¡Hola!,
Seguro que si han llegado aquí es porque quieren leer, así que no pretendo retrasarlo más. Simplemente, tomando una idea de Japi (a quien espero que no le importe), los dejo con el resumen de los últimos acontecimientos para que puedan retomar el hilo de la historia.
En capítulos anteriores... un compañero de Koushiro y Mimi difunde un rumor sobre esta última, asegurando que todos sus logros han sido por aprovecharse de su belleza, haciendo que el pelirrojo inesperadamente salte en su defensa saliendo bastante mal de la pelea. Afortunadamente Yamato, que se encontraba como profesor, interviene y logra separarlos, pero es despedido por golpear al otro chico. En la tarde todos los elegidos se reúnen en la residencia Yagami para comentar lo sucedido y Koushiro actúa muy extraño, yéndose por su cuenta después de tratar mal a Mimi sin razón aparente.
Yamato, que es el último en marcharse, al llegar a su departamento descubre que Matty, el gato de Kari, se ha escondido en la cajuela de su moto, por lo que tendrá que quedarse el fin de semana con él, lo cual lo complica bastante, porque ese viernes en la tarde luego de ser despedido ocurrió algo que sigue repitiéndose una y otra vez en su cabeza. El día lunes termina con Sora, y Tai va a buscarla a la cancha de tenis y finalmente se la lleva a su casa, donde la pelirroja pasa la noche.
Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
CAPÍTULO XXIV: Cuando Yamato se preguntó…
¿Cuánto sería capaz de hacer por su mejor amigo?
"Si quieres un buen consejo de amor el único que puedo ofrecerte es este: nunca temas a tus sentimientos. Si no lo haces, las respuestas vendrán solas"
Se sentó en el sofá y mientras observaba al minino beber ansiosamente el líquido, volvió a recordar lo sucedido esa tarde.
Luego de ser despedido, había ido a recoger sus cosas para marcharse enseguida.
-¡Matt- kun! –lo llamó alguien desde la entrada, haciendo que se detuviera.
Se volteó justo a tiempo para ver a Hikari bajar de una carrerilla las escaleras hasta detenerse frente a él, tomándose algunos segundos para recuperar el aire.
Estaba sorprendido aunque no lo demostrara, porque no habían hablado desde su primer día como profesor.
-¿Cómo saliste? -preguntó dirigiendo una curiosa mirada a su alrededor.
Hikari alzó los hombros, como si eso no tuviera importancia, pero aún así dijo:
-Supongo que mi hermano y tú son buenos maestros o una terrible influencia, según cómo lo veas.
Yamato contuvo una sonrisa, pensando en la cantidad de veces que el castaño y él habían burlado la seguridad de la secundaria ingresando sin ser vistos. En su defensa, siempre había sido por una buena causa. Salvar el digimundo y de paso al mundo real era definitivamente una buena causa.
-Entonces… ¿querías hablarme?
-Sí, yo… oí que te despidieron por lo que sucedió en el salón de Koushiro-san –susurró Hikari, aparentemente apenada por la situación.
-Así es –contestó, sonriendo de lado con cierta desgana- ahora puedes estar tranquila, porque no tendrás a nadie vigilándote.
-La verdad lo lamento, quizás exageré un poco el otro día… estaba enfada, supongo, pero no quería que te despidieran –dijo haciendo una leve reverencia hacia él, que causó que sus cabellos se deslizaran hacia su rostro, cubriéndolo parcialmente.
Yamato la miró de lado.
-Si alguien tiene que disculparse, seguro que esa no eres tú –replicó.
Hikari lo miró con curiosidad, comprendiendo que aquello era una disculpa indirecta y le sonrió. Viendo que el chico se disponía a marcharse, se apresuró a detenerlo.
-Espera. Hay algo más –susurró.
El rubio esta vez se giró por completo intentando disimular en lo posible el hastío que le producía mantener esa conversación. Sólo quería marcharse de una vez, pero pensó que su atención era lo menos que la chica se merecía después de haberse infiltrado en la secundaria como el espía de Tai, si acaso ese plan tuvo alguna importancia para él en algún momento. No era tiempo de pensarlo, tal vez en mil años más. Dejó la caja que llevaba consigo a sus pies, en ella había arrojado de un tirón las pocas pertenencias que tenía en el casillero que le asignaron como profesor cuando llegó.
-¿Qué es? -preguntó, instándola a hablar al ver que no mostraba indicios de querer hacerlo.
Ella se acomodó el cabello detrás de las orejas y se mordió los labios, como si no estuviera segura de lo que diría a continuación. Parecía bastante incómoda y seguramente el escrutinio de los ojos de Yamato no se lo estaba haciendo más fácil.
-La forma en que golpeaste a ese chico, tú no eres la clase de persona que golpea a la gente –afirmó al cabo de unos segundos.
-Lo sé, pero ese niño necesitaba una lección –contestó sin comprender si aquello era un reclamo o un simple comentario, en todo caso, no parecía ser ninguno de los dos.
-Lo hiciste por Izzy, ¿verdad? –preguntó apremiante, como si las palabras hubieran estado luchando por salir de su garganta desde que lo encontró. Su tono de voz parecía esperanzado y cuando sus ojos alcanzaron los de él, mostraban el brillo especial de la esperanza también.
-¿Qué te hace pensar eso? –preguntó a su vez, ladeando muy ligeramente la cabeza y observándola con curiosidad, realmente le intrigaba el rumbo que había tomado esa conversación y no lograba imaginar hacia dónde quería llegar.
-No lo sé… es que tú siempre dices que eres un egoísta y que no te importan las demás personas, pero creo que eso es sólo una fachada y que en el fondo lo haces para que nadie se acerque a ti y no puedan lastimarte –dejó caer cada palabra con serenidad mientras miraba hacia la derecha, alineando el mentón con su hombro.
Yamato alzó las cejas sorprendido, preguntándose desde cuando se había vuelto tan transparente. Retrocedió un paso y frunció el ceño. No le gustaba sentirse expuesto como se sentía en aquel momento. Era como si Hikari estuviera leyendo en su interior, ¿cuándo había permitido que eso sucediera?
-¿Y entonces? –preguntó a la defensiva.
-Lo hiciste por él, estoy segura… sabías que como profesor no podías hacerlo, pero eso no te importó, porque Izzy es tu amigo y lo quieres, así como también quieres a Tai, a Sora… incluso a Mimi, ¿verdad? –a medida que hablaba su tono iba volviéndose más seguro.
-Bueno, yo diría que Tachikawa es un caso aparte –comentó apartando la mirada.
-Puede ser, pero eso me hizo pensar algo –volvió a hablar Hikari, su voz convirtiéndose en un susurro pese a que no había perdido la confianza ganada.
