Ya estoy aquí ¿Me extrañaron? Espero que sí pues yo si los extrañé. ¿La razón de mi ausencia? Tres motivos, el primero, estuve en una actividad de verano en mi parroquia y me ocupó toda un semana en la que llegaba agotada todos los días, la segunda, tenía que matricularme en la Universidad y bueno ya soy estudiante de la carrera medicina veterinaria, así que felicítenme, gracias y la tercera y más penosa razón, mi cuaderno en el que escribía este fic, a desaparecido y aún no lo puedo encontrar, si les ha sucedido sabrán como me siento, pero ese no será motivo para que no siga con el fic, pues como ya ven, estoy aquí. Ya no las distraigo más y las dejo con el capítulo número 25 disfrútenlo.
Capítulo 25: De regreso a Hogwarts, Una nueva aparición
Al día siguiente debían hacer las consultas sobre su vuelta al castillo, pues no era llegar y presentarse en su habitual puesto, ya que ellos se habían ausentado por meses y sin dar aviso. Aunque claro, no les fue muy difícil convencer a la profesora McGonagall para que les volviera a aceptar dentro del profesorado, al parecer sus reemplazos no estaban resultando de lo más efectivo y la directora estaba al borde del colapso.
Por otro lado la idea de separarse de Ginny y Tom no les era de lo más agradable, habían pasado lindos momentos juntos y era algo de lo que no se querían desprender. Draco les había dejado a su cargo la mansión y todo lo que a ella involucrara, es decir, tenían a su disposición todos los coches que Hermione había visto en alguna oportunidad.
El día antes de que volvieran al castillo lo dedicaron a planear los turnos de vigilancia que tendrían, ya sea pasando desapercibidos o dejándose ver. Tratarían de comunicarse lo menos posible por lechuza y lo harían solo en casos necesarios. Intentarían conseguir trabajos que de alguna manera los vincularan al castillo o de lo contrario en Hogmade.
La noche en que volvieran al castillo no fue para nada cómoda. Hermione por su estado se encontraba muy sensible y lloraba a cada instante.
-Te iré a ver lo más seguido que me sea posible –le dijo Ginny cuando se despedía por séptima vez de ella.
-¿Lo prometes? –le preguntó esperanzada y soltando nuevamente más lágrimas.
-Claro que sí, ¿Cómo puedes creer lo contrario? –le sonrió- Y ya es tiempo que se vayan, ya es casi la hora.
Hermione se separó nuevamente de ella y abrazó con mucho cariño a Tom y luego a Ron, pero con él fue menos efusiva y aunque al pelirrojo le dolió, lo comprendió perfectamente.
Cuando ya solo faltaban algunos minutos para que el traslador se activara Draco se acercó a Tom y lo llevó a parte.
-¿Qué ocurre? –preguntó al rubio con preocupación.
-Quiero que vigiles a Weasley muy de cerca, aún no me fío de él ¿lo harás?
-Muy bien, cualquier cosa te lo hago saber, no te preocupes –le dijo golpeándole ligeramente la espalda- ahora ve, ya casi es hora.
Y efectivamente en el momento en que Draco tocó el traslador, los cuatro sintieron un tirón en su estómago y notaron como sus pies aterrizaban en la espesa hierba.
-Bien -dijo Blaise- hemos vuelto ¿Nos extrañaste Hogwarts? –alzó los brazos hacia el castillo y lo miró ligeramente.
-Estás loco –le dijo Draco- ahora vamos, aún estamos fuera de los límites, debemos llegar antes que termine la cena –tomó la mano de Hermione y junto a su pareja amiga se encaminaron hacia el castillo. Caminaron en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Eran muchas las cosas que habían pasado en tan poco tiempo, tantos buenos como malos que con el tiempo serían difíciles de olvidar.
No sabían como sería el trato del colegio hacia ellos cuando volvieran, tal vez McGonagall sería más fría, si era posible, con ellos, pues su ausencia le había traído más de algún problema.
Draco miró a su lado y vio a Hermione muy pegada a él, aún no entendía como ella había terminado enamorada de él. Por su puesto era irresistible –pensó sonriendo- pero los años en que la había hecho sufrir no serían olvidados tan a la ligera.
Cuando ya se encontraban a solo unos metros de la entrada del castillo Draco se detuvo y miró a los demás con atención.
