Siento infinitamente la tardanza para subir el capítulo, pero me temo que soy una vieja achacosa que se ha tenido que apartar una temporada del teclado por culpa de insoportables dolores varios. No es recomendable que me ponga a escribir en mitad de una migraña porque esto terminaría en masacre, creedme. Tampoco es bueno que lo haga bajo los efectos de las drogas que mitigan el dolor porque me parece que sería demasiado caótico y ni siquiera un Wraith le encontraría sentido (tampoco es bueno que me dedique a zamparme SG Atlantis para entretener las noches de insomnio subsiguientes, nop). El caso es que este capítulo es más largo en anotaciones y respuestas que en su contenido principal, me temo. Espero que no me culpéis por querer daros unas cuantas explicaciones y aclaraciones a vuestras dudas, en detrimento de un poco más de historia.

Aquí tenéis la perspectiva de Draco, con unas cuantas conversaciones que os perdisteis en la de Lucian. Pero antes explicaré los regalos de los vampiros, ya que los de los magos no necesitan explicación, son cosas que conocemos del mundo de Rowling.

Comenzando por el regalo que Draco le hace a Hermione. Es bastante sencillo: una ampolla de cristal con unas gotas de la sangre de Draco, engarzada en plata para que sea un colgante. Lo hizo él en persona, creó la ampolla y la protegió con varios encantamientos, también le dio forma a la plata para crear la filigrana que la protege. Su importancia estriba en la antigüedad de la sangre de Draco, cualquier vampiro normalito daría lo que fuese por tener esas gotas, pero ninguno estaría tan loco como para tocar algo que perteneciese a un antediluviano (como se denominan a los vampiros tan antiguos como Draco, Lucian, Ennoia, etc), porque sería el equivalente al suicidio. De esa manera funciona como un "amuleto", porque la marca como de su propiedad sin necesidad de convertirla en un ghoul y de un modo discreto. Si fuese necesario, si Hermione se viese en un grave peligro, podría romperlo y beber esas gotas, obteniendo de ese modo la fuerza, rapidez y resistencia de Draco. Pero también es un símbolo de lo mucho que ama Draco a Hermione, porque no desea convertirla en su ghoul, pero aún así le da su sangre de un modo que no le va a perjudicar directamente. Es una manera de decirle que siempre estará con ella y siempre la protegerá allá donde esté.

El regalo que Isabel le hace a Hermione, es un poco más difícil de explicar. Se supone que, en los tiempos en que Caín aún caminaba entre los mortales y no se había rendido al letargo, un cronista reunió todo lo relacionado con su maldición y todos los secretos de los vampiros que creó, en un libro como el que Isabel le dio a la brujita. Aunque no lo dije, Lameth sí que ha leído la anotación que hay en la primera página: "Para Hermione, con toda mi curiosidad y desconcierto. Nod." Isabel convenció a Tony para que la llevase a esos tiempos y así conseguir el ejemplar que descansa en las manos de Hermione. El asombro porque esté entero es, principalmente, porque al haber sido escrito hace tanto tiempo y contener información tan importante para los vampiros, ha ido perdiendo fragmentos a lo largo de los siglos. (Es habitual que las partidas tengan como finalidad buscar un fragmento del Libro de Nod, jejeje)

El resto de los presentes, son bromas privadas entre los vampiros. Lucian y Lara son Lasombras, no se pueden reflejar en los espejos por culpa de su manejo de las sombras, por eso les regalan un espejo. Julia, con su manía por ser tan formal en ocasiones, recibe un servicio de té de porcelana china como recordatorio de una ceremonia tan complicada y cargada de protocolo. Los shuriken de Isabel, no creo que necesiten explicación, es una asesina, le encantan las armas. La calavera que le dan a Lameth, tiene el significado oculto de que, su clan de procedencia, los Capadocios, se ocultaban en cementerios y estudiaban cadáveres para conocer mejor el cuerpo humano. El bastón que le dan a Tony, tiene como razón el que, durante mucho tiempo ha llevado uno que tenía ocultas astillas que en cualquier momento podían salir disparadas en busca del corazón de un vampiro, para paralizarlo completamente. Como dije, son bromas privadas entre ellos.

