El misterio de Bryant.

El abrumante calor que había traído el verano, empezaba a menguar, el aire cada vez más frío azotaba por toda la ciudad de Chicago, sin embargo el cambio del clima no era un factor importante, para Candy quien había tenido que estar encerrada en su oficina casi todo el día. Cuando había llegado a las instalaciones de la Institución, las personas allí se le habían dejado ir como una avalancha con pendientes y muchas con reclamos, al parecer más de cien cartas habían sido extraviadas.

- Yo no recibí ninguna carta – no dejaba de alegar Candy.

Pero cuando llegó a su oficina, todo era un caos, una gran torre de papeles le esperaban sobre el escritorio, por primera vez desde que estaba allí necesito forzosamente a una asistente. Una linda jovencita Italiana había ocupado ese puesto, sin embargo Candy tenía a veces muchos problemas con la chica porque no entendía muy bien el idioma y a veces terminaba haciendo algo completamente diferente a lo que le había pedido.

Faltaba solo una semana para el concierto de Beneficencia, Patty iba y venia todo el día, la Sra. Brown hacia otro tanto, parecía que la tía Elroy estaba más afectada por el asunto de Sabrina de lo que ella misma quería admitir y había dejado muchas cosas incompletas sin la menor intención de terminarlas. Así que la señora Brown había tenido que hacerse cargo de ellas, pero su inexperiencia en ese campo habían hecho mella y muchas cosas que debieran de haber resultado fáciles se habían complicado demasiado.

El teatro en el que inicialmente iban a hacer el concierto había tenido un problema con la energía eléctrica y había causado un corto en el cableado, así que habían tenido que cambiar el lugar de presentación. Patty ahora había agradecido a Bryant su indecisión respecto a la lista de melodías que tocaría, ya que gracias a esto no había impreso los programas para cuando se había dado el cambio de lugar… Ahora los programas ya estaban listos. Los afiches estaban siendo distribuidos. Ya solo quedaba aguardar que la gente respondiera como se esperaba.

Dentro de todo el ajetreo del día había siempre un momento de calma, cuando Candy decidía leer las cartas que Mac le mandaba cada día, y había cumplido su promesa, ya que recibía al menos dos cartas diarias de él. En ellas le platicaba que se había reunido con un viejo amigo y se había trasladado a California donde esperaba convertirse en alguien de provecho, decía que tenía muchos planes y que esperaba cumplirlos antes de que el plazo se venciera. Candy contestaba esas cartas y le platicaba todo lo que hacía durante el día, para ella resultaba gratificante hacerlo ya que últimamente era difícil platicar con Albert quien se seguía mostrando un tanto indiferente.

Pero no hay plazo que no se cumpla y por fin llegó el día esperado, a pesar de los problemas con el clima y con la inexperiencia de los voluntarios, se había logrado organizar un evento fabuloso, el vestíbulo del teatro se lleno de diversos aromas pertenecientes a los finos perfumes de la gran cantidad de personas que había acudido al concierto.

El enorme candelabro que destellaba en el techo de la antesala iluminaba las caras de todas las damas ataviadas con lujo junto a los caballeros que usaban finos trajes, los cuales esperaban impacientes el comienzo del concierto. Después de unos minutos de espera el concierto daba inicio, la gente que había estado expectante comenzó a sentir que su aliento se iba al escuchar las primeras notas que Bryant había ejecutado.

Los largos dedos de Bryant acariciaban las teclas del piano que tenía frente a él, los movía rápidamente y las notas se enlazaban en el aire componiendo una magistral melodía que tocaba los corazones de las personas de la audiencia. Durante un poco más de dos horas las melodías acompañaron a las respiraciones acompasadas de Bryant quien parecía muy concentrado en el movimiento de sus dedos.

La música terminó al tiempo de que una ola de aplausos no se hicieron esperar, Bryant se levantó parsimoniosamente del banco, y una fuerte ovación se dejó escuchar, personas elegantes que en más de una ocasión habían estado en conciertos de los mejores músicos alrededor del mundo ahora no dejaban de aplaudir al joven quien los había deleitado con un pequeño repertorio… Definitivamente Bryant había resultado un éxito.

La recepción que se había organizado para terminado el concierto también se llevo a cabo dentro de los parámetros que se había establecido. Pero como suele suceder en esos casos las personas que organizaron el evento es decir Candy, Patty y el resto del comité, no pudieron disfrutar de la velada. Corrían de un lado para otro verificando que cada detalle estuviera como se había planeado.

Durante un momento Candy lamentó haberse puesto un vestido tan elegante, el apretado corsé le impedía caminar con libertad, las horquillas le habían comenzado a lastimar la cabeza después de haber resuelto cientos de problemillas. Cuando Candy pudo tomar un respiro se sentó un momento y tomó un poco de agua. Entonces miró a la concurrencia y se percató de que Albert quien había estado acompañando a la tía Abuela ya se había ido. Ni siquiera la había saludado. Suspiró profundamente y prefirió no pensar en eso, todavía le quedaban muchas cosas por atender.

"Si al menos Mac estuviera aquí" pensó Candy, pero en seguida rectificó su pensamiento "Lo más probable es que no hubiera podido estar con él", ya que en ese momento vio como Patty hablaba con unos meseros y como Bryant estaba hablando con un elegante señor.