-Volvemos al principio -les dijo- pero no debemos olvidar que ahora nuestro propósito es otro.
-No te preocupes, está todo controlado –Blaise le sonreía, mientras se acercaba a él- ti sabes que nadie se puede enfrentar a nosotros.
-Lo se Blaise, pero aún así no hay que fiarse, ahora –se dirigió a todos- entremos en el castillo y enfrentemos esto de una vez por todas.
Tomó más firmemente la mano de Hermione y se encaminó nuevamente hacia el castillo. Entraron por las grandes puertas de roble en las que muchas veces lo hicieron para comenzar un nuevo año. En el vestíbulo los esperaba Filch con su gata a los pies y con el mismo rostro de amargura de siempre.
-Hasta que al fin se dignan a aparecer ¿no? Creen que todo el mundo está a su disposición –dijo dándose media vuelta y dirigiéndose hacia el comedor.
-También es un gusto verte Filch –Blaise miró con una sonrisa a Draco quien también le respondió la sonrisa y siguieron al celador.
-Supongo que esta vez no irán a desaparecer –les dijo sin mirarlos.
-Eso no es de tu incumbencia Filch –Draco ya comenzaba a fastidiarse.
-Yo solo decía –dijo en el instante en que se escuchaba la voz de la profesora McGonagall se escuchaba a través de la puerta.
-Por diversos motivos personales ellos debieron dejarnos, pero ya están aquí nuevamente, es por eso que quiero que le demos una calurosa bienvenida a las profesoras Pansy Parkinson y Hermione Granger y a las profesores Blaise Zabini y Draco Malfoy –en eso momento las puertas del gran comedor se abrieron y los cuatro entraron en medio de los aplausos de todos los estudiantes.
Draco se mantenía serio, mientras que los otros tres reían y saludaban a los alumnos que tenían más cerca. Después de algunos meses no pensaron que los recibirían de aquel modo. Al llegar a adelante fueron recibidos por una sonriente profesora McGonagall quien de inmediato les estrechó la mano dándoles la bienvenida.
-Sus puestos aún los esperan –les dijo a modo de saludo y les indicó los cuatro lugares libres que se encontraban en la mesa de los profesores.
-Muchas gracias –le dijo Hermione a nombre de todos para luego dirigirse a la mesa junto a sus demás colegas.
La cena transcurrió con normalidad y de alguna manera la cual les costó admitir, extrañaban estar rodeados de aquel mágico lugar. La directora no les preguntó nada sobre lo que había sucedido y la razón por la que se habían ido, tal vez lo haría a la mañana siguiente y si no lo hacía era porque ya lo sabía. Así que la terminar la cena se fueron directamente a sus despachos.
-¿Dónde dormiremos? –le preguntó Draco a Hermione- ¿En tú habitación o en la mía?
-No lo sé profesor ¿Cómo cree usted que se vería si ven al profesor de pociones saliendo de la habitación de la profesora de trasformaciones? –le preguntó con cierta picardía.
-Dirían que la profesora a pasado una noche sensacional –le contestó con una gran sonrisa- así que decide si no quieres que lo haga yo.
-En la mía –dijo Hermione al fin- prefiero que te vean salir de la mía que yo de la tuya, vamos profesor Malfoy –lo tomó de la mano y lo guió a su despacho.
Al día siguiente a las seis de la mañana Hermione se encontraba lista y solo le faltaban algunas cosas para comenzar nuevamente con las clases. Draco aún dormía pero los pasos de ella de un lado a otro de la habitación lograron al fin despertarlo.
-¡Por Merlín Hermione! Son las seis de la mañana, aún es temprano –dijo en un largo bostezo y sentándose en la cama.
-Lo sé, es que me faltaba organizar algunas cosas y si me levantaba más tarde no alcanzaría a hacer todo –miró de reojo sus cosas y luego a Draco- pero al parecer me equivoqué porque tengo todo listo.
-Entonces acompáñame a darme una ducha –le pidió levantándose y tendiéndole la mano.
-Yo ya lo hice.
-¿Y por qué no me despertaste para que nos ducháramos juntos? –le preguntó algo molesto.
-Porque si lo hubiera hecho, ahí si que no me hubiera alcanzado el tiempo –le sonrió y se acercó para besarlo- ahora ve a bañarte para que vayamos a desayunar.
