Disclaimer: Como siempre decimos, la historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama debonesbemmettlover, solo nos adjudicamos la traducción.
Mail Order Bride
By: bonesbemmettlover
Traducción: Sarai GN
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 25
Siete meses habían pasado desde que Bella había dejado a Edward. Siete meses de llorar hasta dormirse por la noche. Siete meses de revivir cada momento precioso que tenía con Edward, bueno y malo. Siete meses de anhelo y angustia extrema.
—¿Bells? —preguntó su padre, que venía detrás de ella. Bella se limpió las lágrimas que parecían estar constantemente en su cara. Dando la vuelta, le dio a su padre una débil sonrisa. Él la miró con preocupación—. ¿Bells? Esto no es saludable. Necesitas cuidar de ti misma.
—Lo sé, papá. Lo sé. Yo solo... necesito tiempo para el duelo.
—Edward no murió, Bella. Tú lo dejaste —le recordó Charlie suavemente.
Los ojos de Bella estaban enfocados en Charlie, pero ella no lo estaba viendo. Estaba viendo la noche en que dejó a Edward...
Mientras Bella caminaba hacia la casa de Emmett, dejó que las lágrimas cayeran libremente. ¡Había sido tan tonta al pensar que Edward la amaría! Ella le había dado el regalo más precioso que podía darle a un marido y él la había tomado todo el tiempo pensando que estaba haciéndole el amor a... Tanya. Bella quería volver atrás y borrar las últimas horas, pero sabía que era imposible. Nunca podría olvidar esos momentos durante el tiempo que viviera. Estaban marcados en su alma, para nunca ser puestos en libertad.
El sol estaba empezando a subir cuando Bella llamó a la puerta frontal de Emmett. Ella se quedó esperando, preguntándose si Edward ya había despertado. Odiaba dejarlo así, pero no podía quedarse en la casa por más tiempo. Esme o alguien iría a verlo, ella estaba segura de ello.
Al fin la puerta se abrió. Emmett miró su cara llena de lágrimas y supuso lo peor.
—¿Edward? ¿Está...?
—¡No! Aún está vivo. No puedo... no puedo estar más aquí. Cometí un error horrible al venir aquí. He decidido volver a casa, a Seattle. Voy a cablear a padre por el dinero.
En ese momento, Rose también había llegado a la puerta. Lucía soñolienta e inmediatamente Bella se sintió mal por despertarlos.
—Lamento molestarte tan temprano, pero necesitaba decirte a dónde iba.
—Bella, espera. Nos vamos contigo. Solo danos un par de días para tenerlo todo resuelto —imploró Emmett. Bella sacudió la cabeza.
—No, no puedo estar más aquí. Por favor, simplemente no te enojes con Edward. Esta fue mi decisión. Mi elección.
De mala gana, Emmett dejó ir a su hermana, sabiendo que no podía detenerla una vez que su decisión estaba tomada. Él le prometió que la seguirían a casa tan pronto como fuera posible. Bella asintió y, después de darle a su hermano un abrazo, se dirigió lentamente hacia la estación de tren...
Bella se espabiló y miró a Charlie. Había sido tan bueno con ella desde su regreso. Nunca le cuestionó su decisión de dejar a Edward y nunca presionaba en busca de respuestas. Bella tomó su lugar de nuevo en la casa, como si nada hubiera cambiado. Pero, por desgracia, todo había cambiado.
Cuando Bella regresó por primera vez a Seattle, se había convertido en una ermitaña. Apenas salía de la casa y, si lo hacía, era por lo general después del anochecer. Comía poco y dormía aún menos. Sus sueños eran perseguidos por Edward. Se despertaba con lágrimas en su rostro, sus sábanas retorcidas y empujadas fuera de la cama.
Poco a poco, Bella se dio cuenta de que vivir de esa manera no era saludable. Empezó a comer mejor y su sueño no era tan perturbado como lo había sido. Sin embargo, todavía solo salía de noche. Se quedaba mirando al cielo y se preguntaba cómo estaban Edward y Nessie.
Bella extrañaba a esa niña. Poco después de que se fuera, le había escrito una carta a Nessie. Pero, en vez de enviarla, la había metido en un cajón. Esa niña probablemente estaba sufriendo demasiado. ¿Por qué debería añadir más a su dolor?
Bella le sonrió a Charlie.
—La cena está casi lista —dijo, cortando de manera efectiva el tema.
