Buenas! :DSí, a estoy de vueltaa! A que he tardado porquito en actualizar? jejej Estos días he tenido un poquito más de tiempo libre, además de que me ha venido la inspiración y no podía parar de escribir! Gran parte os lo debo a vosotros, a los que me seguís y me mandáis reviews continuamente, siempre os lo digo, pero es verdad: me motivais muchisimo para que siga escribiendo esta historia d amor :) Así que no m enrrollo más y os dejo con el nuevo capítulo!

CAPÍTULO 25

Estoy a punto de marcar el número de Draco en el teléfono móvil cuando llaman a la puerta de mi cuarto. Habrán transcurrido unos diez minutos desde la confesión que ha dejado patidifusos a mis amigos. Y no sin motivo. Es muy grave lo que acaba de salir por mi boca, lo sé. He expresado abiertamente mis sentimientos hacia el exmortífago y odiado príncipe de Slytherin. He revelado lo que yo misma temía descubrir: que quiero irremediablemente a Draco Malfoy. Y esto sé que va a tener numerables consecuencias. Como ésta.

-Hermione, ¿podemos hablar?-pregunta Harry con suavidad, asomando un trozo de su cara por el resquicio de la puerta.

-Sí, claro.-asiento sin levantarme de la cama.

Harry pasa a la habitación con Ginny junto a ella. La pelirroja me mira con ojos desorbitados, pero Harry se mantiene aparentemente sereno.

-¿Te has vuelto completamente loca?-exclama Ginny sin poderse contener- Primero eres infiel a Ron, ahora sueltas esto… Hermione, ¡me preocupa tu salud mental!

Antes de poder responder, Harry interviene por mí.

-Ginny, te he dicho que me dejaras hablar a mí.-replica en tono cansado- Herms, necesito que me expliques lo que has dicho antes. Una cosa es que tuvieras un desliz con él en Miami, eso aún puedo llegar a…entenderlo. Pero esto es muy diferente.

-¿Cómo? ¿Me estás diciendo que además fue Malfoy con el que te enrollaste en tus vacaciones?-la pelirroja sube más el volumen, y a continuación suelta un bufido de indignación- Y yo que pensaba perdonarte por lo de Ron… Esto ya no tiene nombre.

-Cariño, cálmate. Dejemos que se explique. Debe haber algo que no hayamos entendido.-le intenta tranquilizar el moreno, cogiéndola de la mano con cariño.

-Muchas gracias.-respondo finalmente con malhumor mientras me levanto de la cama. Desde esta perspectiva me siento más capaz de enfrentarme a la situación.-No hay nada que entender, Harry. Quiero a Malfoy, os guste o no. Y voy a arriesgarme por lo que siento.

-Pero, ¿cómo puede ser que lo tengas tan claro? ¿Ha vuelto ya de Miami?-inquiere Harry desconcertado.

-Sí.

-¿Y él también siente lo mismo?-pregunta de nuevo, esta vez con sospecha en su voz.

-No lo sé.-respondo finalmente, apartando mi mirada de la suya- Aún es pronto para saber si va a salir bien, pero he de intentarlo.

-¡Es evidente que va a salir mal! ¿No lo ves? ¡Es Malfoy, por el amor de Dios!-dice Ginny acaloradamente, sin poder creerse todavía mis palabras- ¿Me puedes decir exactamente qué es lo que te gusta de ese miserable? ¿Qué tiene él que no tenga Ron? ¿Una cabellera de color rubio platino?

Vacilo por un momento, comprendiendo que nada de lo que diga va a hacerle cambiar de opinión. Es inútil, jamás va a llegar a entenderme, sobre todo si no deja de meter a Ron de por medio.

-No puedo explicarlo. Él ha cambiado, yo he cambiado. Y por alguna extraña razón el destino ha querido que nos crucemos. No estoy cometiendo ningún delito, simplemente siento algo por una persona.-me intento explicar sin poder evitar emocionarme. ¿Tan difícil es ponerse en mi lugar?

-No sé qué te ha pasado, Hermione, pero ya no eres la misma de antes. Si alguna vez vuelves a ser la que eras, entonces búscame. Pero de momento, es evidente que no podemos seguir siendo amigas. Que os vaya bien a ti y a Malfoy, y que críes víboras como él.-añade con el máximo desprecio. Y sale de la habitación pegando un portazo que nos sobresalta tanto a Harry como a mí.