El resto de la noche transcurrió de la misma manera, Candy tuvo que estar presente hasta que la última persona hubiera salido, cuando eso pasó el sol comenzaba a salir, muy cansada regresó a la mansión Andley, ya estando en su habitación, después de que se había quitado el corsé y se había soltado el cabello, estaba recostada, pensando en lo que había pasado, al día siguiente tendría reunión en la Institución y verían lo que se había podido reunir. Pero en ese momento no quería pensar en dinero, estaba muy fatigada. Prefería pensar en lo feliz que se veía Annie con Alex; los dos muchachos habían asistido por primera vez en público, la pareja había sido muy admirada, la belleza renovada de Annie junto con la elegancia y alegría de Alex habían resultado un cuadro perfecto. También recordó los cinco minutos que Patty había pasado junto con Bryant y en como Patty parecía brillar cuando estaba cerca de su prometido. Y aunque estaba muy feliz por sus amigas no pudo evitar sentir un poco de envidia por la felicidad de sus amigas… se preguntaba cuando sería ella tan feliz.

Candy no tardó en quedarse profundamente dormida, al día siguiente se había despertado justo con el tiempo necesario para poder llegar a la Institución para la reunión que tenían programada. Una vez allí al tener los resultados se percataron de que además de las entradas, muchos de los asistentes habían hecho donaciones alternas con lo cual habían reunido lo suficiente para reponer el barco que había sido hundido. La junta duró poco tiempo ya que todos estaban muy agotados y necesitaban ir a descansar a sus casas, así que después de conocer los resultados positivos que habían obtenido del concierto Candy los despachó.

Candy recogía los últimos papeles, cuando Patty entró de regreso en su oficina solo que esta vez se aseguro de cerrar la puerta antes de sentarse en una de las sillas que estaban frente al escritorio de su amiga.

- Candy tengo algo que decirte – le comunicó con un dejo de excitación.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Candy muy interesada.

- Se trata de Bryant… de hecho se trata de mis padres, ellos llegarán este sábado, así que ese día se hará la fiesta de compromiso – dijo Patty terminando la frase con un voz muy aguda.

- ¡Oh! – exclamó Candy entre risas – ahora entiendo tu emoción.

- Candy, no sabes lo emocionada que estoy, lo mucho que he esperado ese momento – dijo Patty conteniendo la emoción que le evitaba hablar.

- Me siento muy bien por ti – comentó Candy con una sonrisa.

- Tenía tanto tiempo que no sonreía de esta manera que me parece algo irreal. Pero esta pasando. – dijo sin dejar de sonreír Patty, entonces le tomó las manos a Candy – Por supuesto que quiero que estés allí, mi abuela ha estado organizando todo, mis padres están al tanto de mi relación con Bryant y parecen muy felices con la idea.

- Ellos solo quieren verte feliz – mencionó Candy quien se estaba contagiando de la emoción que emanaba Patty.

- No se como voy a poder esperar hasta el sábado – dijo Patty

Ambas comenzaron a reír, mientras ellas platicaban, en otra parte de la ciudad Bryant también tenia una reunión, con un hombre que representaba a artistas.

- Bryant, lo que le digo es verdad, nunca había oído a un pianista tan talentoso como lo usted – le decía el señor con una franca sonrisa. El hombre era de edad un tanto avanzada, usaba un fino bigote y vestía una larga levita negra.

- Es usted muy amable al decir esas palabras – le contestó Bryant con una extraña cortesía.

- Realmente me interesa tenerlo entre mis artistas – mencionó el hombre.

- No sabría que contestarle en este momento, no había pensado en empezar una carrera de la música hasta que no terminará los estudios – dijo Bryant.

- Se lo que piensa, pero yo le puedo asegurar que su futuro esta en la música, cualquiera que tenga dos dedos de frente le podrá decir eso.

Bryant no pudo evitar sonreír. El hombre lo miró con una sonrisa de satisfacción.

- Lo primero sería tener una grabación, y todo esto con muchas utilidades – le dijo el señor.

- Me parece muy interesante, pero necesito pensarlo bien – informó finalmente el muchacho.

- Estaré en la ciudad hasta este jueves, necesito una respuesta para entonces – le dijo el hombre.

- Esta bien, para entonces le tendré una respuesta – dijo Bryant, al despedirse del señor

Bryant se quedó durante unos minutos sentado en la mesa del restaurante donde había sido la reunión con él. Comenzó a juguetear con el salero que tenía enfrente, pensando en lo que significaba lo que le habían propuesto. El estaba a punto de cumplir la mayoría de edad y eso significaba que tendría que ir a formarse en el frente, sin embargo también sabía de la excepción que tenían los artistas para acudir a la guerra, nunca se había considerado a si mismo como un persona cobarde, de hecho solía tener una sangre fría cuando se enfrentaba a algún reto, pero estaba en contra de la guerra por todo lo que significaba y no pensaba formar parte de algo en lo que no creía.

Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no notó cuando el salero se le cayó de los dedos y comenzó a rodar hasta caer de la mesa y romperse, el ruido lo hizo despertar, una mesera se agachó para recoger la sal y el salero.

- Es de mala suerte – murmuró la mujer.

Bryant dio un respingo y se paró súbitamente de la silla con un dejo de temor. Puso el dinero de la cuenta sobre la mesa y salió casi corriendo del restaurante. Las sombras del pasado comenzaban a presentarse frente a sus ojos. Un sudor frío recorría su frente, aunque el restaurante estaba algo retirado de la Mansión Andley, él recorrió el camino en un tiempo muy corto, cuando entró a la Mansión vio a alguien, y aunque había mirado fijamente a la persona no sabía decir quien era, sentía un temor que habría resultado desconocido para él, de no ser porque otra vez en su vida lo había sentido. Siguió caminando rápidamente hasta que llegó a su recamara. Entró pero todo era igual allí dentro, abrió la ventana pero el aire no le reconfortó.

