¡Holaaa! No tengo excusas más que falta de tiempo y un pequeño inconveniente con la historia que me sacó canas verdes. La famosa batalla final... es que no quise competir con Rowling sobre la batalla final más patética jamás escrita.

Espero que no me tiren tomates al final del capítulo.

Gracias por los reviews a: unkatahe, hija de la noche, lara evans, Krissalis Potter, Xgirl1, Clio Latiny, Thunderlara-boomslang, jos Black, Judith Malfoy, StherCiita Weasley, beautifly92, t.b.w.p., Conny-hp, RebecaNara, karita34, margara, just.a.dreamgirl, marthamalfoy93, oromalfoy, Iamaloneformalfoy-19, andeli Malfoy Cullen, sirinnette, Nimue-Tarrazó, coniwi-pops, Malfoy.Girl.Potter, José C., Chibik-Lady, karicatura, friidaliizziiooz, Hermione Malfoy, Karix7 y suki (las prisas no me molestan, guapa, siempre y cuando sean amables como las tuyas!).

Espero que lo disfruten.

25. ¡Es mi esposo!

El corazón de Hermione palpitaba con fuerza desde que el abuelo de Draco anunciara el regreso de Voldemort a la mansión Malfoy. Era una especie de cuenta regresiva, sin saber cuando llegaría a cero y sonaría la primera explosión de la batalla. De un momento a otro, seguramente la casa comenzaría a temblar desde sus cimientos y ella no podía evitar hacer un recuento de todo lo que habían pasado en esa fatídica noche.

Por un lado era un completo alivio que la familia de Draco supiera de la existencia de Irene. Ya no tendría que esconderla, al menos con los Malfoy. Pero el peligro todavía no había pasado.

Todavía no podían cantar la victoria del bando de la luz.

Platicaba en voz baja con Narcisa para no despertar a Irene, cuando un burdo sonido de la aparición las sobresaltó.

Alcanzó a ver que era Draco y se puso de pie con rapidez cuando lo vio quedarse encorvado en el medio del salón, intensamente pálido y una expresión de dolor surcándole el rostro. Hermione sintió que se quedaba sin aire y como autómata corrió hacia él.

"He cumplido mi promesa", le dijo su voz arrastrada y desfalleciente. Le vio caer con movimientos torpes, quedando de rodillas y luego se vino de bruces. Justo en ese momento, afuera sonaron las primeras explosiones. Algunas de ellas, hacían vibrar las paredes y aunque no podían saber qué pasaba en la batalla que se libraba puertas adentro de la mansión, podían perfectamente ver los hechizos y maldiciones que lanzaban los miembros de la Orden desde afuera.

Hermione llegó hasta Draco y oyó a Narcisa correr tras ella, visiblemente afectada por ver a su único hijo inconsciente en el salón. Para ella la noche tampoco había sido muy amable y por muy disgustada que estuviera con la situación, eso no significaba que se quedaría impasible viendo a su hijo agonizando en medio de la habitación. Pansy y Ginny también se levantaron del sofá y se acercaron al cuerpo inconsciente de Draco.

"Hay que alejarse de las ventanas", recomendó Ginny.

"Le colocaré hechizos protectores", les dijo Pansy y caminó hacia los ventanales.

"No hay necesidad de poner más hechizos. Nada nos pasará aquí", les reiteró Narcisa "Parte de las protecciones consisten en que podamos ver lo que pasa afuera de la mansión pero la habitación está camuflada y no pueden vernos", les explicó.

Aun así, como medida de precaución movieron con cuidado a Irene hacia el sofá frente a la chimenea. Por muy cómoda que fuera la cama, Ginny pensó que estaba muy cerca del ventanal.

Por su parte, Hermione estaba arrodillada a un costado de Draco. Le tomó el pulso, mientras miraba cómo movían a su hija de lugar y como la niña seguía plácidamente dormida. Con alivio, sintió unas tenues pulsaciones en sus delgados dedos.