Charlie asintió.
—Le pediré a Sue que te ayude, Bells —dijo, antes de dirigirse a la sala de estar, presumiblemente para buscar a Sue, con quien se había casado hacía cuatro meses. Bella asintió y se sentó a esperar a Sue.
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Al bajar del tren, Edward miró a su alrededor. «Así que este es Seattle, donde Bella se crió». Edward agarró su maleta y se dirigió hacia la oficina. Le preguntó al vendedor de billetes donde estaba la casa de Charlie Swan. Después de obtener las direcciones, Edward le dio las gracias y le dio propina al hombre.
A medida que se dirigía hacia la casa de los Swan, Edward pensó en los últimos meses. Cuando se hizo muy evidente que Bella de hecho lo había dejado y no iba a volver, hizo sus propios planes. Nessie estaba actualmente viviendo con sus padres y él estaba en una misión.
¡Él iba a traer a Bella de vuelta a casa!
Bella se había ido hacía un par de semanas cuando Edward comenzó a tener... extraños destellos de recuerdos. Tuvo destellos de ver a Bella montándolo, mientras hacían el amor. Sin embargo, eso era imposible. Ella misma dijo, en su carta, que el matrimonio no se había consumado. Él sabía que eso era verdad. Sin embargo, los recuerdos persistían. Tuvo destellos de sí mismo, tratando de desatar su vestido. Vio su rostro mientras la llenaba la primera vez. Se acordó de su sabor. ¿Habían hecho el amor de verdad? Y, si era así, ¿por qué había mentido Bella en su carta?
Finalmente, Edward se paró fuera de la casa de los Swan. No era tan grande como su propia casa, pero tenía un ambiente cálido y agradable. Se preguntó si en el interior sentiría lo mismo. Tomando una respiración profunda, llamó a la puerta.
Pasó un momento y luego un hombre alto, más viejo, abrió la puerta. Edward estaba seguro de que ese era Charlie Swan, el padre de Bella.
—¿Sí? ¿Puedo ayudarle? —preguntó, mirando a Edward.
—¿Jefe Swan? Soy Edward Cullen. El… marido de Bella. ¿Está ella aquí? —Edward preguntó, tratando de ver más allá del hombre mayor. Charlie se movió, bloqueando la vista de Edward.
—Así que finalmente vino por mi hija. Le llevó bastante tiempo —dijo Charlie, a modo de respuesta. Miró al joven frente a él. Edward comenzó a ponerse rojo por el examen. Charlie se rió entre dientes. «Vaya, le espera una gran sorpresa...»
Edward comenzó a inquietarse. Esto no iba como él pensaba que sería.
—Joven, le hizo daño a mi hija. Ella ha sido un desastre desde su regreso. Se lo digo ahora, si usted está aquí para hacerle más daño, le sugiero que se vaya ahora. Bella no necesita que la molesten, sobre todo ahora —la defendió Charlie.
«¿Sobre todo ahora? ¿Qué demonios quiere decir con eso?»
—No, señor. Sé que lastimé a Bella. Pero quiero hacer las paces con ella. Quiero que vuelva a casa. Yo... yo la amo, señor. Sé que he cometido errores. Mi esperanza es que Bella me pueda perdonar.
Una vez más, Charlie se rió entre dientes. «Pobre, pobre muchacho. Realmente no tiene idea de lo que va a encontrar.» Charlie abrió más la puerta y dio un paso atrás.
—Bienvenido. Por favor entre.
Edward entró. Inmediatamente, sintió la comodidad de un hogar feliz rodearle. Hacía tanto tiempo que no había sentido esa sensación. Desde que Bella lo dejó...
—Ella está por allá, en la cocina —señaló Charlie. Edward asintió con la cabeza y empezó a caminar en esa dirección—. Ah, ¿y Edward?
Edward se detuvo y se volvió para mirar a Charlie.
—¿Sí, señor?
Charlie se rió en voz alta esta vez.
—Buena suerte, hijo.
Edward asintió y siguió hacia la cocina. Pasó a una mujer mayor en su camino. Ella le dio una mirada extraña, pero no hizo ningún comentario. Se detuvo frente a la puerta de la cocina. Bella estaba de espaldas a él. Observó cuando ella sacó una tarta de manzana fuera del horno y la puso sobre la encimera al lado de la estufa. Dio un paso más plenamente dentro de la habitación.
