POR MERLÍN, PERDÓNENME... NO TENÍA INTERNET DESDE EL 17 DE ENERO DE ESTE AÑO, ESTE CAPÍTULO ESTÁ ESCRITO DESDE ANTES Y PENSABA EN SUBIRLO ESE FIN DE SEMANA PERO SE ME HIZO IMPOSIBLE Y NO SOLO ERA YO, ERA EN CASI TODO EL ESTADO DONDE VIVO, PORQUE SE ROBARON LOS CABLES DE INTERNET DE VARIAS CIUDADES Y LA OPERADORA BUENO.. NO SE HACÍA RESPONSABLE CON RAPIDEZ. LLEGO AYER POR FIN Y AQUÍ LES DEJO EL CAPÍTULO, ES ALGO LARGO PERO ESPERO LO DISFRUTEN... MUCHO MUCHO, NO ME ODIEN, ESPERO SUS COMENTARIOS ... = ) POR FAVOR. EL NUEVO CAPÍTULO LO TENDRÁN EL DOMINGO ; ) YA ESTÁ LISTOOO JIJIJI.

GRACIAS POR LOS COMENTARIOS PASADOS, DISFRUTEN Y DISCÚLPENME. DE CORAZÓN.


Infiltrados

- Se puede saber que carajos te pasa – Draco no preguntaba, exigía respuestas esta vez. De nuevo estaba en la antigua habitación de Sirius, esta vez junto a Blaise que había entrado al lugar apenas se desapareció de la sala, Draco había tenido que culminar aquella reunión por la actuación infantil y repentina del moreno. No quería ese tipo de dramas y menos frente a todos.

No hubo respuestas, Blaise le daba la espalda y como anteriormente había hecho Draco, estaba mirando detalladamente el árbol genealógico que estaba pintado en esa habitación. Tenía el ceño fruncido como muy pocas veces se le podía mirar al moreno, detallaba los nombres escritos en el lugar, Draco se percato como con sus oscuros y largos dedos rozo las figuras quemadas de Andromeda y Sirius, donde debían estar sus rostros, como miro con nostalgia el rostro de su madre, la que también se había encargado de él y luego encaro a Draco.

- Te he apoyado en todo esto – comenzó el moreno y Draco lo miro enarcando una ceja, expectante a lo que diría – hasta cuando he creído que no tienes razón – siguió el moreno sin inmutarse por la mirada furiosa del rubio – también te he cubierto las espaldas muchas veces así como tú a mi – desvió la vista un momento del platino para mirar sus propias manos y luego lo encaro de nuevo con una actitud desafiante – pero no me pidas que acepte y apoye lo que dijiste allá abajo.

- No te estoy pidiendo nada, te lo he ordenado como a todos los demás – le espeto Draco de mala manera, Blaise sonrió.

- Yo no soy como todos los demás – afirmo el moreno más desafiante aún, lucía relajado pero Draco veía en su mirada el veneno letal de una serpiente cuando está a punto de atacar.

- No me jodas Blaise – le dijo exasperado y aún más obstinado.

- No me jodas tú – le grito el moreno – ya he perdido bastante en mi vida para también perderte a ti – dijo de sopetón, alterado – simplemente no puedo aceptar que mueras por decisión propia, maldita sea.

- Pareces un chiquillo – le dijo sin inmutarse por la actitud alterada del moreno.

- Puede ser – dijo Blaise calmándose brevemente – pero no soy un estúpido como tú, crees no merecer lo que tienes, crees que tu muerte es lo que debes pagar después de todo lo que has hecho, de haberte tatuado la marca, de todo el daño que le has hecho a las personas pero no puedo aceptar esa decisión Draco – los ojos del moreno se habían humedecido y veía a Draco con el ceño fruncido, las serpientes no lloran pero tenía un nudo en la garganta y un vació que se hacía cada vez más grande en el pecho que lo atosigaba y obligaba a decir aquellas cosas que pensó tragarse hasta la muerte.

- No lo hago por eso – dijo con una seguridad falsa el rubio, si lo hacía por aquello, consideraba que su sacrificio era suficiente, que esa guerra no necesitaba llevarse más que su propia vida. Blaise lo miro con una sonrisa triste, de aquellas que se regalan en momentos de dolor, de incertidumbre y perdida.

- Draco, no me mientas – lo dijo en voz baja.

- ¿Qué quieres de mi Blaise? – pregunto rodando los ojos, se había separado más del moreno, colocándose a orillas de la vieja cama.

- Quiero tener los sobrinos que le exigí a la leona, quiero que los tenga contigo, quiero que hagas una habitación para mí en tu mansión porque obviamente seré la persona que nunca querrá salir de allí, quiero que me amenaces con lanzarme una imperdonable por tomarte el pelo, maldición – tuvo que tomar aire, una lagrima reprimida logro salir victoriosa por su ojo derecho, con premura se la limpio – quiero que demuestres que eres el maldito príncipe de Slytherin, nuestro príncipe, que esa serpiente no debe ser la definición y el concepto que tenga el mundo de nuestra casa, porque tú eres también de ella y por Salazar eres mil veces mejor que Potter, has demostrado ser mucho mejor, juegas sucio, es verdad pero – tomo aire de nuevo – solo lo haces porque la situación lo requiere, porque no quieres más perdidas, no quieres más dolor en este maldito mundo minado de el – lo miro fijamente - quiero tener a mi hermano hasta la muerte.

Draco lo miro fijamente, no paso por alto la lagrima derramada, el discurso tembloroso que había dado, sabía lo que le había costado, las serpientes nunca dicen lo que sienten, jamás. Tuvo que tragar grueso, no esperaba aquellas palabras y tampoco el ciclón que se formaba en su pecho.

- Blaise a veces las cosas no salen como uno espera – quiso zanjar el tema el rubio de aquella manera tan impersonal pero Blaise no dejaría esta vez las cosas así.

- ¿En serio me dices eso a mí? – pregunto en voz alta, Draco lo miro, instándolo a seguir – fui vendido por mi propia madre, eso es algo que nunca espere a pesar de saber lo frívola que era… ya ni siquiera puedo recordar cuantas veces fui violado por mi comprador, he sido catalogado toda mi vida como una vil serpiente, como un lameculos del príncipe de Slytherin, ¿Qué más? … ah si, también soy un traidor a la sangre, por no dejarme tatuar la marca, soy peor que un impuro… ¿crees que espere todo eso? No Draco, no lo esperaba y cuando llegaron, las acepte y afronte. Nunca me viste llorando, nunca me viste como una nenaza autoflagelandome por la mala suerte que he tenido en mi vida, tampoco me he reprimido de vivir, de seguir sonriendo a pesar de tanta mierda pero esto no puedo aceptarlo.

- Blaise no entiendes que aunque haga otro plan también puedo morir – le grito exaltado el rubio, lo escuchaba y sabía que el moreno tenía toda la razón, pero ¿Qué podía hacer? ¿dejar morir a Potter? ¿dejar que Voldemort venciera? JAMÁS, eso significaría la muerte de sus amigos y de ella… y eso solo sería sobre su cadáver.

- Lo sé – dijo cabizbaja el moreno – pero puedo morir yo en tu puesto – Draco lo miro sorprendido, preparado para refutarlo y decirle lo estúpido que era pero cuando vio los ojos inundados del moreno y la seriedad de sus palabras le sostuvo la mirada con recelo – yo no tengo ningún lazo realmente significativo con nadie – comenzó el moreno seriamente, con una decisión en sus palabras ya tomada – Theo tiene a Luna y sabemos que están más que enamorados, los gigantes se tienen los unos a los otros, no se les podría separar, tú tienes a la leona… es lo que mereces después de todo lo que has hecho, ambos sabemos, siendo honestos y dignas serpientes que el mejor blanco soy yo a pesar de tener este hermoso color negro de piel – quiso reír, bromear al respecto sobre la suerte que pensaba estar escribiendo como destino pero escucho a Draco reír sonoramente, con un tono burlesco en su voz – lo digo en serio – dijo con el ceño fruncido pero se calló al ver como Draco se acercaba a él peligrosamente con la varita en alto y la mirada oscurecida.

- Blaise – dijo moviendo su varita entre los dedos – quiero que entiendas algo – Blaise no lo admitiría pero tembló – no creas que esto lo hice al principio solo por estar con Hermione, no creas por un segundo que solo fue por ella que cambie de bando, que analice con profundidad toda esa mierda de la pureza de sangre, que entendí que la pureza es una farsa, realmente lo hice por Theo que es el misántropo del grupo, la lógica y raciocinio… lo hice por Vincent y Gregory que son incondicionales, obedientes, torpes e inocentes ante este mundo lleno de crueldad, así la gente piense lo contrario… considere que no merecían vivir un infierno que podía ser evitado, consideré que no merecían ser tatuados por un infeliz impuro que anhela la pureza, decidí por ellos, para que no cargaran con una responsabilidad que no les correspondía y lo hice principalmente por ti – Blaise pelo los ojos sorprendido ante aquella confesión – parece estúpido, ¿no crees? – pero Blaise no contesto – lo hice porque hace años hice muchas cosas para encontrar tu paradero y salvarte, lo hice porque fuiste la primera persona en pedirme ayuda por ser considerado un amigo y alguien de confiar y no Draco Malfoy, digno hijo de mi padre… nunca te lo he dicho pero fue la primera vez que le pedí a Didi, mi elfa que me ayudara en algo con un por favor, por primera vez vi esa mirada iluminarse y entendí que no son tan repugnantes como me habían criado para creer, otra caída de mis creencias antes impuestas. Cuando te encontré con su ayuda y vi la situación en la que estabas me asegure de que no volvería a pasar, comprendí que también los sangre puras podían ser unos degenerados sin alma, tú madre te lo había hecho a ti, ¿no?... después de eso te acepte como una extensión de mi mismo, con mi mano derecha levanto mi varita y con la izquierda a ti Blaise.

"Me estás pidiendo que te use como blanco de los mortifagos, que acepte el hecho de que seas asesinado porque según tú, eres el que no tiene lazos tan importantes en comparación a nosotros, déjame refutarte eso – Draco se acerco al eludido y le puso su mano izquierda en el hombro, Blaise lo miraba perplejo – el lazo más importante que he creado en mi vida ha sido contigo, va más allá de lo que siento por Hermione, ella es la mujer de mi vida pero tú eres el hermano que la vida se encargo de colocarme, eres la persona a la cual le encargue el bienestar de esa mujer, así confió en ti, puedes pedirme lo que quieras, es más, puedo intentar no morir como deseas pero no me pidas que te use a ti como cebo porque eso significaría perder mi brazo izquierdo, mi aorta, mi materia gris, una parte de mi alma – Blaise lo miraba estupefacto – puede ser que sea tosco, una maldita serpiente, un ser oscuro, un demonio entre toda esta gente pero los chicos y en especial tú y Hermione me dan la suficiente luz y fuerza para continuar en este camino. No me pidas algo así porque también puedo dejarte encerrado en esta casa – Draco le sonrió de la mejor manera que tenía, con superioridad – prefiero verte encerrado y molesto que muerto sin tener la oportunidad de volverte a escuchar ladillandome – Blaise soltó otra lagrima rebelde y se lanzo a abrazar a su amigo, el rubio no profirió ningún sonido ni renitencia, se dejo abrazar y lo abrazo de nuevo. Desde que había empezado esa guerra se habían abrazado como lo hacían de pequeños, cuando jugaban en el jardín de la mansión, esa guerra había hecho florecer los sentimientos antes oprimidos por el orgullo.

- ¿Trazaras un nuevo plan? – dijo abrazado todavía como un chiquillo.

- Si escuincle – dijo con un deje burlesco en su voz, ¿Cómo negarse a todas esas palabras y acciones que demostraba su amigo?

