Vocaloid le pertenece a Yamaha Corporation.

Aclaratoria: este capítulo fue inspirado en la canción "El Reloj" de Roberto Cantoral interpretada por Il Volo.


Capítulo XXV- Reloj

Definitivamente, no recalcó Kyoko, malhumorada. ¿Ya olvidaste que estás castigada? Ni loca permitiré que asistas a un evento de tal importancia. ¿Cómo crees que te dejaría ir después de tu acto de rebeldía, de tu desobediencia por haber llegado tan tarde el lunes?… Ya sabes lo que digo: regañar no es suficiente, hay que poner en práctica la reprimenda. Por ello, aprenderás de tus errores aquí en la casa, en tu recámara. El silencio será tu maestro.

No puede estar pasando esto otra vez… pensó Rin con desespero al verse obstaculizada otra vez Kyoko, te lo pido, déjame ir… Prometo que no te molestaré, ni a Richard, y mucho menos a Neru y a Teto...

El solo hecho de que estés invitada, cariño, ya es un grave problema que me causa mucha molestia; hace que me duela la cabeza por la preocupación. ¿Acaso sabes que tipo de personas asistirán a esa fiesta? No encajarías, mi vida... Las mujeres de alto status suelen pisotear a las personas ingenuas y tontas como tú. Perdóname, pero estoy siendo sincera por tu bien.

¿Ingenua y tonta? repitió la rubia. Sus labios temblaron de rabia e indignación. Rin entrecerró sus orbes celestes y examinó cómo su madrastra, frente a su tocador, se aplicada una base sobre su cara.

Sí, esas señoras son muy superfluas. Son pretenciosas, egoístas, despiadadas, chismosas, no hacen más que criticarse entre sí cuando se dan la espalda… enlistó la pelirroja mientras contaba con sus dedos las horribles cualidades de aquéllas semejantes a ellaNo tienen consideración con los demás. Por eso creo que es bueno separar ambas clases sociales para ahorrarnos problemas e incomodidades. Rin negó imperceptiblemente con la cabezaEstoy segura de que Neru, Teto y yo somos las más adecuadas para lidiar con ese tipo de persona. Tú no sobrevivirías en esa cruel realidad.

— Por supuesto, las manzanas podridas no pueden podrir a otras ya dañadas atacó el subconsciente de Rin cuando la pelirroja se explayó—. Pero Kyoko… Shizuka-san me ha pedido que sea parte de su cortejo. ¿Cómo podría fallarle? Ella se ha portado tan bien conmigo que lo menos que puedo hacer es retribuirle sus favores participando en su boda…

Rin, déjate de tonterías. Hablas como si Shizuka-sama te guardase algún tipo de afecto. Recuerda muy bien esto:la Kasane se enderezó y observó con los brazos cruzados a su interlocutora, quien había aclarado su voz para darle más solemnidad a sus palabras ella se porta simpática contigo porque te tiene lástima. Debe sentirse obligada a apreciarte por ser la persona que… bueno, lastimosamente está frecuentando con su hijo. Pero no veo mayor conexión que ésaRin apretó sus manos y fijó la mirada en el techo. Su pecho ardía de enojo—. Shizuka-sama pertenece a otro mundo, muy distinto al tuyo, al igual que Len. Deberías saberlo bien. Eso te ayudaría a reflexionar sobre tus acciones antes de que salgas lastimada… Pienso que Len debería ir a la boda con esa chica bonita y rica, la que es su prometida… ¿Cómo es que se llama? ¿Luka? Ah sí…Eso es lo correcto. Sinceramente, no sé cómo pudo cambiarla por ti, sin ofender; tú eres una persona tierna pero esa joven tiene tantas virtudes que me resultan incontables… Su decisión me parece tan incoherente como cambiar a la Mona

Un fortísimo portazo agitó los muebles dentro del aposento de Kyoko. Los ojos ámbares de la viuda dieron a parar lentamente sobre la oscilante puerta, que continuaba temblando por el impacto tan brusco contra el marco. Una sonrisilla se estiró sobre los labios de su madrastra. Había conseguido lo que se había propuesto: hacer desistir a Rin en su absurda petición. Volvió su mirada hasta el ovular espejo frente a ella, tan parecido al de la bruja de Blancanieves, y continuó maquillándose.

No existen los cuentos de hadas, Rin… y difícilmente los finales felices susurró riéndose.

Rin cerró con cuidado el seguro de su ático y se deslizó hasta tocar los fríos tablones de madera del piso. Escuchó su celular vibrar sobre su cama, así que se arrodilló y se arrastró hasta quedar a un costado de su mullido camastro. Entre las desordenadas sábanas buscó su móvil. Cuando por fin dio con él, leyó el mensaje que Gumi le había enviado.

¿Estás lista? Gackupo nos llevará a Miku y a mí. ¿Quieres que te recojamos? Avísame lo más pronto posible. Besos.

Rin chocó la palma de su mano contra su frente y exhaló con frustración. Se había olvidado por completo de que Gumi, aprovechando que ese sábado Dell le había dado permiso de tomar un descanso, le invitó a un nuevo parque de diversiones abierto a las afueras de la ciudad. El plan era que se encontraran en la estación a las 10 de la mañana y de ahí partirían en grupo hacia su destino. La idea le había tentado, pese a que el rubio había resistido la invitación, y creyó que sería una grandiosa ocasión para gastar tiempo con sus amigas.

Lo lamento, Gumi. Estoy castigada hasta final de mes… No puedo salir. Kyoko me ha prohibido poner un pie fuera de mi casa. Solo puedo ir a la escuela y al trabajo… Y, a menos de que hoy haya alguna celebración importante en el colegio, no creo que mi enclaustramiento se cancele. Diviértanse sin mí.

La rubia envió el mensaje mientras tomaba asiento sobre el colchón viejo de su cama. Desde su posición, observó su querida cajita musical frente al viejo espejo de su peinadora. Desde hacía tiempo que no oía la melodía de la cajita, Daughter of Evil, ni veía al sirviente y a la princesa de la historia. Puesto que extravió la llave en forma de corazón aquella noche en la fiesta de Miku, sería incapaz de volver a admirar el interior de su más grande tesoro. Suspiró con pesadez.

¿Por qué será que aún no le digo a Len que soy Cenicienta? recapacitó muda al recordar los hechos de la memorable velada, poniéndose de pie y caminando hacia el mueble sobre el que reposaba la cajita de madera barnizada con su nombre grabado. Rin acarició la tapa y detuvo sus dedos sobre la cerradura. Su memoria la transportó al musical que montaron juntos Somos novios ahora, ¿no es así?... ¿Debería contarle? Qué pasaría… ¿Qué sucedería si se molesta conmigo por haberle ocultado eso todo este tiempo? Rin llevó su mano a su frente y rozó su cabello ¿Terminaría conmigo? ¡No! ¿Por una tontería así?...

¿Verdaderamente la honestidad le parecía una tontería?

Por segunda vez aquella mañana, el teléfono móvil de la chica sacudió sutilmente la superficie de la cama. Rin caminó despacio hasta tenerlo entre sus manos. Observó el nombre del remitente; era Miku la que le había respondido por Gumi.

¡Esa mujer adora encerrarte en ese polvoriento ático! No entiendo cuál es su afán de mantenerte alejada del mundo. Como sea, pasaremos por ti en cinco minutos, así que alístate… Y no me digas nada de que no puedes, porque querer es poder. ¿Recuerdas cómo te sacamos de esa prisión tuya y te trajimos a mi casa para la fiesta? ¡Nadie se percató de nada…! Bueno, casi nadie… Lo mejor será que te prepares porque estamos muy cerca. No quiero ningún pero, porque nada es imposible.

