Capitulo 25: Elendil el Alto
Cuando alzó la vista hacia la gran cúpula dorada del salón, no pudo evitar soltar una exclamación. Los soldados que había a su alrededor se giraron a observarlo, entre divertidos y orgullosos por la reacción que había provocado en el muchacho el palacio de Forlond.
- Es increíble- susurró con los ojos oscuros clavados en la decoración floral que se elevaba por las columnas hasta el techo.
- ¿Jamás habías estado en un palacio?- dijo una voz suave y dulce.
El muchacho se volvió y se sonrojó.
- Nono, mi señora, nunca. - dijo tartamudeando.
Arien sonrió mientras se deslizaba en silencio por el pasillo con el
joven marinero a su lado, visiblemente cohibido.
Delante de ellos, con paso firme, marchaba Elendil, quien a pesar de llevar
toda su ropa empapada y sobre ella una gastada capa gris, tenía un aspecto
noble e imponente, el de un auténtico rey de los hombres.
Arien le observaba una y otra vez con curiosidad. Ella nunca había tenido demasiado trato con los Segundos Nacidos, y ahora que los tenía ante sí, sentía ganas de conocer cosas acerca de ellos, de hacerles un millón de preguntasse obligó a mantener la boca cerrada, no era un buen momento para ponerse a cotillear.
Se detuvieron al alcanzar unas grandes puertas plateadas, pues allí, dos soldados vestidos con el uniforme de soldado azul y gris les dieron el alto.
- El rey os recibirá enseguida, no tardará mucho.- les informó uno de ellos.
Elendil asintió sin replicar y se giró hacia el muchacho que
se encontraba tras él.
- No entres conmigo, Estelmo, ya ves que he llegado sano y salvo hasta aquí.
Ve ahora con los demás, diles que todo está bien.
El joven asintió, pero al girarse para salir, se quedó unos segundos contemplando el largo pasillo blanco salpicado de infinidad de puertas.
- Fírima ná vanwa - comentó uno de los soldados soltando una risita. (El humano está perdido)
- Pusta queta Arminas! (¡Silencio Arminas!)- le regañó Arien.
Ella se inclinó junto al oído de Estelmo y le sonrió.
- La ultima puerta a la derecha- le dijo en un susurro.
- Gragracias.
Y tras una inclinación rápida de cabeza, el muchacho salió corriendo, dando trompicones por el pasillo, mientras los soldados reían en silencio.
En ese instante, escucharon un débil crujido, y al momento, las grandes puertas se abrieron hacia dentro, descubriendo el pequeño salón de audiencias donde una figura vestida de azul y oro esperaba en pie.
- Bienvenido Elendil, señor del Andunië.
Elendil avanzó unos pasos e hizo una profunda reverencia.
- Gracias, os agradezco tanta cortesía, gran señor
Entonces, Gil-galad se adelantó, y en sus ojos grises se reflejaba la incertidumbre y la preocupación.
- Tengo entendido que portáis importantes noticias que no pueden demorarse, os ruego os sentéis a mi lado y me digáis qué ha ocurrido en Númenor pues desde hace mucho, incluso aquí, hemos sentido los poderes desatados de los Valar.
Elendil sonrió entonces con tristeza. - Será para mí un honor, señor, narraros todo lo sucedido en la tierra que ahora duerme bajo las olas y de cómo nuestro gran enemigo, cayó con ella.
Aquello provocó que el rey noldo diera un brinco, pues como si las mentes se hubieran conectado entre ellas, horribles imágenes de las tierras que caían en el abismo se aparecieron ante sus ojos para esfumarse nuevamente. Al mirar a Arien, ella le sonrió.
- Tendréis mucho de que hablar, me marcharé.- dijo una voz en su mente.
- Por favor Arien, haz que acomoden a las gentes de Elendil. Temo que esto nos llevará tiempo.
- Yo me ocuparé, tranquilo.
- Gracias.