—¿Bella? —dijo Edward. Bella se congeló, antes de girarse lentamente hacia él. Su cara registró la conmoción.
—¿Edward? ¿Qué haces aquí? —preguntó Bella. Su mano se movió hacia su estómago. Edward bajó la mirada, notando por primera vez que estaba embarazada. Tenía varios meses de embarazo...
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Viendo su estómago redondeado, los ojos de Edward se abrieron y su estómago se revolvió. Bella lo observó con inquietud.
«¿Lo sabe ? ¿Lo recuerda?»
—¿Bella? ¿Qué...? ¿Cómo...? Uh... esto es... eh... esto es... inesperado. Parece que tardé mucho. Vine demasiado tarde —tartamudeó Edward, apartando los ojos de la redondez de su vientre. Inconscientemente, él empezó a retroceder hacia la puerta—. Lo siento... yo... eh... tal vez no debería haber venido aquí después de todo. Debería irme. —«¿Bella está embarazada? ¿Cómo? ¿Tal vez esa noche fue real? Pero, de ser así, ¿por qué se escapó después? ¿El niño que espera es mío?» La pregunta que Edward quería desesperadamente hacer estaba atascada en la garganta. «Si es mío, ¿por qué no me lo dijo?» Edward dejó de moverse, justo cuando oyó...
—Edward, espera —empezó Bella, colocando de nuevo la mano sobre su estómago. El corazón de Edward se retorció en el pecho. «Se ve tan hermosa...»
—Te ves hermosa, mi Bella. Estás absolutamente resplandeciente —declaró Edward—. Felicidades. Estoy seguro... —Edward se detuvo, sus palabras cortadas por la expresión del rostro de Bella.
Por primera vez en varios meses, Bella realmente veía a Edward de nuevo. Sus ojos estaban inyectados en sangre y parecía que había perdido peso. Ella quería desesperadamente correr a sus brazos, pero sabía que ya no podía. «Él ya no es tu marido. Lo dejaste...» Un pequeño sollozo escapó de sus labios antes de que pudiera detenerlo. Edward se congeló, oyendo el sonido.
—Mi Bella, por favor, no llores. Nunca pude soportar verte llorar. ¿Hay alguien a quien...? —cuestionó, haciendo un gesto hacia su estómago. El rostro de Bella cayó. «No se acuerda...»
—Ya no importa. Él nunca me quiso. Yo no era a quien él realmente quería. —Los ojos de Bella brillaban con lágrimas, las palabras que sentía eran verdad, cayendo como piedras de sus labios. «Por favor, solo vete, Edward. Esto ya es bastante difícil...»
Edward observó críticamente su estómago. Para que ella estuviera tan avanzada como estaba, habría quedado embarazada... Los recuerdos lo asaltaron de nuevo.
—Bella, ¿quién es el padre? Quiero la verdad.
«¿Por qué importaría que le diga? Él no recuerda. Él solo piensa que estoy mintiendo...»
—He cometido un error. Él nunca volverá a estar involucrado en todo esto. Es mejor así —le dijo Bella con decisión.
Edward tenía la clara impresión de que Bella estaba ocultándole algo más. Ella nunca lo habría dejado y luego saltar a una relación con otro hombre. No era ella. Lo que significaba...
—Estás mintiéndome. ¿Por qué?
—¿Por qué estás aquí, Edward? Dejé atrás todo lo que me diste, cuando salí de Chicago. —«Casi todo lo que me diste. Solo una cosa que no sabía que ya tenía»—. Te he dejado en libertad. Te dije que no esperaba nada de ti —respondió Bella. «Excepto tu amor, que nunca será mío.»
—Bella, ¿volverás a casa? ¿Volverás a Chicago, por favor? —preguntó Edward, asustado de que la había perdido para siempre.
—¿Cómo está Nessie? —preguntó Bella en su lugar. El corazón de Edward se detuvo.
—Ella extraña a su madre, mucho — le dijo con sinceridad. Nessie lloraba hasta quedarse dormida cada noche, llorando por Bella.
«Por supuesto que todavía extraña a Tanya», Bella pensó con amargura, pero se abstuvo de expresar ese pensamiento. Dolor brotó en su corazón. «Intenté tan duro ser una madre para esa linda niña. Sin embargo, no fui lo suficientemente buena para que ninguno de ellos me amara de verdad...»