Rin se sintió víctima de la ironía. No esperaba que Miku profundizara su sentimiento de culpa recordándole cómo ocultó la verdad aquel día y consiguió engañar a su madrastra, a sus hermanastras y a Len. Sin embargo, sus hermanastras le habían descubierto y hasta le habían amenazado con revelárselo a Kyoko, pero nada había sucedido hasta ahora…

Quizás estén esperando el momento más adecuado para utilizarlo en mi contra meditó en voz alta. Siempre se aprovechan de esas cosas en los instantes más convenientes… Como en el festival…

Ella suspiró otra vez y regresó su atención al aparato que mantenía abierto en su mano. Sabía que no conseguiría nada discutiendo con las cabezas duras de Miku y Gumi, por lo tanto, prefirió seguirles la corriente. Después de todo, Kyoko prácticamente le había dicho que no saliese de su habitación a menos de que quisiese morir, porque esa tarde recibirían visitas de parientes lejanos y se negaba a que vieran a la huérfana que su difunto marido le dejó como carga. La rubia, lejos de sentirse ofendida por sus palabras, se confinó en su templo propio y dejó a Kyoko hacer lo que quisiera.

Se acercó a su armario y sacó un atuendo cómodo y fresco para disfrutar adecuadamente del paseo. Eligió una falda de blue jean con cortos faralaos sobre la rodilla y una blusa azul celeste, holgada, de manga corta, con pequeños puntos blancos esparcidos uniformemente. Sobre su cabeza resaltaba su hermoso moño nácar. Adornó su muñeca derecha con un brazalete de plata y colocó se delicado reloj azul marino en la izquierda. Se hallaba calándose un par de tenis negro cuando percibió cómo una piedrita chocaba contra su ventana. Rin se asomó, encontrándose con una sonriente Gumi.

¡Baja ya, Julieta, debemos irnos!anunció la de melena verde escondida detrás de unos arbustos en el jardín de Kyoko. Un recuerdo le arrebató la atención de forma efímera. Luego, reaccionó.

¿Qué baje? Estoy castigada, ¿cómo pretendes que baje así como así?le replicó cerciorándose de que su voz no sonara tan fuerte, a diferencia de Gumi, que exclamaba como si nadie estuviese en casa. Cuando se disponía a hablar, Rin le indicó a través de señas que bajara el tono de su voz.

Sales por la ventana y caminas por el techo hasta alcanzar esa enredadera. El tallo es suficientemente grueso para resistir tu peso y permitir que bajes por ese muro. ¡Vamos, date prisa! No queremos que Kyoko nos descubra…

Espera, Gumi… Rin se volteó y colocó sus almohadas debajo de sus sábanas, simulando que un cuerpo descansaba sobre la cama. Muchas veces había visto como esa estrategia fallaba, pero no perdía nada intentándolo. Tomó su celular, un poco de dinero y se alejó.

Rin se contuvo frente al ventanal de la habitación. Solo un loco aceptaría aquel reto tan insensato. Ella, que ya se había catalogada como no cuerda desde hacía tiempo atrás, pasó su cuerpo encogido a través de la reducida ventana cuadrangular reprimiéndose la poca importancia que le daba cometer aquel disparate. Patinó sobre el tejado y llegó hasta la pendiente que daba al patio trasero. Con las piernas inquietas, intentó erguirse y caminar hasta el muro a tientas, pero le dio pavor ponerse de pie en aquel lugar tan inclinado y peligroso. Entonces, decidió moverse sobre sus rodillas a lo largo del techo. Cuando alcanzó la monumental pared que decía Gumi, batalló con las numerosas hojas y lianas de la enredadera hasta dar con el orondo tallo que la soportaría en su huida. Las rodillas le ardían por el brutal roce contra las tejas. Parecía estar practicando algún deporte extremo mientras descendía a saltos recortados por aquel muro. Gumi sonrió al ver que Rin tocaba el césped y empezaba a sacudir los inapreciables raspones en sus piernas.

¡Pensé que morirías cuando subiste al tejado! dijo a modo de chiste, mas Rin se lo tomó a pecho, indignándose.

¡¿Y aun así dejaste que continuara con tu absurda idea? ¡Eres terrible! ¡Eres cruel! ¡Eres…! Gumi alzó su mano y le calló.

Puedes decirme todo lo que quieras cuando estemos seguras. Por ahora, guarda silencio. Debemos escabullirnos y salir de aquí.

Está bien…respondió ella quitando la mano de su amiga.

De cuclillas, ambas se retiraron del jardín, saltando la cerca de baja altura que Kyoko se había rehusado a cambiar, aunque representara una ventaja para los ladrones, por ser un gasto innecesario.

Por cierto, te ves linda le halagó Gumi. Rin, por instinto, examinó su vestimenta y observó la de su mejor amiga. La peli verde llevaba unos pantalones Capri blancos, una blusa de tirantes amarillo claro y un sencillo bolero naranja. Accesorios verdes y unos botines naranja le daban un toque perfecto al traje.

Tú también te ves linda, Gumi.

¿Ah? ¡Fabuloso! Conquistaré algún corazón en el parque, ¿no lo crees?Gumi volvió a reírse, contagiando a Rin.

Dos sombras aparecieron detrás de un frondoso árbol, viendo cómo la rubia se escapaba de la casa y corría lejos con Gumi, quien reía amigablemente por el cumplido recién recibido y la broma que había dado como respuesta.

¿Deberíamos decirle a mamá?preguntó Teto viendo fijamente a Neru. Las mellizas habían hecho las paces el día anterior tras una prolongada y poco placentera discusión con su madre. No obstante, se sentía una ligera tensión entre ambas, secuela de su conflictivo enfrentamiento.

Por ahora, no… Le diremos después. Tenemos que entrar y ayudar a mamá con los preparativos para recibir a nuestros tíos Lisa y Gianluca, que vienen de Italia. Ven…

La larga coleta de Neru se meció con elegancia mientras sus frívolos ojos se hallaban perdidos en sus pensamientos. Teto le vio marchar y continuó evaluando el camino que había tomado Rin con Gumi. Escuchó a su hermana llamándole desde la puerta que daba al jardín y dejó atrás sus cavilaciones. Con una sonrisa ligeramente forzada, se adentró en la casa y acompañó a su madre en el vestíbulo mientras aguardaban la llegada de los visitantes italianos.

Ya en el auto, el joven de cabellos violeta oía divertido la conversación que sostenían su hermana menor, Miku y Rin.

… Entonces Mikuo le gritó a mi padre que era un "anciano sin vida" y que jamás entendería cosas como ésas. Debido a eso, mi madre lo encerró en su habitación y colocó un armario frente a su puerta para que no saliese, y como la habitación de Mikuo queda encima del garaje, tampoco puede escaparse por la ventana a menos de que quiera que la alarma suene. Ésa es la razón por la que mi hermano no vino; así es como mi madre lo castiga.

Es una verdadera lástima. Si Mikuo hubiese venido, Gackupo no parecería nuestro "niñero"apuntó Gumi resoplando. Sus amigas rieron ante la mueca que puso el hombre al oír semejante apodo.

Gumi, sé que preferirías que las dejase solas, pero… ¿no recuerdas lo que sucedió cuando decidieron visitar la Ciudad de la Ópera solamente las tres?su hermana se sonrosó por la vergüenza y apartó el rostroPrefiero no volver a vivir una experiencia como ésa…

¿Cómo iba a saber que decidirían hacer una actuación de un robo? ¡Fue espantoso! ¡Creí que moriríamos ahí adentro! se lamentó Gumi horrorizada.

Ese día aparecimos en la televisión…recordó Rin, igual de apenada que su amigaY en el periódico a la mañana siguiente.

Sí, como las tres desquiciadas que subieron hasta la azotea del sexto edificio más alto de Tokio para huir de un robo falso… Miku se cubrió la cara Los policías jamás habían visto que tres jovencitas reaccionaran de esa forma ante un grupo de criminales (aunque fuesen actores). Apenas dijeron que era un asalto, corrimos por las escaleras aclamando auxilio y suplicando misericordia.Las mejillas de Miku se tiñeron de escarlata.

Por lo menos dijeron que éramos "valientes" al no detenernos por las armas, que no eran más que utilería les reconfortó la rubia. Las otras dos se hundieron en sus asientos, ahogándose en la resucitada humillación. Gackupo soltó una fuerte carcajada.

Más que valientes, huimos como unas cobardes de primera musitó la de ojos esmeralda. Lo peor fue cuando esos hombres nos alcanzaron en la azotea… Estuve a punto de considerar la opción de saltar para no morir a balazos; siempre he creído que la muerte a manos del fuego insano es la peor.

