Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-24-

Ni siquiera me detuve a llamar a la puerta antes de entrar. Me limité a abrirla de golpe, dispuesta defender a Jasper con uñas y dientes si hacía falta.

-Señorita Brandon –musitó el comisario Collins, observándome sorprendido. Estaba segura de que no había esperado en absoluto volverme a ver allí mismo, cinco minutos después de que hubiese abandonado el estudio. –Pensaba que ya se habría marchado. ¿Se le ofrece algo? –me preguntó amablemente, levantándose de la silla.

-Sí, se me ofrece algo. Me gustaría hablar con usted…–iba a proseguir con mi discurso cuando sentí una mano fuerte rodeando mi brazo.

-¿Qué se supone que haces? –escuché la voz baja de Jasper en mi oído, y supe que el pobre estaba nervioso por lo que estaba a punto de hacer. No estaba dispuesta a permitir que lo culparan cuando era inocente. Él no había tenido nada que ver en el asesinato.

-Déjame, te voy a ayudar –le contesté comenzando a enfadarme, dándole un pequeño empujón para que se alejara de mí. Lo hizo, pero no me soltó, y se quedó quieto a mi lado.

-¿Qué necesita, señorita Brandon? –volvió a preguntar el comisario, algo confuso por la pequeña interrupción de Jasper.

-¿Podemos hablar un momento? ¿Los tres? –pregunté, señalando también a Jasper, y el señor Collins asintió, volviendo a sentarse en la silla.

Los dos entramos en el estudio, cerrando la puerta una vez estuvimos dentro. Jasper me soltó cuando ambos nos sentamos en las sillas situadas delante del escritorio, y entonces me puse nerviosa. ¿Qué ocurriría si no me creían?

-Ustedes dirán –repuso el comisario, colocando sus manos sobre la mesa.

-Yo…quería decirle que no sé quién mató a Kate, –comencé, sin estar muy segura de mis palabras. Además, sabía que Jasper me estaba mirando detenidamente, y aquello no me ayudaba demasiado. –pero sí sé quién no la mató.

El comisario me observó parpadeando repetidamente, como si no comprendiera mis palabras.

-¿Puede explicarse mejor? –me pidió amablemente, y yo asentí, sintiéndome más segura que antes.

-Algunos de sus hombres han interrogado a Jasper –lo señalé para que el señor Collins supiera a quién me estaba refiriendo. –Y me parece que no han quedado muy satisfechos con lo que él les ha explicado –me sentía algo grosera al cuestionar la eficacia de la policía, pero todo aquello me importaba un comino. Yo sólo quería que Jasper saliera inmune de aquel embrollo.

-Eso me han dicho –asintió el comisario, estando de acuerdo con mis palabras. – ¿Adónde quiere llegar, señorita Brandon? –preguntó, queriendo acabar rápido con el tema.

-Jasper no mató a Kate –le informé, sabiendo que había sonado convincente. Por una vez me alegraba de estar diciendo la verdad.

-¿Cómo lo sabe? –cuestionó él con una ceja alzada, y yo respiré hondo, dispuesta a contestar con la verdad:

-Porque pasamos la noche juntos –me alegré de que mi voz no hubiese temblado a causa de los nervios. –Jasper estaba en mi casa a la hora del asesinato –recalqué, esperando que el comisario hubiese comprendido mis palabras.

El señor Collins nos observó a los dos detenidamente, colocando una mano en su barbilla, pensativamente.

-Entiendo…–musitó con seriedad. –Debo suponer que la señora Fields no sabía nada de esto, ¿verdad?

Tanto Jasper como yo negamos con la cabeza. El comisario carraspeó, levemente incómodo, aunque lo más seguro era que no lo estuviese más que nosotros.

-¿Tiene pruebas que corroboren que lo que me está diciendo es cierto? –me preguntó, observándome fijamente.

Fruncí el ceño y bajé la cabeza, buscando alguna prueba que demostrara la veracidad de mis palabras, pero para mi mala suerte, no encontré ninguna.

-No, creo que no –contesté lentamente, sintiéndome fatal por no haber pensado antes en aquello. Lo que había hecho no había servido para nada, y observé a Jasper, sintiéndome intranquila y decepcionada.

-En ese caso, me temo que seguirá siendo tan sospechoso como antes. Lo siento mucho –musitó el comisario con seriedad, y yo asentí con resignación, levantándome de golpe del asiento.

Ni siquiera esperé a Jasper para salir del estudio.