Ella sonrió de nuevo y tras una ligera inclinación de cabeza, dio media vuelta y salió.
- Maravilloso don el de hablar sin palabras- comentó Elendil.
Gil-galad le observó con curiosidad.
El hombre sonrió - Mas debo decir que muchos se lo tomarían como una descortesía.
El rey noldo rió divertido, para sorpresa de su invitado.
- No podéis imaginaros cuantas veces los señores de Númenor
me lo habrán reprochado, en verdad la cortesía no es una de mis
mayores virtudes.
Aquel comentario arrancó una sonrisa a Elendil.
- Eso es por que os envidiaban, pues ¿no sería maravilloso poder
criticar a tus consejeros o a otros grandes señores sin que estos te
escuchen?
Gil-galad rió nuevamente. - Eso no se aplica en el caso de los eldar, mi señor Elendil.
- Quizás algún día os sorprendan, gran señor.- replicó con diversión.
Y casi sin darse cuenta, ambos estallaban en carcajadas, pero en carcajadas teñidas de dolor.
*
- Estelmodespierta
- ¿Eh?...
- Entiendo que no soy un hombre interesante pero al menos podrías permanecer despierto cuando te hablo.
El muchacho se levantó de la silla de un salto, completamente rojo de vergüenza. Ante él, Elendil reía divertido.
- Me alegro de que hayas podido descansar, es algo que yo haré muy pronto. Estoy agotado. - dijo sonriendo.
- ¿Quéqué ha pasado, señor? ¿Qué ha dicho el rey de los elfos?
- ¿Eh? Oh, sí, claro.
Elendil se sentó en una de las sillas que estaban dispuestas en la amplia terraza, donde el joven había estado esperando desde el anochecer. El resto de su gente había sido acomodada en una explanada muy cerca del palacio, pero el muchacho, inquieto, no había soportado la espera y había entrado nuevamente para aguardar a su señor.
- Debemos estar agradecidos, Estelmo, pues el rey de los noldor nos ha brindado su amistad.- le informó Elendil, sonriente.
El joven abrió la boca, en una expresión feliz. - ¡Maravilloso señor!
- Permaneceremos en Forlond unos días, hasta que estemos listos para partir nuevamente y fundar nuestro propio reino.
- ¿Nuestro propio reino?
- Sí, muchacho, un reino en el que aun se valore la amistad con los eldar. Algo que no debimos olvidar nunca Pero todo ha salido bien - añadió con una sonrisa- a pesar de que tendremos mucho trabajo.
Estelmó asintió con la cabeza.
- Pero señor ¿qué hay de vuestros hijos?- dijo de pronto.
Elendil sonrió. - Isildur y Anarion saben cuidarse solos, sus barcos llegaron en perfecto estado a las Falas, allá en el sur. No tardarán en fundar sus propios hogares, ya lo verás.
- ¿Cómo sabeis todo eso, señor?- preguntó el joven.
- Soy su padre y los conozcoademás- añadió al ver la cara de incredulidad del muchacho- las palantiri no son solo para adornar los castillos ¿recuerdas?
Estelmo rió. - Son grandes noticias, señor. A los demás les gustará oirlas.
- Ahora mismo iremos a comunicarselo a todos¡Ah! ¡Dama Arien!
Ella se detuvo al escuchar su nombre, justo en el momento en que pasaba delante de la puerta que comunicaba con la terraza.
- Dama Arien, quisiera agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros.- dijo Elendil acercándose a ella.
- Yo no he hecho nada, vuestra fidelidad a los Valar es lo que os ha ayudado en estos momentos.- respondió Arien.
- Quizás, mas tengo la impresión de que vuestro consejo fue de una importancia crucial.
Ella sonrió. - Sabía que Ereinion no podría negaros nada, y menos si llevabais esa espada con vos.
- Imagino entonces que a Narsil y a mi padre que me la cedió antes de su marcha, debo agradecerles tan buena suerte.
Arien rió. - Quizás.