-¿Qué pensaste? –preguntó casi automáticamente, sin reconocer en sí mismo un verdadero interés por saberlo.
- Que tal vez yo no soy tan diferente a los demás –murmuró tímidamente– que no estás pendiente de mí sólo por Tai.
-No sé porqué me dices todo esto –comentó incómodo.
-Yo sólo… quiero que me digas si es verdad, si significo algo para ti.
Yamato tragó saliva, sintiéndose repentinamente acorralado. Hikari lo observaba ansiosa, como si lo único que le importara en ese momento fuera escucharlo decir lo que quería oír.
"¿Sabes cuál es tu problema?... piensas en lugar de sentir - la voz de Mimi resonó en su cabeza, como si lo secuestrara de la realidad. –, deberías hacer lo que sientes alguna vez, así verías que las cosas son mucho más simples"
Suspiró pesadamente y la miró de soslayo. No sabía qué responder, nunca había sido bueno con las palabras más que para componer, cuando estaba con una guitarra en las manos ellas simplemente parecían fluir con facilidad.
Siempre se había preguntado porqué le costaba tanto decir lo que sentía al resto, porqué no podía decir por ejemplo te quiero con la misma facilidad y desenvoltura que los demás. De algún modo sentía que si lo decía a diario, simplemente la frase perdería su valor y acabaría sonando vacía. Creía que las palabras debían usarse cuando fuera necesario y no cuando se produjera un silencio incómodo sólo para llenarlo, no debía sentirse empujado a decirlo, debía surgir solo y siempre había esperado que cuando realmente quisiera decir algo, ellas vendrían solas, pero estaba equivocado.
Se encontró a sí mismo parado ahí con la mente en blanco, las palabras no venían. Sus sentimientos eran un lío que él se había entrenado toda la vida en evadir, ¿cómo se suponía que podría hablarle de ello a alguien más?, ¿cómo podía responder algo que ni siquiera él sabía?
-¿Y tu consejo es? –preguntó con tono de aburrimiento, apoyándose ligeramente en la barandilla.
-Sólo tienes que sentir un poco más y pensar un poco menos.
"Sentir un poco más y pensar un poco menos."
Las palabras hacían eco en su cabeza. De repente el mundo parecía haberse quedado mudo. No oía nada que no fuera la voz de Mimi, con ese retintín que tanto le fastidiaba resonando en sus oídos.
-¿Matt-kun? –la propia voz de Hikari le sonó lejana, como si proviniera desde el fondo del mar.
Sentir un poco más y pensar un poco menos. ¿Qué sentido tenía eso? Ninguno. Ni siquiera debía estarlo pensando. Necesitaba salir de ese transe.
Mientras una parte de sí mismo luchaba por salir a flote –aquella que algunos llaman cordura-, la otra seguía repitiendo la frase en su cabeza, reduciendo todos los demás pensamientos a nada. Miró a la chica a los ojos, encontrándose con la confusión y la curiosidad entremezcladas en ellos. Lo peor vino después, cuando sus ojos se deslizaron lentamente hasta sus labios y se quedaron estancados allí. Alternó la mirada entre sus ojos y sus labios varias veces antes de sentir un impulso equivalente sólo al de dos imanes emanar desde el interior, haciéndolo salvar la distancia entre ambos cogiéndola sorpresivamente de los hombros, con una fuerza desmedida que hizo que ella soltara apenas un sonido de sorpresa antes de que él se inclinara y juntara sus bocas en un solo movimiento.
Sus dedos se ajustaron a los hombros femeninos como dos tenazas y su lengua se abrió espacio en la boca ajena sin reparo alguno.
En su interior algo parecía haber estallado, aunque no podía imaginar qué. Las palabras de Mimi que invadieron su mente, habían calado hondo, llevándolo a concentrarse en la parte más instintiva de sí mismo, aquella que siempre mantenía dormida y controlada, como si fuera un pequeño animal que debiese ser domado. Sencillamente, en cuanto el deseo por besarla afloró, todo se redujo a eso, tomar aquel beso como si fuera la respuesta a todo.
El impacto de sus bocas fue tan rápido y sorpresivo que los primeros segundos Hikari no entendía lo que estaba sucediendo, no entendía porqué estaban pegados y de pronto el eje de la tierra ya no la sostenía sino que la gravedad se había trasportado al cuerpo de Yamato. Pero en cuanto él movió los labios sobre los suyos, abrió los ojos y lo vio todo con claridad. Estaba besándola. ¿Pero qué significaba un beso en una situación como esa? Pronto se descubrió a sí misma sin ganas de descubrirlo. Cerró los ojos y se sostuvo de su cuello, ante el temor de caer por dejar de sentir el suelo bajo sus pies.
Un fuerte maullido lo regresó a la realidad. Miró a Matty con fastidio.
-No me mires así –le dijo como si el pequeño gato pudiera entenderlo; si lo miraba tan fijamente, algo debía entender de lenguaje humano, ¿no?, de otra forma no se explicaba que su mirada se pareciera tanto a la de uno– tú lo planeaste todo, ¿no es así?
Recargó su cabeza en el respaldo del sofá. Ese sería un largo fin de semana. Más si consideraba que no sólo no podía apartar ese recuerdo de su mente, sino que tendría que llevar a ese maldito gato conspirador a casa de su dueña.
Otro maullido lo sobresaltó.
- ¡¿Qué?!, no lo decía en serio.
¿Acaso Matty leía sus pensamientos?
Se reprendió mentalmente. ¿Qué clase de ridiculez era esa? Ya debía estar delirando.
El consejo de Mimi tenía un fallo. ¿Qué haces exactamente luego de seguir tu instinto, de hacer lo que sientes?
Yamato retrocedió algunos pasos torpemente, Hikari lo observaba con los ojos dilatados, acalorada, sorprendida, incrédula, todo a la vez.
Porque claro, para una chica que iba por la vida haciendo lo que sentía en cada momento las consecuencias no importaban demasiado, nadie iba exigirle explicaciones de todos modos. Pero para Matt era más complicado que eso, él siempre pensaba lo que hacía, nunca dejaba que sus emociones lo dominaran, ¿qué demonios había hecho?, aquella pregunta no dejó de retumbar en su cabeza en ese momento ni tampoco lo haría por el resto del día ni el fin de semana que se venía encima.
Y aunque se sentía aterrado, una parte de sí mismo parecía satisfecha, conforme. La ansiedad que lo invadía cuando estaba con la castaña parecía menguar.