- Me alegro, igual intentare cubrirte las espaldas – se separaba de él y limpiaba su empañado rostro.

- No Blaise, tú tendrás la misma misión de siempre además de una adicional.

- ¿Cuál? – pregunto ceñudo por saber que no estaría en el escuadrón cerca de Draco.

- Ninguno de ustedes estará cerca de mí, no quiero distracciones, suficiente con Potter – comenzó malicioso el rubio, al decirle directamente que él y los demás eran una distracción, Blaise bufo pero no interrumpió las palabras del platino – tendrás que cuidar la espalda de Hermione – comenzó Draco, el moreno no se vio sorprendido, tenía eso en mente desde el principio – y quiero que vigiles a la comadreja.

- ¿Piensas que nos vaya a traicionar? – pregunto confuso el moreno, sabía que la comadreja era un idiota pero no lo consideraba un traidor.

- No intencionalmente – comenzó Draco con seriedad – pero está dolido y puede ser imprudente para llamar la atención y no quiero arriesgarme a que su actitud ponga en peligro la victoria.

- ¿Y por qué no le dejas aquí de una vez?

- Porque necesitamos a todas las personas que puedan luchar en el campo de batalla, si muere por allá por milagro de Salazar no me quejare pero no le daré la absolución así de simple, que se llene de mierda el cobarde ese – dijo con reproche el rubio y Blaise sonrió maliciosamente.

- ¿Y qué tanto puedo hacer si hace una mariconada? – tenía tantos conjuros en mente que se le hizo la boca agua y le pico la mano por empuñar su varita.

- Desármalo y deshabilítalo.

- ¿Una imperdonable? – tal vez las serpientes no eran malas en realidad pero nadie podía negar la atracción que sentían por las artes oscuras. Draco lo miro a la cara y se rio sinceramente, una carcajada de humor ante aquella seria pregunta hecha con inocencia – es en serio – dijo bufando.

- Lo que sea necesario Blaise, con tal de no estropear ningún plan – afirmo el rubio - ¿podemos irnos o necesitas llorar más? – pico con malicia el rubio, Blaise rodo lo ojos y suspiro.

- Estas influencias de tejones, águilas y peor, leones me han hecho ser un sensible – dijo elevando los hombros el moreno, no dándole tanta importancia al asunto. Se sentía liberado al haber dicho todo aquello a su amigo, cuando lo había escuchado decir su plan en la sala algo en su interior se había quebrantado, no podía perder a Draco en su vida. Oficialmente era huérfano, oficialmente estaba solo en el mundo, oficialmente no tenía nexos reales con mucha gente pero con Draco, con ese rubio prepotente y obstinado había formado el lazo más fuerte que un humano puede formar en la vida, entendimiento. Esa clase de lazos solo se funde en caminos espinados y oscuros, en caminos llenos de lamentos y dolor, donde solo los fuertes y perseverantes se mantienen, allí había conocido a Draco, en un ambiente así y en ese mismo lugar se habían fundido sus almas para ser más que amigos, hermanos.

- No tienes una idea – afirmo el rubio exasperado, más que nadie sabía la influencia de aquellas personas en su vida y con aquellas personas Blaise sabía que se refería a una castaña con cabello indomable y ojos almendrados que irradiaban fuego y luz. Blaise se carcajeo.

- Nos hemos jodido – afirmo.

- No lo cambiaría – confeso el rubio – por cierto, gracias – el moreno lo miro interrogante ¿de qué le agradecía? – por encerrar a Hermione en la cocina conmigo.

- Un plan maestro de un experto, sabiendo lo idiotas que son ambos sabía no harían nada, así que, al ver la oportunidad la aproveche – dijo inocentemente el moreno, como si todo fuera algo tan sencillo – pero algo de todo aquello me molesto.

- ¿Qué? – pregunto el rubio pasando por alto la llamada de idiota que le hizo su amigo.

- Insonorizaste el lugar – dijo ofendido el moreno – no pude escuchar nada.

- Eran cosas no aptas para menores – dijo petulante el rubio con una sonrisa de suficiencia en el rostro.

- Me encanta que la reconciliación haya sido completa – su mirada se había iluminado – tengo que hablar sobre unos términos con ella.

- ¿Cuáles? – la confusión era palpable.

- Le había pedido para perdonarla, porque déjame decirte que al no tener tu presencia cerca, actúa como una estúpida – al recordar esos momentos Blaise frunció el ceño – me tenía que hacer tío de sus hijos, entonces obviamente quiero que sean tus hijos también pero no estoy seguro de si quiero un sobrino o una sobrina – Draco estaba seguro que si hubiera estado bebiendo algo, se hubiera muerto ahogado por la incoherencia en las palabras del moreno pero Blaise no se sentía para nada avergonzado, aludido o fuera de contexto – si es niña tendría que gastar mucha energía evitando que algún cerdo se acerque a ella pero sería una monada, si es un niño sería algo rudo con él y también competitivo, le enseñaría todos mis secretos pero seguro sería de un carácter como el tuyo y me provocaría darle una mandrágora de cumpleaños para que termine loco – Draco lo miraba estupefacto, realmente estaba diciendo eso con la misma seriedad con la que minutos antes le había pedido no sacrificarse en la guerra – en cambio, si son ambos, el niño me podría ayudar con la niña y así ambos serían consentidos y monos, niños de bien – culmino el moreno con una sonrisa contagiosa y de orgullo- ¿Qué opinas? – la incredulidad se poso en el rostro de Draco, ¿Qué opinaba, a parte de una total perdida de coherencia y sentido por parte de su amigo? Pues, opinaba que…

- Me parece que sería mejor dos – y ambos sonrieron, salieron de esa antigua habitación que había albergado desde su existencia grandes conversaciones, llenas de esperanza y amor.

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Cuando el platino entro a la habitación, encontró a una castaña cubierta hasta las caderas por un edredón de un vinotinto oscuro, el ceño levemente fruncido y el cabello alborotado, los labios entreabiertos mientras recitaba en susurros las líneas de aquel libro que sostenía con tanto cuidado y un respeto sobrehumano, ni siquiera se había inmutado por la presencia del rubio, estaba demasiado concentrada en la lectura para percatarse de alguna presencia en ese lugar. Draco se embeleso al verla, devorándola con la mirada.

- ¿Qué haces? – pregunto con voz ronca y despacio, consiguiendo un respingo por parte de la joven bruja que se tomo el pecho con su mano y lo miro espantada.

- Serás idiota – dijo con dificultad – no te he escuchado – fruncía levemente el ceño en su dirección, Draco la miro con diversión y se acerco hacia ella, tomando el libro que antes leía.

- ¿Magia oscura, señorita Granger? – pregunto burlón – no son temas que debería estar leyendo una joven como usted.

- No seas memo Draco – dijo parándose encima del colchón y tratando de quitarle el libro de sus manos, se había asustado tanto porque estaba leyendo una serie de hechizos y contrahechizos de magia oscura y le tomo desprevenida saber que la habían pillado – dame el libro – y coloco los brazos como jarra mientras lo miraba con toda la reprobación que podía.

- ¿Memo yo? – pregunto burlón y soltando una carcajada cálida – no he sido yo el que a brincado por estar leyendo esto y tampoco soy yo el que está encima de la cama mostrando esas contorneadas y tentadoras piernas – Hermione lo miro ruborizada y se sentó de un sopetón en la cama cubriéndose las piernas y mirándolo ceñuda e indignada.

- No te había escuchado entrar – quiso excusarse – dame el libro – lo miro con ternura y Draco le dio una media sonrisa pero no le entrego el libro, se colocaba sobre ella, mirándola a la cara, teniéndola a escasos centímetros de su rostro.

- Quiero darte otra cosa – Hermione sintió como un corrientazo se esparcía por su columna vertebral, erizando sus vellos y dilatando su pupila, percibía el aroma a menta que emanaba el rubio. Sintió sus labios oprimidos por otros y cerro automáticamente sus ojos, no podía resistirse pero no quería hacer el amor así, tan rápido. Primero quería hablar, se irían a la mañana siguiente y tenía miedo.

- Eso puede ser después – dijo entre suspiros mientras con una fuerza de voluntad que pensaba hasta ese momento no poseer lo separo de encima de ella, arrojándolo a su lado, lo escucho bufar y ponerse recto con la mirada hacia el techo, bajo su mirada hacia su entrepierna y no pudo evitar ruborizarse al notar como una elevada montaña se notaba ya entre sus pantalones. ¿Acaso solo pensaba en eso? - ¿Qué paso con Blaise? – Trato de ignorar su rubor que ya sabía Draco lo había percatado por la mirada que profesaba y la sonrisa socarrona que se le había formado en sus labios y pregunto sobre su serpiente favorita que la tenía completamente preocupada.

- Las malas influencias de esta casa le han hecho daño – respondió el rubio con desgana – pero ya eso está solucionado.

- ¿Puedes ser más expresivo? – le exasperaba que fuera tan corto y conciso. Draco rodo los ojos y la mira a la cara.

- Las amistades que ha hecho en esta casa lo han convertido en un niñato sensible y me armo una pataleta pero ya está resuelto porque ya he hablado con él – respondió como si fuera una lección de alguna asignatura aburrida.

- ¿Por qué te armo una pataleta? – Estaba ignorando los pequeños destello de veneno que soltaba aquel rubio egocéntrico entre palabras.

- Porque considera que mi plan es uno suicida.

- Pero se equivoca, ¿verdad? - ¿miedo? No, terror era lo que emanaba de sus palabras.

- ¿Qué piensas tú? - ¿Cómo decirle que si?, él había trazado un plan en el cual estaría a merced de la muerte en más de una ocasión, la misión era salvar a Potter, salvar a sus amigos, salvar a la comunidad entera y sobre todas esas cosas que realmente no le interesaban en mucha escala, salvarla a ella.

- No lo sé, puedo pensar que es verdad lo que piensa Blaise, que piensas sacrificarte para conseguir la victoria pero podemos lograr la victoria sin tu sacrificio, podemos ganar y seguir juntos – se ruborizaba levemente de nuevo – porque si no, ¿Cómo le cumpliré a Blaise? – sentía sus mejillas arder, y la mirada de Draco escaneándola y penetrándola.

- ¿Cuál promesa? – ya lo sabía, sabía la promesa, Blaise se lo acababa de contar pero quería escucharla decírselo.

- Me pidió – las mejillas ya no ardían, le quemaban – un sobrino.

- Blaise no tiene hermanos – Hermione miro furibunda al rubio, le estaba tomando el pelo con una inocencia inexistente en él.

- Draco – pero el rubio no la dejo continuar, la atrapo la cintura y la devoro a besos, cálidos, profundos, que profanaban cualquier deseo escondido. Hermione se dejo besar y abrió sus labios para permitir la intromisión del rubio que amaba en ellos, acaricio su cabello, presionándolo hacia ella, intensificando un beso imposible de hacer más potente.

- Pensé no querías tener hijos – dijo de pronto el rubio, cortando el beso que la castaña no quería culminar, la oyó suspirar forzosamente y mirarle ruborizada. Desinhibidamente acariciaba la espalda de la joven bruja, ocasionando descargas eléctricas en todo su cuerpo que desembocaban en una humedad creciente entre el comienzo de sus piernas.

- No quería – dijo rozando los labios del rubio, cuando estaba con él se sentía libre, fiera, indomable, lo deseaba como la muerte desea la vida para poder consumirla – pero ahora debo cumplir una promesa – se coloco a horcajadas en el torso del rubio, mirándolo desde arriba y con unas manos temblorosas pero seguras comenzó a desabrochar su camisa, botón por botón – y necesito que estés aquí para poder cumplir esa promesa.