- Ahora debemos marcharnos, espero que volvamos a vernos pronto- dijo Elendil con una reverencia.
- Por supuesto- asintió ella- a partir de ahora os consideraré mis amigos, y siempre seréis bienvenidos.
- Gracias.
Arien le respondió con una sonrisa, y Elendil atravesó la puerta hacia el pasillo. Estelmo le siguió pero se detuvo a mitad de camino y se volvió para hacerle una reverencia a la elda.
- Gracias, mi señora. - dijo casi en un susurro.
- Tenn' encenië (hasta la vista) - le respondió ella.
El muchacho se sonrojó y salió corriendo nuevamente tras Elendil. Arien rió, que divertidas le resultaban aquellas gentes.
- ¿Por qué le dijiste eso?
Arien se sobresaltó al escuchar aquella voz a su espalda. Se giró bruscamente para toparse con la cara del rey noldorin.
- ¿Nos espiabas?- preguntó levantando un dedo en gesto acusador.
- Es mi palacio y puedo espiar a quien quiera- le respondió él divertido.
- Procuraré entonces permanecer fuera del palacio cuando tenga asuntos importantes que discutir- añadió Arien riendo.
- Aún no me has contestado.- le dijo el rey noldo cuando se cansaron de reír.
Arien sonrió - ¿Te refieres a lo de Narsil? Buenosé que esa espada te recuerda mucho a Elros, y estaba segura de que su recuerdo te impediríacomo decirlo¿que los echaras a patadas?
El rey sonrió, pero esta vez, lo hizo con tristeza.
- Hace muchos años años le dije a Elros que aquí siempre habría sitio para él y los suyos, y yo jamás hablo en vano. Aunque no hubiera llevado a Narsil pendida de su cinturón, le habría ayudado de igual formaaunque gracias por recordármelo.
- No hay de qué.- sonrió ella.
- Me pregunto.- susurró Ereinion como para sí.
- ¿Qué?- inquirió Arien con curiosidad.
- Qué dirá Elrond cuando se entere de todo esto
- Tendrás ocasión de averiguarlo- dijo ella, tomándolo del brazo, en un gesto confortable.
- En eso tienes razón. Vamos, seguro que estará a punto de llegar.
- ¿Llegar? ¿El qué?
Gil-galad sonrió de nuevo con mirada triste. - Una carta de la dama Galadriel.
- ¿Para decirte qué?- preguntó ella con curiosidad.
- Para decir: "Ya te lo dije"
Pronto, las gentes de Elendil marcharon hacia el este, y encontraron un lugar
donde edificar al fin, un hogar. Crearon el reino de Arnor en las tierras de
Eriador y su capital fue Annúminas, una majestuosa ciudad a orillas del
lago Nenuial.
Los hijos de Elendil, Isildur y Anárion, remontaron el río Anduin hasta que encontraron un lugar que les pareció apropiado para fundar su nueva ciudad, Osgiliath, que sería la capital del gran reino de Gondor.
No obstante, no tardaron en erigir otras dos grandes ciudades: Minas Ithil, al este y situada en un saliente de las Montañas de la Sombra, y Minas Anor, al oeste y en la base de las Montañas Blancas. Y si bien ambos hermanos tenían trono en Osgiliath, Isildur residió preferentemente en Minas Ithil, y Anárion lo hizo en Minas Anor.
Parecía que al fin todo había vuelto a la normalidad.
*
- ¡Mensajero!¡Mensajero de Imladris!
Ereinion detuvo su conversación con Vorondil para asomarse con curiosidad
al pasillo.
Tal fue su sorpresa al advertir al rubio mensajero que tuvo que parpadear varias
veces para asegurarse de que veía con claridad.
- ¿Glorfindel?
- Almarë, Tar-Ereinion! - saludó el alegre noldo.- me alegra descubrir que no os habéis olvidado de mi.
- Jamás me olvidaría de ti, buen amigo- rió el rey noldo.