-Esta bien –de mala gana se encaminó hacia el baño- pero mañana no te librarás de mí.
-De acuerdo –le respondió riendo y viendo como entraba en el baño. Aunque llevara el pelo desordenado y una cara de sueño terrible, no podía dejar de ser encantador.
Una vez los dos listos, salieron de la habitación y caminaron hacia el comedor. Draco tomó la mano de su novia justo en la entrada, pero Hermione se soltó suavemente.
-No creo que sea correcto que entremos así Draco, somos profesores –respondió de inmediato bajo la mirada dubitativa del rubio.
-Me da lo mismo si es correcto o no –dijo con indiferencia- eres mi novia y quiero que los demás lo sepan, además aún hay algunos alumnos de séptimo que no lo saben y te miran demasiado, quiero que les quede claro que me perteneces –le sonrió y volvió a tomarle la mano- tu deberías hacer lo mismo, hay muchas jovencitas que no me sacan los ojos de encima, tienes que cuidarme, me puedo perder –y diciendo esto último entraron de una vez al comedor.
Hermione sabía que Draco exageraba, pero aún así no pudo evitar cerciorarse si es que había alguna chica que mirara demasiado a su novio.
Y así comenzó la nueva rutina en Hogwarts, los días pasaban y nada se sabía de Harry Potter, las noticias que Ginny, Tom y Ron les mandaban no les decía mucho, pues tras mucho vigilarlos nada extraño o sospechoso pasaba a su alrededor, y los profesores tampoco les daban demasiada información pues no era mucho lo que ellos sabían y lo que les decían no les servía demasiado.
El día de san Valentín llegó y Hermione comenzó a despertar lentamente, comenzó a mover su mano lentamente hacia el lado pero solo se encontró con un espacio vacío, Draco no estaba junto a ella, no se asustó mucho pues sabía como era él, habían veces en que se levantaba de madrugada cuando aún no amanecía y otras veces cuando el tiempo estaba justo para solo darse una ducha, un desayuno rápido y comenzar las clases.
Iba a levantarse pero su cuerpo no le respondía, estaba demasiado cansada, como si hubiera trabajado todo el día, o hecho ejercicio durante largo tiempo. Nunca se daba un tiempo para ella, fue por esa razón que decidió quedarse en la cama y regalonearse durante todo el día. Sabía que no duraría mucho tiempo sin hacer nada pero lo intentaría. A los pocos minutos la puerta de la habitación se abrió dando pasó a Pansy con una bandeja con desayuno para Hermione, entró en la habitación y dejó la bandeja en una mesita junto a la cama.
-¿Cómo estas? –le preguntó Pansy sentándose a su lado en la cama.
-Bien, es solo amanecí un poco cansada eso es todo, no hay de que preocuparse –le sonrió de manera tranquilizadora- siento haberte preocupado.
-Creo que el pequeño Malfoy ya está dando señas para que lo tomen en cuenta, tendrás que tener mucha paciencia Hermione.
- Ya lo sé, he aprendido a convivir con uno, a propósito, ¿Sabes donde está Draco?
-No lo sé, solo lo vi salir muy temprano esta mañana hacia Hogdmade, no quiso decirme que iba ha hacer, tal vez te tenga una sorpresa –Pansy le sonrió y luego se puso de pie- bueno ahí te dejo tu desayuno, sírvetelo no quiero que después te enfermes y Draco me culpe de eso, ahora debo irme Blaise me tiene una sorpresa y debo prepararme, no se que será y temo que cometa alguna locura –Hermione le deseo suerte y luego Pansy salió de la habitación.
Durante casi toda la mañana ocupó su tiempo en revisar informes y trabajos que había pedido durante la semana a los alumnos, no podía negar que se divertía mucho corrigiéndolos, algunos eran excelentes otros solo eran buenos pero también habían algunos que para lo único que servían era para hacer algún show de comedia.
Ya casi cerca de la hora del almuerzo terminó de corregir todos los trabajos que tenía pendientes. Un rugir de su estómago la hizo recordar que no había tocado el desayuno que Pansy le había dejado en la mesita, pero ya estaba frío y ya se sentía mejor así que tomó la decisión de salir hacia el gran comedor a almorzar. Cuando estaba a solo unos segundos de salir de la cama el sonido de la puerta al abrirse la hizo detenerse. Alzó la vista hacia ella y vio a Draco entrar.
