Si, no están viendo visiones, si soy yo y estoy actualizando éste fic, luego de una laaaarga espera, ojalá les guste y puedan seguir el hilo a pesar del tiempo que ha pasado.
Disclamer: Todo lo que reconozcas es propiedad de J.K. Rowling, la Warner Bros, etc. La canción de la que tomé la estrofa del principio pertenece al extinto grupo Viuda Negra, de su álbum El Final del Silencio, y se llama Pretendo. A mi solo me pertenece la idea retorcida y escribo sin ánimos de lucro.
Ahora si a lo que vinieron, a leer:
EL CAMINO DE LOS LICÁNTROPOS
Parte I
Siguiendo El Rastro
Pretendo callar,
no escuchar, como los demás,
el silencio me invita a la complicidad,
mi conciencia se retuerce
y me obliga a gritar.
(Pretendo, Viuda Negra)
Inverosímil, incomprensible, increíble, inadmisible, impropio, inaceptable, inadecuado, incorrecto, indebido. Si alguien le pidiera que describiera aquella noche en una sola palabra cualquiera de éstas podría describir lo que Hermione y él habían hecho, aunque él se inclinaría por inverosímil, cada cosa que había pasado, en cada instante desde que habían desaparecido de Valle de Godric le parecía inverosímil. Que ella hubiera preferido quedarse con él en lugar de huir, que ella descubriera que él era Tobías, que ella eligiera enfrentarlo en lugar de evadirlo, que ella se hubiera entregado a él sin reservas, que en un momento de debilidad, él hubiera aceptado la sanación que ella le ofrecía, que estuviera compartiendo la cama con él, que ella pareciera amarlo, que ella yaciera a su lado, indefensa.
Inverosímil que luego de tantos años estuvieran aquí, inverosímil que ella lo deseara de aquella manera. En esa noche, ella se había comportado incansable en toda su juventud, Severus acarició su cabello revuelto y sonrió de medio lado, creía haber estado a la altura de las exigencias de su joven amante, tenía rasguños en la espalda y mordidas en los hombros y el cuello que lo atestiguarían.
El pequeño rectángulo que era la ventana le regresaba una noche luchando por convertirse en día, envuelto en una fría luz gris de un amanecer nublado.
Debía despertarla, debía llevarla a su habitación, cerró los ojos un momento, no había dormido prácticamente nada en toda la noche, había pasado algunas horas haciéndole el amor y otras tantas contemplándola, sin embargo, se sentía mas descansado de lo que había estado por años, su alma se había sentido descansada en los brazos de Hermione.
Snape se puso de pie zafándose del abrazo de la chica, se deslizó al diminuto baño, diez minutos después, con el cabello y el cuerpo húmedos, rebuscaba en su baúl un poco de ropa, Hermione aun dormía, Severus sonrió de vuelta, y sintió su miembro endurecerse de nuevo, le había hecho el amor, de todas las maneras imaginables e incluso de muchas que nunca se habría atrevido a imaginar. Y ella se había dejado moldear a su manera, como arcilla en sus manos, inexperta en la pasión había permitido que él la guiara.
Una ligera picazón en el antebrazo izquierdo lo regresó a la realidad, miró, la marca tenebrosa que tomó el color negro profundo de un tatuaje nuevo, la serpiente se agitó en su piel y la marca le escoció, el Lord llamaba.
Snape tomó a Hermione aun envuelta en la sábana, ella se removió inquieta en sus brazos pero se acomodó de vuelta, Severus tomó su varita fuertemente, por si tenía que hechizar a alguien de camino, y se dirigió hacia la habitación que Granger compartía con la chica Weasley. La marca tenebrosa le escocía el brazo.
Abandonó la habitación de las jóvenes con sigilo, ¿Qué pensaría, alguien de la orden si lo viera salir de la habitación de las chicas? Siguió caminando, el ruido de sus pisadas moría en la alfombra del vestíbulo.
Escuchó pasos provenientes de la cocina, intentó apurarse pero Molly Weasley ya estaba demasiado cerca.
—Severus —dijo la pelirroja — buenos días —sonreía.