Aunque lo que acababa de hacer parecía una locura, de alguna forma se sentía endemoniadamente correcto.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la moto. Kari tardó unos segundos en reaccionar, de hecho para cuando hubo salido del asombro en el que se encontraba, él ya se había montado y encendido el motor del vehículo.
Quiso llamarlo, gritarle que no se fuera, pero su garganta no parecía estar dispuesta a colaborar, así que corrió hacia él y se puso enfrente con los brazos abiertos como si quisiera convertirse en un muro que le cerrara la salida.
La motocicleta por poco derrapa cuando Matt se vio obligado a dar un frenazo para no atropellarla, pero enseguida y sin pensárselo, retrocedió y volvió a acelerar, rodeando a la muchacha para perderse entre los automóviles y camiones que transitaban por la calle, los que terminaron tragándolo hasta que Kari no fue capaz de seguir viéndolo.
Tan sólo sintió el viento que produjo la moto al pasar por su lado, el mismo que alzó su falda levemente y luego se fue. Estaba sola en el portal de la escuela.
Se dejó caer en el último escalón, sintiendo todo su cuerpo temblar. Mientras se habían besado todo se detuvo, no fue consciente de sí misma, pero ahora cada extremidad parecía reaccionar del letargo como si hubiera estado congelada durante ese tiempo, con fuertes convulsiones que la sacudían.
Junto a ella, no tardó en hallar la caja que Yamato había dejado ahí tiempo antes, la caja con sus pertenencias que seguramente habría olvidado en el apuro por marcharse. Cuando reunió las fuerzas suficientes para ponerse en pie, se la llevó consigo.
Luego de eso él condujo por horas, incluso por calles y avenidas que no conocía, perdiéndose entre tanto vehículo y tanta gente, acelerando al máximo hasta el punto en que su cabeza quedaba en blanco, iba tan rápido que ya no podía pensar, eso era exactamente lo que necesitaba.
Ya después tendría que bajarse de la moto y volver a la realidad, lo que no se esperaba es que fuera tan pronto, cuando horas más tarde Tai lo llamara para una reunión con el grupo a la que no podía faltar.
Y por supuesto, él fue. Nunca había sido demasiado bueno diciéndole que no a su mejor amigo.
El ruido de la puerta abriéndose lo sacó de su ensimismamiento, rompiendo finalmente con la cadena de recuerdos en la que parecía atrapado. Su padre apareció por ella y lo miró, dirigiéndole un gesto cansado. Acababa de dar dos pasos al interior cuando Matty maulló agudamente como si estuviera anunciándose. El señor Ishida le dirigió una mirada entre curiosa y confundida y volvió a mirar a su hijo.
Yamato abrió la boca, suponiendo que le debía una explicación.
-Es…el gato de Hikari-chan –informó ante la ausencia de algo mejor que decir y asumiendo que no había una verdadera razón para mentir.
Hiroaki terminó de entrar al departamento y cerrando la puerta tras de sí, se dirigió hacia el centro de la sala.
-Hikari-chan es la hermana de… -intentó seguir hablando Yamato.
-La hermana de Taichi, ¿no?... ¿piensas que tu viejo padre no se acordaría de la familia de tu mejor amigo? –preguntó con gracia.
-No, no es eso.
-En realidad estaba preguntándome qué hace aquí. Sabes que no permiten mascotas en el departamento –susurró dejándose caer pesadamente en el sofá de enfrente.
-Lo sé. Yo voy a encargarme de él, iré a devolvérselo a Hikari mañana –le aseguró- tal vez pasado mañana… mejor con más seguridad el lunes. Mientras tanto no debes preocuparte, me haré cargo.
-Está bien, supongo que iré a dormir entonces –comentó levantándose lentamente con intenciones de marcharse, se detuvo al recordar algo-, por cierto, ¿cómo se llama?
-¿Cómo se llama? -repitió Yamato incómodo.
-Eso fue lo que pregunté. El gato tiene un nombre, ¿no?
-No, no tiene nombre –respondió enseguida.
Hiroaki pareció extrañado, pero no dijo nada. Se despidió abandonando finalmente el sofá. Ya casi se perdía al interior de su cuarto cuando el pequeño huésped de aquella noche salió corriendo y Yamato se levantó rápidamente del sillón.
-¡Matty! –gritó casi sin darse cuenta, para luego mirar cautelosamente a su padre, a quien juraría que vio contener una sonrisa.
Sin perder más tiempo, fue tras Matty sintiendo el rostro arder. Aquel vergonzoso incidente le había recordado lo extraño que le parecía su nombre. ¿Cuántos problemas más le causaría?
-No entiendo –la voz de Miyako sacó a Hikari de su abstracción al haberse embarcado en el relato de lo sucedido con Matt-. ¿Te besó y luego intentó atropellarte?
La castaña sonrió como si aquello no le sorprendiera. Miyako siempre perdía el hilo de las historias.
Ese día lunes ambas se encontraban encerradas en la sala de computación del primer piso luego de que sonara el timbre, porque ella había insistido en que le contara lo que no quiso decirle el viernes, cuando la encontró en el pasillo, caminando como enajenada con una caja en sus manos.
-No, no intentó atropellarme –corrigió con amabilidad-. Fui yo la que me puse en su camino.
-Ahhh –Miyako se acomodó los lentes, mientras movía la cabeza en señal de entendimiento- Entonces te besó y luego simplemente se fue.
Hikari asintió en silencio.
-¿Pero por qué razón iba salir huyendo? –se preguntó en voz alta, llevándose una mano al mentón- Lo que está claro es que tienes que hablar con él.
-¿Qué esperas que haga, que lo llame y le diga: por cierto, Matt-kun, me gustaría saber si puedes decirme por qué me besaste? –intentó preguntar con ironía, sin embargo, el titubeo en su voz estropeó el objetivo.
-Pues sí. Tienes derecho a saber, ¿no? Él no puede ir por el mundo besando chicas y luego escapando como si nada.
-No lo sé, Yolei. No creo que pueda –susurró taciturna.
-No lo entiendo ¿Qué es lo que te asusta tanto? –preguntó con tono confortante, deseando transmitirle su apoyo.
-Yo sólo…
-Vamos, no puede ser tan malo.
-¿Qué pasaría si me dice que fue un juego o algo así?
-¿Un juego? –preguntó incrédula-. No creo que Yamato-san sea esa clase de chico.
-¿Y si lo es? –rebatió la castaña- ¿recuerdas todos esos rumores que surgieron cuando formó la banda?
-Esos sólo eran rumores. No creo que esté jugando contigo. Sólo piensa en lo que tu hermano le haría si se enterara, ¿crees que se arriesgaría a eso?
-No, supongo que no –suspiró cabizbaja-. Pero eso no explica porqué se fue enseguida sin decirme nada, como si… como si se avergonzara de lo que había hecho.