Bueno, bueno Miku recobró su ánimo y aplaudió para dar fin a ese tétrico tema, tenemos que divertirnos mucho hoy, así que arriba el entusiasmo. ¿Meiko-san ya llegó al parque?

¿Meiko también vendrá? intervino sonriente la rubia. Miku soltó una leve risita y asintió con efusión.

Sí, Gumi te lo dijo ayer en la salida ¿recuerdas?

Oh… ¿En serio? No, no lo recuerdo… Rin se rió de su mala memoria. Gackupo estacionó el auto en el gran aparcamiento de carros del parque y siguió a sus tres protegidas cuando ellas se bajaron apresuradas.

¡Hasta que dignan a llegar! soltó Meiko, quien aguardaba frente a la taquilla, de pie. Gackupo se disculpó por hacerla esperar.Y luego dicen que yo soy la impuntual. Madrugué para venir hasta acá.

¿Madrugaste? Por tus ojeras diría que ni siquiera dormisteacusó Gumi. Miku evaluó la evidencia cubierta por maquillaje en el rostro demacrado de Meiko y secundó la mención de la peli verde.

Sí dormí, como cinco horas. Me desperté a las nueve para arreglarmese defendió Meiko. Pronto se arrepintió de haber hablado, puesto que su argumento había sonado ridículo.

Apuesto a que estuviste bebiendo hasta tardefue Rin quien retomó la argumentación—. Tienes cara de haber visto una película de trama trágico que te partió el corazón y terminaste desahogándote en alcohol.

Romeo y Julieta, la versión de Franco Zefirelli. ¿Te parece poco?

¿La de 1968?completó con curiosidad Miku. La mujer afirmó.

Sobrevivirás, a diferencia de ellosalegó Gumi con simpleza, caminando con tranquilidad hacia la entrada del parque. Meiko sintió un puñal clavándosele en el pecho. Rin sonrió al ver la expresión dramática en el rostro de la castaña.

Meiko ya había comprando las entradas de los recién llegados. La encargada los dejó pasar, deseándoles la mejor de las experiencias durante su estadía en el parque. Desde adentro, la vista era simplemente magnífica. Las altas y descomunales atracciones se regían como grandes rascacielos en medio de patéticos y enanos edificios en una imparable ciudad. Los gritos de emoción y adrenalina eran las trompetas de gloria de aquellos monstruosos juegos, que se jactaban y regocijaban de causar diversión y ansiedad a las víctimas que se subían en ellos. Los niños corrían entusiasmados hacia las atracciones, que les esperaban con los brazos abiertos, encabezando los grupos familiares que visitaban el nuevo parque. Padres y madres gozaban por la energía de los menores. Había personas disfrazadas que repartían globos y juguetes para los infantes. Rin se contagió de la felicidad y alegría que emitía aquel ambiente y sintió cómo su corazón se aceleraba dentro de su pecho.

¿A qué nos subiremos primero?cuestionó impacientemente. La castaña despeinó sus cabellos rubios y le reprimió su comportamiento infantil.

—No te precipites, Rin. Tenemos que encontrarlos primero… respondió su hermana mayor, guiñándole un ojo. La rubia entrecerró los ojos y le miró confundida. Por un momento se asustó.

¿A quiénes? ¿No estamos completos? ¿A quién más invitaron?Rin se giró hacia sus más íntimas amigas¿No se trata de alguna cita a ciegas, verdad?

Yo no sé de quiénes hablanaclaró Miku. Rin se regresó hacia Meiko.

¿No les dijiste?Meiko omitió la intrigante mirada de Rin, dirigiéndose a la hermana menor de Gackupo. Rin mordió sus labios y observó a Miku irritada, mientras la mujer castaña rendía cuentas con Gumi.

No, se me olvidó. PerdonenGumi sonrió en señal de disculpa. Miku se animó a hablar antes de que la exasperación de Rin explotara en frenéticas interrogantes .

¿Quién más se nos unirá?

Bueno, Kaito dijo que intentaría venir…— los ojos de Miku se iluminaron al tiempo en que la rubia afinaba sus oídos y esperaba con interés a que las sílabas que tanto deseaba oír nacieran de la boca de Gumi Y, si conseguía convencerlo, Len también vendrá, pero…

— Pero está ocupado con los planes para la boda citaron en coro las tres. Rin recordó su disputa con Kyoko y bajó la cabeza con cierta tristeza.

Kaito me dijo que me enviaría un mensaje para confirmarme su asistencia— acotó la Kamui.

— Yo no confío en la atención que le prestas a tu celular, Gumi, por lo que ayer cuando lo vi en el café frente a la disquera de Len le pedí que también me avisara a mí si se decidían por venir— la joven se exaltó y una risa nerviosa se le escapó.

— ¿Recibiste algún mensaje?— preguntó Gackupo, uniéndose a la plática.

— Bueno, Kaito dijo que estaría por aquí, pero no sé si se presentará solo o con compañía— contestó. Rin y Miku iniciaron una búsqueda intensa con la mirada.

— ¿Cómo los encontraremos? ¡Hay muchísima gente aquí!— recalcó Rin un poco agitada. De improviso, percibió unos brazos cerrándose alrededor de su cintura y un aliento cálido cerca de su oído—. ¡AH! ¡UN PERVERTIDO!— gritó mientras se daba la vuelta y empujaba al muchacho que se le había acercado, preparada para dedicarla una merecida bofetada. Sin embargo, una voz femenina, aterciopelada y conocida le frenó.

— Len, dije que fuésemos discretos— Luka le golpeó en la cabeza, algo molesta. El rubio frunció su ceño y la miró contrariado. ¿Dónde había quedado la Luka que solía ser dulce con él?—. No queremos que nos descubran aquí.

— ¡Qué descuidado!— Miki rió dulcemente mientras la Megurine batallaba silenciosamente con los ojos de Len. Éste soltó un quejido y apartó la vista.

Len se alejó de Luka y se acercó nuevamente a Rin, que le sonreía apenada tras asustar con su escándalo a las personas que transitaban cerca de ellos. Len se inclinó y besó su mejilla. Miki chilló conmovida y de le emoción golpeó el brazo Luka. La de cabellos rosa le observó con cierto enojo.

— Miki, compórtate— le advirtió Luka. La pelirroja amplió su sonrisa.

— ¿Miki Furukawa?— adivinó sorprendida la Hatsune después de examinar por un corto período a la chica. La aludida le respondió que sí.

— ¡Es un placer volverlas a ver!— Gumi sonrió ante el entusiasmo de la pelirroja.

— Al contrario, el placer es todo nuestro, ¡Miki-chan!

— La última vez que nos vimos fue en Okinawa, ¡ha pasado tanto tiempo!

— ¿Cómo carrizo nos encontraron?le preguntó Meiko a Kaito mientras las dos entusiastas iniciaban una animada conversación. Miku hincó sus ojos en Luka, que se acercaba a Gackupo y le saludaba tranquilamente. Luego, la conversación se tornó amena y placentera para ambos.

— Fue fácil encontrarles: un hombre con larga cabellera púrpura, una castaña que se tambalea al caminar— Miku y Gumi retuvieron a Meiko, para que ella no le diera una paliza a Kaito por decirle, indirectamente, borracha. Miki se echó a reír—, y tres jóvenes que no se mantendrían quietas ni por la fortuna más grande del mundo.

Rin se quedó estática al oír nuevamente la risa de la pelirroja. Detrás de ella había un muchacho que tapaba su cabellera con una gorra azul y cuyas facciones eran idénticas a las de Kaito. Él también se reía calladamente. Supuso que no podía tratarse de alguien más que de Akaito. Miki y Luka traían pelucas; la primera cargaba una de color blanco y la segunda se cubría con una peluca rubia. Len llevaba lentes, un peluquín marrón y una boina crema. La rubia colocó una expresión de disimulada incomodidad al verse en el mismo lugar que los otros intereses amorosos de Len. Kaito no llevaba más que un gorro verde.

— Con esos atuendos jamás los habríamos encontrado— dijo Meiko con una ceja levantada. Gumi y Miku se carcajearon por la forma despectiva con la que la castaña miraba los disfraces de los famosos—. Para estar colmados de dinero, tienen un magnífico gusto en disfraces de cuarta.