- ¿Solo por eso? – pregunto enarcando una ceja y sonriendo de medio lado, viendo este lado desinhibido de la castaña, podía ver las pinceladas doradas que se trazaban en su iris, haciéndolos lucir como llamaradas de fuego, que lo iban a quemar en momentos próximos.

- No – y al contestar rozo sus labios con los del rubio y bajo por su quijada, donde repartió pequeños besos húmedos, paso por su cuello donde con su lengua trazo un mapa irreconocible, Draco cerró los ojos y exhalo el aire que amenazaba con colapsar en sus pulmones.

- ¿Por qué? – pregunto, pasaba sus hábiles dedos por los muslos de la castaña, curvaba la mano y acariciaba el interior de sus piernas, haciéndola flexionarse aún más. De un movimiento la tomo por los glúteos y la hizo situarse encima de una viviente masculinidad que clamaba atención y él se encargaría de centrar el peso de esa leona en él. Hermione sintió la hombría de Draco en su sensible humedad y sin premeditación lo rozo, con movimientos imperceptibles y circulares. Estaba deseosa, lo deseaba y lo amaba.

- Porque te amo – susurro en su oído mientras mordía su lóbulo y lo humedecía - ¿no te ha quedado claro? – fue apenas un susurro ronco y suave que hizo que Draco clavara sus dedos en los muslos de la joven, hundiéndola aún con ropa en su masculinidad, chocando con fuerza y avivando, incendiando el fuego que ya quemaba el lugar.

- Si – dijo en un gruñido y sin juegos previos, arranco la ropa interior a la castaña y en un ágil movimiento desabrocho su pantalón y lo bajo con rapidez por sus piernas, no supo donde estaban y tampoco le importaban, Hermione respiraba forzosamente, lo veía con ansias desde arriba. Draco la tomo por sus muslos e hizo que se levantara, introduciéndola de un solo movimiento en su expectante masculinidad que gritaba por la atención que ahora recibía de una húmeda feminidad, una cálida y mojada bienvenida. Sentirla temblar y morderse los labios mientras se introducía en ella le causaba más deseo, más ganas de ella, una sed que no era posible de saciar, un hambre que no se calmaba con nadie más que ella, la quería devorar, necesitaba hacerlo porque sino vagaría en este mundo como un demonio caníbal que no era calmado por nada ni nadie.

La castaña se movía ágilmente sobre él, como toda una jinete en su corcel, clavaba sus dedos en los hombros del rubio y se inclinaba hacía él para besar sus labios, Draco no dejaba de guiarla con sus dedos en sus caderas, mostrando el ritmo, la velocidad, como le gustaba y disfrutaba de su estreches, de su humedad, de sus senos rozando con su pecho, del sonido ensordecedor del deseo, de la habilidad de esa mujer que era una principiante pero que le demostraba lo hábil, diestra y perfecta que era en todas las cosas que hacía.

Hermione gemía, sentía de nuevo el fuego apoderarse y hacerse inquilino de su bajo vientre, de sus dedos apretar con más premura y menos cuidado los hombros del rubio que tenía bajo ella, de sus labios secarse y necesitar más oxígeno. Del deseo que clamaba por ser consumado.

- Draco – susurro entre gemidos de placer, estaba desbordándose el placer de su interior. El eludido la volteo sobre sí misma y con una fuerza descomunal comenzó el vaivén de la perdición, Hermione lo miro extasiada y se aferro a su cuello, elevando al instante sus caderas, haciendo más profunda aquella invasión que sentía y anhelaba fuera eterna.

- Eres hermosa – exclamo el rubio, sus codos estaban a ambos lados de la castaña, de su rostro y la miraba lujurioso, sus labios entreabiertos, clamando un aire que no llegaba y satisfacía a su organismo, con las pupilas dilatadas lo miraba, grabando en su memoria su fiero rostro, sus ojos grises como el mercurio, su cabello platinado que caía sobre sus hombros y su frente, sus labios que siempre mostraban una petulante sonrisa que antes odiaba y hoy añoraba con encontrar, una nariz respingada, lo miraba de una manera en la que le confesaba también de ese modo cuanto lo amaba y cuanto lo deseaba, cuanto disfrutaba el ser invadida por él, por su miembro, ser colonizada por sus besos, por el peso que ejercía en su cuerpo. Draco admiraba como su cabello se esparcía por las sabanas de esa cama, como sus dedos se aferraban a su cuerpo, como su feminidad aprisionaba su masculinidad, explicándole que estaba a punto de explotar en un oasis de placer y eterna felicidad, que duraba segundos pero auguraban paz, descanso y plenitud.

- Draco – volvió a repetir la castaña, clavando las uñas en los hombros del rubio y expandiendo sus paredes inferiores, liberando el miembro de Draco de su interior. Pero el rubio acelero el paso, él también estaba deseoso de ella, beso sus labios, sin dejar que el fuego se acabara, sin permitir que la castaña se desplomara en un cansancio infinito, la embistió con aplomo, con furor, declarando nuevamente que él era el dueño y señor de esa mujer, de su cuerpo, de su mente, de su alma. Con fuego se grababa en su memoria, imborrable, inigualable. La escucho exhalar con fuerza y aferrarse de nuevo, gimiendo sin control y clavando sus dedos, elevando y ofreciéndole a él su vitalidad. Contrayendo su interior, aprisionando el miembro dilatado del rubio, en una contracción que lo hizo llegar al zenit de los placeres, como siempre pasaba cuando estaba junto a ella, conocía a los dioses antiguos, a los nuevos, a los reales e inventados. Draco gruño por lo bajo, y se desplomo sobre ella, besando sus labios en el camino y luego sacándola de su poder y acomodándola a su lado. La veía respirar con la boca entreabierta y mantener sus ojos cerrados, esforzándose por recuperar su postura, la cubrió con la sabana y la arrimo más hacía él, el frio se haría visitante pronto del lugar y la tomaría por sorpresa.

- ¿Dónde estábamos? – Hermione rodo los ojos, ¿se podía ser más cabezota?

- En que tienes que volver de la guerra entero – dijo ella volteándose y quedando de lado en la cama, mirándolo a los ojos.

- Lo intentare – admitió él, tenía que hacerlo. Se lo había dicho a Blaise y tenía una oferta muy tentadora en camino, descendencia.

- No te estoy pidiendo un favor Draco – dijo con total seriedad la castaña, con su lengua humedeció sus labios y lo encaro con más decisión – es una orden.

- No tienes porque ordenarme nada – dijo ceñudo el rubio. Hermione se carcajeo y lo hizo aún más sonoramente cuando vio a Draco enarcando una ceja y mirándola inquisidoramente - ¿De qué te ríes?

- Que si tengo porque ordenarte algo – dijo con suficiencia, Draco la miro interrogante y la castaña rozo sus labios, se separo levemente de ellos y lo miro con fuego, con un peligro avivarse en su interior – seré la madre de tu hijo – y Draco tuvo que tragarse el veneno que ya tenía preparado para alguna respuesta que lo fuera a poner de mal humor, y con la cual pensaba hacerla sentir incomoda y molesta. No quería aceptar que alguien fuera a darle órdenes, él era quien daba las órdenes, nadie más. Pero esa leona hábil e intrépida, astuta e inteligente lo tomo por sorpresa con esas palabras.

- Ya lo has decidido – dijo él, tenía que aceptar que la castaña le había ganado está vez, aunque no lo fuera a admitir en voz alta.

- Después de que termine Hogwarts, que consiga empleo, podríamos intentarlo.

- Tenemos que casarnos también antes de eso. ¿Quieres terminar Hogwarts? – parecía una completa locura esa frase dicha.

- No quiero casarme – confeso la castaña con rubor en sus mejillas, aún tenía sangre disponible para sus mejillas por lo que podía sentir – y por supuesto que terminare el colegio. – Draco se carcajeo y le acaricio el rostro.

- Conmigo te casaras – dijo zanjando el tema el rubio mientras besaba los labios de la castaña.

- No puedes obligarme – se separo con fuerza.

- ¿Apostamos? – era peligroso apostar con una serpiente, pero ella era una digna leona.

- Si quieres perder, esta bien – dijo hábilmente.

- ¿Qué pasa si gano? – pregunto entusiasmado el rubio.

- Lo que quieras – acepto la castaña con algo de temor, ahora comenzaba a dudar de su temple.

- Me encanta – la sonrisa que apareció en los labios del rubio la hicieron fruncir el ceño – si aceptas casarte conmigo, quiero ser el que decida el nombre de nuestro hijo – Hermione lo miro enarcando una ceja.

- ¿En qué nombre piensas? – sabía por historia de la magia que toda la familia Malfoy se vanagloriaba de usar nombres estelares, de constelaciones y galaxias. La mayoría de esos nombres eran horribles.

- Scorpius – Hermione rodo los ojos, era un nombre horrible, bueno no tanto pero no le gustaba, no quería que él eligiera el nombre, no era justo… era ella quien lo llevaría nueve meses en su vientre pero que decía, eso era solo si ganaba y no lo dejaría ganar.

- Bien – acepto con desagrado – si yo gano – lo decía con una obviedad que Draco tuvo que ignorar porque aceptaba debido a que no pensaba que podría perder – quiero que vivamos en la mansión Malfoy – eso sí lo sorprendió, sobre todo por el hecho de que lo primero que haría luego de ganar esa guerra sería vender o destruir el lugar donde mataron a sus padres y torturaron a Hermione, ahora estaba esta castaña que lo desquiciaba pidiéndole lo contrario y no entendía porque – sé que fue allí donde mataron a tus padres – comenzó la castaña al ver como se había ensombrecido el rostro del rubio por no comprender lo que decía – y también donde fui torturada pero – y coloco su mano en su mejilla y rozo sus labios primero – es el lugar donde tu naciste, donde te criaste y donde comprendiste que la pureza de la sangre no era real y si tú pudiste convertirte en ese lugar en esto que eres ahora, no creo que exista un mejor lugar para criar a nuestro hijo que allí – confeso la castaña, era así, había entendido que no importa el lugar de donde vengas, del entorno que te rodea, no importa absolutamente nada, lo que importa es lo que eres, quien quieres ser, que quieres hacer con tu vida y solo eso – además la magia ancestral de los Malfoy lo cuidara.

- ¿Cómo sabes eso? – pregunto contrariado, la mansión Malfoy llevaba años usando la magia ancestral para la protección de sus miembros, no permitían que la cadena fuera cortada, que las ramas no siguieran creciendo, todo miembro de la familia debía nacer y vivir en esa mansión para ser también protegidos por esa magia que había empezado en algún momento que nadie conocía realmente – no sería algo lúgubre criar a un niño en un lugar que ha sido cuartel de los mortifagos, que fue lugar de asesinatos, torturas, dolor, mentiras y puedo seguir pero creo que ya has entendido – él no quería tener que mostrarle a su hijo el lugar donde fue criado, el lugar donde sus abuelos fueron asesinados cruelmente, donde su madre había sido torturada hasta casi la muerte. No quería y no entendía el porqué Hermione deseaba aquello.

- Soy la bruja más inteligente – expreso con suficiencia y una sonrisa – además he leído sobre tu familia en los libros de historia de la magia – Draco enarco una ceja burlona – no seas memo Draco, ha sido porque sale en los libros no es que buscaba información en particular.

- Tu obsesión hacia mí ha sido infinita – expreso burlón y Hermione lo fulmino con la mirada.

