Capitulo 25:

Acompañada de Armstrong y su nueva doncella, Riza atravesó el castillo de Carlisle en dirección a al habitación que le habían asignado. La ceremonia de inauguración había sido larga y cansada, y en lo único que podía pensar era en descansar un poco antes de que requirieran su presencia en la cena.

Oyó que alguien la llamaba y miro alrededor. Reconoció al abad y espero a que la alcanzara antes de hacerle una reverencia.

-Abad Grumman, pensé que tal vez estaríais aquí- dijo, contenta de ver a alguien conocido.

-Cuando el rey viene, todos debemos acudir- respondió Grumman, observo a los que los rodeaban y, al no ver a quien buscaba, se volvió hacia ella-. ¿Dónde esta lord Roy? Quería hablar con el antes de las celebraciones.

-Lord Roy esta en Silloth. Yo he respondido a la llamada del rey sin el- eran palabras atrevidas, aunque ella no se sentía así. En realidad, estaba insegura sin Roy a su lado.

El monje frunció el seño y, tomándola de la mano, la llevo a un a alcoba con algo mas privacidad. Riza le hizo una seña a Armstrong y a la muchacha con la cabeza, y estos se quedaron de pie entre ellos y cualquiera que pudiera acercarse.

-Mi señora, me preocupa vuestra presencia aquí sin lord Roy. Seguramente barra gente que… que… - pareció buscar las palabras adecuadas sin encontrarlas.

-¿Qué saque conclusiones equivocadas al verme sin mi marido? – dijo ella.

-Con todas mis respetos, mi señora, si. Axial es- la miro con dolor en los ojos-. Pensé que lord Roy y vos habías arreglado las cosas. El aprecia muy feliz la ultima ves que visto al abadía.

- Las cosas han cambiado, buen abad- suspiro. Se sentía muy acalorada y estaba empezando a marearse un poco-. ¿Podemos hablar de esto mas tarde? ¿Tal ves después de la cena? Ahora me gustaría retirarme a mis aposentos.

-¿Estáis bien, mi señora?- le tomo la mano y le toco la mejilla-. Estáis pálida.

- Gracias por vuestra preocupación, abad. El viaje ha sido mas largo y mas cansado de lo que esperaba- se paso un pequeño pañuelo de lino por la frente. Sentía que el sudor también le caía por el cuello y por la espalda-. Anoche llegamos tarde y no nos asignaron las habitaciones inmediatamente. Estoy segura de que me recuperare con algo de descanso y buena comida.

Mientras se dirigía a sus habitaciones, se pregunto si Grumman la presionaría sobre lo que debía hacer. Ya podía sentir su desaprobación.

Cuando llego a la puerta de su habitación, Riza despidió a la doncella con un gesto de la mano. Shieska se había quedado en Silloth y, aunque Riza compendia sus razones aun no se sentía cómoda con Jolie.

Se soltó el velo y la redecilla que le cubrían el pelo y se seco el cuello con el pañuelo. Se desato las lasos del vestido y empezó a refrescarse. Cuando se sintió mejor se tumbo en la cama y, un minuto después, sintió que el sueño la invadía. ¿Estaría enfermando?

Mientras se quedaba dormida, recordó la ultima ves que había visto a alguien con esos mismos síntomas y dejo escapar una risa nerviosa y llena de desesperación.

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La doncella la despertó con tiempo suficiente para prepararse antes de la cena. Riza había llevado a propósito el vestido azul de seda y Satán que se avía puesto cuando se caso con Roy, para recordarle a Jean y a todos los presentes que pertenecía a otro hombre. Llevaba un velo cubriéndole el cabello a juego con el vestido y una diadema de oro para sujetarlo.

Armstrong la procedió hasta el comedor y, mientras la guiaba por los pasillos, le dedicaron muchas miradas y sonrisas clandestinas. Una mujer joven se detuvo frente a ella y espero a que Riza la encarara. Aquella debía ser la ultima conquista de Jean.

-Riza- dijo la joven con una inclinación de cabeza.

