Hola de nuevo!

¿Cómo ha ido todo? Hey! Esta vez he tardado, pero no tanto! Teniendo en cuenta que me he ido 10 días de vacaciones al extrajero... creo que he escrito a buen ritmo! :D

Bueno, pasando a temas más interesantes:

He de decir que este capítulo supone un punto de inflexión en la historia, a partir de ahora las cosas serán diferentes. No sé si mejores o peores, pero desde luego diferentes.

Quiero dedicarles este capítulo a dos personas en especial, porque me han dado ciertas ideas para escribirlo. /Danae Allen: Un acercamiento entre Edward y Bella... espero que este te guste. No es nada especial, sin duda los habrá mejores, pero creo que por el mometno es algo./ /Kanna White, ¿querías acción? Pues allá vamos... hoy empezamos y a ver dónde acabamos.../

Además quiero agradeceros a todas los que os tomáis el tiempo de enviarme vuestra opinión! Sois geniales! Danae Allen, Danika20, Bella-Nympha, Cullen Vigo, miradas-oscuras, stephanie, joli cullen, Kanna White, Paaameeelaaa, Ayla Hale Cullen, sophia18, Roxy, Mel, bea. Por supuesto también doy las gracias a todos los lectores silenciosos que estáis al otro lado de la pantalla! Muchas gracias!

Nos leemos abajo!


Capítulo 25: Contra todos.

Me pasé las horas siguientes a mi descubrimiento analizando cada documento en el estudio de Edward. Hice una copia de los archivos de su ordenador que miraría más tarde. Todavía no podía creer mi mala suerte: Edward estaba preparando una acusación contra los Vulturi por diversos delitos entre los que se encontraban tráfico de drogas y asesinato.

Tenían pruebas para encerrar a Aro Vulturi y a sus hermanos, Cayo y Marco; pero no creo que Edward llegase vivo al juicio. ¿Ese era el caso tan importante del que siempre hablaba? ¡Dios! ¿En qué momento se me ocurrió devolverle su trabajo en el bufete? Si lo llego a saber le hubiera conseguido un trabajo de barrendero...

Me había puesto en riesgo de que cualquier Vulturi me encontrase para devolverle su carrera a Edward, pero eso carecía de importancia ahora que su vida estaba en peligro... Sólo era cuestión de tiempo que Felix apareciera con una pistola en la mano. Sin duda era necesaria la intervención de La Guardia, pero todavía no había llamado a Demetri para reunirme con él y explicarle la situación; quería tener el caso estudiado y saber de qué estaba hablando antes de implicarle.

Esquivé a Edward durante los días siguientes, pasándome mañana, tarde y noche investigando los documentos que había encontrado. El caso era bueno y era probable que Aro y sus hermanos dieran con sus huesos en la cárcel, pero para eso sería necesario que tanto el abogado como los testigos estuviesen con vida en el juicio.

El día antes de Noche Vieja, Edward entró en mi habitación mientras yo estaba sentada en la cama frente al ordenador. Cerré las ventanas de sus documentos. Obviamente no tenía fácil explicación el hecho de que estuviera revisando su trabajo a escondidas.

"Antes de nada: Vengo en son de paz." Anunció desde el umbral de la puerta.

Miré el reloj, eran más de las diez. Llevaba tantas horas embebida en aquellos archivos que ni si quiera sabía qué hora era.

"Es tarde Edward." Respondí cerrando la tapa del ordenador.

Edward emitió un pequeño sonido de disgusto, pero la determinación en sus ojos se hizo más evidente. Avanzó y se sentó en el borde de la cama.

"Ángela tiene turno de noche, no tienes que preocuparte por eso." Su tono tenía algo extraño que no supe identificar. Abrí la boca para replicar pero no me dejó. "Te he echado de menos." Susurró acariciando mi mejilla. "Llevas una semana evitándome. Ya no lo soporto más, Bella."

Cerré los ojos. Tuve que cerrarlos para no ver en los suyos lo que en otra vida me hubiera hecho tan feliz: amor.

"Por favor..." Susurró y yo me sorprendí de lo cerca que sonó su voz.

Abrí los ojos y lo vi a escasos dos centímetros de mí, mirando mi boca. Iba a besarme y, una vez más, yo no iba a hacer nada por impedirlo. Y así fue. Cuando sus labios rozaron los míos el universo volvió a estar completo y a girar a la velocidad adecuada.

Aparté el ordenador con manos torpes y correspondí su beso con toda la pasión y el deseo que había estado reprimiendo a lo largo de esta interminable semana.

Las palabras de Edward se repitieron en mi mente tal y como él las había dicho días atrás, en un tiempo que ahora me parecía muy lejano ante la avalancha de problemas que se me venía encima:

"He luchado contra esto, pero ya no puedo más. Vamos a hacer el amor, Bella."

Edward acomodó su espalda en el cabecero de la cama y yo aproveché eso para sentarme a horcajadas sobre él. Si íbamos a hacer el amor como él prometió, bien podía ser hoy. Sus manos subieron por mi espalda bajo mi camiseta y sus labios recorrieron mi cuello.

"¡Oh, Dios! Bella..." Murmuro en mi oído antes de morder mi lóbulo.

Un gemido inevitable salió de mi boca. Edward nos giró quedando encima de mí. La sensación de su peso sobre mi cuerpo me hizo enloquecer. Tanto así que con manos torpes empecé a desatarme el botón de los vaqueros.

"¿Quieres dejar de desnudarte?" Murmuró Edward contra mis labios antes de deslizarlos hasta mi cuello y sujetar mis muñecas por encima de mi cabeza.

"¿Por qué? ¿Quieres hacerlo tú?" Dije jadeando.

"Esta noche, no." Cortó tajante.

"Pero tú dijiste..." Intenté reprochar enfurruñada.

"Sé lo que dije. Pero esta noche, no."

Los ojos empezaron a arderme y giré la cara parpadeando varias veces para disipar las lágrimas traidoras, pero Edward me obligó a mirarlo.

"Quiero que sea algo especial, en el momento adecuado. No creo que sea mucho pedir." Suspiró y me abrazó colocándome sobre su pecho. "Contigo nada es fácil."

"¿A qué te refieres?" Inquirí un poco molesta, frunciendo el ceño e intentando incorporarme. Cosa que Edward se encargó de evitar con brazo de acero.

"Sólo quería darte tu regalo de Navidad." Negó con la cabeza y añadió: "Debí imaginarme que no sería tan sencillo."

Se estiró para alcanzar algo que estaba encima de mi mesilla y que yo no había advertido. Me entregó una caja de diseño moderno que, probablemente, contenía algún tipo de joya.

La cogí con manos temblorosas, dudando si debía aceptarlo o no. Finalmente ganó mi parte menos racional y la abrí. Contenía un maravilloso colgante, una amatista de color violeta rodeada por unas alas talladas en plata.

"Edward... es... es... ¡es precioso!" Dije lanzándome a su cuello.

"Simboliza la fe que tengo en nuestro amor y la promesa de protegerlo con mi vida." Susurró con sus ojos de un verde imposible clavados en los míos.

Después de un beso tan dulce que no quise que acabase jamás, recordé que yo también tenía algo para él. Corrí hasta mi armario ante su expresión de sorpresa por haberme salido tan bruscamente de la comodidad de sus brazos y cogí la caja que me habían envuelto de forma muy elegante en una prestigiosa joyería de Nueva York.