- ¿Qué pasó Bryant? – dijo una voz atrás de él

- Madre – contestó nervioso.

- Te pregunte cuando entraste lo que había pasado, pero solo me miraste y seguiste de largo. – le reclamó Bertha.

- Yo, no… - balbuceó Bryant.

- Me preocupas – dijo su madre – la última vez que te vi así de alterado fue…

Pero no terminó la frase, se llevó la mano a la boca, con una evidente preocupación reflejada en sus ojos.

- No habrás… - exclamó Bertha.

- No madre, nunca más vuelvas a decir eso – le dijo con unos ojos sumamente fríos.

Bertha se había quedado paralizada, sin embargo se acercó a su hijo y le acarició una mejilla. Le sonrió y sus ojos grises iguales a los de su hijo titilaron.

- Vamos cuéntame ¿cómo te fue en tu reunión? – contestó ya más tranquila al tiempo que se sentaba en un sillón que estaba al lado de la cama de Bryant.

Bryant la miró con indecisión, pero se acercó a su madre y se sentó sobre la cama, entonces comenzó a relatar el encuentro que había tenido con ese hombre que representaba artistas. Bertha guardo silencio hasta que Bryant terminó de hablar. Después se quedo con la cabeza inclinada hacia delante.

- Bryant, deberías de aceptar lo que ese hombre te propone – mencionó finalmente su madre

- Pero yo siempre creí que no querías que…

- Si, se lo que dije – le interrumpió Bertha – pero ahora me preocupo por ti.

- ¿Por qué lo dices? – preguntó serio Bryant.

- Porque a diferencia de los chicos Andley, tú no tienes quien te proteja… la señora Bridget me odia por ende te odia a ti también. Ella podrá mover todas sus influencias para proteger a sus nietos de no ir a la guerra pero no moverá un dedo si se trata de ti.

- La guerra… - murmuró Bryant.

- Si Bryant, me refiero a la guerra, estas a punto de alcanzar la mayoría de edad, y entonces no podré mantenerte junto a mi – mencionó suplicante su madre.

- A mi no me importaría ir – dijo honestamente Bryant – pero …

- Hijo, ese hombre te puede ayudar a obtener una inmunidad, eso hacen esas personas protegen a sus artistas, y si él te apoya… yo lo apoyo.

- Pero tú siempre dijiste…

- Si Bryant, esa vida no era lo que yo quería para ti, pero prefiero que sigas esa vida a verte marchar junto a otro centenar de soldados que probablemente no regresen nunca.

Los dos quedaron en silencio, entonces Bertha se acercó a su hijo le beso una mejilla y estaba por salir de la habitación cuando Bryant volvió a hablar.

- Los padres de Patty vienen este fin de semana, el compromiso se hará público.

- ¿Por qué no me lo habías dicho antes? – preguntó la mujer

- Lo siento, con todo lo del concierto lo olvidé. – dijo Bryant.

- Esa es otra cosa más hijo – comentó Bertha – esa chica es especial

- Eso lo se madre – contestó Bryant

- No vayas a arruinar todo con ella, me sorprende aún que nadie haya dicho algo sobre su compromiso.

- Es porque guardan las palabras del tío Alan en su memoria, son muy hipócritas pero también son leales a quienes ellos quieren.

- Que no te oigan hablar así – le reprendió su madre

- Vas a recordarme de nuevo que vivimos de caridad – replicó con un dejo de enfado Bryant.

- Solo te advierto, Patty es una chica muy dulce – le dijo Bertha.

- Así ¿que ahora te gusta porque es dulce? – mencionó de forma sarcástica Bryant – creí que te gustaba por la riqueza de su familia.

- No me hables así, Soy tu madre – le contestó Bertha.

- Entonces no pongas por debajo mis sentimientos – respondió Bryant – aunque nadie quiera creerlo, yo amo a Patty, si no tuviera dinero igual me daría, ahora se que con mis propios meritos podré llegar a tener fortuna. Así que no pienses menos de mí, por amar a Patty. Mejor quiérela mucho, porque en poco tiempo será la hija que nunca tuviste.

Bertha sonrió débilmente y salió de la habitación, para sus adentros Bryant vibraba, nunca había defendido con tanta elocuencia a Patty, era lo mejor que le había pasado a el muchacho.

Después del ajetreo que había tenido Candy en los días previos al concierto, los días después de este, pasaban con lentitud, aún había muchas cosas por hacer en la Institución, pero sentía como si el otoño que se acercaba hubiera entumecido al verano que había traído tantas novedades. Ahora esos días en Lakewood le parecían irreales. Había estado en Lakewood por dos meses, en ese tiempo muchas cosas habían cambiado, Annie ahora estaba prometida con Alex Campbell, el muchacho era el hombre más feliz, y se le veía orgulloso al lado de su amiga, y Patty, aquella tímida chica, ahora era un volcán de alegría y ella, no, ella no era tan feliz como sus amigas. Albert apenas y le saludaba cuando por casualidad se encontraba con ella en los pasillos de la mansión Andley sus cenas juntos parecían cosa del pasado, él no había mencionado nada sobre las cenas y Candy no quería tampoco hacer hincapié en ello.

Esa noche era una de esas noches en las que ellos solían cenar juntos, pero Albert había salido desde muy temprano de la Mansión y había avisado que no lo esperaran a cenar. Candy estaba en la biblioteca de la mansión, acababa de contestar una carta de Mac, donde le pedía que asistiera junto con ella al compromiso de Patty, y aunque en el momento de escribirla le había parecido una buena idea, ahora después de mirar por varios minutos la carta comenzaba a vacilar. Estaba por romper la carta cuando Donella entró a la biblioteca con un libro en la mano.

