Ya está aquí.
Por fin, la tan deseada semana ha llegado y ya hace horas que los menores se encuentran algunos considerables kilómetros lejos de su casa familiar.
Sus móviles no han cesado de recibir whatsapps...y para su sorpresa ninguno de ellos responde al nombre de Defteros.
Todos...absolutamente todos son de Aspros.
"¿Ya habéis llegado?"
"¿No os habéis dejado nada? Pensad que no podremos venir a traéroslo..."
"¡No os gastéis todo el dinero el primer día!"
"NO os peleéis"
Ninguno de estos mensajes tan pulcramente escritos, sin tontas abreviaturas ni mucho menos emoticonos, ha sido respondido.
Solamente han mandado una respuesta. En verdad...más que una respuesta, un ruego desesperado emitido con el móvil de Saga, y el destinatario sí que ha sido Defteros.
"QUE ASPROS SE CALLE! PLEASE!"
Seguramente Defteros se ha reído abiertamente al leerlo, y en seguida les ha llegado una escueta respuesta al estilo propio del segundo de los mayores. Un escandaloso "OK!" seguido del emoticono del dedo pulgar apuntando al cielo.
El primer día se presenta tranquilo para los menores. Es más parecido a una toma de posesión del lugar, que se ha iniciado con el reparto de habitaciones en el albergue que los custodiará durante siete intensas jornadas. Los cuartos son dobles, y rápidamente Kanon se ha acercado a Milo para cazarle como compañero antes que la mala suerte le llevara al lado de Saga, que ha buscado cómplice en Aioros.
Una vez decidido el reparto, todos se han apresurado en ir a dejar sus pertenencias en sus respectivas habitaciones, para seguidamente cambiarse de ropas y afrontar el primer entrenamiento de una semana que acabará con un mini campeonato con otros equipos participantes del "stage".
El tiempo del almuerzo ha sido anhelado por una coleccion de estómagos hambrientos, y la tarde les ha recibido con la gran piscina que ha podido ser maltratada a discreción.
La hora de la cena no ha sido tan tranquila como el viejo entrenador Shion y su ayudante y también fisioterapeuta Dohko, no mucho más joven que él, habían previsto. Ni la reparadora ducha de fin de día, ni el supuesto cansancio natural después de tres horas en autocar, ni el entreno ni el desmadre en la piscina han conseguido aplacar los ánimos de esa jauría de adolescentes con excedente de energía e ilusión.
Los muchachos se han pasado todo el rato de la cena gritando más que hablando, molestándose unos a otros y riéndose de unas tonterías que desquician al viejo Shion, y que Dohko trata de suavizar sin ocurrírsele nada más que acortarse la edad mental demasiados años, uniéndose a la guasa que ya no se sabe quién ha iniciado, ni mucho menos cómo, y por supuesto, sin existir ningún porqué.
Después del último ágape del día, el salón comunitario del albergue se ha convertido en el escenario de un torneo virtual de fútbol a importante escala gracias a la gran televisión, la Play que ha traído el grandullón portero Aldebarán y el juego FIFA 16 por gentileza de Aioros.
Todos los chavales están inmersos en ese improvisado campeonato, y el viejo entrenador ha optado para irse a dormir, dejando al infantil Dohko a cargo de la manada, pero Shion no es el único que falta en el salón. Shaka, el chico hindú y que no va al mismo instituto de Saga, Kanon y todos los demás, hace rato que ha desaparecido en su habitación. Una habitación que no comparte con nadie debido al número impar que conforma el grupo, quedándose gustosamente con el cuarto huérfano de compañero.
Saga acaba de clasificarse para la siguiente ronda que controla el lateral Mu en una libreta repleta con sus nombres y flechas que van uniendo partidas y eliminatorias conseguidas, y ahora le toca el turno a Kanon contra su amigo y compañero de defensa y habitación Milo. Pero el enfrentamiento de Kanon y Milo no interesa a Saga, que sí que se ha dado cuenta de la desaparición de Shaka, el centrocampista casi mudo que pese a su alarmante autismo es un genio del control del juego en la zona del círculo central del campo, y siempre generoso en su excelente reparto del juego.