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No pude dormir en toda la noche, contaba cada minuto para bajar al salón y entregarle su regalo a Hermione. Ella dormía plácidamente abrazada a mi torso inmóvil, su respiración acariciaba mi piel y sus latidos me ayudaban a contar el tiempo. Oía perfectamente a Lara y Lucian moverse por la cocina y la casa, preparándolo todo para sus invitados, en cuanto supe que era el momento apropiado, desenredé los brazos de Hermione de mi cuerpo y me entregué a la placentera tarea de despertarla con mis besos. Protestó, intentó enroscarse en las sábanas unos minutos más, me miró furiosa al ver que todo era en vano y que no iba a impedir que la sacase de la cama. La cubrí con mi batín, me puse unos pantalones y bajé con ella en brazos.

Siguió protestando hasta que la besé una vez más bajo el muérdago. Era la mañana de Navidad, en el día correcto, con la casa decorada y el árbol rebosante de regalos. Pero no podía dejar de pensar que era ella la que en verdad era mi regalo, envuelta en seda, adormilada y malhumorada. Rebusqué entre todos los paquetes para encontrar el suyo, no podía esperar para verlo rodear su cuello. La sensación de felicidad que me embargó al ver la gema contra su piel, es indescriptible. Nada de lo que hiciese o dijese podía compararse con lo que aquello significaba: ni siquiera una alianza podía unirnos más, pues yo le pertenecía y ella me pertenecía.

Pronto vinieron todos los demás. La carcajada fue general cuando abrí el regalo de Lucian: un chupete. Todos los años tenían que recordarme que era el benjamín de la familia. Pero el que nos dejó atónitos fue el que Isabel le hizo a Hermione, si quería dejar claro que ella era una más de nosotros, no podía haberlo hecho mejor. La dejamos al cuidado de Lameth mientras nos entreteníamos con nuestras nuevas armas en el jardín.

Aquellos que ya nos habían visto pelear aún se quedaron más atónitos al vernos aquella mañana navideña. Detenía los embates del hacha o los esquivaba con maestría, mientras yo sorteaba cada shuriken que me lanzaba. Quedaba claro que no nos estábamos entregando a la pelea, que sólo nos divertíamos. Llegado un momento nos limitábamos a lanzar los shuriken y cogerlos en el aire, como si simplemente nos lanzásemos inofensivas pelotas de tenis. Hasta que Hermione nos detuvo con sólo aparecer en nuestro ángulo de visión.

Nos arreglamos para la comida, Hermione estaba preciosa con un vestido nuevo. Se había puesto un sencillo vestido de tirantes que dejaban su cuello y sus hombros al descubierto, por lo que no pude resistirme a besarlos con extrema lentitud, antes siquiera de plantearme dejarla salir de la habitación. Ella tuvo que recordarme, una vez más, que nos esperaban para comer. Mas no me privé del delicioso placer de tomarla entre mis brazos y besarla durante todo el camino hasta la planta baja.

Cuando me di cuenta de la presencia de mis padres en el vestíbulo, me quedé completamente helado. No esperaba encontrármelos nunca más, no tras aceptar al fin mi condición y estar con Hermione. Sus miradas destilaban odio y repugnancia, sentí cómo ella empezaba a temblar. Bajé lentamente las escaleras y me reuní con ellos, dejando que Hermione bajase al suelo, pero sujetando su mano entre la mía. Isabel, Julia y Lucian, percibieron la tensión presente. Era de esperar que empezasen con sus prejuicios hacia Hermione, ella intentó zafarse de mi mano y quitarse del medio, pero no se lo permití. No tenía nada que temer de ellos, no estando todos pendientes de saltar sobre ellos, pude ver cómo Julia empezaba a perder la paciencia. Lucian intentó restar hierro como pudo, pero no podía imaginar que mi padre le gritase de esa manera a Julia.

Fue cuando se desató el caos.

