Bueno. Me encanta que los fic provoquen estas reacciones. Pero no lloren, ni se tiren de los pelos, saben que todo lo que traduzco tiene final feliz para nuestras chicas. Así será, pero no lo esperen tan pronto, y tampoco será un final al uso. Las dos están rotas, destrozadas, y tendrán que recomponerse primero ellas, para luego volver a hacer que florezca la pareja.
Dicho esto, voy a dar mi opinión, ya que ha habido un movimiento de demonizar a Regina, y yo particularmente no lo veo así. Si Regina se equivocó en algo, que lo hizo, fue en creer que Robin era una hombre de verdad. Punto. Sí, pudo contarle a Emma que Robin había aparecido, pero no hubiera tenido mayor importancia si no hubiera pasado lo que pasó. Lo que le ocurrió a Regina es que no supo manejar esa situación de pelea con Emma, nunca le había pasado, esos sentimientos de amor, frustración nunca los había sentido. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros si Emma no nos abre la puerta? Pues muchos hubieran acabado en un bar, y así fue. Lo de los mensajes fue un infortunio, lo de meterse en el coche, a ver…ella creía que Robin, a pesar de todo, era una caballero, no lo fue. Y si hay un culpable es él, porque ha dejado por los suelos al género masculino. ¿Qué la borrachera de Regina no es excusa? Pues no lo sé, porque por experiencia (hace 18 años cogí una buena) sé lo que ocurre. Hay personas, como Regina explica en el capítulo 24, a las que el alcohol anula completamente. Yo me acuerdo que estaba en el coche de una amiga, no sé cómo acabamos en la playa, no recuerdo cómo llegué a mi casa, cómo me metí en la cama. Al despertar mi madre me contó cómo me había encontrado, y hoy por hoy sigo sin acordarme de aquella noche, así que gracias a Dios yo estaba con amigos de la facultad, llegan a ser desconocidos, y me podrían haber hecho de todo, porque ni podía abrir los ojos. Juré que nunca más me emborracharía y así ha sido. Así que sí puedo comprender a Regina. No sabe lo que pasó en el coche. Otra cosa, Sedgie escribe maravillosamente, y si esa escena la ha dejado en el aire ha sido adrede, para que nosotros como lectores nos sintamos también como Regina, y nos preguntemos qué pasó. Porque esa es la frustración de Regina, no acordarse de lo que paso, de si realmente la forzó, si realmente hubo sexo, cosa que se resolverá más adelante.
¿Y Emma? Sé que está tremendamente dolida y herida, pero no deja que Regina se explique, va y cree al cerdo de Robin. Y la medida drástica de irse, pues no sé. No la veo todo lo adulta que debería ser. No son solo dos vidas las que van a acabar destrozadas, sino cuatro.
En fin, esta parrafada para dar mi punto de vista. A partir de este capítulo 25 comienza la segunda parte del fic. Ya verán por qué. Pero adelanto que seguiremos sufriendo, aunque también habrá momentos para la risa y la emoción, y la cosa viene arreglarse allá por el capítulo 33, 34.
El tiempo avanza
Ella no estaba muy cómoda en ese tipo de fiestas: demasiada gente, música demasiado fuerte, demasiado alcohol que ella no bebía…Bah, una fiesta "demasiado" a la que solo había aceptado ir porque Kiara, su mejor amiga, se lo había suplicado, ya que no quería ir sola.
Sin embargo, no era su estilo, ella que era más rata de biblioteca que otra cosa. Así que, en cuanto habían cruzado la puerta de la casa donde tendría lugar la fiesta, Kiara la había dejado de lado para pegarse a Jeffrey Coles, la estrella del baloncesto del instituto.
Entonces, ella se había encontrado sentada en el tercer escalón de la escalera, esperándola. Algunos muchachos habían probado suerte invitándola a una copa o a un baile, cosa que ella rechazó todas las veces: no estaba allí para eso. Solo había venido a acompañar a su amiga que, visiblemente, se las apañaba muy bien sola.
Entonces, ¿qué le impedía marcharse y dejar que se las arreglara ella? Por la sencilla razón que habían venido en el coche de Kiara y que la fiesta era a más de diez kilómetros de su casa. No se imagina volver sola.
