Disclaimer: HP = JKR

Capítulo 24: Obscura era la Noche (Dark Was the Night)

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- Sirius, eso me parece bastante exagerado- comentó la cansada voz de cierta Hermione Black.

El aludido ni siquiera la miró porque sus ojos no se despegaron de su antiguo director y ahora líder de la Orden del Fénix.

La mayor parte de los integrantes de la Orden estaban presentes, esa era su primera reunión luego de revelada la Profecía y el envolvimiento de la castaña en ella. Desde entonces nadie volvió a dudar o cuestionar su presencia ahí.

Albus miró a su antiguo alumno y luego a Hermione, sabía que la chica no estaba de acuerdo con la propuesta de Sirius pero quizás eso fuera lo más prudente de momento.

- Quizás sea lo mejor- declaró finalmente el anciano mago conteniendo un suspiro.

Ante eso, Hermione se levantó de su silla.

- No pienso esconderme, si creen que manteniéndome oculta se ganará algo, están muy equivocados. Riddle no se detendrá ante nada para encontrarme ahora que sabe la verdad- declaró la joven hechicera refiriéndose a Voldemort por su apellido y nunca por su acrónimo.

Todos los presentes la miraron con algo semejante a la pena, muchos sabían que ella era demasiado joven e inexperta para poder enfrentarse a ese mago y muy probablemente, si la encontraba, la mataría. Lo último que necesitaban era perder a la, aparentemente, única persona capaz de terminar con ese monstruo.

- Tampoco el dejarte expuesta ayudará de mucho ¿o sí?- le reclamó Lily con esa terquedad que la caracterizaba, además estaba realmente preocupada por la seguridad de su mejor amiga; fuera o no verdad la dichosa Profecía, Voldemort era peligroso.

- No está precisamente expuesta, la mansión Black tiene tantos hechizos de protección como incluso tiene Hogwarts…- intervino otra voz.

- No te pongas de su lado Remus, todos sabemos que esos hechizos no serán suficientes si ese mago decide atacar- bramó James desde su lugar, apoyaba a su mejor amigo totalmente.

Sirius asintió pero se mantuvo serio y Remus bajó la mirada.

- Con el Fidelius, ni siquiera Voldemort podrá encontrarte- asintió Dorea siempre viendo por la seguridad de su única hija, a su lado, Charlus la apoyó tácitamente.

- Claro ¿y qué hay del guardián secreto? ¿Pondremos a alguien más en peligro para mantenerme oculta?- bufó Hermione sin conformarse con la idea. El Fidelius era ciertamente un hechizo poderoso e impenetrable, pero tenía sus riesgos, por ejemplo el que fuese susceptible a romperse si el guardián secreto los traicionaba. La vez anterior, a James y a Lily no les había servido de mucho…

- La persona elegida tendrá que ser secreta hasta para nosotros mismos- declaró Moody con gesto amargo- Deberá ser alguien del que nadie sospeche- añadió mirando detenidamente a todos los presentes.

Cuando Peter sintió que el ojo mágico del hombre pasaba sobre él, sintió escalofríos.

- Sirius y yo tendremos que conocerlo para tener acceso a la mansión- adujo nuevamente Hermione, y era cierto, el guardián secreto en persona tendría que revelarles la ubicación de su propia casa una vez realizado el hechizo, además un poderoso mago tendría que realizar dicho hechizo. No cualquiera podía hacer un Fidelius, y de esa sala, la castaña solamente confiaba en Albus para esa labor.

- No necesariamente- intervino Arthur de la nada, todos lo miraron- Si Albus realiza el hechizo junto a la persona seleccionada, esa persona solamente tendría que darle la dirección por escrito a quien corresponda pero sin tener que revelar su identidad- razonó audazmente.

Hermione frunció el ceño y notó cómo Sirius hacía lo mismo, ninguno estaba cómodo al tener que confiarle su seguridad a un desconocido.

- Preferiría saber quién será el guardián, no puedo confiarle ciegamente a cualquiera la seguridad de mi esposa- declaró Sirius.

- El que lo sepas sería más riesgoso, si solamente Albus y el susodicho lo saben, habrá menos posibilidades de fuga de información- intervino Edgar Bones apoyando la idea de Arthur.

- ¿Insinúas que no puedo guardar un secreto?- inquirió Sirius con frialdad.

Edgar se removió incómodo en su asiento, el joven Black ya no era un adolescente, era un mago de gran poder que últimamente le inspiraba más miedo que jovialidad.

- Nadie está diciendo eso Sirius- le dijo James levantándose para tomarlo del hombro, sabía que desde la revelación de la Profecía, su mejor amigo había endurecido su carácter.

El ojigris se relajó ante el contacto, no tenía por qué alterarse con las personas que solamente trataban de ayudar.

- Lo lamento- suspiró- Es sólo que no me sentiría seguro sin saber quién protegerá nuestro secreto- confesó pasando una mano por su sedosa cabellera negra.

- Confía en mí, yo buscaré a alguien adecuado- le respondió Albus con una sonrisita.

Y entonces Hermione supo que no tendría más opción que aceptarlo, aceptar que se resguardaría bajo la protección de un Fidelius. Solamente rogaba porque la historia no se repitiera y Peter fuese elegido para llevar esa carga, porque no la soportaría.

Existía la posibilidad de que ella revelara la verdadera alianza de Peter, pero si lo exponía ahora la historia sería totalmente alterada, además no tenía pruebas presentes solamente las de un futuro que no existía…

Miró al cuarto Merodeador de reojo, se le notaba nervioso y cansado, seguramente su papel de espía no era fácil, sin embargo no pudo compadecerlo.

Quizás esta vez debía dejar que las cosas se desarrollaran a su manera, quizás así estaba escrito y por esa ocasión pondría las cosas en su lugar.

Peter la miró y supo, al ver sus ojos claros, que su destino estaba marcado.

Él se rompería bajo la presión, y todos caerían.

… … …

Un mes después de la discusión, la mansión Black había desaparecido de cualquier mapa del mundo mágico y nadie recordaba dónde había estado, solamente un selecto grupo de personas sabía cómo llegar a ella.

Hermione supo de la ubicación de su casa cuando le hicieron entrega de un pedazo de pergamino con la dirección escrita en él. Cuando vio la caligrafía del mensaje, su corazón se detuvo durante unos segundos pero luego continuó con sus latidos.

Sabía de quién era esa letra a pesar de que nadie más le hubiese prestado demasiada atención, quizás a propósito para incrementar la seguridad o quizás sinceramente no conocían al remitente.

Pero ella sí le conocía y supo que finalmente las cosas estaban cayendo en su lugar.

Entre ellas, ese día era especialmente importante pues determinaría muchas cosas presentes y futuras, como por ejemplo, la continuidad del espacio tiempo de esa época o la destrucción de la realidad como se le conoce.

Ese día era 19 de septiembre de 1979 y tenía una cita con su pasado o, mejor dicho, con su futuro.

- ¿Vas a algún lado?- le preguntó la suave voz de su amigo de cabello color arena.

Remus la miraba sentado desde uno de los sillones de la sala de la mansión Black leyendo un libro de apariencia antigua. Desde que habían aplicado el Fidelius era raro que la castaña se quedara sola, por lo menos uno de sus amigos o familiares le hacían 'compañía' a todas horas en la casa.

Supuestamente era por su seguridad pero ella sabía que era también para vigilarla y asegurarse que no hiciera cosas 'sin pensar'. Argumento que le parecía falto de sentido pero le había sido imposible evitar a las personas que la acompañaban porque realmente disfrutaba pasar tiempo con cada una de ellas.