No es muy recomendable provocar la ira de un vampiro, mucho menos si ese vampiro es Julia. Por regla general consigues que quiera matarte, pero en el caso de la Giovanni, lo convierte en todo un arte. La casa comenzó a retemblar sobre sus cimientos con la fuerza de un terremoto, abracé a Hermione para protegerla, aunque sabía que toda la furia de Julia se cebaría en mis padres. El viento ululaba fuera como si estuviésemos en medio de un huracán, algunas cosas empezaron a volar dentro de la casa, los muebles se alzaron unos centímetros del suelo, el fuego rugió como si las llamas del infierno intentasen salir por la chimenea. Lo más aterrador fue ver cómo el Velo se empezó a acercar a nosotros, el mundo de los fantasmas intentando apoderarse del nuestro.

Con una simple frase, Lucius había conseguido que Julia perdiese todo el control. De inmediato, Tony apareció tras ella y comenzó a calmarla, el único que podría tener algún tipo de éxito, pues había alejado a Isabel y Lameth con un simple pensamiento. Julia nunca ha llevado bien que la obvien de un modo tan exagerado, mucho menos le gustan las malas formas y no soporta que la insulten tal y como acaba de hacer mi padre. En cuanto estuvo lo suficientemente calmada, Tony se la llevó al comedor, pronto les siguieron todos los demás. Me quedé con mis padres antes de reunirme con mi familia para la comida de Navidad, en un vano intento por convencerles de que se quedasen y se comportasen.

- ¿Qué ha ocurrido, Draco? – Preguntó mi madre, preocupada, seguía aferrada al brazo de su esposo.
- Julia pertenece a una de las familias más importantes de Venecia, magos de nacimiento y con la sangre más limpia que la nuestra, tras ser convertida en vampiro no sólo ha mantenido su magia, sino que la ha aumentado hasta límites insospechados. – Les expliqué – No lleva muy bien que alguien la insulte o la trate como un ser inferior. – Mirando a mi padre. – Tendréis que olvidaros de vuestros prejuicios si queréis compartir las fiestas con nosotros, no sé si Tony podría detenerla la próxima vez y no pienso interponerme entre ella y su presa.
- ¿Su presa? –
Se estremeció mi madre.
- En el comedor encontrarás diversos manjares, pero para Julia no hay nada más delicioso que la sangre de dos magos maleducados como vosotros.
- ¿Cómo te atreves a hablarnos en ese tono, jovencito? –
Protestó Lucius, indignado.
- Lucius, hace tiempo que no soy tu hijo, soy un vampiro, ¿recuerdas? Mis padres ahora son Lucian y Lara, mi verdadera familia está esperándome para que vaya a comer con ellos. La mujer que amo está en estos momentos preocupada por mí, porque tiene miedo de que pierda la paciencia y os mate, pero no porque vuestras vidas sean importantes para ella, sino porque teme lo que pueda significar para mí. Aunque, tendría que decir, que se preocupa por nada. – Dejándolos en el vestíbulo y dirigiéndome hacia el comedor.
- Espera. – Me exigió Lucius. – Aunque ahora estés tan encantado con esa "familia" que dices tener, no puedes olvidar que no tendrías nada si no fuese por nosotros. – Su voz estaba cargada de repulsión, al mismo tiempo que notaba cómo intentaba interponer su autoridad. - ¿Y qué quieres decir con eso de "la mujer que amas"?
- Vamos a ver… -
Girándome y mirándolos sorprendido – Si no fuese por ti y por tu empeño de unirte a un maníaco con aires de grandeza, probablemente mi vida habría sido mucho más sencilla y agradable. Si te refieres al hecho de que, gracias a tus contactos, ahora soy un vampiro… Tienes razón. Tengo que darte las gracias por haber permitido que tenga una segunda oportunidad en la vida, aunque sea bebiendo la sangre de los demás. ¿Qué esperabas, padre? ¿Qué iba a ser tu sirviente o tu marioneta? – Bufé incrédulo por la mirada de desconcierto que me dirigió – Soy un vampiro, padre. Estoy muerto. Olvídate de tus planes para utilizarme en tu provecho, no resultarán. Y, por si no te has enterado todavía, Hermione es mi pareja, mi novia, mi esposa, mi mujer… Mi familia la adora, por cierto, por lo que no se toman bien que la insulten del modo en que tú estás acostumbrado a hacer. – Lucius iba a decir algo, llevado por el enfado, pero no se lo permití. – Ni se te ocurra decir nada que tenga que ver con su procedencia, su sangre es infinitamente más pura de lo que puedas llegar a imaginar. – Le advertí – Tiene más magia en una sola gota de la que podáis tener los dos juntos.
- ¿Cómo puedes decir algo así?
– Narcisa me miró aterrada.
- Madre, he probado su sangre. – Sonriéndome. – Y te aseguro que es pura ambrosía en mis labios, ahora… ¿Vais a comportaros como dos personas civilizadas y comer con nosotros el día de Navidad o dejaréis que vuestros prejuicios hagan que os tengáis que ir?
- ¿Crees que voy a comer con esa colección de escoria y monstruos?
– Protestó Lucius, furioso por mis declaraciones - No podría siquiera entrar en esa habitación sin sentir náuseas.
- Siento que digas eso.
– Negué con la cabeza – Entonces sólo puedo decirte una cosa más. Adiós. – Chasqueé los dedos y mis padres desaparecieron en un instante, de vuelta en su casa