— No queríamos levantar sospecha, ¿no es así?— mas las palabras de Len se perdieron en el aire al tiempo en que se percataba de que Luka no despegaba su atención de Gackupo, Miki se hallaba concentrada en su plática con Gumi; y Miku, Kaito, Rin y Meiko discutían sobre qué harían primero. El rubio se sintió horriblemente ignorado.

— ¿A qué deberíamos subirnos primero?— indagó Rin, dirigiéndose a los otros dos grupos. El único que atendió de inmediato fue el de Miki y Gumi quienes, intercambiándose miradas cómplices, alzaron sus dedos y apuntaron a la montaña más alta del parque.

— ¡Pues a la Montaña Embrujada, por supuesto!— aclamaron.

— ¿A ésa?— Meiko la miró y se sintió mareada. Los músculos de Rin se tensaron.

— Sí. ¿Pueden sentir la adrenalina corriendo por sus venas?— alegó la pelirroja encendida.

— ¿Se imaginan las cosquillas en el estómago con la caída?— continuó Gumi.

— ¡Y los gritos y las lágrimas de las miles de sensaciones combinadas cuando el carrito se mueve rápidamente y sacude salvajemente cada célula de tu cuerpo!— festejó Miki entrelazando sus manos con las manos de Gumi mientras saltaban felices.

— ¡No hay nada mejor que eso! ¡Debemos subirnos ya! ¡Vamos, vamos!— las dos jóvenes, sin esperar la respuesta de los demás, corrieron juntas hacia la atracción.

— Parecen niñas, Dios mío— dijo Meiko—. Bueno, no podía esperar otra cosa de Gumi, pero no me lo esperaba de Miki— Len y Kaito, quienes de antemano conocían muy bien a la artista pelirroja, rieron ante las expectativas ilógicas de Meiko. La castaña suspiró—. Entonces, ¿quién seguirá a las dos animadoras?

— A mí me parece que está bien que subamos a ésa— contestó Luka sonriente. Len parpadeó incrédulo al notar la sonrisa cálida que adornaba el delicado rostro de su antigua prometida.

— A mí también. Será divertido— convino Gackupo.

— ¿Puedo sentarme a tu lado?— le miró amistosa la joven de melena rosada. Él afirmó y ambos continuaron caminando en la dirección por la que Miki y Gumi se habían esfumado.

— Creo que alguien cautivó el corazón de Luka-chan— presumió Meiko con un tono juguetón—. ¡Quien diría que Luka se convertiría en la cuñada de Gumi! Es increíble. Pensé que Luka quería a Len.

— Me parece que solo lo hacía para que su matrimonio arreglado fuera más llevadero— intervino Kaito—. Algo que sé de Luka es que atesora mucho las relaciones y ella desea que su matrimonio, sea obligado o no, dure. Ahora que Yoshiro-san y Kazushi-san decidieron liberarlos de esa promesa, ella ha seguido el camino que más le agrada. En otras palabras, ha dejado ir a Len.

— Yo aún no lo asimilo— admitió Len. Kaito le miró fijamente.

— ¿No deseabas que Luka encontrara a alguien que la quisiera? Pues ya lo hizo— el muchacho de cabellera zafiro volteó a ver a Miku y luego regresó su mirada a los dos rubios y a la castaña—. ¿Nos vamos? No quiero que nos toque al final de la fila, donde salen los carteles esos de "falta una hora para que usted se suba a la atracción".

— Yo paso— anunció Meiko cuando Len y Kaito emprendían la marcha—. No he desayunado nada y tomé tres litros de sake esta madrugada por culpa de Romeo y Julieta. No quiero vomitar sobre estos zapatos. Ustedes suban mientras yo voy por algo de comer.

La castaña se retiró a algún puesto de comida dando pequeños tropiezos. Rin suspiró. Meiko, después de tantos años, no había cambiado. Esa parte de ella no había madurado. Len le sonrió a su novia.

— Bien, entonces nos iremos nosotros—la expresión de Rin se tornó nerviosa y no se atrevió a moverse cuando Len la haló con una delicada sutileza. Él volteó a verla, confundido.

— Oh, no. A Rin no le gustan las montañas rusas, hacen que la tensión se le baje— informó Miku tomando a Rin de los hombros—. Tuvimos una mala experiencia en primer año. ¿Quieres que me quede aquí contigo?— preguntó su mejor amiga con una gran sonrisa.

— No, Miku. Yo la acompañaré— se ofreció Len con dulzura. Rin le agradeció el gesto.

— No se preocupen, yo buscaré a Meiko y los esperaremos en aquella fuente hasta que regresen. Vayan y diviértanse. Yo prefiero no arriesgarme y mantenerme alejada de ese tipo de atracciones.

— Bien, entonces nos vemos. Cuídate— Miku y Kaito se adelantaron. Len la miró, se acercó y la abrazó. Aquel abrazo se sintió tan extraño... Estaba cargado de necesidad y amor. Ella levantó la cabeza y él rozó sus labios en una inocente caricia. Luego, depositó un pasivo beso en su frente y se marchó. Rin se quedó aturdida por unos segundos. Pronto los recuerdos le invadieron nuevamente y con ellos, la culpa también volvió.

Len alcanzó a la pareja a los pocos segundos. Miku le observó por el rabillo de sus ojos turquesa.

— Pensé que te quedarías con Rin— comentó la amiga de la infancia de Rin. Len ladeó su cabeza, dando una respuesta negativa. Los tres se sumieron en una pausa. Miku habló— ¿Piensas decírselo hoy?— quiso saber. Len se sobresaltó ante aquella pregunta, relajó sus hombros y bajó la cabeza, suspirando.

— Tengo que. Solo queda una semana para la boda de mis padres...— resaltó con cierta rareza. Aún no se acostumbraba a la idea de ver unidos a sus papás otra vez. Miku le alentó a seguir, mas no dijo nada más.

— Sí, y también queda solo una semana y media para que te vayas al otro lado del mundo— se quejó con una severa seriedad Miku, cruzándose de brazos. Kaito asintió con lentitud, metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón. Los ojos de Len se ennegrecieron de preocupación— Mientras más retrases la noticia, Len, más sufrirá Rin. Debes entender que ella necesita tiempo para asimilarlo.

— Lo sé, pero tampoco me es fácil decirle que mi padre, para zafarse de la crisis en la que se hundió la empresa, le vendió la compañía a Yoshiro y acordó trabajar para él en una de las sucursales principales en América, la de Estados Unidos. Nos mudaremos a Boston dentro de dos semanas... — Len sacudió su cabellera falsa con estrés contenido— Desearía quedarme aquí en Japón. No he pasado suficiente tiempo a su lado.

— Y no disfrutarás el tiempo que te queda con ella si no le dices la verdad. Sobre la honestidad se construyen las buenas relaciones. ¿No es así?

...

Rin se dejó caer en el borde de la solitaria fuente frente a un puesto de bebidas. El espacio en el que se encontraba estaba silencioso y casi desierto, no habían más de 5 personas ahí. Había una banda preparando los instrumentos en una pequeña tarima a unos metros de la fuente. Comenzó a jugar con el agua clara que salía del cetro que poseía la escultura de oso que coronaba la cumbre de aquel fontanal. Sus manos se helaron en el aire cuando observó su tenue reflejo.

Cuando vio a Len marcharse sintió unas enormes ganas de correr detrás de él, detenerlo y decirle que le había mentido aquella noche y que ella era Cenicienta. Pero, por otro lado, el miedo y terror de verlo enojado y con los ojos fríos le congelaba viva. La conciencia no le permitiría guardarse esa mentira por mucho tiempo más, pero no conseguía cómo confesar el acto deshonesto que había cometido. No sabía cómo desmentir sus engaños. Tenía miedo de que las cosas saliesen mal y Len no quisiese verla o hablarle más.

— ¿Cómo se lo diré?— Rin recordó, también, que su madrastra tampoco le había dejado asistir a la boda de Shizuka-san y Kazushi— También tengo que decirle eso...