Hermione trataba de mantener la calma, poniendo en práctica lo que hasta ese momento había aprendido como sanadora. En San Mungo, había participado en muchas emergencias durante sus prácticas, pero el subidón de adrenalina de esas ocasiones no se comparaba a lo que estaba sintiendo en ese momento viendo a Draco postrado e inconsciente. Las cosas cambiaban mucho cuando el de la emergencia era un ser amado. Por eso, aunque estaba aparentemente en calma, su corazón palpitaba con fuerza y sentía que sus manos se movían con torpeza.

"Por Dios, Draco Malfoy, ¿Cómo te las arreglaste para resultar herido antes de la batalla?", preguntó en voz alta pero en realidad estaba pensando en voz alta.

Lo tomó con fuerza de un hombro tratando de darle vuelta.

"Mejor ahora que después ¿no te parece?", le dijo Pansy con sequedad.

"¿Ah?", le respondió distraída.

Pansy comprendió que había sido un comentario para sí y suavizó la voz. "Hubiera sido peor que quedara herido a media batalla y lo encontraras hasta el final"

"Lo sé. Los nervios me están matando", le explicó a modo de disculpa.

Hermione sacó la varita y levitó el cuerpo de Draco para voltearlo y dejarlo boca arriba. Puso la punta de la varita arriba de la frente de Draco y la movió con lentitud sobre su cabeza, pecho y abdomen, como dibujando una línea recta. La preocupación que se reflejaba en su cara se acentuó. Negó levemente con la cabeza y repitió el procedimiento.

"¡Ven aquí, Kilby!", llamó al elfo que en cuanto había dejado a su amo, se había quedado parado junto a la puerta.

"Dígame, ama", le respondió el elfo diligente dando pequeños saltos para acercarse a ella con rapidez. Hermione frunció el ceño porque era la primera vez que recibía ese trato de algún elfo doméstico. No le gustó. Pero las acciones libertadoras de los elfos de la mansión Malfoy debían esperar a un momento más oportuno.

"¿Qué clase de maldición recibió Draco?"

"Kilby no estaba en el salón, ama. Pero yo escucho al Lord decir crucio varias veces. Una vez fue largo...", le respondió. El semblante de Hermione se ensombreció "...y después oyó un flippendo y después el Lord mandó un Avada Kedavra"

Hermione gimió de solo pensar en lo cerca que estuvo Draco de morir a manos de Voldemort. Y el semblante de Narcisa parecía haber envejecido, por las líneas preocupadas que surcaban su rostro.

"El amo llamó a Kilby y Kilby lo sacó de allí", terminó de relatar el elfo.

Hermione regresó su atención a Draco.

"¿Señorita Granger...?", comenzó a preguntar Narcisa, su voz marcada por una gran angustia.

"Ahora no, señora Malfoy", le respondió tajante. Sabiendo las torturas que había recibido, le era más fácil decidir que hechizos sanadores aplicar y así lo hizo, sin perder un solo momento. Finas hebras verdes y azules comenzaron a salir de su varita, como pequeñas volutas de humo y cayeron suavemente en el abdomen de su esposo. Poco a poco eran asimiladas por su cuerpo y se perdieron en su interior. Hermione sabía que Narcisa quería explicaciones de cómo estaba Draco, pero no quería perder ni un solo segundo para aplicar los hechizos. Porque cada segundo era vital.

Narcisa a su vez comprendió que si ella no se detenía a explicar nada era porque la situación de su hijo era grave. Y comenzó una silenciosa plegaria a cada una de las deidades mágicas para que su hijo se salvara. Pansy se había retirado un poco, para no estorbar y se había sentado cerca del sofá vigilando a Irene. Estaba pendiente de cada movimiento de la niña cuidando de que no despertara. La chiquilla también había pasado por muchas cosas esa noche, y era preferible que la visión de un padre moribundo no formara parte de sus recuerdos.

Hermione terminó de aplicar los hechizos y de nuevo, pasó la varita sobre el cuerpo de Draco.

"¡Oh, mierda! ¡Grandísima mierda!", exclamó Hermione frustrada y escondió su rostro entre sus manos. Pero solo fueron unos segundos. Con determinación, siguió aplicando más hechizos.