-Eso no podemos saberlo si no se lo preguntas. Por cierto, no es que quiera empeorar las cosas, pero… ¿has hablado con T.k.?
-No, no lo he hecho.
-Sabes que debes hacerlo, ¿verdad?
-Lo sé. Lo haré esta misma tarde.
Se quedaron en silencio, hasta que Hikari alzó la cabeza abruptamente.
-Miyako, parece que alguien viene -advirtió en un susurro.
La aludida cruzó una mirada con su amiga y ambas se pusieron de pie frente a la computadora, sin necesidad de palabras, pues esto ya lo habían anticipado.
Sacaron sus digivais y Miyako dio un paso al frente.
-¡Puerta al digimundo, ábrete! Niños elegidos, vámo... -se calló al distinguir un destello rojo por el rabillo del ojo, cerca de la puerta.
El resto de la frase murió en su garganta mientras se tensaba, lo cierto es que hace mucho tiempo había dejado de ser necesario decir esas palabras, pero a ella le gustaba hacerlo para añadirle dramatismo al asunto.
Suspiró con alivio al darse cuenta de que el destello pertenecía a una cabellera que conocía muy bien. Las dos se voltearon en dirección al intruso.
-¡Koushiro-san! ¿qué eres?, ¿un fantasma?, ¿cómo es que entraste sin hacer ruido? -preguntó Miyako, llevándose una mano al pecho, como si hubiera estado apunto de sufrir un infarto.
Efectivamente, ahí estaba Koushiro con el cabestrillo que resguardaba su muñeca lesionada y una mueca de sorpresa en el rostro.
-¿Cómo? -preguntó el chico aparentemente perdido "¡esa mujer!, ¿con qué derecho le reprendía?" -yo sólo abrí, tú eras la que estaba hablando demasiado fuerte, por eso no me oíste -recalcó, no como un reproche, sino como algo evidente. Más de alguna vez habían estado apunto de ser descubiertos por su culpa.
-Ah, eso... -Miyako rió nerviosamente llevándose una mano a la nuca con el codo hacia arriba- jejeje, nosotras estábamos...en realidad no-no es lo que parece... -tartamudeó, pero guardó silencio al darse cuenta de una cosa y cambió de una expresión sorprendida a una de sospecha-. Un momento, ¿qué haces tú aquí? El timbre sonó hace diez minutos.
Koushiro siempre les había advertido que no fueran solos, y menos sin avisar a nadie, al digimundo. Claro que esa era una regla que la mayoría rompía.
El pelirrojo lució aturdido por un segundo y luego se puso nervioso, como si hubiera sido descubierto en algo.
-¡Ajá!, ¡te fugaste de clases, no puedes decirnos nada! -increpó Yolei.
-¿Qué?, ¡no!, claro que no... -reaccionó finalmente, dándose cuenta de que se había dejado intimidar por la chica, en lo que seguramente consistía su plan para eludir el tema central-. Yo tengo clases aquí... nos corresponde en el segundo piso, pero dado que los computadores están en mantención, nos trasladaron -explicó, como siempre, diciendo más de lo necesario.
-Ahhh ya veo, con que era eso -susurró Yolei.
-¿Ustedes qué hacen aquí?, ¿no deberían estar en su salón a esta hora?
Aparentemente Yolei iba contestarle algo, a saber qué, pero Hikari se lo impidió tomándola abruptamente del brazo.
-Nosotras ya nos íbamos, se nos hizo tarde, es todo. Hasta luego, Koushiro-san -y haciendo una reverencia, jaló a su amiga hacia la salida, dejando al pelirrojo totalmente perplejo.
En el camino por el pasillo se encontraron con algunos alumnos que iban hacia la sala de computación, por lo cual se ocultaron detrás de una estatua para evitar que el profesor las descubriera.
Cuando vieron pasar a Mimi, que caminaba con aire ausente y los audífonos puestos, Miyako sacó medio cuerpo y agitó el brazo para llamar su atención, pero Hikari la arrastró hacia atrás de la cintura inmediatamente, cubriéndole también la boca.
-¿Qué crees que haces? –la reprendió- si un profesor nos encuentra aquí, estaremos en problemas.
-Lo siento, sólo quería saber cómo está después de lo del viernes. Koushiro-san no fue muy amable con ella –se explicó, apoyando su espalda contra la pared.
-Tienes razón, pero no creo que sea buena idea que saques el tema de esa manera, será mejor esperar a que arreglen las cosas.
-Tal vez necesiten una pequeña ayuda –dijo Miyako, tentativamente.
-Hablo en serio, Miya. Me parece que esta vez no debemos interferir.
-Ya, yo sólo decía –replicó cruzándose de brazos enfuruñada.
Hikari sonrió, algunas veces le recordaba a Tai, pero la sonrisa en su rostro desapareció casi de inmediato cuando pensó en otra cosa.
-Tampoco quiero que hagas nada sobre lo de Matt-kun, ¿de acuerdo?
-Está bien.
-¿Lo prometes?
-Claro –sonrió Yolei.
Después de todo, Hikari no tenía forma de ver que había cruzado los dedos de la mano que escondía tras su espalda.
Mimi fue una de las últimas en entrar a la sala de computación. Se sentó al final, con la intención de pasar desapercibida, ya que no era una clase que la emocionara particularmente.
Todavía con los audífonos puestos, fingió que trabajaba en lo que el profesor les ordenó al llegar, pero muy pronto se aburrió y decidió revisar su correo. Contestó algunos mails y una vez que terminó con eso, se dedicó a dibujar distraídamente en paint. Hacía figuras y las borraba. Sólo cuando dibujó un corazón, dio un respingo y agitó exageradamente la muñeca sobre el mouse, queriendo borrarlo a toda prisa.
Lo que le faltaba, estar pensando en cursilerías justo ahora que Koushiro ni siquiera se dignaba a dirigirle la palabra y ella no sabía porqué. Por la mañana había intentado hablarle, pero el chico la esquivó hábilmente, debía reconocer.
Atrapó un bostezo en su mano y justo entonces sintió una presencia a sus espaldas. Vio el reflejo del profesor en la pantalla, así que dio un salto del susto, jalando los audífonos de sus orejas y casi haciéndose daño en el proceso.
-Señorita Tachikawa –pronunció el maestro con tono solemne.
-Profesor –murmuró avergonzada, mientras cerraba paint y abría el programa en el que se suponía debía estar trabajando.
Inquieta ante el castigo que se le impondría, se sentó muy recta en la silla. Ni siquiera intentó excusarse.
-Veo que está teniendo algunos problemas con la tarea que les asigné –continuó el profesor, amablemente.
