Hola chicos, lo prometido es deuda, dos capítulos el mismo día, ahora quiero hacer una aclaración, no dije que publicaría el quince si había 100 review, dije que si para el 15 había 100 review publicaría 2 capítulos seguidos, y aquí están, espero que este sea revelador para ustedes, el otro también tiene sus sorpresas, estamos algunos pasos del final, así que no se desconecten y estén pendientes, en poco tiempo viene la semana santa y si son niños buenos tendremos al menos 3 capítulos entre las dos semanas. Rápida aclaración en el flash back Sesshomaru tiene 27 años.

Ayuda y comprensión

Dormía plácidamente boca abajo sobre su colchón especial diseñado por el mejor quiropráctico del país, de hecho todo en su apartamento era de diseño exclusivo para su persona, desde el colchón, hasta las sabanas, incluso su ropa interior era de un material especial que no se conseguía en cualquier tienda departamental. De lo contrario no se sentiría lo suficientemente cómodo, y justo ahora, después de un velo de más de 5 horas era lo que necesitaba. Estaba en la mejor parte de su sueño preferido cuando…

- ¡Sesshomaru! – escucho una voz odiosa seguida de una tanda de ruidosos golpes en su puerta, lo ignoro, seguro era algún vecino ebrio que se confundía de casa.

- ¡SESSHOMARU! – grito más fuerte esa voz, la cual desgraciadamente reconoció como la de su hermano, se cubrió la cabeza con la almohada gruñendo e intentando dormir. Pero el constante golpeteo y los chirriantes gritos continuaron aumentando, fastidiado se levantó, prendió la luz de su mesa de noche y reviso su reloj de muñeca, las 2:10 am, se froto los ojos al tiempo que bajaba las piernas de la cama y se ponía sus pantuflas, mientras los incesantes golpes martillaban en sus oídos.

- ese canalla… – gruño al tiempo que se ponía su bata, ¿Qué querría ese inútil Inuyasha de él a las dos de la madrugada?

- ¡SE QUE ESTAS EN CASA SESSHOMARU! ¡ABRE ESTA CONDENADA PUERTA! – volvió a gritar Inuyasha al tiempo que aporreaba la puerta con más fuerza, ¿Qué mierda le pasaba a Sesshomaru que no le habría?

Él siempre se quejaba cuando no eran niños que no le dejaba dormir y eso que no hacía ruido, ¡Y ahora el muy perezoso seguía en cama!, miro su reloj mientras tamborileaba con el pie, en 4 horas tenía que volver a presentarse en el trabajo y no tenía tiempo que perder, sin dejar de mirar su reloj volvió a golpear la puerta. Sesshomaru escucho que los golpeteos se detuvieron un segundo, bien, quizá el idiota se había marchado, pero como era un hombre precavido decido cerciorarse de que se había marchado, pero al momento de abrir la puerta recibió los golpes de su hermano menor en la frente, enojado le pesco por la muñeca.

- Miralo, ¿pues qué no tienes ojos? – le gruño alejando su mano de su rostro.

- no es mi culpa que tengas el cráneo tan duro como una puerta – le reto Inuyasha, lo cual le gano un coscorrón de parte de Sesshomaru.

- ¡¿Por qué me pegas?! – se quejó el muchacho llevándose las amanos a la parte de su cabeza donde asomaba un chichón.

- por tonto - contesto Sesshomaru limpiándose los nudillos en la bata.

- además ¿se puede saber qué haces molestando a estas horas? – bufo Sesshomaru aun somnoliento, pues hace apenas poco más de tres horas había regresado de Europa y el cambio de horario lo tenía medio atontado..

- hay algo que quiero decirte, así que dejame pasar y hablemos tomando un café – le propuso sobándose el golpazo, el bestia de Sesshomaru podía ser rígido como un palo de escoba y pegaba igual de duro.

- idiota – escucho mascullar a Sesshomaru antes de propinarle a su medio hermanito un segundo coscorrón.

- ¡AY! – se quejó, ¿y ahora porque volvía a golpearle?

- serás bruto ¿acaso crees que YO, me rebajaría a decir algo como "puedes entrar" y…? – comenzó a decir Sesshomaru, Inuyasha aprovecho la distracción y se coló dentro del departamento susurrando un "gracias".

- ¿… te voy a permitir entrar a MI departamento estas muy…? ¿Vuh? - abrió los ojos y se dio cuenta de que Inuyasha ya no estaba en el umbral, un segundo después escucho que algo se revolvía en su cocina.

