XXV: Interludio.
"Oh, mi ángel de luz
Después de estar tanto en las sombras
Puedo ver que tu mano está tendida hacia mí.
¿Me llevarás contigo hasta el final
O simplemente me volverás a ilusionar?
Helga observó furtivamente hacia donde estaba Arnold sentado en el salón de clases. La niña trataba de mantener la seriedad en su rostro, que no se notara que el amor estaba invadiéndola nuevamente, como antes. Después de pensar sobre el tema casi todo el fin de semana, no estaba del todo segura de si eso era una bendición o más bien una maldición, ya que no estaba del todo segura de si estaba tan dispuesta como antes a seguir sus pasos.
"¿Estás seguro que volver a ti está bien?
No creo poder volver a soportar la indiferencia
Y mucho menos el que prefieras a otro
Por sobre mí…
¿Es terreno seguro por el que caminamos
O simplemente es una extensión
De la tormenta que recién padecimos?
Simmons dejó de leer y observó a sus alumnos con una gran sonrisa. La vuelta de vacaciones por las Fiestas de Fin de año lo había recibido con más de una sorpresa, como que Phoebe volvía a juntarse con Helga, Arnold se mostraba también más atento con la rubia y, como siempre, Gastón andaba con su obsesión con el fútbol y el campeonato de fútbol femenino, del cuál sólo quedaban dos fechas. Pero definitivamente lo que más lo tenía contento, era la niña Pataki.
Podía notarla mucho más abierta a interactuar con sus compañeros, sobre todo con Phoebe y Arnold, con quienes había tenido los problemas hacía unos meses. Eso podía tomarlo como una buena señal, pero definitivamente la que necesitaba, era que ella había vuelto a escribir.
No lo había hecho desde comienzos del año escolar, y definitivamente esa fue una de las primeras señales que alertó a Simmons de que algo no estaba bien con ella. Y tal como aquel signo había sido una señal, el que lo volviera a hacer era otra, mucho más positiva.
-¿Y bien, qué les pareció el poema?- preguntó Simmons, con una amplia sonrisa.
-Oh, está muy lindo- dijo Rhonda, con ojos soñadores –se nota que el escritor anónimo del curso se está enamorando otra vez de la misma persona.
-Quizás nunca dejó de estarlo- dijo Phoebe, con la seriedad de siempre cuando daba alguna opinión –quizás estaba inseguro, o algo así.
-Puede ser- dijo Simmons, apoyándose en su escritorio y dejando el poema sobre este –muy bien, ahora comenzaremos con la clase de hoy…
Arnold prácticamente sentía que estaba escondido en su escritorio, tratando de no llamar la atención de sus compañeros. Aunque la verdad era que difícilmente ellos podrían saber porqué estaba de esa manera, casi acostado sobre el escritorio. Una vez que Simmons había comenzado a ver el contenido de la clase, miró disimuladamente hacia atrás, en búsqueda de alguien en especial.
Y la encontró, una de sus manos teniendo su cabeza, escribiendo distraídamente en el cuaderno quizás qué cosas (pero que seguramente no tenían relación con lo que estaba diciendo el profesor). Sonriendo levemente, se volvió rápidamente cuando ella levantó la mirada, mirándolo con algo de extrañeza.
En cierta manera, el muchacho suponía que en esos momentos todo volvía a ser como antes. Los poemas anónimos, quizás los papeles en su cabeza y, aunque no le gustara, las agresiones en el patio. No era que las dos últimas cosas las hubiera extrañado demasiado, pero definitivamente tenía la sensación que faltaban en su vida. Pero si lo pensaba un poco mejor, se daba cuenta que no era eso lo que faltaba, sino la constante presencia de la rubia en su vida, ya fuera para apoyarlo, molestarlo, o simplemente sentarse a su lado cuando estuvieran en el parque o en el campo Gerald.
Según él, todos los problemas que habían tenido desde que volvieron de vacaciones de verano habían quedado poco a poco atrás, tanto por su propia constancia como por la mayor disposición de Helga para hablar de una manera más bien civilizada con él. Quizás se debía a la cantidad de problemas que había tenido la niña durante esa parte del año (y que si Arnold se ponía a pensar, no eran pocos), en el que se encontraba tan sensible que ni siquiera era capaz de mantenerse con el carácter fuerte en frente de él, pero no podía negar que había sido eso mismo lo que le permitió conocer a Helga de manera más profunda.