A Saga el muchacho no le cae mal, y le da mucha rabia que Kanon siempre se ría de él simplemente porqué no es popular, ni le importe no serlo. Y Saga no puede evitar recordar las palabras de Aspros, las mismas que constantemente les remarcan que deben ser respetuosos con todas las personas. Así que esta semana regala una excelente oportunidad para conocerse mejor, y Saga no duda en acudir a la habitación de Shaka en busca de su unión al grupo, con la voluntad de ofrecerse como cojín para su introducción al clan más allá de en un once inicial.
La puerta está cerrada, y Saga golpea con sus nudillos al tiempo que se anuncia con su voz para alertar de su presencia, pero no piensa en esperar respuesta para entrar, abriendo la puerta de sopetón y hallando a Shaka sentado sobre la cama de su elección, hablando por teléfono.
Saga se paraliza en medio del cuarto sintiendo que se ha precipitado en su no permitida invasión, como así se lo demuestra el ceño fruncido del rubio hindú, que intenta cortar la conversación que hasta el momento ha mantenido en su preciada intimidad.
- Asmita...te dejo...
"Intenta hacer amigos, Shaka...prométemelo..."
- Que sí...te lo prometo...
" Y pásatelo bien"
- Que te digo que sí...lo haré...y ya vale. Te dejo...diles a papá y mamá que todo va bien...
Shaka corta la llamada sin esperar réplica, y mira a Saga con extrañeza y también cierta curiosidad.
- ¿Qué quieres?
El tono de voz que emplea el muchacho quiere parecer frío y distante, pero Saga se ha propuesto firmemente sacarlo de su ostracismo le cueste lo que le cueste.
- ¿Por qué no te vienes a jugar a la Play con todos nosotros? - pregunta acompañando su propuesta con un encogimiento de hombros mientras intenta mostrar su rostro más amable.
- No me apetece...
Shaka responde bajando la mirada que se esconde tras sus mechones de extraño cabello rubio pese al origen del que proviene, deseando que Saga se vaya y le deje tranquilo en su buscada soledad, pero el mayor del único par de gemelos del "stage" no parece tener intenciones de irse, rindiéndose al extraño impulso que le acerca a la cama donde está sentado Shaka, tomándose la libertad de sentarse a su lado.
- ¿Hablabas con tu hermano?
- Sí.
- Siento lo de tu hermano...- dice Saga sin saber muy bien por qué.
- ¿El qué? - Shaka lo pregunta sabiendo sobradamente a qué se refiere el más calmado de los gemelos, pero finge darle importancia a su reflexión.
- Pues éso...que sea...que sea...éso...como decirlo...
- ¿Que sea ciego? - le ayuda Shaka con una frialdad que a Saga le sobra.
- Sí...me sabe mal por él...
- Y a mí...pero no hay nada que hacer. Es ciego de nacimiento...supongo que está acostumbrado a ello.
Dicho ésto, y con el rechazo inicial de Shaka de unirse con todos en el salón, el silencio acude a brindarles una incómoda compañía. Shaka se refugia en su móvil, en el cuál le conecta los auriculares de música diciéndole a Saga sin palabras que el tiempo de su voluntaria compañía se ha extinguido, pero Saga no parece darse cuenta de ello, encontrándose observando a Shaka bajo una nueva e inesperada luz. Incubando una idea loca que empieza a azorarle el cuerpo y que le hace pensar en Kanon y en el hecho que su gemelo afirma que ya sabe lo que es besar y él todavía no.
Que Kanon haya besado a Pandora es algo que molesta a Saga cada vez con más intensidad, y lo hace con un cúmulo de sensaciones confusas, donde se mezcla la envidia que Kanon haya hecho algo que él todavía no, y que se lo haya arrebatado a la belleza "number one" del curso. El mayor empieza a estar convencido que su gemelo no ha hecho nada más, simplemente porqué haberlo llevado a cabo imagina que requiere de un tiempo necesario, y este tiempo es algo que Kanon no ha tenido lejos de él. Pero besar...éso lo intuye rápido, y podría ser verdad que Kanon sí que lo haya hecho sin que él se diera cuenta...
Y simplemente este hecho es inadmisible.
Saga no puede aceptar que Kanon vaya por delante que él en algo que le quita el sueño y le atormenta el cuerpo.
Sin darse mucho tiempo para pensar, Saga observa a Shaka de nuevo y empieza a dibujar un sinfín de posibilidades que la timidez, silencio y discreción del rubio hindú le puede ofrecer.