Las demás la miraban expectantes. Las manos de Narcisa comenzaron a temblar levemente. Se sentía más angustiada a cada segundo que pasaba. Observaba el trabajo de Hermione con el alma en vilo y se sentía a punto de sufrir un ataque de ansiedad. Hermione dio un pequeño suspiro, imponiendose calma.

"Su hígado está casi colapsado y sus pulmones no están funcionando bien. Pero lo peor es que tiene una hemorragia interna muy grave que no logro detener", les explicó por fin y luego se dirigió a Narcisa. "Necesito con urgencia una poción restauradora. ¿Tienen laboratorio de pociones en la mansión?"

"Sí", le respondió con rapidez. "¡Eddy!"

Pero ningún elfo apareció.

"¡Eddy, ven aquí!", repitió de nuevo la orden, molesta por la tardanza de la elfina,

pero nada pasó. El rostro de Narcisa se endureció y en medio de la angustia que sentía por su hijo no pudo evitar enojarse ante la nueva situación que se le presentaba.

Por matrimonio, había sido la ama y señora de la Mansión Malfoy, pero el parens segrego que Draco le había lanzado a Lucius, también por matrimonio la había alcanzado a ella. Sintió una punzada de rabia apretarle el corazón y amargarle la boca, pero solo Draco podía revertir ese hechizo. En ese momento, Narcisa sintió un rechazo hacia todos: a Lucius por actuar como un estúpido Gryffindor impulsivo, a Draco por lo drástico de sus acciones, a Hermione por ser causa de discordia entre padre e hijo, a Pansy por ser cómplice incondicional de su hijo...

"Llámela usted, señorita Granger", le dijo secamente y esta vez, el uso del apellido de soltera de Hermione fue deliberado.

"¡Eddy!", llamó Hermione. Un plop sonó de inmediato en la habitación.

"Dígame, ama"

Hermione comprendió de pronto lo que estaba pasando y se ruborizó ligeramente. Pansy dio un respingo sorprendido e intercambio una mirada con una Ginny igual de asombrada, pero al ver los ojos centellantes de Narcisa, prudentemente se quedaron en silencio. Hermione podía comprender el nuevo shock que sacudía las emociones de Narcisa, pero en ese momento lo más importante para ella era salvar a Draco. Después vería cómo lidiar con su suegra.

"Necesito que me traigas con urgencia una poción regeneradora", le explicó a la elfina "¿Tienes alguna en el laboratorio?"

"Sí, ama" y la elfina dudó un poco pendiente de la reacción de Hermione "Hay dos en el laboratorio. La del Lord, que hizo el amo Draco y la que prepara Eddy".

Hermione recordó la primera misión de Draco y cómo lo habían manipulado con Snape para torcerle los planes.

"Trae la que prepara Eddy", le ordenó con firmeza pero sin levantarle la voz "Y regresa rápido", la urgió.

La elfina hizo una reverencia y se desapareció.

-.-.-.-.-.-.-.

Todo era peligro afuera de la habitación secreta. La batalla dentro de la mansión era cruenta y ya nada quedaba del esplendor del salón principal de la mansión. Los muebles estaban desparramados y quebrados. Un confringo de Bill redujo a astillas la gran mesa principal, para evitar que la gruesa madera pudiera servir de trinchera improvisada. La cristalería había sido reventada por sendos hechizos lanzados por ambas partes hiriendo a algunos de los mortífagos que estaban cerca. Los ventanales no habían tenido mejor suerte.

Era un completo caos. Había sido un movimiento inteligente rodear el salón ubicándose en el piso superior, porque la mayoría de mortífagos se encontraban concentrados allí, quedando atrapados. El ataque de Harry y los Weasley había sido una emboscada que había resultado casi perfecta... si no fuera porque el escurridizo de Voldemort había salido del salón antes de que Harry pudiera llegar a él y enfrentarlo.

La Orden tenía todo a su favor, sobre todo porque los mortífagos peleaban con los ánimos caídos. Al menos no los tenían tan altos como cuando pensaban que Harry Potter era prisionero. El golpe de saber que un Malfoy era el traidor, también les había mermado los ánimos. Peleaban, sí, pero más como mero mecanismo para salvar la vida y evitar una estadía prolongada en Azkaban.