- Como seguía – si ignoraba triunfaría – la magia ancestral cuidara a nuestro hijo y con respecto a lo otro, entiendo que ha sido un lugar lleno de oscuridad pero también lleno de luz, si solo viera la oscuridad no quisiera que nuestro hijo vaya en un futuro a Hogwarts, donde también han ocurrido asesinatos, donde se formo Voldemort, donde posiblemente sea miembro de Slytherin porque tu sangre hará presencia en el temperamento de nuestro hijo y no importara, no me importara porque las personas que más amo pertenecen a esa casa y aunque también el único ser que odio es una serpiente no la definiré por él. No importa que tan oscura ha sido tu casa en el pasado, porque de allí saliste tú, de allí también saldrá nuestro hijo o nuestra hija, no lo sé y ustedes han y son luz entre tantas tinieblas, no le tengo miedo a ese lugar, no le aborrezco por ser el lugar donde casi muero, porque es solo un lugar, los que estaban allí fueron los que han hecho y deshecho y después de la guerra nosotros seremos los que habitaremos allí y por ende, será un hermoso hogar – culmino la castaña azorada y mirando con ternura a Draco. El rubio sonrió imperceptiblemente y rozo sus labios, luego bajo sus dedos por los hombros desnudos de la castaña y con la yema de sus dedos acaricio unas marcas que sobresalían de su piel, una palabra estaba grabada en el, asquerosa se remarcaba en su tersa y pura piel, luego paso sus dedos por el brazo que sostenía su cabeza, decía esta vez dos palabras sangre sucia las acaricio levemente también, aún no cicatrizaban por completo, sabía que sin un hechizo jamás se borrarían esas marcas, sería una cicatriz eterna, una marca de dolor y oscuridad que le recordaban donde habían sido hechas, la miro a los ojos y con una ternura que Hermione jamás había visto poso sus labios en el brazo de la castaña que estaba libre, dejando un beso en el lugar, en esa marca que aborrecía, cada vez comprobaba más como esa bruja era completamente perfecta.

Hermione lo miro embelesada y tomo el brazo izquierdo del rubio con cuidado, saco la camisa del rubio desabotonada por sus brazos y con la misma técnica antes impuesta por él paso sus dedos con delicadeza por el bíceps del rubio, por su antebrazo y allí en continuo movimiento estaba la marca tenebrosa, dejando ver a una serpiente asquerosa salir de la boca de una calavera en un ciclo continuo de terror, haciendo protagonismo y manchando el pétreo cuerpo del platino, la leona humedeció sus labios y beso la marca, luego con cuidado subió los besos hasta sus labios y antes de fundirse en un beso, le susurro.

- Todos tenemos marcas hechas en esta guerra, marcas horribles pero también hermosas - tomo la mano del rubio y la coloco en su pecho, en la porción izquierda de este, donde se sentía un palpitar veloz y regular, un bombeo continuo de sangre que se aceleraba - ¿escuchas? – Draco asintió – esa la hiciste tú – Draco sonrió y la beso con delicadeza, la castaña se fundía hábilmente en un beso que siempre añoraba repetir.

- Acepto – dijo en voz baja cuando se separaron sus labios, elevo su mano derecha para cerrar aquella apuesta infantil que ambos sabían ganarían los dos, porque en el fondo Hermione sabía que no se negaría si Draco le pedía matrimonio y el rubio aceptaría vivir en su antigua mansión, porque era verdad. Aunque hubiera sido sede de la oscuridad podría convertirse en el hogar de la luz.

La castaña emulo una sonrisa pero ignoro la mano elevada del rubio, y se abalanzo de nuevo sobre sus labios.

- Esta apuesta se cierra de una forma diferente – lo dijo incitadoramente, mirándolo con un deseo creciente. Jamás podría ser saciada de él.

- Instrúyeme – y la castaña no espero para rozar con sus dedos el miembro despierto del rubio, Draco exhalo al contacto cálido de la mujer en esa zona tan sensible de su cuerpo y le devoro los labios, estaba seguro que esa noche no dormirían.

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- ¿Estás bien? – escucho preguntar Blaise a sus espaldas, no se inmuto, respiro cansinamente y encaro a la dueña de esas palabras.

- Perfectamente – la sonrisa parecía ser sincera pero no lo era, había bajado del ático a comer algo y se quedo sentado un rato frente a la chimenea mientras veía el tiempo transcurrir en el antiguo reloj pasar frente a él, marcaban las 3:30 de la madrugada.

- ¿Podemos hablar? – resoplo de nuevo, imperceptiblemente. Lo que menos quería era hablar con esa bruja que le taladraba la cabeza y los sentidos, no tenía tiempo para sus inseguridades, para su bondad que culminaba en lastima y para su desquiciante olor y sabor que ya había probado días antes.

- Realmente no tengo ánimos hoy de ser interrumpido por ningún lobo rabioso y celoso, ¿Qué te parece si hablamos otro día? – zanjaba el tema, no quería ser rechazado en la madrugada antes de irse a su antiguo colegio a luchar contra los que se consideraban superiores, no tenía ganas de escuchar excusas de edad, de compasión… odiaba la compasión. Se levanto del sofá y comenzó a caminar pero entonces escucho de nuevo su voz y su corazón se hincho.

- Le he explicado que siento algo por otra persona – comenzó ella – y tal vez no entienda muy bien qué es lo que estoy sintiendo pero de algo estoy segura, no es hacía él que lo siento, es hacía ti – Blaise se volteo y la miro con detalle, tenía el cabello rojo y sus mejillas también, igual que la vez que se besaron, igual que el día en que se adueño de sus cálidos y agiles labios – Me ha dicho que aceptaba estar conmigo pero no quiero estar con Remus, cuando el momento llego me di cuenta que quiero tus labios sobre los míos, que es tu calor el que necesito para apaciguar el frio que a veces me carcome, que tus chistes e irreverencia me hacen olvidar mi torpeza, tú me haces sentir sensual, me haces sentir una mujer y lamento no haberme dado cuenta antes pero – Tonks no pudo continuar, sus labios eran invadidos por unos labios morenos, carnosos y jugosos que la incitaban a pecar, abrió su boca y se dejo asediar por la lengua del moreno que tanto había añorado ese día, que había extrañado como si hubieran pasado años.

- ¿Qué quieres? – pregunto fogoso, imposible de apaciguar, estaba llevando una vida de celibato que no estaba para nada acostumbrado a llevar.

- Lo que tú quieras – y esas palabras fueron música para los oídos de Blaise que con sus fuertes y contorneados brazos la elevo, la mujer enlazo sus piernas alrededor de las caderas del moreno y siguió dejándose adueñar por sus labios sobre ella y se aventuraba a adueñarse ella de él.

Blaise retomo su puesto en el sofá con ella a horcajadas sobre él, mientras apretaba con toda su palma sus muslos, sus caderas, subía la pequeña blusa que la cubría y la sentía arder, la podía sentir calentarse a un nivel no apto para un termómetro. Poso sus amplias manos en los senos de la trigueña, tan suaves y tersos. Los sentía elevarse hacía él, denunciándolo como causante de aquel placer creciente. Tonks se frotaba con agilidad y experiencia por encima de la entrepierna del moreno, pegaba sus pechos al rostro del moreno en cada elevación del roce, Blaise la detuvo y saco la blusa por su cabeza y se aprisiono entre ambos senos, mientras dejaba besos y chupones entre su esternón y el inicio de aquella colina que avecinaba placer y desenfreno.

El calor aumentaba, los movimientos se aceleraban, la música que sonaba en el lugar eran gemidos quedos y gruñidos de placer desenfrenado, murmuros de continuación, de deseo.

Pero como cosa rara en esa maldita mansión, escucharon un ruido y tuvieron que separarse de inmediato, dejando a una bruja acalorada, con el rostro ruborizado, un cabello rojo chillón y una entrepierna húmeda e incandescente y a un moreno con un pantalón que estaba a punto de estallar, labios húmedos y ansiosos por seguir humectados, la camisa desarreglada y las manos con cosquillas por seguir tocando el cuerpo que antes se le había ofrecido.

- Maldita sea – susurro exasperado, siempre le pasaba la misma mierda, ¿acaso Merlín lo odiaba?, Tonks se carcajeo por lo bajo y se paro como si nada hubiese pasado.

- Hola Arthur – dijo amablemente la metamorfamaga, el eludido volteo y la saludo cálidamente.

- ¿Qué haces por aquí a esta hora Tonks? – pregunto inocentemente, había bajado para buscar algún aperitivo en la cocina y tomar algún calor en la sala.

- Fui a la cocina a comer algo pero vine a ver la chimenea, ¿te acompaño? – tenía que sacarlo de la sala para que el moreno pudiera irse de una vez.

- Gracias – respondió el patriarca de la familia Weasley – yo también vine por un aperitivo.

Blaise fruncía el ceño mientras miraba su abultado pantalón hastiado y cansado de ser célibe, seguro hasta los gigantes en su viaje habían tenido más acción que él, y es que ya pensaba en tener alguna llaga en su mano derecha, hasta se intercambiaba de manos ahora, y justo en el momento en que tenía a ese mujerón encima ocurre otra maldita interrupción y de nuevo por un miembro de esa familia, por Salazar juraba que si se le daba la oportunidad de detener a la comadreja, le haría pagar todo lo que su familia le había hecho, es que ya todo había tomado un tono personal. Ya vería esa familia horrible de cabellos rojos y actitudes imprudentes. Cuando sintió que la bruja y el asqueroso traidor a la sangre se habían ido, se paro del suelo de mala gana y se encamino al ático, resoplando indignado, obstinado y molesto.

- Malditos pelirrojos, son un peligro para la comunidad mágica – proclamaba entre susurros y maldiciones.

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Eran las 5 de la mañana y por las caras de todos los presentes, se podía apreciar que absolutamente nadie había dormido. Las ojeras hacían estadía por debajo de sus ojos, sus miradas estaban ensombrecidas y expectantes a lo que vendría, había un silencio absoluto en el lugar, todos esperaban a Draco y Harry que aún no bajaban.

- ¿Ha dormido con Harry? – pregunto indiscretamente Blaise a Hermione, lo suficientemente alto para que algunos en esa sala escucharan.

- Por supuesto que no – dijo escandalizada la castaña – durmió conmigo – pero el arrepentimiento se apodero de ella en cuanto vio la mirada de todos sobre ella y la risa petulante del moreno.

- No creo que hayas dormido mucho entonces – bromeo el moreno, dándole con el codo en el estomago a la castaña de forma insinuante, una castaña que lo fulminaba con la mirada.

- Buenos días señor Malfoy – saludo amablemente el que hasta hace poco era líder de la resistencia, no podía negar que se sentía a gusto con la decisión que había tomado. El joven Malfoy rebosaba de salud, juventud, inteligencia y todo lo que a pesar de su lucidez ahora no estaba al máximo, no se había equivocado en dejar de herencia a ese joven que había tomado como él hace muchos años el camino de la oscuridad y que gracias a una mente brillante había logrado retroceder y tomar el camino adecuado, había encontrado la luz. Veía esa misma aptitud en el joven rubio que ahora se colocaba frente a él, con una decisión en sus ojos y una perseverancia poco común en los jóvenes de esa edad.

Una perseverancia que se formaba luego de años de dolor, de malas decisiones y también malas creencias que conllevan a un sinfín de asuntos que no concluyen en nada bueno pero la inteligencia innata del joven Malfoy había desembocado en una serie de eventos afortunados para la comunidad mágica y también para la muggle.

No se había equivocado, definitivamente no lo había hecho.

- Buen día a todos – comenzó el rubio, pasando su mano por su cabello rubio. Todos respondieron amablemente, excepto por supuesto un pelirrojo problemático – ¿todos tienen sus pertenencias? – todos afirmaron a la pregunta – Bien, Nos iremos en 3 escuadrones, Snape irá en la cabecera, se irá con todos los chicos y Potter, posteriormente ira Lupin con Tonks, Alastor y Fleur – comenzó Draco caminando directo hacia el viejo director y susurro algo en su oído, la respuesta fue un simple asentimiento – Dumbledore irá en tercer lugar con la familia Weasley, nadie esperara al escuadrón siguiente, llegan a cabeza del puerco e inmediatamente ingresan al túnel, Longbottom ya estará esperándolos en la entrada y guiara sus pasos, irán a oscuras hasta la mitad del túnel evitando cualquier detección de hechizo, nadie puede hablar, nadie puede refutar, no debería haber ningún inconveniente – culmino el joven mago, todos asintieron.