"Toma, es tu regalo de Navidad." Anuncié sonriente.

"Pero... tu ya me habías regalado..."

"No pensarías que sólo te iba dar ese tostón de libro..." Le corté y añadí una mueca de horror fingido a mis palabras.

"A mí me gustó..." Murmuró.

"Ábrelo... este te gustará más."

O al menos eso espero... pensé. Y por favor Dios... que no conozca la marca, porque si no... A ver cómo le explico yo de dónde he sacado el dinero para comprarlo...

Cuando deshizo el aparatoso lazo y quitó del envoltorio me dirigió una breve mirada antes de abrir definitivamente la caja, dejando al descubierto un caro y exclusivo reloj. Sus ojos se abrieron perceptiblemente y por un instante creí que estaría calculando su valor, pero afortunadamente reaccionó poco después indicándome que no era así.

"Bella, es increíble. No... no sé que decir... es magnífico."

Cuando le dio la vuelta para ponérselo vio la inscripción.

"A través de todo. A pesar de todo. Siempre." Murmuró leyendo las palabras que yo había mandado grabar en la tapa de la esfera.

Era el lema de mi familia. Siempre nos apoyábamos a través de cualquier situación; a pesar de cualquier problema; para siempre. Y más ahora que estaba a punto de enfrentarse a los Vulturi. Hoy más que nunca contaría con mis respaldo, aunque eso significara decirle quién soy y perderle definitivamente.

"¿Qué te parece si preparo algo de cenar?" Dijo sonriendo mientras se ponía su nuevo reloj.

"Me parece correcto." Cogí mi regalo y lo miré más detenidamente. "Edward..." Murmuré mientras él atravesaba el umbral.

"¿Sí?"

"Las iniciales... están... No son las mías."

Edward frunció el ceño.

"Claro que lo son."

"¿B.C.?" Pregunté con rabia tendiéndole el colgante.

Él sonrió ampliamente, tomó su regalo para acercarse a mí y ponérmelo mientras susurraba en mi oído:

"Bella Cullen."

Me quedé sin aire.

"¿Vas a salir con Jacob esta noche?" Preguntó Ángela mientras yo la ayudaba a preparar la comida.

"En realidad no, sus hermanas se marchan en un par de días y prefiere quedarse en casa con ellas. Pero Seth me ha invitado a una fiesta, así que si te parece bien, iré con él."

"En realidad... no le conozco de nada, Bella." Respondió insegura.

"Si te sientes más tranquila, es la fiesta de Fin de Año del bufete de Edward. Le han invitado por haber cerrado un trato importante, o algo así... No entiendo de esas cosas..." Me encogí de hombros.

"¿En serio? ¡Eso es genial! ¡Así no estaré tan sola! Ahora que Edward es socio ya no me quedan excusas para librarme de esa gente horrible..." Dijo con una mueca de desagrado.

"¿Irás con Edward?"

"Sí, no parecía muy entusiasmado con ir a la fiesta, pero es un compromiso al que no puede faltar. Ni yo tampoco..." Masculló la última frase, lo cual me hizo reír.

"¡Dios, realmente odias esas fiestas!" Me miró como si no creyese que yo hubiera podido siquiera considerar lo contrario.

"Toda esa gente es una snob."

"No toda."

"¿Quién no?"

"Seth no lo es."

Mi prima se echó a reír.

"¡Ya sé a qué me suena eso! Ahora sí que me interesa conocer a ese chico. ¿Jacob lo aprueba?"

Que mi prima creyese que Seth me gustaba era muy beneficioso, ya que sería ella quien se ocupase de convencer a Edward de que así era.

"Jacob no es mi padre, aunque a veces intente comportarse como tal... La verdad es que no le sale muy bien."

A Ángela le hizo gracia el comentario a pesar de que yo lo decía en serio.

"No es que se comporte como tu padre, es que... es... no sé cómo explicarlo, es muy... protector. Esa es la palabra." Se quedó un segundo pensativa. "Siempre me llama mucho la atención la relación que tenéis, hay tanta confianza... eso no es fácil de conseguir."

"Ni de soportar." Añadí con un bufido. "Los hombres no respetan nada. Quieren controlarlo todo. De todas formas es estupendo contar con alguien así, de un modo incondicional. Además, Jake en un gran tipo, aunque a veces se haga el duro... en realidad es muy diferente."

Ambas nos reímos y seguimos cocinando. Era agradable pasar tiempo así con Ángela, era una persona increíble, que sabía respetar la intimidad. Cualquier otro se hubiera lanzado a hacer preguntas sobre mi pasado o el de Jake, sin embargo mi prima se limitó a dejarlo correr. Era estupenda.

"Por cierto, ¿ya tienes vestido?" Me miró confusa durante un segundo y después un brillo de comprensión relució en sus ojos.

"Sí, ya lo tengo." No parecía muy contenta.

"Alice vendrá a peinarme después, si quieres puedo pedirle que te peine a ti también."

No había habido escapatoria, ese pequeño demonio había insistido hasta el agotamiento para ser ella quien me peinase y maquillase. Había convencido a Alice de que su hermano tenía que ir a la fiesta del bufete y que yo no podía ir con él, ya que era un evento importante y la gente se extrañaría si aparecía de la mano de alguien que no era su prometida. No pareció muy satisfecha, pero lo aceptó. Lo que olvidé mencionarle es que sí iría a la fiesta, aunque de la mano de Seth y no de Edward. Creo que dio por hecho que pasaría el fin de año con Jacob y por eso aceptó tan fácilmente.

Después de que el huracán Alice pasase por el apartamento y nos dejase perfectamente maquilladas y peinadas, con la promesa de que podríamos bailar hasta el amanecer sin que un sólo pelo se moviese de su sitio, cada una se fue a su habitación a vestirse. Estaba intentando encajar todas mis cosas en el minúsculo bolso cuando el timbre del apartamento sonó. Seth había dicho que me esperaría en el coche y que me llamaría en cuanto estuviese aparcado frente a la puerta, así que seguí intentando comprimir el teléfono o las llaves de casa para que me entrase la barra de labios.

"¿Bella?" Me llamó Edward desde el salón. Tras la aparente calma de su voz, yo sabía perfectamente que corría un río de furia.

Miré al techo exasperada. ¿Qué he hecho ahora? Suspiré hondo tratando de armarme de paciencia para no mandarlo al demonio. Era probable que Ángela ya le hubiera dicho que iba a salir y que iba a hacerlo con Seth pero, ¿qué esperaba? ¿Realmente pensaba que me iba a quedar comiendo helado de chocolate el día de Fin de Año, mientras él se divertía en una fiesta con su prometida? ¡Antes muerta! Salí de mi habitación y pregunté con la voz más dulce que pude poner sin rodar los ojos:

"¿Sí, Edward?"

Pero no había terminado la frase cuando me paralicé en medio del pasillo. Edward estaba de pie junto al piano y a su lado, un par de pasos más atrás, estaba Seth. Ambos vestían de smoking, perfectamente afeitados, peinados y perfumados. Aunque Seth estaba guapísimo, para mí, jamás se podría comparar con Edward. Ni él ni nadie. Nunca. Aparté la mirada porque los ojos de Edward me quemaban; estaba realmente enfadado.

