24

Nochebuena

Mycroft estaba sentado en uno de los sillones de su salón, tenía un vaso de whisky con hielo en su mano derecha y observaba la nieve caer. Greg estaba tumbado en el sofá, se había bebido una cerveza y estaba medio dormido. Sherlock también estaba con ellos, sentado sobre un puf (que había sacado de su cuarto) muy pegado a la chimenea. Llevaba una hora mirando al vacío completamente ajeno al mundo que le rodeaba.

Era Nochebuena y en media hora le traerían la cena, cena que habían encargado a un restaurante chino. Ya habían tenido la tradicional cena de navidad, ¿por qué volver a hacerla?

—Sherlock —llamó Greg en voz alta mientras se incorporaba.

Mycroft le miró alzando las cejas. El adolescente movió la cabeza hacia él para dar a entender que lo escuchaba.

—Te voy a dar un consejo, ¿vale? —le dijo Greg.

Sherlock contuvo una carcajada.

—¿Tú? ¿Un consejo? ¿Y de qué me puede servir eso? ¿Mycroft ha estado hablando contigo? —le preguntó Sherlock ofendido.

—No. Igualmente no hay que ser un lince para saber qué te pasa y me gustaría echarte una manita. Que siempre viene bien —le dijo Greg mirándole fijamente.

Su tono de voz era neutral. Ni siquiera intentaba demostrar cariño en el tono de voz y eso era algo que hacía que Sherlock le prestara atención. Mycroft también le miraba, preguntándose en qué le diría.

—La adolescencia, para aquella gente que es un poco diferente a los demás, suele ser una mierda. Aunque finjas lo pasas mal. Tu no quieres fingir, me parece correcto, pero no deberías de beber tanto porque no vas a solucionar nada. Los amigos llegarán a su debido tiempo. Algún día conocerás a alguien que te entienda y que te acepte tal como seas. Personas que estarán dispuestas a confiar en ti y en llamarte preocupados por si estás bien… —le dijo Greg.

—Yo no necesito amigos —gruñó Sherlock apartando la vista de Greg.

—Todo el mundo necesita tener a alguien Sherlock —murmuró Greg —. Tu hermano es el único que te comprende y que te acepta como eres así que no debería de avergonzarte tener ciertos sentimientos hacia él. Hablar de aquellas cosas que te interesan y demás…

—Mi hermano cree que ser detective consultor es estúpido —susurró Sherlock.

—No creo que sea estúpido, solo pienso que deberías de llegar a ello con estudios universitarios. Y tú no quieres estudiar en la universidad —se defendió Mycroft antes de llevarse el vaso a sus labios.

—Yo creo, que si eres bueno en algo al mundo no le importará que no tengas estudios —comentó Greg en voz alta —. Lo que más trabajo cuesta es hacerse un nombre, pero a partir de ahí todo puede ir asombrosamente bien.

Tras unos minutos de silencio nadie dijo nada. El timbre sonó y Mycroft se levantó a abrir con la cartera en mano.

—La adolescencia es una mierda —escuchó decir a Sherlock.

Greg rió divertido.

—Por lo menos es solo una fase —le dijo.

Mycroft llegó al poco con la cena, puso el televisor y se quedaron viendo un episodio repetido del Doctor Who. Cuando acabaron, dejaron las cosas sobre la mesita que allí había y Sherlock se levantó para ir a su cuarto. Mycroft se levantó del sofá, se acercó a Greg y se sentó a su lado.

—Tu hermano es un ser fantástico —le dijo Greg.

—Eres el único que le cae bien —susurró Mycroft besándole el cuello.

Greg sonrió.

—El sentimiento es mutuo —dijo.

—Lo sé —le dijo Mycroft, lo empujó con suavidad en el sofá y se puso a horcajadas sobre él para besarle con mayor comodidad —. Gracias.

Greg rió y se dejó hacer. Metió la mano por debajo de la camiseta de Mycroft y le acarició la espalda con la yema delos dedos. La mano izquierda se adentró en los pantalones y le pellizcó una de las nalgas.

—Podríamos subir arriba… —comentó Greg entre besos.

Mycroft gimió contra sus labios cuando Greg presionó su entrada con el dedo índice, poniéndose duro casi al instante.

—Por Dios… —murmuró Sherlock —. Esperaros a que me vaya a dormir.

Mycroft tosió nervioso y se incorporó hasta que acabó sentado sobre las caderas de Greg, este atinó a poner el cojín en medio para que la situación no fuera muy vergonzosa.

—¿No te ibas ya? —preguntó Greg sonriendo como si fuera un ser inocente.

—No —respondió Sherlock, llevaba cuatro paquetes en las manos y lo dejó alrededor del árbol, donde estaban ellos.

—No creí que fueras a regalar algo… —le dijo Mycroft sorprendido.

Sherlock se encogió de hombros y lo ordenó por la tonalidad de colores de cada papel.

—¿Me has comprado algo? —preguntó Greg sorprendido al ver "Lestrade" escrito en un papel.

—Eres de la familia y según mi madre a la familia hay que regalarle cosas —dijo Sherlock —. Buenas noches. Y no hagáis mucho ruido. Hoy dormiré —informó antes de salir tan rápido como había entrado.

Greg miró a Mycroft y rió.

—Vamos arriba anda… —le pidió Mycroft.

El pelirrojo se bajó de Greg, le cogió de la mano y subió con él a su habitación. Por supuesto, le entregaría un regalo antes de tiempo, pero claro, ninguno de los dos se iba a quejar.