Aquello la hizo desconfiar. ¡Los maestros no eran amables! Y si lo eran, seguro se trataba de una trampa. Abrió la boca, pero no se le ocurrió qué decir, así que tan solo barbotó:
-Señor, yo…
¿Qué debía hacer?, ¿reconocer el error y disculparse o seguirle la corriente, diciéndole que no entendía?
-No se preocupe. Enseguida le asignaré un compañero para que pueda ayudarle –la tranquilizó con una sonrisa socarrona.
Así que allí estaba la trampa. Le pondría un tutor que se asegurara de que no perdiera el tiempo en nada más.
Se cruzó de brazos.
El maestro alzó la mirada y barrió la pequeña sala con ella, deteniéndose en una cabeza. Como Mimi no se fijó en lo que hacía, no supo su elección hasta que lo escuchó pronunciarla.
-Señor Izumi, ¿podría venir un minuto?
Koushiro, sentado en la primera fila, se puso de pie enseguida y caminó hacia el profesor. En realidad estaba excusado de esa clase, pero él había insistido en ir de todos modos, pese a que no podía hacer mucho con una sola mano y los médicos le habían recomendado no forzar la que tenía en buen estado; el pelirrojo podía ser muy testarudo cuando se lo proponía.
Como Mimi había alzado la cabeza en cuanto escuchó su nombre, lo vio dirigirse hacia el final y notó que movía los dedos de la mano resguardada en el cabestrillo, como si estuvieran revelándose a mantenerse quietos por tanto tiempo. Casi sintió lástima al darse cuenta de que seguían el patrón de las teclas de una computadora. Casi. Porque desde luego, no iba sentir lástima por él.
-Señor Izumi –repitió el profesor cuando hubo llegado a su lado-, dado que no puede avanzar mucho por el problema con su muñeca, me gustaría que pudiera ayudar a la señorita Tachikawa con su trabajo. Ella está teniendo dificultades para errr… -se detuvo, decidiendo tal vez cuál sería la palabra adecuada- concentrarse.
Koushiro apenas la miró y ella se regañó internamente por el intento de sonrisa que apareció en sus labios, seguido del alzamiento involuntario de su mano para arreglarse el cabello.
"Estúpida"
Por lo visto él estaba decidido a ignorarla y estaba haciendo un muy buen trabajo en ello, así que no tenía que porqué preocuparse de su aspecto.
Se giró hacia la pantalla, aunque se mantuvo atenta, mirando por el rabillo del ojo, así que pudo verlo asentir al profesor, haciendo una leve reverencia antes de que éste regresara al frente del salón.
Acto seguido, tomó una silla vacía y la puso a su lado para sentarse.
Mimi alzó las cejas, fingiendo sorpresa.
-¿Qué es esto?, ¿no tienes miedo de que te pegue una enfermedad o algo? –preguntó con un perfecto tono de ironía.
Koushiro frunció el ceño.
-No veo porqué tendría miedo de eso.
-Ohh, ya sabes. Como has estado evitándome, pensé que…
-No estoy evitándote –zanjó, dirigiendo la mano izquierda hacia el mouse e inclinándose ligeramente hacia ella en el proceso.
Mimi sintió su perfume y cerró los ojos por un segundo.
¿Cómo iba mantener la dignidad teniéndolo tan cerca?
Si él podía actuar como si nada, ella no podía ser menos.
La clase se le hizo tediosamente larga, incluso más de lo normal, a pesar de que cuando el timbre sonó e Izzy se levantó enseguida, casi como si huyera de algo, sintió su ausencia más que antes y supo que prefería tenerlo a su lado incluso si no le dirigía ninguna palabra más de las necesarias para instruirla en el enrevesado mundo de la informática.
¿Qué debía hacer?
Esa misma tarde Hikari alcanzó a Takeru en la salida de la secundaria, pidiéndole que caminaran juntos a casa.
-Claro –había asentido el rubio sin titubear.
Los primeros pasos fueron lentos y silenciosos. Mientras ella retorcía los tirantes de su mochila entre las manos, él la miraba de reojo cada tanto sin decir nada.
Finalmente Takeru suspiró, formando una nube de vaho a su alrededor.
-¿Hay algo que quieras decirme? –preguntó.
Llevaban más de la mitad del camino y no habían cruzado ni una sola palabra. Le pareció oportuno romper el hielo.
Hikari alzó la cabeza y lo miró como si acabara de descubrir que estaba a su lado.
-Hai –dijo luego.
-Eso pensé –colaboró Takeru-. ¿Es sobre lo que te dije la otra vez?, ¿tu respuesta?
La castaña volvió a asentir, esta vez con un ligero movimiento de cabeza. Sin darse cuenta, ambos se habían detenido en medio de la vereda, entorpeciendo el paso de los transeúntes.
-Permíteme que te ahorre el mal momento. Es obvio que tu respuesta es negativa –dijo con voz calma.
Quiso seguir caminando, pero Hikari lo sujetó del brazo. Negó con la cabeza.
-Tú te armaste de valor para decírmelo, te mereces lo mismo de mi parte.
Takeru sonrió. Una sonrisa floja que, sin embargo, no iluminó sus ojos. Sabía que la chica sólo intentaba hacer las cosas bien y ser justa, Hikari era una de las pocas personas que conocía sobre quien podía afirmar que sería incapaz de lastimar a alguien. No a sabiendas, en todo caso. Por lo visto no había notado que él no buscaba relevarla de tan incómoda tarea como rechazarlo, sino que intentaba ahorrarse el mal trago él mismo.
-De acuerdo –asintió-, pero no aquí –tomó su mano y la jaló en dirección a una plaza que estaba enfrente y donde podrían hablar sin molestar a los transeúntes. Muchos de ellos ya les habían dirigido malas miradas, antes de tener de bordearlos para poder continuar su camino.
Compartieron una banca, dejando sus pertenencias a sus costados.
-Bueno, yo… -comenzó Hikari con cierta torpeza-. Nunca creí que tendría que hacer esto. Cuando aquella vez me hablaste sobre tus sentimientos, no estaba segura sobre los míos. Me sentía confundida y cierta parte de mí creía que podría corresponderte, pero había algo… algo que me impedía estar segura sobre ello, así que decidí esperar.
-¿Y ahora ese algo ganó? –preguntó Takeru en un susurro, sin mirarla a los ojos y adoptando una postura desgarbada, ligeramente inclinado hacia el frente con las manos apoyadas en sus rodillas.
-No lo diría de ese modo. Simplemente ocurrió algo que me hizo entender que lo que siento por ti es sólo amistad. Por fin pude verlo con claridad –concluyó.
-Eso está bien.