Pero a pesar de todo, eran magos muy experimentados y estaban ofreciendo una buena resistencia.

La Orden del Fénix al completo estaba en los jardines, tratando de entrar en la mansión. Snape había sido efectivo y sin que los demás se dieran cuenta había resquebrajado las protecciones, facilitándoles el camino.

Mientras la Orden entraba, Voldemort trataba de huir sin mucho éxito. Las barreras antiaparición ya habían sido colocadas en todo el perímetro de la mansión y usar un traslador era muy peligroso dada su débil condición. No entendía la debilidad en la que había caído su cuerpo, cuando había tratado de mantenerse vigoroso y preparado para la batalla final, pero por primera vez desde que recuperó su cuerpo en aquel cementerio frente a la tumba de su padre, Voldemort sintió que no estaba en condiciones para enfrentar a Harry. No podía explicar lo que había pasado, pero sabía que debía escapar lo antes posible. Luego ya vería la forma de buscar alguno de sus horrocruxes... y regresar de nuevo.

Caminaba sigiloso por el ala norte de la mansión, seguido por Markus Parkinson como escolta y quien sería el mortífago encargado de aparecerlo lejos de allí. Todos los demás quedaban luchando en los alrededores del salón tratando de impedir el paso de los Weasley y de Harry tras Voldemort. Cuando el Lord dobló una esquina y estaba a punto de salir al jardín, encontró que la puerta tenía un potente hechizo.

"¡Derríbala!", le ordenó a Parkinson.

"Cistem Aperio", lanzó el mortífago.

Sintieron como el hechizo chocaba contra la puerta y los ventanales... y se les regresaba como una gran bocanada de aire. Parkinson tuvo que sostener por un brazo a Voldemort para que no se fuera de espaldas. Estupefactos, vieron como la protección de la casa era más fuerte que la magia del mortífago.

Voldemort se soltó del agarre de Parkinson de un tirón. Se sentía impotente y ese era un sentimiento de su niñez que no le agradaba demasiado. Sentirse impotente era de débiles y él no lo era.

"Hola, Tom", lo saludó Harry desde atrás. "¿Tan rápido dejas la fiesta?

Voldemort sintió que un estremecimiento le recorría la columna de arriba a abajo. Y por el tono de voz de Harry, supo que tendría que enfrentarse a él esa noche. Se giró lentamente y allí estaba al final del pasillo, erguido y dispuesto a todo. Ya no era el escuálido chiquillo que lo miró con terror en aquel cementerio, al ver que su peor pesadilla se convertía en realidad. Era un hombre joven consciente de su destino y deseoso de cumplirlo cuanto antes.

Parkinson movió su varita y una luz roja salió de ella, en lo que claramente era un depulso. Los años de entrenamiento de Harry habían sido intensos y por su juventud, muchos mortífagos todavía lo subestimaban. Antes de que Parkinson pudiera reaccionar, Harry se había defendido con un protego, lo había quitado de enmedio con un desmaius y lo había inmovilizado con un incarcerus.

Voldemort tragó grueso al ver a su escolta tendida y sometida casi a sus pies. Buen Slytherin fue al no dejarle ver nada de esto a su joven pero poderoso oponente.

"Muy bien, Tom", habló Harry mientras caminaba con relativa calma hacia él "Ahora solo somos tú y yo"

Y por fin, la batalla final comenzó.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Mientras tanto, Hermione seguía luchando por mantener con vida a Draco. Eddy había regresado con la poción que necesitaba y casi se la había arrebatado de las manos cuando se apareció en el salón. Que Draco se la bebiera, tampoco había sido tarea fácil, por el estado de debilidad e inconsciencia en la que se encontraba. Aún en medio del caos en que se encontraba, Hermione pensó en lo necesario que sería desarrollar pociones que se pudieran inyectar en los pacientes que por algún motivo no pudieran tragar... un concepto que por ser tratamiento muggle nunca había tenido fuerza en la enseñanza de sanación mágica.

Después de que Draco se tomó la poción, movió de nuevo su varita sobre su cuerpo lentamente desde la frente hasta el abdomen. Y su rostro se relajó un poco, para alivio de Narcisa, pero aún así le aplicó unos cuantos hechizos más. Esos eran nuevos porque las hebras que salían de la varita eran anaranjados.

