Hola a todos en primer lugar agradecerte por acompañarme en esta historia que está llegando a los capítulos finales; espero realmente que pueda estar gustándote. Lamento no poder actualizar tan seguido pero es por temas académicos que no puedo darme mucho tiempo libre pero en fin quiero terminar este fic esperando que sea de tu agrado mi buen o buena lector o lectora.
Agradecimiento en especial para Mac1826 tus reviews realmente me dan muchos ánimos en continuar con la historia y darle un sentido adecuado; muy pero muy agradecido por tus mensajes.
Ahora sí, la lucha definitiva ya está quedando lista; al parecer Sora se salvó pero ¿qué hay del resto de niños elegidos? …. Les dejo el capítulo 25 ojala lo disfruten.
CAPÍTULO 25
Una cortina de fuego cubrió a esa pequeña ave rosa envolviéndola con delicadeza como si fuera un proceso normal sin hacerle daño en todo momento; su adversario de turno era una especie de virus recreado por la inocencia de un inteligente niño hace ya varios años y cuya actual existencia tan solo daba a entender el gran desequilibrio viviéndose entre ambos universos, aquel ser esperaba pacientemente la trasformación definitiva de una valiente Biyomon la cual hubo adquirido su máxima fuerza gracias a la energía proveniente del emblema del amor.
El ave dio un enorme grito a los vientos indicando que el proceso en el cual acumulaba la mayor cantidad de poder había finiquitado, las llamas desaparecieron en forma violenta haciendo uno que otro leve estrago sobre la figura de Diaboromon aun parado pacientemente mirando con cautela el evento. Ella dio un vuelo corto flotando a pocos metros del suelo para luego iniciar la evolución definitiva; salió un resplandor rosa intenso que hizo retroceder al enemigo unos cuantos pasos, ahora una especie de fénix místico con plumaje dorado que terminaban en coloraciones rojizas a nivel de las puntas mientras flameaban ardientes llamas desde sus imponentes alas, dotada de un casco metálico que protegía su cabeza y de filosas garras salientes desde sus dos poderosas patas, se dio la bienvenida a Phoenixmon, la protectora de los volcanes.
-Tu amor me permitió evolucionar a este nivel Sora, hagámoslo juntas- su voz tronó en ecos durante casi cinco segundos, la muchachita nunca antes pudo haber pensado en lograr la forma máxima de su fiel compañera pero su instinto en querer proteger a sus seres queridos y en mostrarse valiente frente a su mejor amigo le hicieron posible entender lo poderosa que podría ser Biyomon si le daba la energía suficiente a su emblema y ahora los resultados podían verse satisfactoriamente; pero si bien y al cabo la manifestación de la forma mega de su compañera era verdaderamente impresionante, no podía confiarse del todo ya que ese enemigo pudo hacerle frente a dos evoluciones del mismo nivel con suma facilidad cuando intentó destruir el mundo humano hace unos cuantos años atrás. Aquel virus rio a carcajadas esperando tener una lucha suprema, salio disparado usando sus delgadas pero largiruchos brazos para sostener por el cuello a esa imponente evolución, usando su mandíbula clavó sus dientes sobre a la altura de la yugular de la fénix y lanzándola con violencia hacia los suelos dejando totalmente pasmada a Sora quien no pudo entender cómo su amiga fue aniquilada en tan breve a manos de esa criatura.
Diaboromon se dispuso a saborear la sangre de la muchachita pero una ráfaga de viento mezclada con fuego le hizo retroceder por segunda vez mostrando quemaduras en casi todo su cuerpo aunque no gravemente, nunca supo desde donde fue herido, cambio su mirada hacia la ave la cual permanecía tirada sobre los suelos aparentemente sin vida hasta que un nuevo ataque similar le impactó sobre el pecho haciendo que su cuerpo entero fuera expulsado cientos de metros. –Muy fácil- aquella estruendosa voz pudo hacer que Sora mirara a los cielos, volando con majestuosidad se encontraba su Phoenixmon alborotando las nubes con su calor, la silueta de aquella ave desapareció del piso mientras aquella forma mega le guiñó un ojo a la muchachita quien entendió que esa silueta era tan solo una simple pero muy inteligente ilusión usada por la digimon para distraer a ese virus.