Cuando entré en el comedor, vi la preocupación de Hermione en su mirada. Ella no había deseado aquello, sino que me pudiese reunir con mis padres de manera tranquila. Se culpaba a sí misma de ser la causa de su marcha. Intenté tranquilizarla lo mejor que pude y pronto todos los demás empezaron a parlotear como cotorras, intentando relajar la tensión reinante. No sé en qué momento exacto comenzaron a hablar acerca de bodas en círculos de piedra a la luz de la luna llena, pero en ese instante me imaginé a Hermione con una corona de flores silvestres en el cabello, sonriéndome bajo la luz plateada y enlazando mi mano con la mía. Una imagen que en mi fuero interno sabía no podía ser cierta en ningún momento, no en vano soy un vampiro y ella una bruja… ¿Cómo va a querer unirse a mí de ese modo? Fue entonces cuando dijo de un modo tajante que no habría nada de eso entre nosotros, no pude evitar sentirme dolido al escucharla decir aquello de un modo tan categórico. La conversación siguió girando en torno a las bodas y Hermione terminó levantándose furiosa de la mesa.

- Hermione, ¿te encuentras bien? – Pregunté cuando estuve a su lado, en el jardín.
- Respóndeme tú primero. – Mirándome con una lágrima cayendo por su mejilla. - ¿De verdad ibas a hacer todo eso?
- Sí.
– Tomando su rostro en mi mano y secando la lágrima con mi pulgar. – Lo de cubrirte de sedas y oro era un poco exagerado, pero lo de prometerte un paraíso terrenal, convertir la habitación en un vergel y rogar de rodillas que te casases conmigo estaba cerca de lo que iba a hacer. – Sonriendo. – Pero no lo haré si no lo deseas.
- ¿Puedes guardar la idea para más adelante? –
Pidió mientras caía otra lágrima que me apresuré a secar con mis labios.
- La idea siempre estará en mi mente, sólo has de decírmelo para que se haga realidad. – Besando el borde de sus párpados para impedir que cayesen más lágrimas. – No llores, amor mío. – Susurré, sin embargo se abrazó a mí y comenzó a llorar desconsoladamente. - ¿Qué he hecho ahora para que llores?
- ¿Por qué tienes que ser tan endemoniadamente bueno?
– Protestó contra mi pecho.
- No soy bueno, ¿recuerdas? Soy una serpiente que se ha convertido en un vampiro malvado y cruel. – Rodeándola con mis brazos.
- Lo dices para que me sienta mejor…
- ¿Funciona?
- No.
- Si quieres puedo torturar a Tony para demostrártelo.
– Propuse.
- No, que le gustará demasiado y querrá más. – Alzando su rostro para mirarme. – Sabes que te amo, ¿verdad? Lo que he dicho dentro…
- Tranquila, cariño. –
Besándola dulcemente en los labios. – No es necesario que me des más explicaciones. – Pero seguía llorando silenciosamente. – Deja de llorar, por favor. – Susurré contra sus labios. – Voy a pensar que prefieres a Isa… - sonriendo ligeramente.
- Es que… - secándose las lágrimas. – No puedo dejar de pensar que, por mi culpa, no has podido estar con tus padres… después de veinte años sin verlos. – Abrazándose a mí. – Lo siento, Draco… lo siento mucho.
- Cariño, te ruego que dejes de llorar por algo tan fuera de lugar.