- ¡HEY TU! – le grito al ir a encararlo, pero Inuyasha lejos de estar espantado estaba bien cómodo en su sofá tomando una taza de café, en su taza favorita.

- vaya hermano mayor, no sabía que te gustaban los monitos – sonrió Inuyasha mirando la taza, que efectivamente tenía monitos de colores.

- ¿se puede saber con qué derecho entraste? – pregunto Sesshomaru con su tono de voz frio y mortal, aun restaba medio dormido, pero comenzaba a tener sed de sangre, Inuyasha por su parte tomo un sorbo de café.

- tú me dijiste que podía pasar – se encogió de hombros el menor, Sesshomaru entrecerró los ojos, pero estaba demasiado cansado para correr a su hermano a patadas como quería, así que tenía que probar otra cosa.

- no sé qué haces aquí, pero cuando te acabes ese café te quiero fuera de mi casa, ¿entendido? - le ordeno tomando rumbo hasta su dormitorio, en unas horas debía volver a la oficina y necesitaba descansar, pero en eso Inuyasha le tomo de la muñeca.

- ¿de verdad crees que he venido aquí solo a molestarte? – pregunto después de tomar toro sorbo de café, fuera lo que fuera su hermano mayor tenía un excelente gusto con el café, era justo lo que necesitaba antes de que la boca le supiera a hiel por lo que iba a pedirle a ese sujeto.

- Sesshomaru yo… ne- necesito tu ayuda… - murmuro sintiendo que se le atoraba la bilis en la garganta, Sesshomaru por su parte sintió como el sueño se le espantaba en un segundo.

En otro lugar de Japón…

Un hombre de cabello negro brillante y ojos rojos como la sangre sonreía divertido mientras miraba una y otra vez el artículo de la revista, bien cuando Kikyo le pidió que la hiciera publicar no entendió de que se trataba, aun no lo comprendía de hecho, pero era bastante divertido ver como esa mujer se parecía a su modelo. Sabía que no era ella, en las fecha de esa foto ambos habían estado disfrutando de los rincones oscuros de París, y aun así, el parecido entre esas dos era asombroso.

- ¿sigues viendo ese artículo? – pregunto la voz de Kikyo desde la puerta del baño.

- bueno ya que yo arregle su publicación me parece que tengo derecho a disfrutarlo ¿no? – pregunto volviendo a releer la página nuevamente, "boda secreta de Inuyasha Taisho y Kikyo Tama" por más que leía ese título no dejaba de hacerle gracia, como si Kikyo tuviera la seriedad para casarse con nadie, era demasiado narcisista para compartir si quiera el reflejo de un espejo con otro ser viviente.

- ¿y que tanto le vez? Solo es una aburrida y patética foto – se quejó Kikyo acercándose mientras movía excesivamente las caderas.

- mejor deja eso de lado y vamos a jugar, tengo unas esposas nuevas – sonrió tirándose en el regazo de Naraku, el hombre miro ese cuerpo desnudo y huesudo sobre su regazo, torció los labios en un gesto de burla y lujuria, bien Kikyo era un buen juguete, pero era demasiado común y predecible, sin embargo le seguiría sirviendo hasta que consiguiese un juguete mucho más "novedoso"...

En la casa de Sesshomaru Taisho…

- ¿Qué es lo que has dicho? – pregunto Sesshomaru volteando a ver a su hermano con profunda curiosidad, como buscando algún indicio que indicara una cruel broma, pues nunca desde que eran niños Inuyasha le había pedido nada, ni viceversa.

- que, necesito tu… tu ayuda… - volvió a repetir Inuyasha atragantándose con las palabras, palabras que jamás imagino que llegaría a pronunciar frente a su medio hermano.

Sesshomaru se quedó en silencio unos segundos, bien eso era algo que jamás espero presenciar, casi esperaba que de un segundo a otro Inuyasha se riera en su cara y le dijera que había caído en otra de sus estúpidas bromas. Cuando Inuyasha se planteó explicarse más a fondo para que su hermano lo entendiera, la enorme manaza del mismo apreso su barbilla y lo obligo a dejar su rostro quieto y luego le hacía girarse de tal manera que la tenue luz de la sala le iluminara los ojos.

- ¿se puede saber qué haces? – gruño Inuyasha balbuceando pues Sesshomaru le apretaba las mejillas y no podía articular bien.

- dicen que las dosis se pueden ver en lo dilatado de las pupilas – fue lo único que dijo Sesshomaru, Inuyasha frunció el ceño, arrugo la nariz y lo obligo a soltarlo de un manotazo.