- Hola Candy – saludó Donella mientras buscaba el lugar en el librero de donde había sacado el libro.

- Donella… ¿puedo preguntarte algo? – mencionó Candy

- Claro – contestó Donella mientras sacaba otro libro de la estantería.

- ¿Qué opinas de Mac? – preguntó

- ¿De Mac? – dijo Donella mientras se sentaba en un diván cerca de donde estaba Candy – Es un muchacho agradable, una vez que deja esa fachada de indolencia que suele cubrirlo.

- Candy sonrió ligeramente, y Donella vio más allá de la sonrisa.

- Te gusta mucho ¿verdad? – observó Donella

- Si, es un muchacho muy guapo – dijo Candy

- Pero no le amas – aseveró Donella.

- Es que apenas lo conozco – se apresuró a decir Candy.

Donella no dijo nada más, solo miró a Candy quien había soltado la contestación y la había puesto sobre su pequeño secreter portátil.

- Pensaba invitarlo para la fiesta de compromiso el sábado que viene, pero no se si sea prudente – comentó Candy.

- ¿Fiesta de Compromiso? – quiso saber Donella

- Ohh, tienes razón, hoy Patty vino para invitar a los Andley, supongo que en la cena la tía Elroy va a hacer el anuncio.

- ¿Patty y Bryant? – preguntó Donella – entonces los rumores son ciertos.

- ¿Rumores? – quiso saber Candy

- Si dicen que se van a casar – dijo con una mueca de desagrado

- Pues no son rumores, es la verdad… ya tienen cerca de un mes que están comprometidos para casarse

- Candy… yo le prometí a mi madre que no diría nada, pero no puedo dejar que esto pase, Patty me resulta muy agradable y simpática. No entiendo porque mi madre o mi padre no han dicho nada.

- Donella, tienes que ser franca conmigo, desde la primera vez que te conocí me advertiste sobre Bryant, sin embargo no he encontrado en él, ningún motivo de queja.

Donella miró a Candy, respiró profundamente y se decidió a contarle lo que sabía del muchacho.

- Candy, Bryant no es tan inocente como parece. – dijo Donella con una mirada temerosa – hace aproximadamente dos años, Bryant se había vuelto un juerguista, no salía de las cantinas y a diario se le veía en malas compañías, mi tío Alan estaba muy preocupado por él… Por allí dicen que su padre murió en una pelea de cantina, así que mi tío Alan por haber quedado nombrado como tutor de Bryant a la muerte de mi tío Theobald, trato de persuadirlo de que siguiera esa vida. Si le hubiera hecho caso nada habría pasado.

- ¿Por qué¿Qué sucedió? – preguntó Candy

- Esa noche la recuerdo bien, era ya muy de noche, entonces recibimos una llamada en la casa, creo que fui la única de mis hermanos que se despertó y alcancé a escuchar la conversación que sostuvieron mis padres. Algo horrible había pasado y mi tío Alan había mandado llamar a mi padre, él salió muy de madrugada y no regresó hasta el otro día cuando el sol estaba muy alto. Mi padre guardaba hermetismo total sobre lo sucedido. Pero no duro por mucho, oí cuando le platicó a mi madre que Bryant había matado a un hombre.

- ¡Oh! – exclamó Candy dando un respingo

- No se muy bien que paso, pero supe que entre mi padre y mi tío lo habían arreglado para que pareciera un duelo en el campo del honor. Como te dije la primera vez… lo que yo se solo es la punta del iceberg. Bryant no es un hombre bueno.

- Eso es horrible – dijo Candy - tengo que hablar con él.

- Yo prefiriera no hacerlo, suele ponerse muy violento cuando alguien le menciona ese hecho – dijo Donella.

- Quizá tengas razón, pero yo no puedo permitir que mi amiga se case con un asesino.

Sin decir otra cosa Candy salió de la biblioteca cargando su pequeño secreter, fue a su habitación, lo dejó sobre la cama y se dirigió hacia la habitación de Bryant. Con un poco de temor llamó a la puerta, el muchacho no tardó en abrirla pero al verla no pudo contener el asombro en su cara.

- Candy – exclamó Bryant

- ¿Puedo pasar? Necesito platicar contigo – le dijo Candy con la voz un tanto entrecortada.

- Si pasa – le dijo Bryant quien se había despojado de la corbata y el saco que había usado ese día.

Candy miró la habitación, todo estaba impecable. El mismo Bryant aun sin la corbata tenía mucha clase y elegancia. Bryant le señaló el sillón que estaba cerca de su cama y Candy tomó asiento.

- ¿Qué es lo que querías decirme? – preguntó un tanto impaciente Bryant pero guardando la dulzura en la voz que empleaba cuando estaba con Patty.

- Yo… la verdad es que es un tema delicado… - dijo Candy ganando fuerzas conforme avanzaba – lo que he oído, todos son rumores, y no quiero dejarme guiar por ellos, así que necesito que me digas la verdad… ¿Qué pasó hace dos años cuando murió ese hombre?

Candy había soltado el hachazo sin darle muchas vueltas, la cara de Bryant se desfiguró de la impresión, pero no parecía tan afectado.

- ¿Cómo sabes eso? – preguntó más resignado que enojado

- Eso es lo de menos – contestó Candy – lo se y es lo que quiero aclarar.

