Compañía

Akari esperaba ansiosa su señal para salir al escenario. Parada en la plataforma móvil que sensei fabricó para la ocasión, repasaba sus líneas una y otra vez en voz baja con el temor de equivocarse. No podía desperdiciar esta oportunidad de brillar, de ganar algo de presencia ante todas las estudiantes de Nanamori, pero principalmente, recuperar ante sus amigas la presencia que le fue arrebatada apenas ingresó a la escuela. Respiró hondo y dejó salir todo su estrés en un suspiro; todas contaban con ella para la obra, después de la repentina enfermedad de Mitama-san, Chitose la eligió para reemplazarla y de inmediato comenzó a ensayar. La voz de Ayano narraba los pasajes representados en la obra, acercándose cada vez más a la aparición de la pelirroja. La obra, escrita por Kyoko, sorprendentemente distaba mucho de los disparates que solía escribir; no había nada de viajes en el tiempo ni armas, tampoco batallas mágicas o ataques de robots; en esta ocasión todo de limitaba a una familia que en épocas navideñas afrontaba una crisis entre sus miembros que se habían alejado entre sí, muy diferente a la primera opción que presentó la rubia. Curiosamente, el papel de Akari consistía en hacer lo mismo que hizo para obtener el papel: detener una discusión.

Los gritos entre madre e hija comenzaron, tan fuertes como las discusiones entre Sakurako y Himawari, lo que indicaba la cercanía de su momento. Akari respiró hondo y dejo salir el aire en un suspiro que se llevó sus nervios e inseguridades. Estaba segura que lo haría bien, ensayó con determinación para ese momento y no defraudar a las tres amigas que confiaron en ella ni al resto de la escuela, incluso quería honrar a Mitama-san con su actuación. Tocó las alas que tenía puestas, nunca les había puesto atención hasta ese momento. Las plumas eran en extremo suaves y perfectamente fijadas a la tela que cubría el armazón de alambre; sin embargo, la hechura tan fina daba la impresión de que se trataban de unas alas auténticas y no una parte del vestuario necesario para la pelirroja. La voz de Ayano sonó de nuevo, pero Akari la ignoró por seguir fascinada con las alas y después con el vestido. Resultaba curioso que aun después de tantas medidas, ajustes y pruebas, ella no se hubiese tomado un momento para apreciar el vestuario que usaría en la obra, pero claro, pasaba todo el tiempo con los ojos clavados en el guion a fin de aprenderse sus diálogos en cuestión de unos cuantos días. La plataforma comenzó a descender y el movimiento sacó a Akari de su trance. Estaba lista para actuar.

—Saya estaba muy triste por discutir con su madre —narró Ayano desde las bambalinas—. Pero lo qué más le dolía era no poder reconocer que estaba equivocada, estaba cegada por sus caprichos. En ese momento, cuando estaba llorando, un milagro ocurrió.

Esa era la señal, era el momento de brillar. La plataforma llegó al suelo, revelando a Akari vestida como un ángel, completamente de blanco y unas alas extendidas. La fusión de la iluminación, el maquillaje y su siempre radiante sonrisa, dotaron a Akari de un resplandor especial, preciso y hasta cegador para la representación de su personaje. Muchas la miraron asombradas y una pregunta que recorrió a toda la escuela fue saber quién era aquel ángel bajado del cielo; la gran mayoría de las estudiantes no recordaban haberla visto antes en las instalaciones de Nanamori, incluso algunas maestras dudaron de quien era la chica con bollos en la cabeza. Toda la escuela miraba expectante la escena: una chica con pinta de criminal sollozaba en su cama mientras un ángel estaba a su lado. El único problema fue que Akari se quedó paralizada, pues al darse cuenta de la cantidad de personas que había reunidas, entró en pánico ¡y olvido sus líneas! Las mismas palabras que acababa de recitar para sí misma hacia unos minutos, ahora le parecían distantes e irreconocibles. Pero no era la primera vez que actuaba en una obra, ya lo había hecho con sus amigas en una representación que hicieron de Blancanieves y los siete enanos, no se había olvidado de nada. Entonces, ¿qué era diferente? Rápidamente se dio cuenta de la diferencia. En aquella ocasión, la obra la hizo en compañía de sus amigas, se sentía segura y protegida por ellas; en esta, ella estaba sola.