- estoy sobrio so bruto – le gruño, vale que el que pidiera ayuda era raro pero no para tanto.

- ¿ah sí? ¿Entonces porque estas en mi casa diciendo tonterías a las dos y media de la madrugada? Porque para que lo sepas yo si tengo responsabilidades – pregunto Sesshomaru mirando a su medio hermano con su típica ceja arqueada.

- ¡estoy hablando enserio! ¡Necesito tu ayuda urgente con esto! ¡Y yo también tengo mis responsabilidades! – grito Inuyasha desesperado.

- ¿responsable tú? ¡Ja!, pues si mal no recuerdo la única razón por la que estoy ahora mismo discutiendo contigo es porque nuestro padre me mando a llamar después de que metiste tus cuatro patas en un negocio de extrema importancia – le rebatió burlón, Inuyasha apretó los dientes molesto, con un demonio ¿Por qué nadie quería creerle ahora?

- mira Sesshomaru, reconozco que lo de los inversionistas fue mi culpa ¿está bien? ¡Y además papá ya me castigo!, pero ahora necesito ayuda y lamentablemente tu eres mi única opción ¿así que me vas a escuchar sí o no? – pregunto perdiendo los estribos, dios justamente por eso no le gustaba tener que pedirle nada a Sesshomaru.

- ¿y dime porque precisamente debo escucharte? No siendo suficiente con venir a desvelarme con tonterías, todavía tienes la impertinencia de gritar en mi departamento – las palabras de Sesshomaru lo hicieron apretar tanto la mandíbula que estaba seguro que se le quebró más de un diente.

- escucha, nunca te he pedido nada, y jamás pensé en hacerlo, pero como ya te dije, no tengo otra alternativa – hablo seriamente el peli plateado menor, más aun así Sesshomaru no estaba convencido.

- papá tiene un grupo de los mejores abogados, pídele a él que te ayude – dijo ya cansado, quería dormir y en solo… 4 horas y media tenía que volver a estar en la oficina arreglando el desastre de ese ser descerebrado que tenía por medio hermano.

- ¡¿Qué no oíste que papá me castigo?! Ya no tengo acceso a las prestaciones de la sub dirección, además tendré suerte si Ryokotsusei no lo convence de quitarme las horas de almuerzo durante las próximas veinte décadas – gruño Inuyasha, Sesshomaru se mostró aun escéptico.

- contrata a un abogado de oficio y ya dejame en sagrada paz, o lo próximo que sabrá papá es que su segundo hijo quedo esparcido en exactamente 1500 piezas dispersadas por todo Japón – fue la última palabra de Sesshomaru, pero antes de que pudiera retirarse la mano de Inuyasha le pesco por el hombro y lo apretó con suplica.

- Sesshomaru , sé que yo no te gusto ni viceversa, pero no estaría aquí si no confiara en ti, realmente necesito al mejor para esto, por favor, solo mira– rogo con cara de cachorrito abandonado mientras le enseñaba el sobre con los papeles de divorcio. Sesshomaru tomo el sobre con frialdad y lo ojeo rápidamente.

- ¿Por qué tienes papeles de divorcio? – pregunto Sesshomaru sin comprender, aunque no lo admitiría en voz alta se preocupaba por su hermano menor, y aquellos papeles le intrigaban en sobre manera, Inuyasha suspiro, claro al parecer Sesshomaru aún no había leído la prensa del corazón.

- es una larga historia - dijo con un tono de vergüenza que le llamo aún más la atención a Sesshomaru.

- ¿no me digas que tu noviecita Kikyo se hartó de ti porque no la dejabas satisfecha? – Inuyasha apretó los puños con fuerza ante la burla, pero si le pegaba como deseaba podía despedirse de su ayuda, y de su virilidad de paso.

- mira Sesshomaru, no estoy jugando, si todo esto fuera por Kikyo ni me molestaría en venir a hablar contigo, tiene que ver con otra cosa y si me concedes un momento te lo explicare todo, a detalle – esa última palabra fue la que encendió la última bombilla en la curiosidad de Sesshomaru.

- viendo que me despertaste por esa historia lo menos que podrías hacer es contármela – exigió Sesshomaru, en parte como venganza por haberlo despertado a esas horas, pero también porque lo mataba de curiosidad por saber qué era lo que tenía a su fastidioso medio hermano preocupado.

- si te lo digo, deberás jurar que no repetirás mis palabras papá, no por ahora al menos – le solicito Inuyasha antes de comenzar, esto dejo más intrigado a Sesshomaru, si Inuyasha quería silencio entonces significaba que aquel lio era bastante profundo, pues él sabía el precio de su silencio sería alto, y aun así estaba dispuesto a hablar.