"Se detuvo la hemorragia, pero el peligro de muerte todavía no ha pasado", les explicó por fin y con frustración en su voz agregó "necesita un tratamiento más avanzado, que supera mis conocimientos"

"Hay que llevarlo a San Mungo", afirmó Narcisa.

"El problema es cómo salir de acá, es casi seguro que las barreras antiaparición ya fueron colocadas", exclamó Pansy.

"Debe haber algún modo para que podamos huir. Draco no sobrevivirá si esperamos a que termine la batalla", les dijo Hermione con el rostro sombrío.

"El profesor Dumbledore debe estar afuera. Tal vez el pueda ayudarte a abrir un portal donde aparecerte", le sugirió Ginny.

Hermione la vio con ojos esperanzados.

"¿En qué parte de la casa estamos?", le preguntó a Narcisa, quien la vio sin alterar ni un poco su expresión porque dudaba si contestar o no. Era la fuerza de la costumbre de ver al anciano Dumbledore como el enemigo. "Señora Malfoy, necesito sacar a Draco de aquí y solo el profesor Dumbledore puede ayudarnos. Es imprescindible que le diga dónde estamos".

"Estamos en el ala sur. Adelante de las cocinas", le respondió.

Cuando Narcisa y Pansy comenzaban a preguntarse cómo por todos los dioses iban a poder comunicarse con Dumbledore, en medio de la batalla que estaban librando afuera, vieron a Hermione levantar su varita y conjurar un patronus. Su nutria salió por una de las ventanas.

Tal y como había previsto Ginny, Dumbledore se encontraba afuera de la mansión. A los miembros de la Orden se sumaban los aurores del Ministerio, que habían comenzado a llegar alertados por la gran actividad mágica que allí había. A pesar de lo amplio de los jardines, Dumbledore se había parapetado junto con Kingsley Shacklebolt cerca de la entrada de la mansión. Un destello plateado les llamó la atención a los dos.

"Un patronus, Albus", anunció innecesariamente el auror con su voz profunda.

"Es muy rápido para que nos estemos comunicando por esa vía", razonó el anciano director y se sorprendió más cuando distinguió la nutria de Hermione que iba directo hacia él.

"Draco está muriendo. Necesito llevarlo a San Mungo. No sobrevivirá la noche. Estamos en el ala sur de la mansión", sonó la voz de Hermione a través de la nutria.

"Lo descubrieron", afirmó Kingsley.

"Es lo más seguro", coincidió Albus con el auror. "Debemos sacarlos de allí. ¿Puedes encargarte de eso?"

"¿No necesita más mi experiencia aquí?", preguntó Kingsley con diplomacia. No es que no quisiera ayudar a Hermione, pero para un auror, sobreviviente de la primera guerra y fiel apoyo en la segunda, perderse la batalla final era un poco inconcebible.

"Sólo llévalos al hospital y regresas. Le avisaré a Molly de que van para allá, para que ella y las chicas apoyen a Hermione", le pidió Dumbledore con firmeza y Kingsley obedeció y se apareció en la parte sur de la propiedad. Con rapidez, evaluó los posibles lugares para abrir el portal con seguridad, hasta que descubrió un pabellón relativamente pequeño, donde guardaban los abonos y demás cosas para el mantenimiento de los jardines. Allí sería el lugar.

Hermione se paseaba con desesperación por la habitación y a pesar de haberse auto impuesto calma, no podía mantener quietas sus manos y su respiración estaba agitada. Ginny se sorprendió cuando la vio colocarse de nuevo el arnés para cargar a Irene.

"¿Te llevarás a la niña?"

"Por supuesto, Ginny. No pienso dejarla aquí"

"Pero aquí está segura, yo puedo..." comenzó a razonar la pelirroja.

"Yo soy su madre y tengo que irme. No la dejaré sola en medio de la batalla final", le respondió tajante. Ginny se calló pero estaba bastante seria, era obvio que la respuesta de Hermione no le había gustado nada. "No es que desconfíe de ti pero tu mente está en otra parte. Tu prioridad es Harry. La situación afuera es muy peligrosa y es más, creo que deberíamos aprovechar la oportunidad para que todas salgamos de aquí". Pansy y Narcisa la vieron con ojos brillantes, pero Ginny tenía otros planes para ella.