-¿Dónde habías estado toda la mañana? –le preguntó ella algo asustada, pues no sabía donde se encontraba su novio y más aún por la cara que traía este- ¿Qué ocurre?
-¿Por qué estás aún en cama? ¿No te sientes bien? –esta vez fue el turno de Draco de preocuparse.
-No solo fue que amanecía algo cansada ¿Qué traes en las manos? –le preguntó al ver que Draco traía una gran cantidad de papeles entre sus manos.
-Son cartas –dijo él de mala gana- de tus admiradores secretos, por el día de san Valentín, debería castigarlos descontándoles mil puntos a cada uno por tal osadía –tiró las cartas sobre la cama y se sentó al lado de Hermione, quien con mucho entusiasmo comenzó a leerlas bajo la atenta mirada de Draco, quien cada vez se enfurecía más.
-Pues no solo hay cartas para mí, también hay para ti –le dijo ella entregándole un gran corazón rojo- ¿Y de quién es? –le preguntó con algo de curiosidad y celos.
-No lo sé –tomó la carta y luego la arrojó a un rincón de la habitación y luego hizo lo mismo con las demás que se encontraban esparcidas en la cama. Bajo la mira de indignación de Hermione- Te tengo una sorpresa.
-¿Qué tipo de sorpresa? –le preguntó cambiando rápidamente la expresión.
-Esta –dijo mostrándole algo que sacó de su bolsillo.
-¿Una madeja de hilo? –cada vez se estaba inquietando más pues no sabía que era lo que Draco se traía entre manos.
-Si –le sonrió- pero no es cualquier madeja de hilo, esta es una especial –tomó su mano y anudó la punta de la madeja en su dedo y lentamente comenzó a alejarla- pues depende de nosotros que este hilo no se rompa, pues te aseguro de todo corazón que siempre estaré a tu lado, pase lo que pase –luego dejó de alejar la madeja y por el hilo fue cayendo lentamente un brillante anillo que se deposito en el dedo de Hermione- ¿Quieres ser mi esposa? –le preguntó muy serio y lleno de nerviosismo.
Hermione estaba petrificada, aún no podía asimilar las palabras que habían salido de la boca de Draco, sabían que estarían juntos, pero nunca pensó que él quisiera dar este paso, no fue hasta el momento en que una lágrima comenzó a caer por su mejilla que recordó que debía darle una respuesta a Draco. Alzó la vista y lo miró directamente a los ojos, se veía la preocupación en ellos y sin más le sonrió.
Aquella sonrisa lo fue todo para él y su alma volvió al cuerpo después de haber pasado por aquel temor.
-Claro que sí –luego se lanzó a sus brazos y lo apretó fuertemente, jamás querría separarse de él, luego sin que Draco le encontrara alguna explicación se apartó de él- Pero tengo una condición.
-¿Cuál? –debía admitir que estaba entre sorprendido y curioso.
-Que el día de nuestra boda, sea antes de que comience a crecerme el vientre o después de que nazca el bebe, pues no pienso salir en las fotografías con una enorme barriga.
-Como quieras, para mí mientras antes mejor.
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La boda se efectuó dos semanas después, fue algo sencillo y sin muchos invitados. Pansy, Blaise, Tom, Ron y Ginny, a Hermione le hubiera encantado que estuviera Harry pero dado los acontecimientos en los que él se encontraba no era una muy buena idea. La elección de la madrina de Hermione fue algo difícil, pues se había creado un lindo lazo de amistad con Pansy y Ginny había sido su mejor amiga desde hacía mucho, pero la respuesta le llegó desde esta última.
-No te preocupes –le dijo una tarde- escoge a Pansy y a mí me escoges como madrina de tu hijo cuando este nazca ¿Qué te parece?
-Me parece un buen trato- luego se acercó a su amiga y la abrazó con cariño.
Draco y Hermione pasaron todo aquel fin de semana en la playa, a Hermione le encantaba estar en esos lugares en invierno, ver como la lluvia se unía con el mar y a Draco le encantaba ver a Hermione disfrutar con cosas tan simples como esas, cada día la amaba más y se daba cuenta se lo difícil que sería tener que desprenderse de ella algún día.