- ¿sabes que mantener mi silencio tiene un alto costo verdad? – pregunto directamente Sesshomaru mirándolo de reojo, quería saber qué tan desesperado estaba Inuyasha.

- no esperaría otra cosa de ti "hermano", te daré lo que sea que me pidas, sin restricciones – acepto el Taisho más joven, lo que le pidiera Sesshomaru era nada comparado con no volver a tener a Kagome a su lado nunca más.

- hmph, más vale que tu información valga lo suficiente – fue lo único que dijo, Inuyasha suspiro, aunque él y su medio hermano eran lo más alejado a amigos que podía existir, pero sabía que podía confiar en su palabra.

- bueno, todo comenzó hace tres meses más o menos – comenzó a narrar Inuyasha mientras Sesshomaru se ponía cómodo en su sillón individual, bien, esta iba a ser una madrugada muy larga.

Dos horas y 8 tazas de café después…

- …y no solo no me quiere volver a ver por el resto de la eternidad si no que si me acerco a menos de 2 km los locos de sus primos me dejaran como un colador y todo por culpa de… - continuaba narrando Inuyasha, no se había limitado en detalles porque sabía que de lo contrario Sesshomaru se negaría a creerle (aunque había sido cuidadoso de omitir los más íntimos)

- espera un segundo – lo mando a callar Sesshomaru,

- dejame ver si entendí, esa mujerzuela de Kikyo te engaño, lo cual no era de sorprenderse, pero en vez de dejarlo pasar decidiste darle celos… ¿saliendo y casándote con su prima? – pregunto Sesshomaru, que desde hacía bastante rato había dejado su pose de asesino en potencia y ahora miraba a su hermano con el ceño levemente fruncido y expresión expectativa.

- sí – bufo Inuyasha cabizbajo.

- y después de su "noche de bodas" ella se dio cuenta de todo y te abandono y has pasado los últimos meses acosándola, tanto en su casa como en su lugar de trabajo, la seguiste hasta el seno de su pueblo natal y provocaste que se varan en una isla por una semana – continuo narrando Sesshomaru, Inuyasha asintió en silencio.

- y a pesar de todo eso ¿ella accedió a darte otra oportunidad? – la pregunta de Sesshomaru no iba para humillarlo, más bien quería entender bien todas las variables de esa extraña y absurda ecuación.

- sí, y la eche a perder – gruño enojado con Kikyo y también decepcionado de sí mismo, realmente no había dimensionado sus acciones hasta que empezó a narrarlas, dios, de verdad podía ser una bestia.

- bien, por ahora puedo decirte que tengo dos teorías – comenzó Sesshomaru después de rascarse tras la nuca, después de un vuelo de 12 horas en el avión de su madre y sumado otras dos con el baboso de su medio hermano, daban como resultado una terrible torticolis.

- ¿Cuáles? – pregunto Inuyasha aun hundido en su propia miseria.

- primera: que esa chica realmente te ama o segunda: esta media ciega, que no es muy brillante y como mujer está realmente desesperada – soltó de pronto, Inuyasha sintió como su concentración en auto recriminarse se rompía en ese segundo, lanzo una mirada asesina a Sesshomaru.

- claro que una tercera opción podría ser que sea una casa fortunas, después de todo es pariente de Kikyo, y muy parecida a ella, seguro que son casi del mismo molde… - antes de que Sesshomaru pudiera siquiera pensar en la siguiente palabra que iba a pronunciar el puño de Inuyasha catapulto su cabeza contra el respaldo del sillón.

- ¡VUELVE A DECIR ALGO ASÍ DE ELLA Y TE TRITURARE LOS HUESOS PARA HACER UN JODIDO PAN! – grito ciego de la rabia mientras le sujetaba por la camisa del pijama, Sesshomaru lo miro ceñudo y se reacomodo la quijada y le dio un manotazo para que le soltara antes de hablar.

- que bestia eres, te dejas llevar por la ira y jamás piensas antes de actuar, no me extraña que esa mujer te haya abandonado – gruño enojado ese animal de Inuyasha le había dado más duro que nunca, seguro que le saldría un morete, esa es la iba a pagar pero bien cara. Inuyasha por su parte se quedó congelado aun con su puño en el aire, maldición, el asesto un puñetazo, pero el golpe de Sesshomaru le dio justo en su talón de Aquiles, bajo su brazo y se volvió a dejar caer en el sofá.