Aún en esos días recordaba la discusión que ambos habían tenido en el patio de la escuela, durante la fiesta que habían organizado para juntar recursos para los uniformes del equipo, y la verdad era que no podía dejar de sonreír cuando la veía mojada por la lluvia que caía, con el peinado de Cecile desecho por el agua, sus ojos brillantes por las lágrimas, y una expresión entre triste, frustrada y furiosa.
Realmente era una imagen que difícilmente lo dejaría. Sobre todo porque, al igual que aquella vez que estaba cenando supuestamente con Cecile, se dio cuenta de lo linda que Helga era.
-Arnold… ¡Arnold!
-¡Despierta de una vez, Cabeza de Balón!
Arnold pestañeó en repetidas ocasiones, sintiéndose perdido durante algunos breves instantes. Seguido a eso hubo una gran carcajada por parte de sus compañeros, que por supuesto estaban completamente atentos al hecho que Arnold parecía estar en la luna en vez del salón de clases. Cuando el niño se dio cuenta de lo que había pasado, enrojeció levemente, sonriendo con vergüenza.
-Lo siento, señor Simmons…- murmuró, tratando de poner cara de inocencia para evitarse un reto o, en el mejor de los casos, un sermón.
-Pon atención a la clase, Arnold, hace mucho rato que te estaba hablando y tú parecías estar en cualquier otra parte menos aquí.
Simmons volvió a hablar al resto de la clase, y lo primero que hizo Arnold cuando se dio cuenta que no era el centro de atención fue volverse hacia Helga, que lo miraba con expresión divertida en el rostro. Parecía que en cualquier momento comenzaría a insultarlo, pero nada de eso ocurrió. Ella simplemente lo quedó mirando, su cabeza aún apoyada en su mano, con actitud divertida.
Durante el primer recreo fue la "reunión oficial" del equipo de fútbol femenino después de unas merecidas vacaciones de invierno. Se juntaron en el patio de la escuela, a pesar del frío que sentían, todos sentados en las gradas y Gastón en frente de ellos.
-Bien, espero que hayan descansado en las vacaciones, porque ahora vuelven los entrenamientos con todo- dijo el muchacho, y la mayor parte de las niñas hizo ojos al cielo, algunas otras soltando unas quejas. Se esperaban algo así, la verdad, sobre todo porque el sábado siguiente era la semifinal, y por nada deseaban perderla –no empiecen a quejarse todavía…
-Sabemos que eres un bruto con nosotras, Gastón- dijo Rhonda, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado –así que te agradeceríamos si es que tienes el suficiente tacto de no decirnos que vamos a sufrir y cosas por el estilo. No es de caballeros…- Gastón, ante el comentario, sólo enarcó una ceja, con un dejo de diversión en su mirada.
Sí, finalmente se convencía de que las chicas podían ser muy divertidas a veces.
-Bueno, dejando todo ese tema de lado- dijo, después de unos momentos –me gustarían que comentaran sobre el trabajo que hizo Phoebe en los entrenamientos- ante la mención de la descendiente oriental, ésta se sonrojó levemente –no es por atacarte, ni nada de eso, pero creo que eso nos puede ayudar para mejorar el rendimiento y la comprensión entre el equipo, ¿no les parece?
Ante la aceptación de todos (que aún les costaba entender algunos procedimientos de Gastón en su manera de entrenar a las niñas), comenzaron los comentarios. Helga los escuchaba bastante entretenida, sobre todo cuando se daba cuenta que todos trataban de ser lo más suave con Phoebe, para no herir sus sentimientos.
-Lo que yo creo que tienes que hacer- decía Stinky, con seguridad –es ser un poco más salvaje para jugar. Ya está demostrado que la metodología de Lila no funciona en el fútbol, pero sí la de Helga.
-No tienes que pedir milagros- interrumpió Sid –Phoebe nunca será capaz de jugar como Helga, y no lo digo porque sea muy mala, sino por el carácter…
Y así iban los comentarios. Helga escuchaba atentamente mientras comía unas galletas que Olga le había preparado durante el fin de semana, cuando sintió que se sentaban al lado de ella. Al voltear se dio cuenta que era Arnold.
-… ¿Se te perdió tu amigo?- le preguntó, enarcando una ceja. Arnold la miró con cierta diversión.
-No, tengo muy claro dónde está- contestó Arnold, apuntando hacia donde estaba Gerald sentado al lado de Harold, cerca de la primera grada –tengo que conversar contigo de algo importante.
-¿Ah si?- esta vez Helga abrió los ojos con sorpresa. Definitivamente no se esperaba una frase tan directa por parte de Arnold -¿y qué sería?
