Capítulo 25: Oveja blanca

Dije que lo olvidaría pero no puedo hacerlo. No solo porque tratar de actuar como si nada es algo difícil, sino también por aquél sueño recurrente que ya no me deja dormir. A veces cambia, pero solo al final, cuando los ladridos se convierten en aullidos o un grito agudo, pero lo que me realmente me asusta es un siseo, que me hela la sangre, y que a diferencia de los demás no suena a lo lejos, sino justo a mi espalda, pegado a mi nuca.

Lo que no me permite olvidar es la primera parte del sueño, que con la fiebre se vuelve más realista que otro sueño que haya tenido nunca. Los dos yéndose de mi lado, dejándome atrás, uno en compañía de alguien más, algo que no puedo tolerar por alguna razón, y el otro derrotado y hundido.

No sé cuál de los dos me parte más el corazón.

Porque sí, después de soñar cuatro veces el mismo día con lo mismo, no me ha quedado más que admitir que ver a Potter irse con Christine me hace sentir mal, ¿por qué habría de importarme? Es tan solo un sueño.

Si quiero que me baje la fiebre y poder ir al partido, debería dormir ya. Como diría mi madre, nada cura mejor una enfermedad. Sin embargo, en vez de seguir su sabio consejo, me paro de la cama, cojo mi cobija y me la pongo encima; me calzo y miro a mi alrededor, a mis dos amigas profundamente dormidas antes de salir de la habitación. No quiero soñar más, necesito dejar la derrota, la impotencia y el miedo atrás.

Bajo las escaleras en busca de algo que no sé exactamente lo que es, algo que me dé calma, y a lo lejos veo la chimenea prendida. Mi estómago da un vuelco, bajo un poco más rápido pero al llegar no es la figura que espero encontrar la que está el frente de la chimenea. Es Sirius Black. Me acerco a paso lento, él está sentado en el sillón con el rostro indescifrable y por algún motivo hechiza el fuego para crezca, está tan distraído que no siente mi presencia hasta que me paro delante de él, en pijama, despeinada, enferma y con una cobija enorme encima de mis hombros.

Lo primero que hace al verme es llevarse un dedo a los labios y señalar al sofá, en él Potter duerme como un bebé, recostado como si solo hubiese caído ahí, con la boca abierta y las gafas torcidas. Hay una tranquilidad tan increíble en su rostro que me hace querer pasar mi mano por su cabello, quitarle gafas y arroparlo. En realidad, se ve todo menos tierno; gracioso y descuidado, desparramado en el sofá como si nada le importara, pero aun así ese es el sentimiento que me provoca. Sirius me señala un sillón a su lado, al lado del fuego y me siento en él.

- Le pedí que me acompañará para no estar solo –me dice en voz baja- dijo que estaba nervioso por el partido pero no tardo en quedarse dormido.

- ¿Qué haces despierto?

Él me mira por un momento largo, como si estuviera decidiendo algo, su mirada es tan seria que me asusta. Mira a Potter un segundo antes de verme a mí.

- ¿Puedo contarte algo? –me pregunta- Ya que James se quedó dormido, tú podrías actuar como su reemplazo.

Algo en su tono me hace preguntarme que quiere decir con eso.

- Sí, Black, claro.

- Dime Sirius –me dice- ahora, más que nunca, reniego de mi apellido.

Hay tal rabia y resentimiento en su voz, que me doy cuenta de que lo que estoy a punto de escuchar es algo muy importante para él. También me doy cuenta, casi por primera vez, de que apellido viene y que ya nunca lo llamaré por él otra vez: las cosas entre nosotros están a punto de cambiar.

- Sirius –él me mira con sus fascinantes ojos grises como si no se lo esperara, a pesar de ser lo que me acaba de pedir- sé que hasta hace poco no hablábamos, pero puedes confiar en mí. Todo lo que digas se quedará entre nosotros y si está a mi alcance también te ayudaré.

Él levanta una ceja.

- Digamos que ya no somos enemigos –le sonrío amablemente, pensando que con mi nariz roja y mi cara enferma debo parecer un payaso, y le señalo a Potter para darle a entender que algo ha cambiado- Y tal vez, si dejas de ser tan estúpido, podríamos ser amigos.

Sirius me mira, baja la mirada y suspira.

- Mi hermano se unió a los mortífagos –hay rabia y amargura en su voz, toda la que puede caber en algunos susurros. Sus ojos están atentos a su reacción.