Poco a poco os días fueron pasando y el vientre de Hermione iba creciendo cada vez más al mismo tiempo que la ira de Draco al no haber noticias del paradero de Harry Potter. Aunque muy en el fondo su ánimo iba mejorando pues las clases estaban por llegar a su fin, los alumnos se irían de vacaciones a sus casas y ellos tendrían más tiempo para averiguar su paradero.
Pero ya en las vacaciones los resultados de investigaciones y búsquedas eran las mismas, nada de Harry Potter. Habían vuelto a la mansión de Draco para tener más libertad en la búsqueda, pero de nada sirvió.
-Maldito de Potter donde se habrá escondido –gritó enojado Draco una tarde- pareciera que se lo hubiera tragado la tierra.
-Tal vez ya desistió de matarte-le contestó Ron- no te creas tan importante.
-No es por mí por quien me preocupo Weasel.
-Ya basta –dijo Hermione enojada, pero cuando se iba a poner de pie para irse a la habitación un fuerte dolor en el vientre la hizo detenerse- Draco –susurró.
El rubio la miró solo unos segundos y comprendió de inmediato lo que estaba sucediendo. Sin darle tiempo a nada, ni siquiera para que sus amigos reaccionaran, tomó con mucha agilidad a Hermione en sus brazos a pesar de la protuberante barriga de esta y se la llevó a los límites de la mansión tal como la vez anterior.
Apareció en la misma sala de recepción, solo que esta vez fue un sanador quien los recibió.
-Usted -le gritó al hombre- necesito ayuda mi esposa tendrá al bebe –luego la colocó suavemente en la camilla que le indicó el sanador.
-¿Cuántos meses tiene?-le preguntó el hombre.
-Bueno… este… yo… -balbuceaba Draco.
-Ocho –gimió Hermione desde la camilla, quejándose aún de dolor.
-Por favor llévesela, hágale algo para deje de sentir dolor.
-No se preocupe señor, usted espere pacientemente y nosotros le avisaremos cuando su esposa esté mejor –y luego desapareció junto a ella.
Draco se acercó a una de las bancas y se sentó ya más relajado, esta vez era diferente pues sabía la razón por la cual Hermione se encontraba así y cuando se recuperara sería el hombre más feliz del planeta.
A los minutos después el sala de recepción aparecieron el resto de los chicos, Ginny venía con un gran bolso que Draco supuso serían las cosas que Hermione necesitaría mientras permanecía en el hospital.
-¿Cómo está Hermione? –le preguntó Ginny sentándose a su lado seguido de los demás.
-No lo se, un sanador se la llevó y solo tenemos que esperar -les dijo él con calma, los demás se acomodaron en algún lugar y solo les restaba esperar.
Los minutos pasaban y Draco cada vez estaba más desesperado, no sabía que hacer, sus instintos lo obligaban a lanzarse contra el recepcionista y golpearlo hasta que le dijeran como estaba Hermione y su hijo.
-Mi hijo –se dijo, no podía creer que en solo unos segundos se podía convertir en padre, eran muchas las cosas buenas que le habían pasado en tan poco tiempo, siempre deseo estar en aquella situación pero nunca pensó que sería tan pronto. Su rostro de pronto se ensombreció y chocó su espalda contra la pared y cayó al suelo.
Blaise que estaba a solo unos pasos de él había visto el cambio que había ocurrido en su amigo y notó que algo no andaba bien. Se acercó lentamente a él y se sentó a su lado.
-¿Qué ocurre amigo?
-Esto no está bien Blaise, no me puede estar pasando todo esto –decía moviendo la cabeza de un lado a otro sin mirar a su amigo.
-¿De qué hablas? si todo está perfectamente bien, ¿Hay algo que nosotros no sepamos, Hermione está mal?
-No es ella, soy yo y todo lo que me está pasando, no puede ser que todo esté a mi favor, Blaise –está vez lo miró fijamente- yo hice cosas horribles de las cuales me gustaría olvidar, herí a muchas personas incluyendo a Hermione y ahora estoy con ella y tendremos un hijo que es lo que yo más he querido en la vida y no he pagado por todos aquellos errores que cometí, temo que algún día sean las personas que amo que paguen por aquellas cosas.