Ese día, Remus había decidido pasar la tarde con ella al menos hasta que Sirius regresara de su entrenamiento.

- No creí que necesitara pedir permiso para salir- objetó un tanto más bruscamente de lo que planeó.

El chico suspiró cerrando su libro.

- Sabes que es por tu seguridad…- dijo él con una suavidad que impidió que la mujer explotara.

- Ya he salido y no recuerdo que alguien me preguntara a dónde, saben que tengo cosas importantes qué hacer- respondió en un tono más calmado pero sin dar señales de que cambiaría de opinión.

Remus se puso de pie caminando hacia ella, se detuvo justo frente a la castaña mirándola con sus profundos ojos color miel.

- No te preguntaba porque fuera a impedírtelo, sino porque quiero acompañarte- declaró sencillamente.

- Remus…

- Déjame acompañarte- repitió con más fuerza- Sé que tienes que hacer cosas y te prometo no estorbarte, solamente quiero estar a tu lado para asegurarme que nada malo te pase. Eres la esposa de uno de mis mejores amigos, la hermana de otro, y eres mi mejor amiga…permíteme estar a tu lado, por favor- le dijo sin ademán de acercarse más a ella pero la castaña lo percibió, percibió su desesperación por abrazarla, porque ella aceptara todo lo que él le ofrecía.

Y su corazón lloró por él, porque ambos sabían que no era posible, que ella no le podría corresponder jamás. Muchos contaban cuán doloroso era amar a alguien sin ser correspondido, pero no decían que también era muy doloroso ser amado por alguien y no poderle corresponder. Se sentía indigna de recibir ese amor al que simplemente no era capaz de regresar el mismo sentir.

La petición de su amigo era desinteresada y sabía que podía contar con su discreción, que jamás le diría a nadie lo que viera o presenciara. Quizás podría dejar que la acompañara ya que lo que haría no representaba un verdadero peligro, además aparentemente no era algo comprometedor, si acaso sería visto como algo peculiar.

Así que tomó una decisión.

- De acuerdo- asintió ofreciéndole su mano.

Remus le sonrió con alivio tomando la mano ofrecida con delicadeza y ambos desaparecieron de la mansión sin agregar otra palabra.

Aterrizaron en lo que parecía ser un simple callejón, había botes de basura perfectamente alineados en un lado y al otro, además de una gran lámpara que se encontraba apagada pues aún era de día.

El chico no tenía idea de dónde estaban pero no iba a preguntar nada, solamente estaba ahí para acompañar a la joven, no para cuestionarla.

Cuando Hermione se estabilizó luego de la aparición conjunta no pudo más que sentir una fuerte ola de nostalgia al encontrarse en el lugar donde nació por primera vez…

Bristol era una modesta ciudad al suroeste de Inglaterra y a un par de horas de Londres, Jean y Edward Granger habían decidido comprar una cómoda casa en ese lugar porque les habían contado que era un lugar tranquilo y excelente para formar una familia. Además, sus profesiones les permitían tener cierta flexibilidad de instalarse en donde quisieran, una pareja de jóvenes dentistas ciertamente podría abrirse paso en cualquier lado.

Inspiró profundamente el antes familiar aroma de la hierba recién cortada y descubrió con tristeza que ese aroma ya no le sabía a hogar, porque su hogar olía a las rosas que Dorea Potter cuidaba con tanto recelo…eso le provocó una inmensa tristeza pues era otra prueba de que Hermione Granger realmente estaba muerta ¿o no?

Caminó por la acera de la calle principal siguiendo el camino más corto para llegar al hospital de la ciudad, la gente que caminaba por ahí los miró de reojo porque eran extraños pero nos les prestaron mayor atención ya que ella llevaba un vestido que bien podría ser muggle y él había decidido quitarse su túnica revelando que bajo ella llevaba ropa cien por ciento muggle.

Ella sabía que su amigo la seguía de cerca pero no se atrevió a voltear para comprobarlo, sentía un cúmulo de nervios en su estómago y era complicado controlarlos.

Finalmente, entró al enorme hospital de Bristol dirigiéndose a la recepción en donde una joven mujer de bonito vestido azul cielo le sonrió con cordialidad.

- Buenos días ¿puedo ayudarle?- preguntó dejando de lado su libreta de anotaciones para atenderla.

- Busco a los señores Granger, G-R-A-N-G-E-R- recitó con claridad y en un tono casual, después de todo en ese mundo no la conocían y era una mera extraña.

La joven recepcionista asintió buscando el nombre en su libreta de anotaciones, tardó apenas un minuto en encontrarlos.

- Sí, ellos están aquí. ¿Es usted un familiar?- inquirió sin perder su sonrisa.

- Soy prima de la señora Granger, me gustaría verla- mintió con una facilidad sorprendente, además ayudaba el que si bien su vestido era algo anticuado para ese mundo, era evidente que era costoso. Además, sus modales dejaban fuera de cuestionamiento que provenía de buena familia.

- Desde luego, están en el 4to piso en la habitación 413. El elevador está a mano derecha- indicó la otra sin dudar ni un segundo en la honestidad de la visitante.

Hermione asintió caminando hacia el elevador y cerrando la puerta cuando Remus hubo entrado también, no tuvo problemas para manejarlo y presionar el botón que tenía el número 4 en él.

El elevador se agitó indicando que estaba subiendo, y luego frenó dejando que sus puertas se abrieran con un brusco movimiento.

La castaña salió hacia el piso buscando con sus ojos la puerta con el número 413 y, cuando la encontró, se paró frente a ella sin atreverse a tocarla o abrirla. Al otro lado, estaban los que alguna vez llamó padres y, muy probablemente, una versión alterna de ella misma.

Sintió que una mano se posicionaba sobre la suya en señal de apoyo y la apretó con agradecimiento, su amigo estaba con ella pese a no saber qué pasaba solamente sabiendo que necesitaba de algo de apoyo. Ella inspiró profundamente, levantó su mano y tocó dos veces.

- Adelante- escuchó la cansada voz de una mujer y su corazón se encogió.

Tomó el picaporte girándolo con una deliberada lentitud hasta que sonó un 'click' indicando que estaba abierto y entonces empujó la puerta suavemente.

En medio de sábanas blancas, estaba Jean Granger con su cabello castaño claro amarrado en una sencilla coleta y su rostro fatigado pero rebosante de dicha, sus mejillas sonrosadas lo indicaban. Y acunado entre sus brazos tenía un pequeño cuerpo, un bebé…

- Hola, disculpen pero ¿son doctores?- preguntó la mujer de ojos azules mirando a los recién llegados con curiosidad.

- No…- respondió la recién llegada a lo que la otra apretó al bebé contra su cuerpo por instinto- Soy una vieja amiga de la familia- completó sin querer espantar a su ¿madre?

- ¿Amiga de la familia? No recuerdo haberla visto antes- negó la otra castaña sin confiarse de los dos extraños que habían entrado a su habitación.

Hermione contuvo su sonrisa, Jean Granger era tan sagaz como la recordaba, claramente necesitaría algo más que eso para convencerla.

- La señora Aggie Hall conoció a mis padres hace tiempo, y fue extremadamente amable conmigo cuando era pequeña, recuerdo que le encantaba hablar sobre lo brillante que era su única hija- dijo Hermione sonriendo al recordar a su abuela, nunca la llegó a conocer porque había muerto antes de su nacimiento pero Jean le había contado muchas historias, entre ellas, que era una mujer de gran corazón y era fácil quererla.

Ante esa declaración, el semblante de Jean se relajó un poco más.

