sobresalté y me derrumbé a la vez al escuchar el disparo y el sonido de un cuerpo cayendo al suelo. Fue entonces cuando supe que todo había acabado.

Me percaté de que estaba hiperventilando al empezar a temblar de nuevo, y sentí que me faltaba el aire cuando me decidí a abrir los ojos. Sin embargo, no me encontré con la imagen que había esperado y que tanto había temido, sino que vi a Jasper en el suelo con el arma en la mano, y a James a su lado, con el rostro crispado en una mueca de dolor mientras se agarraba con fuerza la pantorrilla. No entendía nada, pero sin embargo no me importó no entenderlo. Solo quería poder alejarme de todo aquello.

Jasper soltó la pistola lo bastante lejos de James como para que le fuera imposible cogerla, y después se puso en pie lentamente. Se inclinó sobre él, que continuaba quejándose, y le dijo:

–Yo también soy un hombre de palabra, y siempre cumplo mis promesas.


¡Hola! Antes de que se me olvide, sí, ayer tenía que subir capítulo pero no tuve tiempo porque apenas estuve en casa. Hace dos semanas que empecé a hacer prácticas en una empresa de mi ciudad y entre eso y las clases de la universidad apenas piso mi casa en toda la semana T_T Pero bueno, sabéis que si no actualizo el viernes lo hago el sábado sin falta, así que no os preocupéis ;)

Yendo al cap, ¿qué? ¿Qué os ha parecido? ¡Ahora sí que Super-Jasper ha aparecido con capa y todo! Jajajaja. ¿Os he asustado con el final y ese disparo que parecía que iba dirigido a nuestro Jazz? Decidme que sí aunque sea mentira y así me sentiré mejor, jajaja. No, en serio, espero que a pesar de lo amargo y tenso os haya gustado aunque sea un poquito y me lo digáis con vuestros reviews :)

Y antes de que se me olvide otra vez, quiero dedicarle este capítulo a elegv porque es una mujer formidable, super cercana y simplemente porque quiero dedicárselo (nosotras nos entendemos, ¿verdad? jejeje).

¡Nos leemos la semana que viene, entonces! (No sé si el viernes o el sábado, pero la semana que viene sin falta ;P) ¡Hasta entonces! Xo