- ¿no vas a decir nada? ¿Es que lo que sientes por una simple mujer es suficiente para que te humilles así? – lo reto Sesshomaru, pero Inuyasha solo bajo la cabeza, llamando así la atención de su hermano.

- tú no lo entiendes… - gruño llevándose luna mano a la frente.

- ¿mmm? – Inuyasha bufo antes de frotarse un poco el fleco.

- ¿pero qué digo? Es imposible que tú, el gran Sesshomaru Taisho, lo entiendas – se rio sin humor.

- tú siempre te jactas de que no necesitas de nadie, no sabes lo que es tener a una persona que este a tu lado, que su sola presencia te ilumine, que cuide de ti, y que tú la cuides, incluso pelearte con ella te llena de una calidez increíble, porque las reconciliaciones solo hacen el sentimiento más fuerte - Sesshomaru permaneció callado mientras Inuyasha monologaba.

- y ahora estoy a dos pasos de perder a esa persona para siempre, todo por mis estupideces – termino suspirando, Sesshomaru lo miro en silencio durante algunos minutos, estaba tan demacrado y vulnerable que… de verdad le daba lastima, pero desgraciadamente.

- te entiendo perfectamente - las palabras de Sesshomaru hicieron que Inuyasha elevara la cabeza.

- ¿Qué? – pregunto creyendo haber oído mal.

- comprendo cómo te sientes, Inuyasha – Sesshomaru volvió a acomodarse en su sillón mientras que Inuyasha lo miraba expectante.

- Inuyasha ¿De verdad crees que papá te asigno el proyecto con solo porque confiaba en tus "extraordinarias" habilidades de negocios? Aun eres demasiado joven e inexperto, yo iba a encargarme de eso, y tú habrías ido a Inglaterra a ver el avance de las corporaciones – explico Sesshomaru con tono tranquilo, pero Inuyasha estaba demasiado asombrado como para rebatirlo.

- ¿entonces porque fuiste tú? ¿Porque me quede yo aquí? – pregunto sin entender, si Sesshomaru era el que se iba a encargar de los inversionistas españoles, él se hubiese marchado fuera del país por meses, y habría perdido a Kagome para entonces.

- ¿Por qué? Por el mismo motivo por el que tu estas humillándote ante mí, por una mujer - confeso Sesshomaru sin mirarlo, pero Inuyasha logro percibir el significado de sus palabras, su hermano… su hermano también estaba enamorado.

- ¿Sesshomaru… tu…? – comenzó a murmurar aun sorprendido.

- ¿Qué? ¿Crees que por mi carácter no tengo corazón? Que poco me conoces – gruño casi ofendido, Inuyasha cerro la boca de inmediato, cierto, había juzgado mal a su hermano.

- ¿Sesshomaru tu… como… cuando…? Quiero decir… - intento preguntar, aun sin salir por completo de su estado de shock.

- callate la boca – ordeno Sesshomaru cansado de su parloteo.

- todo comenzó cuando fui a estudiar mi doctorado a Inglaterra, hace 6 años – comenzó a narrar.

Flash back…

Era la mitad de su pen último cuatrimestre en la universidad de Cambridge, su estancia en aquella institución había sido más corta de lo que en un principio anticipo, pero tampoco le llamaba demasiado la tensión. Desde siempre había sido mucho más adelantado a sus compañeros, los maestros se peleaban por el e incluso cuando estaba en la primaria ya había universidades que compitan por matricularlo para cuando tuviera la edad de hacer carrera, algunos hasta le ofrecían becas completas, ¡bah! como si el necesitara de una beca, su padre tenía dinero más que suficiente y sumado al que recibía de su madre podría cursar todas y cada una de las licenciaturas y doctorados existentes en las universidades más caras del planeta y aun así seguir viviendo millonario el resto de su vida.

Ahora mismo caminaba por el campus rumbo a la casa que su madre le había comprado para que pudiera vivir cómodamente durante su estancia, que a pesar de estar planeada para uno años resultó ser apenas de 2 y algunos meses. Vio que un tramo del camino que siempre utilizaba estaba siendo arreglado. Torció la boca y se desvió, tendría que rodear por un camino más largo, y se reduciría su tiempo de estudio en 6 minutos, gruño y apresuro su paso, si quería obtener el puesto de vicepresidencia en la empresa de su padre tenía que apresurarse en sus estudios.

