¡Hola! Pufff...al fin mi semana de exámenes ha terminado y puedo relajarme un poco y publicar un nuevo capítulo. :)
Disclaimer: Obviamente, El Legado no es mío...aunque no voy a negar que me gustaría que lo fuera :P
Agradecimientos: A MarySLi, como siempre, por sus reviews! Y a todos los que lean esta historia. Gracias!
Lean, disfruten y dejen reviews!
25
Duelo
La Mano Negra y el Jinete Rojo se enfrentaron con más violencia de la que el joven soldado había visto nunca en su vida. Ella atacaba con tal ferocidad que parecía que lo hacía a matar, y él devolvía los golpes con tal fuerza y velocidad que incluso a la joven le resultaba difícil esquivarlos. Era casi como si quisieran herirse…como si quisieran terminar el uno con el otro.
Los soldados observaban aquel espectáculo con los ojos abiertos como platos, mientras las dos figuras negras, como sombras, se involucraban más y más en esa feroz danza mortal, de la cual sólo uno saldría victorioso. La joven, Ariana, tenía una mueca de concentración en el rostro pálido, y el Jinete estaba serio, como si aquel enfrentamiento le desagradara.
Pasaron los minutos y ninguno de los dos conseguía sacar ventaja; estaban igualados, ni siquiera la Mano Negra podía vencer al Jinete Rojo.
Entonces, ella consiguió alcanzar el brazo del joven y hacerle un corte no demasiado profundo, pero él contraatacó con un golpe a su cintura. La mujer se echó a un costado; aún así no pudo esquivar la espada del Jinete y sufrió un largo rasguño a través de sus ropas negras.
Fue en ese momento, en donde ella se abalanzaba hacia delante para herir a su oponente, cuando la espada del joven Murtagh se posó en su cuello de porcelana.
La Mano Negra puso los ojos como platos en señal de sorpresa y horror y abrió la boca para gritar:
-Thrysta vindr!
El aire entremedio de ambos se calentó y dura bola en llamas golpeó el pecho del Jinete y lo envió volando hacia atrás, hasta caer duramente contra el suelo, rodeándose de polvo.
El Jinete se levantó a trompicones, con los ojos inyectados en sangre y una mueca de ira en el rostro. Clavó la mirada en ella, que permanecía de pie, inmóvil, a unos metros de donde él se encontraba, y gritó:
-Brisingr!
Una enorme lengua de fuego surgió de la palma que tenía la marca plateada de los Jinetes de Dragón y se dirigió a la Mano Negra, quien consiguió esquivarla a duras penas, chamuscándose las puntas del cabello. Ariana cayó sobre su costado, jadeando, y apretó los dientes con furia. Se puso de pie trabajosamente, clavó los ojos en los del Jinete y apretó los puños, pero permaneció inmóvil.
Él tensó el cuerpo e hizo una mueca de dolor, como si algo lo estuviese atacando, aunque su enemiga no había hecho movimiento alguno. Los soldados se miraron entre ellos, extrañados, hasta que uno dijo, en voz baja:
-Es un duelo de magos. La Mano Negra está usando el poder de su mente para quebrar al Jinete Rojo.
Era cierto. Ella respiraba agitadamente y podían verse unas brillantes gotas de sudor en su frente y cuello, mientras agotaba lentamente su energía. Murtagh tenía una mueca de concentración ahora y parecía menos afectado que ella, pero aún así no podía vencerla.
Los soldados habían oído historias sobre el poder de la mente que la mujer tenía, que era tan fuerte que podía resistir incluso al rey Galbatorix, pero jamás las habían creído hasta ese momento.
La piel del rostro de la Mano Negra comenzó a perder poco a poco su color y su respiración se agitó cada vez más, hasta que cayó al suelo de rodillas. Soltó un gruñido de frustración y se puso de pie trabajosamente, con unas brillantes lágrimas en las mejillas, cada vez más pálidas. El Jinete sudaba y su pecho subía y bajaba rápidamente al ritmo de sus esforzados jadeos, mientras sus ojos seguían clavados en la joven.
Los soldados no supieron cuánto tiempo permanecieron allí, observando la silenciosa batalla que se desarrollaba en las mentes de aquellos dos formidables enemigos, pero entendieron que todo había concluido cuando ella, rugiendo de frustración, se abalanzó sobre él con su espada en la mano.
El Jinete consiguió frenar el golpe a duras penas y giró sobre sí mismo para dirigir una estocada contra el costado de la chica, quien se echó hacia atrás para esquivarlo.
-Letta!
Ése fue el chillido de la Mano Negra, que provocó que el Jinete Rojo quedara inmóvil, pero que gritara más palabras en el idioma del poder para contrarrestar el hechizo de la mujer.
Durante más de dos minutos lucharon con su energía, hasta que ella, ya casi sin aliento, cayó al suelo de rodillas, con el cabello cubriéndole el rostro. El soldado abrió los ojos, sorprendido de verla derrotada por primera vez…no podía ser, la Mano Negra era invencible.
La mujer levantó la mirada y clavó sus horrendos y fríos ojos zarcos en los de su oponente, con la ira reflejada en ellos, pero no se puso de pie, sino que permaneció de rodillas, con la respiración alterada.
-Ya ríndete, Ariana-dijo el Jinete Rojo, apuntándola con su espada.
-¡No!-gritó ella en respuesta.
Se abalanzó sobre él, intentando acuchillarlo con la suya, pero no lo conseguía. Murtagh siempre lograba superarla.
La encarnizada lucha duró unos cuantos minutos más, hasta que la Mano Negra, ya sin fuerzas, cayó al suelo, casi inconsciente. El Jinete Rojo la observó por unos segundos, para luego detenerse junto a ella. La mujer movió la cabeza débilmente, evitando su mirada, mientras respiraba agitadamente.
-¿Por qué haces esto?-preguntó él con violencia.
-Ya déjame en paz-le gruñó la joven.
Trastabilló al ponerse en pie, pero se mantuvo erguida y fulminó con la mirada al grupo de hombres a quien enseñaba. Sin decir más, se alejó de ellos, caminando a paso rápido, con la cabeza en alto. El Jinete Rojo la siguió con los ojos, pero caminó lentamente hasta desaparecer de la vista de los soldados.