- No me sorprende…- sonrió con nostalgia- Pero ¿por qué está aquí ahora? ¿Cómo me encontró?- inquirió sin dejar de tener cierta desconfianza.

- Lo cierto es que siempre tuve curiosidad por conocer a la famosa hija de la señora Aggie, y bueno me enteré que ahora estaba casada y esperando un bebé…no pude evitar venir a conocerla señora Granger. Siento mucho si cree que fue imprudente…

- No, no, solamente me sorprendió su repentina aparición- la detuvo con su natural amabilidad- Es un placer conocerla, mi nombre es Jean Granger como seguramente sabe ya- sonrió ofreciéndole su mano derecha al acomodar al bebé para sostenerlo con su brazo izquierdo.

La aludida se acercó a tomar la mano ofrecida con alivio, por lo menos no la había corrido de la habitación y parecía creer su historia.

- Mucho gusto, soy Hermione Black- respondió sin molestarse en mentir sobre su nombre, después de todo quería mantener cierto contacto con esa familia.

La otra abrió sus ojos con sorpresa.

- ¿Hermione?- preguntó con genuina curiosidad- Ese no es un nombre muy común- agregó.

- Cierto, pero mis padres insistieron en que debía tener un nombre único- sonrió confesando lo que sus padres, todos ellos, habían pensado para ella.

Jean le sonrió cálidamente y luego miró a su bebé, desde su lugar Hermione no podía ver el rostro del recién nacido, no podía verse a sí misma.

- Es un nombre hermoso, de hecho así pensaba llamar a mi bebé- confesó mirando al bebé en cuestión con arrobo.

Ante esa confesión el rostro de la castaña menor se tornó confuso, ¿cómo que pensaba llamar así al bebé? ¿Ese 'pensaba' era en tiempo pasado de hubiera o en el de ya pasó?

Pero antes de que pudiera preguntarle algo más, la puerta volvió a abrirse y Remus se hizo a un lado para dejar pasar a un alto hombre de cabellera castaña obscura y completamente rizada. Sus ojos marrones pasaron de la alegría a la confusión al ver a esos dos extraños en la habitación donde estaba su esposa y su nuevo bebé.

- ¿Jean?- se dirigió a la mujer en busca de respuestas.

- Ah, Edward. Te presento a Hermione Black y a…- en ese punto recordó que no sabía el nombre del otro joven hombre de curiosos ojos color miel.

Remus se adelantó para ofrecer su mano al recién llegado.

- Remus Lupin, mucho gusto- se presentó a lo que el otro hombre parpadeó dos veces pero tomó la mano.

- Edward Granger- dijo mirando nuevamente a su esposa, los nombres no le decían nada.

- Hermione conocía a mi mamá…- explicó simplemente y el hombre no necesitó más.

- Vaya, pues mucho gusto señorita Black…

- Hermione está bien- sonrió ella mirando al que fuera su padre, sus ojos marrones eran iguales a los que ella tuvo en su otra vida, al igual que su cabellera indomable.

- Les decía que nosotros pensábamos ponerle así a nuestro bebé- sonrió Jean mientras Edward se acercaba a su lado para darle un pequeño beso en la boca.

- Sí, pero solamente si era niña- dijo el nuevo papá con orgullo- Pero resultó ser un inquieto niño ¿cierto Adam?- agregó descubriendo el rostro del bebé para besarlo en la frente y fue ahí cuando Hermione lo vio por primera vez.

El bebé tenía una carita arrugada y sumamente rosada, sus ojos estaban entrecerrados y tenía una pelusa de cabello sobre su cabeza. Era como cualquier bebé recién nacido, pero la gran diferencia era que no era ella.

No era ella.

No era Hermione Granger.

Vaya, ni siquiera era una niña.

Su conmoción fue tal que dejó de respirar y Remus lo percibió al instante acercándose a ella para tomarla del brazo por si las dudas.

- ¿Estás bien?- le preguntó Jean al verla palidecer.

Hermione Granger no existía.

Por mucho tiempo llegó a creer que otra ella nacería, que viviría la vida que ella vivió cuando fue una Granger…pero no pasaría…

Cuando viajó al pasado, se había borrado a ella misma, los Granger no tenían una hija sino a un hijo.

Hermione Granger no existiría jamás, no conocería a Harry Potter ni a Ronald Weasley.

No habría Trío Dorado.

No era ella.

Era Adam Granger, alguien que nunca debió de existir pero que ahora lo hacía.

Así supo que su última conexión con los Granger estaba rota.

- Disculpen- sin decir una palabra más, sin importarle que la consideraran extraña y maleducada, dio media vuelta y se fue de la habitación, salió del hospital y caminó hasta la casa donde había crecido en su otra vida.

Miró el jardín sabiendo que ninguna niña jugaría ahí, el pórtico que nunca conocería su afición por leer sentada en él, la ventana del que nunca sería su cuarto y la puerta por la que nunca pasaría una pequeña Hermione de enormes incisivos frontales.

Finalmente, miró sus manos y no pudo contener más su llanto.

Lloró porque había perdido una parte de sí misma que creyó poder conservar, creyó que si Hermione Granger vivía, algunas cosas podían seguir iguales pero lo cierto era que esa persona había muerto.

Cuando Hermione Potter nació, cualquier rastro de su otra identidad se fue perdiendo con el tiempo y no se había dado cuenta hasta ese momento.

Ella no era quien alguna vez fue, algunas veces se preguntaba cosas que en su otra vida simplemente supo. Y ahora comprendía la razón, su otra vida no era más que un recuerdo, un sueño que con el paso del tiempo se va olvidando y del que solamente quedan los eventos más importantes.

Recordaba a los que fueron sus padres pero ya no podía llamarlos así ni en su mente, mucho menos cuando los acababa de ver como dos jóvenes casi de su edad sino unos años más grandes. Estaba frente a la que fue su casa pero no la veía más como su hogar pues los jardines de la mansión Potter aparecían en su mente con fuerza.

Además de sacrificar su realidad, había sacrificado su vida anterior.

Dolía, sí, pero no tenía remedio.

En medio de su resignación ante la pérdida, un par de brazos la envolvieron en un fuerte abrazo.

- ¿Lista para volver a casa?- le preguntó su amigo sin otra intención más que la de llevarla ahí.

Ella lo miró comprendiendo que ahora esa era su vida, y la que fue su casa ya no lo era más, Bristol no era su lugar de nacimiento y los Granger no eran sus padres.

- Sí, regresemos- fue lo único que dijo antes de desaparecer llevándose consigo los recuerdos que nunca llegarían a formarse en esa nueva realidad.

La vida de Adam Granger empezaba en ceros, era alguien totalmente nuevo porque Hermione Granger había terminado por desaparecer.

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- ¡Estoy embarazada!- gritó la melodiosa voz de Lily Potter nada más al llegar a la mansión Black a través de la red flú.

Hermione, quien se encontraba tomando una taza de té mientras leía el Profeta, tuvo que controlar su respiración para no ahogarse con el humeante líquido.

De inmediato, miró a una de sus mejores amigas y se levantó de su lugar para envolverla en un fuerte abrazo. Había esperado ese día durante muchos años, porque Lily finalmente llevaba en su vientre al futuro Harry Potter, al que fuera su mejor amigo y hermano en todo menos en sangre.

Estando en esa posición no pudo evitar sentir un miedo terrible, porque el tiempo había pasado y Voldemort seguía con vida, si bien era cierto que llevaba algunos meses inactivo (específicamente desde que se enteró que ella era la que mencionaba la Profecía), su sombra seguía presente. El que ese mago viviera era un peligro latente para el futuro del pequeño Harry, un peligro para todos y ella tenía que acelerar las cosas de una forma o de otra pues no permitiría que algo malo le pasara a su familia.