"Yo no me moveré de aquí hasta que todo termine"

"¿Estás completamente segura?", le preguntó Pansy.

"Sí. Como que me llamo Ginevra Weasley. Solo saldré de la mansión con Harry"

En esa discusión estaban, cuando un lince plateado hizo su aparición y la profunda voz de Kingsley les dijo: "El portal está abierto en el cobertizo del jardín sur, atrás de la fuente"

"Este es el momento Ginny. ¿Te quedas?", le preguntó Hermione, que no perdía ni un segundo y ya se estaba colocando de nuevo a su hija en el arnés.

"Sí", le respondió la pelirroja.

Hermione dio un suspiro resignado. La tozudez Gryffindor en su máxima expresión. Pero aun así consideró conveniente ayudarle un poco.

"Kilby", llamó.

"Dígame, ama"

"Quiero que estés pendiente de la batalla final, entre Harry y Voldemort", todas las brujas, incluido el elfo, se estremecieron con la mención del nombre. "Cuando Harry triunfe, quiero que lleves a Ginny junto a él"

"Como usted ordene, ama"

"Y si las cosas salen mal para Harry, quiero que la ayudes a escapar de la casa". Era una posibilidad que ninguna de las mujeres de esa habitación quería considerar, excepto Narcisa por supuesto, pero si algo así pasaba Ginny estaría en grave peligro con todos los mortífagos que estaban en la mansión.

"Así lo haré, ama", le respondió el diligente elfo.

Narcisa había permanecido en silencio observando a Hermione... y a lo fácil que se le había hecho llegar a mandar a su casa... pero de nuevo, enfrió sus emociones porque lo más importante era que Draco llegara a San Mungo con vida.

Antes de salir, Hermione mandó de nuevo su patronus para avisar a Kingsley de que iba para el cobertizo con Draco inconsciente y con las demás brujas.

Para salir de la habitación, recorrieron un estrecho pasadizo hasta llegar a una puerta camuflada por una alta estantería. El pasadizo daba al corredor por donde se llegaba a la cocina. Tal vez, podrían salir por allí. Llevaban a Draco levitado entre Hermione y Pansy, Narcisa iba al frente dirigiéndolas para salir de la mansión, cuando de pronto, una figura oscura se les interpuso.

"Lucius...", lo llamó suavemente Narcisa. No podía estar más pálida porque estaban perdiendo un tiempo valioso.

"Narcisa... ¿tú también me das la espalda?", le preguntó apuntando con su varita a todo el grupo.

"No", le respondió con seguridad y Hermione la vio como si fuera un animal extraño y recién se hubiera dado cuenta. "Pero mi hijo está antes que todo".

Lucius seguía con su porte altivo. "Sabes que no saldrás de aquí si yo no lo permito"

"No me gustaría enfrentarme a ti, pero por Draco sabes bien que lo haré. Está muriendo, Lucius", trató de razonar con él. Pansy había tomado a Hermione suavemente por la muñeca derecha, quien comprendió el mensaje a la perfección: Narcisa sabía como manejar a su esposo, lo mejor era permanecer tras ella y no intervenir.

"¿Sabes lo que tu hijo nos ha hecho? ¿Acaso no te importa?"

"¡Claro que me importa! ¡Me siento tan defraudada como tú! Pero lo prefiero vivo. Y sabes perfectamente bien de lo que soy capaz de hacer por la familia", los ojos azules de Narcisa centellaron en la oscuridad del pasillo. Y Lucius que la conocía como nadie, supo que su esposa ya se había trazado un plan.

Bajó la varita con lentitud y Narcisa avanzó hacia él, con su paso lánguido y elegante. Le puso las manos en los hombros y le dio un tierno beso en la mejilla. "Lo más probable es que el Lord sea derrotado esta noche. Lo sabes, ¿verdad?", le dijo en un susurro cerca de su oreja izquierda.