-Más que nada una duda que tengo de hace días- contestó el rubio -¿por qué no fuiste a la fiesta de Año Nuevo a mi casa?- preguntó, y aunque trató que su voz se mostrara algo molesta, no le resultó demasiado.
-Ah, eso…- Helga desvió la vista, algo nerviosa por el tema –tuve… un inconveniente en casa, nada más.
-¿Muy grave?- preguntó el niño, sabiendo que con esos "inconvenientes" Helga solía irse de su casa a vagar por las calles, como había ocurrido ese día de Acción de Gracias hacía un tiempo atrás -¿todo bien con tu familia?
-Sí, no tienes que preocuparte- contestó ella, sonriendo –todo bien con ellos.
Decir que todo estaba bien con ellos era poco, según Helga. A la niña aún le daba la impresión que estaba soñando todo lo que ocurría con sus padres, sobre todo con Bob. Después de todo lo que había pasado desde que tenía memoria, el sólo hecho que él la llamara por su nombre, que compartiera más con ella (aunque fuera en ese ballet de Cascanueces, en donde se encontró con Lila, por cierto), era mucho que pedir. Se sentía más que contenta con ellos ahora, y quizás más agradecida, porque por fin la valoraban como si fuera una hija… aunque en esos momentos todos sabían que eso no era así.
Con Emily no había vuelto a hablar desde la noche de Año Nuevo. Eso era lo único que nublaba sus días, pero sabía que tenía que darle tiempo para que terminara por aceptar su decisión. Sabía que a Emily le costaría, después de todo, era una Pataki, igual de testaruda que ella y que el mismo Bob.
Pero sabía que tarde o temprano, lo haría. Sólo tenía que esperar.
O al menos eso le habían dicho Miriam y Olga. Y quizás ellas tenían razón. Emily la quería demasiado como por alejarse de ella por demasiado tiempo.
-¿Cómo estuvo la fiesta?- le preguntó Helga, después de unos momentos –Phoebe me dijo que la pasó muy bien.
-Estuvo bien- sonrió Arnold, y luego dirigió su mirada hacia la pequeña oriental –y estoy seguro que Phoebe la pasó muy bien porque estuvo casi todo el rato bailando con Gerald- agregó, y ambos se largaron a reír con muchas ganas. Sus compañeros continuaban hablando sobre Phoebe y lo que podía hacer para mejorar su rendimiento en el equipo –por cierto, ¿qué fue lo que hiciste tú la noche de Año Nuevo?
-La pasé con la familia- sonrió Helga –nada más eso.
-¿Tus tíos también estuvieron presente?
-Por un rato, sí- contestó Helga, vagamente –durante un rato pudimos jugar a la familia feliz, pero esas cosas no duran demasiado…
-¿De qué hablas?- le preguntó él, mirándola con cierta seriedad. Por ese comentario, se dio cuenta que algún problema había tenido ella con su familia -¿a qué te refieres con eso?
-Nada…- la chica se encogió de hombros.
-Oh, vamos, ya empezaste a hablar- dijo Arnold –no quiero que seas como antes, que todo lo que decías era a medias.
-No tienes que meterte en mis asuntos, Cabeza de Balón- replicó Helga, tomando la actitud de antes –confórmate con saber que Emily no quedó conforme con una decisión que tomé, por eso se enojó…
-¿Decisión?- le preguntó él, enarcando las cejas. Helga hizo ojos al cielo, sin saber muy bien la razón de porqué siempre cedía ante sus palabras (aunque en realidad, si sabía)
-Quería que me fuera a vivir con ella y Mike- contestó Helga, sin mirarlo. La niña frotaba sus manos más que nada de nerviosismo –por todo lo que ha pasado con Bob y Miriam, ella esperaba que aceptara inmediatamente…
-Y tú… no quisiste, me imagino- dijo Arnold.
-No, decidí quedarme con Bob- asintió Helga, y aunque vio que Arnold sonreía levemente, no quiso preguntar la razón –por supuesto que una decisión así no la tomaría muy bien, por lo que se enojó y todo eso…
-Ah, ahora entiendo…
El fin del receso puso punto final a la conversación, y mientras todos se dirigían al salón de clases, Arnold no podía evitar mirar con cierta admiración a Helga. La verdad era que no podía hacer otra cosa, después de conocer a la niña y saber lo fuerte que era, sentía que cada vez la admiraba más, mientras más cosas que sabía de ella.
