Taiyou Yagami (9 años, hijo de Taichi y Akane)
Aiko y Yuujou Ishida (9 y 5 años, hija e hijo de Sora y Yamato) *-*
Chikako Izumi (8 años, hija de Koushiro y Mina)
Michael Kiyoshi "Mishi" Barton (8 años, hijo de Mimi y Michael)
Makoto Kido (10 años, hijo de Jyou y Momoe)
Musuko Motomiya (11 años, hijo de Daisuke y Keiko)
Minako, Osamu y Yoshi Ichijouji (11, 8 y 7 meses, hija e hijos de Ken y Miyako)
Shizuka Hida (11 años, hija de Iori y Yuuna)
Tenshi Takaishi (11 años, hijo de Takeru y Nicolette)
Kibou Hayashiba (11 años, hijo de Hikari y Yuuto)
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Batalla por la eternidad, ¡Bien VS Mal!:
Un escalofriante viento cruzó por la estrecha separación que había entre los niños y el más gigante de los digimons demonios. Parecía que era la señal que faltaba, la tregua había finalizado, Ogudomon no permitiría más errores, ni sorpresas y por supuesto no estaba dispuesto a arriesgarse a seguir alargando esto por más tiempo.
Sus ocho ojos quedaron clavados en el chico que más cerca tenía y que más descaradamente le retaba: el portador del valor.
-Musuko Motomiya.- lo llamó señalándolo con una de sus garras.
El chico tragó saliva muerto de miedo, pero como su padre le había enseñado desde pequeño, no lo mostró. Además, que estaba demasiado furioso con ese ser por la crueldad que había tenido con Yoshi hace a penas unos segundos, por lo que las ganas de acabar con él e impartir justicia eran mayores que el temor que evidentemente sentía.
-¡Que quieres, maldito!.- exclamó sin achantarse.
No lo vio venir, ni él, ni nadie, porque una capacidad de ese digimon era su rapidez. Por eso en milésimas, había llevado una de sus garras al cuello de Musuko y lo elevaba en el aire.
-¡Musuko!.- gritaron prácticamente todos, viendo la escena con terror.
El pobre chico no pudo protestar, le apretaba demasiado fuerte.
-¡Basta, lo vas a matar!.- suplicó Hida.
Al escuchar la sádica risa del demonio, los niños rompieron a llorar, eso sí, tratando de no sonar escandalosos.
-Tranquila, todavía no voy a matarlo, primero haré algo peor, haré que pierda su cualidad, que no sea digno de su emblema.
-¡No lo conseguirás!.- salió en su defensa Yagami.
Uno de los ojos penetró directamente en ese niño, mientras el ojo principal, el que estaba en su cabeza, continuaba fijo en Musuko.
-¿Crees que no?, dime Musuko Motomiya, ¿has sentido miedo alguna vez en tu vida?
El joven se revolvió, dando una increíble muestra de ferocidad y determinación, pero no logró deshacerse del agarre de ese monstruo, que seguía elevándolo en el cielo y acercándolo hasta su boca.
-Todavía muestras valor, ¿Cuánto durará?, ¿Cuándo caerá tu emblema?.- preguntó con sorna, abriendo la boca de su cabeza, de manera aterradora e intimidatoria.
El chico se resistió, cerró los ojos, trató de no llorar, de permanecer fuerte, de buscar ese sol de valentía que iluminaba siempre su corazón y permanecía eterno, pero no lo encontró, al fin y al cabo, no era más que un niño de once años cuyo acto más valiente antes de esta batalla apocalíptica había sido ir hasta el baño en plena noche sin encender la luz.
Se odió a sí mismo, por sentirse indigno no solo de su emblema, sino de su apellido, de sus amigos, de su compañero, de ser un niño elegido, pero no pudo reprimirlo por más tiempo, porque tenía miedo, por supuesto que sí, a morir, a que las personas que amaba y todo lo que conocía desapareciese, tenía miedo al desenlace de esta batalla, tenía miedo a ese ser que lo elevaba en el aire y que con un simple movimiento, podría romperle el cuello.
Estaba tan aterrado que ni sintió que era el momento más humillante de su vida por haberse hecho pis delante de todos sus amigos, por haber perdido su valor.
Solo cuando lo vio completamente destrozado, derrotado moral y anímicamente, Ogudomon lo soltó.
-El valor ha sido destruido.- anunció de forma triunfal.
Las miradas de desesperación se posaron sobre Musuko, el cual lloraba derrotado, encogido en sí mismo y por supuesto que ver a su líder, el símbolo del optimismo y valor, aquello que habían seguido durante toda la lucha, rendido en el suelo como un bebé, afectó a todos los chicos, no pudiendo evitar pensar que ya estaba todo perdido, que cualquiera de ellos sería el siguiente, y así fue, sus inquietantes ojos se clavaron en su siguiente víctima.
-Chikako Izumi.
La niña dio un paso para atrás atemorizada.
-Tú nunca te rindes, ¿verdad?, eres tenaz, perseverante, obstinada, una chica con principios que defiende sus ideales.- enumeraba el demonio, abriéndose paso hacia ella.
Temblorosa, pero la niña no se dejó intimidar.
-Aunque acabes con todo, las buenas cualidades representativas de nuestros emblemas seguirán vivas y algún día, alguien o algo, hará justicia por todo el mal que has hecho.
Se sintió tremendamente pequeña, mucho más de lo que era y bajó la vista incapaz de enfrentarse a ese ser, al escuchar otra de sus inquietantes carcajadas.
-Y dime, ¿Quién hará eso?.- posó una de sus garras en su cabeza, obligándola a que lo mirase, acción que llenó de ira al caballero andante "Mishi". Porque puede que estuviese aterrado, pero aún así no permitiría que se aprovechasen de una débil damisela.
Sin pensarlo dos veces, hizo algo que nadie se había atrevido aún, tocar a Ogudomon.
-¡No la toques bastardo!.- exclamó con autoridad, tomando la pata de Ogudomon, claro que no la pudo mover ni un milímetro.
Los ojos del ser se clavaron en el descarado "Mishi" y con un leve movimiento de una de sus patas, lo tiró unos metros por los aires.
-¡Mishi!.- exclamó Aiko apurada, apresurándose a ir donde había caído para asegurarse de que estaba bien.
Nuevamente su vista estaba clavada en Izumi, ignorando por completo la atrevida acción de ese niño, empezó a ejercer presión con la pata que mantenía sobre la cabeza de la niña, obligándola, primero a ponerse de rodillas y finalmente tumbada en la arena, con la cabeza incrustada en ella. Así la mantuvo durante varios segundos, en los que Chikako a penas pudo ni respirar.
-Cuando te darás cuenta, que los emblemas morirán con vosotros.- dijo el digimon, apartando por fin la pata de la niña.
La pelirroja, al fin pudo levantar la cabeza, estaba totalmente roja, con arena saliéndole de la boca y tapándole los orificios de la nariz, le costó bastante esfuerzo, pero logró recuperar la respiración.
-¿Quién será el siguiente?.- se preguntaba mirando con cada ojo a un niño, para que al final todos quedasen fijos en el mismo.
El peliazul se dio cuenta de que era la siguiente víctima y empezó a implorar clemencia, aunque sorprendentemente, no lo hacía desde la posición avestruz.
-Makoto Kido.
El hijo de Jyou dio algún que otro gemido de pánico, antes de atreverse a encararse a él, al fin y al cabo, era un chico educado con todo el mundo.
-¿Sí, señor maligno?.- contestó, haciéndole una leve reverencia con las manos juntas.
Dejó de comportarse como un súbdito al sentir la patada en su espinilla de un furioso Taiyou.
-¡Al menos muere como un hombre!, ¡con la cabeza alta!
El asustadizo niño asintió a lo que le decía cu amigo, porque aunque el terror no le dejase pensar con claridad, por supuesto que como todos prefería una muerte heroica, luchando hasta el final, que no suplicando por su vida a un ser repugnante.
Pegó un gruñido y apretó los dientes.
-¿Qué quieres cara culo?.- encaró a Ogudomon, ante la sorpresa de todos, sobre todo de Taiyou, ya que ni sabía que Makoto fuese capaz de usar ese tipo de palabras.
-Este chico no tiene termino medio.- negó Yagami.
Por lo visto este pequeño teatrillo resultaba de lo más divertido a la reencarnación del demonio Akuma, pero ya no estaba dispuesto a escuchar más. Con un tono pseudo amigable rodeó a Kido con una de sus garras, invitándolo a andar con él y Makoto perdió por completo su valor.
-Tú eres el portador de la sinceridad.- comenzó Ogudomon, por el contrario Kido estaba sufriendo ahora una parálisis facial.- por eso tú no mentirás, así que dime, ¿qué crees que va a pasar ahora?
-Eh… ah… ah…- tartamudeó el compañero de Bukamon, sin saber que decir, ya que no le quería dar ideas.
-¡Habla!.- exclamó perdiendo por completo el tono amistoso.
Fue tan fuerte el grito, que el chico se tuvo que llevar las manos a los oídos y de nuevo comenzó a lloriquear.
-Que… que… que… ¿vas a decir que era una broma y te vas?.- probó, la realidad era demasiado terrible como para decirla en voz alta.
No obstante, Ogudomon supo perfectamente que ese chico le engañaba.
-No, no, no.- negó de manera divertida con una de sus patas.- me estás engañando Makoto Kido, no estás siendo sincero… prueba otra vez.
-Eh… eh….- regresó a sus tartamudeos, tratando de no mirar demasiado a ese ser.- que… que… me voy a despertar y estaré en casa.