"Preguntan por ti." Anunció. Por un segundo temí que estallara y comenzara a dar gritos.

"Bella... estás... deslumbrante." Susurró Seth. El chico sabía ser un seductor cuando quería. "He traído esto para ti." Añadió tendiéndome una caja de joyería.

Cuando la abrí me quedé sin habla. Era un precioso conjunto de gargantilla y pendientes de diamantes. Era de mi madre. Su favorito. Y Seth se había acordado.

"Seth..." Dije sin aliento, al borde de las lágrimas.

Mi contable miró a Edward de soslayo, su espalda tensa y su mandíbula apretada, aunque él no sentía la llamarada de su mirada como yo; y añadió:

"No tienes que quedártelo si no quieres, pero pensé que te gustaría llevarlo esta noche." Terminó con una de sus discretas sonrisas.

No se equivocaba. Había deseado poder llevar el collar y los pendientes que mi padre le regaló a mi madre cuando yo nací, pero hubiera sido demasiado extraño que una niña de diecisiete años apareciera con una joya valorada en varios millones.

"Gracias, Seth." El murmullo ahogado murió en su pecho cuando me arrojé hacia él para abrazarlo. "No sé qué haría sin ti." Dije en su oído para que sólo él lo escuchase.

"¿Puedo hablar un momento a solas con Bella?" La voz grave de Edward interrumpió el momento.

Seth asintió hacia él para después tomar mi mano y besarla suavemente.

"Te esperaré fuera." Dijo antes de salir del apartamento.

"Por supuesto me dirás que Ángela está de acuerdo en que salgas con ese tipo..." Me increpó.

"Sí, así es. Ahora, si me disculpas, me están esperando."

"Es mucho mayor que tú."

Ya tenía una mano apoyada en el picaporte para abrir la puerta, pero su comentario me frenó en seco. Seth y Edward eran más o menos de la misma edad. Un montón de reproches se me vinieron a la mente, pero tan sólo me giré con una ceja alzada.

"Feliz año, Edward. Espero que paséis una bonita velada."

A mitad de camino del hotel en el que tenía lugar la fiesta, Seth decidió hablar.

"Llevo quince minutos esperando. ¿Vas a decirme ya qué pasa?"

"¿A qué te refieres?" Respondí sin comprender.

"Estás preocupada, lo sé. Y es grave."

Era imposible ocultarle algo a una persona que había sido educada y cuidadosamente instruida para saber cuál era mi pensamiento con una sola mirada. Suspiré. Pronto tendría que hablar con Demetri para pedirle protección, así que no me vendría mal empezar buscando apoyo en Seth.

"Es Edward. Está preparando un caso contra los Vulturi."

El coche frenó bruscamente en el arcén.

"No sabe quién soy y sospecho que tampoco dónde se está metiendo. Se va a poner en peligro él y a toda su familia, incluida Ángela." Continué.

Un silencio espeso invadió el interior del coche.

"¿Qué vas a hacer?" Inquirió finalmente.

"Lo único que puedo hacer. Protegerlo." Respondí

"Te estás arriesgando demasiado."

"Lo sé. Pero, ¿qué otra cosa me queda? ¿Permitir que lo maten ante mis ojos sin mover un dedo?"

"Bella, lo de Tiziano no fue tu culpa."

"Mi hermano está muerto, Seth. Los Vulturi lo asesinaron. Eso ya no tiene remedio, pero no voy a permitir que ocurra una segunda vez. Te doy mi palabra." Zanjé con determinación.

Mi promesa quedó unos segundos flotando en el aire.

"Demetri va a montar en cólera." Anunció Seth con tono más ligero.

"Lo sé." Dije suspirando.

"Será divertido..." Señaló con una sonrisa pícara mientras ponía el coche de nuevo en marcha.

La noche fue tensa. A pesar de la alegría de Ángela por sentarse a nuestro lado y no sentirse sola entre toda esa gente con la que no encajaba; a Edward le sorprendió mucho el hecho de vernos allí. Se pasó toda la cena vigilando cada movimiento de mi acompañante, a Seth le hacía gracia la situación. Cuanto más se enfadaba Edward, más cariñoso se comportaba él.

"Y dígame, señor Clearwater, ¿cuándo podremos conocer a la señorita Bataglia?" Se interesó uno de los socios del bufete.

"Lamentablemente no creo que eso sea posible. La señorita Bataglia estudia en Europa y lleva desde allí sus negocios. Son contadas las ocasiones en las que viaja a América y, cuando lo hace, tiene una agenda muy apretada." Edward hizo una mueca, pero no dijo nada. "Lo cual me recuerda, señor Cullen, que me gustaría reunirme con usted esta semana, si es posible. Quiero darle las últimas directrices para los trámites de la compra-venta."

"Claro, le diré a mi secretaria que concierte una cita con la suya." Respondió con un tono extraño.

Por fin, después de las doce, salimos a bailar y nos separamos de mi prima y su prometido. Pudimos comportarnos como dos jóvenes normales en una fiesta normal. Bueno, siempre dentro de los límites de las circunstancias, ya que Seth y yo no éramos jóvenes normales y aquella fiesta tampoco lo era. Vi a Ángela arrastrar a Edward hacia la pista, pero él no parecía tener muchas ganas de bailar. Luego los perdí de vista.

Tras de sabe Dios cuantas canciones, mi pies encajados en aquellos terroríficos tacones pidieron un descanso, así que mientras Seth iba a por unas copas aproveché para refrescarme en el baño. La puerta se cerró de golpe tras de mí y una fuerte mano se aferró a mi brazo para hacerme girar violentamente.

"¿A qué estás jugando, Bella?" Preguntó Edward entre dientes. "¿Sabes las ganas que tengo de matar a ese tipo?" Continuó con un brillo de locura en sus ojos.

"No digas tonterías. Y suéltame, me estás haciendo daño." Repliqué enfadada.

¿Él podía pasearse de la mano de su prometida y yo no podía salir con Seth? ¿Eso me estaba diciendo? Más le vale que no.

Edward respiró hondo con los ojos cerrados, como tratando de calmarse. De repente me soltó y comenzó a pasear de un lado a otro tomándose el puente de la nariz con la mano derecha. No tardó mucho el volver a hablar.

"Hablaremos cuando estemos más tranquilos. Te veré mañana en la casa de la playa. A las tres." Dijo con voz comedida, como si en cualquier momento fuera a perder el control y estuviese intentando evitarlo.

"No puedo." Las palabras salieron de mi boca de forma automática, sin que pudiera siquiera pensar en censurarlas.

Me encogí levemente cuando ese brillo extraño volvió a relucir en su mirada.

"No me hagas perder la paciencia. ¿Quieres que hable con Ángela? ¿Que le cuente lo bien que lo pasamos juntos?"

"¡No!" Grité con voz ahogada.

"Entonces, será mejor que estés en Hoquiam mañana a las tres."

En cuanto Edward salió del baño yo me apoyé en los lavabos. No me gustaba que me chantajeasen, y menos si era él quien lo hacía, aunque supongo que en su lugar yo haría lo mismo.