-No tienes de que preocuparte Draco, todo está perfectamente bien, en aquellos tiempos estabas bajo las influencias de tu padre, era un hombre poderoso y no tenías más remedio que seguir sus creencias, pero luego tomaste una decisión importante, que no cualquiera era capaz de tomarla en aquellos tiempos, solo los valientes Draco, fuiste capaz de dejar todas aquellas estupideces y cambiarte de bando, no crees que demostrar que habías cambiado y hacerle ver a las demás personas que ya no eras el mismo de antes, son pruebas suficientes, pasaste momentos horribles tratando de demostrarlo, Draco mírame- le dijo tomándolo de los hombros para quedar con la vista fija e su amigo- y lo más importante Draco es que las personas que te aman sobre todo Hermione están a tu lado y creen y confían en ti, ya no tienes que pagar nada, solo tienes que ser feliz.
Draco al escuchar las palabras de su amigo se sintió mucho mejor sabía, en el fondo de su alma que su amigo tenía razón.
-No se que haría sin ti amigo.
-Pues nada Draco, te estarías muriendo de desesperación –le respondió con una sonrisa- mira ahí viene un hombre.
En el momento en que Draco alzó la vista, notó como el hombre que los había recibido lo miraba con una radiante sonrisa.
-Felicidades señor, usted es padre de un lindo niño –Draco aún estaba sentado en el suelo y no reaccionaba y si no fuera porque Blaise le dio un ligero empujoncito con el pie aún seguiría sentado en el suelo. Se paró rápidamente y se situó frente al hombre.
-Yo… ¿Puedo pasar a verla?-preguntó dudoso.
-Claro, ella está en perfectas condiciones, si gusta seguirme –y sin mirar a nadie siguió al sanador con el solo deseo de ver como se encontraba Hermione y su hijo.
Se detuvo durante unos segundos frente a la puerta que le indicó el hombre, luego estiró la mano y tomó el pomo de la puerta, la giró lentamente y abrió. La visión con la que en ese momento se encontró, no la cambiaría por nada del mundo. Hermione estaba sentada en la cama y en sus brazos tenía al bebe envuelto en una gran cantidad de mantas. Hermione alzó la vista y recibió con una sonrisa a Draco quien con una extraña timidez se acercaba a ella.
-Ven acércate, no temas, solo estamos tu hijo y yo –le dijo con algo de burla, la cual notó de inmediato el rubio.
-Lo sé –dijo fingiendo molestia- es solo que no quería molestar mientras lo alimentabas.
-No seas tonto, ven siéntate a mi lado- y haciendo caso a lo que ella decía Draco terminó por recorrer la distancia que los separaba y se sentó junto a ella en la cama y al fin puedo ver a su hijo. A simple vista era igual a Hermione, se le veían unos pocos pelitos castaños y el color de la piel era idéntico al de ella, pero en el instante en que el bebe abrió los ojos Hermione sintió como el pecho de Draco se hinchaba de orgullo, pues aquellos ojos eran tan grises como los del rubio.
-Es hermoso –escuchó Hermione decir a Draco.
-¿Quieres cargarlo? –y sin esperar respuesta Hermione le tendió con mucho cuidado al bebe en los brazos de Draco, quien sin tener tiempo de reaccionar solo atinó a tomarlo.
-¡Vaya! No pesa nada –comentó sonriendo- ¿Qué nombre le pondremos? –le preguntó de repente- por favor que no sea el nombre de ningún antepasado extraño que luego pueda traumar a nuestro hijo.
-No lo se –dijo Hermione sonriendo ante tal comentario- pero yo había pensado en Connor ¿Qué te parece?
-Connor Malfoy, Connor Malfoy-susurraba Draco meditando que tal quedaba el nombre- Sí, me agrada –dijo al fin- Ya está –miró fijamente a su hijo quien en ese momento lo miraba directamente- tú nombre será Connor Malfoy.
Y así sonriendo se lo llevó nuevamente a Hermione.
Fueron solo dos días lo que Hermione permaneció en el hospital, pues el parto había sido normal y los dos estaban en perfectas condiciones. Bajo toda esa felicidad la evidente desaparición de Harry Potter los tenía a todos de alguna manera tensos y se notaba perfectamente en el ambiente.