El gigante Ogudomon dio un resoplido, agarrando de la camisa a Kido.
-No tengo mucha paciencia, así que no me engañes, ¡que piensas de verdad!
El muchacho no aguantó más la presión y rompió en un escandaloso llanto.
-¡Que nos vas a matar a todos!.- logró balbucear entre sus angustiosos lloros.
El sádico digimon esbozó una sonrisa y soltó a Kido con un leve empujón, que lo tiró al suelo de culo.
-Respuesta correcta, me gusta tu sinceridad.
Era una situación desesperanzadora, porque ese ser no solo se conformaba con destruirlos, sino que primero quería divertirse con ellos, hacerlos enloquecer, destruir sus almas puras.
-Noto un alma demasiado bondadosa, será la de ¡Shizuka Hida!
Al oír su nombre, la niña se estremeció, pero ya no lloró, había decido que ya no merecía la pena llorar más por esta situación, que ese ser, por lo menos con ella ya no se divertiría más. Era una de las grandes habilidades de la portadora de la bondad, tenía mucha fortaleza mental y ya, con todo el rato que llevaban en ese mar, por fin se había hecho a la idea de morir. Por eso, frunció el ceño y desenvainó, tal vez por última vez, su shinai.
-Ya no me das ningún miedo, acaba con esto de una vez, aunque te aseguro que nunca encontrarás la paz con la que yo me voy a ir.
Esta vez, la risa de Ogudomon rebosaba sorna.
-Sabias palabras niña, pero muy poco acertadas.- dijo el digimon, desconcertando a Hida, pero aún así no le hizo perder su expresión desafiante.- tú eres la portadora de la bondad y dicen que yo estoy compuesto de maldad, así que eres mi mitad.
A cada palabra la castaña se asustaba más y la angustia ya empezaba a reflejarse en su rostro.
-Que… ¿Qué quieres decir?.- se atrevió a preguntar, a sabiendas de que ya estaba entrando en su demencial juego.
-Que tú estás indultada, vas a ser la única que vas a vivir, te daré la inmortalidad y vivirás eternamente a mi lado y serás testigo de cómo tu bondad se transforma en maldad, corromperé tu alma de tal forma que al final, disfrutarás más que yo haciendo el mal.- acabó con una diabólica y estruendosa carcajada.
Entonces sí, Shizuka regresó a su estado de angustia, dejó caer su arma y se llevó las manos a la cara, ni queriéndose imaginar como iba a ser ese escalofriante futuro que le había reservado el demonio Akuma. Otro emblema había sido destruido.
Minako, bien abrazada a sus dos hermanos, trataba de pasar desapercibida, claro que todavía no tenía el poder de la invisibilidad y dado que Ogudomon los tenía bien controlados, fue imposible, los Ichijouji serían sus siguientes víctimas.
-Osamu Ichijouji.
-¡No está!.- apresuró a decir la peliazul, resguardándolo contra ella.
Esta vez, el digimon la ignoró y con una de sus patas agarró bruscamente al niño.
-¡Hermanito!.- exclamó la chica, pero no pudo acercarse a él, ya estaba en garras del enemigo.
-Tú posees un emblema muy interesante.- comenzó el digimon con su charla.
-No sé de que me voy a morir antes si asesinado por él o de aburrimiento por sus discursos pelmas.- bufó Yagami, asqueado con ese ser. Ya que lo malo no era que les fuese a matar, sino que primero tenían que aguantar sus interminables chapas, se notaba que ese digimon no tenía muchos amigos con los que hablar.
Menos mal, que el demonio hizo como si no lo escuchaba, como para no, teniendo en cuenta la sorpresa que había reservado para el portador de la amistad. De modo que continuó con el hijo de Ken.
-¿Quieres aprender cosas nuevas?
El joven, muerto de miedo, negó levemente.
-Niegas, pero tu corazón dice que sí.
-¡Que ha dicho que no!, ¡déjale!.- se atrevió a intervenir Minako.
-¡Silencio!.- gritó Ogudomon provocando una racha de viento que azotó solamente a la chica. Ya había perdido la paciencia.
-Hermana, déjalo por favor.- suplicó Osamu, no quería que hiciesen más daño a Minako por su culpa.
-Muy bien, en cuanto a ti, ¡sacia tu espíritu curioso para siempre!.- dijo, colocando una garra en la frente del niño, haciendo que miles de datos de información llegasen directo a cu cerebro.
A penas pudo ni gritar, sentía que la cabeza le iba a estallar, pero por suerte, esta tortura no duró demasiado, el digimon lo soltó. Ichijouji cayó de rodillas y lo primero que hizo fue llevarse las manos a la cabeza, tenía un dolor espantoso, como si le acabasen de atravesar una aguja de lado a lado del cerebro.
-Y ahora te toca a ti, Minako Ichijouji.
La única reacción de la chica fue resguardar con cariño a su hermanito chiquito, cuyo llanto cada vez era más fuerte y desgarrador.
-Tu corazón puro, ¿en serio crees que tienes un corazón puro?
La hija de Miyako no respondió, ni tan siquiera lo miró, seguía arrullando tiernamente al bebé para que se calmase.
Pero aunque ella tratase de evadirse, Ogudomon no se lo permitiría.
-¡Como vas a tener un corazón puro si eres hija de un monstruo!
Ante esa declaración tan hiriente, Minako lo miró con ira, tratando de pedir una explicación pero con lo único que se encontró frente a ella fue con su padre, mejor dicho con digimon Kaiser, el cual ahora estaba maltratando con salvajismo unos indefensos digimons, entre los cuales se hallaba su querido amigo Wormi.
Sabía que su padre fue eso, no le había ocultado nada de su pasado, pero le dolía demasiado verlo con sus propios ojos.
-¡Basta!, ese no es mi papá, mi papá es bueno, ¡es la mejor persona del mundo!, ¡no es justo que me hagas ver esto!.- vociferó impotente, entre su llanto.
Solo al verla totalmente derrumbada, Ogudomon se sintió satisfecho, clavando ahora su vista en Aiko, la cual todavía estaba auxiliando a Mike.
-Tranquila, solo me he despeinado un poco.- intentaba hacerse el duro el chico, reincorporándose.
Su rostro quedó lívido, viendo al ser que ya miraba a su princesita. Aiko observó el terror en los ojos del castaño y supo que ahora le tocaba a ella, pero no se escondió. Empujó un poquito más a Yuujou detrás de su pierna y lo encaró con valentía.
-Aiko Ishida.
El que salió como una exhalación hacia ella fue Taiyou.
-¡Un momento!, no vale, ella no entra en esto, así que a ella déjala, además, ¿no ves que es un chica?.- pidió de manera infantil un preocupado Yagami.
Mike rodó los ojos negando con desaprobación.
-Claro, porque Shizuka, Minako y la niña bonita pelirroja son olifantes.- mirada mortal de Yagami, aunque a pesar de sus incoherencias, "Mishi", por primera vez en su vida, estaba de acuerdo con el moreno.-… pero, de todas formas, Tarzán tiene razón, a Aiko no vale que le hagas nada.
Como era de esperar, Ogudomon no tuvo en cuenta a esos dos muchachos y siguió acercándose a la rubia.
-Portadora del amor, ¿sabes como se destruye el amor?
La niña hizo un gesto despectivo.
-Sé quien no puede destruir mi amor y ese eres tú.
-Bien dicho princesa Ai.- asintió Barton orgulloso. Esa niña, por fin le había contagiado su valentía, claro que no contó con que acabase con la paciencia de Ogudomon y le hiciese volar de un nuevo empujón.
-¡Mishi!.- llamó a su amigo con preocupación, acto seguido volvió a encararse al digimon.- ¡por qué has tenido que hacerlo!
-Para demostrarte que no solo puedo acabar con tu amor, sino que lo voy a hacer, porque así es como se destruye un sentimiento como ese, acabando con las personas que amas y que te aman.- dijo esto último clavando todas las miradas en el pequeño niño que asomaba de su pierna, y que rápidamente escondió la cabeza.
La compañera de Yokomon vio perfectamente sus intenciones y sintió verdadero terror, porque el mayor sufrimiento que podía padecer sería hacerle presenciar la muerte de su hermanito.
-¡No!, por favor, no, no lo hagas, mátame a mí o tortúrame para la eternidad o lo que quieras, pero no le hagas daño a él, es solo un bebé inocente.
A estas alturas y la pequeña Ishida todavía no había aprendido que cuanto más le suplicasen, más disfrutaba ese sanguinario ser.
-Lo he decido, tú serás la última en morir, ¡y tú el primero!
Dicho esto, tomó con una de sus patas a Yuujou, que pese a los gritos de su hermana, que le trató de agarrar y dejarlo a su lado, quedó en garras de ese ser.
-Yuujou Ishida, cuando tú mueras, todos tus compañeros perderán la esperanza.
-¡No, por favor!.- suplicó su hermana entre lágrimas.
-¡Ai-chan!.- forcejeaba el pelirrojo.
-Vas a ser mi comida.- reía el monstruo, mientras lo llevaba a la boca que tenía entre sus piernas.
Gritos de pánico y angustia, era la escena más aterradora que habían presenciado en su vida, Aiko se tiró a sus piernas para detenerle, lo mismo hizo Taiyou, pero no sirvió de nada, Ogudomon ya estaba a punto de meterse a Yuujou en la boca.
-¡Suéltalo!
Ese potente grito hizo que el digimon se detuviese por un instante y se volviese al chico.
