CAPITULO 25

SIN MIRAR ATRAS

"William, no sigas" Murmuró Hermione mirando al suelo. Soltó las manos de William y tomó un poco de distancia.

"¿Qué sucede ahora? ¿Hay alguna nueva regla en contra del romanticismo?" Soltó William con un manoteo en el aire.

"Simplemente no es apropiado con las cosas que están sucediendo precisamente hoy. ¡Se acaban de llevar a McGonagall a San Mungo! No estoy en el humor correcto." Declaró Hermione con la primera excusa que aterrizó en su cabeza.

"¿Es eso tan sólo?" Inquirió William sonando casi aliviado. Buscó nuevamente la mano de Hermione y la acercó hacia él.

Hermione se armó de valor una vez más, esperando esta vez poder llegar al punto al que realmente quería. "No. No es eso tan sólo."

William la acercó aún más a él. "No es verdad lo que dije sobre los elfos domésticos…"

Hermione cerró los ojos y negó con la cabeza. "Sabes que no es eso, William" Hermione abrió los ojos y miró a William unos segundos que parecieron minutos.

William soltó las manos de Hermione y fijó la vista en la nada. Al cabo de un momento dijo amargamente. "Los vi. La noche que bailaban en el gran comedor."

Hermione abrió la boca para contestar y la cerró nuevamente.

Ante el silencio de Hermione, William acortó la distancia para murmurarle de forma contundente "Siempre ha sido él ¿no?"

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas.

"Lo siento, William. En verdad lo siento." Murmuró limpiándose los ojos. Sin poder decir una palabra más, se dio la media vuelta y caminó hacia la puerta del salón, dejando a William con el rostro impasible.

Ron y Harry la esperaban fuera del salón.

"¿Que sucede, canelita?" Dijo Ron en tono burlón, intentando así aligerar la ansiedad que sentía.

"Terminamos…" Masculló Hermione. "Me voy a la cama." Y se alejó con paso presuroso como si no quisiera hablar más del asunto.

Harry miró a Ron con una amplia sonrisa, pero al encontrar a su amigo con el gesto descompuesto, exclamó. "Deberías estar feliz, ¿Qué diantres te sucede?

"¡Estaba llorando! No era precisamente lo que tenía en mente." Dijo Ron caminando calmadamente. Harry soltó un puñado al aire y lo siguió.

"Eres totalmente idiota algunas veces…"

A la mañana siguiente Hermione entró de prisa en el gran Comedor, caminó hasta la mesa en donde se encontraban Ron y Harry, quienes dejaron de hablar al instante mientras la miraban cuidadosamente.

"Lo siento, me quedé dormida." Dijo Hermione sentándose frente a sus amigos con gesto trágico.

"¿Te quedaste dormida?" Dijo Ron con gesto extrañado "Pero si apenas son las ocho."

Hermione torció los ojos y dijo ignorando a Ron "Estaba pensando que podríamos hablar con Regina de la teoría que tenemos sobre la poción…"

"¿Qué?" Exclamó Ron, atragantándose con el trago de leche que en ese momento tenía en su boca. Se limpio rápidamente con la manga y luego dijo "¡Por supuesto que no!"

"¿Porque no?" Dijo Hermione con el entrecejo fruncido.

Harry miró a Ron con los ojos muy abiertos, como si intentara decirle que se callara, a lo que Ron soltó un bufido y se metió un bocado de puré de papas a la boca "No lo sé" murmuró.

Hermione soltó un resoplido exasperado, conocía demasiado bien a esos dos para no darse cuenta de lo que hacían. "Estoy bien. No tienen que seguir tratándome como si fuera a soltar el llanto en cualquier momento."

Harry negó con la cabeza avergonzado al ser descubierto "No Hermione, nosotros no..."

"Simplemente cambiemos el tema ¿de acuerdo?..." Interrumpió Hermione. "Volviendo a Regina, en verdad creo que podríamos confrontar el tema con ella, es mejor que continuar esperando por más mientras McGonagall está en San Mungo."

"Hermione, no podemos hacer eso..." Dijo Ron sin esperar a que Hermione terminara con su comentario "Es como dar a un sospechoso el beneficio de ir por delante de nosotros."