- No estoy orgulloso de eso – mencionó Bryant – no tenía ningún derecho a quitar la vida a alguien. Pero en ese momento todo fue muy diferente. Entonces yo me sentía perdido. Había crecido bajo la protección de los Andley, ellos me habían brindado su protección y mi padre… es decir, mi padrastro había hecho todo lo posible para que yo fuera aceptado como otro hijo más. Pero el murió cuando yo era muy niño no pudo hacer mucho por mi, sin embargo mi tío Logan, siempre se ocupo de mi. Pero ya no era un niño y entonces fue cuando me percaté de mi realidad yo no era un Andley, yo no iba a obtener parte de una herencia. Mi vida era ficticia en muchos aspectos, no tenía un futuro asegurado, la guerra se había desatado y mi vida estaba acabada, o al menos eso era lo que pensaba, todavía tenía algo de dinero y la fama de ser un hijo de familia acomodada. Así que me resultó muy fácil empezar a jugar cartas y apostar por ello, de la misma manera en que se me había hecho fácil involucrarme con mujeres nada respetables.

Candy oía el relato y sintió una angustia por el muchacho que estaba frente a ella. Bryant respiró y continuó con su historia.

- Cuando conocí a Leilah lo supe, ella era especial, tenia una mirada penetrante, volvía locos a los hombres… y me volvió loco a mi, su hermosa cara era en todo lo que pensaba. Advertí el peligro pero no me pude abstener de estar con ella. Ella era la protegida de un lord, pero a mi no me importó, él le había puesto una casa que era donde me recibía – Bryant guardo silenció y pareció percatarse en ese momento que estaba hablando con una dama así que empezó a escoger bien sus palabras – cualquiera con un poco de sentido común podría haber sabido que estaba mal lo que hacía y que no saldría bien librado del asunto. Esa noche estaba tomando después de una larga partida de naipes donde había perdido mucho dinero, estaba fuera de mi… me había enterado de que el Lord ese, se había enterado de que yo visitaba a su protegida y en medio de golpes le había hecho jurar que nunca más me recibiría. Yo lo odié en ese momento, se había atrevido a levantarle la mano a Leilah, a pesar de que habían tratado de detenerme yo me dirigí a su casa, entré como un loco buscándola. Allí estaba ella, su cara estaba llena de moretones, tenía el labio reventado, y apenas podía caminar. Entonces llegó el Lord no pude contenerme y me fui sobre él, yo apenas era un muchacho, el Lord era un hombre adulto con mucha más fuerza, pero no pensé mucho, en esa época no pensaba mucho, yo estaba golpeándolo con todas mis fuerzas, pero entonces el Lord sacó una pistola.

Candy estaba atónita mientras escuchaba todo el relato, Bryant pasó saliva y continuó

- Yo nunca había tenido miedo, y en ese momento no lo sentí, el Lord me apuntaba con la pistola pero no me importó, si iba a morir, pues no lo iba a hacer lloriqueando, así que tomé lo primero que encontré a la mano era un atizador, lo levanté amenazadoramente, pero el Lord disparó el arma que tenía en sus manos y me dio en el hombro, sin embargo aun tuve fuerza para golpearle el brazo con el atizador, la pistola cayó de su mano y el también tropezó y cayó de espaldas. No lo pensé dos veces tomé la pistola y le disparé al desgraciado.

Candy se llevó las manos a la cara, ante la confesión de Bryant, realmente era verdad. Bryant había matado a otro hombre.

- Cuando vi su cuerpo inerte frente a mi reaccioné, acababa de quitarle la vida a ese hombre, Leilah gritaba como loca solté la pistola y caminé como ido. Lo primero que recuerdo es haber visto a mi tío Logan entrar a la casa, alguien de la cantina le había avisado. Pero había llegado demasiado tarde, me abrazó como si fuera su hijo y me dijo que no me preocupará. El conocía muy bien al Lord… no era un hombre muy respetable; pero eso no me daba derecho a matarlo. En seguida llamó al tío Allan y entre los dos se encargaron de todo el asunto, pagaron a varios de los que estaban en la cantina para que juraran que todo había sido dentro del campo del honor. Ante los jueces y la policía lo arreglaron todo, yo había salido impune de mi crimen, entonces juré ante Dios que nunca más volvería a tomar un arma en mis manos, mi tío Logan se hizo cargo de mis deudas de juego y me mandó de viaje por un tiempo, nunca más lo volví a ver con vida, hace un año falleció que fue cuando yo regresé a Escocia.

Candy estaba pasmada ante tal historia, el hombre frente a ella era un asesino, y no solo un asesino, era el hombre que se casaría con una de sus mejores amigas. Sus ojos temblaban, miraban esas dos manos que eran capaces de despertar emociones bellas con la música que creaban, eran las manos de un homicida.

- Lamento que hayas tenido que escuchar toda la historia, pero no creo que ocultarte la verdad sea de algún provecho para mí.

- Ella lo sabe – dijo con un hilo de voz Candy.

- Patty sabe que maté a un hombre, pero no sabe toda la historia. No sería capaz de provocarle semejante decepción.

Como si reaccionará en ese momento le tomó las manos a Candy y la miró con ojos anhelantes.

- Por favor Candy, no se lo digas a ella. No soportaría perderla.

- Pero ella merece saber la verdad – replicó Candy.

- ¿no ves que el destino me ha dado una segunda oportunidad?

- Lo siento Bryant, debes de comprenderme a mí. Yo estoy en el negocio de salvar vidas, no me pidas que entienda tu proceder… una vida humana es lo más importante del mundo.