– Ligeramente divertido. – No ha sido culpa tuya… - Acariciando su cabello con ternura. – Y no es cierto que haya pasado tanto tiempo sin verlos, durante esos veinte años me di cuenta de que ellos ya no significarían tanto para mí como antes. Pude acercarme en varias ocasiones a la casa, sin que ellos me viesen, pero cada vez iba menos. Lo que les dije antes era cierto, ya no son mis padres. - Apartándola ligeramente para mirarla a los ojos, para lo que tuve que alzar su barbilla. – Han pasado demasiadas cosas en mi vida, ahora mi familia está dentro de esa casa: son mis padres, mis hermanos y mis tíos. – Rozando sus labios ligeramente. – Y tú eres mi esposa, sin necesidad de una alianza o una ceremonia, porque no necesito nada de eso para saber lo que siento por ti. – Sonreí. - ¿De verdad te crees que Julia se enfureció de ese modo sólo porque Lucius la llamó al orden? Vale que es un poco maniática con las fórmulas de cortesía, pero lo que hizo que estallase fue el modo en que te trataron: nadie tiene derecho a meterse con ninguno de nosotros si no es de la familia. – Suspiré cuando me miró con ojos llorosos, intentando sonreír. – Lo siento, cariño, hace tiempo que todos estos te han adoptado como una más.
- Pareces Isa… -
Riéndose ligeramente – Ella siempre me dice lo mismo, que soy de la familia… Casi parece que habláis de la Mafia. – Me sonreí ante ese comentario.
- Bueno, la verdad es que es muy parecido… - Riéndome con ella – Tenemos los contactos, el poder adquisitivo, todos nos tienen un miedo atroz y somos vengativos… - Negando con la cabeza y abrazándola de nuevo. – El que debería pedirte disculpas soy yo. No sabía que Luc me tenía reservada esa sorpresa y me distraje contigo de tal modo, que no me di cuenta de que estaban en el vestíbulo…
- No, Draco… Dejemos de disculparnos por todo eso…
- Besando mi cuello cariñosamente. – Pero… toda esa conversación y lo que acabas de decirme… - Se quedó callada un minuto. – Me siento obligada a adelantar una pregunta que quería hacerte en otro momento… - Separándose de mí, secando sus lágrimas. – Primero he de pedirte que me contestes sinceramente, no tengas miedo a herir mis sentimientos… quiero la verdad y nada más. – Asentí, tenía curiosidad por saber qué era lo que deseaba preguntarme. - Quiero pedirte una promesa, la única que te pediré en todo lo que me reste. – No me gustó esa puntualización y no pude evitar mirarla con desconcierto. - ¿Me prometes esperarme y buscarme?

Sabía a lo que se refería. Si hacía esa promesa, me comprometería a esperar su alma y buscarla. Escogía vivir una vida mortal y todas aquellas en las que su alma retornase. Quería que esperase aquel regreso, que buscase su esencia en cada una de ellas. Pero aquello no era algo que pudiese aceptar, no porque estuviese atado a ese cascarón que era su cuerpo, sino porque no sería capaz de cumplir dicha promesa. Sabía que otros lo hacían, pero… Pedirme que me conformase con las migajas de cada uno de esos regresos, con una existencia intermitente, incompleta. Era capaz de imaginar mi desesperación en cada una de las ocasiones, la tortura de verla en otro cuerpo, de saber que no recordaba nada de mí, que nada de lo que hubiese ocurrido entre nosotros permanecería imprimado en ella, apenas un leve sueño.

El modo en que me miraba me dijo que estaba leyendo cada uno de mis pensamientos, sin necesidad de expresarlos en voz alta. No creo que necesite ser una experta en legilimens para saber lo que está rondando por mi mente, probablemente mi rostro está dándole la respuesta. ¿Por qué, sobre todas las cosas, ha de pedirme eso? Veo la decepción en el suyo, sabe cual será mi respuesta, sabe que no puedo prometerle eso. Antes prefiero entrar de nuevo en la cueva del dragón.