-Espera, Alice –escuché su voz cuando estuve cerca de la puerta de la mansión. No podía quedarme ni un minuto más allí dentro. Necesitaba salir antes de que explotara. –Espera –insistió, cogiéndome del codo para evitar que me escapara.

-¿Para qué? Ya has visto que no ha servido de nada decir la verdad…–me quejé, observando el suelo para que él no viera mis lágrimas. No lloraba porque estuviese triste, sino que lloraba a causa de la rabia. Sentía rabia porque mucha gente había creído mis mentiras, pero justamente en ese momento, nadie creía mi verdad.

-No importa. Ahora eso no importa –contestó Jasper levantando mi barbilla con su mano para mirarme a los ojos, pero como no estaba dispuesta a que me viese llorar, desvié mi mirada hacia otro lado. –Me da igual que no me crean.

-Pero a mí no me da igual –repuse enfadada. – ¿Qué pasará si nunca encuentran al culpable y te meten a ti en la cárcel? ¿Y si…? –quise continuar, pero él me tapó la boca para que no siguiera.

-No va a pasar nada de eso –me aseguró, secando mis lágrimas con sus dedos. –Nosotros ya hemos hecho lo que hemos podido, y a pesar de que no hay pruebas que demuestren que ayer estuvimos juntos, tampoco hay pruebas que indiquen que yo soy el culpable.

Parpadeé sorprendida, comprendiendo sus palabras. Y lo mejor de todo era que eran ciertas.

-No podrán meterme en la cárcel sin tener pruebas que me culpen, Alice –afirmó, y aquellas palabras me hicieron sentir mejor, por lo que lo abracé con fuerza, teniendo ganas de que todo aquello acabara pronto. Aunque tenía la sensación de que se alargaría demasiado, ya que sólo acababa de comenzar.

Jasper correspondió al abrazo, y así nos quedamos durante mucho rato. Sabía que dentro de la casa había policías que nos estaban observando, pero me daba igual. Nada me importaba más en aquel momento que el hombre al que estaba abrazando.

-Vete a casa y descansa –me pidió él cuando nos separamos, apresando mis manos entre las suyas.

-No, no quiero. Me quedaré aquí hasta que te dejen marchar –le aseguré entrecortadamente a causa de las lágrimas que se negaban a desaparecer.

-No es necesario, sólo querrán hacerme unas cuantas preguntas más, y seguramente tardarán mucho en hacérmelas. No quiero que estés aquí todo el día.

-Me da igual. No pienso dejarte solo –insistí, sabiendo que se estaba mosqueando por mi obstinación.

-No vas a hacerme caso, ¿verdad? –preguntó fastidiado, aunque supe que estaba evitando a toda costa sonreír.

-No –y a mí lo que menos me apetecía en aquel momento era reír.

Jasper resopló, cansado y algo molesto por todo aquello que estaba ocurriendo, y después alzó mis manos y las besó cariñosamente antes de soltarlas.

-Quédate si quieres, pero sal para que te dé un poco el aire. Estás muy pálida –me informó antes de darme un beso en la frente.

Asentí no muy convencida, a pesar de que sabía que tenía razón, y me di la vuelta con la clara intención de hacer lo que me acababa de pedir.

Quise quedarme en el jardín, pero estaba lleno de policías, y verles pululando por allí como si estuviesen en su casa hacía que se me revolviera el estómago. Por raro que pareciera, estaba comenzando a echar de menos a Kate. Echaría de menos sus ostentosidades, sus caprichos, sus pavoneos e incluso sus gritos. A pesar de que la había llegado a odiar en muchas ocasiones, ella me había dado trabajo y también me había dejado quedarme en su casa para facilitarme las cosas. Al fin y al cabo, no era una mala persona, y lo peor de todo era que había muerto de una forma horrible.

Entre aquellos terribles pensamientos, salí de la mansión dispuesta a dar una vuelta por los alrededores para despejarme. No quería seguir llorando, estaba cansada de llorar, pero no pude evitar hacerlo al volver a recordar que yo misma había deseado matar a Kate.

-¿Alice? –me di la vuelta con rapidez cuando escuché la voz de Bella a mis espaldas, y cuando me cercioré de que era ella de verdad, me arrojé a sus brazos, totalmente desconsolada. – ¿Estás bien? –me preguntó sorprendida, acariciándome la espalda para tranquilizarme.