La rubia llevó sus manos a su cara y escondió sus ojos. Luego, empezó a oír la conversación de un par de voces cantarinas; eran manantiales joviales, procedentes de dos niñas que jugaban cerca de ella. Había una niña de cabello morado, muy corto, con un par de ojos violetas, sin emoción alguna. La niña sonreía con ligereza. A su lado, por lo que pudo percibir Rin, había un niña de largos cabellos rosados y ojos dorados.

Era entretenido ver a las infantas jugar en el borde de la fuente. Varias veces saludaron a Rin y le pidieron disculpas por si le salpicaban agua, y continuaron con sus ocurrencias. Pasó casi media hora cuando la rubia recordó que debía de buscar a Meiko para esperar juntas a los demás. Se puso de pie cuando observó cómo un empleado se aproximaba a las dos niñas que saltaban por los bordes de la fuente.

— Deténgase, eso es peligroso, podrían lastimarse— les riñó aquel hombre. La de cabellos morados se ocultó detrás de la de cabellos rosados, quien miraba desafiante al individuo. Por lo que había escuchado, una se llama Iroha y la otra Defoko, aunque no sabía quién era quién—. Díganme, ¿dónde están sus padres? No pueden andar por ahí solas.

— No, no vinimos con nuestros padres— respondió la de mirada ámbar—. Estamos aquí con nuestros hermanos y sus amigos.

— ¿Dónde están ellos?

— Aquí mismo, lamento si causaron molestias— respondió rápidamente Rin acercándose a las dos niñas. Ambas se escondieron detrás de ella—. Vine a buscarlas... Prometo que no se volverá a repetir, ¿verdad Iroha-chan, Defoko-chan?— las niñas asintieron al oír sus nombres. El encargado vio a Rin con cierta irritación.

— Está bien. Vigile más las acciones de esas niñitas. Sea responsable— y así se marchó. Las pequeñas se apartaron de la rubia, que suspiró divertida.

— ¡Muchísimas gracias, señorita!— dijeron ambas al unísono. Rin acarició las pequeñas cabezas de las niñas.

— ¿Están solas aquí? ¿Dónde están las personas que las trajeron?

— Mi hermano y el de Defoko— habló Iroha, la chiquilla de cabellera rosa con su inocente voz— vinieron con dos muchachas al parque y nos trajeron porque sus amigas dijeron que sería lindo que los acompañásemos... Pero, nosotras no podemos montarnos ahí— Iroha levantó su mano y apuntó la enorme montaña rusa a la que se habían subido sus amigos— porque somos muy pequeñas y no es seguro, así que mi hermano nos dijo que nos quedáramos aquí hasta que él volviera.

— ¡Qué irresponsable!— profirió Rin— Si les pasara algo malo... ¡Ah! Qué molesto.

— No te preocupes, onee-chan, Iroha y yo no hablamos con extraños— la de cabellos morados se percató de que no conocían a Rin—. Bueno, tú eres la única excepción porque nos ayudaste. Además, mi hermano dijo que si nos aburríamos, sacáramos algo de este bolso— Defoko enseñó el maletín que llevaba en la espalda, pequeño y delgado, de cuero marrón.

— ¿Qué hay ahí adentro?— curioseó la rubia.

— Un cuento que nos sabemos de memoria, un frasquito con jabón para hacer burbujas, una cuerda de saltar y un paquete vacío donde habían chocolates— respondió Iroha—. Cuando hacíamos burbujas, un señor se quejó de que eran molestas, así que nos detuvimos. La cuerda es muy corta para que saltemos las dos juntas, y es aburrido cuando una sola salta y la otra mira... Y el cuento lo hemos leído muchísimas veces, aunque sigue siendo lindo.

— ¿Cuál es el cuento?

— Es la historia de la chica robot que no tenía corazón— le ilustró Iroha con una enorme sonrisa.

— ¡Ya sé! ¿El cuento donde ella activa un botón y empieza a sentir muchísimas emociones?

— ¡Sí, sí!— respondió Defoko con euforia— ¿Te gusta esa historia?

— ¡Claro!— contestó Rin— Cuando era una niña, mi madre me cantaba en las noches. Mi canción preferida era la de ese cuento. ¡Amaba cómo la interpretaba!

— ¿En serio? ¿Te acuerdas de la canción?— se ilusionó Iroha.

— Sí, más o menos. ¿Quieren oírla?— las niñas asintieron emocionadas y tomaron asiento. El guitarrista de la banda, que no había despegado su mirada de aquel peculiar trío, llamó en silencio la atención de sus compañeros para que vieran el próximo espectáculo— Veamos, la canción se titula "Kokoro".

Rin comenzó a tararear el inicio. Su voz se escuchaba dulce y clara. Empezó a mover su cabeza y a sonreír para las pequeñas, que le miraban ansiosas y con una tierna esperanza. Rin, mientras entonaba los primeros versos, empezaba a hacer gestos con sus manos.

Soy una robot que fue creada

por un solitario científico.

El nombre que me dio cuando estuve lista:

"Milagro".

Pero aún sigue faltando algo en mí.

Una cosa que no puede ser hecha.

Ese programa llamado...

"Corazón".

Iroha y Defoko iniciaron un vaivén de sus cabezas al ritmo en que Rin cantaba. Los músicos de la banda que estaba por presentarse se vieron entre ellos con sonrisas, preparando los instrumentos. Sería divertido acompañar aquella generosa canción con una agradable música. Rin empezó a caminar enfrente de las niñas, sonriente.

Cientos de años pasaron,

sola me quedé.

Este robot Milagro tiene un sueño...

que cumplir.

Instrumentos iniciaron su compás siguiendo el de Rin. La rubia se sorprendió al principio, al igual que las dos niñas, pero continuó con la canción ahora con más emoción. La música empezó a atraer a las personas. Rin se movía de un lado a otro, meciendo sus brazos con las manos abiertas, cuando Iroha y Defoko se pusieron de pie.

Quiero conocer lo que ese hombre

hasta el final de su vida

hacía para mí.

"Corazón".

Meiko apareció con un refresco en su mano y observó desde lejos, uniéndose a la pequeña aglomeración de personas, cómo Rin interpretaba aquella canción para las dos niñas. Lo que más le sorprendió es que los músicos decidieron unírsele.

— ¡Meiko!— le llamó Gumi. Ella les mandó a hacer silencio cuando le alcanzaron. Todos, interesados, se fijaron en la persona que había atraído la atención de tanto público. Grande fue su sorpresa al ver a Rin cantando animadamente sobre la fuente.

La batería se escuchó en el fondo, sin ningún acompañamiento, y Rin detuvo la canción por unos minutos, brindándole más suspenso y emoción. Las niñas le miraron expectantes. La rubia miró al líder de la banda y le sonrió agradecida. Él asintió y la música comenzó nuevamente, más fuerte.

Ahora un gran milagro

empieza a moverse.

¿Por qué mis lágrimas no se detiene?

Iroha y Defoko comenzaron a bailar con Rin, que las tomaba de la mano y las hacía girar sobre la fuente. Rin continuaba cantando con su mayor energía.

¿Por qué mi cuerpo está temblando...?

El milagro se mueve rápidamente...

Es esto lo que deseaba...

¿Esto es lo que llaman corazón?

La voz de Rin se volvió más suave y lenta. Las otras dos se quedaron tiesas mientras oían atentas lo que seguía en la canción. Rin, con cada palabra que decía, recordaba el rostro feliz de su madre cuando le cantaba. El rostro que tantas veces se le había olvidado, poco a poco, retomaba su verdadera forma.

"Yo hacía lo que el programa pedía"...

"El programa que el científico creó para mí".

"¿Por qué él se portaba tan bien conmigo?",

"En ese entonces no lo comprendía".

Un misterio, corazón, sentimientos, un misterio...

Ahora comprendí lo que es la felicidad.

Un misterio, corazón, sentimientos, un misterio...

Entendí lo que es la tristeza.

Un misterio, corazón, sentimientos, un sueño...

Penetran en el fondo de mi alma.

Y ahora entiendo la razón por la que fui creada.

Debe ser muy triste estar siempre solo...

Lo que sucedió en esos días,

mi corazón vive con cada memoria y ahora rebosa.