Cientos de árboles fueron cayendo mientras aquel virus mostraba una sonrisa maquiavélica sin importarle cuánto daño podría estar teniendo gracias a los impactos incandescentes que recibió, con suma velocidad dio una gran salto que le hizo estar a la misma altura que la gran mística ave, desde su vientre un cañón se hizo presente para soltar un poder inimaginable que hizo desaparecer a todas las nubes en un trayecto rectilíneo de casi mil metros. Afortunadamente Phoenixmon pudo reaccionar a tiempo y esquivar el descomunal ataque antes que sus dorados plumajes sufrieran un impacto aterrador gracias a un vuelo raudo; evidentemente por no tener ninguna forma de ayuda para mantenerse en los cielos, el virus comenzó a caer pero en su descenso repitió su ataque muchas veces apuntando siempre a su oponente a todo arsenal haciendo que los cielos ardan dándole luz a la oscuridad de la noche o madrugada supuestamente.
-¿Estás bien Phoenixmon?- la majestuosa fénix se hallaba a pocos metros de Sora, esta vez al nivel del verde piso, mirando con detenimiento al terrible oponente que tenía en frente sabiendo que un mínimo error le costaría muy caro. Aquellas grandes alas se bañaron en fuego en esta oportunidad mientras las desplegó con elegancia para dirigirse a una velocidad imperceptible hacia su rival quien nunca pudo notar cuando fue que su cuerpo fue puesto sobre los aires y cubierto en flamas en lo alto produciéndole un dolor inimaginable no antes experimentado mientras las filosas garras de su contrincante le sujetaban mientras le hacía dar cientos de giros concomitantes al baño de fuego; a pesar del terrible dolor realmente disfrutaba esta pelea, tuvo la ingeniosa idea en estirar sus brazos para herir en pleno vuelo la silueta del ave quien tuvo que soltarle para evitar que esas filosas garras le provocaran mayor daño ya que pudo sentir el calor de sus propias flamas ardiendo sobre las heridas sangrantes. La enorme esfera de fuego dibujada en el aire desapareció dejando a sus dos envueltos vistos por la muchachita de ojos café claros quien pudo ver la sangre viva cayendo desde el cuerpo de su digimon.
-Ametralladora viral- desde sus fauces emergió una especie de arma al igual que desde sus dedos y vientre, una máquina viva. Hizo alarde al nombre de su ataque pues una lluvia de descargas salieron desde todas las armas recientemente descubiertas a una velocidad más que sorprendente; Phoenixmon trató de esquivarlas usando su impresionante rapidez pero eran demasiadas como para poder no ser impactadas, recurrió a sus alas para cubrirse usándolas como escudo soportando los impactos que duraron cerca de dos minutos de un mar de disparos. La enrome polvareda que se produjo hizo imposible ver a esa digimon y la oscuridad de la noche no ayudaba para nada, pero de entre esa nube de humo surgieron dos discos dorados con dirección hacia la bestia digital, este pudo esquivar fácilmente uno pero el segundo le cercenó el brazo izquierdo con mucha facilidad dejándole boquiabierto. -lanzallamas sagrado- de entre esa capa de humo aun visible salió, literalmente, un mar de fuego justo hacia Diaboromon, la velocidad a la cual llegaba no era precisamente muy deprisa y sería sencillo para ese ser poder esquivar ese poder aun no teniendo su extremidad pero por alguna razón le era imposible moverse, su inquietud ascendió al notar unas cadenas rojas sujetándole a los suelos y los cuales salían desde los discos que fueron lanzados hace poco por la digimon voladora, el virus pudo entender que esos primeros ataques no fueron más que anclas filosas para aprisionarle impidiendo su huida para el segundo golpe definitivo; el fuego avanzó a paso decidido reduciendo a cenizas a los infortunados árboles que estaban a su paso; Diaboromon utilizó el cañón de su cuerpo para intentar contener el mar de fuego avecinándose lentamente hacia él, fue prácticamente inútil; tanto Sora como Phoenixmon fueron testigos del grito aterrador producto de estar siendo quemado en vida del virus quien fue expelido junto a las llamas varios cientos de metros.