Llegué a la casa de la playa quince minutos antes de la hora. Mientras que el coche de Edward estaba aparcado frente a la puerta, yo preferí dejarlo un poco más alejado y caminar. Las viejas costumbres no eran fáciles de olvidar y nunca se sabía quién podía ver los coches allí.

Entré en la casa despacio, casi con miedo de hacer ruido. Edward se encontraba en el salón, de espaldas a mí, mirando el paisaje a través de las cristaleras que daban a la playa. Al avanzar hacia él tropecé con la pata de una mesa y él se giró bruscamente hacia mí.

"¡Oh, Bella! ¡Has venido!" Suspiró como si quitasen el peso del mundo de sus hombros.

En dos pasos recortó la distancia que nos separaba y me abrazó sacándome el aire de golpe. Sin embargo sentía que ése era mi lugar en el mundo.

"No sé qué hubiera hecho si no hubieras aparecido..." Murmuró contra mi pelo.

"Ya." Respondí yo secamente mientras empujaba su pecho para separarme de él. "Claro."

Retrocedí dos pasos pero Edward los avanzó.

"Perdóname por lo de anoche. No debí tratarte así, lo sé. Pero me vuelvo loco cuando te veo con otro hombre, ¿sabes cuántas veces estuve a punto de sacarte arrastras de aquella sala? Más de las que pudiera contar." Dijo abatido.

Jamás lo había visto tan mal y eso me partía el corazón. Desde que se hizo cargo del caso Vulturi sus ojeras se habían hecho permanentes, pero hoy su aspecto era peor. Estaba más pálido que de costumbre, demacrado. Parecía enfermo.

"Mira, Edward..." Comencé, pero él me interrumpió.

"No, espera un momento. Necesito que me escuches, por favor, te lo suplico. Después podrás decir lo que quieras."

Asentí dudosa, sabía que, de una forma u otra, lo que fuera a decir traería consecuencias. Cogió aire antes de empezar.

"Bella... no... no sé cómo explicarte lo que me pasa, no sé cómo hacerte entender lo que siento. Has cambiado mi vida desde el momento en que tropecé contigo en la calle, lo has puesto todo patas arriba, nada es igual. No sé qué me ocurre exactamente, pero de lo único que estoy seguro es de que no puedo vivir sin ti. Y por eso mismo ya no puedo soportarlo más." Mi corazón dio un vuelco y el aire se me atoró en la garganta. Ni entraba ni salía. "Sé que me amas, pero no entiendo por qué cada vez que me doy la vuelta ingenias algo para alejarte de mí." Su mirada reflejaba un dolor más allá de lo que yo podía soportar. Mis ojos comenzaron a aguarse. "No lo comprendo Bella, ¿por qué intentas huir de mí?"

Me quedé ahí, de pie, con la mirada perdida sin ser capaz de responder nada.

"Sé que has sufrido demasiado, eso puedo verlo. Incluso Jacob me lo advirtió. Por eso mismo me juré que me ganaría tu confianza, que no te atosigaría con preguntas y esperaría a que tú misma me contases tu historia. Pero lo único que he conseguido es comprenderte cada día menos. No sé cómo funciona ese retorcido cerebro tuyo y empiezo a sospechar que jamás llegaré a saberlo." Negó con la cabeza y se alejó de mí, de nuevo hacia la pared acristalada. "Todas esas noches en las que gritas en sueños, y no me refiero sólo a aquel día de tormenta, si no a cada noche. ¿Sabes lo que es para mí oírte gritar de ese modo sin saber lo que te pasa o cómo puedo ayudarte?"

Se giró para mirarme y vi tanto dolor en sus ojos que tuve que hacer verdaderos esfuerzos para contener mi llanto. Sabía que las noches de tormenta eran especialmente difíciles para mí, y de vez en cuando aún tenía pesadillas, pero lo que no sabía era que gritaba habitualmente.

"Lo siento." Murmuré.

Sentía causarle esa preocupación, sentía no poder contarle la verdad.

Se pasó las manos por el pelo, signo de desesperación.

"No comprendo cómo conseguiste una beca a mitad de curso y mucho menos en uno de los colegios más elitistas de Europa; tampoco entiendo cómo has comprado todos esos regalos de Navidad sin tocar la tarjeta de crédito que te di; y, por supuesto, no consigo comprender cómo has hecho que, no sólo me devuelvan el trabajo, sino que además me hagan socio del bufete. Aunque viendo la atención que te presta ese tal Clearwarter, no me cuesta imaginármelo..."

Sus palabras me sacaron de mi trance. Él se había dado cuenta de todo: de lo extraño de que me otorgaran una beca en pleno curso o de que no había usado su dinero y había empezado a sospechar. Sin embargo no había dicho nada. De todas formas lo que me había espabilado no había sido eso.

"Edward..." Dije en tono de advertencia. "Ten cuidado con lo que estas diciendo. Seth es un hombre íntegro que jamás se prestaría al tipo de juego que tú estás insinuando."

"¡Entonces, ¿qué quieres que piense? ¡Maldita sea, Bella! Lo estoy intentando, te juro que lo hago, pero no puedo seguir así..." Se acercó y tomó mis mejillas en sus manos, quizá un poco más brusco de lo que me hubiera gustado, exteriorizando la desesperación que guardaban sus ojos. "No soporto pensar que estás con otro... no puedo... no puedo vivir sabiendo que la próxima vez conseguirás huir de mí y te perderé."

Me besó con tanta pasión que sólo pude rendirme ante él y devolverle el gesto con igual pasión.

Edward Cullen era una droga para mí. Algo adictivo, sin lo que no podía vivir; que me hacía subir al cielo y olvidar todo a mi alrededor; pero que terminaría destruyéndome por dentro y por fuera. Cuando él se alejara de mí no quedaría nada. Y no podía evitarlo.

Cuando rompió el beso apoyó su frente en la mía.

"Dime qué quieres que haga y lo haré. Dime dónde quieres que vaya e iré. Dejaré hoy mismo a Ángela y nos marcharemos a Europa si eso es lo que deseas. Pero juntos."

"Yo..."

Yo no sabía qué decir. Mi cabeza estaba hecha un lío y lo que quedaba de mi corazón estaba todavía peor. Intenté dar un paso atrás, poner algo de distancia entre nosotros para poder pensar, tratar de aclarar mis ideas, pero él me retuvo.

"¿No lo ves, Bella? La mayoría de las personas se pasan la vida buscando lo que nosotros tenemos. No podemos desperdiciarlo por una tontería."

"¿Una tontería?" Repetí alejándome, esta vez con más decisión. "¡Mi prima es la única familia que me queda! Me ha acogido en su casa cuando no me quedaba nada, así sin más, sin pedir nada cambio. ¿Y cómo le pago yo? Destruyendo su compromiso, ¡su vida! ¿Te parece eso una tontería?" Mi voz fue ascendiendo progresivamente y llegado este punto estaba completamente fuera de mí, gritando y haciendo aspavientos en todas direcciones. Traté de tranquilizarme y continuar de forma más calmada, dándole a mis palabras la seguridad necesaria para que Edward se las creyera. "Yo sólo estoy haciendo lo mejor para los todos. Nada más. Es lo correcto." Añadí más sosegada.

Edward se acercó a mí.