-No me gusta que me griten cuando como.- dijo Ogudomon, soltando de malas maneras al pequeño pelirrojo, que corrió a los brazos de su hermana y volviéndose al chico que tanto le había irritado.
-Eres un idiota.- provocó Tenshi, lleno de ira.- no eras más que un idiota, el digimon más idiota que me he encontrado en la vida, ¿no te das cuenta que al único que deberías matar es a mí?.- preguntó con naturalidad.- porque yo soy luz, yo soy quien te va a destruir.- terminó de decir con una gran seguridad en sus palabras.
Al digimon no le gustaban esos tonos y esa arrogancia, pero en este caso, no pudo evitar estallar otra vez a carcajadas, porque tal y como estaba la situación, lo que decía Tenshi era inverosímil.
-Ni me acordaba de ti Tenshi Takaishi, porque tú ya estás muerto.
Esa declaración impresionó un poco al rubio, pero siguió mirándolo firmemente.
-No lo dirás cuando te mate.
-Mira a tu alrededor niño, ¿ves algo de luz?, no hay luz, la luz hace tiempo que fue destruida.
Tenshi se permitió el lujo hasta de sonreír.
-Sigues siendo un idiota, no te enteras de nada, quieres dominar algo que no has empezado ni a comprender. Mira a tu alrededor, no es más que luz lo que ves, es la otra cara de la luz, la oscuridad es luz y eso te destruirá.
Ogudomon dio un pequeño gruñido acercándose al chico.
-Por eso, niño.- susurró de manera siniestra.- también voy a destruir este lugar.
El hijo de Takeru tragó saliva, sobrecogido por esas palabras, no contaba con esto, entonces, ¿que era lo que quería este ser?, ¿vivir en la nada?, ¿o acaso crearía un mundo totalmente nuevo lleno de odio y maldad?
No reparó más en el portador de la luz, pero eso sí, quería hacerles desaparecer hasta la última gota de esperanza y ya sabía como hacerlo, mataría al primero de ellos.
-Taiyou Yagami.
-¡Cómeme el rabo!.- exclamó por acto reflejo. Tenía claro que él no iba a suplicarle nada a ese monstruo.
-¿Sabes?…
-¡Por qué no me matas directamente!, lo peor es escuchar tus chapas, ¡pesado!.- le cortó, mirándolo con asco.
El digimon ni se inmutó.
-¿Sabes?.- volvió otra vez a la carga.- el emblema de la amistad es muy parecido al del amor, son los emblemas que dependen de los demás, que solo se activan por los sentimientos de los demás, que se destruyen destruyendo a los demás.
Taiyou siguió mirándolo con desprecio, pero sin decir nada.
-Tengo un regalo para ti.
Un claro se formó delante de ellos, como una especia de ventana a otro lugar del mar de la oscuridad, en donde en seguida, todos reconocieron a sus seres queridos.
-¡Papá, mamá!
-Es Mephistomon.- susurró Tenshi.
-Le acabo de dar la orden.- dijo Ogudomon con triunfalismo.
-¿Qué orden?.- inquirió el moreno.
-La orden de que mate al portador de los milagros.
Al escucharlo, la cara de Taiyou reflejó verdadero espanto.
-¡No!, ¡mamá!
...
-Tengo que destruir al portador de los milagros.- anunció el digimon con aspecto de carnero.
Taichi permaneció delante de su esposa.
-Como la toques un solo pelo, te reviento.
Tomó de la barbilla al diplomático, elevándolo en el aire y con una sacudida lo tiró hacia un lado.
-¡Taichi!.- exclamó la mujer, dando unos pasos hacia atrás aterrada.
Siguió avanzando hacia la mujer, sacando por los aires a Daisuke, Yamato, Koushiro, Iori, en general todos los que trataron detenerle, sin apartar la vista de su víctima en ningún segundo.
Sin decir nada más, sus manos fueron tomando posición de ataque.
La pobre mujer cerró los ojos, sujetándose el vientre con fuerza, hasta que sintió que alguien la rodeaba con los brazos, colocándose delante de ella.
-No estás sola.- susurró Sora dulcemente.
Abrió lo ojos para darse cuenta que todas sus amigas estaban delante de ella y hasta los hombres, que se iban recuperando de sus golpes, corrían también a protegerla, excepto Taichi, que no paraba de darle puñetazos en la espalda, a pesar de que no le produjese ningún daño.
Cansado, con un aleteo lo empujó nuevamente varios metros.
-Morid todos juntos entonces.- determinó.
Cerraron los ojos, formando un gran abrazo, pensando en que si de verdad iban a morir al menos les consolaba hacerlo juntos, por un momento hasta sintieron que volvían a ser esos niños temerarios, esos niños que juntos, descubrieron hace tantos años el significado de la palabra compañerismo.
Escucharon un leve quejido y por eso algunos se atrevieron a abrir los ojos, lo justo para vislumbrar una flecha atravesando el corazón de Mephistomon, provocando que desde ahí, empezase a formarse una nube negra, quedando atrapada en el emblema de la desilusión. Estaba claro, que como pasó con Karatenmon, esos digimons nunca morirían mientras viviesen sus emblemas.
No obstante, las personas que se encontraban ahí no repararon en ello, al revés, miraron arriba y sonrieron recuperando la esperanza. Taichi desde el suelo, apresuró a voltearse para ver quien había salvado la vida de su mujer, de su hijo no nato y en general de todos sus amigos.
-Angewomon.- musitó alucinado, era lo último que se esperaba.
La digimon no se detuvo más tiempo, dio un vuelo y se alejó por el horizonte, eso sí, dejando un rastro de luz a su paso.
-Están aquí.- reflexionó Koushiro.
-¡Tenemos que encontrarles!.- exclamó Daisuke eufórico.
...
Justo en el momento en el que el espíritu de Mephistomon regresaba a su emblema, Ogudomon, bastante irritado, había hecho desaparecer esa pequeña ventanita.
-Entonces mi mamá está bien.- decía Taiyou confundido.
Su enemigo, sin embargo, ya parecía que no tenía ningún interés en esos chicos, ahora su mayor preocupación estaba en el cielo. Gruñó con rabia al ver como se acercaba esa inesperada digimon, Angewomon.
-¡Es Angewomon!.- señaló Tenshi esperanzado.
Todos la siguieron con la mirada, como volaba por encima de sus cabezas, incluso de la de Ogudomon, para finalmente detenerse a lo alto de unas rocas, en donde todos reconocieron al chico que la esperaba, sobre todo Yagami, cuya cara se iluminó al momento.
-¡Kibou!
...
-Hikari, ¿estás segura de que quieres ir por aquí?.- preguntaba un cada vez más temeroso Takeru.
-Tengo que ir por aquí, es por aquí.- respondió con contundencia la castaña.
Algo le decía que debía ir por ahí, que tenía una importante misión que llevar acabo y que la única forma de lograrla era siguiendo los pasos que hace a penas unos minutos, su hijo realizase en brazos de su padre. Era por eso, que Hikari se había adentrado por ese túnel, en el cual a cada segundo era más peligroso estar debido a las grietas que se estaban formando por las continuas sacudidas del exterior. Daba la impresión de que se estaba librando una terrible batalla, sin embargo Yagami no reparaba en eso. Su decisión era firme y ni titubeaba andando por ese lugar que tanto pánico le estuvo causando durante tantos años, prácticamente durante toda su vida.
Tan concentrada andaba pensando en su misión que a penas se inmutó cuando una de las paredes se rompió con un fuerte golpe, de donde salieron malheridos varios de esos extraños anfibios que habitaban ese lugar.
Rápidamente, Takeru trató de cubrir a Hikari.
-¡Cuidado!.- exclamó, mirando con desconfianza a esos agonizantes seres, pero lo que le inquietó un poco fueron las palabras que pronunció uno de ellos, al mismo tiempo que estiraba el brazo hacia Hikari.
-Van a destruirlo todo, ayúdanos.
El escritor frunció el ceño y le dio un manotazo para que ni rozase a su amada, no tenía muy buenos recuerdos de esa especie, sin embargo la castaña sí lo escuchó y hasta asintió, cosa que preocupó más a Takaishi, ¿acaso entendía de que le hablaban?
-Hikari esto no…- comenzó, cuando un tentáculo le agarró de la pierna y le hizo caer.
-¡Takeru!.- llamó ella, buscando al responsable de este ataque, el cual ahora se adentraba por la pared rota, MarineDevimon.
-¿Dónde está Dragomon?.- preguntó el demonio zarandeando al rubio.
-No sé de que me hablas.- masculló él, mientras trataba de zafarse venga darle patadas.
La compañera de Gatomon quedó unos instantes paralizada, se llevó la mano al pecho y retrocedió unos pasos. La inseguridad y el miedo habían vuelto a ella, porque no estaba preparada para enfrentarse a un digimon así, en medio del mar de la oscuridad.
-Takeru…- susurró.
El digimon del odio golpeó a Takeru contra la pared.
-Apuesto a que sois los padres de esos mocosos, o lo que es lo mismo, los antiguos elegidos, así que lo mejor será que os mate.- determinó.
El hombre hizo un gesto de dolor, pero aún tuvo fuerzas para dirigirse a Hikari.
-No te preocupes por mí, tú sigue adelante y termina tu misión, ahora lo importante es ayudar a nuestros hijos…
Esas palabras, mejor dicho ese tono, que aún sonando a últimas palabras desprendía esperanza, llegó directo al alma de Hikari. Tal vez lo mejor para todos, para el mundo y la humanidad en general fuese seguir, hacer caso a lo que decía Takeru, pero ella no pudo moverse ni un milímetro, es más, ni tan siquiera pasó por su mente la idea de abandonarlo, porque no podía perderlo, nunca más.