-Lo lograste, eres estupenda- Sora alzó los brazos llena de euforia al ver como su gran amiga derrotó a esa feroz criatura llena de maldad, Phoenixmon descendió con cierto agotamiento tras haber usado gran parte de su poder en esos dos ataques seguidos para conseguir su victoria; en ningún momento la muchachita pensó en destruir su emblema para auto destruirse junto al enemigo poniendo toda su confianza sobre la compañera digital que el destino le hubo dado en su primera aventura como niña elegida a una corta edad de 9 años. -Eres asombrosa…estas herida- cambio inmediatamente su semblante de felicidad a una preocupación tras ver las grandes heridas sobre el dorado plumaje, mucha sangre adornaba de rojizo las brillantes plumas y su casco metálico se hallaba en muy malas condiciones y ese fuego que siempre acompañaba al vuelo de sus alas prácticamente estaba ausente pues había sido demasiado para ella contando en haber sido su primera lucha bajo la trasformación mega. Phoenixmon pensó que debería mantener su forma actual para permitirse sanar más rápidamente antes de tomar un merecido descanso y reunirse con los demás o al menos con los que restaban del grupo; la sangre que goteaba desde sus heridas cesó en casi quince minutos de espera que tuvieron, posteriormente la digimon le explicó a su compañera humana que el fuego que cubría su plumaje más que una especie de defensa era como un medicamento para sus cortes pues dichas flamas aunque dolorosas sanaron parcialmente la hemorragia. –Sube, tengo fuerzas suficientes como para volar-
-¿estás segura?, sería mejor que descansaras un poco más-
-Una guerra nos espera, debemos ayudarles- con algo de tristeza y ante la insistencia de su compañera digital en el montaje para apresurarse, Sora accedió a la decisión tomada por la valiente fénix pero un giro inesperado de esa ave le hizo caer abruptamente. -¡Qué inocente!- su garra derecha se estiró más de cien metros hasta incrustarse en su objetivo fuertemente, su presa con dolor apenas pudo percatarse del ataque, ahora con suma violencia Diaboromon comenzó a azotar el cuerpo de la fénix contra el suelo valiéndose de su sangriento sostenimiento una y otra vez hasta dejarla casi inconsciente; luego la aventó hacia una roca produciendo la destrucción de esta con el cuerpo de la digimon mientras se reía a carcajadas. La "humanidad" del virus estaba completamente chamuscada con daños inimaginables en todo su ser, acto seguido logró soltar un poder (mucho menor a los que solía hacer debido a su estado actual) justo donde su presa produciendo su regreso a su forma basal.
-Huye Sora- fue lo único que pudo oír decir a su ahora inconsciente compañera, había sido demasiado ilusa en creer que le ganarían a un monstro como ese y que para quien se necesitó la fusión más poderosa jamás conocida antes; el ser mitad virus mitad digimon comenzó a acercarse lentamente arrastrando su pierna derecha la cual estaba prácticamente inutilizable tras haber soportado un calor a temperaturas extremas. –Me dará gusto exterminarte niña-.
Hubiera sido más difícil si él estuviera ahí, tal vez pensar que no la viera haciendo lo que se proponía hacer era un buen regalo como despedida o al menos eso pensó; Sora sujetó la cadenilla de su emblema con su mano derecha mirándolo detenidamente sin importarle por el momento los pasos de Diaboromon hacia ella. Mentalmente se despidió de su madre esperando que ella algún día pudiera entender la razón por la cual hubo decidió acabar con su vida por amor a un futuro no nefasto, tomó una gran bocanada de aire inflando su pecho y exhalando para darse ánimos, la súplica de su Biyomon para intentar detenerla no iban a ser fructíferos pues la totalmente herida digimon no podía hacer nada para evitarlo. –Maldita sea, me hubiera gustado salir contigo Tai- usó sus dos manos para forcejear la rotura del emblema el cual comenzó a brillar con intensidad rosa al sentir la presión sobre sí mismo como si tuviera vida propia mientras la muchachita lloraba desconsoladamente.
-Desaparece criatura asquerosa- una luz blanca con destellos naranjas eliminó en un acto al cruel Diaboromon, impidiendo que aquella muchachita rompiera su emblema para desatar una explosión de dimensiones inimaginables; Sora con los ojos aun llorosos pudo ver a un sujeto acercársele quien mostraba una sonrisa amigable, el parecido era notorio pero a diferencia de Tai, este sujeto no tenía una cabellera alborotada y era de una tez más clara pero por lo demás era bastante parecido, incluso en la forma de caminar.