Pronto llegó nuevamente septiembre y debían volver al colegio, solo que esta vez hubieron algunos cambios, pues la madrina de Connor, Ginny se iría a vivir con ellos para ayudarles a cuidar al bebe cuando ellos estuvieran dando clases y para ello había habilitado un cuarto para el bebe y ella.
Esta vez solo Tom y Ron quedarían fuera de Hogwarts buscando otros trabajos en Hogsmade que los mantuviera en contacto con todo.
Las clases comenzaron con normalidad, sin ningún contratiempo y sin ningún castigo que examinar que les quitara tiempo para estar con su hijo. Una tarde en que los alumnos tenían libre para ir al pueblo, Draco y Hermione salieron a los jardines del castillo para pasear a Connor y despejarse un poco de la rutina del colegio. Luego de caminar unos minutos se sentaron en la sombra de un árbol, cuando vieron acercarse a Tom y Ginny, al verlos Draco se puso de pie inmediatamente.
-¿Tienes noticias de Potter? –le preguntó a Tom.
-No lo siento solo venía a ver a Ginny y saber como estaban ustedes –contestó muy tímidamente Tom al ver la decepción en el rostro de Draco- lo siento.
-No te preocupes –le contestó el rubio- es solo que pensé que sabías algo –le dijo sentándose nuevamente junto a Hermione.
-Bueno, ¿les molesta si nos llevamos s Connor a dar una vuelta cerca de la cabaña de Hagrid? –dijo Ginny rápidamente para cambiar de tema.
-No, claro que no –les sonrió Draco- en una de esas se deciden y tienen uno propio –les dijo y luego sonrió al notar el evidente sonrojo de la pareja.
Ginny tomó tiernamente a Connor y lo acunó en sus brazos y se encaminó a los al rededores de la casa de Hagrid junto a Tom.
-Sería bueno que estos dos siguieran nuestro ejemplo –le comentó Draco a Hermione.
-Primero Tom debe ganarse la confianza de Ron y no creo que le sea muy fácil.
-Pues si de mí dependiera le daría más que mi confianza a Tom, pues de Weasley no me confío mucho después de todo lo que a sucedido y no me digas lo contrario pues sé que tu piensas lo mismo –le dijo luego de ver el gesto que Hermione hacía.
-Sí creo que tienes razón –después se acercó a Draco a se acomodó en sus brazos. Estuvieron largos minutos así, en silencio, solo escuchando el respiro del otro, hasta que Hermione notó algo extraño. Tom caía al suelo y desde el bosque prohibido salía un hombre completamente de negro y atacaba a Ginny.
-¡Por Merlín! –exclamó Hermione, levantándose de inmediato alertando a Draco, quien solote basto ver la dirección en la que miraba su esposa para darse cuenta de lo que estaba sucediendo y salir corriendo seguido de ella en dirección a sus amigos. Mientras corrían notaron con horror con el hombre tomaba a Connor de los brazos de Ginny y se internaba nuevamente en el bosque.
No alcanzaron a detenerse para ver en que condiciones se encontraba la pelirroja pues Tom ya estaba mejor y se quedó con ella.
-Vayan por Connor yo me quedaré junto a Ginny –los dos solo asintieron y se internaron en el bosque.
Parecía que en aquellos momentos nada podía detenerlos y el bosque estar a su favor, los árboles le daban el oxigeno suficiente para no cansarlos y de alguna manera sabían exactamente que dirección tomar ya que los árboles le indicaban el camino. Veían cada ciertos momentos como la capa de aquel que se había llevado a su hijo desaparecía tras algún árbol.
Cuando pasaron por detrás de un gran árbol se encontraron con el hombre frente a frente, pero no podían distinguir su rostro pues estaba cubierto por una negra máscara. Se detuvieron a una distancia prudente, Draco le hizo una seña a Hermione para que se quedara quieta y ella la entendió de inmediato y luego él comenzó a acercarse lentamente.
-Entrégame a mi hijo –le dijo Draco al hombre.
-¿Qué te hace pensar que lo haré Malfoy? –le preguntó el hombre con una voz familiar que ambos reconocieron al instante y que horrorizó a la castaña.
-Debí imaginarme que eras tú Potter, ¿Quién más? –Draco seguía acercándose- No te lo diré por tercera vez Potter, dame a mi hijo.
-No lo hará –dijo una voz que erizó todo el cuerpo de Draco, sabía perfectamente a quien pertenecía, pero era imposible porque debía estar muerto.