En su cabeza, pasaron horas de sufrimiento por estar frente a tantos ojos, cuando en verdad solo pasaron unos segundos. A pesar de su deformada noción del tiempo, Akari sabía que debía reaccionar rápido. Entonces notó a lo lejos la mirada sonriente y confiada de Kyoko, que levantó un pulgar en señal de aprobación. No podía defraudarla, no podía fallarle a su preciada amiga. Pestañeó un par de veces y las palabras llegaron a su cabeza de pronto. No estaba sola en ese momento, sus amigas siempre estaban a su lado.

—No llores, Saya —dijo Akari con una dulce voz—. Aun puedes enmendar tu error.


Los clubes de música y canto habían tomado el escenario después de la obra de teatro. Al final de esta, cuando todas sus actrices salieron a despedir al público, la que más aplausos recibió fue Akari gracias a su memorable actuación. Incluso Kyoko aceptó (aunque solo fue escuchada por Yui) que la pequeña Akaza era mejor actriz que ella. Los canticos navideños creaban una atmosfera apacible para todas las asistentes al festival, mismo que se desarrollaba en total calma y orden, lejos de los desastres que tanto alumnas como maestras temían que pudieran ocurrir por culpa de Nishigaki-sensei. Por su parte, ella iba de un lado a otro del recinto, siempre acompañada por Matsumoto, a fin de verificar que toda la fiesta transcurriera sin el menor inconveniente. En verdad se estaba esforzando por realizar su encomienda con total éxito y no estaba dispuesta a correr riesgos; tenía que demostrarle a todo mundo que ella podía ser responsable y no una bomba de tiempo como se creía.

El club de entretenimiento y el consejo estudiantil esperaban pacientes frente a la barra de bocadillos a Akari, que seguía detrás del escenario quitándose su atuendo y recibiendo la ovación de parte de sus compañeras de reparto. Kyoko y Sakurako, como era de esperarse, arrasaban con toda la comida que había en sus platos y tomaban más cada vez que los dejaban vacíos. Yui no podía dejar de mirarlas con cierto desagrado al verlas comer a ese ritmo tan desesperado y Ayano no sabía que sentirse ofendida o sorprendida. Al otro extremo del gimnasio, debajo de las ventanas, colgaba majestuosa la calceta gigante que Kyoko había tejido para matar su aburrimiento los días anteriores. Himawari y Chitose la contemplaban con fascinación.

—¿En verdad Toshino-senpai tejió eso? —preguntó Himawari. Muchas estudiantes se paraban debajo de la calceta y se tomaban una fotografía junto a la prenda gigante.

—Toshino-san es increíble, ¿verdad? —sonrió Chitose, quien desde un principio vio la calceta con gracia.

—Aunque es un poco raro —respondió Chinatsu después de beber su ponche de frutas—, debo admitir que Kyoko-senpai hace cosas maravillosas. Y sí, ella la tejió toda. Fue muy extraño llegar a la sala y encontrarla a un lado de esa calceta.

Sensei también la encontró asombrosa y decidió colgarla —dijo Chitose—. Aunque quiso mantenerse alejada de los preparativos, terminó por ayudarnos más de lo que pensó.

—Por cierto senpai —intervino Himawari—. ¿Cómo está su hermana?

—Chizuru está bien, no fue nada grave —respondió agradecida—. Aunque aún no quiere decirme que era la pesadilla que le provocaba tantas quejas mientras estuvo desmayada.

—Tal vez la pesadilla era con Kyoko-senpai —dijo Chinatsu con la intensión de ser escuchada.

—Yo no shoy una peshadilla —se quejó Kyoko con la boca llena.

—¡Toshino Kyoko, no hables con la boca llena!

Akari miraba de cerca a sus amigas con una sonrisa. No importaban los gritos o las discusiones que podían llegar a tener; siempre estaban juntas y eso era lo más valioso. Se acercó con un paso lento, portando el prendedor que Kyoko le había regalado. Afilando la vista, logró distinguir en ella y las otras dos integrantes del club, el mismo prendedor. Tocó ligeramente el suyo y sonrió feliz.

—Akari —le llamó Yui—. ¿No piensas venir?

—Voy. Acabo de bajar del escenario y aun me siento algo abrumada —dijo acercándose a la barra de bocadillos. Chinatsu la recibió con un vaso de ponche.

—Akaza-san —le dirigió Ayano en cuanto la vio—, muchas gracias por ayudarnos con la obra a pesar de contar con tan poco tiempo para prepararse.

—No fue nada. Siempre estoy dispuesta a ayudar con lo que se necesite —sonrió de manera completamente feliz.

