No había podido pegar los ojos durante la noche, ni siquiera entendía cómo lograba procesar la información que le estaba dando Mihawk sobre el examen de la clase especial a la que ella realmente comenzaba a sentirse con poco interés de ingresar. Bostezó haciendo que su amigo profesor se sintiese insultado.

—¿No estás interesada en la clase especial? —Preguntó el hombre de ojos de halcón apretando la tiza para no lanzársela a la cara.

—N-no, bueno, sí —contestaba confundiéndose ella misma con sus pensamientos—. Sólo...

—¿Qué sucedió? —el azabache tomó una silla y la posó al lado de la chica antes de sentarse con una sonrisa conocedora, su experiencia con mujeres le hacía saber que algo le había pasado para tener la mente en otro lado cuando se está realmente decidida.

—Pues... —dudó, se mordió el labio intentando ordenar sus pensamientos y contestó:—. Quiero cumplirle la promesa a Rouge-san.

—¿Pero?

—Pero no creo que Portgas sea mi prioridad, quiero decir —agitó su cabello—, ¿cómo hacer prioridad a una persona que es tu amigo si te gusta alguien más?

—Así que ya no te gusta Portgas D. Ace —repitió Dracule con la mano sobre el mentón, curioso por el giro de acontecimientos—. Te gusta Roronoa y por eso no estás segura de seguir con la clase especial.

—Ro-Ro-Roronoa ¿Gustarme? —intentó negar con un sonrojo y sonrisa nerviosa.

—Sí, ¿crees que no escuché tu grito en el pasillo? —cuestionó. Se levantó de la silla y volvió al pizarrón—. De todas formas, mi respuesta es que conoces a Portgas desde hace mucho antes que Roronoa Zoro y siempre has dicho que la amistad lo es todo, al fin y al cabo la decisión es tuya, pero recuerda siempre las normas que tiene la clase especial, por ello te lo advertí.

—Sí —murmuró jugando con sus dedos nerviosa.

—Bien. Ahora concéntrate, no tengo todo el día para explicarte esto —y continuó explicando matemática avanzada en la que ella terminó perdiéndose.

Por los pasillos se encontraba Enel sonriente pensando sobre dónde se encontraba la tímida Conis, quizá la encontraría en su salón pues las clases aún no terminaban, sonrió ante el recuerdo de sus estudiantes de turno intentando que se quedara en clase. Pobres idiotas, pensó.

Asomando sus ojos de cazador miró a través de la ventanilla del 4-B, ahí estaba ella con su cabello atado en trenzas y anotando cosas dichas por el profesor Buggy. Le gustaba esa parte de ella, el estudiar tanto le hacia el sex appeal perfecto.

Al fondo logró ver a los otros que llegaron con él, seguramente lamentándose el cambio de instituto, aunque sólo durase una o dos semanas, fuese como fuere a Enel le divertía. Sobre todo el chico de cabellos marrones, Wiper, conocido por competir en carreras de patines junto a otros estudiantes de su instituto.

Con una sonrisa en el rostro, Enel decidió partir de nuevo a la clase especial.

Un escalofrío recorrió la espalda de Conis, no sabía por qué tuvo aquella reacción pero prefirió mirar al pizarrón sin preocuparse demasiado por ello. Seguía sin conocer a demasiadas personas del lugar y ni Wiper, Laki o Kamakiri le hablaban, todo por clichés de Skypiea.

Siempre que un 'indio' intentase acercarse a los 'ángeles' de Skypiea iniciaba una pelea de no acabar y todo por practicar vivir en distintos distritos del pueblo y en su Instituto se desarrollaban luchas deportivas entre sí, Conis se consideraba bastante buena en el manejo de los Waver mientras que los indios manejan sus patines, quizá para algunos pareciese extraña tal pelea por simple afición o condición social pero así se llevaba la vida en Skypiea. Suspiró intentando concentrarse en los deberes asignados, en cuanto el profesor Buggy se marchó se dispuso a comer tranquilamente, sacó su o-bento y sonrió al ver la forma de zorro que su papá había dado a la salsa usada para el arroz.

Agradeció al cielo por su comida y dio su primer bocado antes de escuchar su nombre, una pequeña niña de cabello azul le había llamado desde la puerta. Todos los presentes callaron al instante que Sugar, integrante de la clase especial, entró en su aula, algunos incluso chasquearon la lengua con molestia.

—Conis, ven conmigo —pidió demandante. Al inicio la rubia dudó en seguirla pero cerró su almuerzo y lo llevó con ella. En su camino por los pasillos notaba cómo todos observaban a su acompañante inusual al igual que ella. La pelo azul notó la mirada de Conis y rodó los ojos:—. ¿Qué?

—¿P-para qué me necesitas? —tartamudeo.