Recuperó el valor o por lo menos el dominio de su cuerpo y sin pensarlo dos veces, tomó la mano de Takeru fuertemente entre las suyas. Al sentirlo, el hombre la miró confuso y temeroso.
-Hikari… suéltame, suelta mi mano o también te cogerá a ti…
Ella negó con la cabeza con determinación.
-Nunca lo haré Takeru.
Y fue Takaishi el que sintió ganas de llorar por esas palabras, por ese gesto, ese mismo gesto de devoción que hiciese a los ocho años, en su primera batalla juntos, cuando él se prometió que siempre la protegería y ella le prometió que nunca lo soltaría.
Pero el enemigo no estaba dispuesto a alargar esta emotiva escena más.
-Morid juntos…- anunció, preparando uno de sus terribles ataques.
-¡No!, ¡no lo permitiré!.- exclamó Hikari con todas sus fuerzas.
Se concentró al máximo, de una manera como hace muchos años que no lo hacía y por eso se sucedió el milagro, la luz volvió a ella y comenzó a brillar como lo hiciese en su niñez.
Al segundo de sentir ese resplandeciente brillo que iluminó toda la cavidad, MarineDevimon no tuvo más remedido que soltar a Takeru y cubrirse, porque esa luz le hacía más daño que el más poderoso de los ataques. Los súbditos de Dragomon empezaron a recuperar las energías, porque para ellos esa luz era milagrosa y Takeru, una vez más, volvía a quedarse sin habla en presencia de esa mujer tan mística, despejando cualquier tipo de dudas que tuviese de su misión, sin duda alguna el Digimundo aún quería algo de ella, le seguía otorgando su poder.
-Hikari, tu luz.- a penas pudo balbucear, mientras se reincorporaba, porque Hikari, ya volvía a mostrar esa mirada de determinación y andaba con paso firme iluminando el túnel.
En cuestión de segundos llegaron hasta el gran portón, el cual ahora se encontraba entre abierto, Hikari entró con la vista al frente, sin ni siquiera reparar en que su marido estaba ahí, tirado en el suelo, quien sí lo vio fue Takeru.
-Hikari, ¡es Yuuto!.- señaló, al mismo tiempo que iba a auxiliarlo.
Pero la persona que ahora desprendía esa mágica luz ya no era Hikari, la esposa de Yuuto Hayashiba, la madre de Kibou, su amor de juventud, era como si un ente superior guiase sus pasos, como si la tuviese poseída, por eso, ni se molestó en mirar ni mucho menos socorrer a Yuuto, y solo se detuvo delante de la gran pared en la cual estaba grabado el símbolo de su emblema.
-Hikari, ¿Qué haces?, tenemos que sacarlo…- dijo el rubio apurado, mientras le tomaba del brazo para cargarlo al hombro, aunque se extrañó al ver lo que llevaba ese hombre en la muñeca, porque se parecía a ese anillo sagrado que solía llevar Gatomon.- ¿Qué es esto?
La maestra no dejaba de brillar y como pasase unos minutos antes, con la resurrección de Kibou, el emblema grabado en la piedra comenzó a relucir. Fue un brillo mucho más intenso que el que desprendía Hikari, tanto que hasta le hizo daño en los ojos a Takeru, que entonces se giró para verla.
-Hikari...- susurró con preocupación.
Y ya no pudo distinguir nada más, porque la cavidad estaba tornándose de un color tan blanquecino que no se podía ver nada.
-Vuestros emblemas os reclaman, ¡salid!.- invocó Hikari con decisión y hasta once luces de diferentes colores salieron de esa pared, perdiéndose por el techo, justo cuando eso pasó, el muro quedó de nuevo gris, Hikari dejó de brillar y cayó al suelo inconsciente.
Al verlo, Takeru, que todavía estaba en shock por este inesperado juego de luces, corrió a auxiliarla, aunque el temor regresó a él al escuchar acercándose nuevamente a ese demonio de MarineDevimon.
...
En la playa, todos continuaban expectantes al recién aparecido, bueno, en realidad Taiyou y Tenshi, ya le los demás estaban tan asustados y derrumbados por las palabras de Ogudomon que ni se enteraron de que el último de los suyos por fin estaba a su lado.
-¡Primo estás vivo!.- saludaba con alegría Yagami.
-Kibou.- susurraba con más cautela Tenshi, sin despegar la vista del chico.
Hayashiba ni les miraba, mantenía la vista fija en ese monstruo que era Ogudomon, así pasaron unos agónicos segundos, finalmente, el chico lo señaló.
-Tienes algo que me pertenece.
Solo al escuchar su voz, Musuko se atrevió a volver a levantar la cabeza del suelo.
-¿Kibou?.- preguntó sin apenas voz.
Lentamente, todos los demás niños iban enfocándole, no creyéndose que estuviese ahí, vivo, entre ellos.
-Deberías estar muerto.- dijo con contundencia Ogudomon.
-Dame mi emblema.- fueron las palabras del chico.
-No me hagas reír.- habló con sorna el terrible monstruo.- tú jamás poseerás este emblema.
-¡Deja de corromperlo!.- gritó con gran furia, con tanta potencia que se escuchó por toda la explanada. Por la potencia de su voz nadie diría que ese chico acababa de volver de la muerte.
-Primo, dale su merecido.- murmuró Taiyou con los ojos cubiertos de lágrimas.- ¡reviéntalo!.- alentó con todas sus fuerzas.
No obstante, esa arrogancia y prepotencia de Kibou acabó con la paciencia de Ogudomon.
-No tienes ni idea de lo significa ¡oscuridad!.- terminó en un gran grito que provocó una ráfaga de viento.
Kibou tuvo que cubrirse un poco con el brazo, pero no le hizo retroceder ni un paso.
-¿Y tú sí?, no eres digno de ese emblema, lo has tenido que robar para poder ser un digimon y no una sombra incapaz de hacer nada por sí solo, ¡eres un miserable!, ¡no eres nada sin mí!.- contestó Kibou con seguridad en sus palabras y provocando más si puede al digimon gigante.
-No pensarás lo mismo cuando te mate.- determinó, dispuesto a correr hacia él, pero se extrañó al darse cuanta de que estaba paralizado.
Al darse cuenta de que lo que había atado sus patas era un lazo de luz, buscó con la mirada al ser responsable de esto y gruñó al encontrarla parada al lado de ese chico, señalándole con el dedo.
-¿Crees que un ser tan sumamente débil como tú puede detenerme?.- dijo con desprecio, mientras rompía esa momentánea inmovilización.- pronto morirás con todos tus amigos y jamás volverás a enfrentarte a mí.
-Pues si tiene que ser así te llevaré conmigo, ¡Heaven´s Charm!.- lanzó Angewomon uno de sus más poderosos ataques, que como era de esperar fue bloqueado por Ogudomon con total facilidad.
Lo que no se esperaba era que fuese volando a toda velocidad y le diese un puñetazo en la cabeza, tan fuerte que logró volteársela.
-Eso es Angewomon, arrebátale el emblema.- murmuraba Kibou, presenciando la batalla con máxima atención.
No obstante, Ogudomon no estaba dispuesto a poner en peligro el emblema que ahora poseía y por eso desencadenó gran parte de su poder contra la compañera de Hikari.
-¡Golpe del mal!
Fue tan fuerte y poderoso ese golpe que prácticamente destruyó por completo a Angewomon y su cuerpo, repleto de magulladuras cayó al suelo, donde en seguida fue pisoteada por Ogudomon.
-¡Angewomon!.- llamó Taiyou con apuro, para buscar con la mirada a su primo, el cual seguía sin pestañear. Parecía que ni le afectaba la paliza que se estaba llevando su amiga.- ¡Kibou!
Cuando levantó la pata, Angewomon ya había desparecido y quien estaba ahí volvía a ser Gatomon, completamente agonizante, fue entonces cuando Kibou desvió la mirada al mar, Ogudomon, que por supuesto seguía manteniendo todos sus sentidos en ese chico hizo lo propio.
-Si esto es todo lo que tienes para venir a luchar conmigo, mejor te habrías quedado muerto.- se burló, dándole una despreciativa patada a la digimon, que le hizo rodar como una croqueta, ya totalmente inconsciente.
-Tu derrota empieza ahora.- anunció Kibou con la mayor de las calmas.
Justo en ese momento, hasta once luces de diferentes colores salieron del interior del mar, dirigiéndose con toda velocidad a la orilla.
-Que…- masculló Ogudomon, visualizando todo con prudencia.
-¡Mirad!.- llamó la atención Tenshi a todos sus amigos. Y es que los once emblemas, una vez más estaban flotando como si tuviesen vida propia.
Entonces, cada rayo de luz entró directo en sus correspondientes medallones, y los niños no se creyeron lo que apareció frente a sus ojos, porque no eran otros que sus compañeros, con su cuerpo máximo, con la digievolución sagrada de los emblemas, de la misma forma que lo desearon en el mundo de los deseos.
No tenían un cuerpo del todo definido, más bien se quedaban como hologramas, medio trasparentes, como si tan solo fuesen una ilusión, pero que gracias al poder de los emblemas, podían luchar esta última batalla.
-¡En pie Musuko!, yo estoy a tu lado.- habló Slayerdramon, provocando las lágrimas de su compañero, que todavía permanecía medio en shock.
-Makoto, esta vez no me iré, estaré a tu lado hasta el final.- determinó Marsmon, mientras el chico se secaba las lágrimas y miraba el espectáculo con pánico, pero un poquito menos que hace dos segundos.