—Es posible que hayas dejado todo atrás, pero tomaste algo también. Algo que no sabía que tenías, hasta que te fuiste.
«La foto... Él vino hasta aquí porque tomé la foto...»
—Discúlpame, por favor. Ya vuelvo —dijo Bella, en dirección a las escaleras. Ella le devolvería la imagen si con eso conseguía que se fuera. Colocando su mano sobre su estómago, subió lentamente las escaleras, luchando contra las lágrimas. «Por lo menos voy a tener a este pequeño para recordarlo. No puede quitarme eso...»
Edward observó a Bella subir las escaleras. Su mente viajó de nuevo a la mañana cuando se dio cuenta de que se había ido...
Edward se despertó con un fuerte dolor de cabeza. ¿Qué le había pasado? Lo último que recordaba era haberse desmayado en los brazos de Bella. ¿Bella? ¿Dónde estaba ella?
—¿Bella? —llamó. Su voz sonaba áspera, como si no hubiera hablado en días—. ¿Bella? —volvió a llamar. La casa estaba extrañamente silenciosa. ¿Dónde estaban Bella y Nessie?
Sentado en la cama, Edward se dio cuenta de tres cosas a la vez... estaba desnudo, la cama estaba cubierta de sudor y había sangre en las sábanas que no tenía idea de cómo llegó hasta allí. Se revisó, pero no encontró ningún corte.
Dios, ¡se sentía tan débil! ¿Cuánto tiempo había estado aquí? ¿Y dónde diablos estaba Bella?
Con cuidado se puso de pie y tuvo que agarrar el marco de la cama. La habitación empezó a girar, ¿o era su cabeza que estaba dando vueltas? Una vez que el equilibrio estaba de vuelta, se dirigió a su armario. Agarró una bata y se la puso. Lentamente se dirigió hacia la puerta del dormitorio. Al abrirla, esperaba ver a Bella viniendo a revisarlo. En su lugar, solo se escuchaba silencio. No había ruidos en la cocina, no había risas, solo... silencio.
Edward se dirigió a la habitación de Bella. La cama estaba limpia y ordenada, como si no hubiera dormido en un tiempo. Una fina capa de polvo recubría la mayoría de las superficies en la habitación. Un sentimiento de temor se deslizó en él. Comprobó su tocador. Anillos de polvo le demostraban que algunas de sus cosas habían desaparecido. Se dirigió a su armario. Abriendo una de las puertas, vio el interior. Sus vestidos todavía colgaban allí. Alivio lo inundó. Bella todavía estaba aquí, en alguna parte.
Edward se dirigió hacia las escaleras. ¿Dónde diablos estaba ella entonces? Lentamente, se dirigió a la parte inferior.
—¿Bella? —volvió a llamar. La única respuesta que recibió fue el silencio.
Mientras caminaba lentamente junto a la mesa, un destello de metal le llamó la atención. Volviendo a mirar, encontró… ¿un anillo? Lo recogió y reconoció el anillo de bodas de Bella. De repente, se dio cuenta del papel que estaba sobre la mesa también. Esa sensación de temor lo recorrió de nuevo. La recogió y leyó...
Mi querido Edward,
Escribo esto con dolor en el corazón. He llegado a la conclusión de que nuestros sentimientos no son los mismos y, por ello, no me puedo quedar contigo ni un momento más. He disfrutado mucho el tiempo que estuvimos juntos y te agradezco por los increíbles recuerdos que llevaré conmigo por el resto de mis días. Me doy cuenta de que estoy tomando la salida de los cobardes de nuestro matrimonio y por ello lo siento tanto. Me has mostrado una vida que nunca soñé que existía. Pero, desafortunadamente, eso es lo que será siempre… un sueño. Un hermoso sueño del que fui afortunada al tener un vistazo. Te agradezco por esa oportunidad. No hay palabras para explicar realmente cuánto significó todo para mí, ser una esposa y madre. Solo debes saber que fui feliz y no me arrepiento para nada de nuestro tiempo juntos.
Nessie se ha convertido en la adorable niña que estoy segura fue alguna vez de nuevo y me gustaría pensar que yo tuve algo que ver en ella. Por favor dile que la amo. Siento tanto tener que dejarla, pero así es como debe ser. No puedo, ni debería quedarme donde no pertenezco. De nuevo, soy una cobarde.