- Vorondil, me alegro de verte- dijo Glorfindel.
- Yo también me alegro, se echan de menos tus intromisiones querido amigo.- le respondió el sinda.
- Lo sé.- rió el noldo.
- No quisiera sonar descortés Glorfindel, pero ¿qué haces aquí?- preguntó Ereinion- No sueles hacer de mensajero a menos que la situación sea grave.
- No siempre porto malas nuevas- dijo él con una sonrisa- y este es uno de esos casos, pues admito que os echaba en falta y aproveché para traer el correo que Elrond os suele enviar.
El rey asintió riendo. - Entiendo, nosotros tambien te echábamos en falta.
Glorfindel sonrió divertido.
- Vamos, comeremos juntos después de que hayas descansado, hablaremos entonces.
- ¡¡MAE GOVANNEN!!
Aquel grito hizo que el tímpano de Glorfindel rebotara como una pelota entre un par de jóvenes silvanos.
- Por todos los
Pero antes de que pudiera continuar, una cabellera dorada se le abalanzó encima, haciendo que cayera de la silla con un gran estruendo.
- ¡Arien! ¡¿Arien te has vuelto loca?!- dijo el noldo que ahora estaba tirado en el suelo, con una alegre elda sentada sobre su estómago.
Ella rió divertida.
- No se os puede dejar juntos, siempre acabáis montando un numerito.
Ereinion acababa de entrar en el salón donde se había dispuesto un banquete para el noble invitado. Las blancas cortinas dejaban pasar el sol de la mañana, que llenaba la estancia de un agradable calor, haciendo brillar el suelo y las paredes. El lugar resplandecía como pocas veces y junto al delicioso olor de la comida, les alegraba el corazón.
- Ya veo que no has cambiado nada- le dijo Glorfindel a Arien.- estás más hermosa pero sigues igual de revoltosa.
Ella hizo un tierno mohín, para después sonreír.
- Gracias.
El noldo de rubios cabellos soltó una alegre carcajada.- Solo tú te lo tomarías como un cumplido.
- Podéis sentaros a la mesa- dijo el rey noldo- no me parece que el suelo sea un lugar demasiado cómodo para hablar.
A los pocos minutos, junto con Vorondil y Nirie, se sentaron a la mesa para disfrutar de una placentera comida.
- Aaaaah, que delicia- exclamó Glorfindel apoyándose en el respaldo
de la silla, con cara de satisfacción.
- ¿Acaso Elrond no te da de comer?- dijo Arien divertida.
- Oh, sí- rió él- pero Elrond no me mima tanto como tú ofreciéndome tantos manjares.
Ella sonrió divertida.- Veo que no has perdido tu toque adulador.
- Jamás- rió el noldo.
Tras las risas y algunas copas de vino, se vieron pronto inmersos en una conversación sobre los últimos acontecimientos.
- Elendil es un buen hombre- comentó Glorfindel- Estuvo hace poco en Imladris, es sabio y cortés, cualidades nada desdeñables si tenemos en cuenta a algunos de sus parientes.
- Lo sé, no es como esos orgullosos reyes de los hombres- dijo Gil-galad.
- Ereinion mantiene muy buenas relaciones con Elendil- dijo Vorondil, volviéndose hacia su rey- no me equivoco al decir que por lo menos le escribes una vez a la semana ¿verdad?
- Es cierto- afirmó él - me gusta saber lo que ocurre en su reino.
- Y haces muy bien, además son los primeros en tener noticias del sur- afirmó Vorondil.
- Entonces ¿los rumores son ciertos?
- Sí, poseen las Piedras Videntes -afirmó Gil-galad.- yo mismo las vi.
- Unos objetos muy útilesy peligrosos- comentó Glorfindel.
- No digas eso- dijo Arien funciendo el ceño- los hombres son nuestros amigos, no harán nada contra nosotros.
- Debes tener cuidado con lo que dices, Glorfindel- dijo Nirie- Arien se ha vuelto una fiel defensora de los hombres y tiene gran amistad con Elendil.