-Nunca permitiré que ese monstruo te haga daño Shizuka.- anunció DinoRexmon.
-Adelante Minako, lo conseguiremos.- dijo Eaglemon, a pesar de que Minako no se lo creyese demasiado. Todavía estaba aterrada.
-Michael Kiyoshi, te aseguro que ahora sí es cuando el malo pierde y el héroe se queda con la chica.- sonrió Lostosmon con dulzura, haciendo que Mike se contagiase aunque fuese por un segundo, de esa tranquilizadora sonrisa.
-Pronto el Digimundo volverá a ser eso que todos amamos, te lo garantizo Osamu.- dijo con convencimiento Fujinmon.
-Jamás permitiré que hagan daño a algo que amas Aiko.- manifestó Valkyrimon, mientras la rubia se secaba esas lágrimas que cubrían sus ojos en los que ya se empezaba a ver de nuevo el brillo de la esperanza.
-Estoy orgulloso de ti Chikako, gracias por no rendirte jamás.- asintió TigerVespamon, provocando un ligero rubor en la niña.
-Vosotros ya habéis hecho vuestro trabajo, ahora es nuestro turno Taiyou.- dijo con determinación ShineGreymon. El moreno asintió ilusionado, con una de momento prudente sonrisa.
-Mantuvisteis la esperanza y eso nos ha hecho poder volver a luchar a vuestro lado, Yuujou.- explicó AncientGarurumon, mientra el pelirrojo lo miraba atónito, pero sin atreverse a asomarse mucho de la pierna de su hermana.
-Y la luz nos ha liberado para poder cumplir con nuestro deber, gracias Tenshi.- terminó SlashAngemon.
-De nada.- susurró débilmente el rubio, completamente paralizado por la situación.
No había duda que esta vez, eran las almas de sus compañeros las que estaban ahí, no era ninguna ilusión ni ningún deseo, de alguna forma, sus amigos habían renacido para estar a su lado en esta crucial batalla. Los once digimons, rodearon al gran Ogudomon, el cual no perdía de vista a ninguno de ellos.
-Seguís siendo demasiado débiles para mí.- comentó con desprecio.
-No importa, esta vez lucharemos hasta la eternidad si es necesario.- dijo el compañero de Motomiya.- ¡Shouryu slash!
Un alucinante dragón salió de su espada, pero lo más importante fue que logró impactar contra Ogudomon y hacerlo retroceder unos pasos.
Su respiración cada vez era más fuerte y furiosa.
-Sigues siendo ¡débil!.- gritó esto último, abriendo la boca de donde salieron unas potentes ondas llenas de maldad, las cuales Slayerdramon no pudo esquivar.
-¡Slayerdramon!.- llamó ShineGreymon al verlo caer al suelo.
-Estoy bien.- susurró, tratando de recomponerse. Aunque no lo consiguió, el golpe había sido demasiado potente. Ogudomon poseía una energía descomunal.
-¡Tenemos que hacerlo todos juntos!.- exclamó SlashAnegmon, buscando la aprobación de sus amigos, de lo contrario a Ogudomon le resultaría francamente fácil ir eliminándolos uno a uno.
Ya se estaban poniendo en posición de ataque, cuando una voz les llamó la atención.
-¡Esperad!
Hasta los niños miraron estupefactos y sin entender al ver que se trataba de Kibou. Seguidamente dirigieron la vista donde él la mantenía fija, al mar y quedaron sin habla por el espectáculo que se estaba produciendo, ya que las aguas se estaban abriendo.
-Increíble.- murmuró Tenshi.
-Waa… está abriendo las aguas, igual que Abraham…- narró Yagami aluciando.
-Será Moisés.- le corrigió, inconscientemente Chikako viendo el espectáculo igual de emocionada que sus compañeros.
Tras tantos miles de años, el Dios del mar de la oscuridad estaba dando la cara.
-Dragomon.- masculló Ogudomon con molestia.
-¿Dragomon?.- preguntó Kido, entrando más en pánico.- ahora sí que estamos muertos.
Nadie le contestó, se limitaron a seguir con la mirada a ese horrible digimon, no creyéndose que se encaraba a Ogudomon, ¿acaso el terrible Dios de la oscuridad del cual siempre habían oído barbaridades estaba de su lado?
-¿Qué significa esto?.- inquirió Tenshi frunciendo el ceño, ya no se fiaba de nada.
Viendo la desconfianza de sus compañeros, los digimons se pusieron en guardia.
-¿Vamos a tener que luchar también contra él?.- preguntó ShineGreymon, siguiendo sus movimientos.
-¿Por qué has salido de tu pocilga de mar?.- preguntó Ogudomon con asco.
-Porque quieres destruirlo todo y no puedo permitirlo.- contestó el digimon marino.
Al escucharlo, Musuko removió la cabeza desorientado.
-¿Dragomon es de los nuestros?
-Vivir para ver.- continuó Shizuka en estado de shock.
-Pues yo no me fío de él.- les sacó de su burbuja un serio Taiyou. Jamás le perdonaría lo que le intentó hacer a su querida tía cuando era niña.
Una vez más, la reencarnación de Akuma rió de forma arrogante.
-Mírate, eres un ser vomitivo. Tú y todos esos parásitos que vivís bajo ese mar moriréis y con ello todos los digimons.
-Humanos y digimons jamás dejaremos que eso pase, luz y oscuridad se harán uno y eso será tu destrucción definitiva.- anunció Dragomon preparando su ataque.- ¡Forbidden trident!
Un de sus tentáculos se prolongó de manera asombrosa dando forma a tres afiladas puntas que no llegaron a impactar contra Ogudomon debido a que este se movió rápidamente en el último segundo. Eso creía cuando fue consciente de que tenía un pequeño rasguño del que emanaba una sustancia negruzca en una de su patas.
-Gusano.- masculló el gigante enfurecido.
Dragomon no se achantó ni mucho menos.
-Digimons, esparcíos y detened a sus siervos, él es cosa mía.
Los compañeros de los niños se miraron entre ellos con desconfianza, no las tenían todas consigo de dejar a los chicos otra vez solos.
-¡Hacedlo!, ¡tenéis que detener a esos monstruos antes de que hagan algo irreparable!.- ordenó Kibou, con seguridad en sus palabras.
Fue escucharlo, lo que hizo que por fin Musuko lograse reponerse, se levantase e hiciese ese gesto tan característico en él de apretar los puños con fuerza.
-Ya habéis oído a Kibou.- dictaminó, asintiendo a su amigo. Había estado demasiados días pensando en que opinaría su mejor amigo Kibou de muchas de las decisiones que había tomado y ahora que por fin lo tenía a su lado, no objetaría nada de lo que dijese. Confiaba ciegamente en su criterio.
-De acuerdo Musuko.- obedeció Slayerdramon.- ¡adelante compañeros!
Y en cuestión de milésimas, esas once apariciones se desperdigaron por el cielo del mar de la oscuridad.
-Pero, no os vayáis…- musitó Kido perplejo, una vez más regresando a su posición favorita: la avestruz.
...
-Cerdos.- mascullaba con rabia, un pequeño digimon azulado, sacando fuerzas de la nada para volver a ponerse en pie y atacar.- ¡V-cabezazo!
Con un simple movimiento Astamon lo volvió a esquivar y el compañero de Daisuke quedó incrustado en la tierra.
-¿Y este es el gran V-mon?.- se carcajeaba Astamon, levantándolo de la cabeza.- ¿por qué no te fusionas ahora?
SkullSatamon, que se estaba entreteniendo jugando a una especie de golf con su báculo y los otros compañeros de los digidestinados originales, comenzó a reír. Clavó su vista en un digimon en concreto, Wormmon y lo agarró también de muy malas formas.
-Sois la escoria de los digimons.- lograba articular Gabumon, tratando de levantarse, cosa que no consiguió debido a la patada que SkullSatamon le proporcionó cuando pasó a su lado.
-Según lo que hemos oído, vosotros erais el fabuloso Imperialdramon.- continuó Astamon.- ¿Cómo lo hacías?, ¿algo así?
Dicho esto, los golpearon con toda la fuerza que disponían el uno contra el otro, haciendo que cayesen inconscientes.
Los digimons del mal estallaron otra vez a carcajadas, realmente se estaban divirtiendo mucho con este sádico juego, pero entonces un ruido, correspondiente a algo o alguien que quebraba el cielo a gran velocidad les alertó.
-¿Qué?.- cuestionó el digimon de la pereza.
-Yo creo…- empezó una voz que reconocieron, pero que no pudieron localizar de donde venía.
-… que era algo así.- terminó otra voz.
-¡Tenryu slash!
-¡Splatter Hunting!
Como dos bolas incandescentes, una anaranjada y la otra blanquecina, pasaron de un lado a otro, tan rápido que los digimons de Akuma no supieron ni quienes eran, ni de donde habían aparecido, solo que en ese momento SkullSatamon ya estaba cortado por la mitad, volviendo a ser esa maraña oscura que quedaba atrapada en el emblema de la perversidad y que el cuerpo de Astamon estaba completamente destrozado, y también se hacía sombra oscura, regresando al emblema de la pereza.
Entonces sí, los digimon de cuerpo infantil pudieron vislumbrar a sus salvadores.
-Slayerdramon…- musitó Hawkmon.
-DinoRexmon.- hizo lo propio Armadillomon.
...
El rostro de aquel hombre, casi siempre inalterable y carente de emociones, ahora manifestaba un horror indescriptible, mientras sus pupilas reflejaban las tres cabezas de ese ser que gruñía ante él y que con una sola orden se tiraría a despedazarlo sin compasión.