Estaba atardeciendo cuando doblo la esquina que llevaba a su casa, había tenido que hacer un rodeo más largo del esperado y había perdido mucho tiempo, por lo que iba entretenido revisando un documento mientras caminaba, cuando, dela nada, algo golpeo contra su pecho, lo que provocó que se le cayeran los papeles de su mano y del portafolios, enojado miro a aquel que se había osado a chocar contra él, pero grande fue su sorpresa al ver que se trataba de una chiquilla, seguramente una niña a juzgar por su estatura y como tenía atado su largo cabello color ébano en una coleta.

- me dolió – se quejó la mocosa levantando la mirada, mientras se frotaba la nariz, sus miradas chocaron en ese instante, su mirada dorada se fundió con unos ojitos color avellana que lo miraban con inocencia y asombro, jamás había visto una mirada tan pura y tan bella.

- ¿eres un vampiro? – pregunto de pronto la niña, con su voz de campanilla de cristal, pero pronto se le paso el efecto y callo en cuenta de cómo lo había llamado.

- hmph - gruño y se agacho a recoger sus papeles, la niña se inclinó también y comenzó a guardar sus documentos de manera desordenada, gruño por lo bajo, así solo se haría más lio, levanto la cabeza para decirle que mejor se largara y le dejara en paz cuando su mirada se topó con dos montes, que aunque pequeños en relación a otros que había visto tenían un buen tamaño.

- aquí tiene – dijo la niña, no tan niña, extendiéndole sus papeles todos desordenados, frunció el ceño, los tomo y guardo en su portafolio, ya los acomodaría en su estudio.

- señor vampiro (la miro de reojo con molestia ¿Qué tenía él que le hiciera parecer un vampira?) ¿Me perdona por chocar con usted? – pregunto nuevamente la chica, él la ignoro y se puso de pie.

- ¿está enojado conmigo? – pregunto otra vez, pero solo se limitó a sacudirse el polvo de las rodillas y retomar su camino.

- ¿no me buscara después para chuparme la sangre cierto? Ya le pedí perdón – gruño al ver que la chica lo seguía, se frenó en seco y la sujeto del brazo y la estabilizo cuando iban a volver a chocar.

- no soy un vampiro – fue todo lo que se limitó a decir, la soltó y retomo su camino dejándola ensimismada en medio de la calle.

Días después, cuando casi se había olvidado de ese incidente de aquella chiquilla irrespetuosa, aquel día en particular restaba muy nublado, y la brisa fría golpeaba constantemente contra su rostro, entro en una cafetería para comprarse algo caliente, ahí la vio también, llevándose una caja de pastelillos, típico de una niñita, continuo mirándola de reojo haya que termino de pagar su pedido y salió del local, mejo, no quería otro encuentro con esa impertinente creatura. Pidió su café cargado y se marchó, pero de regreso a la facultad tuvo que pasar por un área con muchos arbustos, y debido a que la cafetería estaba llena había vuelto a perder preciosos minutos de estudio, así que en lugar de rodearla como hacia todo el mundo decidió atravesar por en medio. No le faltaba más que unos metros para salir cuando escucho un grito, se detuvo en seco por un segundo, pero decidió ignorarlo, no era su problema.