- ¿Crees que no lo se? Todo el tiempo sueño con esa noche, luego supe que el Lord ese, era un excelente tirador… su intención nunca fue matarme, solo quería asustarme, pero yo no lo sabía… yo estaba cegado por la rabia. Y la imagen de su cuerpo frente a mis pies es algo de lo que quisiera olvidarme. Pero no puedo…. ¡No puedo!

- Ella debe de saber la verdad, no puedes mentirle en algo tan importante.

- La voy a perder. Ella lo es todo para mí, y me estas pidiendo que la deje ir… ella es mi primer sueño placentero desde hace dos años, ella ha ido borrando las heridas. Ella que nunca es cruel conmigo o con nadie más. Si supiera la verdad sobre esa mujer, no puedo decírselo.

Candy reaccionó, era verdad… la historia incluía a esa mujer, todo se había derivado por esa mala mujer, eso destrozaría a su amiga. Miró entonces a Bryant, su actitud estaba lejos de ser altanera a como lo era casi siempre, sus ojos estaban húmedos y unas lagrimas resbalaban mansamente sobre sus mejillas. Candy no pudo resistir y asintió con la cabeza.

- Te lo prometo Bryant ella no sabrá nada por mi – le dijo con el corazón contrito.

- Muchas gracias… no sabes lo que significa para mi, ella es lo mejor que ha pasado en mi vida – le contestó con cierto alivio.

Candy soltó las manos del muchacho. Nunca volvería a verlo con los mismos ojos, le obsequió una sonrisa y salió de la habitación. Entró a su habitación, ahora sabía la verdad pero eso no le había traído tranquilidad, pensaba en su amiga y le dolía pensar que iba a unir su vida junto a la de ese muchacho que a pesar de ser tan virtuoso no era tan bueno como parecía, sin embargo parecía arrepentido, y a Dios le tocaba juzgarlo, ella rogaría para que su amiga no saliera lastimada.

Por su parte Archie había ido a ver a Patty, el joven Cornwell se había sentido muy decaído últimamente y había pedido permiso en la escuela para ir hasta Chicago y hablar con Patty, esa tarde se había enterado por la misma Patty sobre el compromiso y la noticia no le había caído muy bien. A pesar de la insistencia de Allen porque se quedara en la escuela Archie no lo había escuchado así que había tomado el primer tren hacía Chicago para ver a la chica. El viaje había sido un poco largo, pero él no había ido a la Mansión y no pensaba hacerlo, solo iba para ver a Patty y se regresaría en cuanto lo hiciera.

Tocó varias veces a la puerta antes de que el ama de llaves abriera la puerta, Patty pasó a Archie hasta el salón del té.

- No esperaba que vinieras, pensé que estabas en la escuela – le dijo Patty

- Si, allí estaba pero necesitaba hablar contigo – le respondió el muchacho.

- ¿de que querías hablarme? – preguntó Patty aunque en su interior sabía perfectamente lo que quería decirle.

- Es acerca de tu compromiso, creo que no es la primera vez que te lo digo pero Bryant no me es agradable – le dijo Archie.

- Archie, perdona que te diga esto, pero realmente tu opinión aquí no cuenta – le contestó la chica un poco enfadada.

- ¿cómo puedes hablarme así? – preguntó Archie un poco ofendido

- No quiero que te sientas mal, pero en serio Archie, yo amo a Bryant y no me parece justo que me digas que no te agrada – le replicó la muchacha.

- Patty, no se que ha hecho, pero te puedo decir que no es una persona honorable, lo presiento – mencionó Archie.

- Archie, así fuera el mejor hombre del mundo, ni así te gustaría, lamento que te sientas así, pero no voy a cancelar el compromiso – aseveró Patty.

- Es que no entiendo como pudiste cambiar a mi hermano por eso – espetó Archie.

- Archie – exclamó Patty – Me asustas, Por favor entiéndelo, Stear esta muerto – dijo al tiempo que se le quebraba la voz – Si él estuviera vivo, no pensaría en alguien más. Pero no es el caso. No importa cuanto ame a Stear, él no regresara.

- ¿Cómo pudiste olvidarlo? – le reclamó Archie

- Archie, yo jamás he olvidado a Stear, y nunca voy a hacerlo, Stear fue mi primer amor, y fue tan fuerte que siempre lo llevaré en mi corazón, pero no puedo vivir en el pasado, me ha costado mucho trabajo sobreponerme a su pérdida, pero la vida me esta dando otra oportunidad, no voy a despreciarla. A él le hubiera gustado que fuera feliz. – Patty abrazó al muchacho que se veía abatido – querido Archie, eres el único enlace que todavía tengo con el amor de mi vida, por favor no te derrumbes, no pienses más en que él volverá.

- Patty, yo no puedo olvidarlo – dijo al tiempo que se llevaba las manos a la cabeza

-Lo sé, porque a mi me pasaba lo mismo, pero querer aferrarte a él no te va a servir. – le dijo Patty.

- He vuelto a sentir lo mismo que hace medio año – le confesó el muchacho.

Patty abrió un poco la boca y lo volvió a abrazar, mientras le acariciaba el cabello.

- Archie, mírame – le ordenó Patty.

El muchacho levantó la cabeza y miró a la muchacha de pelo castaño oscuro que estaba delante de él. Patty tomó sus manos y sostuvo la barbilla de Archie con ellas.

- Stear se fue, se fue para siempre, el dolor que sientes no lo deja descansar en paz, pensar que él esta vivo no es sano, porque no lo esta, han pasado dos años¿no crees que si estuviera vivo ya habría regresado? Acéptalo como yo lo he aceptado.