-¿Serás mi esclavo, humano?.- reía LadyDevimon mientras acariciaba y mantenía quieto a Cerberumon.- puedo divertirme mucho contigo.- se dirigió hacia el hombre, levantándole la cabeza de los pelos.- ¿te portarás bien?
-¡Deja a Paul, él no tiene nada que ver con esto!.- defendió el rubio, momentos antes de llevarse un nuevo golpe, con el mango del tridente, en la tripa.
LadyDevimon, con su sádica sonrisa, se volteó hacia el otro humano, el cual ahora estaba por los suelos, siendo pateado por Phelesmon.
-Phelesmon, no seas tan duro, ese humano es muy guapo, seguro que también me puedo divertir con él.
El digimon de la hipocresía dio un gruñido de rabia y loco por los celos volvió a golpear a Michael, pero esta vez en el rostro.
-Cuando acabe con él ya no te parecerá guapo en absoluto, te lo garantizo nena.- dijo, elevándolo de la camisa, provocando las risas de satisfacción de la digimon demonio.
Le dio una tanda de puñetazos en el abdomen, era un espectáculo horripilante en el que Paul ni siquiera pudo intervenir ya que, ese digimon de tres cabezas, observándolo y gruñéndole a menos de dos centímetros le había dejado paralizado, lleno de pavor. Finalmente, con un golpe de su tridente en el cuello, Barton quedó inconsciente, tirado en el suelo.
Entre risas, LadyDevimon se agachó a donde estaba, acariciándole el cabello.
-Oh, pobrecito.- luego miró indignada a Phelesmon, que estaba pavoneándose por su hazaña.- ya veo que contigo no voy a poder tener mis esclavos humanos.- bufó la digimon, borrando de su mente su harén particular de hombres buenorros.
-Nena, ¿para que quieres a estos sucios humanos teniéndome a mí?.- preguntó el digimon, atrapándola de la cintura.
La digimon de la lujuria pasó la mano, por una de las heridas de Michael, impregnándosela de sangre, después se la llevo a los labios, para que el beso que se daba con Phelesmon fuese más delicioso. Acto seguido, el digimon ángel caído miró a Cerberumon, ya que querían festejar cuanto antes esta victoria, por eso, lo mejor sería que acabasen con esto ya.
-Cerberumon, mata ya a ese humano asqueroso y larguémonos de aquí.
Dicho y hecho, el digimon con forma de perro se abalanzó sobre el aterrorizado hombre. Las dementes carcajadas de la pareja ponían banda sonora a este espectáculo atroz, pero desaparecieron cuando vieron a su "mascota" siendo estrangulado por una serpiente negra.
Alzaron las vista para ver a la responsable de esto y gruñeron.
-Pagareis por lo que habéis hecho.- advirtió, señalándolos con su cetro, la recién aparecida Lotosmon.
-¿Qué hace esa zorra ahí?.- masculló LadyDevimon.
-Yo me encargo.- la señaló Phelesmon con su tridente.
-Ni hablar, déjamela a mí.- le pegó un empujón la digimon demonio, volando hacia la compañera de Mike.
Y sin más dilación le proporcionó una bofetada.
-¿Así que quieres pelear?.- preguntó Lotosmon, girando la cara.
-Solas tú y yo.- sentenció LadyDevimon.
El ataque no se hizo esperar, la digimon de la lujuria transformó uno de sus brazos en un enrome punzón que dirigió a su oponente, ella lo bloqueó con su cetro, aprovechando para darle un golpe en la cara con su otro cetro, el formado por dos serpientes, una blanca y otra negra.
LadyDevimon se alejó un poco apretando el puño con rabia, mientras se pasaba la otra mano por el rostro, para darse cuenta de que había sido herida.
-Vas a ver… ¡melodía de oscuridad!
Una onda de fuego fue directa a la digimon de los deseos, que con una elegancia y facilidad pasmosa, lo esquivó. Y ahora, sería su turno.
-Vas a ser destruida.- advirtió mientras preparaba su ataque, ante la cara de terror de Phelesmon.
Lo que desconcertó a Lotosmon fue que LadyDevimon ni se movió, solo se dedicó a sonreír, y es que, como buen digimon hecho de maldad su palabra no valía nada y un ya recuperado Cerberumon iba directo a por la compañera de "Mishi".
A penas le dio tiempo a reaccionar, solo a ver tres cabezas cortadas en el suelo y que Cerberumon se trasformaba en esa masa oscura, para acabar metido en el emblema de la desesperación. Había sido destruido.
Los tres digimons presentes observaron al responsable de esto, TigerVespamon, que blandía sus cortantes espadas al aire.
-Creí que dijiste que era algo entre las dos.- comentó el compañero de Chikako, mirando a LadyDevimon con desagrado.
La sierva de Akuma gruñó y Lotosmon rápidamente volvió a lo que estaba haciendo, sin saber, que el combate entre las dos había finalizado, ahora era un todo contra todos.
-Ni la toques.- saltó Phelesmon.- ¡estatua negra!
El ataque pilló por sorpresa a Lotosmon, que no pudo hacer nada por evitarlo y de esa forma, quedó atrapada en una espelúznate estatua negra como la noche.
-Traidores.- rugió el digimon de la tenacidad, mientra pegaba un veloz vuelo para esquivar el ataque de LadyDevimon.
-No te enfades, somos un equipo, como vosotros.- decía la digimon demonio con diversión, tratando de visualizar a TigerVespamon. Era tan veloz, que les era imposible localizar su posición. Tras unos cuantos ataques al aire, sin que ninguno lograse impactarle, los demonios ya empezaban a impacientarse con ese digimon.
-¡Eres un cobarde maldito bicho!.- gruñía LadyDevimon.
-¿Ah sí?.- preguntó el digimon avispa.
Agitó la cabeza sorprendida al verlo justo delante de ella, ahora no se le escaparía.
-Te voy a cazar como el insecto que eres.- comentó, trasformando su brazo, de nuevo en esa terrible lanza.- ¡lanza de oscuridad!
Escuchó un quejido, pensó que lo había logrado, pero no era así, una vez más el digimon de Chikako había sido visto y no visto y al digimon que atravesaba no era otro que a Phelesmon.
-Nena…- susurró agonizante, mientras de la herida provocada por su amada, empezaba a formarse esa masa oscura.
LadyDevimon no se creía lo que estaba pasando, que ella misma hubiese acabado con su compañero.
-Phelesmon.- susurró medio en shock.
Y el digimon de la hipocresía, también acabó atrapado en su emblema, dejando a LadyDevimon con un gran sentimiento de amargura y sobre todo furia.
-¡Maldito!.- gritó buscando a TigerVepspamon con la mirada, a la vez que provocaba que una horda de murciélagos saliesen de ella.
Lo que no esperaba era que los murciélagos empezasen a caer uno a uno debido al prodigioso arco iris que se estaba formando. Entrecerrando los ojos molesta, enfocó a la responsable de esto, Lotosmon, que ya había salido de su prisión tras la desaparición de Phelesmon.
-Reúnete con él.- fueron sus palabras.- ¡Séptima melodía!
El arco iris penetró en la digimon, transformándola también en esa sustancia oscura, que acabó consumida dentro del emblema de la lujuria, que como el de sus compañeros, cayó al suelo sin vida.
...
-¿Estás seguro de que ya estás bien?.- preguntaba, sin demasiada confianza, el anciano del Digimundo retrocediendo, mientras blandía un palo al aire.
-Sí, Gennai, tienes que creerme.- respondió Centauromon, acercándose a su amigo.
-¡No te acerques!.- exclamó el digi-humano, alterándose por completo.
Quedó de piedra al escuchar un gruñido a su espalda y sentir como una gran bola de energía impactaba a pocos metros de él, haciendo que cayese del impulso.
Miró lo justo para darse cuenta de que se trataba de MetalTyranomon y ya todas las dudas desaparecieron al instante respecto a su amigo Centauromon, ya que corrió a subirse a su espalda y esconderse.
-De acuerdo, te creo, protégeme.
Centauromon asintió, sin poder evitar dar unos pasos hacia atrás. Él estaba débil y ese digimon era mucho más poderoso que él.
-¡Giga Destroyer!.- lanzó el digimon del orgullo un misil de su mano.
El digimon centauro logró reaccionar a tiempo para esquivarlo, mientras el cuerpecito de Gennai volaba agarrado a los tubos de escape que su amigo tenía en la espalda.
-Ten más cuidado.
-Encima con exigencias.- murmuró Centauromon, preparando su brazo.- ¡Rayo solar!
-¡Llamarada metálica!
MetalTyranomon expulsó una bola de energía de la boca que pulverizó el ataque de Centauromon antes de que ni siquiera llegase a rozarle.
Asustado por semejante digimon, el anciano Gennai empezó con uno de sus ataques de viejo senil.
-Eres un debilucho, tienes que acabar con él, ¡has oído!.- zarandeó al pobre Centauromon, que agradeció llevar casco porque eso impidió que le salivará por completo el rostro.
-Sí, eh…- un tanto asustado, el cuadrúpedo asintió, a pesar de que MetalTyranomon tuviese todas las de ganar, intentaría hacer una batalla cuerpo a cuerpo.
No obstante, no llegó a producirse debido a que, para sorpresa de Centauromon y alivio de Gennai, MetalTyranomon estaba siendo congelado.