Otro grito corto su avance, desgraciadamente reconoció esa voz, sin saber porque siguió el camino de aquel grito, hasta que llego a una zona más apartada, ahí vio de nuevo a esa chica, pero esta vez había dos hombres amenazándola con un perro Rottweiler, que al parecer estaba entrenado para pelar porque tenía las orejas echadas atrás, la columna recta y estaba ligeramente agachado, listo para saltar y destrozar aquel fino cuello de cisne. Los hombres se reían mientras la pobre chica estaba temblando, aquello le lleno el pecho de rabia, solo unos cobardes disfrutarían atormentando a una niña. El perro ladro amenazaste y casi se soltó de la correa de su amo, la chica dejo salir una lagrima presa del miedo. - oh… ¿la niñita tiene miedo? – escucho a uno de ellos burlarse. - qué mal, a mi perro le encanta cenar niñas lloronas - se burló el que sostenía el perro, pero comenzaba a aflojar el ataque ¿de verdad pretendían echarle ese animal encima? Eran unas bestias. - ya déjenme sola – les pidió, estaba temblando, pero su voz sonó firme y segura, sonrió de medio lado sin poder evitarlo, las tenía de perder y aun así tenía valentía, le gustaba eso. - no seguimos órdenes de mocosas, y no nos iremos hasta que nos des las respuestas de los exámenes o mi mascota tendrá gallina para cenar esta noche – aquello llamo su atención, ¿respuestas? Porque esa niña tendría las respuestas de exámenes universitarios, pues aunque sus atacantes se veían bastantes burros, debían tener más de 20 años cada uno. - ¡no les doy nada! ¡Cobardes! – les grito la chica con aires de valentía, valiente pero tonto, aquellos hombres se enojaron y paso lo que más temía, soltaron a su asqueroso perro. Sin pensarlo salto en medio y alejo de una patada a ese rabioso animal al tiempo en que envolvía a la chica entre sus brazos. Ella alzo el rostro para mirarlo, pero no le prestó atención, ahora mismo su prioridad era sacar esa basura. - solo un cobarde ataca así a una mujer – dijo mirándolos en desafío, aquellos hombres lo miraron amenazantes, pero no le tomo más de un minuto encargarse de ponerlos en su lugar y la mitad de ese tiempo para hacerlos huir bajo el peso de su mirada. Pero aun así no la soltó hasta asegurarse de que se no regresarían, la chica no dejo de mirarlo en todo ese tiempo, cuando finalmente la dejo ir noto que nuevamente había perdido mucho tiempo valioso de estudio, estaba por retirarse cuando ella jalo de su muñeca, se giró para encararla y la encontró ofreciéndole un pastelillo, suponiendo que era su forma de agradecerle lo acepto, y ella le dedico la más hermosa de las sonrisas que había visto nunca. A partir de ese día siempre a esa misma hora aparecía en su escritorio un vaso de café o una caja de pastelillos, primero no le dio importancia, pero al paso de los días comenzó a cansarlo, un día, justo cuando iba a cumplirse su "hora del café" la intercepto para pedirle que dejara ya esas cosas, pero no salió como esperaba, en su lugar termino sentado en la biblioteca leyendo mientras ella hablaba sobre temas tribales. Los siguientes meses esa fue su rutina, él se sentaba en la sala de estudio, luego la chica, que no tardo en enterarse de que se llamaba Rin y era una estudiante becada de economía social, además era adjunta de uno de los maestros del gremio, llegaba con su caja de pastelillos y dos cafés, uno cargado para él y algo llamado mokacino para ella, y mientras él estudiaba ella se ponía hablar; luego el también comenzó a hablar y antes de que se diera cuenta no solo se reunían en la sala de estudio, si no que en los jardines, la acompañaba a su salón, e incluso a su casa, en una ocasión incluso lo convenció de ir al cine a ver una película romántica; ese día fue la primera vez que se tomaron de la mano. Cuando llego la hora de terminar su doctorado decidió dejarle las cosas claras, lo suyo había sido una extraña amistad, y nada más. Ese día cuando tomaría el avión privado de su padre para regresar a Japón para hacerse cargo de su parte de la empresa, tal y como se había acordado. Tal como lo había predicho, Rin que se había vuelo su sombra, lo acompaño al aeropuerto y hasta la puerta del hangar privado; en ese momento le dijo que se iría y por primera vez no se cortó en palabras, y ella tampoco lo interrumpió en ningún momento, en ese momento volvió a ver sus ojitos color avellana ponerse brillantes por las lágrimas, pero Rin no lloro, solo le pidió un último favor… - Cierre los ojos por favor... – le pidió, aun cuando tenían meses de conocerse nunca llego a tutearlo, decidió complacerla cerró los ojos, sintió que ella colocaba sus manos sobre sus hombros y al segundo siguiente como sus labios se juntaban con los de él, inconscientemente rodeo su cinturilla y la levanto en vilo, ella era tan pequeña que solo al pegarla junto a su cuerpo la elevaba a varios centímetros por encima del suelo, cuando el beso finalizo volvió a ponerla sobre sus pies, pero aun así no la soltó, ni ella tampoco se alejó de él. - sé que usted se ira así que, prométame, que no me olvidara – le solicito sin dejar de mirarlo a los ojos, volvió a ver esa mirada valiente, no muchos eran capases de sostener su mirada, y menos con esa fuerza. - sandeces – se limitó a decir antes de darse media vuelta y marcharse, aunque no miro para atrás en ningún momento supo que ella no se fue del hangar hasta que su avión se perdió en el cielo.

Fin del flash back…

Para cuando Sesshomaru termino su relato la mandíbula de Inuyasha había atravesado hasta el centro de la tierra, no podía creerlo, de todas las personas que vivirían una fantasía de amor estilo novela romántica el único que estaba seguro jamás embonaría como hombre enamorado era Sesshomaru. Y aparte que lo confesara con esa soltura, Sesshomaru podía ser muchas cosas pero no un mentiroso, él decía las cosas directamente y sin anestesia, pero en toda su vida no creía que hubiese dicho ni una sola mentira, así que no había ninguna posibilidad que esa historia fuera inventada.