Las lágrimas habían brotado de los ojos de Patty, y el muchacho también había comenzado a llorar.

- Pero no puedo…

- Calla, esas son tonterías, claro que puedes… ve a tu alrededor. Valora lo que tienes, estás en una escuela de prestigio, donde no estás solo porque tus primos están contigo, el resto de tu familia esta allí. Estas sano y eres joven, acepta que la gente no esta para siempre con nosotros, hay personas naciendo y muriendo a cada segundo, entiende que así es la vida, no puedes pasarte todo el tiempo llorando, no puedes dejar de vivir por pensar en alguien que ha muerto.

Archie la miró sorprendido, por lo general Patty lloraba y se lamentaba como él, hacía meses que no la había visto, pero ahora le resultaba una persona desconocida. Sentía las manos trémulas de Patty que sostenían su cara. Pudo ver a través de sus ojos y vio el dolor por Stear, pero también vio la decisión y esa nueva luz que los llenaba.

- Ahora prométeme – le dijo Patty – que harás lo posible por seguir con tu vida

Archie solo asintió con la cabeza, pero la chica continuó.

- Que te alegrarás por mi felicidad, y que siempre serás un hermano para mí, que no importa si me casó con Bryant o con otro, que nunca dejarás de procurarme con ese cariño que siempre me mostraste.

- Si te lo prometo – le contestó Archie.

- Hermano, eso es lo que eres. Ese es el legado de Stear. Nos hizo hermanos.

- ¿Hermano? – como si fuera un descubrimiento eso, Archie sonrió débilmente – si, yo soy tu hermano, siempre cuidare de ti.

- ¿vendrás este sábado? – le preguntó.

- No – le contestó él – no podría. Pero ten por seguro que te deseo toda la felicidad, lo que sea que ocurra, no dudes en llamarme.

- No, no lo olvidaré – le contestó ella.

- Es hora de que me vaya, si me voy en este momento alcanzaré el tren de la noche – le dijo con una sonrisa más sincera.

- ¿No vas a quedarte? – le preguntó Patty

- No, la vida continúa… ¿verdad? Pasado mañana tengo un examen, así que ya te lo prometí y no te voy a defraudar…

- Entonces… hasta luego.

Archie se agachó para besarle la mano a Patty, pero sostuvo la mano y levantó la cabeza.

- No es apropiado – dijo él y se acercó a ella y le beso en la frente – para mi hermana.

Patty no pudo evitar sonreír. Se quedó bajo el quicio de la puerta mientras veía como se alejaba con el pequeño maletín que traía en las manos. Todavía desde lejos ondeaba la mano para despedirse, entonces tomó un taxi y salió de su vista. Patty se quedó un poco pensativa, no era la primer persona que le decía algo de Bryant. Pero prefirió confiar en su corazón.

Por su parte Candy había decidido no invitar a Mac, él estaba muy lejos y ahora que su familia le había retirado todo el apoyo económico no podía darse el lujo de atravesar el país solo para estar con ella, así que esa tarde del sábado mientras veía los vestidos acomodados en su armario no dejaba de pensar en que cualquiera de los vestidos estaría bien para ir. Era la primera vez que iría sola a un compromiso. Albert ni siquiera había dado muestras de querer ir a la fiesta. Y la tía Elroy todavía no se sentía con ánimos de fiestas. La única que podía haberla acompañado era Donella pero ella había aceptado a ir con Roy que había ido a pasar el fin de semana a su casa, así que estaba un poco desanimada, además Elisa y su madre habían llegado a Chicago con la intención de ir a la fiesta de compromiso, y sabía perfectamente que Elisa iría con un chico, hijo de una de las familias amigas de los Andley.

Candy suspiró de nueva cuenta y miró los vestidos. Entonces tomó el vestido verde que había utilizado antes de su presentación, llamó a Elsie para que le ayudará con el peinado, cuando se vio al espejo sonrió, el verse tan linda le había levantado un poco el ánimo. Estaba todavía en su habitación cuando le anunciaron que un joven le esperaba en el vestíbulo. Candy se extrañó un poco, tomó su chal y salió de la habitación. En medio del vestíbulo estaba Mac vestido en un traje muy formal.

- Mac ¿Qué haces aquí? – exclamó Candy cuando lo vio.

- ¿Creías que no iba a llegar a tiempo para la fiesta?

- Pero si no te lo dije – dijo Candy con una sonrisa.

- Si, lo sé – respondió el con una sonrisa – pero Alex si lo hizo.

- Pero no debiste, el viaje es muy largo y es muy caro venir hasta acá…

- Pequeña, no te preocupes por mi, el viaje ha sido muy cómodo incluso en tercera clase – dijo entre risas Mac – ¿No te agrada verme aquí?

- Claro que si – mencionó Candy

- Entonces… ¿porque esa cara larga?

- Perdón, pero pensaba que iría sola a la fiesta y estaba un poco triste por ello – confesó la rubia.

- Pues no más tristeza…. Mademoiselle¿nos vamos?

Candy asintió con la cabeza y los dos salieron rumbo a la casa de Patty, cuando llegaron, la fiesta estaba en auge, en ese preciso momento el Padre de Patty anunciaba formalmente el compromiso, Patty usaba un hermoso vestido de organdí con bordados en oro. Su cara se veía radiante, y Bryant no dejaba de sonreír. Candy sintió una punzada de angustia, su preocupación no había disminuido, pero ver tan feliz a su amiga le impedía decir algo en contra de ese compromiso.