- ¿Y tú? – pregunto Hermione.

- Seré el ultimo en irme, por cierto, el traidor – lo había hecho a propósito, utilizar aquella despectiva definición para Percy – ya está custodiado por la mansión, como saben es mía y la magia cuidara de su estadía aquí.

- Es de Harry – dijo Ron, no pudiendo evitar su enfurecimiento.

- Realmente no comadreja – la sonrisa que emanaba de los labios del rubio anunciaban un peligro inminente – es mía, soy el ultimo Black que queda y aunque haya sido la mansión de Sirius la casa tiene una lealtad innata para un miembro real de su familia y no para Potter – culmino con una sonrisa de suficiencia que dejaba claro que no decía mentiras – bien, sin más estupideces – y con una mirada de advertencia miro a Ron – vaya el primer escuadrón, esperemos 5 segundos y continuara el próximo, sin pausa.

Y así fue, el primer escuadrón liderado por Snape se desapareció de la mansión, habían levantado los conjuros y ahora podían desaparecerse, era demasiado peligroso hacerlo fuera de la casa, arriesgarse a que alguien viera al elegido sería una llamada de advertencia y gritar con megáfono su ubicación. El segundo escuadrón no duró en marcharse y Dumbledore con una sonrisa solemne se despidió del platino pues ahora le tocaba a él, la familia Weasley se tomo de las manos y se desapareció.

- ¿Pero qué? – grito Ron que había sido sostenido por la capa y habían evitado su desaparición - ¿Qué haces? – gritaba exasperado.

- Vamos a tener una pequeña y concisa conversación tú y yo comadreja – la voz melodiosa del rubio, pero recta le dejaban ver a Ron que estaba en aprietos, no podía ser algo bueno haberse quedado en esa casa solo junto a la serpiente que tanto odiaba.

- No tengo nada que hablar contigo Malfoy – quiso sonar amenazante pero el tono de su voz temblaba levemente y sus manos también lo hacían… Draco lo rodeo e imperceptible para la vista de Ron mantenía su mano empuñando su varita.

- Que bueno sabandija – Draco dio un paso hacia a Ron y este de forma involuntaria retrocedió ese mismo paso – porque el que te va a decir ciertas cosas soy yo – Ron podía jurar que había disminuido la presión de oxigeno de ese lugar, que le dolía respirar con normalidad, que hacía un frio lúgubre, comparado tal vez con el cambio de temperatura que ocurría al enfrentarte a un dementor.

- No me asustas – pero decirlo en susurros no afirmaba su negativa – déjame ir Malfoy – fruncía el ceño, pero no tanto para parecer amenazante.

- Sé que te asusto; me lo dice tu pupila dilatada, tu labio inferior temblando, tus manos frenéticas intentando arrancarse los dedos, tus palpitaciones aceleradas – lo rodeaba mientras le decía todas esas palabras, le explicaba todas las cosas que él creía se le escapan de alto pero Draco no pasaba nada por alto – puedo seguir comadreja pero realmente te he dejado aquí para decirte algo mucho más importante que decirte lo avergonzante que eres y en cómo has superado con creces lo patético que eres – Ron iba a interrumpir pero fue en ese momento que observo como la mano del rubio jugaba con su varita y Ron sabía con creces lo hábil que era con esa vara de madera, así que escogió lo más sensato, callarse – exacto comadreja, guarda silencio - ¿le leía la mente? – te he dejado aquí para advertirte de buena manera algo – la sonrisa no quería decir simpatía, avistaba peligro – si se te ocurre desobedecerme en el colegio y en el campo de batalla, yo mismo te voy a matar y no creas que no soy capaz porque ya lo he hecho antes Weasley – el escalofríos que recorrió al pelirrojo lo hizo estremecer, trago grueso y apretó sus piernas para no correr despavorido en ese momento – he sido muy condescendiente con tus estupideces y arranques de idiotez pero mi paciencia ya se agoto así que repito por última vez esto – levanto su varita inocentemente y con agarre flojo apunto a Ron que lo miro abrumado – si llegas a actuar tan siquiera como la misma sabandija de siempre, si se te ocurre pensar por ti mismo en vez de seguir mis órdenes, te voy a matar… muy dolorosamente, no me importara tu madre, Potter, Dumbledore ni Hermione, si llegas a hacer una imprudencia te voy a quitar la vida, ¿entiendes?

- No me amenaces Malfoy – logro pronunciar en un susurro quedo el joven pecoso. Draco se carcajeo hilarante.

- No lo hago comadreja, yo no amenazo. Te estoy avisando lo que pasara si haces una estupidez, si admites que a pesar de esta grata conversación harás alguna idiotez, avísame de una vez y te encierro en el calabozo Black junto a mi adorable tía Bella para que charlen sobre cuántos sentimientos tienen hacia mi – esta vez Ron no pudo evitar mostrar su pavor a las palabras del rubio. Negó con fervor y evito espabilar para no perder de vista al platino que seguía rodeándolo como una pantera a punto de comer.

- Seguiré tus órdenes Malfoy – acepto de mala manera.

- Muy bien – exclamo con ánimos – que inteligente eres Weasley – y la sonrisa se desapareció – me ahorras una imperdonable y tú vivirás más – paso su varita por la frente del pelirrojo y este inevitablemente cerro sus ojos con fuerza – vete – ordeno con desdén – ya – y sin abrir los ojos Ron se desapareció, estaba aterrado, nunca había sentido tanto miedo en su vida pero es que había visto maldad pura desbordarse de los ojos del rubio, una mirada que siempre era gris se había tornado plomo, unos rasgos aristocráticos se convirtieron en crueldad pura y su varita lucía como una sentencia de muerte. No quedaba duda, Draco Malfoy era el mismo demonio – bien – dijo Draco solo en esa antigua mansión que ahora observaba como una prisión, tétrica y sombría. Sin esperar un segundo más utilizo su varita para salvo guardar su paradero y mantener las cosas intactas y se desapareció del lugar.

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Habían más de 100 personas en la sala de menesteres, todas impacientes por escuchar las palabras de Harry, exclamando la sorpresa de encontrar al antiguo director con vida, de ver a varias serpientes defensoras de la pureza de la sangre con ellos, los murmullos adornaban y alteraban el lugar repleto de viejos compañeros de colegio, niños de apenas primer curso, profesores del colegio, todos expectantes a las palabras del elegido pero para sorpresa de algunos y desagrado de otras el que tomo la palabra fue Draco Malfoy, antiguo Slytherin y conocido por ser el sangre pura más déspota de la historia de la magia después posiblemente de Voldemort.

- Es posible que les sorprenda a todos ustedes, a unos más que otros que sea yo quien tome la palabra – los antiguos huéspedes de la mansión Black se posicionaban a su espalda, al igual que Neville que aunque no había estado por mucho tiempo en ese lugar, mantenía una conexión bastante cercana y hasta cordial con el rubio, le debía la vida después de todo – por órdenes de Albus Dumbledore he sido asignado como comandante general de esta resistencia con la intención de ganar la guerra – se escucharon murmullos claros donde se dejaba claro que no confiaban en él, donde lo acusaban de mortifago y posible traidor. Draco endureció el gesto – no me importa si lo creen, tampoco me interesa si lo aceptan porque de igual forma acataran toda orden que proporcione cuando sea el momento.

- ¿Y por qué haríamos eso? – pregunto colérico Seamus que tenía la nariz partida y algún rosetón en la mejilla que ya se desaparecía – hasta hace poco eras un mortifago, hasta hace poco defendías la pureza de la sangre y no es por ofender pero tal vez los años han afectado la claridad del profesor Dumbledore – aquello ultimo lo había admitido con vergüenza.

- Porque si no lo haces, morirás – espeto el rubio sin ningún gramo de sutileza – he estado más de un año salvándole el pellejo a todos ustedes directa o indirectamente, no me interesan sus juicios de moral cuando han estado aquí en el colegio esperando a que pase algo pues lo que paso es que yo tengo el mando y si alguno de aquí se opone, tiene las puertas abiertas para irse – Harry sonrió y rodo los ojos, con esa actitud nadie lo iba a aceptar, el rubio no tenía ni un gramo de humildad ni de empatía.

- Yo me encargo Draco – dijo con una sonrisa el trigueño, palmeándole el hombro con afecto, Draco bufo pero no se quejo, le provocaba lanzar un imperio a todos para que se callarán y obedecieran – Hola chicos – todos saludaron exaltados, emocionados por saber que Harry estaba con ellos, que habían esperanzas – entiendo tus dudas Seamus, al igual que entiendo las dudas de muchas personas aquí, es verdad, Draco es un mago sangre pura, fue un mortifago, era un defensor de la sangre, fue mi archienemigo aquí en el colegio, el único que se batía a duelo conmigo… todo eso es verdad pero ¿recuerdas Seamus cuando no me hablaste en quinto curso porque dudabas de mi al decir que Voldemort había vuelto? – todos guardaban silencio y temblaron al escuchar ese nombre salir de los labios del castaño, Seamus asintió - ¿Dean recuerdas como desconfiaste en cuarto curso de mi cuando les explique que yo no había hecho nada para participar en el torneo de los 3 magos? – de nuevo hubo un asentimiento – pues yo he desconfiado de Draco desde primer curso, menos mal tengo una conciencia castaña e indomable que me hizo abrir los ojos. Este hombre que está aquí ha luchado en nuestro bando desde antes de marcharnos del colegio, ha sido un doble agente al igual que el profesor Snape, han proporcionado una ventaja en nuestro bando que no solo se resume en esperanza sino en posibilidad – todos escuchaban atentos las palabras del elegido, Draco por supuesto inspeccionaba la mente de todos los presentes, no quería estar de nuevo frente a un traidor y por lo que veía no había ninguno está vez.

"Draco no solo ha sido y es un gran aliado, es un amigo personal en el cual confió plenamente – todos miraron a Harry como si estuviera demente, una cosa era escuchar que el rubio había cambiado de bando y que era hábil, nadie lo dudaba sabían lo buen mago que era pero eso de que eran ¿amigos?, ni de joda – es así, me ha entrenado para ser más fuerte, me ha salvado incontable de veces y si no aceptan que es el comandante de esta guerra déjenme decirles que no tenemos ninguna oportunidad de ganar pues todos los aliados que hemos conseguido han sido gracias a él"

- Es cierto chicos – añadió Neville – Draco no es el mismo de antes, ha cambiado muchísimo, como les he dicho, si no hubiera sido por él no estaría vivo, él junto a Harry, Ron y Nott me salvaron de la mansión Malfoy donde su desquiciada tía me estuvo torturando – todos miraban asombrados al rubio que no se inmutaba de su lugar y mantenía sus ojos entrecerrados – es también gracias a él que logre mantenerlos a salvo aquí – todos asintieron, Neville les había contado todo aquello a sus amigos más cercanos, de un rubio antes malvado y cruel hacia todos a uno que había cambiado por algún motivo desconocido, el rumor no tardo en esparcirse por todas las casas, por el colegio entero.

- ¿Y por qué cambio de bando? – pregunto curiosa Lavander.

- Porque me dio la gana – espeto el rubio con fastidio, pero nadie paso por alto que la mano de la castaña se había posado por debajo de la del rubio y se habían entrelazado sus dedos rápidamente. Todos miraron al rubio anonadados, ¿estaba liado con la prefecta Granger? ¿con la impura Hermione Granger, alumna de Gryffindor y mejor amiga del elegido?