Los ojos verdes de mi amigo se posan sobre los míos y se hace un silencio tenso e incómodo que no creo poder soportar durante mucho tiempo. Tengo unas terribles ganas de llorar. Me siento impotente, me siento culpable aun sabiendo que no he hecho nada malo. Y sobre todo, me siento totalmente sola e incomprendida.

-¿Tú también piensas eso? Pues más vale que me dejes sola, Harry.-digo con un nudo en la garganta.

-Herms, es difícil que te entendamos. Es Draco Malfoy. El mismo que nos ha hecho la vida imposible durante 7 años. El mismo que te insultaba y te despreciaba. No podemos comprender como has dejado el pasado atrás así, sin más.-opina mi amigo tratando de ser más razonable.

-¿Crees que no me ha costado? De hecho aún no confío del todo en él. Pero no puedo negar lo que siento cuando le veo, o cuando me besa. No sé cómo hemos llegado a esto, pero necesito estar con él, Harry. De eso estoy segura.-me intento explicar casi con desesperación.

El moreno pega un suspiro y sacude la cabeza, contrariado pero resignado.

-No es una buena persona y no quiero que te haga daño.-susurra Harry cogiéndome el hombro con cariño- Per no dudo de tu inteligencia, y si tú crees que ha cambiado yo estoy dispuesto a concederle el beneficio de la duda. Solo quiero tu felicidad.

-Gracias, Harry. Menos mal que te tengo siempre a mi lado.-respondo sin poder evitar derramar un par de lágrimas de agradecimiento. El moreno me abraza con suavidad, un gesto realmente reconfortante en estos momentos.- Pero no solo me tienes a mí. Luna te ha defendido con garras y dientes cuando te has ido a tu habitación.

Sonrío automáticamente, feliz por saber que alguien más está dispuesto a apoyar mis locos sentimientos.

-Bueno, será mejor que vaya a intentar calmar a Ginny.-dice Harry finalmente, soltándose de mí.

-Harry…-susurro antes de que se vaya- Por favor, no le digáis nada a Ron. Quiero ser yo quien le dé la noticia.

El moreno asiente sombrío, sin querer imaginarse la situación y a continuación se marcha y me deja sola en la habitación. Suspiro con fuerza y me tumbo en la cama, momentáneamente agotada. Estoy viviendo demasiadas emociones opuestas. Creo que si sigo así acabaré volviéndome loca, si no lo estoy ya, claro.

OoooOOOoooOOOOooooOOOoooOOOO oooOOOoooOO

Un día caluroso y soleado me da la bienvenida y me recuerda que aún seguimos en pleno verano, aunque no lo parezca. No es muy común que en Londres el tiempo acompañe y permita lucir modelitos como los que me ponía en Miami. Así que hoy decido vestirme todo lo veraniega posible. Durante mis vacaciones, comprobé que la ropa de ese estilo me favorecía bastante. No puedo reprimir una sonrisa maligna al recordar cómo me miraba el rubio. En esos momentos no podía comprender el significado de su expresión, pero ahora sí. Le atraía, me deseaba. Y pronto el rubor comienza a subir por mis mejillas, como siempre que pienso en Draco y en nuestros momentos íntimos. ¿Cómo es posible que el pulso se me acelere sólo con simples pensamientos? Dios, esto es preocupante.

Estoy terminando de hacer el desayuno (tortitas con chocolate) cuando Luna me da los buenos días con su característico buen humor. Todavía no hemos hablado de lo de ayer. Sé que espera que sea yo la que dé el primer paso. Siempre es tan precavida… Me encanta. Y por eso es que me resulta tan fácil contarle mis problemas.

-Debiste alucinar con la escenita de ayer…-comento mientras sirvo la mesa.

-Bueno, más bien aluciné por tu valentía. Eres muy fiel a tu casa.-sonríe la rubia pichando el primer trozo de tortita.

-¿Qué opinas?-le pregunto al cabo de un momento. Temo que ella también crea que estoy loca, que se preocupe por lo que pueda llegar a hacerme Draco… Necesito alguien que me empuje en esta aventura.

-¿Quieres que sea sincera?

-Completamente.-respondo sin pensármelo dos veces.