-AncientGarurumon, menos mal que todavía existen digimons fuertes que me protegen.- asintió el digi-humano, haciendo que Centauromon perdiese la paciencia y le diese una coz tan fuerte que lo sacó volando. Acto seguido, fue Valkyrimon la que se apareció al lado del compañero de Yuujou, preparando su ballesta.
-¡Flecha relámpago!
Como era de esperar, no falló su objetivo y penetró en el congelado digimon, que empezó a decomponerse en ese humo oscuro que acabó con el emblema del orgullo en el suelo.
-¿Estáis bien?.- se interesó el digimon de la esperanza.
Centauromon miró hacia otro lado como quitando importancia a su vital aparición.
-Yo también podría haber hecho eso.
...
Su espada de fuego llameante cayó al suelo, cayendo él también de rodillas, mientras esos tentáculos no paraban de aprisionarle y robarle la poca energía que le quedaba a un digimon tan poderoso como él.
-¡Mystimon!.- gritó Socerymon, intentando un nuevo ataque, seguido de FlameWizardmon, pero como pasase con anterioridad, Argomon los despachaba con su suma facilidad con sus brazos.
El mago de hielo rodó por los suelos, viendo como el digimon más fuerte que conocía sucumbía ante el malvado Argomon.
-Y ese cobarde de Wisemon estará escondido como una maldita rata.- bufó, apretando los dientes con rabia.
Sin embargo, Mistymon aún no había dicho su última palabra y sacando fuerzas de las mismísimas entrañas, logró liberarse del agarre de Argomon.
-¡Nucleo Dart!.- atacó con su bola, gastando así toda la energía que le quedaba.
Una gran bola de fuego quemó parcialmente las enredaderas de Argomon, pero no llegaron a alcanzar al digimon, que descargó toda su furia contra el digimon de cuerpo último, dándole una agonizante tanda de descargas eléctricas.
Mystimon quedó inconsciente, pero Argomon no pudo acabar con él debido al embiste de Eaglemon, que le hizo retroceder considerablemente.
El digimon tardó media milésima en analizarlo, también al compañero que aparecía por el otro lado, Fujinmon.
-Vamos a hacerte desaparecer.- anunció con convencimiento el compañero de Osamu.
Miles de ojos les rodearon, desapareciendo por un momento Argomon. Tanto a Eaglemon como a Fujinmon les desconcertó esta acción, buscando con la mirada donde se había escondido el digimon de la avaricia, tras segundos de confusión, empezaron a lanzar ataques a todos los ojos que les rodeaban, pero era inútil, hasta que por fin, un tentáculo de Argomon se dejó ver, directo a atrapar a Eaglemon.
-¡Cuidado!
No logró hacerlo porque FlameWizardmon se adelantó y la enredadera se enganchó en él.
-¡FlameWizardmon!.- exclamó Socerymon captando la atención de los otros digimons.
Era tarde, el digimon mago estaba a punto de desfallecer y el ataque de Argomon cada vez era más potente, lo estaba exprimiendo por completo.
-Sorecymon, saluda a Chika-chan de mi parte…- balbuceó, segundos antes de que una descarga provocase que se empezase a trasformar en datos.
-¡FlameWizardmon!.- gritó Socerymon aterrado.
Eaglemon y Fujinmon compartieron la furia de su amigo, acordando que no desperdiciarían esta oportunidad, ni dejarían que la muerte de FlameWizardmon fuese en vano. Es por eso, que siguiendo el camino del tentáculo, ambos atacaron a la vez con su máxima potencia.
En cuestión de segundos los ojos desaparecieron y Argomon se hizo visible, eso sí, cubierto de llamas, el fuego de la venganza caía sobre él. Entre el color anaranjado del fuego se dejó ver una sombra negruzca que se consumía dentro del emblema de la avaricia. Argomon, había sido derrotado.
...
Desde que había despertado de su leve desmayo, la única preocupación de Hikari residía en aquel hombre, el cual antes, al entrar en la gran habitación submarina había pasado hasta inadvertido para ella. Algo completamente imperdonable.
Ya había perdido a su hijo, no podía perderlo también a él.
-Mi amor despierta por favor, por favor, no me hagas esto….- susurraba entre lágrimas abrazada con fuerza al cuerpo de su marido.
De pie, justo delante de ellos, permanecía Takeru, que miraba de soslayo esa escena, provocando una gran angustia en su corazón por varios motivos, para acabar siempre con su mirada seria y desafiante al frente, por donde estaba entrando ese despreciable digimon que era MarineDevimon.
-Menuda estampa.- comentó el digimon del odio, adentrándose en tono burlesco.
-No te acerques más.- advirtió Takaishi, tratando de intimidarlo, cosa que por supuesto era imposible.
-¿Qué vas a hacer?, antes tuvisteis suerte, pero ahora esa mocosa vuelve a ser una mujer débil y desvalida y tú un humano miedica y llorón.- explicó el demonio marino, en una intensa carcajada.
Takeru apretó el puño con fuerza y también los dientes, muestra de la furia que contenía en ese momento. Puede que tuviese miedo, de hecho lo tenía, pero se prometió hace mucho tiempo que no lo mostraría, no delante de Hikari y mucho menos, no delante de un ser de oscuridad.
-El bien vencerá, porque mientras resida una gota de esperanza, la luz brillará con fuerza en nuestros corazones. No puedes vencer a eso, ni tú, ni tu amo, ni nadie, ¡la esperanza es eterna!.- habló con convicción en sus palabras.
El discurso, sí caló en Hikari, que provocó que por un momento dejase de mirar a Yuuto y lo mirase a él, sin embargo, para MarineDevimon solo eran unas palabras vacías, debido a que provenían de una persona que estaba a punto de morir.
-No pensarás eso cuando solo veas oscuridad… ¡Guilty Black!.- atacó, impregnado con un chorro de tinta al rubio y un poco de refilón a Hikari, pero sobre todo a Takeru, que de nada le sirvió protegerse con los brazos. Acabó cubierto de esa sustancia desde la cabeza hasta los pies y por supuesto cegando su visión momentáneamente.
-¡Ahora muere!.- anunció el digimon.
La angustia de Takeru fue extrema cuando escuchó un golpe y vio que él no había sido quien lo había recibido, por eso su primera reacción fue preocuparse de su amada, ya que eso era lo que más temía, que le causasen algún daño a ella.
-¡Hikari!.- llamó desesperado.
Se le quitó el peso del corazón, sintiendo un gran alivio al notar su mano cogiendo la suya y su dulce voz.
-Estoy bien, no te preocupes, ha venido un amigo.
Takeru le tocó el rostro, para cerciorarse de que en verdad estaba bien y hasta la abrazó, mientras MarineDevimon había sido empotrado contra la pared, porque como narró Yagami, un amigo había venido en su ayuda, en este caso, Marsmon.
-Tengo una pendiente contigo maldito molusco.- hablaba el compañero de Makoto.
MrineDevimon se revolvió de su agarre furioso, empezando con una tanda de ataques de sus tentáculos, que Marsmon esquivaba con una facilidad pasmosa. Ahora el poder estaba de su lado, y por fin podía luchar a su máxima potencia.
-Cuando acabe contigo, iré directo a matar al llorón de tu compañero.- se atrevió a decir el digimon demonio, en un tono provocador.
No obstante, eso fue su perdición, la gota que colmó el vaso de la paciencia de Marsmon.
En el nuevo ataque de MarineDevimon, Marsmon se quitó a tiempo, de tal forma que el digimon del odio impactó con sus tentáculos en la pared, quedando, por unos segundos atrapado, situación que no desperdició el digimon de la sinceridad.
-¡Corona Sanctions!.- dio un gran saltó y cubierto de llamas cayó en picado contra MarineDevimon, que no tuvo la velocidad suficiente para apartarse.
Takeru aún tenía demasiada tinta por la cara como para ver, la que sí vio la escena fue Hikari, a la que le sobrecogió ver esa sombra oscura, quedándose atrapada en un emblema, el del odio, que era el que había sido desactivado.
...
Los niños estaban siendo testigos de esta espectacular batalla que nunca se imaginaron que pudiesen llegar a presenciar, como el digimon de las profundidades del Dark Area, al cual siempre temieron por su oscuridad, era el único que hasta ahora estaba plantando cara al temible Ogudomon.
-Vamos Dragomon.- musitaba Kibou, dejando que la batalla se reflejase en sus resplandecientes ojos avellana.
Sin duda el que tenía todas las de perder era Dragomon, que no paraba de recibir golpes de la reencarnación de Akuma, pero eso sí, todavía conservaba las fuerzas suficientes para resistir durante buen tiempo sus ataques.
Pero Ogudomon ya estaba cansado de este contratiempo, acabaría de una vez por todas con él con uno de sus ataques más poderosos.
-Ya me tienes harto.- dijo con rabia, después de recibir una nueva herida en una de sus piernas.- ¡Cathedral!
De su boca empezaron a salir ondas compuestas de maldad, directas a Dragomon, sin embargo no llegaron a impactarle debido a que sin que nadie se hubiese dado cuenta, sus súbditos estaban rodeándole recibiendo así el golpe, el cual les hizo desaparecer en el acto a muchos de ellos.
-Que asco.- rezongó con desprecio Ogudomon.
Lo que no se esperaba era que los que habían sobrevivido, se lanzasen a él para tratar de inmovilizarlo, sin obtener un resultado demasiado satisfactorio, ya que con un leve movimiento, salieron por los aires.
-Pobres.- susurró Minako al verlo, sin poder controlar las lágrimas.
-Esa asquerosa raza desaparecerá contigo.- sentenció Ogudomon, señalando a Dragomon, que veía con desesperación como todos los suyos caían uno detrás de otro.