- Hermione… - Buscando su mano y acariciándola con la mía. – No puedo prometerte eso, pídeme lo que sea menos eso… por favor. – Notando un nudo en mi garganta al ver su rostro.
- Draco… -
Conteniendo ahora sus lágrimas. – Seguiría siendo yo.
- No, serías otra persona… con algo de ti, nada más.
- ¿Cómo hacerle ver todo lo que sentiría yo al verla, una y otra vez, en un extraño?
- Podrías conquistarme una y otra vez… - sonrió débilmente y acarició mi rostro. – Me ayudarías a recordarte… y algo que no cambiaría jamás es lo mucho que te amo, Draco. – Su labio tembló.
- No sabrías siquiera que me amas, Hermione. – Suspiré, tomando su mano y alejándola de mi mejilla para besar su palma. – Sólo sería un sueño. Me torturarías con tu muerte, no una vez, sino cientos de veces. – Tragué saliva para repetir las palabras que tanto dolor le causarían. – No puedo prometerlo, lo siento.
- Entonces…
- Miró el cielo, en un vano esfuerzo por retener las lágrimas en sus ojos antes de volver a mirarme. – Sólo me dejas dos opciones para estar contigo y no hacerte sufrir…
- Puedo prometerte que estaré contigo hasta el fin de tus días, Hermione.
– Cada lágrima silenciosa hacía que me retorciese por dentro, pues era yo quien las causaba. – No tienes que temer que mis sentimientos cambien a medida que transcurran los años, estoy unido a ti de un modo que ni siquiera yo comprendo… - detuvo con su mano mis palabras.
- No he decidido todavía cual de las opciones escogeré, Draco. Me ha costado mucho llegar a esa, necesitaré tiempo para poder pensar en las que me quedan. – Sustituyendo con sus labios la caricia de sus dedos.
- Tienes toda una vida para pensarlo. – Murmuré sin dejar de besarla.

Nos acercamos hasta el despacho y le hicimos compañía a Lameth durante su traducción. Se enfrascó además a explicarle a Hermione todo lo relacionado con la génesis de los vampiros, los distintos poderes que tenían los clanes. En definitiva, desnudó a nuestra estirpe ante una de las brujas más poderosas de la faz de la tierra. No pudo evitar concentrarse en los Tremere, aquellos a los que, la mayoría de los vampiros, consideraban traidores o usurpadores. Eran magos que habían intentado obtener la fuerza y la inmortalidad de los vampiros, pero que habían terminado siendo convertidos en lo que más temían: vampiros dependientes de la sangre, con todas las debilidades y algunas más. Vinculados eternamente al fundador de su clan por la sangre y condenados a no disponer de verdadera magia nunca más.

Quizás Lameth había previsto lo que ocurriría aquella noche. No podía creerlo cuando vi a Pansy borracha hasta las cejas en los brazos de un sonriente y satisfecho Tony. No era necesario que me jurase que no la había tocado, eso podía saberlo sin necesidad de que me lo dijese, pero me sorprendió lo que habían estado haciendo aquella tarde. No sólo se la habían llevado de cacería, como si fuese una divertida mascota, sino que, además, le habían dejado experimentar con maldiciones imperdonables sobre los Tremere. ¡Habían arrasado con la Capilla de Londres en una tarde! Todo el clan erradicado de la isla de Britania por dos vampiros sádicos y una bruja oscura. Lo peor de todo había sido ver la tranquilidad con la que Hermione se había tomado la noticia, hasta que entramos en el dormitorio.

- Bien, Draco… - Suspiró cuando la dejé en el suelo – Ahora, necesito que me expliques lo que ha ocurrido esta tarde, porque me temo que me faltan demasiadas piezas en este puzle. –Mirándome tranquila. – No puedes tenerme siempre en la ignorancia de todo lo que ocurre a tu alrededor.

Durante un buen rato escuchó con calma toda la historia de Pansy. Su padre había abusado de ella cuando era pequeña, curiosamente, sólo Voldemort comprendió lo que ocurría con ella y lo aprovechó para convertirla en una de sus más fervientes partidarias. La primera de las víctimas de Pansy fue su propio padre, lo torturó hasta que suplicó de rodillas que lo matase, aún siguió torturándolo sólo por el placer de escucharle gimotear y suplicar, antes de matarlo lentamente con el sectumsempra, no le permitió morir en paz con el Avada, sino que lo desangró lentamente para que en todo momento sufriese a manos de la misma niñita que había forzado unos años antes.

