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aki sta lo nuevo a peticion de ustedes

Capitulo 25

La despertaron los pájaros. Había un breve periodo de tiempo en verano durante el cual amanecía tan temprano que los pájaros se despertaban antes que ella. Con un suspiro, Rosalie se acurrucó sobre la almohada. Débilmente, repasó la jornada que tenía por delante. Tendría que pasar a ver a Baby antes de ir a donde los caballos. Al ternero le gustaba tener su biberón enseguida. Se estiró con placer, se giró sobre el colchón y se quedó mirando fija e inexpresivamente la habitación. Era la habitación de Emmett. Él había ganado la batalla.

Tumbada de espaldas durante un momento, pensó en la noche anterior con una mezcla de placer e incomodidad. Él había dicho en una ocasión que las cosas entre ellos no resultaban tan sencillas como deberían. ¿Acaso tenía idea de cómo la había afectado pasar la noche con él? Era la primera vez que experimentaba el sencillo placer de dormir con alguien y compartir la paz y la oscuridad de la noche. ¿Qué le había hecho creer que podría tener una relación con Emmett y mantener la situación bajo control?

Pero no estaba enamorada de él. Alargó un brazo para tocar el otro lado de la cama, donde había dormido Emmett. Todavía le quedaba el suficiente sentido común como para impedir que eso sucediera, se recordó de repente. ¿Qué estaba haciendo en la cama cuando ya había amanecido? Furiosa consigo misma, se sentó justo en el momento en el que la puerta se abría. Aarón entró con una taza de café en la mano.

-Muy mal -comentó mientras atravesaba la habitación hacia donde ella estaba-. Estaba deseando despertarte.

-Tengo que irme -dijo ella retirándose el pelo de los ojos-. Debería haberme levantado hace horas.

Emmett le puso una mano en el hombro y la retuvo donde estaba sin apenas esfuerzo.

-Lo que deberías hacer es dormir hasta el mediodía -la corrigió mientras estudiaba su cara-, pero tienes mejor aspecto.

-Tengo que dirigir un rancho.

-No hay ningún rancho en este país que no pueda pasarse sin un individuo durante un día -se sentó a su lado y le entregó la taza-. Bébete el café.

A ella podría haberle molestado esa orden perentoria, pero el aroma del café resultaba muy atrayente.

-¿Qué hora es? -preguntó entre sorbo y sorbo.

-Las nueve pasadas.

-¡Las nueve! -abrió mucho los ojos, su consternación resultaba cómica-. Dios mío, tengo que irme a casa.

Emmett la retuvo de nuevo sin esfuerzo.

-Lo que tienes que hacer es beberte el café -la corrigió-. Y luego desayunar.

Tras un forcejeo rápido y poco fructífero, Rosalie le lanzó una mirada exasperada.

-¿Vas a dejar de tratarme como si tuviera ocho años?

Él bajó la mirada hasta sus manos, que sujetaban la sabana justo por encima del pecho.

-Resulta tentador -bromeó.

-Esos ojos arriba, McCarty -le ordenó con labios crispados-. Mira, te agradezco el café -continuó levantando la taza en el aire-, pero no puedo quedarme aquí sentada hasta mediodía.

-¿Cuándo fue la última vez que dormiste ocho horas? -vio que el fastidio brillaba en sus ojos cuando, en vez de responder, dio otro sorbo al café-. Esta noche habrías podido dormir más de ocho horas si no me hubieras... vuelto loco.

Ella levantó las cejas.

-¿Eso hice?

-Varias veces, si no recuerdo mal.

Algo en la expresión de Rosalie, la sombra de una duda, una ligera vacilación, hizo que él estudiara su rostro más atentamente. ¿Era posible que una mujer así necesitara oír palabras que la reforzaran, que borraran su inseguridad? Era una mezcla de fortaleza y vulnerabilidad de lo más extraña. Emmett se inclinó y le acarició una ceja con los labios, pues sabía lo que podía ocurrir si la besaba en la boca, aunque no fuera más que una vez.

-Claro que no necesitas esforzarte mucho para volverme loco -murmuró. Sus labios descendieron hacia las sienes antes de que pudiera evitarlo-. Si en este momento quisieras aprovecharte de mí...

Rosalie exhaló un suspiro tembloroso.

-Creo que... será mejor que me apiade de ti esta mañana, McCarty.

-Bueno... -él enganchó un dedo en la sábana y empezó a tirar de ésta hacia abajo-. No puedo decir que me guste mucho que se apiaden de mí.

-Emmett -Rosalie sujetó con fuerza la sábana-. Son las nueve de la mañana.

-Probablemente un poco pasadas ya.

Cuando se acercó más, ella levantó la taza y la interpuso contra su pecho.

-Tengo que vigilar el rebaño y revisar las cercas -le recordó-. Y tú también.

Él tenía que cuidar de ella, pensó, y se sorprendió a sí mismo. Pero tenía sentido común suficiente como para no mencionárselo a la mujer en cuestión.

-A veces -comenzó a decir, pero se interrumpió para darle un beso amistoso- no resultas graciosa, Rosalie.

Ella se rió y apuró el café.

-¿Por qué no te vas para que pueda darme una ducha y vestirme?

Él se puso de pie.

-Voy a preparar el desayuno -anunció, y siguió hablando antes de que ella pudiera decir que no era necesario-, y ninguno de los dos va a revisar las cercas a caballo hoy. Vamos a subir al avión.

-Emmett, no tienes que quitarle tiempo y dedicación a tu rancho para hacer esto.

Él enganchó los pulgares en los bolsillos delanteros y se quedó observándola durante tanto rato que ella frunció el entrecejo.

-Para ser tan inteligente como eres, a veces te muestras un poco lenta en entender las cosas. Si te resulta más fácil de comprender así, piensa que un robo de ganado nos atañe a todos los rancheros.

Rosalie se dio cuenta de que estaba molesto, lo percibía en la frialdad de su tono.

-No te entiendo.

-Efectivamente -él inclinó la cabeza e hizo un gesto que podía denotar resignación-. Ya lo veo -se encaminó hacia la puerta y Rosalie lo observó, desconcertada.

-Yo... -¿qué se suponía que iba a decir?-. Tengo que acercarme con el coche para decirle a Gil dónde voy a estar.

-He mandado a un hombre hace ya un rato -Emmett se paró en la puerta y se giró hacia ella-. Sabe que estás conmigo.

-¿Que sabe...?, ¿qué has mandado...? -los dedos de Rosalie apretaron el asa de la taza-. ¿Has mandado a un hombre para decirle que estaba aquí?

-Exacto.

Rosalie se pasó una mano por el pelo y la luz del sol arrancó reflejos dorados en las puntas de su cabello.

-¿,Te das cuenta de lo que va a parecer?

La mirada de Emmett se volvió fría y lejana.

-Va a parecer lo que es. Lo siento, no me había percatado de que querías ocultarlo.

-Emmett...

Pero éste ya había salido y cerrado la puerta tras él.


ke tal?

algun review ke me anime

byee