-Es arriesgado teniendo en cuenta el pasado oscuro de Draco. Pero, ¿sabes? Yo creo en ti. Y si tú crees en él tendrás motivos para hacerlo. No soy quien para juzgar tus acciones.-contesta Luna despacio, sin apartar sus grandes ojos azules de los míos- Además, cuando lo vi allí contigo… Me dio la impresión de que había cambiado mucho. Y para qué mentir, está tremendo.-añade soltando una risa contagiosa, a la que no tardo en unirme.

-No sabes cómo me alegra que opines así. Eres increíble, Luna.

-No digas tonterías.-y me saca la lengua, recordándome por un momento a una niña inocente y traviesa.

OOoooOOOOooooOOOoooOOOoooOOO OooooOOO

Tengo trabajo. No es gran cosa, pero de momento es más de lo que puedo pedir. Vi un anuncio en El Profeta en el que necesitaban a alguien que se encargara del mantenimiento de las escobas en la tienda del Callejon Diagon. Siempre me ha gustado todo lo referente al Quidditch y entiendo bastante del tema. Además, el encargado de la tienda, el señor Wayland, me dejará probar algunas para comprobar su fiabilidad. No es un empleo digno de mí, pero para empezar sé que no puedo quejarme. Mañana mismo comenzaré.

Dedico lo que queda de la mañana a visitar mi antigua casa. Efectivamente, la Mansión Malfoy. Está totalmente abandonada, en ruinas. Nadie quiere comprarla, y lo entiendo. En esta casa sucedieron cosas que jamás olvidaré. Imágenes que nunca abandonarán mi mente. Asesinatos, torturas, reuniones estrategas entre mortífagos, secuestros…

Paseo por el comedor principal. Aún quedan restos de batalla. No puedo evitar recordar por un momento el día en que trajeron al trío dorado. Potter, Granger y Weasley. Fue la primera vez que realmente me compadecí de ellos. La primera vez que no me hubiera importado estar en su bando. Recuerdo cómo mi tía Bellatrix torturó a Hermione y me estremezco involuntariamente. Puedo oír sus gritos de dolor, puedo ver sus lágrimas de humillación. La sangre corriendo por su brazo mientras ella le tatuaba ese maldito insulto. Doy una patada de frustración a la mesa central, vertiendo todo el odio hacia mí mismo por no haber actuado entonces. Por ser un jodido cobarde que únicamente se quedaba con los brazos cruzados a pesar de que sabía perfectamente que su lugar no estaba allí. Tenía que haberla ayudado, joder. Golpeo unas cuantas veces más algunos muebles, descargando toda la rabia que habita en mi interior.

Finalmente decido abandonar la estancia y me dedico a aquello a lo que había venido a hacer. Subo a mi antiguo cuarto y sin detenerme demasiado cojo algunos objetos personales, entre ellos una foto de mi madre y yo. Una sacudida de dolor y remordimiento me recuerdan que debo ir a verla sin falta. "Esta tarde lo haré", decido al fin, armándome de valor. Me pregunto si toda esta oleada de iniciativa tendrá algo que ver con Granger… No, debe ser una simple casualidad. Pero el caso es que pensar en ella me hace creer que soy capaz de cualquier cosa. Joder, ¿qué demonios quiere decir esto? No me gusta ni un pelo el rumbo que están cogiendo mis pensamientos, así que decido pirarme cuanto antes de mi antigua casa. Esta será la última vez que pise este suelo, pero no me importa. He de dar un paso adelante y no mirar atrás.

Al poco de terminar de comer llaman a la puerta de mi casa. Joder, ¿quién será? ¿No hay un día que no me dejen tranquilo? Además tengo prisa, en cuestión de media hora he de estar en la tienda de escobas y es mi primer día. A regañadientes voy a abrir la puerta y mi cara debe quedarse sin color al comprobar de quien se trata. La persona que menos esperaba encontrarme: el jodido San Potter. La cicatriz sigue ahí, recordándome su maldita superioridad sobre los demás. Ahora ya no tiene ese aspecto de lelo y santurrón, tal vez se deba a que decidió quitarse al fin esas horribles gafas de culo de vaso. Maldigo hacia mis adentros e intento controlar mi ira.

-¿Potter? ¿Qué haces aquí?

-Me gustaría poder hablar contigo un minuto.-responde en tono neutro.