"Ron, pensé que después de lo que vimos en el pensadero, desistirías de esa idea de sospechar de Regina." Dijo Hermione irritada. Ron se encogió de hombros y Hermione negando con la cabeza, se levantó de la mesa. "No quiero llegar tarde a clases, hablamos después."

Ron apuró un último trago antes de levantarse, mirando a Harry con gesto de excusa. Harry negó con la cabeza y el pelirrojo le dio un golpecillo en el hombro, ignorándolo. Alcanzó a Hermione y avanzando unos pasos junto a ella la chica frenó en seco y lo miró expectante.

"Sé que no quieres hablar de eso, pero ayer en la biblioteca, cuando William entró…" Dijo Ron titubeando repentinamente. "…Espero no haberte metido en problemas, lo lamento. No sé si por mi culpa él… "

Hermione río ligeramente y negó con la cabeza, para después interrumpirlo "William no decidió esto, Ron. Fui yo." Levantó un poco la cabeza y añadió suprimiendo una sonrisa. "Y francamente no creo que lamentes meterme en problemas." Giró sobre sus talones y se alejó relajadamente.

Ron la miró salir del Gran Comedor totalmente embobado. Soltó una risilla y asintió con las manos en la cintura. "No lo lamento ni un poco." Murmuró para sí mismo.

En el tiempo durante el cual, sus alumnos estuvieron haciendo un ensayo sobre Encantamientos Extremos, Hermione decidió que, a fin de obtener avances tendría que hacer algunos movimientos por su cuenta. Aun cuando sus viejos amigos eran Aurores Extraordinarios, la chica estaba segura de que no se habían librado del mal hábito de procrastinar sus deberes y necesidades, por lo que al finalizar su clase, se dirigió decidida al salón de pociones. Miró discretamente en todas direcciones para asegurarse de no ser vista y se apoyó contra el muro esperando.

Después de unos minutos la puerta se abrió y algunos estudiantes comenzaron a salir, asomó la cabeza al cabo de un rato para asegurarse de que el salón se encontraba ya vacío y vio a Regina al fondo, levitando calderos y probetas.

"Regina, buen día…" Dijo Hermione adentrándose en el aula.

Regina la miró alzando una ceja. "¿Me hablas a mí?" La bruja examinó a Hermione de pies a cabeza y añadió. "¿A qué viene tu buen tono? ¿Qué quieres?"

El tono parco de Regina hizo que Hermione dejara la intención de tratar a la bruja con cordialidades, definitivamente no permitiría dejarse intimidar. Sonrió y dijo sin rodeos. "Quiero hablar contigo sobre la Profesora McGonagall…"

Regina dio unos pasos acercándose a Hermione y cruzó los brazos "Para empezar, me alegro de su traslado a San Mungo, aunque les tomó bastante tiempo darse cuenta de que esa Señora Pomfrey no sirve ni para curar un dolor de cabeza, mucho menos otro tipo de enfermedad." comentó la profesora de pociones de manera sarcástica.

Hermione sonrió mordaz "Tu y yo sabemos que McGonagall no está enferma…"

Regina la miró sorprendida y con una gran sonrisa en la cara, parecía que ver a Hermione hablar tan directamente la divertía "¿Qué quieres decir exactamente, Granger?"

"No creo que seas tan tonta como pareces…" Dijo Hermione irritada al encontrarse como objeto de diversión de la bruja italiana. "Sabes a qué me refiero."

Regina sostuvo la mirada de Hermione un momento "Crees que 'alguien' la hechizó, ¿no?" La maestra de pociones continuó con su limpieza de aula, conservando la frescura.

"No. No sospecho de hechizos. Me inclino más a que todo esto tiene que ver con una poción..." Dijo Hermione tajante.

Regina miró a Hermione fulminantemente y después continuó levitando calderos hacia los estantes. Uno tras otro, aumentando el ritmo y la fuerza. "Eso es imposible."

Hermione la examinó con calma mientras un pesado silencio caía entre las dos, parecía que ni siquiera los levitantes artilugios emitieran sonido alguno aún con todo el golpeteo. "Tú también crees que es él… ¿Cierto?"

Regina dejó de moverse y dijo con voz suave. "¿Quién?"

"Tu padre…"