Así que se quedó ahí, sentada en el escalón, fijando de vez en cuando su mirada en los nudos del entramado de madera, a veces divirtiéndose con el incesante pasar de adolescentes por la estancia: estaban los que bebían hasta no acordarse ni de su nombre, los que hablaban de esto y de lo otro queriendo reorganizar el mundo, los que bailaban más o menos bien, atrayendo a las chicas con sus pasos, los que, como ella, eran simples acompañantes hundidos en la masa de alumnos desatados celebrando el comienzo de las vacaciones de Navidad.
«¡Hey, hola! ¿Acaso eres Evelyn?»
La muchacha alzó los ojos, cansada por el pesado flirteo del que era víctima.
«¿Por qué?»
«Tu amiga me ha dicho que venga a distraerte. Pareces aburriste en una fiesta que está siendo una pasada. Soy Thomas»
«…»
«¿Quieres una bebida?»
«Lo siento, no bebo alcohol»
«No solo hay alcohol. ¿Un zumo de frutas?»
«Escucha, eres muy amable por perder tu tiempo intentando distraerme, pero no vale la pena. Estás lejos de ser mi tipo»
«No busco entrarte…Sé quién eres» dijo con una sonrisa
«¿Ah sí? ¿Y quién soy?»
«La Glacial»
Ella se asombró
«Hace mucho tiempo que nadie me llamaba así. Desde…»
«El final de colegio, si mal no recuerdo. La verdad es que no eres de las más lanzadas, la prueba esta noche: todo el mundo se divierte, eres ciertamente la única que te quedas aquí, sola»
Ella lo miró antes de suspirar
«Si me echas algo en mi vaso, que sepas que tengo muy buenos abogados» él sonrió «Zumo de frutas, por favor»
Satisfecho, se marchó en dirección a la barra, atravesando la muchedumbre de jóvenes ante la mirada perpleja y desganada de la muchacha. Detestaba ese tipo de fiestas, detestaba que un chico, que se creía irresistible, le tirara los tejos, y sin mucha suerte para ella, parecía que esa noche estaba lejos de haberse acabado.
Cuando el chico volvió con dos vasos, y le tendió uno de ellos, y aceptó sin mucho entusiasmo
«Gracias»
«Entonces…¿Estás en Lehman, no?»
«Exacto, ¿y tú?»
«St. Francis»
«¿Una institución católica? ¿Y bebes alcohol a los 16 años?»
«17, pronto 18. Y estoy ahí solo porque mi padre da clases. ¿Qué vas a estudiar?»
Y cuando Evelyn se disponía a responder, una silueta captó su atención: entonces se quedó quieta, y, entre la muchedumbre, intentó discernir la familiar silueta.
«Hey, ¿estás bien? Si te vieras la cara, se diría que has visto a un fantasma» rio él
«Es…algo parecido…»
La silueta masculina desapareció entre la multitud de estudiantes en un parpadeo y durante algunos segundos, Evelyn pensaba que estaba soñando, pero de repente una risa bastante característica resonó, una risa que vino acompañada de un rostro que hizo surgir en Evelyn una intensa cólera
«¡Perdóname un momento!» dijo ella, pasándole el vaso apenas tocado.
Ella atravesó la muchedumbre, chocando contra algunos sin darle mayor importancia, para detenerse ante un muchacho de su edad de cabellos cortados casi al ras
«¡Arthur!»
El muchacho se dio la vuelta y perdió su feliz sonrisa
«Ev…Evelyn…Pero, ¿qué haces aquí?» su mirada vagó entonces nerviosamente por la estancia «No pensaba que fueras de las de venir a este tipo de fiestas…»
«Él está aquí, ¿verdad?»
«¿De quién ha…?»
«¡Sabes de quién hablo!» replicó Evelyn, histérica «¿Desde hace cuánto tiempo que lo estás viendo? ¿Semanas? ¿Meses? ¿O quizás siempre has mantenido el contacto con él?»
«Evelyn, no es lo que crees…»
«¿Desde cuándo entonces?»
Arthur la miró un momento, antes de rendirse y suspirar
«Ok, ok…hará tres meses…Salí con una chica que me invitó a una de sus fiestas. Allí nos volvimos a ver»
«¡Y no me has dicho nada! Nos apoyamos el uno al otro cuando él desapareció sin una palabra, incluso salimos durante un período, y ¡Dios sabe lo desesperada que estaba!»