Mike había hablado mucho con ella durante esos días, y a pesar de ello, no podía hacer lo que él deseaba. Sabía que a pesar que tenía razón en lo que le decía sobre Helga (que no podía pasarse mucho tiempo sentida con ella y su decisión), pero aún así, no podía creer lo que su hija le había dicho.
Desde que era una niña pequeña podía notar lo negligentes que habían sido con ella, con el dolor de su alma porque no podía hacer nada, aparte de llevársela de vacaciones y tratar de hacerla sentir lo mejor posible cuando estaba con ella. Amada, aunque fuera sólo por sus tíos.
Y sabía que Helga sentía mucho más amor por ella y Mike que por sus mismos padres. La misma inseguridad que pudo ver cuando le pidió que se mudara con ellos, aunque en esos momentos Helga no sabía que ellos eran sus verdaderos padres… por eso no esperaba que su decisión fuera esa una vez que se enterara. Por mucho rencor que pudiera sentir por ellos porque no la criaron, no pensaba que pudiera llegar al extremo de rechazarla y decidir quedarse con Bob y Miriam sólo por eso, por rencor.
El sonido insistente de la puerta llamó su atención, así que un tanto molesta se decidió a abrir. Fue ahí que casi se cayó, al ver a Bob Pataki en frente de ella.
-Necesitamos hablar- fue lo único que dijo el hombre, abriéndose paso. Emily, aturdida, por momentos no dijo nada, mirándolo literalmente con la boca abierta.
-¿Qué es lo que quieres?- le preguntó con brusquedad Emily, cerrando la puerta y siguiendo a su hermano –por lo que recuerdo, la última vez que viniste no fue justamente a decirme que querías a Helga, o algo así- lo quedó mirando con los brazos cruzados, molesta.
Bob, que se había sentado en el sofá, la quedó mirando unos instantes, y luego soltó un suspiro, desviando su vista. Demoró unos momentos en contestar, seguramente ordenando sus ideas.
-Cuando vine la otra vez, no estaba bien- contestó Bob –pero las cosas han cambiado…
-Ah, si, por supuesto- dijo con ironía Emily –olvidaba que ahora todos juegan a la familia unida y feliz. Creo que me perdí algunas cosas…
-Te recuerdo que tú también estabas ahí cuando lo hacíamos, y no veía que te quejaras demasiado- replicó Bob, frunciendo el cejo. Los dos se quedaron en silencio unos momentos, observándose con atención -¿por qué te cuesta creer tanto el que ella decidiera estar con nosotros?
-¿Y cómo tú puedes esperar que lo acepte así nada más?- gruñó ella, molesta -¿cómo espera que acepte todo lo que Helga ha sufrido por culpa tuya y de Miriam?, ¿o acaso esperan que los aplauda porque ahora tienen dos hijas en vez de una?
-Fue decisión de Helga aceptarnos como padres- murmuró esta vez Bob, desviando la vista –y le estoy agradecido…
Esta vez Emily soltó una carcajada, aunque sonaba más a un tipo de ironía a que en realidad se estuviera divirtiendo. Bob no hizo comentario al respecto.
-Bob, ¿de qué demonios estás hablando?- le preguntó Emily –conmigo no es necesario que finjas, y lo sabes. Nunca has querido a Helga…
-¡No hables de lo que no sabes!- dijo Bob, molestándose de a poco.
-Bob, he visto crecer a Helga- replicó Emily -¿acaso crees que estoy ciega y no se cómo era que tú y Miriam la trataban, como si no existiera? Nunca he podido creer que de verdad la quieras.
-¿De verdad? En ese caso, ¿por qué ella decidió quedarse con nosotros?- preguntó Bob, haciendo que Emily se quedara de una pieza. Cuando se dio cuenta de lo que dijo, pasó una mano por su cara, tratando de contenerse –escucha, no vine con intenciones de discutir contigo. Sólo quiero decirte que, independiente de la decisión que Helga haya tomado, te sigue queriendo…
-¿A dónde quieres llegar con eso?- gruñó Emily, cruzándose de brazos.
-A que pienses bien las cosas… Helga te extraña, aún sigues siendo su tía favorita.
Hola! Genial estar de vuelta otra vez!
Espero que el capítulo les haya gustado. Ya no voy a decir que quedan pocos capítulos, porque este fic se ha alargado más de lo que tenía pensado, y la verdad, aunque sé el final, no tengo muy claro cuánto más me demoraré para llegar a él...
En fin, agradecimientos a Yukime Hiwatari, Dru, JhungYuki, Mimi-Serenety, Teddytere, Mari3304, Isabel20, Sakura-Selene, por sus comentarios.