En las próximas estrofas la voz de Rin subió, haciendo que la canción fuera más emotiva y hermosa. Las niñas meneaban la cabeza con los ojos aguados. Rin subió sus brazos y sus manos se movieron con elegancia.

Ahora puedo decir palabras sinceras.

Te las dedico a ti.

Gracias, muchas gracias...

Por darme vida en este mundo.

Gracias, muchas gracias...

Por los días que pasamos juntos.

Gracias, muchas gracias...

Por todo lo que me diste.

Gracias, muchas gracias...

Seguiré cantando por siempre para ti.

Gracias, muchas gracias...

Lalalalala...

Las dos niñas, conmovidas, le aplaudieron a Rin efusivas. La rubia les sonrió con gratitud. A sus aplausos, se unieron los de los músicos y los de las personas que se habían agrupado cerca de la fuente, quienes habían pasado desapercibidas por Rin. La rubia se sonrojó al ver a tantas personas y solo consiguió inclinarse, agradecida por su atención. Los espectadores comenzaron a dispersarse, permitiendo que los amigos de la rubia se acercasen a ella.

— ¡Eso fue hermoso!— le felicitaron Iroha y Defoko— ¡Muchas gracias por cantarla para nosotras!

— Al contrario, gracias a ustedes por su maravillosa compañía, fue muy divertido— las pequeñas abrazaron a Rin—. Me alegra que les haya gustado.

— Si algún día te vuelves famosa, Defoko y yo seremos tus más grandes fans— anunció Iroha con una inmensa energía—. ¿Verdad?

— ¡Sí!

— Gracias, me parecen muy dulces sus palabras.

— Nosotros también seríamos tus fanáticos— Gumi se le guindó del cuello y miró a las niñas—. Aunque debe ser más tierno tener fans pequeños... ¡Bueno!

— ¿Me escucharon?— preguntó Rin sonrosándose al ver a sus compañeros aparecer. Todos le contestaron lo que más temía. Ella no ocultó su vergüenza.

— Fue una canción muy bonita, Rin— celebró Miku con los ojos cristalinos—. Fue tan conmovedor que hizo llorar a muchas personas...

— Sí, principalmente a Miku— bromeó Gumi. La mencionada sacó su lengua en señal de reproche y se aproximó a las dos acompañantes de Rin. Las niñas le recibieron con un saludo jocoso.

— A mí me pareció que fue simplemente perfecta— dijo Len con una sonrisa sincera. Rin volvió a enrojecer.

— Gracias...

— ¿Alguna vez has pensando en lanzarte a la fama, Rin-chan?— le propuso Miki interesada. Rin negó risueña, divertida por tan inimaginable meta.

— Nunca he pensado en mi futuro siendo famosa. Me gusta cantar y alegrar a las personas, pero no creo que pudiese dedicarme para eso— señaló con una expresión contenta—. No me acoplaría a esa vida.

— Rin es muy distraída, probablemente olvidaría las letras de las canciones— volvió a burlarse Gumi, abrazando con alegría a su mejor amiga. Miku se rió y opinó lo mismo.

— Gracias por su confianza. ¡Oh!— Rin vio cómo dos muchachos se acercaban corriendo a Iroha y a Defoko. Empujaron a Gackupo y a Kaito para hacerse paso. Se veían agitados y muy preocupados. Todos se quedaron viéndoles.

— Iroha, perdóname, se nos olvidó que ustedes estarían aquí... — un pelirrojo cargó a la pequeña y se halló con la mirada despreocupada de la niña. Un muchacho de cabellos negros se acercó a Defoko, agachándose hasta verla a los ojos.

— No te preocupes, Rin-chan nos entretuvo con una preciosa canción— dijo Iroha. Su hermano, confundido, miró a todos los presentes ahí.

— ¿Quién es "Rin-chan"?

— Yo— Rin frunció su expresión y se acercó peligrosamente a los dos responsables de las niñas—. ¡Ustedes dos son unos insensatos! ¿Cómo se les ocurre dejarlas solas aquí? ¡Pudieron haberlas secuestrado o...!

— Cálmate, Rin. Tú estuviste aquí para protegerlas; así es cómo debían ser las cosas— contestó Miku con ánimo—. Pero deberían tener más cuidado, ¿sí?— se refirió a los hermanos mayores. Éstos asintieron y, después de que Iroha y Defoko pidieran una foto con Rin, se marcharon.

— Ya que Rin no se pudo subir a la Montaña Embrujada, debería ser ella quien escoja nuestro próximo destino— Miki accedió a la opción que Gumi planteaba. La rubia miró el parque por completo, indecisa.

— Rin, ¿cuál es tu juego preferido?— preguntó Luka para darle una mano.

— El carrusel— contestaron Gumi y Miku. Los demás se callaron por unos segundos, analizando la respuesta, para luego romperse en risas. Rin suspiró y se acercó a sus mejores amigas. Estaba acostumbrada a ese tipo de reacción.

— El carrusel no es un juego solo para niños, si es eso en lo que están pensando— expuso Rin sin inmutarse. Meiko la miró burlesca—. ¡Hay muchos que son para todo público!

— Pensé que tus gustos habían cambiado estos años, pero me doy cuenta de que no— la rubia rodó los ojos—. Pero, acordamos que iríamos a la atracción que Rin eligiera, así que no nos queda de otra.

— No tenemos que ir si es una molestia— replicó Rin. Los demás rieron por la expresión de enojo que la joven mostraba en su cara.

— Iremos, ya está decidido— sentenció Luka.

— ¡Al carrusel se ha dicho!— Miki retomó su optimismo— Yo te apoyo, Rin-chan. Los tiovivos son muy divertidos, pese a que los demás crean que sin emoción.

— ¿Sentarse en un animal de mentira y dar vueltas mientras suena una musiquita de fondo? Oh, sí, suena tentador— Meiko volvió a mofarse. Miki enarcó sus cejas y le observó ofendida—. Está bien, lo lamento.

El grupo se enfiló hasta un enorme tiovivo, cargado de luces que caían desde la punta del techo hasta los extremos que sobresalían como olas levantándose hacia el cielo. Era un extravagante carrusel de dos pisos, con figuras de caballos de guerra, carrozas sin techo, tazas, carros antiguos y cisnes desplegando sus alas. Los colores con los que la atracción estaba pintada eran vivos y captaban el interés de todo el que pasara por ahí.

— ¡Es gigantesco!— se emocionó Gumi sorprendida. La sonrisa de Rin se amplió— Es el más grande que he visto en mi vida, ¡Santo Cielo!

— Será grande, pero me sigue pareciendo un juego infantil— comentó Meiko indiferente. Se acercaron y consiguieron montarse en aquella ronda.

Rin iba a subirse a uno de los cisnes cuando Len la haló y la subió a un caballo blanco. Como aquellos caballos tenían un considerable tamaño, el artista se subió sobre el lomo del animal y la abrazó. La rubia, que se veía apresada por los brazos del joven, se quedó sin palabras. Gumi y Miku los miraron con pícaramente.

— No se pongan muy cariñosos— advirtió Gumi con su mirada cómplice—. Hay niños en este juego.

— ¡Qué estás diciendo!— Rin intentó zafarse, mas se le hizo imposible. No se atrevía a mirar a Len, puesto que sabía que se pondría tensa.

— ¡Yo me montaré en un cisne!— anunció Miki. Kaito y Miku se subieron a una carroza y, en el lugar del cochero, la hermanita de Gackupo ocupó su lugar.

Luka y Gackupo se animaron a sentarse en una de las tazas que daba vueltas. Meiko, por su parte, decidió no subirse al juego para conservar su orgullo y dignidad. Sin embargo, se acercó al joven encargado de los controles y lo persuadió para acelerar un poco la velocidad del carrusel. El muchacho se rehusó al principio, pero su voluntad titubeó cuando la castaña le enseño un billete.

— Está bien, pero no pondré en peligro a nadie— aclaró el tipo. Meiko solo sonrió.

La música que comenzó a sonar era el inicio de la canción El Reloj. Sin embargo, fuera de lo que muchos esperaban, la velocidad del carrusel era mucho más rápida de lo normal. Gumi aplaudió emocionada.