- Muchas felicidades- terminó diciendo mientras trataba de controlar su llanto y soltaba a su amiga del abrazo para examinarla a detalle. Se le veía resplandeciente.

- Gracias, soy muy feliz- sonrió Lily también con lágrimas en sus verdes ojos- A James casi le da un ataque cuando se lo dije, no dudo que ahora mismo lo esté gritando por toda la Academia de Aurores- sonrió con un orgullo palpable al saberse futura madre.

Hermione le sonrió de vuelta, sabiendo perfectamente que su hermano era el mago más feliz del mundo por la noticia. En esta vida, Harry iba a ser adorado por su familia y amigos.

Era noviembre de 1979 y las cosas no podían ser más perfectas para su pequeña familia, pero sabía que todo eso podía ser aplastado por la maldad que representaba Voldemort, y no se permitiría olvidarlo.

No pasaron ni cinco minutos cuando las llamas de la chimenea volvieron a encenderse dejando pasar a una conocida chica de cabellera rubia y ojos castaños.

- ¿Es verdad?- preguntó mirando a la pelirroja como si no pudiera creer en algo

- ¿Es qué?- preguntó la ojiverde como haciéndose la desentendida pero sin perder su sonrisa.

- ¿Estás embarazada?- quiso saber Alice al borde del llanto.

Y Hermione supo lo que pasaría, si no mal recordaba a esas alturas Alice también tenía una sorpresa para ellas.

- Sí- respondió Lily con emoción contenida.

Alice soltó un gritó eufórico y abrazó a su amiga pelirroja con mucha fuerza.

- Yo también lo estoy- confesó con voz queda pero repleta de alegría para gran sorpresa de la otra.

La ojiverde soltó otro grito de emoción y abrazó con más fuerza a la rubia. Juntas comenzaron a dar ridículos saltitos de alegría sin separarse del abrazo, eso era algo que la castaña no se veía haciendo pero nada le pareció más lindo.

- ¡Vamos a tener un bebé al mismo tiempo!- exclamó Lily con una emoción tan palpable que parecía emanar de ella y extenderse por toda la sala.

- ¡Vamos a ser mamás!- dijo Alice con el mismo tono emocionado.

- ¡Vamos a ser mamás juntas!- agregó Lily sin variar su tono.

- Pobre de James y de Frank- musitó Hermione imaginando cómo sería tener que cumplir los caprichos del embarazo de esas dos brujas.

- ¿Pobres?- Alice le dirigió una mirada inquisitiva mientras soltaba a su amiga de cabello color rojo.

- Vamos a dar a luz a sus hijos, creo que ellos se llevan la parte más tranquila- agregó Lily con autosuficiencia.

Hermione no pudo evitar comentar al respecto, después de todo sabía que su hermano y Frank podrían no dar a luz, pero ciertamente tendrían que complacer en todo a sus esposas, y dado que éstas eran Lily y Alice, respectivamente, esa sería también una labor monumental.

- Conociéndolas, sé que los chicos también se llevarán lo suyo- dijo de lo más tranquila.

- Una palabra más y dejaré de considerarte para madrina de mi futuro bebé- le amenazó la ojiverde con ligereza.

Pero eso calló a la castaña de una manera definitiva porque sus ojos se llenaron de lágrimas, sabía que Sirius había sido padrino de Harry pero no se le había pasado por la mente que ella podría ser su madrina…eso era más de lo que podía pedir.

Luego miró a Alice con algo de culpa, después de todo ella también era una de sus mejores amigas…

La rubia notó su preocupación y le sonrió para calmarla.

- Lily me comentó que planeaba pedirles a Sirius y a ti que fueran los padrinos de su primer bebé cuando lo tuviera- dijo como si nada- Además, yo pienso pedirle a Lily y a James que sean los padrinos del mío- agregó con lo que la ojiverde la envolvió en otro fuerte abrazo.

- ¡Claro que sí!- asintió sorprendida por dicha petición- Y cuando Hermione y Sirius tengan a su bebé, tú y Frank podría ser los padrinos y así todos quedaremos conectados- agregó como si eso lo solucionara todo.

Ante esa última declaración, el rostro de Hermione se ensombreció. La idea de tener un bebé le maravillaba, porque ansiaba comenzar una familia junto a Sirius, pero…era complicado. Con la incertidumbre de su futuro no podía imaginar el tener que dejar sin mamá a su proverbial bebé, sería demasiado doloroso…no era tan valiente.

Por otro lado, el innegable riesgo que corría no le aseguraba que de llegar a embarazarse, dicho embarazo terminara felizmente…podía perder a su bebé y eso definitivamente la destrozaría.

No, no podía tener un bebé en ese momento, por mucho que lo deseara lo mejor era esperar…esperar y tener fe en que llegaría al final de esa guerra con vida.

Lily y Alice notaron el radical cambio de semblante de su amiga y adivinaron la razón, ellas mismas estaban sumamente preocupadas por Hermione desde revelada la dichosa Profecía. Mientras la pelirroja se negaba a aceptar que una vidente dirigiera su vida, la rubia no podía evitar sentir un oprimente miedo por la misma, después de todo Voldemort no era un mago que dudara en arrebatar una vida, por la razón que fuese.

Las llamas de la chimenea se volvieron a encender y la figura de un mago desconocido apareció frente a las tres jóvenes brujas.

- Buenas tardes- saludó el hombre de edad avanzada y de cabeza calva, su rostro estaba repleto de arrugas y su prominente bigote era de un color completamente blanco. Llevaba unos pesados lentes redondos y de color dorado que daban la impresión que sus ojos azules eran desproporcionalmente enormes.

- ¿Quién es usted?- la amenazante voz de Alice lo recibió apuntándolo con su varita.

El recién llegado la miró indignado pero no dijo nada, solamente miró a Hermione inquisitivamente.

- Alice, baja tu varita- dijo la castaña conteniendo un suspiro- Chicas, este es mi profesor de Leyes Mágicas, Lord Algernon Cadwell- presentó con una formalidad que no usaba a menudo.

- Lady Black, le recuerdo que su horario de clases debe ser muy estricto si pretende seguir con ellas- le dijo el otro ignorando balantemente a las otras dos chicas.

La ojiverde lo miró sin poder mantener su boca cerrada, conocía la reputación de ese hombre porque simplemente era imposible ignorarla. El mago prácticamente dirigía el sistema legal de la Gran Bretaña en asuntos mágicos, y sus relaciones con Ministerios extranjeros eran simplemente sorprendentes.

La rubia por su parte, soltó un bufido bajando su varita de mala gana aunque luego compuso una de sus amables sonrisas; quizás las hormonas del embarazo ya habían empezado a afectarla.

- Lo tengo muy presente profesor, lo veo en unos minutos en mi estudio- declaró la castaña en un tono que no admitía réplica.

El aludido asintió retirándose al lugar indicado sin agregar alguna otra cosa.

- ¿Tienes un tutor privado? ¿Y es Lord Cadwell?- le preguntó Lily una vez que superó su impresión. No obstante su tono era de incredulidad.

Hermione suspiró.

- Mis padres insistieron, alegando que no podía exponerme en estos momentos a asistir al Colegio de Leyes Mágicas, consiguieron que él viniera a darme clases privadas- confesó- La verdad es que es un excelente profesor, muy estricto pero brillante, lo único malo es que así me siento más aislada que nunca- agregó sin estar totalmente feliz con ese arreglo.