-¿Quién eres tú?-
-Soy a quien erróneamente llaman Kurisuchan-
-¿Eres el verdadero portador del valor?, imposible, Tai y tú debieron haberse encontrado en el hospital y….-
-Mi existencia en este mundo es pasajera niña, vine a detenerte es todo. Si tú caías, tu querido Tai se habría corrompido por el odio-
-No entiendo nada, dime quién o qué rayos eres-
-Soy el guía del valor. Mi destino es ayudar a que el portador legítimo impida la victoria de Sulgrimon, soy al igual que ese joven de cabellos raros, un descendiente del responsable de todo esto- La figura de Kurisucha le explicó a la joven Sora sobre la verdadera identidad del enemigo real, la criatura llamada Sulgrimon, y de cómo este era antes un niño elegido al igual que ella pero que por codicia cometió la infamia de sacrificar a su propio compañero digital para beber su sangre y volverse inmortal, evidentemente hubo grandes guerras por ello y grandes pérdidas también pero al fin de muchos encuentros el mal fue vencido aunque no derrotado pues aquel ser híbrido logró escapar al mundo humano y camuflarse con los de su "especie" llegando incluso a tener cinco descendientes quienes a su vez tuvieron hijos e hijas. Kurisuchan (o al menos la forma espiritual de este) le explicó que el digimundo creo una defensa cuando lograron encerrar definitivamente a Sulgrimon, cortesía del supremo guardián de hace mil años. Fue el mismo mundo digital quien creó la pseudo profecía de un niño elegido erróneo, de un falso portador del valor, no había error alguno pues para todo quien no fuese niño elegido le sería imposible adentrarse al mundo digital; lo hicieron para evitar que esa abominación atacara al portador del valor, descendiente de su propia sangre, y absorber los poderes definitivos de ese emblema.
-Entonces…..¿todo esto es una farsa?. Fuimos a buscarte al mundo humano por nada. Mis amigos murieron por esa causa maldito infe….- los reclamos de la muchacha no se hicieron esperar, quiso golpear presa de rabia a ese ser pero fue detenida rapidamente.
-Nada fue en vano. Llegaron al mundo humano para que yo pudiera devolverle el poder al emblema de Tai; sin eso estamos perdidos-
-¿Qué quieres decir con eso?-
-Cuando Sulgrimon, anteriormente llamado bajo su nombre humano Isumo, renació; el emblema que portaba Tai se auto encerró para protegerlo de su antiguo portador….antes de continuar con su explicación, Kurisuchan tuvo que explicarle a la joven Sora acerca de Isumo y de cómo este fue quien portó al valor hace muchísimos años atrás….esas manchas negras sobre su cuerpo tan solo significaban que en cualquier momento su emblema habría estallado produciendo una destrucción definitiva de ambos mundos. Si Tai moría antes de haberme visto, todos, pero en absolutamente todos hubieran perecido.-
-Ahora mismos Tai debe de estar luchando junto a los demás contra ese enemigo-
-Le di las dos únicas opciones, necesitaba devolverle el valor a su corazón- Kurisuchan también le aclaró a Sora sobre los dos caminos que le planteó al joven Tai en su visita al mundo humano en el hospital de cómo vencer a este rival y las cuales eran o bien tomar la sangre de su querido Agumon para volverse tan poderoso y exterminar al mal definitivamente o destruirse junto con su emblema a pocos metros de Sulgrimon para ponerle fin a todo esto de una buena vez por todas. –Pude leer sus pensamientos antes que se vaya…..piensa tomar la primera-
-Idiota….Tai nunca haría algo como eso, ahora entiendo porque me dejo luchar sola con tan poca insistencia; él no quería que yo lo viera morir- se puso a derramar lágrimas de impotencia sabiendo lo que su gran amigo pensaba; ese castaño hubo engañado perfectamente a la figura de Kurisuchan y tan solo alguien quien conociese a la perfección a ese muchacho se hubiera dado cuenta como ahora Sora lo hacía. Tai debió haber pensado tomar la primera opción mentalmente sabiendo que posiblemente su mente sería leída por su remisor; pero muy por dentro la decisión de destruir su emblema para ponerle fin al enemigo junto a sí mismo era lo que siempre escogería. –Dime una cosa, ¿Qué pasaría si Sulgrimon es derrotado sin llegar a ninguna de las dos opciones?-
-Eso sería imposible; solo puede matarlo el mismo odio o la misma explosión de su emblema; así intentes sacrificarte tú; él no morirá- le pudo leer los pensamientos ya que ella pensó en acudir cuanto antes y romper su emblema junto a la bestia para impedir que fuese Tai quien cargara con esa responsabilidad mal auto decidida por él mismo.