«Él no quiso que te lo dijera…y además, ¡hey! No estuvo tan mal lo nuestro»
«¡La semana que duró! ¡Merecerías que te diera de bofetadas! ¿Dónde está?»
«…»
«Arthur, te quiero, pero te juro que si no me respondes, ¡te corto lo que te sirve de aparato reproductor!»
«Ok, ok…ha salido al porche»
«¡Gracias por nada!» soltó ella agriamente antes de ver las puertas acristaladas que daban al porche.
Cuando las abrió, el aire fresco del invierno la estremeció. Recorrió con su mirada el sitio y se detuvo sobre una silueta de familiar espalda. Nerviosamente, se acercó a él y cuando estuvo a dos metros, su voz tembló
«¿Hen…Henry?»
El joven se dio la vuelta y sus miradas se cruzaron, los dos conteniendo la respiración. Algunos segundos de silencio planearon entre ellos antes de que el joven soltara finalmente un discreto y penoso
«¿Evelyn?»
Repentinamente, ella sintió un escalofrío, y sin realmente reflexionar, saltó al cuello de Henry y lo estrechó tan fuerte como pudo. Henry, aún estupefacto ante esa presencia, se quedó inmóvil, pero lentamente levantó los brazos y estrechó a la joven, presionándola contra él.
Algunos instantes más tarde, ella se soltó y le golpeó con fuerza en el hombro
«¡Hey! ¿Qué pasa?»
«¡Eso es por haber desaparecido de la noche a la mañana sin decirme nada!»
«…»
«¿Me dirás que pasó o no?»
«¿Qué haces aquí?»
«Espera…¿qué haces tú aquí? ¡Soy yo la que debería sorprenderme por tu presencia! ¿Eso es todo lo que te inspiro?»
«Lo siento…No sé qué otra cosa decir»
«Tres años, Henry…Tres años…Si supieras lo enfadada que estuve tras tu partida: ni una sola palabra, ni una llamada…¡Nada!» Henry bajó la mirada entonces, apenado. La cólera de Evelyn se esfumó un poco al ver la expresión del adolescente, que definitivamente había cambiado: mucho más alto y más fornido, tenía pinta de atleta «Tú…has cambiado…¿musculación?»
Henry sonrió y alzó la mirada
«Natación. Equipo del instituto Stanley Boston»
«¿Boston? ¿Vivís ahí?»
«…»
«¿Vas a eludir todas mis preguntas?»
«Lo siento. La costumbre. ¿Cómo me has encontrado?»
«Creí reconocerte en la muchedumbre. Mis dudas se confirmaron cuando vi a Arthur. Era tu mejor amigo…Veo que eso no ha cambiado»
«Él no sabía dónde estaba yo. No volvimos a ver por casualidad durante una fiesta. Le hice prometer que no te diría nada»
«¡Eres idiota! ¡Si supieras lo enfadada que estaba! ¡Existe el teléfono!»
«Mi madre me requisó el móvil. Y no me sabía tu número de memoria…»
«¡Siempre hay un modo!»
«¡Tenía que apoyar a mi madre!» repicó el joven, algo irritado «¡Después de todo, si debes echarle la culpa a alguien, deberías quejarte a tu madre!»
Evelyn se quedó parada y suspiró
«Ok, creo que tenemos muchas cosas que contarnos. ¿Salimos?»
Henry asintió y juntos cogieron sus abrigos y dejaron la casa, sin preocuparse de Arthur o Kiara.
Caminaron durante un largo rato por la nieve antes de que Evelyn retomara la conversación.
«¿Hace cuánto que vienes a Nueva York para las fiestas?»
«Es la primera vez. Después de encontrarme con Arthur, no nos volvimos a ver sino en el insti»
«Ya veo…»
«Me había asegurado que no eras muy de estas fiestas»
«Tiene razón…normalmente. Pero he sido arrastrada a la fuerza…Al final, he hecho bien»
«…»
«Entonces, ¿vives en Boston?»