—Muy buen trabajo, Akasa-san —le felicitó Chitose—. Sabía que eras la indicada para ese papel.

—Gracias, senpai. Aunque cuando me paré frente a todas quede en blanco por un momento pero —miró a Kyoko que le escuchaba, como pocas veces, con atención—. Cuando las vi entre el público, encontré el ánimo de seguir. Especialmente cuando vi a Kyoko-chan animarme con tanto entusiasmo.

—¿Animarte? —dijo la rubia un tanto confundida. En ese momento recordó el gesto que hizo cuando Akari apareció en el escenario—. ¡Oh claro! Sí, sí, siempre haré lo necesario para animar a mis amigas en todas las situaciones difíciles por la que pasen —mintió. Lo que en verdad ocurrió en ese momento fue que Kyoko solo quería arruinar la selfie que una estudiante sentada frente a ella se tomó en ese momento; pero al ver lo feliz que estaba Akari, lo que significó para ella ese gesto y porque era Navidad, decidió nunca revelarle la verdad—. Buen trabajo, Akari.

Akari recibió con una sonrisa las palabras de Kyoko, después de todo, no todos los días se reciben felicitaciones de su parte. Tomó un plato en sus manos y se acercó a tomar algo de comer cuando la ropa de Sakurako le llamó la atención. Se acercó unos pasos a ella y logró reconocer las letras en la prenda. Se trataba del regalo que compró junto a Himawari hacia unos días.

—Sakurako… esa playera…

—¿Te gusta? ¡¿Verdad que es genial?! —presumió con una amplia sonrisa. Abrió su chaqueta por completo y reveló el mensaje tan particular de su ropa: "I am AHO"—. Esta mañana me la regaló el monstruo pechugón, hasta que se porta amable conmigo.

—¿Hasta que soy amable contigo? —gruñó Himawari desde el otro lado de la mesa. Su puño comenzó a temblar con ira—. ¡Siempre soy amable contigo!

—Porque soy adorable, lo sé —respondió Sakurako.

La discusión del día parecía estar a punto de iniciar, cuando la voz de Nana se escuchó en el micrófono. Toda las estudiantes voltearon al escenario desde donde la maestra les agradecía por su asistencia y les pedía disfrutar del resto del festival. Como siempre, Matsumoto estaba a su lado y cargaba en sus pequeñas manos lo que aprecia ser una caja negra. Por un momento, los corazones de todas las presentes se detuvieron y aunque sabían que lo más prudente sería correr hacia la salida, no podían moverse.

—Y sin más —dijo sensei con gran entusiasmo. Si había alguien emocionada en toda la escuela por el festival, sin duda era ella—, solo quiero desearles unas felices fiestas.

Tomó la caja de manos de Matsumoto y la abrió. En realidad se trataba de un control remoto. Oprimió el único botón visible y en el acto los renos mecánicos que pasó fabricando durante semanas aparecieron volando por todo el gimnasio. Ya no eran los robots toscos que vieron Ayano y Chitose, sino que estaban perfectamente cubiertos de pelo falso que les daba la impresión de ser auténticos. Divididos en dos hileras, surcaron el aire y tras reunirse en el centro del recinto, comenzaron a volar en círculo mientras liberaban copos de nieve falsa, mismos que cubrieron gran parte del lugar. Akari y compañía miraron admiradas el espectáculo tecnológico de su maestra, agradeciendo que nada explotara en ese momento. En el pecho de Akari surgió un cálido sentimiento que la embargó por completo. Estaba feliz por compartir esta fecha tan especial en compañía de sus preciadas amigas y, cerrando sus ojos, deseó que momento así se repitieran en el futuro y durante muchas más ocasiones.


Y llegamos al final. Me tarde en acabar con esto por... bueno, hubo varios motivos: queria hacer un capitulo más largo que los anteriores, el trabajo que se tornó muy exigente en esos días (suelo escribir en el trabajo), las mismas fiestas y, solo para decirlo, una infección en una muela que como me estuvo jodiendo por dos días. ¿Les ha dolido un diente? Es un dolor que no le deseo a nadie. Pero bueno, con este capítulo llegamos al final del reto Fic X-mas y a los fanfics de este año. Gracias por leer, por acompañarme y acompañar a nuestras protagonistas en estos días. Espero que tuvieran unas felices fiestas navideñas y que tambien pasen de una linda velada en este añonuevo que se aproxima.

Nos vemos en el 2018 con nuevas historias y entre estas se viene Super Tomato Commando Kyoko 2.

Nos leemos luego!