— Esto va más rápido de lo normal,— dijo Rin abrazándose a Len para no caerse. Él aprovechó de estrecharla aún más a él—. Nos vamos a marear... ¡Ah!— Rin rodeó el cuello de Len mientras él la sostenía de su cintura. La rubia se había resbalado cuando intentaba acomodarse mejor sobre la silla del caballo.

— ¡Oh por Dios!— susurró una niña— ¡Qué tiernos! Mami, mira... Es como un príncipe con su princesa— las mejillas de Rin se volvieron a enrojecer. Len la subió y la abrazó con más fuerza.

— Sé más cuidadosa, Rin. No quiero que te lastimes aquí— ella suspiró. Mientras oían la canción, Len comenzó a recordar la letra y se sintió ligeramente presionado.

Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer... Ella se irá para siempre cuando amanezca otra vez.

Len apretó con fuerza el tubo que sostenía al caballo y lo hacía subir y bajar, hasta el punto en que su mano fue perdiendo color. Rin se percató de ello y buscó la mirada de Len. Éste se encontraba perdido en sus pensamientos.

— Len, ¿estás bien?— quiso saber ella.

No más, nos queda esta noche para vivir nuestro amor. Y tu tic-tac me recuerda mi irremediable dolor...

Rin, ¿qué piensas sobre la honestidad?— la rubia tensó cada músculo de su ser— ¿Crees que ocultar algo a alguien por mucho tiempo es malo?

— ¿Q-Qué?— la muchacha palideció y se encontró con su dilema propio. Reunió su valor para responderle a vista de su propia experiencia— No, no creo que sea bueno...

Len sintió que moría.

— Cuando te guardas cosas importantes que los demás necesitan saber por mucho tiempo, cuando digas la verdad, puedes terminar lastimando a alguien...— Rin apretó sus manos— Las mentiras solo causan problemas...

Reloj, detén tu camino... porque mi vida se apaga.

— Tienes razón— ambos se sumergieron en un silencio reflexivo. Luego, como si de un espejo se tratase, levantaron la mirada e intentaron a hablar al mismo tiempo.

— Len, yo...

— Rin, yo...

Se detuvieron y sonrieron mutuamente. Len la evaluó cuidadosamente.

Ella es la estrella que alumbra mi ser, yo sin su amor no soy nada.

¿Qué ibas a decir?— él acarició los mechones de Rin. Ella se sonrojó.

— Preferiría oír primero lo que tú me tienes que decir...— se excusó ella.

Detén el tiempo en tus manos, has de esta noche perpetua... para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca.

— Yo tengo que decirte algo muy importante, Rin...— el rubio pegó sus frente a la de la joven— Debí decírtelo cuando el compromiso fue anunciado...

— ¿Qué pasa?

— ¡Detengan este juego, ahora!— vociferó un hombre en una de las carrozas en forma de calabaza—. ¡Por favor! ¡Mi mujer está a punto de dar a luz!

— ¿Qué?— repitió Gumi con la boca abierta—, ¿qué hace una embarazada aquí?

— ¡Rápido!— el juego se detuvo bruscamente y un encargado se subió para ayudar a la mujer a bajar. Kaito y Len saltaron a socorrer a la embarazada, que no conseguía como bajar los escalones. Gackupo también corrió hacia la mujer. Rin descendió y, en compañía de Luka, Miki, Miku y Gumi fueron a ver a la hija mayor de la pareja, una niña de unos 5 años, que no comprendía qué sucedía.

— Mamá, papá...— lloraba la pequeña— ¿Qué le pasa a mamá?— le dijo la niña a su abuela, que la acompañaba en esas horas de preocupación. Los padres se habían marchado y le habían encargado la niña a la anciana.

— No te preocupes, mamá va a estar bien... ¿Recuerdas a tu hermanito que duerme dentro de la barriguita de tu madre? Bueno, está por venir a este mundo...— pero la chiquilla no paraba de llorar. La abuela no conseguía calmarla. Meiko se acercó a las demás.

— ¡Tenemos que animar a la pequeña!— anunció Miki—, ¿qué hacemos? Me causa dolor verla así de preocupada.

Gumi se fijó en la camisa de la pequeña. Era de un anime corto, un shōjo cómico en el que la protagonista se veía en aprietos cuando toda la escuela, de un día para otro, se había enamorado de su mejor amigo, de quien ella comenzaba a descubrir nuevos sentimientos. El opening del anime era una canción llamada "Battle Royal Valentine" por lo que Gumi, sonriendo, haló a sus amigas para que rodearan a la pequeña.

— ¿Todas se saben la canción "Battle Royal Valentine"?— preguntó. Rin, Miki, Miku y Luka afirmaron, confundidas. Meiko hizo memoria y comentó que ella también la conocía. Gumi sonrió—. ¡Miku, tú comienzas!

La niña, que lloriqueaba en los brazos de su abuela, les miró extrañada.

Así que muchas chicas son dulces y cariñosas.
Choco-Choco-Chocolate en todas partes, choco.

Miki se adelantó y comenzó a cantar la siguiente estrofa. Las otras cuatros vieron a Gumi, quien les indicó el orden que seguirían.

Esa chica, esta chica, todas tienen un objetivo...
La victoria será de aquella que más rápida.

Rin dio un paso hacia adelante mientras sus amigas hacían los voces de fondo.

Las otras chicas... (Ah soy diferente).
La única en el mundo (Ah, soy yo).

Gumi tomó la siguiente estrofa, mirando con una sonrisa a la pequeña.

Quiero que tu corazón sea solamente mío (¡BANG!),
si soy yo la que te puso el ojo, pero... (nadie sería).
Se sienten tímidos (Ah, estoy nerviosa).

Rin volvió a adelantarse tomando las manos de la niña. Las otras cinco se pusieron en fila.

El aula es un punto muerto (¡Oh! Está tan quieta).
El intercambio de miradas entre sí, las chispas vuelan (las líneas de batalla y la situación de guerra se deslizan hacia el caos).

¡¿Ahora qué vamos a hacer?

Todas juntas sincronizaron sus voces en un perfecto y armónico coro.

¿Vamos a la batalla?
Royal, "te amo de todo corazón".
("Te amo" Woo woo, ha ha).

Es una bomba de tiempo engalanada con lindos moños.
(Una bomba dadada).
Yo no quiero perder por un pelo, ¡rápido!
(Ah, ah, ah rápido lululu).
Comencé corriendo por el pasillo...
(Ah, ah, ah rápido lululu).
Entonces, el profesor me regañó.

Choco-choco-chocolote en todas partes choco.
Choco-choco-chocolote aquí y allá choco.
Choco-choco-chocolote en todas partes choco.
Choco-choco-chocolote, ¡son tantos!

Las personas comenzaron a agruparse alrededor de las jóvenes, que jugaban con la niña para distraerla de su terrible tristeza. Len, Kaito y Gackupo volvieron después de cerciorarse de que la mujer fuese trasladada en una ambulancia hacia el hospital. Cuando divisaron a sus amigas, las encontraron cantando.

— Al parecer, ahora es una costumbre cantar en los parques de diversiones— rió Gackupo amigablemente—. ¿El plan no era pasar desapercibidos?

— Sí, yo también pensé que ése era el plan— apuntó consternado Len—. Creo que me equivoqué.

Miku saltó y miró a las demás niñas que, unidas a las personas que se reunían a su alrededor, veían interesadas el espectáculo. Rin le acompañó con su voz.

Incluso si actúas como si no te importara,
Sé que tienes curiosidad, ¿cierto?
Choco-choco-chocolate en todas partes choco.

Meiko dio fin a la estrofa de las dos amigas, iniciando con su elegante voz, sonriente. Cuando su línea se terminó, volvieron las voces agudas de Rin y Miku.

Ese chico, este chico, todos ellos han sido vistos.

Todo está listo, bienvenido.

Llegó el turno de Luka para cantar. Rogando que nadie reconociera su voz, siguió la canción cómo las demás lo habían hecho:

Más de lo habitual (Ah, para ponerme nerviosa).
Estoy revoloteando (Ah, sensación sudorosa).

Gumi y Miki se animaron a seguir juntas con la siguiente parte.

¿Cuándo, dónde, quién, qué? (¿Qué pasa?).