El noldo asintió divertido.- Mantendré mi boca cerrada entonces.
- Por cierto Vorondil ¿llegaste a hablar con aquellos marineros?- preguntó el rey.
- Sítendrías que haber vistos sus caras, no estoy seguro de si estaban sorprendidos o tristes porque el mundo sea redondo ahora. Pero aseguran que vieron barcos de Mithlond perderse en la niebla para después desaparecer.
- Lo sé, Círdan me ha asegurado que cualquier barco de los eldar que desee llegar a Valinor, llegará, mas los marineros de Elendil no lo han logrado, aseguran que han dado viajado hacia el oeste, sin perder nunca esa dirección, para aparecer nuevamente en el punto de partida.- dijo Ereinion.
Glorfindel asintió. - El mundo ha cambiado, sí.
- Pero es tan extraño, no acabo de creerlo.- dijo Arien.
- Pero es la verdad, Valinor ha desaparecido de las esferas del mundo.- dijo Glorfindel en voz baja.
- Eso parece. Hasta los astrólogos afirman que el curso de las estrellas es distinto ahora. - dijo el rey.
De pronto, se vieron interrumpidos por unos golpes en la puerta. Mehtar, el ayuda de cámara, asomó la cabeza e hizo una leve inclinación.
- Señor, siento interrumpir pero ha llegado el joven Estelmo, parece que trae un mensaje para vos.
- Ah! Hazle pasar, por favor.
Al instante, atravesó la puerta un muchacho ataviado con un jubon malva y una capa corta de color gris. Hizo una refinada reverencia ante los presentes y se dirigió al rey noldorin tendiéndole un sobre sellado.
Mientras el muchacho esperaba en pie una respuesta de la carta entregada, Glorfindel observaba al mensajero con curiosidad.
- Hola Estelmo ¿Cómo va todo en Annúminas?- dijo Arien de pronto.
El joven sonrió nervioso, parecía como si solo en aquel instante
se hubiera dado cuenta de que ella estaba allí.
- Muy bien, los trabajos de construcción avanzan a una velocidad asombrosa.
- Eso es estupendo, espero poder visitarla pronto.
- Lo haremos- dijo Ereinion sonriendo - Elendil nos ha invitado a Annúminas para una gran fiesta. Imagino que querrá celebrar por todo lo alto la finalización de los trabajos en la ciudad.
- ¿Iremos entonces?- preguntó Arien, ilusionada.
- Iremos- afirmó el rey, volviendose hacia el mensajero- Puedes decirle a tu señor que asistiremos encantados.
- Será un honor recibirles, gran señor- dijo Estelmo haciendo una reverencia, listo para retirarse.
- Descansa todo lo que desees aquí- le dijo Ereinion al muchacho- si necesitas algo no dudes en pedirlo.
- Gracias, señor- respondió él, y tras hacer nuevamente una inclinación, salió del salón.
- ¿Quién era?- preguntó Glorfindel.
- El escudero de Elendil- respondió Vorondil- y el más fiel de sus súbditos.
El noldo se quedó pensativo unos instantes, para después negar
con la cabeza, lo que estaba imaginando simplemente no podía ser posible.
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Hola a todos!!! ¿Qué tal el año nuevo? Como siempre yo
no he conseguido comerme todas las uvas a tiempo ¬¬ en fin, que le vamos
a hacer.
Espero que les haya gustado este capi con la aparición de Glorfindel
(por petición popular ^^) y llena de frases élficas que me ha
pegado cierta persona que no quiero señalar ( Elanta si no te has dado
por aludida ya puedes empezar :P)
Ahora queria aclarar una cosa, la frase de Elendil al bajar a tierra del capi anterior no es creada por mi (ya me gustaría ^_^U) sino que la dice Aragorn en el retorno del rey.
Muchas gracias por los reviews!!!! Les aseguro que me hacen muy feliz!!!