«Sí»
«Y haces natación»
«Tenía que buscarme un deporte…»
«Recuerdo que no eras muy querido por los deportistas del colegio»
«Hay imbéciles que no cambian de opinión. Hacer natación me permitió evadirme, encontrar una actividad para no pensar en Nueva York y en todo lo que había dejado aquí»
«Ya…»
Un silencio se instaló de nuevo entre ellos hasta que alcanzaron un pequeño quiosco que resguardaba algunos bancos de la nieve. Se sentaron y Henry, bajo la única lámpara cuya luz amarillo ocre daba un aspecto sepia al paisaje, observó a Evelyn: sus cabellos aún era largos, morenos con grandes rizos más o menos naturales. Estaba mucho más alta y había que reconocer que ya no tenía el físico de una preadolescente de 13 años.
«¿Me lo imagino o estas mirando mis pechos?» dijo divertida Evelyn
«Oh, euh…no, no…yo…Tú también has cambiado…»
Evelyn entonces miró a su frente y suspiró
«¿Cómo está Emma?»
«Va»
«No es en realidad la respuesta que esperaba»
«¿Qué esperabas?»
«Más detalles: ¿qué hace ahora? ¿Por qué Boston?»
«Es policía»
«¿Aprobó sus oposiciones?» exclamó Evelyn
«Sí. Está en la policía de Boston, sube poco a poco de escalafón. Le gustaría acabar en el departamento dedicado a los casos infantiles»
«Está bien» Henry se quedó en silencio antes de soplar aire caliente en sus manos «¿No me preguntas sobre mi madre?»
«No»
Evelyn se sorprendió ante el tono de desapego y neutro, incluso indiferente
«Ah…»
«No le veo el interés…ya que fue por su culpa que tuvimos que marcharnos»
Evelyn lo fusiló con la mirada
«Ella no los puso en las puertas de la ciudad. Nueva York es una ciudad bastante grande para no tener que cruzarnos…»
«No lo bastante grande, al parecer…»
Evelyn entonces se dio cuenta de que, a pesar de los tres años pasados, parecía que en la familia Swan subsistía cierto rencor, lo que podía comprender.
«Ok, comprendo…¿también me echas la culpa a mí?»
«No, realmente no…»
«¿Tu madre te contó entonces toda la verdad?»
«Sí. Era necesario que me explicara nuestra huida precipitada. Me dijo que tu madre la había engañado con su ex. No tienes ni idea del sufrimiento y el dolor que sintió. Durante una semana entera se encerró en casa, importándole poco el trabajo. Y finalmente cuando vio una inmensa publicidad frente al apartamento dijo que ya no podría vivir aquí, que tenía la impresión de que se ahogaba. De la noche a la mañana, hicimos las maletas y nos fuimos»
«¿Tú lo sabías?»
«¿Qué?»
«Cuando me propusiste ese día ir al cine, ¿sabías que ya no estarías al día siguiente?»
«Como te he dicho, le vino de repente: volví de clases el jueves por la tarde, había hecho su maleta y me pidió que hiciera la mía, que había llamado al propietario y arreglado los papeles. Yo pensaba que estaba de broma, que aún estaba bajo la impresión de la emoción…Después me exigió que le diera el móvil. No sabía lo que iba a hacer. A continuación, me ordenó empaquetar mis cosas. Y nos marchamos esa misma noche, debían de ser las diez»
«…»
«Había visto a mi madre mal durante una semana…Cuando me explicó por qué, me enfurecí. Pensaba que tú sabías lo que había pasado y no me habías dicho nada»
«No sabía nada. En todo caso hasta que fuimos a vuestro apartamento. Encontramos la puerta cerrada y la vecina nos dijo que se habían marchado. Mi madre se hundió al descubrir que ella solamente le había dejado el anillo que le había regalado por San Valentín»
«…»
«¿Realmente creíste que yo lo sabía y que no te había dicho nada?»
«No lo sé…estaba anonadado…Veía a mi madre en cólera y arrasada. Cuando me dijo que nos íbamos, no tenía otra elección. Y a medida que los kilómetros nos separaban de ustedes, sentía que mi madre se relajaba…y cuando pasamos el panel de «están dejando Nueva York» suspiró de alivio, y comprendí que, quizás, era lo mejor que había que hacer.
«¿No me echaste de menos?»