- ¿Y por que el profesor Dumbledore no puede seguir siendo nuestro guía sino esa serpiente? – pregunto inconforme una alumna de la casa de los tejones, algunos vitorearon esa pregunta otros simplemente esperaron la respuesta.

- Porque esta serpiente señorita – intervino el profesor Dumbledore ante aquella discusión amena en la que se habían embaucado – ha hecho por esta guerra lo que ni siquiera yo mismo he podido.

- ¿Y qué es? – pregunto de nuevo sin sentirse respondida claramente.

- Pues el joven Malfoy se ha introducido en la oscuridad, se ha rodeado de ella sin llegar a volverse de esa misma tonalidad – sus ojos vagaban en algunos recuerdos, aquellos ojos azules viajaron a un momento de su vida en donde se había introducido en la oscuridad pero si había sido afectada por ella – este joven a logrado brillar lo suficiente para no oscurecer su aura más de lo necesitado, hemos conseguido grandes aliados gracias a su inteligencia y astucia, hemos logrado ser más fuertes ahora gracias a su disciplina y constancia. A pesar de aun tener mis cinco sentidos intactos como todos saben, la edad siempre pasa factura y no seré yo quien sea un obstáculo para lograr lo que todos anhelamos, no seré yo quien obstruya el camino de la paz que este joven nos ha trazado con dificultad, ¿alguno de los presentes aquí piensa ser ese obstáculo? – pregunto con calidez - ¿alguno piensa oponerse a este joven por simplemente haber actuado como un chiquillo cuando lo era y no aceptar su madurez ahora que la posee? – todos miraban atentos al viejo director – no sé ustedes, pero mi vida fue confiada a este hombre en el pasado y pienso volver a confiar en sus sabias decisiones esta vez – afirmo con agrado, colocándose sus lentes de media luna adecuadamente en su vieja nariz y parándose tan derecho como su edad lo permitía - ¿y ustedes?

El silencio se adueño del lugar, todos evaluaban al joven rubio que se mantenía de pie ante la mirada evaluadora de todos los presentes, estaban introduciendo en su ser las palabras de Harry, de Neville y ahora del antiguo profesor del colegio, el mago más poderoso de todos confiaba su vida a un joven mago que no lo igualaba en poder y a pesar de eso confiaba plenamente en él, a caso estaban pasando por alto algo.

- ¿Por qué te ha entrenado él Harry? – pregunto Dean con intriga.

- Porque es más poderoso que yo y sus habilidades son mucho más amplias que las que había aprendido, me ha enseñado algunas cosas, otras no han dado tiempo – dijo sin ninguna vergüenza el castaño.

- ¿Más poderoso que tú? – pregunto escéptico el moreno.

- Si – afirmo el castaño con desgana, no ponía en duda aquello, lo había tenido que enfrentar muchas veces en el pasado y había sido una vergüenza ser derrotado sin siquiera haber realizado un movimiento el rubio.

- ¿Qué usted profesor? – pregunto Padma, interviniendo por primera vez.

- Me alegra decirles que así es – todos abrieron desmesurados sus ojos, ¿Draco Malfoy era más poderoso que Albus Dumbledore?

- No creo eso – espeto Seamus molesto, habían sido años los que aguanto insultos de esa serpiente viperina, años insultado por ser hijo de sus padres, por ser bajo de estatura, por ser orejón, por estar vivo y ahora le decían que era súper poderoso y de paso que tenía que seguirle.

El aire se volvió denso, y el lugar se oscureció a penumbras, no se observaba nada con claridad, solo las siluetas de las personas, el silencio habitaba el lugar. Harry negó con la cabeza suspirando con desgana, era Draco.

- Pues créelo duende de segunda – soltó despectivo el rubio acercándose a Seamus que lo miraba alarmado – no tengo porque probarles mi valía, ni tampoco mi lealtad – afirmo de nuevo y todo el lugar volvió a la normalidad – si tengo que usar una imperdonable para que todos me obedezcan lo haré – quisieron no creerle pero el temple que mantenía el rubio demostraba que estaba amenazando con seriedad a todos los presentes – estoy cansado de sus discursos de valor pero de sus actos cobardes, estoy harto de sus dudas hacia las serpientes pero muy seguros de los suyos, también puedo darle nombres de dignos leones que han sido unos traidores y leales a Voldemort – e hizo un énfasis desagradable en el nombre de aquella serpiente que ocasiono terror a los presentes – no me importa si no me apoyan, no me importa si no van a la guerra… porque la guerra empezara pronto Seamus y tu mami y papi no te salvaran, te toca a ti salvarlos – los ojos de todos se abrieron alarmados, Draco había sacado su varita – ni se te ocurra Dean – el moreno cayo arrodillado al suelo sin ningún movimiento de varita, los pocos murmullos que se hicieron se acallaron al instante – se van a enfrentar a personas peores que yo, personas que no los desarmaran sino que los mataran, no quieres seguirme porque sigues pensando como un maldito estudiante de esta escuela, bien, hazlo, pero no me estorbes, ni a mí ni a los que realmente quieren deshacerse de esa maldita serpiente - imperceptiblemente todos los presentes se habían alejado, dejando a Seamus y Draco en el medio de la sala. El joven león respiraba profundamente, estaba asustado como nunca en su vida se había asustado, sentía su cuerpo entumecido, miraba fijamente la mirada oscura de aquel mago que hacía unos años le insultaba y fastidiaba pero ahora no veía a ese niño mimado, veía un hombre letal, decidido a ganar esa guerra.

- ¿Cuál es tu plan? – pregunto en un susurro Seamus, aterrado por todo lo que sentía pero entendiendo que si tenían de su lado a un ser como el rubio, tenían posibilidades de ganar, además daba gracias a Merlín no tener que enfrentarse a una persona así porque le tenía pavor.

- Bien – dijo con una sonrisa el rubio, todos exhalaron nerviosos, dejando que el aire entrara de manera adecuada de nuevo a sus pulmones – trabajaremos por escuadrones, empecé esto hace unos días pero preferí estar con todos aquí presentes para poder explicarlo una sola vez – Draco continuó explicando detalladamente su plan, serían 7 escuadrones. Cada uno tendría un líder y un sublíder además de 10 personas bajo su mando directo y estás 10 personas 10 más, logrando una cadena ordenada y configurada para mantener una torre de control que sería el líder y en ausencia el sub. Todos los presentes debían decidir inmediatamente en que escuadrón querían estar, dependiendo de sus habilidades y destrezas.

El escuadrón 1 estaría liderado por Albus Dumbledore y se encargaría de mantener el colegio libre de enemigos, desde la torre de astronomía hasta el tercer piso, su sublíder sería Minerva Mcgonagall.

El escuadrón 2, sería liderado por Severus Snape y estaría a cargo del segundo piso hasta las mazmorras, al igual que el director, la prioridad era mantener intacto el castillo, evitando cualquier intromisión enemiga; el sublíder sería Alastor Moody. Tanto el grupo de Dumbledore como el segundo tendría la ayuda de todos los elfos domésticos, tanto del colegio como los de algunas mansiones, familias conocidas y los pocos elfos libres que querían permanecer así y sabían que con la victoria de quien-no-debe-ser-nombrado tendrían que olvidar.

El escuadrón 3, estaría comandado por Remus Lupin y como segundo al mando por Bill Weasley, ambos se encargarían del sector del lago, tendrían la ayuda de las sirenas que aunque no habían confirmado su apoyo, sabían defenderían al colegio

El escuadrón 4 o el escuadrón de asalto estarían a cargo de Blaise Zabini y Hermione Granger quienes tendrían que mantener a raya toda amenaza en la entrada del colegio y en un perímetro de 5Km, desde la entrada hasta los lindes del bosque prohibido, colaborarían con ellos los gigantes, los centauros y las acromántulas; en este batallón estaría inmerso Rubius Hagrid para mantener una comunicación tolerable y un control sobre estas criaturas muy poco dóciles.

El escuadrón 5 o de inteligencia estaría liderado por Theodore Nott y Neville Longbottom, encargados de mantener la comunicación entre los escuadrones intactas a través de encantamientos patronus o hadas, obviamente en ese escuadrón tendría que estar la señorita Luna Lovegood, tendrían el apoyo de las arpías para mantener un perímetro libre de peligros además de obtener inteligencia adicional pues ellas eran sumamente astutas.

El escuadrón 6 o de ataque aéreo estaría a cargo por la profesor Hoof y secundado por Nymphadora Tonks, mantendrían el aire libre de atacantes, solo los jugadores de quidditch podían pertenecer a este escuadrón, aurores o personas agiles encima de escoba, además contarían con la ayuda de los therstral.

- Para finalizar el escuadrón 7, estará a mi cargo y seré apoyado por Harry Potter – todos trataban de memorizar las palabras del rubio, de mantener claro en cual escuadrón iban a colaborar y aliviados por saber que tendrían grandes aliados en esa horrible guerra – absolutamente nadie puede asimilarse a este escuadrón, estaremos con el apoyo de los Graphorn y dragones, absolutamente ningún humano puede acercársenos ¿entendido? – pregunto algo exasperado por haber tenido que hablar tanto.

- ¿Los Graphorn nos ayudaran? – pregunto un pequeño estudiante de tercer curso de ravenclaw – pero ellos son las criaturas más peligrosas del mundo – dijo sorprendido, realmente sorprendido.

- Hay seres más peligrosos y ellos lo saben – contesto con simpleza el rubio, les había mostrado a esas indomables bestias lo que pasaría con ellos si no los ayudaban, habían aceptado pero su petición había sido clara, ningún humano debía acercárseles o los matarían y así sería.

- ¿Dragones? – pregunto incomodo Dean que aún sentía dolor en su rodilla.

- Si – iba a soltar solo esa afirmación pero vio las caras de suspenso de todos los presentes y se obligo a continuar – tendremos el apoyo de algunos dragones, George nos ayudará a traerlos, él será el único que esté con nosotros y solo cuando los dragones ataquen.

- Señor Malfoy – lo llamaba Dumbledore – esto que dice quiere decir que esperaremos que ellos den el primer golpe, ¿verdad? – y así era, Draco tenía todo estratégicamente planificado.

- Por supuesto – afirmo con una parsimonia no común en él – todos estaremos en posición pero no seremos nosotros quienes ataquen, dejaremos que ellos crean tener la primera ventaja y en ese momento de templanza y frenesí los quemaremos vivos.

- ¿No cree ser un poco cruel señor Malfoy? – pregunto acongojada Minerva – nosotros no somos asesinos – estaba escandalizada por aquel siniestro plan.

- Es verdad – apoyo el rubio – pero tampoco seremos las victimas esta vez, vamos a una guerra profesora, una guerra en donde ellos no les temblara la varita para matar a este chiquillo de primer curso, una guerra donde el campo de batalla será un maldito colegio minado de niños, lo siento y respeto si usted no quiere participar pero esta vez yo no me conformare con hechizos desarmantes o un petrificus, está vez me cerciorare de que no haya un nuevo intento de mago oscuro – por primera vez todos en aquel lugar vieron a Draco como un líder, alguien que no estaba dispuesto a dar la vida de los integrantes de ese colegio por un mortifago.

- La vida de ellos también es importante – y fue esa afirmación de Minerva la que hizo que Draco la mirara con decepción y furia.