La madre de Pansy tuvo un fin similar, aunque en esta ocasión, Voldemort en persona fue el que guió la mano de su nueva alumna, con alguna asistencia por parte de Bellatrix. Si bien es cierto que ella nunca alzó puestos utilizando mi cama, ella misma aprovechó su desprecio por su propio cuerpo en beneficio de su señor. Si yo atraía a las jóvenes chicas de Slytherin, ella se centró en atraer a una buena parte de los magos, se convirtió en la meretriz del señor oscuro, capaz de fingir la dulzura e inocencia de una lolita pero mortal y despiadada como él mismo. Sólo Blaise y yo conocíamos la verdad sobre ella y éramos los únicos con los que era capaz de tranquilizarse y dormir.

Todos sus trastornos y manías habían florecido en el primer año en la escuela, donde el degenerado de su padre no podía alcanzarla, donde se sentía sola y aislada, rota por dentro como una muñeca de trapo. La primera vez que nos dimos cuenta de todo lo que ella había pasado de pequeña, tanto Blaise como yo decidimos que nunca más le volvería a poner una mano encima. Mas cada verano ella tenía que volver a su casa, por mucho que insistiésemos en que viniese con nosotros, era incapaz de resistir la llamada del ser despreciable que la corrompía una y otra vez. Hasta que Voldemort volvió y le dio el poder a ella, le concedió la libertad que no se atrevía a tomar, la paz que nosotros habíamos sido incapaces de proporcionarle.

- Tenías razón, es peor que Bella. – Dijo al fin, acurrucada en mi regazo. – Por un lado la entiendo, creo que yo también guardaría el mismo rencor si hubiese sufrido lo mismo de pequeña. Aunque, no creo que fuese capaz de convertirme en lo que ella terminó convirtiéndose. – Se abrazó a mí y se refugió en mi cuello - ¿Cómo es posible que permitiese que Voldemort la usase de ese modo tan vil?
- Te aseguro que no sé quién utilizó a quién. Por momentos creí que Pansy sólo estaba esperando a tener una excusa que le permitiese hacerle aquello a su padre, en otras ocasiones… cuando venía a mi cuarto a dormir hecha un ovillo mientras lloraba sin cesar, creo que ella misma terminó odiándose más de lo que odiaba a su padre. No sé, Hermione.
– Suspiré cansado – Sólo espero que mañana haya podido superar lo que ha hecho esta tarde, porque si no… va a ser muy duro volver al castillo con ella en ese estado.
- ¿Qué crees que hará Lara?
– Preguntó en un susurro.
- No lo sé, pero sí sé que nadie mejor que ella puede comprender aquello por lo que está pasando Pansy. Lo ha vivido demasiadas veces.
- ¿Qué quieres decir? –
Preguntó con curiosidad.
- Ya sabes que en esta familia hay muchas confianzas. – Dije con sorna – Lucian ha desflorado a todas sus sobrinas, lleva haciéndolo desde que empezó a seguir la rama materna de su familia mortal. Aunque, en contadas ocasiones, se le han adelantado algunos padres o tíos más ávidos de carne fresca. Lara tiene la suficiente experiencia para tratar a una mente tan atormentada como la de Pansy. El señor Parkinson tiene mucha suerte de estar muerto, porque ella no sería tan piadosa como su hija, Lara le obligaría a vivir durante años en una constante tortura, ya lo ha hecho antes y seguro que pronto lo hará con el marido de Marcia.
- ¿Qué tiene que ver el marido de Marcia en esto? –
Mirándome desconcertada.
- Es lo que se están temiendo ella y Lara, que Roger está abusando de la pequeña. – Suspiré – Por eso Lara tardó en acudir en ayuda de Lavender, por eso han estado tan pendientes de Pansy desde que Lara se enteró de su historia: han intentado ayudarla a superar todo lo que vivió hasta ahora.
- ¿Blaise es normal?
– Murmuró apenas con un hilo de voz.
- Sí, - conteniendo la risa – Blaise es un chico normal, no ha sido el gigoló de nadie. Sólo tiene unos cuantos instintos suicidas por eso de dormir con una asesina… - mirándola divertido – Pero qué te voy a decir que no sepas ya de Isabel, ¿no?
- No es tan mala como la pintas. –
Sonriéndome.
- Supongo que no, pero no puedo evitar odiarla un poco por atreverse a tocarte…- besándola con suavidad.
- Ya sabes lo que tienes que hacer: no te separes de mí.- Rodeándome el cuello con los brazos y sentándose a horcajadas sobre mí.
- Ojalá fuese tan fácil, si no fuese porque te escabulles para hablar con ella en cuanto tienes oportunidad. – Suspiré con fingido enfado - ¿Cómo has conseguido que te permita llamarla de ese modo?
- Sólo le pregunté cómo se llamaban a sí mismos los de su clan.
– Encogiéndose de hombros – Creo que es porque se lo digo con cariño, es mi pequeña Hashashiyyin.
- Sólo tú eres capaz de convertir la palabra asesino en un término cariñoso. –
Riéndome. – Eres una hechicera de ojos dorados que se ha apoderado de cada uno de los miembros de esta caótica familia. ¿Lo sabías?
- De eso nada, sólo soy una brujita normal y corriente. –
Sonriéndose con picardía.
- Tú de normal no tienes nada… - susurré con voz ronca contra su cuello.
- Eso es que me ves con muy buenos ojos. – Mordiéndose el labio antes de besarme.
- Puede… - bajando con mis besos por su barbilla y acariciándola con mi lengua. – O es que en realidad eres una bruja con extraños poderes…- arrancándole un gemido mientras la atraía hacia mí.
- ¿Y cuáles serían esos poderes de extrañas características? – Susurrando en mi oído, jugando con mi lengua.
- Por lo de pronto, tienes una curiosa habilidad para cambiar de tema… - besándola de nuevo, disfrutando con su tenue sabor – Pero mejor lo discutimos en otro momento, ¿vale?
- ¿Por qué no podemos hacerlo ahora?
– Sonriéndose entre mis labios, conteniendo la risa en su garganta.
- Porque no quiero que pienses en otra cosa cuando voy a hacerte el amor. – Tomándola en brazos y llevándola hasta la cama.