-Escúchame niña, tan solo tengo unos cuantos minutos antes de irme para siempre; no cometan alguna insensatez por favor-
-Escúchame tú quien sea que fueras; siempre habrá otras salidas, no importa cómo, pero las encontraremos-
Kurisuchan o al menos quien portaba su cuerpo o algo muy parecido a su cuerpo le reveló ser un heredero de sangre de Isumo pero cuyo destino era proteger al verdadero portador del emblema valor hasta que el momento llegase, luego podría descansar en paz, asimismo le dijo que tomó prestado el cuerpo del verdadero humano llamado Kurisuchan a quien escogió para atraer a Tai al mundo humano ya que este no podía cruzar la barrera digital debido a no poseer un emblema, aquel jovencito pronto retomaría su vida cotidiana como si nada de esto hubiera pasado y sin enterarse en lo más mínimo de lo que sucedía en un universo paralelo; luego comenzó a brillar en un tono blanco resplandeciente para comenzar a elevarse, se despidió de la jovencita a quien acababa de conocer esperando un futuro mejor.
-Espera, si no tienes un emblema ¿cómo pudiste venir a ayudarme?-
-Aquel viejo amigo tuyo me permitió entrar- señaló con su dedo a un punto en específico antes de desaparecer entre las nubes. Sora volteó rápidamente hacia donde apuntaba ese ser para darse cuenta de la silueta dibujada…-¿Leomon?-
-Primero debemos sanar las heridas de tu compañera, luego habrá que ir a por los demás-
…
-Abuela pero sigo sin entender ¿cómo pudiste ver todo eso si tú estuviste en otro lugar?-
-¿Crees que te engaño jovencito?-
-No por supuesto que no abuela, solo que se me hace algo confuso-
-Lo entenderás muy bien cuando te cuente el final, que dicho sea de paso ya estamos muy cerca-
-¿En serio? Y cómo luchaste, lograron cambiar las cosas ¿verdad?, sino ninguno estaríamos acá-
-Tan igual a mi hermano, pero ya es hora que vuelvas a casa-
-¿No puedo quedarme a dormir?-
-Tu madre quiere que vayas al dentista, vete ya, prometo que te seguiré contando la historia-
-Y cuando termine esta ¿me contarás otra?-
-Creo hijo mío que no habrá necesidad de hacerlo- la vieja Kari despidió a su nieto engreído no sin antes darle, como de costumbre, una bolsa llena de empanadas caseras. A la veterana ya no le fastidiaba que Koichi subiera al ático para contarle la historia que vivió ella hace muchísimos años y es más tenía la ligera impresión de un nuevo mañana pues aquel digivice el cual guardaba cuidadosamente en un ropero antiguo, se mostraba algo reactivo cada vez que ese jovencito llegaba a visitarla.
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-Dime qué mierda paso Wong-
-Es tarde, por poco y muero-
-Esto no puede estar pasando, qué haremos ahora-
-No tenemos otra salida amigo mío, debemos revelar nuestras identidades, asegurar la ciudad y pelear-
-Será en vano, necesitamos que se active o de lo contrario….-
-Ya es tarde, viste que está por renacer y en el mundo humano, no hay salida-
-Le fallamos dos veces en dos tiempos diferentes- El profesor Wong y el profesor Ukitake, dos emblemas de la secundaria de Odaiba yacían parados sobre unas montañas abruptas de difícil acceso para cualquier humano, sus cuerpos estaban completamente dañados como si hubieran estado en una pelea sangrienta; ahora ambos miraban el horizonte completamente aterrados sabiendo de un secreto oculto por casi 57 años.
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