-Lo lamento mucho –suspiró Hikari-. No quise… yo debí saberlo antes y no hacerte esperar de este modo.
El rubio le dedicó una sonrisa triste.
-No tienes nada que lamentar. Agradezco tu sinceridad, Kari. Y sé que no lo has hecho aposta. Sólo quisiera saber… si hay alguien más.
-¿Cómo dices? –preguntó alzando el rostro nerviosamente, con un leve rubor pintando sus mejillas.
Takeru soltó una pequeña risa desprovista de gracia. El nerviosismo de la chica era una respuesta más inequívoca de la que había esperado. Aún así, continuó:
-Me preguntaba si la razón por la que aclaraste tus sentimientos por mí, es porque hay otro chico por el cual si sientas algo más.
-No sé de dónde sacas esas cosas –contestó evasivamente.
-Si vamos a seguir siendo amigos, preferiría que no me mintieras.
Hikari asintió con la cabeza.
-¿Eso es un sí a qué? –preguntó el rubio.
-A ambas cosas, supongo. No debería mentirte, tienes razón. Y si es la verdad lo que quieres… -titubeó, bajando la cabeza- la respuesta es sí.
Takeru movió la cabeza afirmativamente.
-¿Y te corresponde? –preguntó a continuación.
La castaña sonrió con desgana.
-No, creo que no.
-¿Pero sabe de tus sentimientos? –insistió-. Porque si sabe la maravillosa chica que eres, dudo que pueda rechazarte.
-Él…no lo sabe. No puedo decírselo, porque… -se mordió los labios, pensando una manera adecuada de decirlo, sospechaba que de cualquier modo sonaría mal-. Tiene una bonita novia.
-Ya veo –susurró Takeru, sorprendido. Ciertamente no se había esperado algo como eso-. Deberías decírselo –añadió después, tan a la ligera que incluso él se sorprendió.
¿Qué estaba haciendo?, ¿arrojando a la chica que quería a los brazos de otro chico?
-¿Y eso qué cambiaría? –preguntó Hikari, apesadumbrada.
Él se levantó y le extendió ambas manos, invitándola a ponerse en pie, pero ella sólo las tomó y se mantuvo en su lugar.
-Tal vez nada –dijo Takeru alzando los hombros-, pero puede que algo. El punto no es ese, nadie debería avergonzarse de sentir algo tan puro como el amor.
Tan pronto pronunció aquellas palabras Hikari supo que no se refería sólo a ella, estaba hablando de sí mismo también al tiempo que le ofrecía esperanza.
Takeru sonrió, entendiendo por primera vez aquello que la gente decía de que cuando amas a alguien quieres ver a esa persona feliz. Quería que el chico desconocido correspondiera los sentimientos de Hikari si eso significaba verla sonreír.
La castaña se levantó siendo impulsada por las dos manos de Takeru, pero en cuanto quiso abrazarlo, él dio un paso atrás, intentando fingir sin éxito que era algo casual.
-Yo… olvidé completamente que mamá me hizo unos encargos, tendré que devolverme, porque es más allá de la secundaria –explicó torpemente-. Podrás continuar sin mí, ¿verdad?
-Claro- asintió Hikari con una tenue sonrisa, sintiendo una especie de vacío por dentro al comprender que las cosas no podrían seguir siendo igual entre ellos por algún tiempo, sólo podía esperar que no fuera demasiado.
Takeru agitó la mano en señal de despedida y se alejó. Sólo cuando dobló en la esquina y la chica lo hubo perdido de vista, sintió una cálida lágrima rodar por su mejilla.
Yamato estacionó la moto en la esquina de la residencia Yagami, oculta detrás de unos matorrales.
"Como un criminal" –pensó mientras se bajaba el cierre de la chaqueta y sacaba a Matty.
Era lunes por la tarde y él había pasado todo el fin de semana tratando de reunir el valor suficiente para regresárselo a su dueña.
Si tan sólo Tai pudiera darle un poco del suyo.
Más de alguna vez había pensado en sí mismo como un cobarde, pero hasta ese momento creía haber dejado los oscuros tiempos de su paso por el digimundo bastante atrás. Tal vez se equivocaba. De cualquier modo, resultaba absurdo tenerle miedo a una chica.
Incluso se permitió pensar que si Tai lo supiera, se burlaría de él por el resto de su vida, y una sonrisa afloró en sus labios. Probablemente le diría algo como: Hazte hombre de una vez, Yama. Ve y dile lo que sientes.
¿Pensaría lo mismo si supiera que se trataba de Hikari?
Lo dudaba.
Probablemente a esta hora estuviera con Sora en la universidad. Esperaba que hubiera leído el mensaje, porque era tan distraído que muchas veces olvidaba su celular en casa, pero por una vez en su vida, se permitió sentir esperanza.
Cuando llegó frente al portal de los Yagami se detuvo.
"Bien. Sólo camina hasta la puerta y déjalo ahí"
Avanzó con pasos lentos, tratando de hacer el menor ruido posible, y se inclinó para dejar a Matty en el suelo.
Le costó un poco desprenderse de él, porque había enganchado una pata a su chaqueta, pero en cuanto lo hizo suspiró con alivio y tocó el timbre.
Ahora sólo tenía que perderse de vista.
Corrió sigilosamente hacia la entrada y casi se cayó al sentir que algo se enrollaba entre sus piernas.
Bajó la vista, alertado.
Matty estaba ahí.
-¿Pero qué demonios…? –preguntó al aire, para luego soltar un suspiro de pura frustración.
Miró por sobre su hombro. Todavía nadie abría. Quizás no había nadie en casa.
-¡Vamos!, ¡ve con tu dueña! –le ordenó, señalándole la puerta.
Enseguida se sintió ridículo al ver que el gato no se movía ni un solo centímetro.
Apesadumbrado, volvió a caminar hacia la puerta para que Matty lo siguiera, y así lo hizo.
-Eso es, ven. Quédate aquí –le indicó, pero apenas dio un paso el gato volvió a seguirlo.
Por lo visto, Matty no estaba dispuesto a hacerle esto fácil.
Volvió a agacharse para tomarlo en brazos y justo cuando volvía a levantarse, la puerta se abrió.
Terminó de levantarse lentamente, temiéndose lo peor.
En cuanto se encontró con unos ojos carmesíes, su corazón dio un salto, pero por fortuna no era Hikari quien le sonreía desde la puerta.
-Buenas tardes, señora Yagami –saludó, haciendo una leve reverencia.
-Que gusto verte, Yamato. ¿Ese que tienes ahí es Matty? –preguntó sorprendida.
-Ehh, sí. Eso parece. La verdad yo…lo encontré en la esquina. Tai me comentó que se había perdido, así que pensé en traerlo de vuelta –improvisó.