«Al principio sí, por supuesto…Pedía sin cesar a mi madre permiso para llamarte, al menos para decirte que estaba bien, pero siempre me lo negó…Los días pasaron y llegamos a Boston, donde finalmente nos instalamos»
«Mi madre los buscó hasta en Storybrooke…»
«Sí, su primera idea era ir allí, pero después se dijo que ustedes irían a mirar allí en primer lugar»
«Mi madre esperó durante meses…»
«La mía se hundió en el trabajo…quería cambiar de vida y por nada quería volver a ser camarera. Así que hasta que consiguió su diploma, vivimos de nuestros generosos ahorros. Ella me matriculó y en un parpadeo nuestras vidas ya estaban hechas. Yo estaba seguro de que tú estabas al corriente de la historia»
«Mi madre solo me lo contó tras vuestra partida. Yo pensaba que esa reacción era demasiado exagerada para una sencilla pelea, entonces me dijo la verdad. Se lo eché en cara durante un tiempo hasta que vi que no lo superaba y tuve que estar a su lado»
«Mi madre ha intentado remontar…lo ha hecho a su manera…»
«¿Qué quieres decir? ¿Ha rehecho su vida?»
«No, en realidad. Al comienzo, se quedaba en casa, después comenzó a encadenar salidas. A veces volvía, a veces no. A veces traía a sus conquistas pasajeras, hombre o mujeres. No sé si buscaba olvidar a Regina en sus brazos o si intentaba encontrarla en todas esas personas…A continuación, logró su diploma y paró con todo eso. Se hundió en su trabajo y yo en mis estudios. Entré en el instituto con un año de adelanto»
«Presumido…» suspiró ella con la sonrisa en los labios
«Sí, lo sé. ¿Y tú?»
«Nada glorioso: estuve al lado de mi madre y su depresión…duró varios meses antes de que saliera a la superficie y retomara el trabajo, ayudada por Mallie. Pero no fue lo mismo…Está diferente, menos alegre. Ha retomado sus malas costumbres de antes de conocernos: hundida en el trabajo, vuelve tarde y se va temprano, pasa los fines de semana trabajando…»
«Lo siento por ti…»
Se quedaron unos segundos callados, en el silencio más absoluto, la nieve comenzaba a descender en finos copos.
«Podrían haber sido felices, ¿sabes?...» suspiró Evelyn «Estaban hechas la una para la otra…qué pena»
«Sí…Hubiera podido ser…si tu madre no lo hubiera arruinado todo»
Evelyn bajó la mirada
«Si pudiéramos volver a tres años antes…»
«Pero no se puede…demasiadas cosas han pasado, demasiado tiempo»
«¿Qué crees que pasaría si hoy se encontraran? ¿Después de todo este tiempo y todas las cosas que no se dijeron?»
«No lo sé…Han pasado página, así que supongo que ya no se aman»
«¿Crees que es así de sencillo?»
«¿No hay un dicho que dice: Ojos que no ven, corazón que no siente?»
«No es verdad para todo el mundo. No hay una semana en tres años que yo no haya pensado en ti» Henry se sintió incómodo «Pero puedo comprender que no haya sido igual en tu caso»
«No es eso…Siempre creí que tú estabas al corriente y que te habías burlado de mí…por eso, tuve menos remordimientos al partir y pasar a otra cosa…»
«¿Fue tu madre la que te dijo que yo debía estar al corriente?»
«En absoluto. Lo deduje cuando me dijo que tu madre la había engañado. Imaginaba que como ustedes estaban tan próximas de nuevo, te lo había dicho y te lo habías callado»
«Estoy…decepcionada. Pensaba que me conocías mejor que eso»
«…»
«Incluso formamos un equipo para unirlas. Pasamos una Navidad juntos. Fuimos casi una familia por tres meses…»
«…»
«Pero comprendo…Después de todo, cada uno, su vida. Tú vas a retomar la tuya y yo haré lo mismo. Si te tranquiliza, no le contaré a mi madre nada de esta noche»
«…»
«¿Vas a estar callado mucho más tiempo?»
«Lo siento, solo es que no sé qué decir, esta situación parece tan…irreal. Es la primera vez que vuelvo a Nueva York y te encuentro…por casualidad»
«Quizás sea el destino…¿sabe tu madre que estás aquí?»