"Sí", le respondió de igual forma, viéndola con intensidad y con un deje de decepción en sus ojos plateados.

"Te juro que cuando salgas de Azkaban, nuestra familia gozará de nuevo del prestigio que siempre hemos tenido", le prometió. Lucius se quedó de una pieza al escuchar sus palabras.

"Pero ella es...", comenzó a hablar Lucius viendo a Hermione.

"Lo sé, una sangre sucia pero está bien posicionada dentro de la Orden y es nuestro boleto en el otro bando"

Lucius dio un imperceptible suspiro.

"Bien. Seguiré entonces el papel que diseñes para mí. En este momento tienes la cabeza más fría", aceptó por fin.

"No te preocupes. Te buscaré después de que todo pase", le aseguró. Un pequeño beso en los labios selló el apresurado pacto de los esposos Malfoy.

Narcisa se separó de Lucius y se dirigió a las chicas. Ellas no habían podido escuchar la pequeña conversación que habían sostenido, pero Hermione estaba segura de haber recibido su primera lección Slytherin. Quedarse en silencio a veces era bastante esclarecedor: no le pasó desapercibida la actitud entre sus suegros, mucho menos las anteriores palabras de Narcisa y tuvo la certeza de que nunca debía confiar en ella plenamente, porque su prioridad definitivamente era Lucius.

"Salgamos de aquí antes de que cambie de opinión", las urgió Narcisa. Las mujeres siguieron la marcha con Draco levitando entre ellas. Entraron en la cocina y Lucius se quedó plantado en medio del pasillo, viendo como Narcisa se marchaba de la mansión. No pudo menos que admirar su sangre fría y la magnifica forma que tenía de utilizar a su favor cualquier situación que se le presentara.

"¡Lucius!", le gritó Nott padre corriendo hacia él "¿Has hallado algo por aquí?"

"Esta zona está limpia", le mintió caminando rápido para encontrarlo e hizo que el mortífago se fuera con él a otra parte de la mansión.

El lugar por el que saldrían estaba relativamente tranquilo. Las batallas estaban más fuertes por la entrada principal, pero aun así más de alguna maldición podía golpearlas. Por eso, antes de salir al jardín, Hermione colocó sobre todos un hechizo desilusionador, que les permitiría llegar sin percance al cobertizo. Avanzaron despacio y ligeramente agazapadas detrás de un seto que llegaba hasta la fuente. Las maldiciones volaban algunas bastante cerca y tenían que caminar con mucha precaución. Los hechizos podían golpearlas aunque fueran camufladas.

Dio dos pequeños golpes en la puerta. "Kingsley, somos nosotras", se identificó.

"¿Con quienes iría Ginny para escapar de Inglaterra?", preguntó el auror, para corroborar que fuera realmente Hermione y no una impostora con poción multijugos.

"Con mis padres", respondió con seguridad.

La puerta del cobertizo se abrió. "Rápido, no hay tiempo que perder".

La recepción de San Mungo estaba en relativa calma, cuando dos mujeres se aparecieron al centro de la sala de ingreso. La mayor, regordeta y con los cabellos rojo fuego, miraba a todos lados como buscando a alguien pero sin decidirse a pedir información y la menor, de cabellos rubio y ojos saltones, tenía un aire de total despiste que la hacía ver desvalida, tanto que la bruja recepcionista se quedó esperando que fuera ella la paciente.

"No han venido todavía, Luna"

"Cálmese, Molly. No debe ser fácil salir en medio de la batalla", trató vanamente de tranquilizarla.

Fleur se había quedado con su pequeño hijo en casa de Luna, angustiada por Bill, Harry y su familia política. Las otras se habían ido en cuanto recibieron el patronus de Dumbledore pidiéndoles que fueran a San Mungo a acompañar a Hermione. Molly iba con el corazón apretado de la angustia. Sabía que Draco iba herido y que todos los Weasley estaba luchando, así que rogó para que ninguno de sus hijos llegara en malas condiciones al hospital.

No sabían qué hacer porque a esa hora de la noche no había mucho movimiento en San Mungo. Todavía. Cuando la recepcionista se levantó para preguntar a esas mujeres qué era lo que necesitaban, otro estallido la sorprendió cuando reveló la aparición de un grupo de personas con un hombre inconsciente.