Es un chico...sí...pero aún tiene cara de chica...y es callado. Apenas se relaciona con nadie...y no es feo. Lo podría probar con él, sólo para salir de dudas...para saciar su curiosidad y saber lo que se siente al besar a alguien en la boca...y así poder hacer frente a los alardes de Kanon con conocimiento de causa.
Saga sigue estúpidamente embobado ante la indiferencia que le regala Shaka y siente su corazón palpitar con tanta fuerza que parece querer escapársele del pecho.
Tres...dos...
El mayor recuerda las palabras de Kanon..."pues abriendo la boca y metiendo la lengua hasta la garganta"...
...uno...
Saga no lo piensa más. No se permite este lujo y afianza el rostro de Shaka a traición, acerca sus labios a los del hindú y le devora la boca a discreción, forzando a su lengua a buscar entrada e ir lo más profundo que el inmediato rechazo de Shaka le permite.
El contacto es húmedo...cálido...extremadamente electrificante...y muy, muy excitante.
Pero para Shaka, este inesperado hecho se presenta como algo simplemente agónico y terriblemente desagradable.
Inmensos son los esfuerzos que hace el hindú para librase de Saga y de su lengua adentrándose peligrosamente entre sus labios, arrancándole una arcada que es el indicio final para poder empujarle con la misma brusquedad que su boca está siendo asaltada mientras un intenso rubor servidor de la vergüenza, incomprensión y rabia acude a teñir sus andróginas mejillas. El móvil que hasta el momento Shaka tenía entre sus manos cae al suelo, y Saga le sigue, viéndose rechazado en algo que para él tampoco ha sabido tan mal...
La mirada que le lanza Shaka lo esconde todo, y el despreciativo gesto del dorso de su mano contra sus labios, limpiándose los indeseables rastros de saliva que Saga ha dejado sobre ellos, le explica al inesperado visitante lo que acaba de pasar.
Kanon está congelado en el umbral de la puerta.
Perplejo...impresionado...y extrañamente rabioso.
Frunciendo su ceño y sintiendo como un inesperado ardor acude a machacar su garganta, Kanon mira afiladamente la derrumbada figura de su gemelo en medio del suelo de la habitación.
No es posible...tanto que ha tratado él de ser mejor en algo que Saga...todos sus esfuerzos para crear veraces mentiras, todas las posiciones que su ego había escalado frente a Saga se acaban de ir a pique.
Saga le ha tomado ventaja en su cuidada mentira, y le duele.
Y lo peor de todo, es que no sabe porqué siente tanta rabia al descubrir que su gemelo está poniendo en práctica sus falacias sin compartir sus intenciones con él.
Creía que se lo hablaban todo...al menos antes de la muerte de sus padres era así.
Pero Kanon había creído mal, y quizás ahora el menor se da cuenta que, en parte, la culpa es suya.
Saga se está distanciando de él porqué él así lo ha propiciado desde hace unos meses...y ahora mismo no sabe si odia a su otra mitad por seguir andando un paso frente suyo, o a él mismo por haber provocado que no le cuente nada de sus conquistas, ni de sus intenciones y de sus fantasías propias de la edad.
Demasiados pensamientos se agolpan en la mente del menor. Demasiados temores que le alertan que quizás el camino de ser fiel a una descubierta rebeldía le aleja de Saga y de su eterna compañía.
Demasiadas preocupantes culpas petrifican momentáneamente a Kanon, que de manera extraña incluso para él mismo decide no hacer mofa de un una escena robada, cebo de infinitas burlas y bromas de mal gusto.
Sólo anuncia lo que le ha llevado a presenciar una inesperada imagen que ahora se repite sin cesar en su mente.
- Saga...te toca la siguiente ronda...
El menor no añade nada más.
Simplemente desaparece con un terrible bochorno a cuestas y la firme intención de vengarse, dejando tanto a Shaka como Saga más rojos que un tomate al saberse descubiertos perpetrando una dantesca escena adolescente.
Sí, Kanon siente unos irreprimibles e irracionales deseos de venganza contra Saga.
Una venganza que empezará tan pronto como le sea posible...
Sí, vengarse...
Vengarse...
¿Pero de qué?