La noticia es como un balde de agua fría y lo único que atino a hacer es mirarlo con la boca abierta. Regulus, tan joven… en realidad, no debería sorprenderme después de verlo tantas veces con Snape y los otros aspirantes a mortífagos, sin embargo, no era algo que me esperara.

No solo es su juventud o el hecho de que no lo conociera bien, es la mirada en su rostro cuando estaba al lado de sus amigotes y hacían fechorías. Mientras en ellos había diversión, la mirada de Regulus tenía algo diferente; creía que podría arrepentirse en algún momento en vez de saltar antes de tiempo. Estaba equivocada.

- Sirius…

- No soy como ellos, como mi familia –me dice fríamente.

- Lo sé, eres engreído e insoportable, pero no te pareces a ellos. –un ataque de tos detiene lo que sea fuera a decir después.

En realidad, no estoy segura de cómo es la familia de Sirius pero las historias que he escuchado son aterradoras, desde la cruel Bellatrix hasta su descorazonada madre. Prefiero no mencionarlo porque sé que le haría más daño. Sirius Black es la oveja negra de su familia y todo el mundo lo sabe: lo es porque no fue un Slytherin, porque no eligió las artes oscuras, porque prefiere hacerle bromas a la persona que se le antoje a estar torturando y persiguiendo hijos de muggles, porque prefirió a sus amigos y su voluntad a su familia y un maestro.

Pensándolo así, debería considerársele la oveja blanca de la familia Black.

Le doy una palmada, muy impersonal, en la espalda a modo de apoyo y sin pensarlo siquiera, de repente estoy en frente de él, abrazándolo. Él se tensiona, pero una tensión diferente a la de Thalia, vergüenza, o a la de Potter, indecisión. Es una tensión de sorpresa, incredulidad, un duelo interno.

- Sirius eres un Black, pero no como uno. Eres un Gryffindor y un merodeador –le susurro al oído- Es lo único que debes creer.

Él suspira. Un merodeador es posiblemente la palabra más fuerte que tiene para describirse a sí mismo. No es un chico solitario, es un charlatán, un mago, un amigo.

Lo suelto. El impulso de abrazarlo fue tan grande que no lo pude controlar, pero una vez dicho aquello la vergüenza toma su lugar. Sin darse cuenta, Sirius me mostraba su miedo al rechazo por su apellido, el temor a quedarse solo, al abandono, y a pesar de que yo no soy nadie en su vida, no como Potter o Peter, tenía que hacer algo, cualquier cosa, para que él viera que no lo juzgo.

- Eres insoportable, pero de los buenos –le digo, aun frente a él- tanto que ese de ahí –señalo a Potter con la cabeza- nunca sería capaz de dejarte solo

- Gracias pelirroja –me dice con una pequeña sonrisa.

Probablemente la sonrisa más honesta que le he visto.

Guardamos silencio, un silencio pesado lleno de pensamientos oscuros. Siento la fiebre, el dolor de cabeza, el de garganta y todos los demás síntomas amenazar con su regreso; trato de mantenerme fuerte, ya he estado suficiente tiempo enferma. No pienso volver a soñar con tiempos sombríos. Tengo que distraerme a mí, de las premoniciones y las quejas de mi cuerpo, como a él, de su familia, su pasado y su futuro.

- ¿Qué harás cuando termine Hogwarts?

Buena elección, Lily.

- Montaré una agencia donde ofrezco mis servicios a cambio de placer –no hay emoción en su voz.

Por un momento no sé cómo reaccionar y solo lo miro confundida. Por supuesto, había olvidado con quien estoy hablando. Él mira mi rostro y sacude la cabeza.

- Seré auror –lo dice como si no hubiese ninguna otra posibilidad- y luego de que todo esto termine le devolveré a mi tío Alphard y a la familia Potter todo lo que han hecho por mí

¿La familia Potter?

- ¿Todo lo que han hecho? –No puedo contenerme.

Él me mira fijamente y sus ojos grises están llenos de recuerdos, dolor y cansancio. Verlo así, sin ninguna protección, con sus dolores y miedos, me hace sentir parte de algo demasiado íntimo. ¿Por qué Sirius comparte esto conmigo?