- No la es – y la miro con vergüenza ajena – dejo de serla en el momento en que torturaron vidas inocentes y cuando me refiero a inocentes hablo de niños de 3 años que despellejaron vivos porque consideraban impuros, me refiero a inocentes a mujeres impuras que no sabían que estaban embarazadas de magos y les sacaros los fetos del vientre sin anestesia y luego las mataban frente al cadáver de algo que pudo haber llegado a ser importante – Minerva intento callarlo escandalizada por toda la terrible historia que contaba frente a ella pero Draco levanto la voz e hizo callarla, todos temblaban de pavor sobre lo que decía el rubio, pero entendían sus palabras, las entendían y no querían dejar que pasará más – sus vidas dejaron de ser importantes en el momento en que mataron por diversión y no por una necesidad humana, sus vidas dejaron de valer algo cuando no solo mataban, sino que apaleaban, degollaban, despellejaban y cruciaban a otra persona nada más porque Voldemort se los ordenaba o porque simplemente les apetecía limpiar a este mundo de sangre impura – Draco se acerco al centro de la sala y con una mirada que nadie había visto jamás culmino – no le estoy pidiendo que asesine ni tampoco que torture pero le exijo que no permita que esas malditas escorias le quiten la vida a ningún estudiante de este colegio ni tampoco a ningún aliado porque usted sea una cobarde – y esa palabra hizo que la profesora de transformaciones frunciera el ceño y resoplara con indignación, un antiguo estudiante y uno de los desagradables acababa de darle una lección de vida. Se mantuvo en silencio, en total silencio. Nadie dijo nada, le daban la razón, apoyaban esa decisión, no eran asesinos pero no serían asesinados ni tampoco vencidos por unos seres que se proclamaban superiores pero iban a una escuela llena de niños a destrozarla, no permitirían que ganaran – Todos pueden empezar a conversar con su líder de grupo, yo ya he dado las respectivas ordenes a cada líder antes – Hermione lo miro confusa, ella no sabía absolutamente nada.

- Tranquila leona, yo sé todo – le dijo Blaise como si hubiera leído su mente, Hermione asintió automáticamente aún con el ceño fruncido. ¿Por qué no le había dicho nada? Pero Blaise sabía el porqué, de haberlo hecho seguro la castaña hubiera puesto peros para estar en un escuadrón cerca del de él, también se hubiera quejado en tener tantas criaturas de aliadas en vez de otros escuadrones, la castaña no podría haber aceptado la situación rápida y fácilmente y sabía que Draco quería evitar otro drama por eso se lo había explicado todo mentalmente, por eso le había pedido con precaución que estuviera atento de la castaña y que no pasara por alto al menor de los pelirrojos.

- ¿Por qué Harry irá contigo? – pregunto confusa una joven de sexto año o quinto.

- Porque si no, no podremos ganar – afirmo Harry con cansancio – no tengo la habilidad suficiente para enfrentar a Voldemort y salir victorioso – todos se preguntaban si acaso el decir el nombre de esa horrible serpiente les hacía sentir más poderosos porque estaban cansados de sentir escalofríos cada vez que lo pronunciaban.

- Pues bien, vayan todos – daba por zanjado el tema – vamos Potter, a entrenar – y Harry lo miro escandalizado ¿entrenar? Odiaba entrenar.

- ¿Justo ahora? – pregunto con una mueca de desagrado en el rostro.

- Si, ahora – dijo tajante.

- ¿Draco? – le llamo Neville con nerviosismo, tropezando a unos cuantos en el camino, Draco lo miro interrogante, instándolo a seguir – la he encontrado – dijo en un susurro que solo pudieron escuchar Harry y Draco, el rubio asintió y sonrió imperceptiblemente, la maldita serpiente que asesino a sus padres pronto tendría su fin.

- Bien hecho Neville – le felicito con orgullo pero con frialdad el rubio, tenía el mismo temple de Snape y Neville no podía evitar erizarse al compararlos mentalmente – ve con Blaise a buscarla y destrúyanla, él sabe hacer fuego infernal también – afirmo el rubio y Neville asintió – Neville – le llamo rápidamente antes de que se fuera – no le digas a nadie más – de nuevo solo hubo un asentimiento por parte del experto en herbología – Potter – el elegido se había desconectado de la realidad.

- Solo falta la serpiente y yo – dijo en un quedo suspiro el elegido.

- Nadie puede saber que lo sabes Harry, haz silencio – sentencio el rubio con recelo, pero nadie les escuchaba, todos estaban muy atareados recibiendo a los estudiantes y aliados en cada escuadrón – vamos a entrenar que tengo que buscar al dragón después – concluyo el rubio y se fueron ambos del lugar, se alejaban de todos, insertándose en los antiguos pasillos del colegio ya libre del peligro de los mortifagos, los miembros de la orden y los profesores se habían librado de todos, manteniendo el colegio como lo recordaban, un lugar seguro.

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- ¿Y que se supone que tengo que hacer? – preguntaba confuso Blaise con una especie de corona en las manos que había encontrado días antes Neville en la sala de menesteres, en una sala llena de desperdicios, muebles antiguos y humedad, había logrado tomarla luego de un enfrentamiento con duendecillos de montaña que ansiaban devorarlo, de tan solo recordarlo, temblaba.

- Pues destruirla, es un horrocrux – explico el castaño como si fuera algo obvio.

- ¿Es un qué? – la confusión albergaba a Blaise, ¿un horrocrux, una coronilla, destruirla?

- ¿No sabes nada? - ¿Por qué Draco le mandaba a buscar a una persona que no sabía nada? Neville estaba frustrado.

-Bueno, puedo saber algunas cosas pero una de ellas no es que es un horo algo y porqué debemos destruir esta corona o lo que sea – Blaise pasaba por sus dedos aquella delicada diadema que no tenía idea de cuánto valía y de a quien había pertenecido, tampoco sabía porque se sentía tan atraído hacia ella, sentía un poder emanar de ella que lo atraía, lo embelesaba.

- Es la diadema de Rowena Ravenclaw, Zabini – explico Neville nervioso – fue usada por quien-no-debe-ser-nombrado para convertirla en un horrocrux que no es más que una fragmentación de su alma para poder ser inmortal o eso me ha explicado Draco – finalizo el castaño con premura, sentía que estando cerca de esa diadema cosas malvadas pasarían. Blaise asintió asombrado y la paso entre sus dedos con delicadeza.

- ¿Y como se supone que se destruye?

- Pues – Blaise lo miraba atento, estaban ubicados en un viejo salón en desuso con muchos escritorios desmantelados, una pizarra inclinada y vieja que había perdido su antiguo color verde bosque, telarañas y polvo – se destruye con veneno de basilisco o fuego infernal.

- ¿Y de donde vamos a sacar esas cosas? – pregunto contrariado el moreno.

- El veneno de basilisco no lo poseemos y la espada de Gryffindor no ha sido vista desde hace tiempo con la cual podríamos destruirlo pues absorbe todo lo que alguna vez ha matado y como recuerdas Harry la uso para vencer al basilisco en la cámara de los secretos – Blaise asentía en respuesta a sus palabras – pero Draco me dijo que tú sabías hacer fuego infernal – concluyo el joven y torpe mago que ahora había cambiado para ser un hombre digno de respeto. Blaise carcajeo nervioso luego de las palabras del león - ¿Qué causa risa?

- Yo no sé hacer bien fuego infernal – la risa se había borrado de sus labios – es decir, sé hacerlo pero no detenerlo, Draco sabe muy bien eso – las manos le temblaban a Neville.

- ¿Y entonces qué hacemos? – pregunto contrariado – no podemos ir a buscar a Draco por el castillo con la diadema en mano, debemos destruirla, eso debilitara a quien-tú-sabes – Blaise asintió, estaba pensando, odiaba tener que pensar con presión.

- Bueno, vamos a intentarlo – dijo con seguridad – si morimos en el intento por lo menos habremos destruido la cosa está y esa serpiente de mala categoría estará más débil – Neville lo miro con pasmo, ¿esa serpiente que estaba frente a él le estaba hablando de sacrificio?

- Pero no quiero morir – negó tajante.

- Bien – condescendió el moreno – salte de esta aula – ordeno con seriedad.

- ¿Qué dices?

- Voy a conjurar fuego infernal, haz un hechizo de bloqueo y protector fuera del aula y así si alguien muere o algo malo pasa solo será a mí – Neville lo miró como un demente, estaba seguro que nadie en su sano juicio diría aquellas palabras y menos con aquella convicción y seriedad.

- No puedo hacer eso – negó con recelo.

- Claro que sí, no seas idiota – afirmo el moreno con carácter – tenemos que ganar esta guerra – debía hacer algo para salir victorioso de aquella guerra, esperaba por el mismo Salazar que no se quemara – venga, sal del aula – Neville lo miraba confundido, ¿debía irse? – puedo hacer un imperio primero y sacarte de esa manera – amenazo el moreno y Neville admiro con orgullo como esa serpiente decía la verdad, estaba arriesgando su vida para poder dar un paso más, una ventaja con respecto a los magos vestidos de negro. Asintió despacio y salió de aquella antigua y descuidada aula, cello la puerta y oró a todos los dioses y magos importantes del mundo porque aquella serpiente saliera intacta de ese lugar – Muy bien Blaise – empezó el moreno, sujetando su varita con fuerza y ahínco, mirándola con añoranza, llevaba más de 12 años con ella, aún recordaba el día en que fue a Ollivanders a comprarla y como aquella varita de color caoba lo había elegido, como su magia se había conectado a la matriz de aquel instrumento y como había comprendido que habría una conexión eterna entre él y ella, no se había equivocado, habían hecho mucha magia juntos y por primera vez en su vida, ese día dudaba de poder conjurar aquel fuego infernal que estaba catalogado como magia avanzada y oscura, muy pocos magos podían hacerlo y por pocos se refería a uno en todo Reino Unido – mira que tú puedes ser el quinto mago en hacerlo, tal vez el septuagésimo muerto pero que nadie dude que lo intentaste y que tú destruiste esta mierda – coloco la diadema en el viejo escritorio sucio y estropeado del aula y se alejo un poco - ¡Porque la vida siga! – proclamo con honor y cuando iba a conjurar el fuego sintió su varita caer al suelo por una fuerza invisible y en su lugar se aparecía entre sus dedos, blandiendo una espada pesada y de plata pura, con detalles en rubí y oro dorado en su empuñadura - ¿y esto qué es? – se pregunto a si mismo confundido pero la astucia en su interior ya había respondido aquella pregunta y sin dudar, ataco la diadema, de un solo guantazo logro darle en el centro y como si el lugar fuera víctima de un agujero negro, una presión negativa comenzó a atraerlo hacía la diadema destruida que emanaba humo oscuro y espeso, las escasas luces del lugar se apagaban y el olor a quemado impregnaba sus fosas nasales.

"¿Qué ocurre?"- estaba asustado no podía y no tenía por qué negarlo, ¿acaso no había funcionado? Pero de pronto la claridad cubrió el lugar y la diadema yacía en el mismo escritorio pero hecha polvillo, miro su mano derecha y encontró su varita, no había rastro de la espada ni rastro de la oscuridad y presión que hacía segundos había evidenciado - ¡Neville! – grito con fuerza y el antedicho entro con temor al lugar, vio el escritorio, lo vio a él y luego a su varita.

- ¿Y el fuego? – no había rastros de la diadema pero tampoco del fuego infernal.

- Tío ha sido jodidamente genial – soltó con emoción a Neville en un salto y abrazo con efusividad al castaño que aún no entendía ni pio.

- No entiendo.

- Iba a conjurar el fuego, ¿verdad? – empezó entusiasmado, Neville asintió – entonces cuando iba a hacerlo con mi grito de guerra, mi varita cayó al suelo y apareció en mi mano una espadota inmensa y bueno automáticamente le di a la corona esa con la espalda, todo se puso negro, hubo una colisión con esa corona y se hizo polvo…y después bam, todo volvió a la normalidad después – Neville intentaba entender lo que decía con tanta rapidez y emoción el moreno – no me morí – y salto emocionado – que alegría – hablaba para sí mismo, Neville miraba los restos de la diadema en el escritorio y admiraba como la ignorancia y felicidad del moreno no le dejaban ver lo que había pasado – ahora si que me ligare a esa mujer, no me importa nada – se aseguro, seguía hablando solo.