"No lo entiendes. Puede que tú seas lo suficientemente valiente o fuerte para vivir sin mí si eso fuera lo mejor, pero yo nunca podría hacer ese sacrificio. Tengo que estar contigo. Es la única manera en que puedo seguir viviendo." Susurró suavemente.

Esta vez fui yo quien lo besó. Mi cuerpo se desconectó de mi mente e hizo lo que necesitaba, sentir a Edward cerca, y aún más cerca. Desde ese momento todo se me salió de control. Ya no era capaz de detenerme, ya no podía parar. Me había alejado de él tanto cómo había podido, pero mis fuerzas habían llegado a su límite y habían cedido. Ya no había nada que hacer. Ya no había elección. Era Edward o nada.

No sé cuanto tiempo estuvimos de pie, besándonos, pero cuando empecé a sentirme mareada me condujo hasta el sofá.

"Bella..." Murmuró mientras besaba mi cuello. "No sabes cuánto necesitaba esto... cuánto te necesito."

Nos quedamos la mayor parte de la tarde acurrucados en el sofá frente a la chimenea, con Edward repartiendo periódicamente besos aquí y allá o simplemente apretándome contra él. Incluso creo que en cierto momento me quedé dormida, pero no estoy muy segura. Todo estaba en calma, aunque no como la que sucede a la tempestad, más bien como en una suave tarde de abril en la que puedes pasear por la playa tan solo con una chaqueta ligera sintiendo la brisa del mar en la cara. Miré por la ventana sonriendo por la comparación, estábamos en Forks, era primero de enero y estaba nevando.

Ya empezaba a anochecer cuándo la voz de Edward irrumpió en la quietud.

"Bella, antes de que nos vayamos, necesito hacer lo que he venido a hacer."

Últimamente el aire se me atascaba muy a menudo en las vías respiratorias y mi corazón se saltaba demasiados latidos. Esto me pasará factura y, a la larga, acabaré muriendo de un infarto. Con el ritmo que llevo es probable que no cumpla los treinta... Esperé en silencio a que continuase.

"Quiero un compromiso."

Me incorporé como un resorte. Sentía mi rostro desencajado por la sorpresa y un enorme calor en todo el cuerpo, de repente todo me hormigueaba. Edward torció el gesto.

"¿Tanto te horroriza la idea de comprometerte conmigo?"

Sí, lo hacía. Yo ya había estado comprometida una vez y eso le costó la vida a mi hermano. En algún momento haré pagar a Alec Vulturi por lo que hizo. A él y a toda su familia.

"¿Bella?" Edward me sacudió por los hombros para hacerme despertar. Me había perdido en mis pensamientos. "Algún día te convertiré en mi esposa, pero no estoy en disposición de proponerte ese tipo de compromiso ahora mismo. Me refería a otra cosa, una promesa más bien."

"¿Qué clase de promesa?"

"No estoy dispuesto a perderte y tampoco a seguir chantajeándote, así que quiero que me prometas que no vas a salir huyendo y que no vas a volver a esquivarme sin razón."

Lo medité unos segundos. No era mucho lo que me pedía teniendo en cuenta que ya no era capaz de alejarme de él aunque quisiera. Pero sí podía arrancarle algo a cambio.

"Está bien, no me marcharé a tus espaldas, pero tú no romperás el compromiso con Ángela."

"Bella, eso es cuestión de tiempo, tarde o temprano ocurrirá."

"Es mi condición." Señalé.

"Bien, en ese caso, no romperé el compromiso. Por el momento" Pareció pensárselo unos segundos y después preguntó con tono meloso: "¿Puedo pedirte una última cosa?" Asentí débilmente. "Quiero que dejes de ver a Seth Clearwater. Creo que es más que suficiente con tener que soportar a Jacob..." Su tono se endureció con la última frase.

"¡Oh, vamos! ¡Deja de quejarte! Jake no es tan malo, al contrario, es un gran tipo."

"Me saca de mis casillas."

"A mí también." Respondí riendo y haciendo que la sonrisa torcida que tanto amaba apareciera por fin. Le di un rápido beso y continué. "En cuanto a lo de Seth, lo siento pero no. Es mi amigo y no voy a ceder en ese punto. No es negociable."

"Bueno..." Dijo con un suspiro. "Tenía que intentarlo. Me conformaré con saber que no intentarás salir corriendo de nuevo."

"Lo creas o no, sólo intentaba hacer lo mejor para todos." Murmuré más para mí que para él.

"No creo que destrozarnos el corazón a los dos sea lo mejor en ningún caso."

Me acurruqué de nuevo en el pecho de Edward mientras cerraba los ojos y me relajaba.

"¿Puedo hacerte una última pregunta? Es algo que Jacob me dijo y a lo que no dejo de darle vueltas." Estaba volviendo a quedarme dormida, así que, atontada, sólo emití un gruñido en sentido afirmativo. Edward rió entre dientes antes de ponerse serio. "Él dijo una vez que no conocía a nadie capaz de frenarte cuando habías tomado una decisión, y que tú, ya habías decidido dejarme."

"Es cierto." Dije con voz pastosa. "Pero también es verdad que jamás falto a mi palabra y, si no me equivoco, acabo de prometerte que no me iré. Me quedaré mientras me quieras a tu lado."

"Entonces será para siempre."

Yo no estaría tan seguro.

Durante el siguiente mes y medio Edward continuó reuniendo pruebas contra los Vulturi. Prácticamente me colaba en su estudio cada noche para analizar los nuevos documentos y el trabajo que Edward estaba haciendo en el caso. Estaba intentando postergar la reunión con Demetri todo lo posible, no me apetecía en absoluto enfrentarme a él, pero cada día se hacía más necesario.

Las cosas con Edward no podían ir mejor teniendo en cuenta las circunstancias. Todos los días buscábamos un rato para estar juntos, a veces quedábamos después de mis clases o nos escapábamos a su casa en la playa. Esos eran los mejores momentos, a pesar de que seguía sin cumplir su promesa. Cuando la cosa empezaba a ponerse seria, me acurrucaba en su costado y besaba mi frente diciendo cosas como: '¡Ay, Bella! ¿Qué voy a hacer contigo?' o 'Sólo te pido un poco de paciencia.' y por supuesto, mi favorita, 'Bella, eres mi perdición.'

Por otro lado Jacob andaba muy ocupado estudiando, así que no me sentía mal por dejarle de lado para irme con Edward. En cuanto a Seth, quedábamos de vez en cuando y me echaba una mano con los documentos del caso de Edward.

Un día de la última semana de febrero llegué a casa y me encontré a mi prima llorando histérica, corriendo de un lado a otro del apartamento mientras recogía cosas y las metía en una bolsa de deporte. No ha podido hacerlo... me prometió que no rompería con ella... pero también dijo 'por el momento'. ¡Maldito sea!

"Ángela, ¿qué ocurre?"

"Tengo que irme Bella. Tengo mucha prisa." Balbuceó mientras seguía corriendo de aquí para allá.

No puede ser. No puede haberme hecho esto. ¡Mierda! Voy a perderlo todo...

Agarré a Ángela del brazo para detenerla. Necesitaba saber cuánto le había contado Edward y si iba a renunciar a mi custodia.

"Ángela, tranquilízate. Tienes que contarme qué pasa." Dije con una voz que me sorprendió saliera tan ecuánime.