-No, no estoy bien –murmuré entrecortadamente, sin querer separarme de ella. En aquel momento necesitaba un hombro en el que llorar, ¿y qué mejor que en el de mi amiga para hacerlo?

-Siento mucho lo que ha ocurrido –se lamentó sin dejar de abrazarme. –Aún no me lo creo –musitó sorprendida, y yo asentí, totalmente de acuerdo con sus palabras.

-Yo tampoco –respiré hondo, intentando calmarme, y me alejé un poco de Bella. –Tengo la sensación de que todo esto es una pesadilla.

-Eso es lo que parece –aceptó, asintiendo lentamente. –Hace un rato me ha llamado la policía, y por eso estoy aquí.

-¿Qué te han preguntado? –inquirí, interesada y a la vez nerviosa.

-Si ayer estuve hablando contigo por la noche, a eso de las ocho y media, más o menos.

-Sí, a esa hora asesinaron a Kate. Querían saber si tenía coartada –le expliqué sombríamente, sintiéndome fatal por todo.

En ese momento sentí una mano en mi hombro, y me sobresalté exageradamente, colocándome al lado de Bella por el susto. Observé a Edward con el ceño fruncido, recriminándole en silencio el espanto que acababa de darme.

-Lo siento, no te quería asustar. He ido a aparcar el coche –murmuró con cara de lástima, y entonces recordé por qué mis amigos estaban ahí. – ¿Cómo estás? –me preguntó, cogiendo una de mis manos para confortarme.

Me encogí de hombros, claramente afectada.

-No muy bien –contesté mirando al suelo, temiendo volver a echarme a llorar en cualquier momento.

-¿Quieres que te acompañemos a casa? –me preguntó amablemente, dándole leves palmaditas a mi mano.

-No, no puedo dejar a Jasper solo –repuse, sintiéndome nerviosa al recordar también aquel tema.

-¿Jasper? –preguntaron los dos a la vez, observándome con el ceño fruncido. Entonces comprendí lo que ocurría: ellos no sabían nada de nada. No sabían que él y yo estábamos juntos, y mucho menos sabían que Jasper había estado seduciendo a Kate porque queríamos conseguir su dinero.

-¿Qué hace Jasper aquí? –preguntó Bella, confundida.

Sabía que no podía contarles la verdad, ellos no podían saber que habíamos estado a punto de cometer un delito.

-Él…–comencé, sintiéndome insegura. –conocía a Kate –de acuerdo, era una excusa tonta, pero no se me ocurrió nada más en aquel preciso instante.

-¿Y qué tiene que ver con su muerte? –preguntó ésta vez Edward, visiblemente preocupado por su amigo.

-Nada, pero los policías creen que él pudo ser el asesino –les expliqué, molesta. –Yo sé que él no mató a Kate –aclaré, totalmente segura de mis palabras.

-Claro que él no la mató –me secundó Edward. –Pero…no tenemos ninguna prueba que lo demuestre…–se lamentó, frunciendo el ceño.

-Yo tampoco, pero os puedo asegurar que no lo hizo –aquel era el momento de explicarles parte de la verdad. –Jasper pasó la mayor parte de la noche conmigo –tanto Bella como Edward me miraron, sorprendidos ante aquella confesión. –Él y yo estamos saliendo desde hace unas cuantas semanas, por eso ayer estábamos juntos.

-Oh…–fue la única respuesta de Bella, quien asintió ante mis palabras, sin saber qué más decir.

-Supongo que tengo que felicitaros, aunque ahora no sea el mejor momento para hacerlo –me alegré de que Edward reaccionara de otro modo, a pesar de que sus palabras eran ciertas. – ¿Les has contado a los policías lo que acabas de decirnos a nosotros?

-Sí, y no ha servido de nada. No lo declararán inocente hasta que encuentren una prueba que afirme que lo es…–le expliqué, agachando la cabeza, sintiéndome triste.

-¿Y qué vais a hacer? –preguntó Bella esta vez, cogiéndome de nuevo de la mano.

-Supongo que…esperar –aquello era lo único que podíamos hacer.


Pobrecito mi Jazz :( Ahora creen que él fue el asesino... Pero...¿lo fue o no? :O Tengo que deciros que ya estamos llegando al final de esta historia, sólo quedan tres capítulos y el epílogo, así que ya veis que dentro de poco sabremos quien asesinó a Kate.

Espero que os haya gustado el capítulo :)

¡Nos leemos en el siguiente!^^

XOXO