Bueno, primero que nada muchas gracias a las personas que se dan el tiempo de pasarse por el fic, los que lo tienen en alerta y sus favoritos, espero que les este gustando, por que el fic ya esta llegando a su fin. Falta un Capitulo, el epilogo y adiós! hay una segunda parte, pero no la subiré a FF. Espero que les guste y se animen a dejarme un comentario.

El peso de la espada en su mano trajo consigo una corriente de adrenalina, en ese momento sintió que era capaz de todo, enterró la espada donde se supone esta el corazón y vio cómo se evaporaba en una nube densa de humo. Los brazos le dolían, por un brevísimo instante se lamentó no ser nefilim para utilizar runas de resistencia, ese pensamiento se fue tan rápido como vino.

Prefería ser todo, menos nefilim.

—Vamos. – les decía Jem quien encabezaba al grupo para regresar a la batalla.

El Hermano Enoch ya no iba con ellos, no supieron en qué momento se fue, aunque tampoco les importo.

—Esto es una locura. – murmuro Tessa.

—Se supone que hoy tendría que ser el día más feliz de mi vida. – dijo Clary en voz alta. – Y no me estoy quejando, también se supone que Sebastian no tendría que haber salido del Infierno, sin embargo esta aquí.

Sebastian, su hermano. A Clary aún le costaba pensar en él, hace cuatro años que no sabían nada de él y ojala hubiera seguido así. Cuando cayó por la puerta al Infierno con la espada de Jace enterrada en su pecho solo sonrió. Una sonrisa que Clary le borro de un puñetazo. No dijo que volvería, estaba de sobra articular esas palabras en voz alta.

— ¡Jace! – grito Clary cuando entro al Salón de los Acuerdos y vio a su casi esposo cayendo.

El grito desesperado de la pelirroja atrajo la atención de todos; estos observaban como el rubio caía y en menos de un minuto aterrizo perfectamente en el suelo sobre sus pies sin parecer que hizo un esfuerzo. Sebastian cayó a su lado, con esa elegancia tan propia del cazador, sus ojos negros relucientes de ira.

-Veo que mi hermanita al fin decidió unirse a la celebración. – sonrió Sebastian. Esa sonrisa pudo parecerle sexy a Nina en otro momento, pero hoy le provoco escalofríos y no en el buen sentido.

Observaba la escena estupefacta. Nunca podría imaginar que Clary y Sebastian compartieran nada más que el apellido, es decir, ni siquiera se parecen. Donde Clary es todo fuego con sus indomables rizos rojos, su hermano, Sebastian es hielo con el cabello platinado. Ambos estaban frente a frente, Clary con los puños apretados y su hermano sonriendo tan serenamente como si no la odiara en absoluto. Quizás la quiera, a su manera, claro; esa vocecita en su mente la hizo retroceder unos pasos. Por supuesto, Jonathan podía sentir, solo que no como los demás. Si no estuviera batallando con un demonio analizaría eso, pero en vista que es su vida la que corre peligro…

—Me gustaría conocer a nuestro hermano, ¿Dónde está? – esa pregunta la desconcentro momentáneamente, ¿Clary tiene otro hermano? - ¿O es que lo tienen oculto con ese submundo que tiene por padre? – la última palabra pronunciada con algo parecido al asco. – Nuestra madre cayó muy bajo…

Clary no dijo nada, solo lo miro. En cambio, Nina no aguanto más y le arrojo los primero que tanteo del piso. Jonathan tiene esa extraña capacidad de sacarla de quicio tan solo hablando. Una estela reboto en la cabeza del cazador y este se giró inmediatamente para matar a quien se haya atrevido a golpearlo; se topó con unos relucientes ojos azules que lo miraban esperando algo ¿pero qué?

—Incluso yo me di cuenta que decías puras estupideces. – se explicó la rubia encogiéndose de hombros, aun tendida en el piso. – alguien tenía que ha…

Una mano sobre su boca le impidió seguir hablando. Era otro de los malos, rodo los ojos; siempre que tiene algo interesante que decir la interrumpen. Suspiro mentalmente y mordió la mano del oscuro, este la tumbo al suelo por la bofetada que le propino.

Nina escupió la sangre acumulada en su boca, el sabor a oxido y sal le provoco nauseas pero las reprimió, no hay tiempo para eso. Sangre negra salpico a sus manos mientras intentaba ponerse de pie, cuando se atrevió a levantar la mirada se encontró con el cadáver del malo que la golpeo. Le rebanaron la garganta de lado a lado, un trabajo limpio. Apretó los dientes conteniendo el flujo que luchaba por salir de su garganta, supo de inmediato quien fue la persona que lo mato.

Esa persona ahora estaba en plena lucha a muerte. Cada vez que Sebastian o Jace arremetían uno contra el otro, se le detenía el corazón por milésimas.

Su vista se vio interrumpida por un par de botas de negras de tacón alto, se preguntó cómo alguien podría siquiera luchar con ese calzado tan incómodo.

— ¿Estas con Sebastian? – Isabellela estrello contra la pared, si esto fuera un interrogatorio policial ella sería el policía malo, pensó Nina sin humor.

— ¿Qué? – negó con la cabeza. - ¿Hay un caos a nuestro alrededor y solo se te ocurre acorralarme para preguntar eso? – chillo Nina. – Estas demente.

—Responde niña, ¿Trajiste a ese bastardo aquí? – sus ojos oscuros relucían con fiera determinación, Isabelle es una guerrera comprendió Nina por fin, pocas cosas la amedrentarían.

—No tengo por responder eso. – se mantuvo firme, sin moverse. – Tampoco por que luchar contra ti, ambas nos detestamos eso es obvio, pero no tienes por qué señalarme para lo malo que sucede. Eso se lo formaron ustedes solos.

—Eres una… - Nina se la quitó de encima para el momento exacto, justo cuando al demonio se le ocurrió fijarse en ellas, tomo lo primero que vio en el suelo, un cuchillo casi transparente y lo enterró en el pecho de su atacante, dejo de emitir ese suave brillo cuando lo soltó. - ¿Cómo…?

—Ni idea. –Dijo a modo de explicación sin ocultar la sorpresa en su voz. – Te salve, deberías levantarme un altar.

—Sigue soñando. – Isabelle rodo los ojos y se alejó dejando a Nina sola, por lo menos ya no acorralo nuevamente.

Muchos la miraban, más de uno se dio cuenta de lo sucedido cuando tomo ese cuchillo y mato al demonio. Pudo afirmar con toda seguridad que habría muchas preguntas después, si es que salen de esta.

Vio como Sebastiantiro a Jace al piso de una patada; Clary ya iba corriendo para ayudarlo, pero un malo se le atravesó en el camino. No sabía qué hacer, bueno si lo sabe pero no quería hacerlo. Tendría que matar a Sebastian ella misma. Por lo que se enteró de la historia de la Guerra Mortal y esas cosas, Jace era el único capaz de estar a la altura de Sebastian, no por algo es el mejor Cazador de Sombras de su generación; además son todos contaban con el bono extra de tener sangre de ángel en su sistema. Ambos son letales cuando de peleas se trata, de eso no cabe duda, entonces… ¿Qué demonios podía hacer ella contra dos guerreros consumados? No tiene fuerza sobrehumana o habilidades fuera de lo común, bueno si las tiene pero no sabe cómo hacer uso de ellas. Hizo lo único que se le vino a cabeza en ese momento.

Fue directo a su perdición.