-Ohh, eso es muy amable de tu parte. Ven aquí, Matty.
Yamato extendió los brazos para pasárselo, y aunque el minino se resistió por un momento, acabó por ceder.
-Me temo que Tai todavía está en la universidad, pero debe estar por llegar. Ahora que lo pienso, Kari tampoco ha llegado. Si quieres puedes esperarlo en el salón.
-No, no, muchas gracias. Olvidé que Taichi salía tarde, pero no es nada urgente, así que hablaré con él después.
-¿Seguro?
-Absolutamente. Hasta luego, señora Yagami –y antes de ella pudiera contestar, se alejó a toda prisa.
Tal vez sólo fuera suerte o cosa del destino como dicen algunos, pero exactamente diez minutos después, Hikari llegó a casa, excusándose con su madre por la tardanza ya que se había quedado hablando con Takeru.
-Eso está bien. Tengo una sorpresa para ti –dijo Yuuko.
-¿Qué es?
-Mira quien vino a casa.
Su corazón dio un salto en su pecho al pensar que tenían visitas. Exactamente esa visita, sin embargo, ver a Matty en el sofá, evitó la decepción cuando supo que no se trataba de él.
-¡Matty!, gato travieso, ¿dónde te habías metido? –fue lo primero que dijo antes de lanzarse al sofá y llenarlo de mimos.
Desde luego, el minino se limitó a maullar entre quejumbroso y satisfecho por la atención recibida. Fue la señora Yagami quien respondió a su duda.
-Aparentemente estuvo vagando por el sector. Yamato lo encontró cuando vino a ver a Tai hace diez o quince minutos y lo trajo a casa.
-¿Yamato? –preguntó Hikari intentando que su voz sonara tranquila.
-Sí. Le dije que podía esperar a tu hermano, porque todavía no llegaba, pero se marchó.
-Ya veo –suspiró.
Una hora más tarde, Tai llegaría acompañado de Sora, y Hikari se enteraría de que ella y Yamato habían terminado esa misma mañana.
En ese momento una parte de sí misma se sintió feliz por la noticia, pero inmediatamente la otra se lo reprochó, llenándola de culpa por tal reacción. Vivir bajo el emblema de la luz era en gran medida aceptar la oscuridad que podía encontrar en su propio interior.
Pasó una semana llena de encuentros y desencuentros para Koushiro y Mimi. El chico, más tozudo de lo normal, se limitaba a evitarla y observarla de lejos, negándolo cada vez que ella se lo insinuaba. Por su parte, ella mantenía la cabeza en alto e ignoraba las miradas maliciosas que le dirigían algunos de sus compañeros. Había decidido que no tenía nada de lo que avergonzarse ni menos un motivo para disculparse con el pelirrojo, cuando él fue el que decidió hacerle la ley del hielo sin un motivo evidente. Si alguien no te refriega en la cara lo que has hecho mal, entonces no quiere una disculpa, se repetía a menudo.
Por las noches era otro cuento. Le costaba dormir y se encontraba a sí misma tendida en la cama abrazando su almohada. Koushiro sufría de insomnio, pero eso no iba admitirlo.
Aquella semana Hikari no supo nada de Yamato. Intentó hablar con él, pero cada vez que se acercaba parecía desaparecer casi mágicamente. Miyako le decía que no se preocupara, que probablemente estaba muy ocupado con la banda. A esas alturas el rumor de que había congelado la carrera para volver al mundo musical de su temprano adolescencia ya estaba confirmado.
Fue un lunes cuando todo cambió.
Después de clases, Hikari y Miyako se dirigieron a una tienda de música, donde ésta última esperaba encontrar un regalo para uno de sus hermanos que pronto estaría de cumpleaños. La primera intentaba ayudarle, aunque luego de algunos minutos vagando entre las filas interminables de discos, acabó con uno en la mano que hace tiempo quería. Lo puse en su lugar, pensando que ahorraría para poder tenerlo. Precisamente iba pensando en eso cuando en una esquina se tropezó de frente con alguien que resultó ser Yamato.
El chico la agarró a tiempo de la muñeca, evitando que cayera y ella pestañeó varias veces en su dirección, confusa. De todas las formas en que había imaginado encontrarlo, esta no había pasado por su cabeza.
-Lo lamento –musitó.
Yamato tragó saliva y la soltó, dando un paso atrás. La examinó algunos segundos más con la mirada, mientras ella a su vez lo veía con algo de ansiedad.
-¿Estás bien? –preguntó él, con cautela.
Hikari asintió.
-No fue nada en realidad –añadió.
-Bien –confirmó- Tengo que irme –fue todo lo que dijo como despedida antes de voltearse en dirección a la salida.
Yolei llegó enseguida, alcanzando a divisar la cabellera rubia atravesar la puerta.
-¿Ese no es Yamato?, ¿qué esperas? ¡ve tras él! –gritó empujándola fuera de la tienda en medio de las miradas curiosas de los clientes.
Hikari intentó resistirse, pataleando y barbotando cosas como qué se suponía que le diría, pero súbitamente se vio a sí misma frente a la puerta en medio del frío, aturdida. Yamato se alejaba rápidamente por la avenida y al girar su mirada en dirección a la tienda vio a Miyako alzando el pulgar en su dirección. Con ese simple gesto le decía que tenía su apoyo.
De repente se acordó de Takeru y de sus palabras. ¿Valía la pena haberle roto el corazón a su mejor amigo si no podía decirle a Yamato sobre sus sentimientos?
Antes de darse cuenta, ya estaba corriendo en su dirección.
-¡Matt-kun, espera! –gritó mientras pasaba entre la gente.
Creyó que él correría, pero pronto se dio cuenta de que aquello no iba con su personalidad. También había creído que no era uno de esos chicos que iban besando chicas por ahí para luego desaparecer y estuvo equivocada entonces, pero fuere como fuere, se detuvo y eso era todo lo que importaba en ese momento.
Al llegar a su lado intentó ralentizar su respiración, sin embargo, se dio cuenta de que parte de su agitación era por los nervios.
-¿Tienes un minuto para hablar? –preguntó cuando pudo recuperarse.
Notó que Yamato intentaba mostrarse imperturbable, sin embargo, también pudo ver al menos durante un segundo su reticencia a aceptar la idea.
-Supongo que sí –replicó sin ganas y comenzó a caminar sin esperarla.
Ella se apresuró a alcanzarlo. No parecía que se dirigieran a ningún lado y no creía poder aclarar las cosas de ese modo.
-Espera –repitió, esta vez cogiéndolo de la chaqueta.