- Nos tienes a nosotras- le dijo Alice sonriéndole sinceramente.

- Y pronto tendrás dos pequeños a los cuales mimar- agregó Lily queriendo apoyarla.

- Sí…- asintió reflejando su sonrisa parcialmente porque sabía la vida que esos dos pequeños habían llevado en su otra realidad, luego suspiró- Ahora debo dejarlas antes que mi propio profesor me demande por negligencia académica- bromeó decidiendo enfocarse en otras cosas, al menos mientras pudiera.

Las otras dos rieron pero no sabían si realmente eso podía suceder, por la reputación del mago seguramente sí, por lo que dejaron a su amiga sola. Ambas tenían un entusiasmo sin igual al saberse futuras madres y creían que ahora nada en el mundo podría ponerlas tristes.

El futuro les diría lo contrario.

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El siseo de una serpiente la despertó de su pacífico sueño.

Abrió sus ojos con temor mirando a su alrededor para averiguar si el ruido era real o había sido un sueño. En su habitación no había nadie más que ella, en la casa no había nadie más que ella.

- Hola señora Bagnold- susurró una voz de la nada.

La mujer se alertó rápidamente tomando su varita de su estante de noche para encarar al extraño, mismo que apareció a su lado portando una pesada capucha negra.

- ¿Quién es usted? ¿Qué hace en mi casa? ¡Váyase ahora mismo o lo hechizaré!- amenazó ella sin dejarse intimidar, era una bruja de carácter fuerte después de todo.

El desconocido emitió una leve risita, la actitud de la mujer le parecía divertida aunque tampoco tenía la paciencia para soportarla más tiempo así que se descubrió el rostro.

Los ojos de la mujer se abrieron como platos al reconocer a la persona.

- Usted…- murmuró sin dejar de apuntarlo con su arma.

- Estoy aquí para pedir algo de usted señora Bagnold, algo que le convendría darme- dijo el otro con sus marrones ojos brillantes de maldad.

- Está con Voldemort…- le dijo ella más como afirmación que como pregunta.

- Brillante deducción- dijo con sarcasmo- Tengo entendido que será la nueva Ministra de Magia- agregó queriendo llegar al punto de una vez por todas.

Millicent Bagnold tragó saliva, era cierto que las elecciones habían sido hacía apenas una semana y todo indicaba que ella sustituiría a Dugald McPhail para el cargo de Ministro de Magia. Así que si esa persona estaba ahí ahora, no era para algo bueno. Su sagaz mente de antigua ravenclaw se llenó de variables y posibilidades, sus hijos estaban en el extranjero, su esposo había muerto y no tenía familia cercana en Inglaterra para que la amenazara, entonces ¿qué pretendía esa persona al visitarla en su casa?

- ¿Qué quiere?- preguntó sin titubeos.

El otro personaje esbozó una sonrisa, ya se estaban entendiendo.

- Mi Señor requiere de sus servicios, cuando sea Ministra recibirá instrucciones que deberá cumplir- explicó con sencillez.

En esa ocasión fue el turno de la mujer para reír, y sus ojos se llenaron de determinación.

- Está loco si cree que voy a acceder a eso, Voldemort no es más que un demente que pronto caerá a manos de la Justicia. Si soy Ministra será para cuidar de nuestra gente, no para ser manipulada por gente como ustedes- espetó con valentía pues realmente le parecía inaudita esa petición.

La respuesta fue más controlada de lo esperado, se podría decir que hasta bien recibida.

- Creo que confunde mi orden como una petición- dijo el otro.

- ¿Orden? ¡¿Orden?! ¿Quién se ha creído para…?- pero antes de que la mujer pudiera hacer otra cosa, la otra persona sacó su propia varita y la apuntó.

- Crucio- siseó con satisfacción al ver que la mujer comenzaba a retorcerse de dolor en su cama, los gritos que emitió fueron como música para sus oídos y supo que estaba haciendo algo que disfrutaba enormemente.

Pasados algunos segundos, detuvo la maldición en espera de que la otra recuperara el aliento pero las lágrimas empañaban sus ojos claros y su respiración era agitada.

- Nunca…- murmuró con resolución como comunicándole que no la doblegaría.

- Por más que me encantaría convencerla mediante la tortura, no tengo tiempo y dejaría demasiada evidencia. Así que hará lo que se le ordena quiera o no- sonrió nuevamente- Imperio- y con eso el mundo de Millicent Bagnold se sumió en la blancura.

Su mente se liberó de todo estrés, de cualquier presión y dejó que una agradable sensación de paz la envolviera, la tortura ya no le dolía y no tenía que tomar decisión alguna. La suave voz de su mente le decía exactamente qué hacer sin que ella se esforzara en pensarlo.

Eso era libertad, verdadera libertad.

… … …

'Millicent Bagnold, Ministra de Magia'

Era el titular del Profeta una mañana a principios de Diciembre, la fotografía de la mujer la mostraba saludando cordialmente al actual Ministro de Magia y sonriendo a la cámara. Tomaría su cargo el 15 de ese mes para realizar la transición apropiada antes de que el año de 1980 entrara y con él, llegasen nuevos retos para su nuevo cargo.

Hermione conocía a la mujer, gracias a las conexiones que tenía por sus apellidos, la gente simplemente fluía hacia ella en busca de 'algo', aunque la decisión de aceptar su acercamiento era de la joven. Precisamente la señora Bagnold (o Millicent como insistía en que la llamara) la había contactado para pedirle apoyo en su campaña, desde luego no económico como esperaba sino político aduciendo que la sociedad mágica necesitaba a un Ministro preparado para lidiar con una guerra y no con una paz inexistente.

Ese argumento le había gustado, así que la castaña accedió a apoyar a la competente mujer sabiendo claro que ella terminaría ganando. Sirius poco quiso saber al respecto, no estaba interesado en la política ni en lo más mínimo y James todavía no tenía que lidiar con eso pues sus padres aún lo manejaban casi todo.

Suspiró.

Todavía no había podido averiguar la ubicación de la cueva donde estaba oculto el medallón de Slytherin, si bien Regulus ya se había graduado de Hogwarts y era un fiel mortífago, al parecer todavía no le confiaban la gran tarea. Por otro lado, acceder a la Mansión Malfoy para extraer el diario de Tom, tampoco había sido posible puesto que Narcisa le guardaba poco afecto y Lucius la mataría si tuviera la oportunidad…

Además, se mantenía en constante estrés por la inactividad de Voldemort, desde que asesinó al señor Ollivander, no había vuelto a haber otro ataque y la gente comenzaba a ilusionarse con que las cosas se mantendrían así. Sin embargo Alastor Moody no lo hacía, y tenía a todo el Departamento de Aurores trabajando incansablemente para encontrar el escondite de los mortífagos o, mejor aún, de Voldemort mismo. Sirius, James, Frank y Alice estaban muy ocupados entre su entrenamiento y las misiones de la Orden que de igual manera estaban encaminadas a averiguar más sobre el paradero de los mortífagos.

Lily estaba ocupada con su entrenamiento para sanadora y con su embarazo, mientras que Cas parecía haber desaparecido de la faz de la tierra aunque sabía por Regulus que se mantenía mayormente en su mansión, específicamente en su laboratorio de pociones.

Claro que la Orden del Fénix al completo también estaba ocupada en sus asuntos, añadiéndoles el que dos de sus miembros hiciesen una guardia constante por el perímetro de la mansión Black, lo cual se le hacía exagerado luego de todos los hechizos que tenía puestos.

