Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
*¿Me extrañaron? Yo a ustedes sí, pero ya estoy aquí y más que dispuesta a terminar esta historia, no puedo dar razones ni explicaciones porque ya saben que sería inútil, simplemente no pude regresar hasta estos momentos y espero que vayamos tomando ritmo hasta terminar, ¿me acompañarán en el camino? Espero que sí.
Besos miles, An.*
Capítulo veinticinco.
En menos de dos horas nos encontrábamos frente al hospital de Seattle, ni siquiera le veía sentido a preguntar qué hacíamos ahí, ya tenía bien en claro que no sería jamás nada de lo que pudiera imaginar, así que sólo me dejé llevar. Entramos por una de las puertas donde se veía menos gente, las pocas personas que se encontraban ahí estaban demasiado sumidas en sus pensamientos como para detenerse a pensar en nosotros.
Iba aferrada a la mano de Ed, como si mi vida dependiera de ello, y no es que no fuera así, más bien mis nervios eran los que dependían de su contacto.
Desde que habíamos tomado el taxi su expresión de completa seriedad no había cambiado ni un poco, se le notaba tenso y en ningún momento volteó a verme, pero seguía sujetándome de la mano.
Pasamos por un largo pasillo donde no había nadie, volteó a ambos lados y lo corroboró antes de continuar avanzando, el olor del lugar comenzaba a marearme pero traté de controlarme y fijarme hacia dónde íbamos.
Nos detuvimos frente a una puerta blanca con un número cinco que brillaba como si fuera de plata, me fijé en mi alrededor, había dos sillones de cuero y un elegante florero sobre una mesa de cristal, ya sabía dónde estábamos, el ala privada del hospital.
—Ed, ¿qué estamos haciendo aquí? — pregunté, él seguía viendo para todos lados, buscando no sé qué o a quién.
—Bella— clavó sus verdes ojos en los míos y me habló con esa profundidad que me entumía los músculos— Lo que verás puede ser un poco perturbador para ti, así que si te quieres ir en cualquier momento, sólo dímelo y te sacaré de aquí, inmediatamente— su voz estaba cargada con una determinación que me intimidaba un poco, así que sólo asentí.
Él asintió a su vez y volvió a tomar mi mano antes de abrí la puerta lentamente y entrar conmigo detrás, cubriéndome con su cuerpo, como si la persona que estuviera ahí fuera extremadamente peligrosa para mí.
Se dio la vuelta y me vio a los ojos de nuevo, buscando algo en ellos, su mirada me alarmó, era una mezcla entre amor, tristeza y temor, ¿por qué tenía miedo? Acarició mi mejilla con una delicadeza absoluta y me plantó un casto y muy dulce beso, después se apartó.
No quería apartar mi mirada de él, su actitud me desconcertaba, pero él miraba hacia la persona en la cama.
Volteé hacia donde él estaba mirando y lo que vi ahí me heló la sangre, ahora entendía su actitud y su temor, solté de golpe todo el aire que no me había dado cuenta había estado guardando.
Ahí, en la amplia y triste cama de hospital, había un hombre, pero no cualquier hombre, era la copia exacta de Ed, pero mucho más delgado, con la piel cenicienta y tubos por doquier, tenía un yeso en la pierna lo que hacía que se viera mucho más indefenso de lo que ya lo hacía.
— ¿Qué es esto? — pregunté con voz ahogada, sentía saladas lágrimas correr por mis mejillas, pasar por mis labios y bajar hasta mi cuello.
—Se llama Edward Cullen— comenzó a hablar con voz neutra pero sentía su preocupación al verme— Te dije que mi descenso había sido inesperado— yo asentí, incapaz de apartar la mirada del hombre en la cama— La imagen que yo tomé fue de la primera persona que se cruzó en mi camino, y ese fue él— lo miré confundida, él suspiró y bajó su mirada— Él era quien conducía el auto que iba a atropellarte, Bella.
Un sollozo ahogado salió desde lo más hondo de mi pecho, no entendía nada, las lágrimas corrían sin control por mis mejillas, las piernas me temblaban, miraba alternadamente al hombre que amaba, y al hombre de quien había tomado su cuerpo.