-No hace falta ser tan cruel.- se atrevió a elevar su voz Izumi, al presenciarlo.
Eso provoco la risa de Ogudomon.
-No tienen derecho a existir.- repitió, ahora ensañándose con cada uno de esos seres. Primero los aniquilaría a ellos.
-¡Detente!, yo soy tu enemigo.- trató de sacar la cara por los suyos Dragomon, pero Ogudomon lo ignoró. Esto era mucho más divertido y cruel.
-¿Quién eres tú para decidir quien tiene derecho a vivir y quien no?.- preguntó, con toda la fuerza que le daba ver una injusticia semejante, Shizuka.
-Soy el ser más poderoso del mundo y eso me da derecho a todo.- argumentó Ogudomon furioso, acabando con el último de esos pseudo anfibios que habitaban las profundidades.
Eran seres que hasta ese día eran repudiados por todos, digimons de la luz, digielegidos, y hasta digimons oscuros, pero que no habían dudado en dar su vida por una causa que ni llegaban a comprender, solo sentían que era su deber, y esa valerosa acción había llegado a los corazones de los doce niños, sintiendo cada vez más repulsión hacia ese maldito Akuma.
-Alguien que usa su poder para abusar de los más débiles es un cobarde.- dijo Taiyou con los ojos vidriosos.
-Das asco, tú si que deberías estar muerto.- comentó Aiko, mirándolo con desprecio.
-Y además eres feo.- añadió Yuujou sacándole la lengua, eso sí, bien escondido tras la pierna de su hermana.
-Lo que haces no tiene nombre, ya no me infundes ningún miedo.- dedicó sus palabras Kido, todos lo miraron y Makoto rectificó.- bueno un poco sí, pero poco…
-Ni si quiera eres un digimon, eres un monstruo.- argumentó Osamu.
-No estás a la altura de ser el malo de mi peli, como mucho un extra cutre sin líneas al que mato de un golpe.- escupió "Mishi", mirándolo con superioridad.
-Tiene razón, hasta los malos deben tener un poco de nobleza para ser dignos rivales, tu careces de todo eso y te atreves a presentarte ante nosotros. No eres digno.- acabó con dureza Musuko, asqueado.
-Ya no causas temor, solo das asco.- añadió Tenshi.
-Resultas patético.- finalizó Kibou negando con la cabeza.
-¡Basta!.- gritó enfureciéndose, provocando una nueva onda de oscuridad, la cual esta vez, no derribo a ninguno de los niños.
Si algo enfurecía a un ser malvado que ansiaba la destrucción, era el hecho de no causar temor ni a un niño de cinco años, era desesperanzador.
-Cuando os destruya os acordareis de mí hasta la eternidad.- advirtió, dispuesto a atacar con sus patas, pero no las pudo mover, porque estaban siendo inmovilizadas.
-Es genial.- sonrió Musuko al ver el milagro, y es que, de cada digivice había salido una luz del color representativo del emblema de cada uno, inmovilizando así por completo a ese gigante digimon, el cual, por mucho que lo intentó, no pudo librarse de esa sujeción tan sagrada.
-¡Ahora!.- pidió Kibou.
-¡No!.- se resistió Ogudomon.
Con un impulso de sus tentáculos Dragomon se elevó al cielo, justo a la altura de la cabeza de ese ser. Estaba paralizado, pero todavía podía atacar.
-¡Cathedral!.- atacó, sacando una onda de su boca.
Impactó de lleno en Dragomon que empezó a descomponerse al segundo, no sin antes acercar el tentáculo en el que tenía su último anillo sagrado a la frente de Ogudomon, donde permanecía el emblema de Kibou.
Un fuerte resplandor invadió todo el lugar, los niños tuvieron que cubrirse los ojos para no dañarlos, todos menos Tenshi y Kibou a los que esta luz no les afectaba en absoluto y pudieron ver a la perfección lo que pasaba, como antes de desaparecer por completo, Dragomon había adoptado la forma de una especie de ángel, tal vez su verdadera forma digimon, Ogudomon desaparecía, convirtiéndose en una sombra oscura, con esos ojos rojos que tanto temían los portadores de la luz y la oscuridad y como el emblema de este último se elevaba por el cielo, de nuevo sin dueño, de nuevo ansiando a su legítimo portador.
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N/A: chananana… demasiadas fumadas ¿sí?, ¿no? Bueno está claro que este capítulo fue un poco homenaje a grandes momentos de digimon: lucha entre LadyDevimon y Angewomon (solo que esta vez con Lotosmon) momento takari como en la lucha contra Piedmon, hasta las líneas fueron las mismas. Los siervos de Dragomon emulando a esos maravillosos Numemons contra Machinedramon, Hikari brillando una vez más, tal vez por última vez con luz propia (nunca mejor dicho), los digivice sujetando al maloso gigante, como hiciesen con VenomMyotismon, FlameWizardmon poseído por el espíritu heroico de su amigo Wizardmon sacrificándose por sus amigos, SkullSatamon muriéndose de un golpe y cortado por la mitad como le pasase a Machinedramon en una de las mejores escenas de todo digimon (siempre me hizo llorar, Hikari desmayada en brazos de su hermano, canción heroica y WarGreymon corriendo hacia su enemigo) de fijo que me dejo algo… siento la falta de originalidad pero me salió así y me encanta como quedó, porque al fin y al cabo, ¿qué es este fic más que un homenaje al mejor anime de todos los tiempos?
Siento si las batallas contra los malosos quedaron apuradas o aburrieron por ponerlas todas seguidas, pero tenía que hacerlo así, no podía intercalarlas con nada.
No sé que más decir, así que, vuestros comentarios serán bien recibidos y las dudas respondidas. Y sí, se acabó, hoy es el último día para votar, a pesar de que quedan 2 capítulos y el epílogo, la trama y la acción de los niños acaba aquí, en los próximos capis tendrán un papel más general, tipo a los primeros capítulos (vamos, tope sorato, los demás papeles secundarios… XD). Además, así tengo tiempo de sobra para escribir el premio jeje. De modo que 3 nombres y 3 razones y muchas gracias por llegar hasta aquí, me ha hecho muy feliz compartir este fic con vosotros. (esto ya suena a despedida, voy a llorar)
Ahora os dejo, por última vez con mi amado… ¡Ranking!
1-Tenshi Takaishi (19 puntos): el portador de la luz, hijo de Takeru Takaishi, quien marcó el camino a seguir en muchas ocasiones y tuvo la pelea más fuerte, no solo física, también mental. El rubio del grupo arrasó en esta penúltima votación y ya casi, casi, le puedo ver brillando ese mágico oro en el cuello, ¿se llevará algún punto en esta última votación?
2- Yuujou Ishida (15 puntos): el portador de la esperanza, con sangre de héroe por las dos partes, su padre: Yamato Ishida y su madre: Sora Takenouchi, quien dio esperanzas en la más absoluta oscuridad y seguramente, aunque solo sea por un segundo, te ha hecho esbozar una tierna sonrisa. El benjamín también se llevo unos cuantos merecidísimos puntos, ¿se merece alguno en este último capítulo? (mirada tierna de Yuujou)
3- Taiyou Yagami (11 puntos): el portador de la amistad, hijo de la leyenda viva del Digimundo Taichi Yagami, quien no dejó de creer nunca en sus amigos y en sus seres queridos. Un merecido bronce para un chico que vale millones., ¿lo votarás una vez más?
4- Kibou Hayashiba (10 puntos): el misterioso enigma de este fic, el chico al que todo el mundo tenía ganas de escuchar y de ver, por fin se reunió con los demás, reclamando como el héroe que es su legítimo emblema. ¿un punto más para que haga leyenda?
5- Michael Kiyoshi "Mishi" Barton (8 puntos): el niño más divertido del fic, el más loco, el más enamoradizo y seguramente también el que más grande tiene el corazón. ¿le ayudarás a alcanzar la estrella de la fama con un punto?
6- Musuko Motomiya y Yuuto Hayashiba (7 puntos): el líder y el único adulto que permití entrar en esta votación, dos generaciones, un mismo objetivo, ¿no se han ganado con su esfuerzo un merecido punto?
8- Aiko Ishida, Osamu Ichijouji, Chikako Izumi, Minako Ichijouji y Makoto Kido (5 puntos): digielegidos todos, guerreros de corazón puro. Sufrieron, rieron , lloraron y amaron hasta más allá de sus fuerzas, todo por lo que creen, todo por el Digimundo. ¿un punto más para estos héroes?
9- Pschymon y Shizuka Hida (4 puntos): el digi que más alto llegó, la digielegida aventurera que más abajo se quedó, pero sin ellos, nada hubiese sido posible. ¿No se han merecido un valioso punto?
10- Patamon, Akari según Taichi, para darle una emoción inexistente "?" Yagami y Yoshi Ichijouji (3 puntos): el digi de la esperanza por excelencia, los digielegidos que han luchado con el alma, ¿alguno de ellos se llevará un, seguro que sí, merecido punto?
11- Gabumon y Gatomon (2 puntos): otros dos digis, mi digi favorito por excelencia y la digi que me hizo llorar la primera vez que digievolucionó, ¿serán merecedores de un último punto?
12- V-mon, Tentomon y Leomon (1 punto): y tres digis más, el que más me ha hecho reir no solo en este fic sino en su predecesor, un simpático y valeroso cabezón o el digi que siempre acaba muerto, aunque no sea de una forma demasiado heroica. ¿acabarán el ranking con un nuevo punto?
Publicado: 5/06/2011