- Cuando decidí irme de la casa, tomé la decisión sin siquiera pensarlo. Cogí mis cosas y me largué… no pensé en que no tenía a donde ir, ni como ir. No sabía qué hacer. Me había resignado a vivir como un perro callejero el resto de las vacaciones cuando los Potter se enteraron. -él hace una pequeña pausa, sumergido en sus recuerdos- la noticia voló por la familia y de alguna forma llegó a ellos... me invitaron a vivir con ellos sin ninguna condición. De hecho, cornamenta me dio una colleja por no haber pensado en él desde el primer momento.

Miro a Potter, durmiendo como si fuera un niño, completamente fuera de sí. Con sus gafas torcidas, veo sus largas pestañas rozar sus mejillas y su piel blanca se ve más tersa con la luz del fuego… y luego veo el hilo de baba que se escapa de su boca.

Tengo que suprimir una sonrisa ante esa visión.

- … el tío Alphard decidió hacerse cargo de mis gastos hasta que pudiera hacerlo por mí mismo, por ser un Gryffindor de verdad, dijo.

Me doy cuenta de que por un momento he olvidado de que hablaba con Sirius y agradezco el hecho de que él no lo hubiese hecho. ¿Qué me está pasando?

Veo a Sirius y sonrío, una pequeña sonrisa llena de admiración, pero no se me ocurre nada más que decir. Él está esperando que diga algo.

- Tienes muy buenos amigos y tú eres un buen amigo, admiro eso de ti –digo sin querer- y no se te ocurra repetirlo jamás. –le digo amenazadoramente.

Él ríe, una risa picara que me recuerda más al Sirius que creía conocer.

- ¿Tú que harás al salir, pelirroja?

Yo lo miro a los ojos fijamente. Nunca me había sentido tan fascinada por sus ojos hasta ahora, cuando por fin los puedo ver sin ningún disimulo. Recuerdo su historia, a Regulus, Snape, Mulciber y el profeta de esta mañana… aquellos que perdieron la vida anoche, que eran tan parecidos a mi familia.

- Voy a luchar, luchar en contra de él y quienes los sigan –susurro- quiero ayudar a quienes son más vulnerables, evitar más muertes.

Quiero cuidar a quienes quiero.

Sirius sonríe.

- Parece que estaremos juntos por más tiempo del que creíamos –sonríe- será divertido.

La palabra "divertido" no exactamente la que yo usaría, ni se acerca. No obstante, es justo la palabra que el Sirius que yo conozco usaría. Me alegra verlo volver a ser él mismo.

- No puede ser- digo con una mezcla de drama e ironía.

Guardamos silencio.

Sirius ha dejado su varita y el fuego arde tenuemente pero con la fuerza suficiente para darnos calor. Lo miramos distraídos. Él tiene su cabello despeinado, algo impropio de él, pero teniendo en cuenta la hora creo que debió haber estado acostado y dando vueltas en la cama por algún tiempo antes de bajar aquí; por su cabello y su ropa, un pantalón de pijama azul y una camisa interior blanca.

Su mirada está perdida en el fuego de nuevo, sin prestarle atención a lo que hay a su alrededor. Contemplándolo así, me imagino cuantas vueltas habrá dado en su cama después de haber recibido la noticia, hasta que tuvo que aceptar que el hecho de que su hermano se convirtiera en un mortífago, en realidad sí le importa. Seguramente al recibir la lechuza leyó las palabras con una mezcla de incredulidad y desprecio, insultó a su madre y su familia y luego trató de actuar como si no fuera su asunto en absoluto… Hasta que le fue imposible dormir y no tuvo más remedio que bajar a la Sala Común y pensar.

Potter hace un ruido dormido como si en sueños presintiera que me he olvidado de él.

Corrijo, hasta que no tuvo más remedio que despertar a Potter, bajar a la Sala Común, verlo dormir y pensar.

Observo a Sirius, su respingada nariz, sus cejas gruesas, sus grandes ojos grises y sus labios delgados. En realidad, nunca me había detenido a detallarlo en medio de tantas peleas. Incluso, se podría pensar que es más guapo que Potter, lo que ya es mucho decir. Con esos rasgos no es difícil saber porque la mayor parte de la población femenina de Hogwarts está dispuesta a caer por él, aun sabiendo cómo terminará la historia. Inclusive, se parece un poco a como me imaginaba a mi príncipe azul cuando era pequeña.

Qué ironía.

Lástima que tenga esa horrible personalidad.

Su cabello negro cae en ondas sobre su cara. Su semblante es sombrío y sus ojos siguen nublados por el pasado y el futuro.

Ya es hora de que vuelva el presuntuoso de siempre.

- Respóndeme algo, ¿Qué están planeando tú y Jason?