Parecía que todos estaban ocupados, todos tenían algo que hacer, con quién verse, a dónde ir…menos ella. Ella tenía que permanecer en su casa la mayor parte del tiempo y si salía era cuestionada por todos, en resumen, era una prisionera de su propio hogar y ahora comprendía un poco mejor lo que debió sentir Harry cuando sufrió de lo mismo.

Ser la Elegida…

La verdad, apestaba.

Suspiró.

Se puso de pie para mirar por la ventana, los jardines de su nuevo hogar estaban secos por el frío pero prometían florecer lo suficiente como para rivalizar con los de su madre. Se había enamorado de la jardinería mágica en esa vida y pudo haberse distraído con ella, no obstante ni siquiera eso era posible debido al clima.

Caminó hacia un pequeño invernadero que se conectaba con el interior de la mansión para mayor comodidad, decidiendo que podría seguir trabajando en su pequeño experimento.

En una especie de protección cristalina, había una docena de capullos de un color tan rojo que parecían estar hechos de sangre. Y bueno, en cierto sentido eso tenía algo de cierto ya que Hermione se había cortado accidentalmente con unas tijeras cuando las podaba y, peculiarmente, su sangre había sido 'absorbida' por la planta dándole ese color tan intenso.

La planta era una combinación entre la Moly (potente planta que puede ser ingerida para contrarrestar los efectos de los encantamientos. Tiene tallo negro y flores blancas) y la Plangentina (planta de propiedades curativas que se recolectan en las noches de luna llena durante Invierno. Tiene tallo verde y flores plateadas). Ambas eran usadas para realizar pociones pero si lograba crear un híbrido que combinara sus propiedades mágicas en una sola, las cocciones serían mejores o al menos eso esperaba que Cas le dijera y no que perdía su tiempo…

Hasta el momento esa planta era su décimo intento, las otras nueve se habían marchitado o simplemente no habían podido existir. Aunque esta décima parecía prometedora, había crecido favorablemente y su peculiar color denotaba salud, además parecía especialmente receptiva a los cuidados que la joven le daba.

Con delicadeza quitó el campo de protección y se acercó a su planta para comprobar su estado, los bulbos parecieron notar su presencia y se ladearon como para alcanzarla. Ella sonrió y los acarició con su mano desnuda, después de todo la planta no tenía espinas que pudieran dañarla. Luego sacó su varita para aplicar algunos nutrientes y procedió a concentrarse en su magia para transmitirle un poco de la misma a la planta, tal como su madre le había enseñado.

Los capuchos se estremecieron como dichosos de ser mimados, su tallo era también de ese tono rojizo y cada vez se hacía más delgado pese a que los capullos aumentaban de tamaño.

Hermione adoraba su planta, aunque al final fuera inútil para hacer pociones.

- ¿Interrumpo algo?- le llegó una voz desde la entrada del invernadero.

La aludida salió de su contemplación para mirar a su esposo. Llevaba su túnica de auror en entrenamiento y su rostro evidenciaba que estaba agotado, aun así le sonreía con ganas.

- Sirius- lo saludó devolviéndole la sonrisa y parándose para saludarlo con un beso en la boca.

El hombre le respondió con ganas, imprimiendo en el gesto todo el amor que sentía por la mujer. Sus brazos envolvieron su esbelta cintura y deseó prolongar el beso hasta los límites de la decencia y más allá.

Ella debió de percibirlo porque pasó sus manos por el cuello del otro e intensificó la caricia dando a entender que quería seguir con sus actividades sin importarle la decencia en lo absoluto. Lo deseaba tanto que dolía.

- Por más que me duela, debo ser la voz de la razón y decirte que tenemos invitados- murmuró el ojigris separándose del beso pero sin soltar a la castaña del abrazo.

Ella suspiró renuente a socializar si podía hacer algo mucho más interesante con su esposo, su tremendamente atractivo esposo. Su voz poco racional le gritaba que lo arrastrara a su habitación y olvidaran al mundo entero, mientras que su mente más racional la obligaba a reconsiderar.

- Podemos dejar que los elfos los entretengan…- sugirió en un susurro.

Él sonrió de lado.

- Me gusta tu plan, pero dudo que tu padre me deje vivir si imagina el motivo del porqué desaparecimos de repente- declaró medio en broma.

Así que su padre estaba de visita, sin duda con su madre. Al pensar en ellos, recobró el control de su cuerpo y se separó un poco más de su esposo.

- ¿Dijeron el motivo de su visita?- preguntó con curiosidad.

- No, pero dijeron que era importante y convocaron a la familia. James y Lily también están aquí- explicó con un poco más de seriedad.

- Entonces no los dejemos esperando, quizás si terminamos pronto tengamos tiempo para algo más- dijo con una sonrisa sugerente que no hizo más que aumentar la frustración del hombre.

- Corramos entonces- asintió tomándola de la mano para jalarla hacia la casa mientras ella reía.

Llegaron a la sala principal ligeramente agitados y con unas traviesas sonrisas.

James los vio y enarcó una ceja, gesto que imitó de su padre.

- No quiero saber qué estaban haciendo- comentó el más joven sin humor en la voz mientras Charlus fruncía más el ceño.

Hermione rodó sus ojos.

- Soy una mujer casada por si no lo habían notado- les dijo, su padre y hermano al parecer la seguían viendo como una jovencita inocente.

- Eres mi hija- intervino Charlus con firmeza.

Dorea sintió que si no intervenía, la conversación podía ponerse tensa.

- No venimos a meternos en tus asuntos privados hija, tu padre y yo tenemos que discutir algo importante con la familia- dijo la mujer de ojos color avellana.

Lily se removió incómoda desde uno de los sillones cercanos al fuego, su embarazo todavía no se notaba pero los antojos ya habían empezado.

Hermione miró el semblante serio de su madre y asintió.

- De acuerdo- asintió tomando asiento en uno de los sillones, los demás que estaban parados la imitaron.

Charlus decidió enfocarse en eso y no en lo que su hija y Sirius pudieran estar haciendo antes.

- Algo va a suceder- inició la cabeza de la familia Potter con extrema seriedad, sus ojos azules brillaron con algo parecido al temor.

James miró a su padre sorprendido, para que él declarara algo tan contundentemente quería decir que era malo.

- ¿En el Ministerio?- preguntó el chico.

- En nuestro mundo- aclaró el otro hombre de cabello color negro azabache.

- ¿A qué te refieres Charlus?- le preguntó Sirius con seriedad.

El otro lo miró fijamente.

- Han habido movimientos estratégicos en el Ministerio desde hace algún tiempo, funcionarios que han desaparecido, otros que actúan extraño y muchos comienzan a especular- aclaró le hombre.

- Creemos que Voldemort se ha mantenido en silencio porque está jugando con la política, no dudo que con familias poderosas de su lado, esté haciendo algo perverso- agregó Dorea con preocupación.

Hermione frunció el ceño, Lucius Malfoy era un manipulador de primera y sabía jugar a la política con una maestría envidiable; además estaban los Lestrange, Regulus, entre otros prominentes políticos. Pero que ella recordara el Ministerio no había caído durante la Primera Guerra.

- Entonces debe de ser detenido, todos los que lo apoyan deben ser aprendidos- intervino Lily con sus ojos verdes reflejando su furia.

- No es tan sencillo- suspiró Dorea mirando a su nuera con pena, ella no estaba hecha para esos juegos, su corazón era demasiado puro como para entender la putrefacción que había en los otros.

- ¿Quiénes son de confianza en el sistema?- preguntó Hermione maquinando alternativas.