- ¿No entiendes nada de lo que paso, verdad? – pregunto con orgullo el león.

- Que le he dado por el culo a ese cretino – dijo presuntuoso el moreno.

- ¿Aparte de eso?

- No - ¿Qué tenía que entender?

- La esencia de vida de Godric Gryffindor que reposa en su espada, ha considerado que eres un digno miembro de este colegio, con las cualidades de un león y por eso te ha brindado su ayuda, otorgándote momentáneamente la espada para que destruyeras el horrocrux – Blaise lo miro incrédulo, con la quijada inmovilizada para poder volver a cerrar su boca y el pecho hinchado.

- ¿En serio? – no se podía creer eso.

- Si – afirmo con palabras y asentimientos de cabeza.

- Joder – estaba aún más impactado – soy una serpiente, y digno de paso de esa espada – se paso la mano por el cabello – soy un puto astro – afirmo con suficiencia – deja que se enteren los demás, quiero una estatua después de esto – tomo a Neville por el hombro, instándolo a salir de aquel lugar – aunque Draco seguro se meterá conmigo porque tengo algo en mi interior digno de ustedes los leones – e hizo una mueca de desagrado – aunque si el mismo fundador se siente orgulloso, no soy quien para negarme o reprochar nada – grito como si alguien, mejor dicho, Godric lo fuese a escuchar. Neville sonreía aliviado, estaban vivos y la diadema destruida.

Estaba asombrado por la actitud tan despreocupada del moreno pero estaba feliz, orgulloso de saber que esas serpientes realmente eran buenas. Unos excelentes aliados y unos muy buenos amigos.

- Gracias Blaise – le dijo el castaño pasando su mano por el hombro del moreno también, Blaise lo miro interrogante y Neville sonrió tímidamente – lamento haberlos juzgado antes, que bueno no son mortifagos.

- No me van los tatuajes – bromeo el moreno, él también agradecía con no ser un mortifago, claro que eso solo debía agradecérselo a otra serpiente que había puesto su brazo en nombre de todos ellos, pero había aportado está vez algo a la guerra, se sentía útil y motivado para acabar de una vez con las pesadillas que atosigaban a todos los seres de esa ardua realidad que estaban viviendo en la actualidad.

En la espesa negrura que se había formado antes de eliminar al horrocrux había visto como todos sus amigos estaban muertos, como Draco no cumplía su palabra y era asesinado por aquella serpiente asquerosa con ojos rojos y aspecto tétrico, por ese ser que se vanagloriaba por ser puro pero destruía todo lo inocente, era una ilusión que pretendía asustarlo para que retrocediera pero en vez de asustarlo eso fue lo que lo hizo motivarlo más a destruir aquella diadema. Porque a veces el miedo te paraliza pero otras veces, ese mismo miedo es el que te motiva a hacer algo diferente, actuar ante la quietud.

Ese espejismo lo había hecho despertar y darse cuenta que podía perder muchísimo en esa guerra si perdían, pero también se dio cuenta de todo lo que podían ganar si salían victoriosos. Tal vez las marcas instauradas serían de por vida, cicatrices imposibles de sanar pero saber que habían cumplido con su misión, que habían mantenido e impuesto una paz inexistente y cada vez más agarrotada por ese mago tenebroso lo impulsaba a seguir, a continuar luchando por un mundo donde el poco de esperanza que había se multiplicara y los hiciera ganar, para tener un mañana, para sus futuros sobrinos, para sus amigos, para él mismo.

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- crucio – conjuraba Draco contra Harry que hábilmente evitaba la maldición y contraatacaba al rubio, cada vez era más ágil. El platino jamás lo admitiría pero estaba complacido con la habilidad que el elegido demostraba en cada entrenamiento – ¿Qué pasa? – exigió saber cuándo noto como el trigeño caía al suelo, sosteniéndose la cabeza con cuidado. Notaba como estaba aguantando las ganas de gritar, Draco se acerco en unas cuantas zancadas al castaño y se agacho a su lado, cogiéndole del hombre.

- Está furioso – exclamo en una exhalación de dolor.

- ¿Por qué?, se cauteloso – advirtió el rubio y se adentro en la mente del afectado.

Estaba Voldemort, con su porte natural, tomando su pecho con sus manos largas y huesudas, traslucidas a los rayos del sol, sentado en una amplia sala antigua, frente a cientos de mortifagos a sus pies, esperando sus ordenes, parecía que hacían una reunión pero ahora todos veían preocupados a su amo y señor que respiraba con dificultad, una disnea consecutiva que los alertaba y atemorizaba, estaba en una silla grande, de bordes plateados y acolchado verde bosque, con tapetes caros y sucios, paredes de tapiz claro y lujosos acabados en el lugar; se podía ver que en algún tiempo, no muy lejano había sido un hermoso lugar, lleno de lujos y luz, pero ahora no era más que una sala sombría y sin vida, con cortinas cerradas y con apenas una chimenea encendida que daba pequeños destellos de luz que dejaban ver las siluetas, el polvo y la oscuridad de esos seres que habitaban en el lugar, como si tuvieran derecho. Era la mansión Malfoy, el rubio bufo, se hastiaba al saber que ese ser habitaba en su casa, ensuciado su pulcro salón, su limpio linaje. Maldita sabandija.

Draco y Harry se percataron que le costaba respirar, que miraba furibundo a todos sus allegados, a sus súbditos. Lo vieron apretar su varita y atacar a uno de sus "aliados" que se había atrevido a preguntarle si algo le ocurría; observaron como con una mirada desquiciante lo ataco sin discernimiento, quitándole la vida en el acto.

Un grito ensordecedor les hizo temblar, Voldemort estaba furioso y sufriendo por algo que no duraron mucho en discernir.

- Ven Nagini, vamos a un lugar seguro – camino con lentitud, se sentía débil, paseaba sus dedos por una varita que no le pertenecía y miraba más allá de lo que sus ojos le permitían ver – Fenir – dijo de pronto antes de salir de aquel salón donde todos estaban aterrados pero ninguno se atrevía a decir absolutamente ninguna palabra y menos después de lo visto – mañana atacaremos – anuncio el hechicero.

Draco salió de la mente de Harry con velocidad y el castaño hizo lo mismo. El león lo miraba atemorizado, había esperado toda su vida para ese momento pero ahora que sabía que era el día de mañana, quería vomitar, sentía sus piernas temblar, su corazón acelerarse, sus ojos estáticos, sin parpadear.

- ¿Y ahora qué? – no sabía por qué preguntaba eso, pero es que estaba asustado por saber que ya su destino tendría que ser cumplido.

- El plan seguirá igual – comenzó Draco, sentía todos los vellos de su cuerpo encresparse, ¿estaba asustado? No, no lo estaba… estaba ansioso por aniquilar a más de un mago vestido de negro, quiso disimular su sonrisa pero el deseo de sentir la sangre y la vida de sus antiguos camaradas pasar por su varita lo hacía bullir de alegría, una alegría comparada a sus días en el bando contrario, una alegría que no podía admitir frente a nadie, tal vez solo frente a Snape, el lado oscuro siempre le atraería porque en ese lugar siempre conseguía el poder que anhelaba y era el poder de la vida de otro – me iré.

- ¿A dónde? – pregunto contrariado el castaño.

- Iré a buscar el dragón, lo mantendré inmerso en el bosque prohibido – le confesó el rubio – comunica esta información Harry a todos cuanto antes, nos veremos antes del ocaso – y sin reparo, cogió su capa y se la coloco con elegancia, guardando en el acto su varita. Lucía de nuevo letal y mortífero, vestido de un negro noche, un negro maldad.

- Ten cuidado – el castaño se colocaba de pie y caminaba hacia la salida.

- Harry – dijo el rubio antes de desaparecerse – pronto vamos a ganar – y con una sonrisa petulante se esfumo del lugar, dejando a un castaño más calmado pero ansioso por lo que vendría.

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Todos estaban en el gran comedor, se divisaban personas no solo residentes de Londres, también de Francia, Irlanda, Rumania, Europa completa estaba reunida allí, brindando su apoyo para una guerra que amenazaba con ser mundial, países Asiáticos y Americanos también entablaban comunicación y ayuda, desde Asia a América, desde Europa hasta África estaba reunida en ese comedor inmenso que ahora lucía pequeño por los cientos de magos que residían en ese momento, demostrando que la magia no conoce fronteras, que no había ningún impedimento para brindar su ayuda en esos momentos oscuros, que las rencillas políticas podían esperar porque era la humanidad entera la que pendía de un hilo, era la vida y la libertad las que se veían ofuscadas por la mano siniestra de la opresión y oscuridad.

Los magos y brujas de diferentes nacionalidades se presentaban, se comunicaban con agrado y educación a los residentes natos de ese colegio. Parecía un sueño hecho realidad que tanta gente hubiera acudido a sus llamadas de auxilio. Cada nación había reconocido que había sido por la exigencia directo de un joven mago que habían aceptado ir a colaborar, a poner su magia a disposición para erradicar a la maldad de ese mundo, habían aceptado el discurso que un joven con apellido francés y nombre estelar les había dicho a cada uno, pidiendo con educación y exigiendo con premura que su a asistencia no tenía por qué ser egoísta, que debían saber que si Voldemort ganaba, el mundo sucumbiría en las tinieblas, su poder no solo arrasaría con Londres y Reino Unido, arrasaría con la faz del planeta, porque su prepotencia era más grande que su poder pero el egoísmo de los magos podía permitirle ser más poderoso de lo que era, todos habían aceptado ayudar, todos habían entendido que esta vez, no importaban las naciones sino la gran nación que significaba esa tierra.

Defenderían a los muggles, defenderían a los magos existentes, a los que se formarían en un futuro, a las criaturas mágicas, defenderían con sus varitas y con sus propias vidas, a la magia.

Hermione estaba extasiada de escuchar como aclamaban a ese rubio que se mostraba prepotente y tosco, resulta que tenía una habilidad innata para conquistar a quien quisiera, ella lo sabía en carne propia pero ver con sus propios ojos todo lo que había logrado no hacía más que hacerla sentir plena y orgullosa de ver que la máxima esencia del rubio estaba siendo enaltecida.

- Buenas días – escucharon decir todos los presentes desde el podio del gran comedor, con un gran sonorus, habían llamado la atención de todos los presentes a ese lugar, donde apenas era visible para los que estaban en casi la entrada el joven escogido por la profecía, el señor Harry Potter – me alegro que todos estén aquí, brindándonos su ayuda – estaba nervioso, odiaba hablar ante tantas personas pero Draco le había ordenado hacer aquello y tenía que hacerlo, eran las 10 de la mañana, faltaba mucho tiempo para que el rubio volviera – el señor Malfoy que en estos momentos a tenido que ausentarse para poder constatar a uno de nuestros aliados me ha pedido que – miro a Hermione que lo miraba ceñuda entre la gente, sonrió para sus adentros, su amiga era una mujer muy observadora, todos le miraban atentos, no podía sacar la cuenta de cuantas personas estaban en ese lugar, si una mosca entrara en ese momento estaba seguro que el castillo habría sobrepasado el peso permitido y se derrumbaría – les dijera que la guerra – y tuvo que tragar grueso, sentía las miradas de todos mirándole inquisidoramente, expectantes a lo que tenía que decir y no terminaba de hacer – comienza mañana – el bullicio y locura se adueñaron del gran salón.

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