-¿De qué? ¿Y cómo sabías donde vivo?-repongo con evidente recelo. No sé de qué va todo esto, pero tratándose de Potter en seguida adopto una actitud defensiva. Supongo que son puros instintos de supervivencia.

-Soy auror y tengo muchos contactos, Malfoy. Pero no he venido a pelear, sólo quiero que hablemos como dos personas adultas y civilizadas. ¿Puede ser?

Abro bruscamente la puerta y me vuelvo, dándole la espalda al Gryffindor y haciéndole una pequeña seña para que me siga. Una vez llego a la estancia principal, Potter se queda justo enfrente de mí, sin hacer ningún amago de querer ponerse cómodo. Pues bien, hablemos de pie. Eso quiere decir que al menos será rápido.

-Tú dirás.-le increpo con malhumor. Estar cerca de él me provoca malestar, y no soy de las personas que lo intentan disimular.

-Mira, Malfoy, no sé que habrá visto Hermione en ti… Pero esa no es la cuestión.- ¿Pero de qué coño va este tío? Estoy a punto de contestarle, pero se me adelanta- Ella ha confesado que está enamorada de ti. No creo que tú sientas lo mismo, pero tampoco voy a meterme en eso. Mientras ella sea feliz no me importa. Lo que sí me importa es que puedas romperle el corazón, no sé si me explico.

Me cabrea lo que pretende. Advertirme de que si le hago daño me hará la vida imposible, bla,bla,bla… Lo típico. Pero por otra parte me sorprende que Granger haya dicho que está… ¿cómo? Enamorada de mí. Eso ha dicho. Joder, no sabía que ya la tenía a mis pies. Se hace la dura, pero en el fondo ya no puede vivir sin mí. No puedo evitar hinchar el pecho con orgullo.

-Joder, ya tardabas en sacar tu lado de héroe. ¿No te das cuenta de que ya nadie te necesita?-respondo con máxima arrogancia- Granger es adulta y toma sus propias decisiones, no te entrometas en lo que no te incumbe.

-Me incumbe más de lo que crees, Malfoy. Es mi mejor amiga, la quiero como a una hermana y cualquiera que la haga sufrir se las verá conmigo. ¿Te ha quedado claro?-añade Potter fulminándome con la mirada.

-No me das ningún miedo por muy salvador de la comunidad mágica que seas.

-Aparte de salvador, tengo mucha influencia en el Ministerio. No te gustaría pasar un año más sin magia, ¿verdad?-y me lanza una sonrisa de suficiencia. De la rabia que me producen sus palabras saco automáticamente la varita.

-No hagas ninguna estupidez.-casi susurra el Gryffindor apuntándome con la suya. Joder, la ha sacado incluso antes que yo. ¿Desde cuándo he perdido tanto los reflejos?

Finalmente, bajo la mía sabiendo que nada bueno voy a sacar de todo esto.

-Muy bien Potter, he captado el mensaje. ¿Puedes salir ya de mi casa?

Fija su mirada en la mía durante unos segundos y sin una sola palabra va hacia el pasillo y oigo entonces el ruido de la puerta al cerrarse. Uf, maldito Potter. No es que me preocupe demasiado, pero odio que el santurrón meta sus narices en mi vida de esta manera. Lo voy a tener merodeando a mi alrededor a no ser que me gane la total confianza de Granger. Esto va a ser más difícil de lo que pensaba…

OoooOOOooOOOooOOOoooOOOoooOO OoooOOO

La tarde sigue siendo tranquila. No he visto todavía a Pansy, así que he seguido con la labor del último día. He de traducir unas normativas muy aburridas acerca del tamaño de las varitas a italiano. Cuando llevo un rato enfrascada en el trabajo, llega una lechuza con una carta para mí. Por la característica caligrafía en verde de Hogwarts, adivino que se trata de la directora McGonagall, respondiendo a mi petición. Nerviosa e ilusionada, abro el pergamino y leo el contenido.

Estimada Granger:

Me alegra que haya decidido cambiar el rumbo de su vida profesional, aunque aún conservo la esperanza de que en algún momento se dedique a la docencia. Sabe que la recibiría encantada.