- Los de la Orden, y viejos amigos del Wiznegamot- le dijo Charlus.

- Pero no serán suficientes- agregó Dorea.

- ¿Suficientes para qué?- inquirió James sin saber exactamente a qué se referían sus padres.

- Para detener el cambio- dijo Hermione mordiéndose su labio inferior con frustración- Tenemos que detener a Voldemort antes de que controle al Ministerio- agregó pensativamente.

- Llevamos tiempo tratando de hacerlo- dijo Sirius también pensativo- Pero si se desata la guerra…

- Se desatará- lo interrumpió Hermione segura de su declaración.

- ¿Cómo estás tan segura? Puede que los aurores…- inició Lily.

- No somos suficientes- suspiró James comprendiendo la gravedad de las cosas- Muchos se dejarán llevar por la corriente, Moody me lo ha dicho- agregó pasando su mano por su revoltoso cabello en signo de frustración.

Sirius asintió mudamente, era verdad que muchos de sus compañeros preferirían mantenerse fuera de peligro a luchar por la justicia.

- El profesor Dumbledore no permitirá que eso pase- dijo la pelirroja en un intento de mantener la esperanza viva, no quería que hubiera guerra.

- Él no podrá impedirlo- dijo Charlus con derrota- Si algo así de grande llegara a ocurrir en el Ministerio, ni siquiera nuestra influencia bastará. Si Voldemort logra tomar el control del Ministerio de Magia, moldeará las leyes a su gusto, ninguno estará a salvo- dijo mirando a su nuera con especial temor.

Y Lily lo comprendió, si Voldemort cambiaba las leyes lo primero que haría sería tratar de eliminar a todos los hijos de muggles como ella…

- Entonces lucharemos- intervino Hermione con decisión- Nos revelaremos contra el Ministerio corrupto y derrotaremos a Riddle- agregó.

- ¿Cómo?- le preguntó James abrazando a Lily como para intentar protegerla de lo que se avecinaba.

- Si el Ministerio cae, Hogwarts será el lugar más seguro para reunirnos y planear algo para recuperarlo. Es el lugar perfecto para una Resistencia- le dijo su melliza sabiendo que su amado colegio no la decepcionaría.

- Tiene las protecciones necesarias para ser una fortaleza, y los niños estarán seguros al menos- asintió Sirius considerando la idea.

- ¿Los niños?- preguntó Lily sorprendida por la mención.

Dorea la miró con seriedad, su nuera tenía que comprender lo que podía pasar.

- Los niños serán los que más sufran en esta guerra, especialmente cuando sus padres harán de todo por su seguridad- declaró sabiéndolo verdad.

Lily se tocó su vientre por instinto, sí, ella daría su vida por el bebé que crecía en su interior.

- Consideraremos eso cuando llegue el momento, ahora solamente estamos especulando- dijo James en un intento de tranquilizar a su esposa.

Sirius lo miró con dureza.

- No le mientas, lo que hablamos es muy real. Con las noticas de Charlus, sabemos que la guerra está sobre nosotros y habrá muertes, Hermione está en mayor peligro y podría morir…- en esa parte calló, no era capaz de concebir que su Hermione podría morir.

El rostro de James pasó de la pena a la cólera.

- ¡¿Crees que no lo sé?!- gritó- ¡¿Crees que no me despierto en las noches rogando porque todo haya sido una pesadilla?! ¡Sé que habrá guerra! ¡Sé que habrá muertes! ¡Sé que Hermione…!- su voz se rompió y sus ojos se empañaron- Voy a tener un bebé Sirius, voy a convertirme en padre…y no puedo, no quiero, perder la esperanza de que sobrevivamos a esto- añadió en un tono roto.

Lily lo miró también con los ojos llorosos y lo tomó fuerte de la mano transmitiéndole todo lo que no podía expresar con palabras.

Charlus luchó por contener sus propias lágrimas mientras Dorea también lo tomaba del brazo queriendo darle y darse fuerza. La guerra podía quitarles todo lo que amaban y le temía.

Hermione bajó su mirada, la guerra ciertamente era dura y cruel, era por eso que ella haría lo que fuera necesario para tratar de detenerla, para frenar las tragedias que iban a desencadenarse pronto.

El silencio inundó la sala.

De pronto, un patroni en forma de oso entró a la sala abriendo sus fauces para que todos lo escucharan.

Sirius se tensó de inmediato.

- 'El Ministerio de Magia está bajo ataque'- declaró la rasposa voz de Moody.

Eso fue todo antes de que el oso desapareciera en el aire.

Nadie se atrevió a moverse, ni siquiera a emitir un sonido pues querían convencerse de que no habían imaginado lo que acababa de pasar.

El corazón de Hermione aceleró su ritmo, eso definitivamente no había sucedido la vez pasada o lo habría leído en algún lado.

Las cosas se estaban saliendo de control y le preocupaba que algo saliera terriblemente mal.

- Tenemos que ir- ella fue la primera en reaccionar.

- De eso nada, tú te quedas- le dijo su mellizo también saliendo de su estupor- Junto con Lily y nuestros padres- agregó seriamente.

Los Potter mayores miraron a su hijo con condescendencia, como si de verdad el joven hombre pudiera decirles qué hacer.

- James…

- Ambos podrían ir a Hogwarts por si este ataque termina en lo que tememos y el Ministerio cae…sería la mejor ayuda en el peor de los casos- intervino Sirius analizando la situación lo más fríamente posible.

Dorea sintió que esa sí era una buena idea, no lo excluía pero tampoco los involucraba, era diplomático.

La ojiverde miró a su marido con resolución.

- San Mungo necesitará gente capaz de ayudar, si hay guerra, habrá muchos heridos- aclaró sin estar dispuesta a quedarse al margen.

El pelinegro de ojos avellana miró a su esposa con intensidad, pero finalmente asintió, no podría detenerla.

- Yo los acompañaré al Ministerio, podré no ser auror pero soy una buena duelista- se sumó la castaña menor tratando de ser razonable pero algo le decía que con ella no funcionaría.

- No- dijeron tres voces al mismo tiempo, es decir, sus padres y hermano.

- ¿Esperan que me siente aquí mientas ustedes salen a ponerse en peligro?- inquirió con sarcasmo, no estaba dispuesta a eso.

El ojigris la miró fijamente, su rostro era duro.

- Espero que consideres tu seguridad por primera vez, si algo te pasa no podremos ganar esta guerra. Así que sí, te quedarás a aquí hasta tener noticas nuestras, luego veremos qué hacer. Hogwarts y esta casa podrían convertirse en nuestros únicos puntos de reunión- le dijo en un tono inflexible.

Eso sonaba prudente, era lo que ella misma hubiese recomendado tratándose de Harry, pero era ella, lo cual hacía todo totalmente diferente.

- Sirius…

- Hermione- respondió él sin ceder.

Ambos se miraron como en un duelo de voluntades, el cual finalmente la castaña perdió porque suavizó su mirada y suspiró en señal de derrota.

- Bien- murmuró inconforme.

El ojigris extendió su mano como exigiendo la entrega de algo, y ella comprendió qué era lo que quería. Con otra mueca, sacó su pañuelo blanco de uno de sus bolsillos, el delicado trozo de tela llevaba sus iniciales bordadas 'H.D.P.' y era su traslador de emergencia. En otras palabras, era su vía de escape en caso de que quisiera cometer una locura, así que tuvo que entregarlo.

- Aquí estarás segura- le dijo Sirius guardando el pañuelo en su túnica, luego se acercó a su esposa para besarla con suavidad- Nos veremos pronto- le dijo.