-No puede ser –Draco se detuvo y se quedó quieto en el lugar, viendo como detrás de un árbol salí el dueño de esa voz.
-Pareces sorprendido de verme hijo –le comentó Lucius recalcando bien la última palabra- Dame el niño Potter –le ordenó a Harry quien obedeció al instante. Cuando Lucius tuvo al niño en sus brazos con un ágil movimiento de su varita Harry cayó al suelo quedando inconciente- Ya no me haces falta solo porque me fuiste útil te dejaré con vida –dijo mirando con desprecio el cuerpo inerte de Harry.
-Esto es imposible, tu estabas muerto –Draco no podía creer lo que le mostraban sus ojos.
-Error, te dijeron que estaba muerto, pero tu nunca lo viste con tus propios ojos –Lucius no podía quitar la expresión de asco del rostro- nunca penseque mi nieto sería una mezcla con una sangre sucia.
-No le digas así me escuchaste –le gritó furioso.
-Vaya Draco, si que haz cambiado, antes no decía eso –le sonrió.
-¿Por qué haces todo esto? –le preguntó de repente a su padre.
-Porque tu me quitaste a mi hijo, lo mataste el día en que te cambiaste de bando, junto a todos estos sangre sucia y los traidores a la sangre, podrías haber tenido un gran futuro junto a nosotros y por esta sangre sucia –por primera vez detuvo su mirada en Hermione pero la esquivó de inmediato- es por eso que decidí vengarme, me acerqué a Potter, debo admitir que pensé que me constaría más entrar en su mente pero no fue así, hice todo para que obligara a la sangre sucia a matarte y te darías cuenta que ella no te quería, sí –dijo al ver el rostro de su hijo- te quería muerto, aunque una parte tuya ya estaba muerta para mí quería que tu cuerpo también lo estuviera, pero ¿Qué ocurrió? La sangre sucia también te amaba, me sorprendí y bastante, así que decidí matarla a ella, pero un consejo Draco, nunca envíes a otros a hacer el trabajo que te corresponde a ti, solo le provocaron unos cuantos cortes.
Draco no podía creer lo que estaba escuchando, todo había sido provocado por su padre.
-Ah, lo olvidaba, la profecía, la famosa profecía, sí yo la creé, sabía cuales serían tus pasos que irías a la mansión, que encontrarías el segundo pedazo bajo el estante, ¿Para qué? Porque inconcientemente los uniría más y tendrían un hijo, sí, quería que tuvieran un hijo y así cumpliría con mi venganza, te lo quitaría tal como lo hiciste con el mío, pero no te preocupes yo no lo mataré, lo criaré de verdad y no cometeré los mismo errores que cometí contigo. No nos busques porque no nos encontrarás nos iremos muy lejos fuera de esta dimensión, pero volverá y el será quien acabe con ustedes, su propio hijo.
En ese momento comentó a recitar palabras que a oídos de Draco eran in entendibles. Pero Hermione sabía exactamente que palabras eras y que provocaban, no podía permitirlo, las lágrimas que hace varios minutos habían comenzado a caer de sus ojos no le permitían ver muy bien lo que estaba ocurriendo.
-¡Draco! –le gritó al rubio- debes detenerlo se lo llevará.
Al escuchar aquellas palabras reaccionó de inmediato y corrió en dirección a su padre para quitarle a su hijo, pero cuando estaba por llegar a él una fuerza lo empujó varios metros en el aire, hasta llegar junto a Hermione. Se paró rápidamente ayudado de ella justo en el momento en que unas llamas de fuego absorbían a Lucius y a Connor.
Ambos cayeron de rodillas al suelo dándose cuenta de lo que había sucedido, su hijo había desaparecido.
Y bien ¿Qué piensan? ¿Les gustó? Espero que sí, vaya me dio mucha penita el final pero creo que hacía falta un poco de emoción al asunto. Si les gustó o si no déjenme un rr diciéndomelo. Que estén bien y nos vemos en el próximo capítulo.
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Bueno lo agradecimientos para las personitas que dejaron su rr en el capítulo anterior:
Karita34
Daniiblack
Hermione-Malfoy35
Pekelittrel
Whitest angel
ZulyB6
Krissalis Potter
Muchas gracias