-Lust. Tenéis buen aspecto- dijo Riza.

-Pensé que estaríais demasiado humillada para aparecer de nuevo en esta corte- murmuro con una vos llena de dulzura y veneno-. Especialmente desde que vuestro marido os ha abandonado a los caprichos del rey.

-¿Humillada? Creo que no. Mi marido es una de los grandes señores del norte, pero no le ha sido posible venir conmigo.

Lust se rió desdeñosamente mostrando su incredulidad.

-Perdisteis hace mucho tiempo el favor del rey, y el hecho de que ahora os llame no debilita mi lugar aquí. Ya no serás su esposa.

- Y tu tampoco. No busco Jean, Lust. Podéis quedaros con el- se inclino un poco mas hacia ella-. He encontrado una gran felicidad con lord Roy y no nesecito al rey para nada.

-Por lo que parece, vuestro marido no comparte vue4etas opiniones. Seguramente esta demasiado avergonzado para aparecer aquí, ya que sabe que Jean te quiere en su cama- Lust se rió de nuevo-. Vuestro marido…

-Llega muy tarde y por eso le pide perdone a su mujer.

Roy le tomo la mano a Riza y la beso. Riza parpadeo varias veces, convencida de que aquello no esta ocurriendo realmente.

-¿Roy?

-Si amor. Te pido perdón por mi tardanza y por muchas otras cosas, pero ya habrá tiempo para eso. Vamos, busquemos nuestros asientos en la cena, y me contaras como ha ido la ceremonia.- enlazó sus dedos con los de Riza y empezó a caminar hacia el comedor. Ella lo hizo detenerse.

-Deberíamos hablar ahora, Roy. Me han asignado una habitación en el castillo y podríamos ir a allí a hablar.

Ahora que estaba allí, quería solucionar los problemas entre ellos antes de que ocurriera nada mas.

-Hay mucha gente, Riza, y muchas cosas de las que hablar- sonrió y se llevo la mono de su esposa a los labios, besándola suavemente-. Ven. Comamos y afrontemos juntos lo que nos espera.

Ella lo siguió al comedor, donde los recibió uno de los maestros de protocolo que organizaba los asientos en grandes eventos, como aquel.

-Mi señora, hay un asiento reservado para vos en la mesa del rey- dijo, señalando la parte delantera de la estancia.

Ella dudo, ya que el hombre no había mencionado a Roy.

-¿ Y donde esta el asiento de lord Roy?

El hombre pareció confundido, pero finalmente explico:

- Mi señor, no teníamos noticias de vuestra llegada. Le encontráremos un lugar en una de las otras mesas.

-Eso no es aceptable- exclamo al instante Riza-. Lord Roy Mustang es uno de los vasallos del norte más importantes del rey y debe ser tratado con el respeto que merece. Si el no se siente en la mesa del rey, yo tampoco lo haré. Y entonces el rey no estará contento… -dejo la amenaza en el aire.

La mayoría de los hombres no sabía tratar con una mujer enfadada. Para poner más énfasis a sus palabras, Riza golpeo el suelo con el pie. Inmediatamente, otro de los hombres se puso a solucionar el problema. Roy parecía vagamente divertido.

-Los estas asustando. No saben como tratar a una Riza Hawkeye furiosa.

-Pero sus reacciones me dicen que han oído hablar de mí.

Roy se rió, probablemente recordando los primeros episodios que había vivido con ella en Silloth.

Los hombres de protocolo finalmente los sentaron juntos en la mesa del rey. Ella inspiro profundamente y ofreció una silenciosa plegaria de gracias por que el estuviera allí, a su lado, ya que no se atrevía a tratar con Jean sola.

El heraldo del rey llamo la atención de la multitud y todos se levantaron mientras Jean y su sequito entraban en el comedor. Riza reconoció a sus consejeros y a sus ministros, que lo seguían tratando de mantener el enérgico paso del rey. Cuando se acerco a la mesa su mirada se encontró con la de Riza y ella tembló. Pero esa ves no fue de atracción, sino de miedo, porque las órdenes que diera aquella noche podrían destruir la felicidad que tenia con Roy.