—Molly —respondió Severus, quizás el no fuera la mejor persona del mundo, pero que lo rostizaran vivo si no era una hipócrita.
— ¿Te vas, no te quedas a desayunar?
Snape apretó los dientes y miró a la matriarca de los Weasley.
—No —luego dio media vuelta y se dirigió al pasillo que llevaba hacia Grimmauld Place.
—Si te encuentras con Remus dile por favor que aun no se deshace del boggart que está en el ático.
— ¿Porqué me encontraría con Lupin? —preguntó Severus a la pelirroja.
—Bueno, —respondió —mortífagos, licántropos —era obvio que quería dar a entender que eran lo mismo.
Molly miró a Severus dar media vuelta, luego dio un portazo y despertó el cuadro de la Señora Black.
Los ojos rojos como rendijas estaban perdidos en el enorme ventanal de la mansión Malfoy, el sol se habría camino entre jirones de nubes, con paso perezoso, odiaba el verano, el calor abrumador, la luz brillante, los largos días, las cortas noches. Entre los rayos que se filtraban por la ventana volaban motas de polvo las miraba concentrado mientras seguía acariciando algo informe que tenía en el regazo y quedaba oculto a la vista de sus mortífagos entre los pliegues de su túnica. Como una parodia de perro faldero Nagini se enroscaba alrededor de la silla alta de su amo, de vez en cuando mandaba miraditas hacia la puerta por la que entraban cada vez más mortífagos, acudiendo al llamado de su Señor, pero Voldemort estaba completamente abstraído.
Aunque ninguno de sus mortífagos estaba al tanto de qué era lo que le ocurría todos estaban de acuerdo en algo, lo que fuera que tuviera a su Señor en ese estado no era una buena noticia. La agitación era patente en el círculo que se formaba quedamente.
Así encontró la escena Severus cuando entró en la habitación, tomo su lugar a la izquierda de Voldemort y se quedó muy quieto, esperando que el Lord se dignara a dirigirles la palabra.
Snape sacudió la cabeza un par de veces intentado borrar las imágenes de Hermione que su mente se empecinaba en enviarle, necesitó de toda la disciplina acumulada a lo largo de los años para poder poner su mente en blanco, que estupidez estar ahí de pie mientras Voldemort seguía pensando. Luego de pronto el Lord pareció reparar en sus mortífagos, como si hubiera olvidado que estaban a su alrededor.
—Bellatrix —dijo aun sentado.
—Si, amo.
—Severus.
—Mi Lord.
—Quiero que me traigan a Greyback.
— ¿Vivo o muerto? —preguntó Bellatrix siempre solícita.
—Vivo, mi querida Bellatrix.
—Mi Lord —dijo Severus —pasa algo que lo haya molestado.
Voldemort miró al círculo de mortífagos que estaban a su alrededor, como si aquella pregunta fuera precisamente la que estaba esperando.
—Los licántropos nos han abandonado.
Los mortífagos se agitaron, el susurro de las túnicas que rascaban el suelo llenó la habitación, algunos negaban con la cabeza considerando imposible que alguien se rebelara contra Voldemort.
Los ojos de Voldemort relampaguearon. Levantó la varita y uno de los mortífagos cayó de golpe entre gritos, Severus solo hizo una mueca, nadie debía tener el atrevimiento de negar o de poner en duda las palabras de Voldemort, si el-que-no-debe-ser-nombrado decía que los licántropos los habían traicionado, así era y nadie tenía derecho a ponerlo en duda.
— ¿Alguien mas opina que me equivoco? —Nadie se movió, Jugson se ponía de pie trabajosamente arrastrando una de sus piernas en un esfuerzo por volver al círculo — ¿Alguien mas opina que me equivoco? —grito. Era un duro revés para las fuerzas del Señor Oscuro —Tráeme a Greyback, Severus —Voldemort se puso de pie y tres cabezas cercenadas cayeron de su regazo.