—Yo no te necesito —respondió cortante—. El profesor me pidió que te llevara a su oficina temporal.

—¿Profesor? —la pequeña asintió— ¿Qué profesor?

—Aquí —pronunció señalando una puerta, tocó tres veces antes de escuchar una voz que insistió en que dejase entrar a Conis—. Pasa —Diciendo aquello se marchó dejando a la chica confundida, tragó saliva y pasó a la oficina.

En las paredes notó cuadros de diplomados y algunos carteles de dioses o reinados antiguos, la luz no lograba iluminar todo el lugar a pesar de ser pequeño y nada parecido con la sala de profesores, tener una oficina en aquella escuela es igual a ser uno de los mejores profesores y, en este caso, Enel resultó ser uno de los mejores en Skyfall así que le ofrecieron una oficina desde la que lograría ejercer sus funciones hasta que le hicieran marcharse de nuevo a su instituto. Aunque él prefería mil veces estar en Jolly Roger con todas sus facilidades.

Su sonrisa molestó a Conis desde el momento en que llegó, recordó momentos en los que le pilló observándola por los pasillos e incluso durante las pocas clases que recibió de él logró causarle una mala espina.

—Hola Conis —habló arreglando su corbata—. Siéntate.

—N-no, así estoy bien —protestó ella.

—Insisto —ordenó dejando de sonreír, Conis no deseaba hacerle molestar así que hizo lo que le pidió, se sentó y esperó a que Enel hablara—. Veo que aún no has comido el almuerzo.

—No he tenido suficiente tiempo, profesor —contestó intentando no sonar tan cortante pero tampoco tímida.

—Ya tendrás tiempo para eso —comentó sonriente—, ¿qué tal ha ido todo con las clases?

—Hasta ahora han marchado bien.

—¿te llevas bien con tus demás compañeros? —continuó.

—A-algo —dudó—. Pero, ¿esto que tiene ver con usted, profesor?

—Nada, en absoluto —se cruzó de brazos mientras observaba a Conis fruncir un poco el ceño sin comprender—. No tiene nada que ver conmigo como profesor.

—¿E-entonces? —permaneció en silencio un rato antes de suspirar y sonreír, supongo que aún no es el momento, pensó Enel dentro de sí.

—Puedes marcharte por ahora, Conis —dijo—. Que tengas un buen provecho.

—Gracias —Hizo una leve reverencia y se marchó de la oficina con pasos desesperados, posó la mano en su corazón hasta que logró respirar con calma. No le gustaba pasar demasiado tiempo encerrada al lado de un profesor como aquél, ególatra y extraño.

Apretó su o-bento contra su pecho y se encaminó al patio, no deseaba volver al salón y soportar a los demás haciendo preguntas que no deseaba contestar y de las que tampoco tenía respuesta. Cuando al fin consiguió un espacio libre unos delincuentes le quitaron el lugar y la echaron, frunció el ceño y continuó su búsqueda por un sitio disponible, terminó por resignarse a subir a la azotea.

El lugar, contrario a sus ideas, se encontraba repleto de estudiantes de segundo y tercer año que no paraban de hablar sobre festivales, conciertos y lugares a los que asistirían en sus vacaciones, sonrió al saber que allí al menos no hablarían de ella.

Pasó un mechón de su cabello tras una de sus orejas y se sentó a comer su almuerzo, la salsa daba un toque dulce al arroz que seguro sólo ella y su padre soportarían por ser el toque especial que su madre solía dar a la comida.

Sonriendo melancólica continuó comiendo hasta que escuchó el chirrido de la puerta, giró su vista sólo para encontrarse con la presencia de Wiper y su grupo, ellos observaron el lugar repleto de personas que cuchicheaban entre sí cosas extrañas que él no alcanzaba a comprender, de todas formas, él proviene de un pueblo pequeño.

Con una sonrisa, su amigo de sólo un trazo de cabello en el centro de la cabeza y el resto rapado, le susurró algo al oído que hizo fruncir el ceño al chico de trenza larga. El líder respondió por lo bajo y se marchó con ellos justo por el camino que habían llegado, Conis se sintió aliviada repentinamente y no comprendía la razón pues antes ya había tratado con ellos en innumerables ocasiones, siempre tendré miedo de él, supongo...

El sonido de la campana llegó más pronto de lo que esperaba, con rapidez cerró el o-bento y corrió por las escaleras tan rápido como pudo, una de sus alas quedó prendada de una mochila y cayó al suelo soltando el almuerzo. Escuchó protestas de ambas personas, al que cayó la comida sobre el rostro y de quien (sin desearlo) había hecho caer junto a ella, se levantó pidiendo disculpas mientras limpiaba su ropa de cualquier suciedad que pudiese tener.