«No. Estaría en contra, aunque haya pasado página, esta ciudad es su triangulo de las Bermudas»
«Ya veo…Tú…¿Tú crees que podremos mantener el contracto o es muy raro para ti»
«Como tú lo veas»
«Vale, no pareces muy convencido»
«Mira…Pienso sobre todo en mi madre. Ha sufrido muchísimo con toda esta historia. No quiero traicionarla o que se sienta traicionada si se entera de que tengo de nuevo contacto contigo. Es como si yo volviera a ver a una ex después de años, no se me pasaría por la cabeza la idea de volver a su vida…»
«…salvo si aún la amas…»
Henry la miró, asombrado
«¿Tu madre ama todavía a la mía?»
«Realmente nunca me lo ha dicho, pero lo noto, se ve. Estoy segura de que si tu madre volviera a ver a la mía, otra vez se produciría el flechazo»
«Haces una apuesta arriesgada…»
«Evidentemente, tendrían que arreglar sus desavenencias antes, pero…¿no crees que están hechas la una para la otra? Quiero decir, tres años han pasado y ninguna ha rehecho su vida, quizás sea una señal»
«O quiere decir que están aún demasiado heridas por la ruptura, lo que no presagiaría nada bueno si se volvieran a ver»
«Se podría intentar»
«Oh, oh, conozco ese tono, miss Mills»
«¿Qué? ¡Es verdad! Estoy convencida de que están hechas para estar juntas»
«¿Y eso te lo hace decir el hecho de que tu madre haya engañado a la mía?» dijo él irónicamente
«No hay un día en que mi madre no lamente esa noche. Y créeme, estoy segura de que si pudiera dar marcha atrás, lo haría. No disculpo lo que hizo: engañó a Emma. Pero vuestra partida la hundió»
«¿Y no crees que esto agravaría la situación si mi madre la rechaza una vez más?»
«¿Estás al menos seguro y convencido de que la va a rechazar?»
«Lo que está claro es que no la va a recibir con los brazos abiertos» dijo divertido Henry
«¿Estás listo a aceptar el desafío?» dijo con tono desafiante la joven.
Henry hizo una mueca y alzó la nariz como para sentir la nieve caer suavemente.
«No lo sé. Ya no soy ese niño de 13 años que montaba planes para que su madre se casara. Hemos pasado la edad de esas cosas…»
«Yo pienso en la felicidad de mi madre…»
«Yo también pienso en la felicidad de la mía, y es por eso que no estoy seguro de que sea una buena idea hacer que se vean»
Los dos adolescentes se quedaron un momento lado a lado, mirando la nieve caer suavemente en el suelo. El frío comenzaba a hacerse sentir, así que Evelyn se levantó, sacudió su abrió
«Creo que voy a entrar»
Henry entonces la imitó, en silencio, y juntos volvieron a la fiesta en la que nadie se había dado cuenta de su ausencia. Antes de entrar de nuevo en la casa, Henry puso su mano en el hombro de la muchacha
«Antes de despedirnos, dame tu número, de verdad quiero que mantengamos el contacto»
Evelyn le sonrió y le dictó su número
«Queda entre nosotros, evidentemente»
«Evidentemente» confirmó el joven
Y mientras intercambiaban una sonrisa, una voz femenina se hizo oír
«¡Eve!»
Los dos jóvenes se sobresaltaron al ver a Kiara aparecer, el rostro rojo de cólera y los ojos al borde de las lágrimas, y lanzarse sobre ellos
«Kiara, ¿estás bien?»
Sin una palabra, la joven cogió la mano de su amiga y la arrastró con ella
«Ven, nos vamos, ¡esta fiesta apesta!»
«Ah, pero…¿y ese Jeffrey?»
«¡Es un idiota!»
Al comprender que su intento con ese Jeffrey había fracasado, Evelyn no insistió y tuvo el tiempo justo de girarse hacia Henry para hacerle una señal con la mano y dedicarle una sonrisa, que él devolvió, antes de que Kiara la arrastrara hacia el coche.
«¿Quién es eso chico?» preguntó la joven lanzándole un ojeada a Henry que no dejaba de mirarlas hasta que subieron al coche y arrancaron.
«Es…un viejo conocido»
«¿Te acostaste con él?»
Evelyn reviró los ojos
«No, es un amigo, solo un amigo»
Henry no desvió su mirada sino cuando el coche de las dos chicas ya no estuvo al alcance de la vista. Entonces suspiró, echando un vistazo al número de teléfono que se mostraba en su pantalla. Sonrió mientras pulsaba el botón de «guardar»
Cuando volvió a su casa, encontró, evidentemente, a Emma echada en el sofá, brazos cruzados, parecía que lo estaba esperando. Cerró suavemente la puerta haciendo una mueca y se acercó con las manos en los bolsillos.