De inmediato Severus reconoció en ellos a tres de los mortífagos que habían montado guardia en Valle de Godric hacía ya dos noches y tuvo que tragarse la mueca de asco que desdibujó sus facciones por debajo de la máscara. Las cabezas tenían en el rostro grabada una mueca de terror y entre los desgarrones se adivinaban las mordidas que podrían ser de un perro enorme, aunque obviamente un perro no deja las marcas de arañazos que tenían aquellos mortífagos en la cara y el cuero cabelludo.
—Mi Señor —dijo Bellatrix sin despegar la vista de las cabezas que habían rodado por el círculo que los mortífagos formaban, cada una en una dirección distinta, a la mortífaga le brillaban los ojos ante el macabro espectáculo — ¿Cómo…? ¿De dónde?
—Los malditos perros los dejaron en la verja del frente, estaba plagado de huellas, —los ojos de Voldemort destellaban, podría no tener ninguna simpatía por sus mortífagos, pero no le gustaba que nadie se entrometiera en sus planes.
—Trae a Greyback y a todos esos asquerosos lobos —se puso de pie y se acercó peligrosamente a la cara de Severus cubierta por la máscara sin rostro.
Severus hizo una leve reverencia en señal de aceptación.
—Bellatrix —dijo Voldemort.
—Como ordene amo.
En cuanto pusieron un pie fuera de la habitación Bellatrix se acercó a Severus.
—Tienes idea de donde comenzar.
—No —respondió Severus — ¿sabes que sucede?
—Nadie de los que hicieron guardia hace dos noches en Valle de Godric regresó.
— ¿De qué hablas? —murmuró Severus fingiendo sorpresa aun y cuando sabía perfectamente qué era lo que había pasado.
—No lo sé, ni siquiera el Lord está seguro de qué pasó —dijo Bellatrix en un susurró, como si las paredes de la mansión Malfoy pudieran escucharla —pero nadie volvió, nadie se presentó anoche ha dar parte de la patrulla de hace dos días, el Lord los llamó, pero nadie vino, luego comenzaron a buscar a los licántropos pero tampoco están. Después encontramos las cabezas.
—No pueden haber desaparecido —Severus sonrió de medio lado como si lo que Bellatrix decía no tuviera ni pies ni cabeza —los licántropos no han cambiado de bando, créeme.
—Claro, a ti Dumbledore te lo habría confiado —Severus miró a Bella con despreció —eres estúpido Snape, nadie piensa que los licántropos se hayan unido a Dumbledore, creemos que nos han dejado, que pelearán por su cuenta, o que, no pelearán en absoluto.
—Nadie es tan imbécil como para negarse a las órdenes del Señor Tenebroso.
Caminaron en silencio unos pasos más por el desierto pasillo. A ambos lados se abrían puertas, habitaciones.
—Iré al callejón Knockturn —murmuró Bella —no se me ocurre otro lugar por donde comenzar.
—Creo —dijo Snape negando —que lo mejor sería ir a Valle de Godric.
— ¿Buscar huellas? —Snape asintió y Bellatrix le regresó el gesto —a Valle de Godric entonces.
Severus y Bellatrix anduvieron por los linderos de Valle de Godric, no podían entrar al pueblo pues estaba lleno de muggles, claro que podrían destruir el valle, Bellatrix se puso frente a Snape y puso sus manos en el pecho de Snape, le habló con voz melosa.
—Luego de matar unos cuantos muggles podemos hacer el trabajo.
—No puedes ir simplemente destruyéndolo todo —le contestó Snape.
— ¿Qué pasa Snape te agradan los muggles? —Bellatrix pasó uno de los dedos por la solapa —O es solo que no mezclas el placer con el trabajo.
Severus le tomó las manos y acercó su cara a la de Bellatrix, su nariz casi chocaba con la de la mujer.
—Si matas a los muggles —dijo Snape, miró como los ojos de Bellatrix se fijaban en sus labios — ¿Quién nos divertirá cuando nos hagamos del poder?
Bellatrix sonrió ante la idea, de modo que anduvieron por los linderos buscando huellas, ahí estaban, alrededor del pueblo, habían ido y venido. Luego cuando comenzó a caer la tarde siguieron el rastro por el bosque, alejándose.