"¡Ay, Bella!" Sollozó y se abrazó a mí. "Es mi madre, ha tenido un accidente y está en el hospital."

¿Su madre? ¿Estaba viva? ¡Oh, mierda! ¿Sabía quién era yo? ¡Joder! ¿Pero es que no puedo vivir tranquila ni un segundo?

"¿Tu madre?" Me atrevía a preguntar.

"Sí, ella vive en Phoenix. Se trasladó allí cuando mi padre murió. Verás Bella, tengo que contarte algo... Mi padre odiaba a tu familia y por extensión mi madre también. Yo no sabía de tu existencia hasta que el asistente social vino a buscarme. Yo... yo no le he dicho a mi madre que estás aquí..." Rompió a llorar y yo ahogué un suspiro de alivio. "Lo siento mucho, Bella. No es que me avergüence de ti, es que mi madre es una mujer muy... intransigente."

"Está bien, Ángela. No tienes que preocuparte, lo comprendo perfectamente. Y al contrario, eres tú quien tiene que perdonarme por ocasionarte tantos problemas." Y los que están por venir.

La abracé y dejé que llorara apoyada en mi hombro. Cuando se calmó un poco la alejé y sequé sus lágrimas.

"Bien, como supongo que no puedo ir contigo, te ayudaré a preparar todo. ¿Cuánto tiempo estarás fuera?"

"No lo sé, ni siquiera sé qué es lo que tiene. No han querido decírmelo."

"Pero tú eres médico... ¿no puedes soltarle el rollo ese de que sois colegas de profesión o algo así?"

Ángela se rió entre sollozos.

"Ya lo he hecho, pero no ha servido de nada."

"En ese caso, ¿por qué no te vas a dar una ducha mientras yo te reservo el vuelo e intento averiguar algo más?"

Solo asintió en respuesta y se dirigió hacia su habitación. En cuanto desapareció tras la puerta cogí mi móvil y llamé a Seth.

"La madre de Ángela ha tenido un accidente. Vive en Phoenix. Averigua qué le ha pasado, nadie ha querido informar a mi prima."

Lo siguiente que hice fue reservar un vuelo, por el momento sólo de ida. Entré en su habitación y metí algo de ropa en una pequeña maleta. Justo cuando la estaba cerrando el timbre de mi móvil me alertó de la entrada de un correo electrónico.

"Está en el Arizona State Hospital. Tuvo un accidente: cuando bajaba las escaleras de su casa tropezó y cayó. Tiene la cadera rota y algunas contusiones, pero está fuera de peligro. Si lo crees necesario puedo ordenar que la trasladen a la Mayo Clinic, en Scottsdale, y hacerme cargo de la cuenta, pero no sé cómo lo explicaríamos. ¿Vas a acompañarla?"

"No hagas nada por el momento. No, me voy a quedar en Forks. Te llamaré si necesito algo más. Gracias. B."

Dejé la maleta en la puerta y me senté en el escritorio de Edward para imprimir los datos del vuelo. Lo puse junto al bolso de Ángela y regresé a la habitación, donde mi prima estaba terminando de arreglarse el pelo.

"Tu maleta y el billete de avión están en la entrada. Tu madre se cayó por las escaleras de su casa y se ha roto la cadera, pero creo que no es grave." Miré mi reloj. "El vuelo sale en tres horas desde Seattle, así que será mejor que nos demos prisa. Me he tomado la libertad de prepararte sólo equipaje de mano, para no tener que facturar maletas y todo eso, así ahorraremos tiempo. Tendrás ropa para tres o cuatro días; si necesitas más te la enviaré."

Mi prima se arrojó a mis brazos llorando de nuevo.

"No sé qué hubiera hecho sin ti."

La llevé al aeropuerto conduciendo bastante rápido, ya que de lo contrario no llegaría a tiempo para coger el vuelo y no podría viajar hasta el día siguiente.

"Supongo que no te importará." Dije cuando comencé a sobrepasar el límite de velocidad.

"Hoy no." Respondió.

"Llámame en cuanto puedas. No importa la hora que sea." Le pedí en el último abrazo antes de que embarcara en el avión.

"Gracias, Bella. No sé cómo lo has hecho, pero gracias." Me sonrió y se marchó.

Cuando llegué a casa de vuelta era ya muy tarde. Aún no había llamado a Jacob para contarle que Ángela había tenido que viajar y que estaba sola con Edward. Se pondría hecho una furia y en ese momento estaba demasiado cansada como para oír sus gritos.

"¿Dónde estabas?" Preguntó Edward saliendo del estudio y extendiendo los brazos hacia mí.

"He tenido que llevar a Ángela al aeropuerto." Respondí contra su pecho.

Le expliqué toda la historia y Edward me confirmó que la madre de... bueno, mi tía; era una persona bastante desagradable. Y aunque le reprendí cuando dijo que estaba feliz de poder estar a solas, yo me sentí igual.

Esa noche dormimos juntos. Edward se quedó toda la noche en mi cama y fue maravilloso despertar a su lado. Por la mañana, decidí que era el momento de reunir el valor suficiente para enfrentarme a mi jefe de seguridad y, de una vez por todas, dejar de ser la niña de la que todos han de cuidar y asumir mi nuevo puesto al frente de la familia.

Envié un e-mail a Demetri notificándole la reunión al día siguiente en mi casa de Port Angeles, adjuntando una copia para Seth, otra a Harry y por último a Jacob. Jake no tenía voz en el consejo, pero le gustaba estar presente cuando era yo quien lo presidía. Después de todo él se convertiría en mi mano derecha cuando terminase sus estudios, no estaba mal que fuese aprendiendo.

Por la tarde Jacob me llamó por teléfono. Había leído mi correo y quería saber de qué se trataba el asunto.

"Jacob, has de aprender a tener paciencia. Para eso son las reuniones, si os fuera explicando uno por uno lo que voy a decir mañana, ya no tendría gracia. Ahora termina ese trabajo de una buena vez, estoy harta de que el Derecho Internacional te tenga alejado de mí."

Y era cierto. Aunque dedicaba todo el tiempo posible a Edward, también echaba de menos a Jacob. No pareció muy conforme pero se dio por vencido. Seguramente estaba tan saturado de trabajo que ni siquiera tenía ánimos para discutir conmigo, ¡y eso que solía ser su pasatiempo favorito!

Esa día volví a dormir con Edward. De nuevo fue maravilloso. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había dormido tan bien dos noches seguidas. La paz que sentía en sus brazos era inconmensurable. Pero sin duda, lo mejor de todo era el despertar, cuando Edward besaba dulcemente mi frente susurrando suavemente mi nombre. Acariciaba mis mejillas y rozaba levemente mis labios.

"Buenos días." Decía de forma casi inaudible antes de besarme.

Todo mi cuerpo temblaba mientras conducía hacia Port Angeles. En el asiento del copiloto llevaba mi maletín con copias de los documentos de Edward y el disco duro en el que guardaba toda la información. Seth me esperaba en la puerta cuando llegué, así que aproveché para entregarle los papeles a los que quería que le echase un vistazo antes de la reunión.

"¿Ha llegado Demetri?" Pregunté tras un breve saludo.

"No, aún no, pero todavía faltan dos horas."

"Lo sé. Quiero estar preparada. Lo que se avecina no será fácil."

Seth suspiró en respuesta.