¿Esto era siquiera posible? Después del tiempo con Ed me daba cuenta que increíblemente aún podía sorprenderme, era tan irreal, como todo lo que rodeaba a Ed y mi vida ahora, sin embargo ese impulso a no creerlo permanecía.
—Alguien viene— me alertó Ed, volteó hacia una puerta que estaba en un costado de la habitación y entró en ella justo antes de que la puerta de la habitación se abriera.
Una mujer menuda, de cabello castaño claro y piel pálida entraba en el cuarto de hospital, estaba muy bien vestida pero la ropa se veía ligeramente arrugada, bajo sus ojos dorados había dos surcos muy morados.
—Oh, lo siento— se disculpó al notar mi presencia, ¿ella se disculpaba? Yo era la que había invadido la habitación de quien supuse era su hijo.
—Creo que yo debería ser quien me disculpara— dije, limpiándome el rostro y sonrojándome porque me hubiera atrapado ahí.
— ¿Eres amiga de Edward? — preguntó, sonriendo dulcemente y adelantándose hacia la cama, con una paciencia infinita acomodó la almohada y el cabello cobrizo y rebelde, dejó en un jarrón las flores que no había notado que llevaba y comenzó a arreglarlas, volteó a verme con una actitud de sincera gentileza, esperando mi respuesta.
—Sí…Yo…Lo conozco de…hace tiempo— balbuceé.
Ella me miró con un brillo particular en sus ojos claros, pero pude ver un obvio dolor en ellos, confirmé con eso que se trataba de su madre.
—Eres muy linda— dijo sonriendo con tristeza, mientras volvía a acomodar las flores— Él casi no tiene amigos, es muy reservado y callado, — ahora acariciaba el cabello rebelde que no cedía ante sus manos. — Siempre tan huraño— sonrió viendo a su hijo. — Un solo día— sollozó muy bajo.
Me adelanté hacia ella, rodeándola con mis brazos, no entendía, sólo seguía sollozando y diciendo cosas que no comprendía, pero aquella mujer, tan pequeña y menuda me partía el corazón.
—Supongo que también quieres ver a sus hermanos, ¿o sólo eras amiga de Edward? — preguntó, minutos después limpiando su rostro con un fino pañuelo.
—Yo... — En ese momento entró en la habitación un hombre de la misma edad aparente que la mujer, de cabello rubio, ojos azules y piel blanca, con las mismas ojeras que la menuda mujer.
—Esme— saludó él, besando castamente a la mujer y viendo con la misma mirada torturada al joven.
—Carlisle, querido, ella es…— la mujer, a quien había llamado Esme, se quedó con la frase a medias, al no saber mi nombre, el hombre me miró con la misma calidez que la mujer.
—Soy Bella Swan.
—Carlisle Cullen— se presentó él, sujetando mi mano.
—Es amiga de Edward— aclaró Esme, él asintió y me miró con el mismo brillo que su esposa.
—Yo…— miré directamente al hombre que se veía más y más pequeño conforme lo observaba— Lamento mucho lo que le pasó a su hijo, señora Cullen.
Tenía la tonta necesidad de disculparme con ellos, de cierta forma me sentía culpable, ellos estaban aquí, sufriendo por su hijo, y yo, yo había estado todo este tiempo con Ed, quien tenía la forma de él, ahora entendía por qué se había ocultado.
Volteé a ver nuevamente, Edward Cullen, se veía igual que mi Ed, y a la vez muy diferente.
Ed se veía tan…vivo, tan fuerte, seguro, brillante y yo lo amaba, mientras que aquel chico se veía tan pálido, como si estuviera muriendo poco a poco, y lo peor era que, a pesar de verse iguales, el hombre de la cama no me producía ningún sentimiento además de pena y un poco de lástima, por sus padres.
—Bella— me llamó Esme, estaba tomada de la mano de Carlisle y él hacía amago de comenzar a retirarse— ¿Te importaría quedarte aquí un momento? Ahora que ya no está solo podemos ir a ver a sus hermanos sin tanta preocupación— "Ahora que ya no está solo" ¿Sería de verdad que aquel joven no tenía ni un solo amigo? Yo asentí, sin saber qué otra cosa hacer, de todas formas Ed seguía encerrado en el baño de la habitación.