Edward, te libero de nuestros votos maritales. Ya que nuestro matrimonio no fue consumado, debes ser capaz de obtener una anulación sin dificultad. No espero, ni quiero nada de ti de valor monetario. Encontrarás los vestidos aún colgando en el armario. Las únicas cosas que me llevo son las que traje conmigo y recuerdos de nuestro breve tiempo juntos.
Por favor debes saber que lo siento mucho por irme de esta manera. Realmente siento que es lo mejor.
Las últimas dos cosas que te devuelvo son mi nombre… tu nombre, y mi anillo de bodas. Por favor, dáselos a la mujer que algún día de verdad posea tu corazón. Mereces esa felicidad. Siempre te deseo lo mejor. Solo espero que algún día puedas perdonarme. Nunca te molestaré de nuevo. Este es el adiós.
Tuya siempre,
Bella Swan.
Edward leyó la nota de nuevo. ¿Ella lo había dejado? ¿Ya no quería ser su esposa?
«¿Por qué iba a querer seguir siendo tu esposa? La trataste jodidamente horrible desde el día que llegó. Incluso cuando eras amable con ella, siempre te reservabas algo.»
En ese momento, Edward se dio cuenta de cuán imbécil había sido. Bella había sido todo lo que podía desear en una esposa y madre, y había sido demasiado ciego y estúpido para ver cuán terriblemente le había hecho daño con su comportamiento insensible. La carta se arrugó cuando apretó el puño alrededor de ella. Con la mirada perdida, se dio cuenta de lo que se había negado a admitir desde el principio. Se había enamorado de Bella.
Y ahora era demasiado tarde...
El siguiente par de días fueron un borrón para Edward. Recordó conseguir una buena botella de licor y tratar de beber hasta el olvido. El hecho de que acababa de volver del borde de la muerte ni siquiera se registró en su estado adormecido. Lo único que sabía era que había perdido lo mejor que le había ocurrido. Lo siguiente que recordaba claramente era ver la forma descomunal de su cuñado, poco antes de ser arrojado en el agua fría que llenaba la bañera en su cuarto de baño. Había resurgido escupiendo y maldiciendo.
—¿Qué mierda le hiciste a mi hermanita, idiota? —gritó Emmett. Edward se había encogido física y mentalmente.
—¿Ella está contigo y Rosalie? —preguntó, tratando de mantener la esperanza en su voz. Tal vez todavía tenía una oportunidad...
—¡No! Ella volvió a casa. Volvió a Seattle. Así que, voy a preguntar una vez más, ¿qué le hiciste?
—Me desperté hace unos días y ella no estaba. Lo último que recuerdo es colapsar en sus brazos. Ella me dejó una nota y su anillo de bodas estaba encima. No sé lo que pasó. No recuerdo nada —le dijo Edward a Emmett con honestidad.
—Tuviste influenza. Estuviste enfermo durante varios días. No sabíamos si lo lograrías o no. Esme y Carlisle se llevaron a Nessie para que no se enfermara. Bella insistió en cuidarte ella misma. Todos le dijimos que deberías estar en el hospital. Ella se negó, afirmando que era tu mujer y era su deber cuidar de ti —le dijo Emmett sin rodeos.
Edward procesó las palabras de Emmett. Había estado enfermo y ella había arriesgado su propia salud para cuidar de él.
—Hace unos días, ella tocó a nuestra puerta muy temprano en la mañana y nos dijo que regresaba a Seattle. Bella no dio más detalles, solamente dijo que venir aquí había sido un error. Rose y yo le dijimos que esperara, que la acompañaríamos, pero, de nuevo, ella se negó. Dijo que no podía estar más aquí y que no nos enojáramos contigo. —Emmett miró a Edward.
Edward ahora se sentía peor que antes. ¿Qué había pasado para hacerla querer irse tan de repente? En la nota decía que había sido feliz. ¿Qué cambió?
—Emmett, necesito tu ayuda...
Los pensamientos de Edward fueron cortados por el suave clic de zapatos, avisando del retorno de Bella. Su andar era lento, ya que el peso del niño la ralentizaba considerablemente. Ella se detuvo frente a él, su estómago casi tocándolo. Ella extendió la mano.
—Aquí. Siento que hayas tenido que venir hasta aquí para conseguir esto de nuevo. Solo quería algo para recordarte a ti y a Nessie. Lamento haberla tomado. Te podrías haber puesto en contacto conmigo por correo y te la habría devuelto, aunque solo fuera para evitarte el viaje —dijo Bella en voz baja, su voz con un toque de... ¿derrota? Empujó la mano con el marco, haciendo que sus ojos bajaran.