Nos encerramos en mi despacho y le expliqué a mi consigliere cómo estaban las cosas. Contaba con él para que fuera mi principal apoyo. Seth había sido amigo personal de mi hermano y también había sufrido mucho con su muerte, así que esperé que comprendiese lo que yo estaba a punto de hacer. Una hora antes de la cita dejé a Seth rodeado de papeles y me retiré para ducharme y ponerme el traje de guerra. Las zapatillas de deporte y los jeans quedaron aparcados, bueno, en realidad tirados por mi habitación. Un sencillo y sobrio traje de pantalón con el escudo familiar bordado en la chaqueta sería perfecto para la ocasión. Hoy necesitaba algo que reforzase mi posición dominante.

Cinco minutos antes de la hora entré en la sala de reuniones que se encontraba en la planta baja. Cada uno se había situado en su lugar. Caminé hacia mi asiento: presidiendo la mesa. Seth se encontraba a mi derecha y Harry a su lado. A mi izquerda se hallaba Demetri, por cierto, con cara de pocos amigos; por último, Jacob se había ubicado frente a mí, al otro lado de la mesa. Sutilmente alejado ya que él no tenía opción a opinar a cerca de los temas que se iban a debatir.

Hacía meses que no me encontraba en una reunión de este tipo. Todos los presentes iban con sus impecables trajes y sus corbatas a juego, hasta Jake, que no era precisamente fan de este tipo de ropa. Fue como volver a estar en casa. Con la única diferencia de que por mucho que esperara mi padre jamás volvería a entrar por la puerta.

Ordené mis carpetas encima de la mesa. Cogí aire y me decidí a tomar el toro por los cuernos.

"En primer lugar me gustaría agradeceros a todos que hayáis venido habiéndoos avisado con tan poca antelación." Jacob, a quien no le gustaban demasiado este tipo de ceremonias, se mantuvo inexpresivo. Debía de estar genuinamente interesado en lo que iba a decir para no haber bufado o hecho algún tipo de comentario jocoso. O eso, o no me estaba haciendo ningún caso. "Os he reunido a todos porque quiero que estéis al tanto de a qué nos enfrentamos, pero el principal interesado es Demetri." El aludido asintió una sola vez y yo no pude evitar fijarme que ahora Jaocb tenía el ceño fruncido, aunque parecía relajado. Todavía. "Quiero que traigas a La Guardia al completo a Forks con efecto inmediato." Miré directamente a los ojos de mi jefe de seguridad, hablando con toda la autoridad que mi apellido me otorgaba, pero no fue suficiente ni por asomo.

"¿Por qué?" Fue lo único que respondió Demetri, pero lo hizo de forma dura y cortante. Se me pusieron los pelos de punta.

"Edward Cullen está investigando un caso contra los Vulturi desde hace varias semanas. Es cuestión de tiempo que Felix y sus matones aparezcan por aquí, y ya no queda mucho. Quiero a todo el mundo en Port Angeles mañana por la tarde y quiero que estén preparados a última hora de la noche."

"No." Aseveró Demetri y sonó como si una losa de cemento cayera del cielo. "Recoge todas tus cosas, nos vamos ahora mismo." Hizo ademán de levantarse.

"Creo que no me has comprendido. No estoy pidiendo tu opinión, te estoy dando una orden." Repuse con calma pero manteniéndome firme.

"¡Ni hablar! No voy a permitir que..." Eso me sacó de mis casillas.

"¡Basta!" Grité golpeando la mesa al tiempo que me ponía en pie. "¿Quién eres tú para permitirme o no nada? Io sono Patrizia Baltaglia." Dije la última frase con soberbia y altanería.

/Yo soy Patrizia Bataglia./

Me dolía lo que acababa de decir casi tanto como le dolió a Demetri. Él me había salvado la vida y yo le pagaba de esta manera... Pero era necesario poner las cosas en su sitio. Ahora yo ocupaba el lugar de mi padre y debía hacerme respetar.

"Bueno, ya está bien, Bella. ¡No estás diciendo más que tonterías! Si Edward va a enfrentarse a los Vulturi me parece muy bien, pero tú y yo nos largamos de aquí."

"Cállate Jacob." Habló Harry por primera vez. "Tú no tienes nada que decir aquí."

Jacob volvió a sentarse en su lugar sin decir nada, pero rojo de rabia.

"No sólo es Edward quien está en peligro, sino toda su familia, también Ángela. Si me marcho ahora, morirán. ¿Crees que podría vivir con eso?" Susurré mirando únicamente a Demetri.

"Muy bien, en ese caso les ofreceremos protección, pero tú te vas con Jacob." Respondió más calmado.

"No. Yo me quedo aquí."

Separarme de Edward... ¡imposible! No lo dejaría solo y desprotegido, me quedaría con él. Además, le había dado mi palabra.

"Me gustaría hablar a solas con Bella." Demetri pronunció cada palabra lentamente.

"Esto no es una democracia, muchacho." Le respondió Harry. "Si la signorina te da una orden la cumples, no la discutes."

"Pero..." Quiso replicar.

"Si no estás de acuerdo, siempre puedes presentar tu dimisión." Procuré que cada palabra saliera bien separada de la anterior, pero el corazón me latía muy deprisa y la voz estuvo a punto de quebrárseme. "Sabes perfectamente que estaré perdida sin ti, pero necesito a alguien que cumpla mis órdenes, no que se oponga sistemáticamente a todo lo que digo." Decidí hablar con el corazón porque me pareció lo mejor, a pesar de hacer algo que estaba prohibido: mostrar debilidad.

"¿Aunque eso vaya a costarte el corazón? O peor aún, ¿la cordura? No estoy dispuesto a dejar que pases otra vez por lo mismo. No pienso permitir que esa maldita familia se acerque a ti."

"Los riesgos que asuma son asunto mío. Puedes quedarte a mi lado o marcharte. La pelota está en tu tejado."

"Bella..." Oí la voz de Jake al otro lado de la mesa. Estaba en pie, tenía los puños apretados y su piel trigueña había adquirido un tono más bien vermellón.

"Cierra el pico, Jacob. Esto no es asunto tuyo."

"No es asunto mío." Repitió como si fuera una blasfemia. "Pero seré yo quien tenga que recoger los pedazos cuando Cullen decida que sus principios no le permiten estar con alguien como tú."

Su comentario me dolió. Principalmente porque era verdad.

"No hay ningún contrato. Puedes marcharte de mi lado cuando lo desees."

Sin mediar palabra se giró y salió de la sala.

"¿Demetri?"

"La Guardia estará preparada mañana a última hora de la tarde." Concedió con voz monocorde.

Asentí y me marché. Me dirigí directamente a mi habitación, cerré la puerta y apoyé mi espalda contra ella. Fui resbalando lentamente hasta quedar sentada en el suelo. Llorando. Acababa de enfrentarme a los únicos apoyos que me quedaban y me había costado la amistad de Jacob, pero tenía que proteger a Edward.

Un único golpe sonó en la puerta haciéndome sobresaltar. Demetri. Me restregué las manos por los ojos tratando de hacer desaparecer hasta el último rastro de mis lágrimas, pero sabía de antemano que era un trabajo en balde. Demetri podía ver a través de mí como si fuera transparente. Abrí la puerta con el rostro más inexpresivo que pude poner.