- Más te vale- respondió ella deseando que realmente volviera, y de preferencia ileso.

- Te amo- declaró el hombre con el más sincero de sus tonos.

- Yo también te amo- dijo ella con la misma intensidad.

Se abrazaron durante lo que pareció un pequeña eternidad pero que apenas fueron meros segundos, las despedidas ante lo incierto siempre eran las más duras.

Luego, se despidió de sus padres, de su hermano y de Lily, cada uno de ellos estaría en peligro y ella no podía hacer nada para impedirlo, nada…

Cuando el último miembro de su familia desapareció por la chimenea, una solitaria lágrima escurrió por su mejilla.

Dolía.

Se desplomó en uno de los sillones de su sala, y tuvo una idea.

- Tena- llamó con suavidad.

Su elfina doméstica personal apareció frente a ella, encogiendo sus enormes orejas al verla triste.

- ¿Ama Hermione?- preguntó la criatura con duda, no le gustaba ver así a la bruja.

- Llévate a todos los elfos de la casa para que ayuden a mis padres con los preparativos en Hogwarts, necesitarán todo el apoyo posible- ordenó suavemente, después de todo los elfos domésticos poseían una magia que les había ayudado mucho en su otra vida.

La elfina abrió sus enormes ojos ante semejante petición.

- Pero ¿usted?- preguntó con la confianza propia de conocerla desde bebé.

La aludida sonrió amargamente.

- Estaré aquí, no te preocupes- dijo- Ve y no regreses hasta que no te necesiten más- agregó.

Tena asintió con reticencia, pero era una orden directa y no podía desobedecerla, por eso desapareció.

Así, Hermione se quedó completamente sola en la gran mansión pensando en todo lo que podía salir mal, imaginando lo peor…

Súbitamente, una explosión la tomó por sorpresa y tuvo que protegerse con un hechizo antes de que los fragmentos de la misma impactaran contra su cuerpo.

El polvo inundó lo que quedaba de la sala y, cuando se asentó un poco, pudo ver un enorme agujero en lo que antes era su chimenea de entrada.

Y supo que algo estaba mal.

Sintió la presencia de otra persona en la sala, y cerró los ojos con pesar antes de voltear, la historia se iba a repetir aunque con algunos cambios.

Había cosas que sencillamente estaban destinadas a pasar.

Trató de controlar su respiración y abrió los ojos girando su cabeza en dirección al 'visitante'.

Un par de pequeños ojos azules la miraron con nerviosismo.

- Hola Peter- saludó esbozando una sonrisa, después de todo, lo que pasaría ya era inevitable.

El aludido se sorprendió por el saludo tan falto de conmoción, tan casual.

- Hola- respondió titubeante sin bajar su varita, no la apuntaba a ella pero estaba lista para ser usada en duelo.

Sin embargo, la castaña sabía que no lucharía con Peter ese día, él no la enfrentaría. Y también supo que muy probablemente lo del Ministerio hubiese sido una distracción, una trampa en la que todos cayeron, hasta los que patrullaban la mansión habían sido convocados.

- Él viene para acá ¿no es así?- preguntó como si realmente no le interesara la respuesta porque ya la conocía.

Peter pasó saliva sonoramente pero no dijo nada.

Esa era la respuesta.

Sí.

Él estaba en camino.

Pero ella no estaba lista para el duelo.

La noche que entraba, sería una de las más obscuras de su vida.

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A/N: Bueeeeno, se quedó en algo de suspenso ¿verdad? La historia se repitió en cierto sentido, Peter los traicionó y Hermione no lo evitó…veremos qué pasa en el siguiente capítulo.

Ahora a responder reviews, por cierto, sigan dejando sus comentarios por favor.

Luna White 29: Puede ser que tengas razón, aunque Severus todavía persiste con su amor por Lily; aunque ciertamente Theo está tomando un papel cada vez más crucial.

luzenlaoscuridad: Theo es ambicioso y sabe lo que quiere, no podemos descartarlo y considerarlo inofensivo, el que a Hermione le muestre su lado más 'humano' no quiere decir que es 'bueno' ¿o sí? Ah, aclararé ese punto próximamente porque es cierto que podría hacerlo pero ¿el hacerlo traería consecuencias? Gracias!

Sakura7893: Hola! Espero que ya estés al corriente, y pues Theo es un caso especial, ya veremos qué pasa con él y las decisiones que toma para lograr lo que quiere. Espero seguirte leyendo!

Viridianasag: Hola, no puedo afirmar ni negar nada porque sería un spoiler, pero tienes mucha razón en lo que respecta al análisis de Theo, lo que lo hace humano es precisamente ese sentimiento aunque posiblemente entre en conflicto con sus ambiciones ¿o no? La Orden efectivamente sabe la verdad y trata de ayudar, por otro lado Regulus tendrá en algún punto su encuentro con Sirius aunque no de momento. Efectivamente, Lily ya es una Potter y Severus está cada vez más perdido en su obscuridad pero recordemos cómo fue su futuro. Saludos!

MaTeffi: Gracias por el comentario! La pareja es ciertamente improbable pero me gustó en algún punto, además la trama llamó mi atención. Espero seguirte dejando en suspenso para seguirte leyendo. Saludos.

aleamerica: Hola! Gracias, la verdad el combo consumió su tiempo pero era justo pues muchas cosas pasaron. Ollivander fue una víctima más de los cambios, y al menos Alice ya no le tiene rencor a Cas; Theo es un tema controversial lo admito, aunque su ambición no es ser un reemplazo…ya lo veremos! Tienes razón lo de la boda pero mi intención tampoco era hacerla protagonista ¿cómo lo viste?

WALIXELA: Gracias! En efecto, se reveló a la nueva Elegida y se sanaron algunos lazos dañados. El tema de las Reliquias todavía es sutil pero con Theo en su caza las cosas se pueden complicar como bien comentas. Hasta la próxima!

Athefrod: Hola! No tienes de qué agradecer, lo prometido es deuda y logré cumplir en tiempo y forma. Es cierto, está llegando el punto de la historia con más acción, con la nueva Elegida revelada es normal que se provocaran fuertes emociones como bien notaste, sobre todo con Charlus y Dorea porque Elegida o no, es su hija, exactamente como lo comentas. Charlus la adora y se siente impotente mientras que Dorea haría lo que fuera por verla sana y salva. James, por su lado, estaba en la etapa de negación mientras que Lily en la de un cierto escepticismo…Sirius, bueno es complicado imaginar cómo lo tomó él porque tan acostumbrado a la obscuridad, el que la luz de su vida corra peligro es lo más aterrador que puede imaginar ¿no? Hermione trata de mostrarse valiente pero la verdad no sé qué haría yo estando en su lugar, ama apasionadamente y ahora enfrentará uno de sus mayores retos. Cuando la termine, con mucho gusto la comparto y de verdad no hay mayor satisfacción que el saber que alguien más disfruta lo que yo disfruto al escribirla. Gracias nuevamente y hasta entonces!

horus100: Ollivander ya no está…es triste pero creo que son fatalidades de la guerra que, como vimos, se ha desatado.

BlauerDrache: Vaya, pues queda pendiente ¿sale? Hehehe, no te preocupes espero que todo salga bien en tu curso y muchas gracias por hacerte el tiempo de comentar aunque sea brevemente. Lo próximo será ver a Voldemort en acción, a Hermione, a Alice ya los demás. Theo seguirá apareciendo, de eso no tengas duda. Saludos!

A todos los lectores, que creo son varios, les deseo una bonita semana y nos vemos en la próxima entrega.

¿Me regalan sus impresiones?

Saludos!