Roy debió haber intuido lo que le ocurría, porque le toco ligeramente la espalda para hacerle saber que estaba allí con ella.

Jean se detuvo delante de ellos y Riza le hizo una profunda reverencia. Cuando ella levanto la mirada, vio la mano extendida de Jean, para ayudarla a levantarse. Riza le dio la suya, se incorporo y se dispuso a mirar a aquel hombre ahora que sabia la verdad.

Riza lo miro a través de los ojos de una mujer enamorada de su marido, una mujer que ya no estaba abrumada por lo que el rey le ofrecía. Su atractivo seguía siendo innegable, pero Riza ya no sintió que se le aceleraba el corazón al mirarlo. ¿Siempre había sido así? Parecía mucho mayor que cuando lo había visto el verano anterior.

Entonces Jean fijo la mirada en Roy.

-No os esperaba, mi señor. Me han dicho que no habéis estado presente en la ceremonia de esta mañana.

Riza se dio cuenta de que el rey aun no le soltaba la mano, y mientras hablaba con Roy, Jean se la llevo a los labios y la beso.

-Confieso mi tardanza, señor, y os pido perdón por ello. Pero como mi esposa me ha indicado, no debía perderme una obligación tan importante como esta.

Jean se vio en una difícil situación. Intentar conquistar los sentimientos de la hija soltera de uno de sus aliados contando con el consentimiento de su padre era una cosa, pero tomar a la mujer de un leal vasallo en su presencia y contra sus deseos era otra.

Cuando vio que no podía decir nada más, soltó la mano de Riza y se dirigió a su asiento, en el centro de la mesa. Cuando se sentó todo el mundo lo hizo y los sirvientes comenzaron a circular por las mesas con los cuencos de agua y las servilletas para que todos se pudieran lavar las manos antes de cenar.

Roy se giro hacia ella y le ofreció la copa de vino.

-No haberte acompañado ha sido un error, y te pido que me perdones por ello y por otras muchas cosas, cuando estemos en privado.

Riza se emociono al oír sus labras. Roy estaba de su lado y allí permanecería. La cena paso rápido, y Riza solo deseaba volver a su habitaciones y arreglar los malentendidos que había entre ellos. Estaba tan feliz que se olvido de lo que tenía que haber recordado.

Uno de los hombres de confianza del rey le dio el mensaje antes de que terminara la cena. Se acerco por detrás y, haciendo que hablaba con el hombre que Riza tenia a la derecha, el susurro a ella al oído.

-A las once, mi señora. Tomad, como signo de su estima por vos.

Intento no sobresaltarse cuando el hombre dejo caer un pequeño paquete en su regazo. No tenia que abrirlo para saber lo que congenia: un joyero, o tal ves algún anillo o brazalete para impresionarla.

Si Roy lo vio, no dio muestra de ello. Continuaron comiendo, pero para Riza la cena ya esta arruinada, aunque se esforzó por no parecer preocupada. Finalmente el rey se levanto y, una ves que se hubo marchado, todos pudieron seguir divirtiéndose durante el resto de la noche, ya fuere en el castillo o en la ciudad. A pesar de l tamaño y de la importancia de la catedral, Carlisle era una ciudad centrada en el comercio de todo tipo, y muchos de los hombres que atendían al rey buscaban en ella los entretenimientos que ofrecía. Incluso se sabía que Jean solía visitar el prostíbulo.

Pero aquella noche, Riza sabia que aunque no lo deseara, debía hablar con el.

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Ya esta, espero que les haya gustado el chap y comenzamos a cercarnos al final.

Como siempre agradezco a todos los que leen y especialmente a los que me dejan su opinión, pero esta ves les pido perdón por no dejar contestación a cada una ya que acabo de arrancarme 5 minutos del trabajo para subir el chap, pero prometo mañana hacerlo, un beso a todas, ciao.