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Bueno, hasta aquí hemos llegado con la parte de Draco. No es tan larga como la de Lucian, porque prefiero hacer un resumen de aquello que ha quedado explicado claramente, pero al menos tenéis la discusión con sus padres y dos conversaciones con Hermione que os han dejado las cosas un poco más claras u os han llenado de dudas.

Hablando de dudas… creo que voy a intentar dilucidar unas cuantas de los reviews no firmados.

Salesia: Prometo que te escribiré en cuanto logre encontrar tiempo. De verdad de la buena. Mereces una respuesta completa y exhaustiva ante tamaño review, soy lenta respondiendo pero cuando al fin lo hago, sufro de incontinencia verbal extrema. Miles de gracias por ese review, te aseguro que me anima mucho el saber que te he atrapado hasta el punto de tenerte enganchada durante 8 días. Prometo una vez más darte una respuesta merecedora de él.

Yavanna: Cielo, espero haber respondido apropiadamente tu duda en el comentario previo. Me alegra que te gustase el enfado de Julia.

Maria: Creo que la mayor parte de tus dudas han quedado respondidas a lo largo del capítulo, jeje. Espero recibir muchas más. Siento ser tan escueta en esta ocasión pero, a pesar de seguir tu consejo y cuidarme, no puedo evitar tener una espalda tan dura como un muro de piedra, un cuello repleto de contracturas y unas migrañas de órdago. Besotes enormes, cariño.

Lo siento en el alma por no poder explayarme más con todos vosotros que tanto me apoyáis con cada capítulo y me ayudáis a seguir escribiendo las aventuras y desventuras de este pobre vampiruelo mago. Espero ser capaz de escribir un cap en breve, no diré cuando, pues depende mucho de lo derrengada que esté cada noche al llegar a casa. Pero, aunque sea a poquitos… espero que sea lo antes posible.

Besotes y abrazos para todas y todos.

Madie