cicas aqui esta el capitulo, mil disculpas por la demora, Lupita tuvo un problema y perdio su usb con todos los archivos beteados, por eso el atraso y yo tambien tuve unos problemitas... mil disculpas
Capítulo 22: Tiempo en familia.
''Capítulo Beteado por Beta FFTH Lupita''
Pov Edward.
Desperté temprano en la mañana, estaba infinitamente feliz. Las cosas con Bella iban a estar bien. Estaba decidido a nunca más alejarme de ella, a empezar de nuevo nuestro "felices por siempre".
Mientras acariciaba su rostro y tocaba suavemente su vientre, pensaba que realmente habíamos pasado muy poco tiempo juntos, como familia. Que si bien nuestro amor era fuerte y profundo, en realidad tuvimos muy pocas oportunidades de demostrárnoslo mutuamente.
Ahora que lo pensaba, lo mejor sería tomarnos unas vacaciones, pasar tiempo los cuatro juntos, acostumbrarnos los unos a los otros a convivir mas que nunca.
Deseaba más que nada en este mundo que mis niños estuvieran felices de tenernos a los dos. Decidí impresionar a Bella llevándole el desayuno a la cama, mientras preparaba los hot cakes con salsa de fresas. También hice un par de llamadas, y solo era cuestión de tiempo para darle a mi diosa una sorpresa única.
Tomé una bandeja y en ella coloqué dos tazas de café con leche, jugo de naranja, los hot cakes, y me dirigí a nuestra habitación, donde mi Bella dormía muy relajada. Me daba tanta pena de despertarla, pero era necesario para que llegáramos a tiempo.
― Buenos días, mi amor ― dije suavemente, mientras besaba su frente y bajaba formando una línea de besos hasta llegar a sus labios.
― Buen día, cielo ― respondió, aunque no abría sus ojos.
― Vamos nena, abre tus ojos que el desayuno está listo ― agregué, para que me mirara.
― No… sé que cuando abra los ojos tú te irás… y no quiero despertar de mi sueño, quiero seguir soñando que hicimos el amor toda la noche y que ahora realmente estas trayéndome el desayuno a mi cama... ― se dio vuelta, apartando su rostro de los rayos de sol que entraban por la ventana. ― ¿Sabes? Esto es muy real. Siento el olor al café con leche, y juraría que realmente hicimos algo anoche ― agregó, aún sin mirarme.
En ese momento, me di cuenta de cuánto había sufrido Bella mi ausencia. De cuanto había sufrido todo este tiempo que estuvimos separados, y como había afectado.
Ahora había llegado el tiempo de demostrarle cuanto la amaba y que nunca más me separaría de ella.
Dejé la bandeja en el piso y la tomé en mis brazos, me acerqué a su oído y le susurré, en voz baja.
― Despierta amor. No me iré a ningún lado… no estás soñando, estoy aquí, y prometo que no te dejaré nunca más, mi vida ― y la besé apasionadamente, como si fuera la última vez que lo haría.
― Estas aquí ― dijo sorprendida, abriendo los ojos como platos, y tomándome el rostro como si no fuese real.
― Si nena, estoy aquí. Ahora, vamos a desayunar… que después de lo de anoche debes tener hambre y tienes que alimentar a nuestro bebé ― respondí.
― ¿Qué hay para desayunar? ― preguntó, mientras se sentaba en la cama y se colocaba mi camisa.
― Hice mi especialidad ― comenté, mientras ponía la bandeja sobre la cama.
― Mmmhhhh... Se ve delicioso. Y la verdad, es que tengo mucho hambre ― susurró, sonriendo.
― Bueno… empecemos. Luego, debes cambiarte y hacer una maleta pequeña para ti y para Mía. Nos iremos de viaje ― dije con una enorme sonrisa que no podía contener.
― ¿De viaje? ¿A dónde nos llevaras? ¿Viene Thommy con nosotros?
― Si amor, viene con nosotros, y es una sorpresa nuestro destino, por lo que no te puedo decir nada. Pero apresúrate, o se nos hará tarde.
…
Al terminar el desayuno, no dejamos de llenarnos de mimos y cuando menos lo esperamos, Mía entró corriendo a la habitación. ― ¡Mami! ― dijo, abalanzándose sobre la cama.