—Debimos pensar que esto llevaría su tiempo —dijo Severus luego de varias hora a pie. El sol ya se escondía al horizonte, el rastro continuaba.
No habían comido en todo el día, Severus se despojó de la capa y la máscara convirtiéndolas en diminutos juguetes de tela y acero que se guardó en un bolsillo. Bellatrix por su parte tenía cara de pocos amigos, su cabello estaba enredado y lleno de hojas, llevaba los botines de tacón alto en la mano.
Habían caminado por en medio del bosque pero de cuando en cuando topaban con pequeños pueblecillos muggles, los licántropos habían, literalmente, aplastado todo a su paso, en los pueblos no quedaba nadie, así que no era difícil seguir el rastro, Severus se sentía enfermo de ver tanta destrucción al anochecer pararon en uno de los pueblos, una pequeña posada se levantaba en el camino.
—Es simple —le dijo Severus a Bellatrix una vez entraron —llama a uno de los elfos de la Mansión Malfoy a menos que quieras hacer la cena.
Bellatrix hizo una mueca pero llamó a uno de los pequeños seres, mientras Snape limpiaba un poco, recorrió las habitaciones sin saber con que se iba a topar. Encontró rastros de sangre aquí y allá había trastes quebrados y muebles volcados, todo era un desorden. Miró por encima del hombro Bellatrix no estaba por ahí.
—Expecto Patronum —susurró mientras la imagen de Hermione dormida poblaba su mente, un cuervo de color plateado revoloteó en la estancia y se poso en su antebrazo, como si fuera un ave de presa —Lleva un mensaje a Hermione, dile que todo está bien, dile que la amo.
El cuervo se convirtió en niebla plateada y se alejó por una de las ventanas rotas, esperaba que para cuando Hermione recibiera el mensaje fuera lo suficientemente tarde como para que estuviera sola.
Severus siguió andando por las habitaciones, no encontró ni un alma, eso solo quería decir que los licántropos habían acabado con todos, se sintió hastiado, había ocasiones en las que tanta maldad lo sobrepasaba, hubiera deseado gritar.
Regresó hacia la cocina donde había un poco más de orden. Bellatrix había puesto la mesa sobre las patas y se sentaba mientras lanzaba su daga de plata contra una de las cómodas y luego la atraía con un hechizo, en la puerta de aquel mueble se veían las muescas de todas las veces que se había clavado.
El elfo dejó platones con comida, parecían fastuosas las fuentes de oro y plata en aquel desorden, parecían fuera de lugar en aquel lugar tan simple, Severus y Bellatrix comieron en silencio, mientras el elfo continuaba trayendo frutas y bebidas sacadas de Merlín sabe donde.
—No podemos solo seguir caminando Snape, —dijo Bellatrix luego de dar cuenta de la copiosa cena, estar ahí, cenando con Bellatrix como si fueran un par de personas civilizadas le parecía a Severus una pantomima de cordura —sabemos que van hacia el oriente podemos convertirnos en humo e ir tras ellos, ahora que tenemos su rastro.
Severus sopesó la idea, sin duda era tentadora, sería mucho más rápido, pero también se arriesgaban a perder la pista.
—Tal vez por la mañana —dijo Snape— no se tu, pero estoy cansado.
Bellatrix asintió, los ojos de la mujer se cerraban por momentos, extenuados.
—Ahora nos vendría bien una de tus pociones.
—O un whisky —le respondió Snape.
—No quiero pasar la noche en el bosque, Snape —Bellatrix arrugó la nariz luego añadió de forma seductora —tampoco me gusta la idea de pasar la noche en este chiquero de muggles, pero... —acercó de nuevo el rostro a Severus que la mirada con una mueca impertérrita —quizás podamos encontrar algo en lo que podamos, —la mujer se acercó más, con la lengua rozó los labios de Snape —divertirnos.
El rostro de Snape aun sin variar, acarició la nariz de Bellatrix con la propia, luego, a punto de besarla susurró:
—Vamos a dormir Bellatrix, — la mujer dejó de sonreír —siguen sin gustarme en lo mas mínimo las mujeres de sangre limpia.
Ella se puso de pie ofendida, respiraba de manera entrecortada.