Al haber varios estallidos en poco tiempo. Un par de sanadores se asomaron de la sala de descanso. Todos reconocieron al auror Kingsley Shackelebolt, ya que había pasado varias temporadas en el hospital por heridas y maldiciones recibidas en su trabajo. "Prepárense", les avisó el auror. "La batalla final se está librando en la mansión de los Malfoy".

E inmediatamente, se desapareció. No consideró necesario quedarse más tiempo, porque vio que Molly y Luna ya estaban allí, quienes había corrido al encuentro de Hermione y las demás mujeres. Molly se sorprendió de ver a Narcisa, pero supuso que el amor de madre había prevalecido sobre cualquier otra cosa.

Uno de los sanadores que habían salido de la sala de espera también corrió hacia ellos para atender a Draco. Sin perder tiempo, Hermione puso a Irene en los brazos de Luna. "Te la encargo", le dijo. "No vayas a llevartela del hospital sin avisarme", le enfatizó.

"¿Dónde está Ginny?", preguntó Molly, mientras observaba cómo Hermione colocaba a Draco en una camilla que habían sacado para trasladarlo a una de las salas de emergencias.

"No quiso venir", le respondió Hermione.

"¿Cómo que no quiso venir?", preguntó la matriarca Weasley para reconfirmar lo que había escuchado.

"Dijo que no saldría de la mansión hasta que Harry lo hiciera", le respondió, ya caminando al lado de la camilla hacia dentro de la sala. Molly apretó los puños frustrada. Saber que las mujeres habían logrado huir, había sido un alivio. ¡Pero su hija era una inconsciente y la joven más testaruda que había existido sobre la faz de la tierra! Pansy se acercó a ella para explicarle más en detalle las cosas, pero otro sanador la hizo sentarse y comenzó a chequearla. Solo entonces, Molly se fijó en la chica, en los negros moratones de su cara y la suciedad de varios días que cubría sus ropas. ¡Oh, por Merlín! Charlie también está luchando, pensó Molly.

Narcisa se quedó en la sala, viendo cómo se llevaban a su hijo a la sala de emergencias y cómo Hermione no se separaba de la camilla, dando el detalle del estado de Draco. "¿Quién es?", le había preguntado el sanador.

"Draco Malfoy", había respondido ella caminando apresurada. Las cejas del sanador se levantaron en un gesto sorprendido.

"¿Sabes qué le pasó?"

"Una serie de cruciatus bastante crueles y un flippendo. Tiene una hemorragia interna y problemas en los pulmones y en el hígado", le refirió. "Apliqué los hechizos sanadores, pero no pude detener la hemorragia así que le suministré una poción restauradora"

"Bien, entonces déjalo en nuestras manos", le dijo el sanador mientras entraba la camilla a la sala de emergencia y hacía el ademán de cerrarle la puerta en las narices. "Si necesitamos tu ayuda, te llamaremos"

"No", rotundo y decidido.

"Su madre es la única que podría haber entrado a la sala de emergencias con él y ella se ha quedado tranquila en la recepción", le dijo en sanador con todo agriado "No veo porqué puedes hacerlo tú"

E hizo un nuevo intento de cerrar la puerta.

"Ella se ha quedado en la sala de espera porque la que entrará con él, soy yo" le dijo tajante "Tengo todo el derecho del mundo".

"¿Y qué le da ese derecho, sanadora en prácticas Granger?", le preguntó el sanador exasperado y considerando seriamente hacerle una sanción estudiantil bastante fuerte.

"¡El derecho que me da ser su esposa! Y mi nombre es Hermione Malfoy", le respondió levantando la voz.

Y entró con paso decidido a la sala de emergencias, dejando en la puerta a un descolocado sanador.

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¿Qué les pareció? Si ya lo saben los Malfoy, ¡que lo sepa el mundo! ¿No les parece?

Comentarios, sugerencias y otros, please den click en el botoncito de go y me dejan un review. Gracias por darse una vuelta por el fic y leerlo.

Abrazotes a todos.

Clau