"Creí que todo había quedado claro en la reunión." Dije haciéndome a un lado para que Demtri entrase.

Por un instante miró el sofá de cuero negro, pero sin embargo prefirió quedarse de pie. Esta no iba a ser una charla amistosa.

"No más trucos de salón, por favor. Te conozco y sé que lo que nos has dicho a Jacob y a mí te tiene destrozada."

"Sí, así es, y aún así lo he hecho de todos modos ¿no te da eso algo en qué pensar?" Confesé mirando por la ventana.

"Estás arriesgándolo todo: tu corazón; tu fortuna; y lo que es más importante, tu vida. ¿Has perdido el norte?"

Sencillamente guardé silencio, lo tomé como una pregunta retórica; aunque si tuviera que dar una respuesta honesta, lo más probable es que fuese .

Demetri suspiró y yo decidí zanjar esta conversación que no nos llevaba a ninguna parte. Yo había tomado mi decisión y había dado una orden.

"Me da igual lo que piense la gente y tampoco me importa lo que digan." Caminé hacia la puerta y la abrí invitando silenciosamente a Demetri a que saliera de allí. "¡Ah! Y si estoy loca, es cosa mía." Añadí cuando pasó por mi lado.

Después de una corta ducha volví a ponerme mi disfraz de adolescente y me marché de vuelta a Forks. Tan sólo podía pensar en hundirme en los brazos de Edward y olvidarme del mundo. Era todo lo que valía la pena.

Llegué al apartamento pero estaba vacío. Decidí trabajar un poco para matar el tiempo. Eran las siete de la tarde y la bolsa de Nueva York estaba cerrada, pero mercados como el de Tokio estaban a pleno rendimiento; y otros como el de Nueva Delhi, estaban a punto de abrir.

Levaba una hora totalmente concentrada en mi trabajo, hundiendo la cabeza bajo la tierra para no tener que darle vueltas a la conversación con Demetri o a la forma en que Jacob se fue de mi casa. Estaba tan embebida que no me di cuenta del momento en el que Edward entró en casa.

"¿Qué haces?" Preguntó jovial.

"Comprar y vender acciones." Respondí sin pensar. Cuando me di cuenta de lo que había dicho era demasiado tarde. Edward me miraba como si tuviese dos cabezas. "¡Es broma, Edward!" Traté de resolver, y pareció funcionar.

Justo en ese instante mi ordenador emitió un pitido. Un e-mail de Ángela.

"Hola Bella:

Siento no haberme puesto en contacto antes contigo, supongo que estarás preocupada. Perdóname, pero me he pasado las últimas horas en el hospital.

Mi madre se recuperará, pero necesitará una larga rehabilitación, así que me quedaré para cuidarla durante unos días, probablemente un par de semanas o más. ¿Serías tan amable de enviarme algo más de ropa?"

Además me agradecía por la ayuda prestada y se disculpaba una vez más por no tener el valor de confesarle a su madre que me alojaba en su casa. Miré mi reloj, si me daba prisa tal vez encontraría alguna empresa de mensajería que por una generosa propina hiciese llegar a mi prima sus pertenencias antes de la hora de comer de día siguiente.

Le expliqué a Edward de forma escueta las razones por las que tenía que salir a tiempo que empaquetaba la ropa de Ángela.

"Está bien... prepararé la cena entre tanto, así que date prisa." Acompañó sus palabras de un motivador beso que me hizo dudar entre hacerle el favor a mi prima o mandarlo todo al diablo.

Antes de que me diera cuenta Edward se alejaba hacia la cocina carcajeándose divertido. Decir que volé en mi coche sería poco, lo único que podía pensar era los ojos verdes que me robaban la vida mientras su dueño tocaba el piano para mí. Eso era lo que necesitaba. Nada más. Creo que ni si quiera tardé media hora en volver, pero cuando llegué se me heló la sangre.

Había dos Hummer aparcados frente al edificio. Sentí que palidecía cuando un terrible presentimiento acompañado de imágenes horribles se instaló en mi pecho. Paré el coche en medio de la calle y me bajé inmediatamente. A partir de ahí el instinto se hizo cargo. Necesito un arma... ¿por qué nunca hago caso a Demetri? Sin embargo él era un profesional que sabía que lidiaba con una chica testaruda pero bien adiestrada. Cerré los ojos un milésima de segundo y cuando los abrí metí la mano en el guardabarros delantero de mi coche. ¡Bingo! Una Beretta Cougar. Gracias Demetri. Subí las escaleras como si el mismísimo Lucifer me guiara para encontrarme la puerta del apartamento entreabierta. Noté como mi corazón dio un par de tropezones pero yo ya no dominaba mi cuerpo, éste se movía sólo. Quité el seguro a la pistola y la apreté en la palma de mi mano. Abrí la puerta para encontrarme a cinco hombres tras ella. Tres matones de los Vulturi que sujetaban a otro arrodillado en el suelo y cubierto de sangre. Edward. Para completar el cuadro Felix sostenía una 9mm con silenciador apuntando a su cabeza.

"Suficiente." Dije desde el umbral de la puerta. Mi voz sonó tan increíblemente fría que por un instante creí que conseguiría sacar a Edward de ésta.

Todo lo que tenía que hacer era mantenerme firme. Felix no se atrevería a tocarme un pelo. ¿Verdad? Los tres hombres soltaron a Edward que cayó inerte y me apuntaron con sus armas. Mi corazón se partió al ver al amor de mi vida en aquel estado. La cara de incomprensión de Felix fue lo que me llamó la atención. Aún más que los tres descerebrados que me tenían encañonada.

"Cualquiera diría que estás viendo un fantasma." Expresé mis pensamientos en alto y Felix palideció un poco más.


¿Qué os ha parecido? Por Dios! Espero que os haya gustado! He de admitir que no estoy especialmente segura con este capítulo, pero aún así ojalá sea de vuestro agrado! Como ya os dije ha sido un punto de inflexión... a partir de ahora se les van a echar los problemas encima...

Ahora me toca responder a las chicas que no tenéis cuenta en FF, animáos y cread una! :D

stephanie: Siento haberos hecho esperar tanto, de verdad. Pero ahora espero poder actualizar más seguido, no creo que vuelvan a pasar tres meses sin un capítulo como esta última vez! O al menos eso espero! :D ¿Te ha gustado el capítulo? Ojalá sí! Espero leer tu review pronto!

Roxy: Aquí estamos de nuevo! Esta vez no he tardado tanto, ¿verdad? ¿Qué te ha parecido el capítulo? Espero tu opinión con impaciencia! :D Un besazo!

Mel: Hola guapa! Edward gritándole a Bella... Sospecho que nos quedan muchos gritos de Edward a Bella por leer en esta historia! Jejeje! Edward es un hombre de carácter, es algo intrínseco a él... aunque sea cariñoso, siempre ha sido muy celoso y posesivo con Bella. Y en esta historia lo seguirá siendo, quizá hasta rozar lo enfermizo... ¿Qué tal el capítulo? ¿Te ha gustado? Me muero por leer tu review, así que no me hagas esperar mucho! ;P

Bea: Me alegro de que te guste la historia! ¿Qué te ha parecido este capítulo? Espero leer pronto tu review! Un besazo enorme! -