La fiesta seguía su curso cuando Elisa ataviada en un lindo vestido de satén rosa, se acercó a Mac quien había ido por unas bebidas.

- Veo que no te importa el pasado de Candy – dijo con un dejo de malicia.

- Elisa¡por favor cállate! – le contestó de mala gana Mac.

- ¿Quién eres tú para pedirme eso? – le contestó con rabia.

- Soy el novio de Candy – le contestó con seriedad – y no voy a permitir que andes por todo el lugar hablando mal de ella.

Al escuchar que Mac, decía que era novio de Candy, Elisa no pudo soportarlo, entonces alzó las cejas y torció la boca un poco.

- ¿Quieres decir que no le puedo decir a nadie que Candy era amante del tío William? – le preguntó en voz un poco alta para que los que estuvieran alrededor de ella escucharan lo que decía.

- ¿Qué? – exclamó Candy quien se había acercado y estaba tras Elisa - ¿Cómo te atreves a decir una cosa así?

Candy miraba horrorizada a Elisa, algunos otros invitados que habían alcanzado a escuchar a Elisa ahora prestaban atención a lo que estaba pasando cerca de la fuente de ponche, Elisa quien al ver a Candy apretó los labios, pero su sorpresa de haber sido descubierta al estar diciendo una mentira se desvaneció al ver la cara de la pobre chica rubia que no daba crédito a lo que acaba de oír. Entonces Elisa recobró la calma y continuó.

- ¿Acaso vas a negar que estuviste viviendo con él durante meses? – preguntó Elisa.

- Eres… una mentirosa… sabes perfectamente que viví con él, porque necesitaba atención médica que se negaron a darle en el hospital – respondió Candy cuyas manos temblaban.

- Eso es lo que dices tú, porque si bien se… te corrieron del Hospital por conducta indecorosa – mencionó con malignidad Elisa.

- Si me echaron del Hospital, fue por intrigas tuyas y de Neal – replicó Candy.

- Puedes decir lo que sea, pero eres una cualquiera – comentó Elisa con triunfo.

- Elisa, te sugiero que midas tus palabras – dijo Albert que estaba cerca.

Albert quien tenía cinco minutos de haber llegado a la fiesta acaba de oír perfectamente lo que Elisa estaba diciendo, caminaba hacía ella con el seño fruncido pero con una ecuanimidad que asombraba a quien lo veía cada vez que enfrentaba a un problema grave.

- Tío… - dijo con un hilo de voz Elisa.

La sangre se le había ido a los pies y su cara estaba pálida. Su respiración se empezó a agitar, supo entonces que no podría hacer nada para escaparse.

- Antes de andar clamando por allí ese tipo de cosas deberías pensar en lo que dices. Manchar de esa manera la reputación de cualquiera de los miembros de la familia es algo muy grave – observó Albert con su característica calma.

- Yo… solo…. – balbuceó Elisa

- Si, tú solo dices las cosas sin pensar… siempre ha sido así – contestó Albert – Candy cuido de mi durante meses cuando pudo haberme dejado a mi suerte, pero su bondad no se lo permitió, pudo haberme abandonado, cuando se lo pidieron en el Hospital, pero su sentido del deber fue más fuerte, así que se fue del Hospital por esa causa. Cualquiera que dude de la integridad de Candy, esta dudando también de mi integridad y de la integridad de los Andley. – aseveró Albert mirando a todos los que estaban alrededor y que al oírlo hablar se habían ido apartando y ahora murmuraban por lo bajo contra Elisa.

- Albert – musitó Candy.

- No digas nada Candy, de haber sabido que estos rumores habían surgido dentro de la misma familia hubiera puesto fin mucho antes – le dijo Albert muy serio. Entonces se volteó con Mac y continuó. – Mac, tienes a tu lado a una dama, a una mujer respetable y bondadosa, quien te diga lo contrario esta difamándola.

Mac hizo un ademán con la cabeza, después Albert se llevó del brazo a Elisa, la muchacha se veía azorada, sin voltear a ver a Candy salió de la habitación. Candy tenía las mejillas encendidas, no solo Albert la había defendido, sino que había dicho cosas muy lindas sobre ella, entonces miró a Mac y vio al muchacho que la miraba con los ojos muy brillantes.

- ¿tú creías que eso era verdad? – preguntó Candy

- Elisa es de tu familia, no creí que me estuviera mintiendo – confesó Mac.

- Pero aún así ¿me pediste que fuera tu novia? – quiso saber la muchacha.

- Candy, no me importaba eso, yo sobre todos esos rumores, había visto en ti, a esa mujer bondadosa y cariñosa de la que habló William Andley.

- ¡Oh! – exclamó Candy, pensando en lo difícil que le debió resultar a un hombre orgulloso como lo era Mac Campbell haberla aceptado con ese lastre sobre ella - Yo no lo sabía…

- Y no tenías porque saberlo – dijo el muchacho muy ruborizado.

- Eres mucho mejor hombre de lo que hubiera creído – mencionó Candy.

Mac entonces supo, que su accionar ante las mentiras de Elisa, le habían dado una buena imagen con la chica a la que amaba, y no pudo evitar sonreír.

- Señorita Andley ¿Me permite esta pieza? – le dijo de manera galante Mac.

- Encantada – contestó Candy visiblemente sonrojada.

Mac le demostró entonces que su pierna había curado perfectamente, su habilidad para bailar era estupenda. Y Candy en sus brazos se deslizaba sobre la pista de baile mientras que la música sonaba. De soslayo alcanzó a ver que Albert la miraba fijamente, y que sus ojos estaban envueltos en una nube de tristeza.