Edward miró y vio una foto de él y Nessie. ¿Eh?
—Bella, no me importa que hayas tomado la foto. No es por eso que estoy aquí —le dijo Edward. Vio la confusión cruzar su rostro.
—Pero, dijiste... —comenzó Bella, confundida. Edward tomó suavemente su mano libre y la colocó en su corazón.
—Yo estaba hablando de esto. Bella, tomaste mi corazón contigo cuando te fuiste. La parte loca es, que siempre lo tuviste, desde el día en que nos conocimos. Simplemente no me permití verlo.
—Oh, Edward... —Bella respiró profundo. Ella contuvo el impulso de huir. «¿Por qué ahora? ¿Por qué atormentarme con mentiras? ¿No me ha herido suficiente?» Otro sollozo se le escapó.
—Te amo, Bella. Te he amado desde el primer momento en que entraste al salón de mis padres. Te veías tan asustada y, sin embargo, tan hermosa al mismo tiempo.
—Edward, necesito decirte algo —dijo Bella en voz baja. «Él va a huir gritando ahora. O, peor, me llamará mentirosa. ¿Por qué habría de creerme de todos modos? Ni siquiera puede recordar cuando el bebé fue concebido...»
«Y le dije que el matrimonio nunca se consumó...»
—¿Esto es por el bebé? Bella, con mucho gusto voy a criarlo como mío. Tienes mi palabra.
Bella movió la mano de Edward hacia su estómago. Edward podía sentir las patadas del bebé. Bella sonrió.
—Edward, este bebé es tuyo. Eres el padre de este bebé. No me he acostado con nadie más. Solo contigo. —Bella vio la conmoción, luego el asombro cruzar el rostro de Edward—. Este es tu hijo. —Como si el niño pudiera oírla, se movió con más fuerza. Su sonrisa desapareció y Edward vio un rubor extenderse por sus mejillas—. Sucedió... —comenzó ella, pero Edward la interrumpió.
—¿Cuando estaba enfermo con influenza? —Ante su asentimiento, continuó—. ¿Por qué dijiste que el matrimonio no se había consumado, Bella? —Edward preguntó con suavidad. Bella jadeó suavemente.
—¿Te acuerdas? —preguntó ella, evitando su última pregunta. Ella temía su respuesta. «¿Cuánto recuerda?»
—Sí, lo recuerdo. Bueno, hasta hace unos momentos no estaba absolutamente seguro de si simplemente había alucinado debido a mi enfermedad o si en realidad había sucedido. Bella... después de que te fuiste, empecé a recordar... hacerte el amor. Pero pensé que no era real porque dijiste… en tu carta... —Edward sacudió la cabeza—. Sin embargo, los recuerdos persistieron. Bella, nunca presenté un aviso de anulación. Todavía estamos casados —le dijo Edward, viéndola a los ojos.
El corazón de Bella comenzó a correr salvajemente. «¡Él sigue siendo mi marido! Mi hijo no va a nacer como un bastardo.»
—¿Recuerdas lo que sucedió después? —preguntó en voz baja, asustada de su respuesta.
—No, no. El siguiente recuerdo claro que tengo es despertando en una casa vacía —le dijo con sinceridad.
—Me llamaste "Tanya". Me hiciste el amor y luego me llamaste con el nombre de tu esposa muerta. Estaba completamente destrozada. Supe en ese instante que nunca podrías amarme. Siempre la amarías. Así que, para guardar mi corazón, me fui. Y por eso mentí en la carta. Pensé que sería mejor de esa manera.
Edward la miró. ¿¡Él la había llamado Tanya!? No podía recordar eso, sin importar lo mucho que lo intentara. No era de extrañar que Bella lo hubiera dejado. Se sentía como un imbécil. «¿Todavía puedo recuperarla? ¿Será demasiado tarde?»
—Sí, yo siempre la amaré —confirmó Edward. El corazón de Bella se rompió más que antes.
«Él me dice que me ama y luego admite que todavía está enamorado de su esposa. Solo vete a casa y olvídate de mí. Será mejor para los dos.»
—Tanya me dio una hermosa niña. Siempre la amaré por eso. Pero, no estoy enamorado de ella —dijo Edward, dando un paso hacia Bella de nuevo—. Estoy enamorado de ti, Isabella Cullen.