Él aparta la mirada del fuego de inmediato. Sus ojos brillan y en su boca se forma una sonrisa pícara. Me evalúa divertido y se toma un momento para responder.

- Digamos que hicimos un convenio.

- ¿Un convenio?

- Tal como suena.

- ¿Qué tipo de convenio? –le pregunto con desconfianza.

- No te lo voy a decir, prefecta –sonríe- solo te diré que nunca hubiese posible sin ti.

- No estarás hablando de… -digo con horror.

Él sonríe más ampliamente.

- Supongo que también deberíamos agradecérselo a Gray –dice sin perder su sonrisa-aunque últimamente huye de mí, no entiendo porque.

Pone su mejor cara de inocente y yo lo miro sin poder creer lo que me dice.

- Las bromas no son el fuerte de Jason –digo tratando de lucir indiferente- en ese caso deberías buscarte otro aliado.

Sirius contiene la carcajada.

- No te preocupes, no necesitamos otro merodeador –dice- solo son negocios.

- ¿El mercado negro?

El rostro de Black lo dice todo. Oh, no, si antes era difícil ponerles freno cuando eran enemigos… ¿Cómo haré si se alían?

- ¿Y ese de ahí lo sabe? –le pregunto señalando a Potter, quien comienza a balbucear en sueños.

- Como te dije pelirroja, no es nada personal, solo negocios. Pero para él todo es personal.

- Es decir, él no lo sabe –digo tratando de ocultar mi satisfacción.

- Pronto lo sabrá –dice- solo tengo que esperar que gane el partido y tu aceptes una cita con él.

Yo ruedo los ojos.

- Entonces no será pronto.

- Eso es lo que tú dices.

- Eso es suficiente –le contesto- hasta donde sé, yo soy quien toma la decisión

Él me mira, analizándome.

- Como sea –lo deja ir- solo no le digas nada o en vez de vender, regalaremos la mercancía.

- Yo haré lo que se me dé la gana.

Sirius resopla. Los dos resoplamos. Yo sonrío para mí, no es exactamente el Sirius de siempre, pero al menos el semblante sombrío desapareció.

- No puedo creer que bajara contigo para quedarse dormido. –le digo sin apartar la vista de Potter.

- Necesita dormir si quiere ganar –me responde.

- ¿Siempre estás listo para defenderlo? –pregunto alzando una ceja.

- Si es con ellos, es conmigo.

- Parecen una secta- bromeo.

Él suelta una risotada y ambos giramos hacia Potter sobresaltados, él sigue durmiendo como si nada.

- ¿Siempre duerme así?

- Solo cuando no se queda contigo hasta la madrugada…

Una oleada de calor sube a mi cara y de repente me siento cohibida. Lo miro con una expresión demasiado clara para mi gusto. ¿Cómo se supone que sabe eso?

- Soy su compañero de habitación y su mejor amigo –dice en respuesta a mi pregunta no formulada- aunque él no lo diga, siempre sabemos cuándo está contigo.

Lo dice con una sonrisa engreída, mas por alguna razón sé que dice la verdad y eso me hace sentir inquieta. Por enésima vez en esta semana me hace preguntarme si existe alguna razón para que se sepa que Potter ha estado conmigo y no con cualquier otra persona, si existe algún motivo por el que soy especial.

¿Por qué se supone que puede saberlo?

Porque está enamorado de tu pecoso culo.

Sus palabras de esa noche resuenan en mi mente, la furia y frustración con la que las escupió; su mirada intensa, la emoción bajo sus palabras. Ese día, al verlo así, incluso me llegué a cuestionar si sus palabras podrían ser honestas, pero lo descarte de inmediato. Sin embargo, al oír a Sirius con sus constantes indirectas y dobles sentidos, el preguntarme porque no deja de llevarme a eso.

Y quizá, Sirius, al ser su mejor amigo, podría tener la respuesta para entender tantas preguntas. En realidad, él es la persona más cercana a él, la que mejor lo conoce y que, por supuesto, sabría si James Potter realmente…

- Sirius –el llamado se escapa de mis labios.

Mierda, no.

Es Sirius Black con quien estoy hablando, el arrogante, el burlón y el mejor amigo. No hay ni una remota posibilidad de preguntarle o decirle algo relacionado con Potter sin que el susodicho se entere. Y de paso, agregaría un puñado de detalles de su propia autoría para hacerlo más interesante.