—Bien, pues jódete solo —Bellatrix lanzó una mirada de asco, —y procura no hacer ruido. Le parecía extraño poder considerar a Bellatrix una mujer, una de carne y hueso, con sangre en las venas y propensa a los celos.
—Puta —murmuró Snape para si mismo y siguió a Bellatrix por el camino.
Unos pasos por delante la mujer caminaba por una desvencijada escalera volcando mesas y sillas a su paso, hasta que entró en una habitación golpeando la puerta, Severus sonrió de medio lado ante lo hilarante de la situación.
Se limpió los labios en donde la saliva de Bellatrix aun le sabía, puso algunos hechizos de protección alrededor de la posada y unos cuantos más alrededor de la habitación en la que entró, se desvistió y luego en bóxer se acomodó lo mejor que pudo en una maltrecha y dura cama.
Estaba muy cansado, le parecía imposible que apenas veinticuatro horas antes hubiera estado en Grimmauld Place con Hermione. Hermione, ese era otro de los asuntos que lo mantenían en vilo.
Había ocasiones en las que creía que se volvería loca, y aunque en muchas ocasiones la habían llamado así no lo estaba.
Entendía perfectamente todo a su alrededor, era inteligente no se cegaba, su amor por el Señor Tenebroso estaba más allá, era devoción, la devoción que se siente por un ser superior, pero eso no la volvía loca, la gente tenía devociones por donde quiera, unos eran devotos a las ciencias, el estudio, unos al bien, otros al mal. Ella era devota a la sangre, la sangre pura que corría por sus venas, a la sangre derramada de sus víctimas, los muggles y los sangre sucia que eran escoria y los traidores a la sangre que eran indignos, esas eran sus verdaderas devociones. Y estaba completamente segura que eso no la convertía en una loca.
Sin embargo había algo, algo que jamás había podido tener, algo que la hacía estremecer, algo que deseaba hasta la locura, se saboreó en la boca el sabor tibio de los labios de Snape, mientras jugaba con su colgante, la calavera de un cuervo, un cuervo con los ojos negros vacíos, como Snape.
Snape. Snape era como un parásito intentado ganarse un lugar al lado de su amo cuando ella lo conoció, un retrasado del cual burlarse por que siendo un mortífago, tenía un gusto infame por las sangres sucias.
Pero el día en que la venció en duelo, ese día algo pasó en ella, aun recordaba el tacto áspero de su mano chocando su mejilla, el ardor del golpe, la inflamación subsecuente, incluso el sabor a sangre del labio roto, los ojos llorosos, la humillación y junto con ella, algo, la sensación de fuerza, en su vida solo había conocido enclenques, ilusos, pero en aquel mago de mirada oscura había fuerza, había poder.
Ese día la combinación de emociones la había llevado a aquella locura insensata, la humillación, el dolor y el deseo se habían fusionado en la figura oscura que era Severus.
Bellatrix respiraba con agitación cuando en las noches pensaba, en él, un hombre que fuera capaz de domar la fiera que había en ella, alguien más fuerte que si misma. No con la fortaleza de su Señor que era un ser más allá de los simples mortales, sino un mortal como ella que pudiera contenerla. Imaginar que arañara su piel, imaginar que la tomara del cabello e hiciera con ella raudales de cosas rayanas en el sadismo, la extasiaba, luego pensar en como podía estarse revolcando con una sangre sucia o peor con una muggle le provocaba arcadas. Mientras tanto ella se servía en bandeja de plata ante aquel hombre que la despreciaba, al que odiaba y deseaba en igual cantidad.
Tanto Severus como Bellatrix pasaron de la oscuridad de la noche a la penumbra del amanecer, en vilo mirando por la ventana, perdidos en pensamientos ácidos.
Bien, hasta aquí por hoy, no prometo actualizar por semana como las tenía acostumbradas, aunque lo intentaré, lo que si es que no tardaré tanto.
Les mando un gran beso y un abrazo sobre todo a todas las que cuando me desaparecí me estuvieron escribiendo para preguntar si todo estaba bien.
Gracias por todo.
Adrel Black