—Muchas gracias, cielo— ambos me brindaron una sonrisa más y salieron lentamente de la habitación, yo me volteé de nuevo, sentí, más que vi, a Ed salir del baño y reunirse a mi lado.
— ¿Cómo es que pasó? — esperaba que entendiera mi pregunta, no tenía ni voz ni fuerzas para hacerme entender mejor.
Me acerqué poco a poco a la cama, se veía tan dura, tan fría, y él, se veía tan…vacio, como si nadie habitara aquel cuerpo, Ed permaneció a una distancia considerable de mí, lo cual agradecía, por mucho que mi corazón clamara por sus brazos, tenía un sentimiento que me alejaba irremediablemente de él.
—Él no te vio, su hermano venía muy tomado, la chica estaba medio inconsciente, pero también participaba en la riña que tenían.
— ¿Rose y Jazz, ellos… Tomaron los cuerpos de sus hermanos? — esperaba que me contestara, ya que no quería verlo a él, por alguna extraña razón no podía apartar mi mirada de los ojos cerrados de aquel chico, me preguntaba si los tendría del mismo tono verde de Ed, esperaba, de todo corazón, que no fuera así.
—Sí— respondió simplemente, asentí para instarlo a continuar.
—Bella, cuando un ángel desciende debe ser con mucha precaución, debes entender que si una persona llegara a encontrarse con un ángel que ha adoptado su forma humana es un gran shock, nuestra condición de anonimato es muy importante. — Yo volví a asentir, pasé lentamente mi mano por el cabello rebelde del chico, a Ed le gustaba llevarlo al natural, cubriéndole los ojos, el de él parecía igual de desordenado pero no le caía sobre los ojos.
— ¿Qué piensas hacer con él? — pregunté, recorriendo la frente marcada y los altos pómulos, su rostro se veía muy delgado y la piel, aunque muy cenicienta, aun tenía una suavidad natural, aquel chico era realmente atractivo, pero no era Ed.
—Hay una leyenda, sobre los ángeles y sus cuerpos humanos— en ese momento giré mi cabeza hacia él, tenía una expresión de dolor contenido— Si un ángel se canaliza en el cuerpo humano que ha adoptado, el ángel pasa a ser su alma.
—No entiendo— me erguí en mi muy poca altura, no me había dado cuenta que me había inclinado sobre el hombre de una forma entre protectora y curiosa.
—Si me canalizo en su cuerpo…— dejó la frase inconclusa, centrándose fijamente en el hombre, aquel era mi Ed, ése era el ángel que yo amaba con toda mi simple alma humana, no podía concebirlo de otra manera, no era sólo su apariencia, era él, sus ojos verdes fulgurantes, sus labios suaves como las alas que yo me imaginaba que tenía, su aura de protección y calidez.
Había seres con la misma apariencia en la misma habitación, pero mi alma reconocía a aquel que amaba, y estaba frente a mí, viendo con toda la intensidad de su mirada a su réplica exacta, que languidecía en una cama de hospital.
—Si me canalizo en su cuerpo— volvió a hablar, ahora viéndome a mí, con el amor brillando en sus ojos, un reflejo de los míos— Yo tomaré el lugar de su alma.
— ¿Qué pasará con la suya? — Ed adoptó una postura más rígida, mucho más serio.
—Se perderá para siempre— dijo con mucha frialdad, el aire que estaba comenzando a inspirar se quedó atrapado a mitad de mi garganta.
¿Se perdería? ¿Él moriría? Me volteé a verlo como en automático, no lo conocía, aquel hombre de la cama era un extraño para mí, pero sus padres y sus hermanos…, yo no era un ser tan egoísta y despreciable como para arrebatarles a su hijo sólo para no perder al amor de toda mi existencia.
¿Perder a Ed? Con ese pensamiento lo encaré a él, me miraba como si algo se estuviera rompiendo dentro de él, ¿perderlo a él?, esa sola posibilidad me dejaba con el pecho destrozado y las piernas débiles, no podía perderlo, perdería mi ser entero antes que permitir que él se fuera, me sentí desfallecer.
— ¡Bella! — escuché que me llamaba la razón de mi existencia y sentí sus brazos fuertes y delgados en mi cintura antes de que cayera en las profundidades de mi inconsciencia.
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Besos.