- Pelirroja –dice, esperando.

Si realmente me interesará la respuesta, y claro que no es así, podría preguntarle a alguien más confiable, que no deje abierta la posibilidad de avergonzarme para siempre. Alguien que, de paso, es mi amigo.

- Yo –piensa, Lily, di cualquier cosa- ¿el partido de mañana es importante?

- Es la semifinal, en nuestro último año. El capitán quiere ganar.

Sonríe con orgullo. Debe estar pensando quien será la víctima de sus desvíos de la Bludger.

- Buena suerte mañana –le digo- no soy la más aficionada, pero mañana tienen que ganar.

- Vamos a ganar, esos cerebritos no tienen oportunidad.

- ¿Entonces por qué está nervioso? –pregunto señalando a Potter, quien parece todo menos nervioso.

- Dice que no nos podemos confiar –responde como si eso se le hiciera la idea más estúpida de todas.

Yo ruedo los ojos. Mientras el uno le da más importancia al Quidditch que a los exámenes, el otro cree que nadie que los pueda alcanzar.

Tal para cual.

- Vas a ir, ¿cierto, pelirroja? –dice con tono pícaro- para animarlo.

- Allí estaré -¿no suena eso muy comprometedor?- para animar al equipo, digo.

Su sonrisa astuta me hace querer retirar lo dicho.

- Claro, todo por el equipo –dice- también podrías darle un beso de buena suerte al capitán, eso seguro lo motivará.

- Ni en tus sueños –respondo con frialdad y luego mirando a Potter, agrego- ni en los suyos.

- Podrías considerarlo. –y es él quien se detiene a pensarlo un segundo- aunque tal vez no sería lo mejor… podría darle algo ahí mismo de la sorpresa.

Yo levanto una ceja, escéptica.

- En ese caso podrías dármelo a mí. Soy el segundo al mando, es casi lo mismo –sus ojos brillan con malicia- Yo me encargaría de que lo disfrutaras, todo por el equipo.

- El beso de la muerte, eso que te daría –le espeto.

- Siempre tan cruel.

No respondo y solo miro a Potter. Pálido, relajado, más desordenado que de costumbre. Ahora duerme boca abajo, un brazo le cuelga por el borde de la silla, el cabello negro sobre su frente y sus gafas redondas están en tal posición que temo que se rompan. Su cara está apoyada sobre un cojín, en un ángulo gracioso y con la boca abierta. Trato de memorizar esa imagen.

Lástima que no tenga una cámara fotográfica a la mano. Podría molestarlo para siempre.

- Creo que es muy tarde –Sirius bosteza- me iré a dormir.

Él se levanta y se estira.

- Que descanses pelirroja –me dice- Y gracias.

- Buenas noches.

Él camina en dirección a las escaleras.

- Espera –lo llamo, saltando de la silla- ¿Y Potter? ¿No lo vas a despertar?

Él lo mira a él y luego a mí. Niega con la cabeza.

- No. Es mi venganza por quedarse dormido.

Se da la vuelta y se aleja, mientras yo no encuentro que responder. En esa posición Potter amanecerá dolorido, dormirá mal y, además de todo, es invierno, así que seguramente enfermo. Sobre todo después de haber pasado algún tiempo conmigo, como lo ha hecho estos días.

Te odio, Sirius Black.


¡Hola otra vez!

Primero que todo, Margui gracias por comentar! me alegro mucho leerte de nuevo, así como me alegra mucho que sigas la historia y te guste... y sí es verdad, Jason es adorable, Lily la tiene muy difícil, pero la verdad es que James se ha esforzado mucho por el corazón de la pelirroja. Espero que te gusté el capítulo y leerte pronto. Un besito :*

Sé que han pasado meses desde mi última publicación, realmente lo siento muchísimo. Cada vez que creo que podré publicar pronto algo pasa y me es imposible lograrlo, pero siempre tengo esta historia en mente y quiero que sepan que aunque me demore algunas veces (o casi siempre últimamente) pienso continuarla hasta el final.

Respecto al capítulo, espero que les guste tanto como a mí la amistad de Sirius y Lily y que disfruten el capítulo tanto que puedan decir que valió la pena la espera (y que puedan perdonarme, de nuevo). Además, creo que aceptar a Sirius es para Lily estar un paso más cerca de James...

Si les gustó o no, me odian por demorarme, quieren dejar una opinión, agradezco y difuto de todos los comentarios, a pesar de que no siempre los conteste.

Andrea