Yamato se volvió hacia ella con gesto interrogante.
-Llevo una semana intentando hablar contigo, esto no es precisamente lo que imaginaba –le reprochó, casi sin quererlo.
-He estado un poco ocupado –se justificó Yamato, apartando la mirada.
-¿De verdad es eso? –preguntó con la ilusión de que así fuera, sin embargo, él no lo confirmó ni lo negó.
-Escucha –susurró en su lugar- sé que debes querer una explicación por lo que pasó, pero no la tengo. Estuvo mal que te besara sin tu permiso, lo lamento. Esperaba que pudiéramos olvidarlo.
-¿Olvidarlo? –preguntó ella como si no pudiera entender esa simple palabra.
-Sí –confirmó Yamato casi en un silbido-. Olvidarlo y que las cosas volvieran a ser como antes.
Hikari ni siquiera tuvo el valor de preguntar a qué se refería con ello. ¿Antes, cuándo?, ¿cuándo sólo eran dos extraños con amigos en común o cuándo él se convirtió de un día para el otro en una especie de guardaespaldas? Ninguna de las ideas le agradaba.
Sentía, de algún modo, que había llegado a conocerlo como nadie más –ilusamente, tal vez-, pero ahora parecía estar de nuevo a la deriva. Lejos de la orilla del mar, lejos de las barreras infranqueables que llegó a creer caídas.
-Yo no puedo olvidarlo –musitó.
Yamato alzó las cejas interrogativamente como lo había visto hacerlo muchas veces. Un gesto que denotaba apenas curiosidad.
-Entiendo, ¿qué puedo hacer entonces? Si lo que quieres es que me aleje, eso haré. Puedes contar con mi palabra cuando te digo que no seguiré haciendo el trabajo sucio para Tai.
-No es eso –suspiró-. En realidad no hay nada que puedas hacer para que lo olvide. Yo creí… -comenzó a titubear y se reprendió mentalmente por eso, se sentía como una niña estúpida.
Él seguía observándola, tenso y confuso.
-¿Qué es, Hikari? –preguntó.
Ella alzó los ojos en su dirección, sintiéndose temblorosa y torpe.
Allí, justo allí en medio de la vereda, no parecía el lugar indicado para una declaración, pero el sentimiento bullía con tal intensidad en su interior, que no se sentía capaz de contenerlo por más tiempo.
-Me gustas –confesó en un susurro, tan suave para confundirse con el viento, pero lo suficientemente audible para él.
Y si acaso creía haberlo visto sorprendido alguna vez, en aquel momento supo cuán equivocada estaba.
Yamato tenía los labios ligeramente entreabiertos, las cejas alzadas y los ojos fijos en ella. La sorpresa parecía pintada delicadamente en su cara con un pincel.
-¿Qué has dicho? –preguntó al cabo de unos segundos que para ella se sintieron como horas. Su voz gruesa, ronca y brusca.
Hikari expelió el aire con brusquedad, denotando molestia.
-Sólo dilo una vez más –pidió Yamato, esta vez con el tono contenido de siempre, aquel que no dejaba entrever sus emociones.
-Me gustas, Matt-kun –repitió ella, con más confianza-. Así que espero que entiendas que no es tan fácil para mí, como lo es para ti, olvidarme de ese beso.
Yamato tragó en grueso. No podía creerlo, las palabras rebotaban en su cabeza, pero carecían de sentido. Esa confesión cambiaba todo. Podía luchar consigo mismo y los sentimientos que tenía por Hikari, pero no sabía si sería capaz de hacerlo contra los sentimientos de ella.
¿De verdad creía que eso estaba siendo fácil para él?
Esa fue la primera vez que se preguntó cuánto sería capaz de hacer por su mejor amigo.
Cuál era el límite, si acaso existía.
La respuesta a esa pregunta marcaría la diferencia entre salvar el espacio entre ambos y besarla como deseaba hacer o alejarla definitivamente, rompiendo su corazón por lo que la razón le dictaba que era correcto.
Notas finales:
¿Soy muy mala por dejarlo ahí? Lo siento, pero el capítulo estaba quedando demasiado largo. De todo modos, pueden quejarse de esto a través de un review, así como también por el atraso.
De verdad estoy muy avergonzada por la tardanza. Reciban mis más sentidas disculpas al respecto.
Los motivos son varios, pero podría resumirlos diciendo que después de mi período de exámenes pasé unas semanas recuperando energías, porque de verdad quedé muy agotada y ya cuando me propuse seguir las historias que tenía pendientes me costó un montón, en parte porque estaba bloqueada, en parte por todo el tiempo que había pasado, aunque creo que el primer factor depende del segundo.
Fue un capítulo bastante complejo y frustrante para mí, porque nada me convencía, lo reescribí varias veces y al final decidí improvisar, porque estaba tratando de hacer calzar algunas ideas que tenía desde antes y que ya no me gustaban tanto, así que finalmente decidí que no tenía sentido y que podía cambiar algunas cosas. El resultado me dejó bastante conforme considerando la idea que buscaba transmitir.
Ya va quedando poco.
A todos los que siguen ahí a pesar de la demora y a las personas que han agregado a favoritos y follow, muchas gracias. Son una gran motivación para seguir :)
¡Nos leemos en el próximo!
Mai: ¡Hola!
La verdad ha pasado tanto tiempo que no sé si leerás esto o si todavía te fijas en las actualizaciones, pero no podía dejar de responder tu review.
Entiendo lo que dices, porque también soy lectora de esta página desde hace mucho tiempo, desde mucho antes de que me creara una cuenta, de hecho. Tengo una amiga que siempre me decía que me hiciera una, pero a mí no me motivaba demasiado y la verdad también me daba algo de flojera. Fue un día que no tenía nada que hacer cuando decidí intentarlo y poco a poco fui aprendiendo a usar la página y ahora la recomiendo, porque es una experiencia muy entretenida tanto poder compartir tus historias, como comentar las de otros y conversar con personas de distintas partes del mundo. Por eso creo que deberías hacerte una cuando te sientas lista o simplemente quieras hacerlo. A mi me gustaría mucho leerte.
¿Van más de 300 hojas? D: Es el fic más largo que he escrito hasta el momento y eso que todavía no termino, pero ya va quedando menos.
Me siento muy identificada con tus palabras, ya que como dije por ahí arriba estuve muy bloqueada, no conseguía plasmar mis ideas y eso me frustra bastante, sin embargo, al final vale la pena cuando se ve el resultado. Tampoco soy de abandonar y por eso suelo recalcarlo.
Muchas gracias por tu review. Siempre es grato saber que a alguien le gusta lo que haces y además se toma un tiempo para decírtelo.
¡Un beso! :)