Cinco mujeres y un hombre pero... (Ah, me aferraré).

Voy a tener el coraje (Ah, me colgaré).

Las voces de Miku y Rin sobresalieron con la de Gumi. Las seis féminas comenzaron a jugar con los niños espectadores, sin quitar toda su atención de la pequeña que se encontraba con la expresión deprimida.

La escuela está al borde del pánico (Woooh pánico, ah).
Voy corriendo desde el principio para tener la ventaja.
(Bajo las condiciones de esta guerra solo hay una oportunidad cincuenta-cincuenta, ¡solo tengo que ir por todo!).

¡Solo batalla!
Royal, "te necesito" por la fuerza ("Te necesito" woo, woo, ah, ah).

Es el impacto de un misil guiado hacia el blanco que le dio todo a mi mente.
Voy al ataque, el objetivo es, sí eres tú (lulu solo tú tululu).

Después de apretar el gatillo (woo woo woo),
Pediré a Dios que cumpla mi deseo.

Tengo la mente de una chica sincera,
Puse afecto y sentimientos puros
de corazón, en él tanto como fue posible.
Es completamente dulce.

¿Vamos a la batalla?

Royal, "te amo com todo mi corazón".
("Te amo" woo, woo, ha, ha).
Es una bomba de tiempo adornada con lindas cintas.
(Una bomba dadada).
No quiero perder por un pelo,
¡tengo que darme prisa!
Corro por las escaleras, de dos en dos y se inicia todo.
Solo batalla, batalla, más, solo batalla...
Batalla real de San Valentín.

Cuando acabaron, una lluvia de aplausos cayó sobre las seis. La abuela agradeció su atención y preocupación y terminó llevándose a una pequeña más tranquila, que ansiaba ver a su mamá y a su nuevo hermanito. Las chicas se reunieron con los otros tres, que no podían creer el alboroto que habían montado.

— Creímos que esa niña se sentiría mejor si le cantábamos— contestó a todas sus interrogantes la voz de Gumi.

— Además, fue muy divertido y nadie nos descubrió, ¡así que todo terminó bien!

— Bueno, será mejor que continuemos... ¿Qué sigue ahora?

— ¡Hay tantas atracciones!— saltó Miki de la emoción—, ¡vayamos primero a las más arriesgadas y emocionantes! Ya sé, ¡subámonos a ese barco!

— ¡Hecho!— aceptó Gumi y pronto se perdieron entre la multitud de personas.

— Creo que se llevan bastante bien— alegó el rubio con la expresión divertida. Introdujo sus manos en los bolsillo de su blue jean y rió—. Vamos, será mejor que no las perdamos de vista...

— Sí, no queremos que incendien el parque o algo así— sonrió Miku. Todos comenzaron la travesía a excepción de Rin quien, tensa, no movió ni un pie.

— ¿Qué sucede?— Len avanzó con pasos lentos e indecisos hacia la rubia. Ella había agachado la mirada.

— ¿Qué era lo que tenías que decirme?— el muchacho se enderezó y su cuerpo se puso rígido. La saliva pasaba con cierta dificultad. No conseguía cómo explicarse.

No quiero herirla... No quiero que se entristezca por mi partida. No soportaría ver esos hermosos ojos oscurecidos por el sufrimiento, es lo que menos deseo— Len sacudió su cabellera—. ¿Podemos hablar sobre eso en otro lugar?— la petición tomó por sorpresa a la rubia. Rin subió y bajó su cabeza, accediendo.

— ¿Es algo grave?— empezó horrorizada por la angustia. Su corazón era carcomido por el temor.

— No es nada es que sea malo o bueno, es algo que simplemente va a suceder, sin que podamos evitarlo...

— Oh...

Len entrelazó sus dedos con los de Rin. Ella sentía como su mano se sacudía de miedo. Len la apretaba firmemente para que no estuviese asustada. La guió hasta los pies de la rueda de la fortuna. Le pareció que era el mejor lugar para que hablasen en privado y con más tranquilidad. El encargado les abrió la puerta, Len se introdujo primero y extendió su mano con galantería para ayudar a la joven rubia a subirse a la cabina.

Gumi se asomó por uno de los arbustos y los miró con un deje de tristeza. Miku se posicionó a uno de sus costados, con la misma expresión apagada.

— Supongo que Len piensa decírselo ahora, ¿no es así?— la voz de Miki las descubrió por la espalda. Las dos chicas se regresaron a ella y asintieron.

— No creo que Rin lo tome muy bien— se desconsoló Miku—. Esa clase de noticias siempre le rompen el corazón. Se toma las despedidas con mucha seriedad...

— Chicas, Len aún no sabe esto pero...— Miki respiró lentamente—. Shizuka adelantó el vuelo ayer porque el comprador de la mansión anunció que la quería antes del domingo de la semana próxima. Su avión despegará después de la recepción de la boda. Partirá de inmediato con Shizuka y Kazushi a Estados Unidos para arribar temprano.

— ¡Imposible...! ¡Eso es muy pronto!— Gumi sintió una jaqueca aproximarse—, espero que Len se decida por hacerla feliz en el poco tiempo que les queda.

— ¿Cómo así?

— Se veía tan confundido esta mañana, que me preocupa el camino que sus emociones decidan tomar. Solo espero que no tome una decisión absurda y apresurada como terminar con ella para que no sufra, porque es una verdadera estupidez.

— Len atesora a Rin, no sería capaz de hacer eso...— dijo Miki dudosa. Las otras dos no notaron la vacilación en la voz de la pelirroja. Miki levantó sus ojos castaños y se quedó mirando las cabina donde Rin y Len hablaban en esos instantes— ¿O sí serías capaz, Len?

No más, nos queda esta noche... para vivir nuestro amor...

Y tu tic-tac me recuerda mi irremediable dolor.

El silencio reinó dentro de la cabina. Len apoyaba sus codos sobre sus muslos y clavaba su mirada sobre los zapatos de Rin, que se encontraba sentada frente a él. Por su parte, Rin apretaba los puños sobre sus rodillas y miraba el panorama con cierta incomodidad. El aire era asfixiante. La tensión sofocaba. La canción resonaba en la mente de Len como una horrible tortura.

Reloj, detén tu camino... porque mi vida se apaga.

Ella es la estrella que alumbra mi ser, yo sin su amor no soy nada.

Len fue levantando los ojos poco a poco, examinando a la chica que permanecía muda en su presencia. Rin lo miró cuando percibió que su cabeza se movía, alzándose, y descubría su profunda mirada. Una sonrisa tímida y apagada cruzó los labios de la rubia.

Detén el tiempo en tus manos, has de esta noche perpetua... Para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca.

Para que nunca amanezca...

— Rin, yo...— Len le vio a los ojos y tomó una irrefutable decisión, después de someterse a una terrible tortura. Agachó la cabeza y exhaló con pesadumbre— Yo quiero que terminemos.

Rin se tensó. ¿Qué había oído?

Continuará...


PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN...

LES RUEGO QUE DISCULPEN MI PROLONGADO RETRASO, PERDÓNENME.

NO TENGO EXCUSAS T-T YO TUVE UN TERRIBLE BLOQUEO... LES PIDO QUE ME DISCULPEN.

Y aquí me tienen, después de casi 7 meses, actualizando de nuevo...

No sé lo que pensarán de este capítulo, pero me esforcé haciéndolo.

¡No sé que decir para que me disculpen!

Intenté hacer el capítulo corto, pero terminó siendo súper largo...

Ojalá eso remedie mi falta :(:( ¡Perdónenme, en serio!

No quise abandonar este fic.

Por cierto, no sé cómo expresarles mi gratitud por los reviews que me han dejado...

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODAS! Su apoyo es invaluable para mí.

Tantas cosas han pasado desde la última vez que me metí aquí...

En otras noticias, continuaré pronto mi otro fic, Protect Me, que está más abandonado que éste.

Oh, soy una terrible persona, perdónenme :(

Sus quejas, críticas, insultos, comentarios y todo lo que tengan que decirme...

Bueno, expresen todo lo que sientan en sus reviews.

¡Gracias por todo!

Un saludo y un abrazo a todos.

Con cariño, Jess.