- no puedo creerlo… - murmuro apenas encontrando su voz después de semejante sorpresa.

- ¿Qué cosa? – pregunto Sesshomaru inquisitivo, ¿Qué acaso lo creía tan frio y amargado que no tenía la capacidad de amar?

- que una chica tan tierna te haya dado un beso y no saliera corriendo después – se burló Inuyasha sin poder evitarlo, su respuesta fue otro coscorrón que lo dejo viendo estrellas durante un buen rato, pero también le confirmo que Sesshomaru hablaba enserio con su historia, si hubiese sido un cuento chino no le habría dado tan fuerte.

- serás burro – gruño Sesshomaru frotándose los nudillos, hasta a él le había dolido ese golpe.

- y tú eres bestia – le devolvió Inuyasha aun un poco mareado.

- pero lo que aun no entiendo es ¿Por qué si ya te habías despedido de ella regresaste de nuevo esta vez? – le pregunto sinceramente intrigado, Sesshomaru suspiro antes de entender.

- porque necesitaba recuperarla – dijo entrecortado, estaba cansado, pero no se retractaría ahora, él también debía ponerse los pantalones.

- ¿pero qué dices? Has tenido muchas novias estos seis años, todo Japón y el mundo de los negocios lo sabe – exclamo Inuyasha ganándose otro zape de parte de Sesshomaru, dios ¿Por qué se empeñaba en pegarle todo el tiempo?

- desde que la separe de mí sus últimas palabras fueron como una maldición, jamás pude olvidarla, ni aun con todas mis "novias" como tu decías, la he visto en cada esquina y cada sombra desde que volví, por eso cuando surgió la oportunidad de volver a Inglaterra convencí a nuestro padre de que me dejara ir en tu lugar – Inuyasha lo miro seriamente, ¿había arriesgado a que el metiera la pata en el contrato más importante de la empresa por una chica? Sí que debía picarle duro esa chica, iba a lanzar otra broma cuando vio otra cosa que jamás creyó ver, vio a Sesshomaru con la mirada caída, parecía… triste y nostálgico.

- ¿y qué paso cuando fuiste a Inglaterra? ¿Pudiste encontrarla? – se atrevió a preguntar, Sesshomaru lo vio de reojo y entonces bajo la mirada, casi derrotado.

- sí, cuando fui a Inglaterra la vi, había crecido más, estaba más bella que nunca, pero… - la voz de Sesshomaru se rompió e Inuyasha supo que estaba luchando por contener el llanto.

- Sesshomaru ¿Qué paso? – le pregunto preocupado, ¿le habría pasado algo a esa muchacha? ¿Por qué Sesshomaru estaba tan afectado?

- cuando llegue el primer lugar al que fui a buscarla fue la universidad, pero hace tres años que se había graduado, me tomo un tiempo pero conseguí localizarla, más cuando llegue a verla, vi que estaba acompañada de otro hombre… - Inuyasha entendió en ese momento, si cuando él se reencontró con Kagome apenas unas semanas después de su separación, le hervía la sangre de celos al verla con otros hombres, para Sesshomaru, que paso seis años sin verla, "no me hubiese gustado estar ahí" pensó a sus adentros.

- ¿era su novio o…? – quiso averiguar más pero entonces los ojos dorados de Sesshomaru se volvieron tan afilados que casi pudo sentir que le cortaban la lengua.

- eso ya no es asunto tuyo – lo mando a callar antes de levantarse con los papeles en de divorcio en su mano.

- voy a ayudarte con esto Inuyasha, los honorarios de mis servicios y mi silencio los discutiremos más adelante – el menor casi salto de alegría, bueno estuvo en camino hasta que la otra mano de Sesshomaru le pesco por el cuello de la camisa y lo elevo a su altura.

- pero si le dices a alguien una sola palabra de lo que te he narrado te volveré polvo las piernas y creeme que me asegurare personalmente de que jamás llegaras a tener hijos – la amenaza fue tan fuerte que lo hizo sudar, pero eso era lo de menos, ¡Sesshomaru había accedido a ayudarlo0 con Kagome! Él era de los mejores abogados del país, con el de su lado pronto volvería a tener a Kagome a su lado.

- trato hecho, hermano – sonrió ofreciéndole la mando después de que lo soltó, así al filo del amanecer ambos hermanos sellaron su primer trato con un apretón de manos. No sabían que ese simple gesto marcaria una diferencia en sus vida, desde ese día y para siempre.

Continuara…