― Tranquila, pequeña ― le recordé. ― Ten cuidado, que mami no debe golpearse en la pancita.
― ¿Por qué? ― preguntó inocentemente.
Bella me dirigió una mirada que solo hizo confirmar mis sospechas: la princesa no sabía aún del embarazo.
― Bien… creo que mami y yo debemos contarte algo, pero primero te cambias y luego desayunas, porque nos iremos de viaje.
― ¡Si! ― Exclamó la pequeña, mientras daba pequeños saltitos en el piso.
…
Pov Bella.
Tanto había esperado por este momento, que realmente me estaba costando aceptar que no era un sueño; que era realidad, que habíamos vuelto a estar juntos, Edward y yo... y la verdad, me sentía muy feliz.
Armé unas valijas con algunas mudas de ropa para la pequeña y para mi y cuando, salí de la habitación Edward ya había terminado de darle el desayuno a la princesa, y por poco me mata cuando vio que cargaba con las dos maletas.
― ¡Cariño! ¿Qué haces cargando eso?
― Sólo trato de bajarlas, cielo ― dije, levantando mis hombros.
― No quiero que hagas algún esfuerzo. Recuerda preciosa que debes cuidarte ― dijo, al tiempo que tomaba las maletas y me daba un casto beso en los labios.
…
Nos dirigimos a la casa de los padres de Edward, ya que pasaríamos a buscar a Thommy y luego seguiríamos de viaje.
Cuando llegamos, estaban todos esperándonos. Se les notaba muy felices, y lo confirmé cuando Esme me dio un cálido abrazo y me dijo en voz baja:
― Yo sabía que iban a arreglar sus diferencias, Bella.
― Es lo que más he querido, Esme… y por fin sucedió ― contesté.
Mientras entrábamos a la casa, pude ver a un pequeñito que se acercaba dando pequeños y torpes pasitos, me agaché y lo abracé muy fuerte, mientras llenaba su carita de pequeños y ruidosos besos que me devolvía.
― Hola, Thommy, ¿Còmo éstas, pequeño? ―èl solo me sonreía y me hacía cariños en el rostro.
― Hola, Thommy ― dijo Edward. ― Ven con papi, así vamos de paseo ¿quieres?
Nos levantamos los tres y mientras Edward cargaba las cosas del pequeño en el maletero del auto, los niños y yo aprovechamos para despedirnos de los Cullen.
Edward se encargó de acomodar a los pequeños en sus butaquitas de seguridad, y luego de darme un beso, comenzamos el viaje.
Finalmente llegamos al Mount Rainier National Park. Luego de manejar otro largo rato, Edward detuvo el auto frente al Alexander´s Country Inn, un hotel de ensueño. Y después de registrarnos, nos dieron la llave de una cabaña que se encontraba unos metros más alejada del casco central del alojamiento.
Uno de los empleados le ayudó a bajar todas nuestras pertenencias, mientras yo bajaba a los niños.
La cabaña era hermosa: tenía todo lo que podía imaginar y más. Había un pequeño living con una gran chimenea, una cocina con una mesa y cuatro sillas. También, en un costado estaba una sillita de comer para bebés, y estaba segura que Ed la había mandado poner especialmente para Thommy.
Había dos habitaciones más. Una decorada en color verde, con una cuna y una cama para mi pequeña: tenía un televisor donde los niños podrían ver las caricaturas y luego volteé para ir a la otra habitación, esta era mucho más grande y estaba decorada en tonos dorados, tenía una imponente cama y un gran ventanal que permitía la vista del Monte Rainer. También contaba con un baño en suite, con un hermoso jacuzzi.
― ¿Te gusta, cielo? ― preguntó Edward en mi oído.
― Es maravilloso, amor ― contesté, mientras lo abrazaba.
― Te amo nena… y quiero que seamos muy felices, juntos.
― Yo también quiero que seamos felices y que podamos disfrutar nuestra vida juntos.
Nos estábamos besando cuando Mía me llamó.