En cuanto a su recomendación acerca del joven Malfoy como nuevo profesor de Pociones para el curso que viene, no le puedo asegurar nada, pero lo sopesaré y le daré una respuesta en poco tiempo. No dudo en sus aptitudes respecto a esta disciplina, pues sus notas han sido siempre sobresalientes. Para tomar una u otra decisión, me gustaría concederle una entrevista y asegurarme de que su actitud ha cambiado y que además de enseñar a los alumnos pueda educarles de forma correcta.

Espero que todo le vaya bien, un saludo

Directora Minerva McGonagall

Hogwarts, Escuela de Magia y Hechicería

Bueno, no es una mala noticia. Seguro que cuando McGonagall vea que Draco ha cambiado no dudará en contratarlo. Qué bien, tengo muchísimas ganas de contárselo. Tal vez luego podríamos vernos… Porque, ¿cómo se supone que debo actuar ahora? En ningún momento hemos aclarado qué tipo de relación tenemos. Y eso me frena un poco a la hora de tomar la iniciativa. ¿Y si le agobio o le molesta que quiera verle? Aún no sé qué siente, y creo que ya es hora de intentar hablarlo. Necesito saber qué pasa por su cabeza desesperadamente.

La tarde pasa rápido y cuando termino todo el trabajo me dirijo al despacho de Pansy para entregarle los textos traducidos. Tras llamar a la puerta y recibir su aprobación, entro en la estancia. Pansy se encuentra bastante atareada, y por lo que puedo observar, grandes ojeras surcan sus ojos.

-Aquí tienes la traducción a italiano de toda la normativa.-le entrego los papeles y cuando e voy a dar la vuelta, ella llama mi atención.

-Hermione, espera.-se levanta de la silla y da la vuelta a la mesa para colocarse a una distancia menor de mí- Quería decirte algo.

Se hace una pausa incómoda. Pansy me observa con ojos inquisitivos, como lo hizo en la discoteca hace un par de noches. No sé realmente que esconde esa expresión, pero no me gusta. Tal vez esté enfadada porque me haya visto besarme con Draco. Al fin y al cabo, es su exnovio y puede que le haya sentado mal…

-Sólo quiero advertirte de algo. Si no me equivoco, sientes algo hacia Draco, ¿verdad?-espera que le responda, pero de mi boca no sale absolutamente nada- Sé lo que es enamorarse de él, y no te lo recomiendo. Él se cansará de ti en un tiempo, y se fijará en otra chica. Una que le suponga un reto mayor.

-Tal vez actuara así porque no encontraba a la chica adecuada.-respondo finalmente, intentando mostrarme serena.

-Puede ser.-y su mirada pasa a ser totalmente fría, capaz de congelar a cualquiera.- Pero tenlo en cuenta, Hermione. Te lo digo por tu bien, no quiero que salgas herida.

Me dirige una sonrisa que intenta ser educada, pero se queda en el camino. Más bien parece forzada, tensa. Y no demasiado sincera.

-Gracias por el consejo, Pansy, pero mi vida privada no está dentro del ámbito profesional. Si no requieres de nada más, será mejor que me vaya.-repongo con firmeza, sosteniendo su mirada sin vacilar.

-Muy bien.-asiente ella, al fin retirando sus profundos ojos negros de los míos.

Y nada más salir por la puerta del despacho me obligo a misma controlar mi respiración. Inspiro, expiro, inspiro, expiro… No es que me intimide ni nada por el estilo, pero he podido tastar la enorme tensión del ambiente. Está claro tras esas amabilísimas palabras esconde algo más que no logro distinguir. Aunque tal vez sólo sean paranoias mías y lo único que pretendía era aconsejarme. Lo más preocupante es que de camino al ascensor, me pregunto una y otra vez si Pansy estará en lo cierto y Draco acabe cansándose de mí en algún momento…Al fin y al cabo, no sé qué siente el rubio por mí y no sé qué pretende sacar de nuestra "relación". De lo que estoy segura es de una cosa, y es que Pansy ha logrado inquietarme y confundirme. Malditas serpientes, las odio.

Bueno, hasta aquí el cap. de hoy! En resumen, Herms ha discutido con sus amigos, Draco ha decidido dejar atrás su antigua vida y Pansy ha empezado su actuacion... (aun no sabemos con q intencion xD)

Sé que no han pasado muchas cosas y sé que no ha habido Dramione, pero en el próximo os prometo que síii! Jejej

No olviden dejar sus reviews ;)

Un besazo y mil gracias!