«No le hagas caso. Él está mintiendo…»
«Pero quiero tanto creerle...»
—Swan —dijo Bella.
«Ella tiene que hacer esto difícil, ¿eh? Bueno, se lo voy a demostrar...»
Metiendo la mano en el bolsillo, Edward sacó un anillo de aspecto familiar. Bella se sorprendió cuando se dio cuenta que era su anillo de bodas. Edward se arrodilló frente a ella.
—Isabella Swan, prometo amarte cada momento para siempre. ¿Me harías el extraordinario honor de casarte conmigo?
—¿Pensé que habías dicho que todavía estábamos casados? —preguntó Bella.
—Cásate conmigo otra vez. Por todas las razones correctas en esta ocasión. Te mereces la boda de tus sueños.
—Edward, yo también te amo. Quiero que seamos una familia. Eso es todo lo que siempre he querido —dijo Bella, con lágrimas cayendo por sus mejillas. Edward se puso de pie y deslizó el anillo en su dedo. O, más bien, intentó. No podía pasar el anillo más allá de su nudillo.
—Supongo que tendré que esperar hasta después de que el bebé nazca para poder usar mi anillo de nuevo —dijo Bella, suspirando.
Tirando de ella tan cerca como su estómago permitía, dijo Edward:
—Y después de eso, nunca va a dejar tu dedo de nuevo.
Bella se rió.
—No, nunca —estuvo de acuerdo.
—Bella, ninguna medida de tiempo contigo será suficiente, pero vamos a empezar con para siempre —prometió Edward.
—Puedo manejar para siempre —estuvo de acuerdo Bella, antes de que Edward capturara sus labios con los suyos. Apartándose, Bella levantó una ceja—. Tengo una pregunta, sin embargo. ¿Por qué siempre dices "Mi Bella"?
Edward se rió y la atrajo hacia sí.
—Debido a que eres mi Bella. Siempre y para siempre. Y eso nunca va a cambiar.
Bella suspiro y pensó: «No podría pedir nada más que eso...»
Edward dio un paso atrás y puso su mano sobre su vientre de nuevo.
—¿Por qué no me dijiste lo del bebé? ¿No tengo derecho a saber, independientemente de las circunstancias? ¿De verdad lo hubieras hecho sola?
La barbilla de Bella cayó.
—No te dije porque sabía que no lo recordabas. Cuando volví aquí tenía… el corazón roto... estaba perdida. Me quería morir. Quería recordar todo... pero también quería olvidar. Y entonces... me di cuenta de que llevaba a tu hijo. Y... empecé a vivir de nuevo... para el bebé. Debido a que es una parte de ti. Y... ya que no pude tenerte, sabía que tenía que asegurarme de que tu hijo sobreviviera.
»Cuando mi vientre comenzó a crecer, solo salía por las noches. Bajo el amparo de la oscuridad, me gustaba decirle a nuestro hijo acerca de ti, repitiendo todo lo que sabía sobre ti. En esos momentos, casi podía imaginarte a mi lado. Le dije al bebé acerca de Nessie... y Esme… y Alice. Le dijo sobre cuán enamorada estaba de su padre y cuánto lo sentía que nunca te conocería. Y... le prometí... que nunca iba a dejar que sintiera el rechazo de ser un bastardo. —Bella bajó la mirada, sonrojándose—. Tenía toda la intención de decirle a la gente que habías muerto en Chicago, por la influenza.
Edward la tomó de la mano.
—Morí por dentro el día que me di cuenta de que te habías ido. Pero ahora, por primera vez en meses, por fin me siento vivo de nuevo.
Bella sonrió.
—Yo también, mi amor. Yo también...
Y este ha sido el final… Amor, amor, mucho amor… ¿Qué les ha parecido? ¡Deben contarnos en un comentario todas sus opiniones!
Queremos agradecer muchísimo a bonesbemmettlover, la autora de esta historia, por su autorización para traducirla y compartirla con ustedes.
También agradecer a las chicas que se tomaron el tiempo para traducirla, Yani, Moni y Sarai, ¡muchas, muchas gracias!
¡Esperamos que ustedes la hayan disfrutado y que, si lo hicieron, nos lo cuenten en un comentario!
¡Hasta la próxima historia que publicaremos muy pronto, así que estén atentas!