— ¡Tienes que ver por donde caminas! —gritó el chico rubio repleto de comida, fruncía el ceño con molestia.

—Oye —Sanji llamó la atención de la hiena—, no debes gritarle así.

—¿uh? ¡Fácil decirlo porque no estas cubierto por una mugrosa comida! —inquirió Bellamy.

—¿Mugrosa? —murmuró el cocinero apretando sus nudillos—. Yo estaría orgulloso por estar cubierto de la comida de una hermosa señorita como ella. No mereces tal privilegio.

—¿Orgulloso? —sonrió moqueado—. Entonces esto no te molestará —con una sonrisa mucho más grande Bellamy tomó arroz de su ropa y puso su mano sobre la cabeza de Sanji para que se cubriera con ella, en el lugar todos sintieron al ambiente tensarse. Por su parte Conis cubría su boca con ambas manos sorprendida por aquella acción.

Sin una pizca de sentirse malhumorado del todo, Sanji tomó un poco del arroz con sus dedos y lo comió. Su sabor característico hizo que abriera sus ojos un poco por lo maravillado que le hacía sentir conocer un nuevo sabor en un arroz en algo tan simple como un arroz.

Ni siquiera tuvo que mirar a los demás para saber que no comprendían sus acciones, tampoco necesitaba explicarles.

Continuó comiendo hasta que nada quedó en su cabellera.

—Estaba bueno, en definitiva no mereces tenerlo en tu cuerpo —dijo—. Quítatelo.

—No tienes que decir más —sonrió, esta vez molesto por sentir que Sanji se llevaba toda la atención de los espectadores. Recogió todos los restos de almuerzo de su ropa y con todo su desprecio tomó a Sanji de la camisa y vertió el contenido dentro de él—. Imbécil —musitó antes de soltarlo bruscamente y marcharse.

Conis tomó esa oportunidad y se acercó a su compañero.

—¿Te encuentras bien?

—Sí.

—No tenías que hacer eso —protestó.

—¿Y dejarte sola con ese gigante? —contestó sonriente—. No lo creo.

—Déjame ayudarte con tu camisa —comentó rápida, ambos se dirigieron a los lavabos sin fijarse en que las clases ya comenzaban.

Mientras, en una sala especial, Danharu no comprendía el examen de química avanzada al que se estaba enfrentando. Nunca había visto aquella fórmula en toda su vida y comenzaba a sentirse cansada de tanto pensar en una respuesta correcta, era la última que le faltaba y valía demasiados puntos como para dejarla vacía.

—¿Aún sin respuesta? —preguntó Caesar sonriente— Deberías dejar de esforzarte tanto, de todas formas, es la clase especial. Nadie entra fácilmente —La chica maldijo por lo bajo sintiendo que aquél extravagante maestro le hacía esas cosas apropósito, una chica de cabello negro se levantó de su asiento con un 'lo he terminado' y tendió el examen al profesor con una sonrisa. Hacía ver aquél examen tan fácil, demasiado fácil...

—Ayúdame ahora, Roger —lloró dramática en un murmullo. Milagrosamente alguien llamó a la puerta en aquél momento demandando la atención del profesor de química, salió del aula despejando el ambiente de todo el pesimismo que Danharu sentía en el momento, sacó su cuaderno de la mochila y revisó ejercicios previos parecidos a aquél— ¡Este! —cerró el cuaderno en cuanto terminó de comprender el ejercicio, lo guardó en su mochila y como si nada hubiese pasado escribió la respuesta lo más rápido que pudo.

Dejó el examen en el escritorio y salió del salón tropezando con el químico.

—¿Te rendiste?

—¿Bromea? —bufó ella confidente de su pequeña trampa—. ¡Fue pan comido!

Diciendo aquello se marchó dejando a un profesor frustrado en medio del pasillo.

Si pudiera haber bailado en aquél momento, lo habría hecho. Pero había olvidado cómo mover sus pies correctamente y terminó por cruzarlos entre sí y caer de bruces en el suelo.

—Un pie después del otro, Gedatsu —le recordó su compañero, Ohm.

—Oh, así es como se hace —finalmente, se levantó y caminó correctamente—, ¿crees que Enel ya está en el lugar?

—Por supuesto que estará —afirmó un hombre de un mostacho largo.

—No puedo evitar querer saber qué haremos~ —cantó un hombre gordo de cabello rojo.

—Quizá esta vez sea plata...

—...Incluso mucho dinero no estaría mal —comentaron otros dos hombres gordos parecidos al anterior, su única diferencia notable era la ausencia de cabello.

—Oro —habló una voz gruesa. Los presentes fijaron la vista en él—. Enel nos brindará oro.

Sonrientes, el grupo de hombres caminaron hasta el punto de encuentro...