«Hey…»
«Hey…»
«…»
«¿Has visto la hora?»
«¡Es una pregunta retórica o…?»
«Muy gracioso. Te había dicho hasta la una…Son más de las 3, ¿te estás riendo de mí?»
«Perdón, mamá, pero…»
«Ah, no, no, no, no, guárdate tus excusas tontas»
«…»
El joven se quedó, entonces, de pie, apesadumbrado, mientras que su madre, tras revirar los ojos, se enderezaba
«Ok, venga, te escucho. Pero te prevengo, si es una estupidez, tendrás mi pie en tu trasero y una semana sin salir, ¿entendido?»
Él asintió y se sentó al lado de su madre. Pero antes de que pudiera abrir la boca, su madre le agarro por el cuello y se lo acercó a ella rudamente. Apuntó su nariz en su dirección y olisqueó su rostro algunos segundos antes de soltarlo.
«Ok, nada de alcohol, eso ya es algo…pero tus compañeros deberían dejar de fumar esa asquerosidad antes de que las pocas neuronas que les quedan desaparezcan para siempre»
Él puso una mueca
«¿Y cómo sabes que no soy yo el que ha fumado?»
«Estoy bastante próxima a yonkis para discernir el olor de un porro sobre alguien que los fumas de alguien que está cerca»
«…»
«Venga, te escucho, esa fiesta»
«Estuvo…estuvo…bien»
«¿Bien? ¿Solo bien? Bah, venga, ¿a qué hora habrías vuelto si hubiera estado genial?» dijo ella irónicamente
«Sí, bueno…había una chica…»
«¡Ah, ah! ¡Ahí vamos…una chica!» dijo ella señalándole con un dedo acusador «¡Siempre es cosa de alguna chica! ¡Venga, cuenta!»
«Bah…Ella…es simpática, nos llevamos bien»
«¿Tú…no has…con ella?»
«¡Mamá!» se enfadó él, con un tono casi de asco
«Oh, venga ya, como si no hubieras pensado ya antes. No tengo ningún problema, eres grande. No deseo ser una de esas madres psicóticas que encierran a sus hijos hasta el matrimonio»
«Está bien, entendido»
«¿Entonces?»
«Yo…solo hemos hablado y…»
«¿Te gusta?» le pinchó Emma
«Sí, bueno, no…no lo sé» suspiró él y de repente las palabras de Evelyn vinieron a su memoria. Y si…¿y si tenía razón? Entonces se pellizcó el labio inferior y miró a su madre «Mamá…»
«¿Sí?»
«¿Cómo…cómo se sabe…cuando se está enamorado?»
Emma, asombrada, se recolocó un poco mejor
«¿Cómo que enamorado?»
«Cuando se ama a alguien, y se piensa que esa persona siente lo mismo por ti»
«Oh, bah…ya sabes, no sé mucho de eso…en realidad nunca he tenido suerte con eso»
«Bueno…» se removió en el sofá, de repente incómodo «¿qué sentiste al ver a Regina por primera vez?»
El corazón de Emma se saltó un latido. Regina…no había escuchado ese nombre desde hacía tres años, desterrado de su casa, de su familia, se había convertido en tabú. No supo qué responder al momento, ciertamente no se esperaba que su hijo hiciera referencia a su ex novia. Trago saliva con dificultad antes de retomar contención.
«Yo…wow, no pensaba que fueras a hablar de ella…»
«¿Te molesta? Quiero decir, hace ya bastante tiempo, has pasado página, así que pensaba que ya no te supondría un problema»
«No, es solo que…no sé si esa relación es verdaderamente un ejemplo, visto como acabó»
«Pero, fue una historia apasionada y pasional. Tu primera chica, fue algo especial, ¿no?»
«Si se mira así…»
«Aunque haya acabado, está revestido de algo simbólico. ¿Entonces?»
«¿Entonces qué?»
«Bah, ¿qué sentiste al ver a Regina? No sé, ¿hay señales que se puedan reconocer?»