― ¡Mamá! Tengo sueño…
Fui hacia el comedor donde estaba con Thommy, y me arrodillé frente a ella
― Princesa… has dormido todo el viaje. ¿Te sientes bien?
― Tengo sueño, mami ― dijo, mientras bostezaba.
― Bueno, cielo. Iras a descansar un rato, hasta que sea la hora de almorzar. Cualquier cosa me avisas, ¿si?
Edward se acercó a nuestro lado, rapidamente.
― ¿Qué sucede, Mía?
― Estoy cansada, quiero dormir.
― Ven pequeña, yo te llevo. Y quiero que me muestres algo ― respondió, mientras la llevaba a la habitación.
Yo decidí jugar con Thommy un momento. Ahí estábamos los dos frente a una hermosa chimenea, jugando con unos carritos. Unos minutos más tarde, regresó Ed con nosotros: venía con el ceño fruncido, lo cual denotaba que estaba preocupado, se sentó a nuestro lado y se puso a jugar con nosotros.
― ¿Qué pasa, amor? ― le pregunté, un poco alarmada.
― Nada cielo, sólo… me preocupa Mía ― automáticamente me tensé, creo que notó mi reacción en el acto, porque trató de calmarme.
― Nena, no te preocupes. Creo que está un poco anémica. Cuando regresemos a Forks, le haremos un chequeo completo y de ser necesario le recetaré vitaminas. Ahora tranquilízate y disfrutemos estos días juntos.
― Esta bien cielo. Me quedo tranquila porque me lo dice el doctor Cullen ― dije, mientras le sonreía coquetamente, y en el fondo lo sentía así, tenía a mi lado a un excelente pediatra que sabía que no dejaría que nada le pasara a mi princesita.
Después de un largo rato de jugar con el principito, Edward llamó al servicio para que nos enviaran el almuerzo a la cabaña.
Despertamos a Mía, que ahora estaba con mucho más ánimo y luego de comer nos fuimos a caminar.
El paisaje era hermoso, y la verdad es que esto parecía un hermoso sueño que duraría tres días, pero que aprovecharíamos al máximo.
Esa noche, luego de que los niños cenaran, los bañamos y los acostamos, en menos de quince minutos estaban profundamente dormidos, por lo que con Edward pudimos disfrutar de una hermosa y romántica cena junto a la chimenea.
Estábamos abrazados, muy pegaditos, escuchando solo el chillar de los leños mientras se quemaban, notaba a Edward ansioso, como queriéndome decir algo. Solo me giré para verlo y le sonreí, dándole confianza.
― ¿Qué pasa, mi cielo?
― ¿Algún día me podrás perdonar por todo lo que te hice pasar?
Nunca se me había ocurrido que podríamos tener esta conversación, en este lugar.
― No tengo que perdonarte nada, nene.
― Si, cielo. Fui un idiota. No fui sincero y hemos perdido mucho tiempo juntos, te hice sufrir y por poco te pierdo a ti y a nuestro bebé y eso es algo que no me puedo perdonar… ― Yo apoyé un dedo en sus labios, para que no siguiera hablando.
― No fue ni tu culpa ni la mía. Ambos cometimos muchos errores. No supimos hablar de lo que nos pasaba, no nos comunicamos como debíamos, no nos dijimos lo que sentíamos, y eso trajo consecuencias, pero ahora estamos juntos, y estamos bien.
― Si Bella. Estamos juntos y quiero que lo intentemos todo, quiero que empecemos a ser una pareja unida, que se cuente todo, que confiemos el uno en el otro.
― Edward… vamos a empezar desde cero, seremos una linda pareja y la mejor familia ― dije acariciando mi pancita.
― Si amor, seremos la familia más unida de todas ― posó su mano en mi vientre, me llenó de besos, de caricias, demostrándome cuanto nos amábamos, hicimos el amor ahí mismo, en la alfombra frente a la chimenea. Fue muy intenso, muy nuestro, luego de eso… creo que me dormí.
Bueno espero que les haya gustado, espero muchos comentarios y si todo sale bien tan pronto como Lupita me mande los capitulos los subo.
Miles de besos y un millon de gracias por su apoyo en mis locas historias, por dedicar su tiempo en leerlas y en dejar sus comentarios.