«Henry, escucha…No soy la mejor indicada para hablar de este tipo de cosas. Todas mis historias de amor han fracasado: desde tu padre a Regina. No sé si soy yo o son los demás, pero parece ser que mis sentimientos a menudo me han engañado. No soy fiable en este asunto, lo siento»
«Pero, ¿has estado enamorada, no?»
«Basta Henry, ya no quiero hablar de eso. Es pasado para mí»
Pero el tono poco seguro de la joven, así como sus mejillas de repente, sonrojadas no habían convencido a Henry que esbozó una discreta sonrisa antes de dirigirse a su habitación, después de prometerle a su madre que no insistiría.
En cuanto cerró la puerta, saltó a la cama y sacó su teléfono del bolsillo. Poniendo la oreja por si su madre rondaba por los alrededores, le envió un mensaje a Evelyn «Ok para la misión Cupido. Estamos en contacto»
Algunos segundos más tarde, su teléfono vibro y recibió un mensaje de la joven «Sin clase. Mañana paso a verte a tu insti, hablamos. Dame la dirección. Buenas noches»
Él así lo hizo y le envió la dirección, con una sonrisa en los labios, después se acostó, con un viento de nostalgia rondando por su cabeza.
Como había prometido, al día siguiente, Evelyn recorrió más de dos horas y media de camino para visitar a Henry en su instituto. Ya llevaba esperando un buen rato en la puerta de la entrada, cuando vio un hermoso coche rojo brillante parar delante de él
«Hey, guapo moreno, ¿subes?»
Él sonrió y subió en el coche que arrancó a penas la puerta se cerró.
«¿Qué ha dicho tu madre de tu salida?»
«Cree que estoy con una amiga el fin de semana»
«¿No tienes miedo de que ella te traicione?»
Evelyn sonrió
«Ninguna duda. ¿A dónde vamos?»
«Intentemos no cruzarnos con mi madre… Así que, a Point Pike»
Evelyn se dejó guiar por las instrucciones de Henry y llegaron al borde de un acantilado desde el que se veía toda la ciudad.
«¿Qué es este sitio?»
«Aquí es donde los chicos traen a las chicas» dijo él divertido
«Encantador…»
Salieron y se sentaron en el capó del coche
«Bello auto…»
«Gracias»
«…»
«Entonces…¿qué te ha hecho cambiar de opinión al final?»
«Hablé con mi madre…»
«¿En serio?»
«Sí, en fin, no, no como crees. Y sentí, no sé, algo»
«¿Algo?»
«Mencioné a Regina y directamente se cerró como una ostra»
«No es bueno»
«Al contrario. No se reacciona así, con tanta virulencia si no hay algo detrás. Creo, quizás, que queda algo…»
«No he mencionado a Emma a la mía, pero te aseguro que mi madre nunca la ha olvidado…Tendrían que cruzarse, por casualidad, en algún lado»
«¿Por casualidad? Vivimos a casi 300 kilómetros unos de otros…»
«Sí, y eso apesta»
«No podremos hacerlo sin hacer estallar nuestra tapadera…»
«Entonces tendremos que sacrificarnos. ¿Alguna idea?»
«Ninguna, ¿tú?»
«¿Te acuerdas de nuestro primer encuentro?»
Henry dejó escapar un suspiro, divertido
«Que si me acuerdo…creo que nunca olvidaré la imagen de tu cara cubierta de puré mezclado con zumo de fresa»
Evelyn hizo una mueca
«Sí…a mí me gustaría olvidarlo…»
«Entonces, ¿qué hacemos?»
Evelyn entonces sonrió, con esa sonrisa que Henry conocía muy bien por haberla visto muchas veces en su rostro cuando se disponían a hacer alguna trastada juntos. Pero enseguida la perdió
«Henry…ante de que hagamos lo que vayamos a hacer, debo decirte algo, algo que podría hacerte cambiar de opinión»
«¿Qué?»
«Primeramente, me gustaría que no juzgues a nadie: ni a mí, ni a mi madre…Hay cosas…sucesos que han pasado y de los que no siempre tenemos el control…»
«¿Eve?»
«Prométeme que guardaras el secreto de lo que te voy a decir»
Se giró hacia él y el joven vio la mirada determinada de Evelyn. Comprendió entonces que no estaba de bromas.
«Prometido»
Ella suspiró y en el más grande de los secretos la Operación Cupido comenzó a caminar.
