Capítulo 24
Aplacando la furia
Tras pasar el segundo lago el viaje continuó durante el resto del día a paso ligero hasta que finalmente llegaron a su destino de noche cerrada.
Pueblo Caoba se caracterizaba por ser una localidad pequeña, de tamaño parecido a pueblo Azalea aunque algo más reducido en comparación; rodeado de naturaleza, vegetación y accidentes rocosos, era principalmente un punto de paso para montañeros, campistas, pescadores y senderistas, lo que le confería cierta relevancia en ese sentido, aunque apenas era tan turístico como otras localidades. Sus casas destacaban por ser de madera y con tejados rojizos a dos aguas, la carretera atravesaba la localidad de este a oeste de forma lineal, y un par de torres de vigilancia forestal situadas en ambos extremos guardaban los alededores.
-¡Genial, ya hemos llegado, me siento con fuerzas para el siguiente combate de gimnasio!-exclamó Oro, emocionado.
-Sí que estás inspirado… aunque tendrás que esperar hasta mañana, son las diez de la noche y dudo de que el gimnasio esté abierto…-murmuró Cristal, consultando la hora en su poké gear.
-Sí, eso es cierto…
Se dirigieron al centro pokémon, el cual estaba situado en el centro del pueblo, en un albergue de tres pisos que conservaba ese aspecto rural que tanto caracterizaba a la localidad. Conseguir una habitación fue sencillo, puesto que apenas estaba ocupado, yendo a cenar una vez que estuvieron asentados aprovechando que el buffet seguía abierto.
Durante la cena Cristal cogió un panfleto del pueblo y estuvo buscando información acerca del gimnasio local hasta encontrarla.
-Ah, aquí está, gimnasio pokémon de pueblo Caoba… parece que el líder es un experto en el tipo hielo.
-¿De veras? Vaya, en ese caso tengo posibilidades de ganar, quilava se podría lucir tranquilamente…-murmuró Oro, pensativo.
-Según esto el líder entrena en montañas heladas y bajo cascadas para mantener su concentración… nada mal.
-Decidido, mañana por la mañana iré a retarle-dictaminó Oro sin mayores contemplaciones.
-Bien, así te veré en acción.
El resto de la noche pasó tranquilamente, viendo la tele en el salón sin que nadie más les molestase, ya que salvo unos pocos entrenadores más que iban y venían estaban solos, yéndose a la cama pronto para poder despertarse temprano. Mañana sería un gran día. Y Oro debía estar preparado.
Esa misma noche el cielo se encontraba medio encapotado, tapando de esta forma la luz de la luna entre densos jirones de nubes y sumiendo a pueblo Caoba en una densa penumbra. Esto era beneficioso sobre todo para pasar desapercibido, aunque teniendo en cuenta que no había un alma por la calle, en ese caso lo era aún más. Plata tenía motivos para pasar desapercibido, después de todo su misión así lo requería. Sacó su poké gear y, utilizando la función de radio, comenzó a sintonizar distintas frecuencias. A esas horas apenas se emitía gran cosa, lo primero que oyó fue el canal música emitiendo sesiones ininterrumpidas de música clásica para ayudar a dormir; en ese momento se encontraba sonando la cantata BWV 30 de Bach, Aria for Alto.
-Bof, qué coñazo… a ver…
Siguió moviendo el dial, encontrándose entonces con el canal de pokénovelas, un formato originariamente televisivo adaptado a serial radiofónico que contaba historias dramáticas con pokémon de por medio.
-Por favor, mi querido granbull, no me dejes con esta opresión en el pecho, necesito saberlo… ¿tú me amas?
-Sabes que nuestro amor es imposible, mi querida miltank…
-Oh, por el amor del cielo ¿qué nos traen de fuera? vamos, vamos, dame algo más…-masculló Plata.
El siguiente dial cayó en un programa de tertulias de madrugada donde se discutían de asuntos políticos y sociales de diversa índole.
-Yo sólo digo que estamos perdiendo nuestra esencia social y cultural ¿qué va a ser de nosotros de aquí a unos veinte o treinta años? Nuestros asuntos políticos y económicos se parecen cada vez más a los de América o Europa, vale que el sakoku pasó hace años, tampoco estoy diciendo que volvamos a esos tiempos, pero tal y como yo lo veo debemos conservar los valores que antaño hicieron a Japón una gran nación…
-Ya pero ¿acaso quiere volver a cometer los mismos errores que cometieron nuestros antepasados? Le recuerdo que pagamos demasiado caros esos errores, no podemos permitir que una debacle así nos vuelva a suceder jamás, el pueblo jamás nos lo perdonaría…
-Ugh, paso de política, soy entrenador…
Siguió moviendo el dial, pero en un momento dado llegó a captar una frecuencia desconocida que le dejó un tanto extrañado.
-Espera ¿y eso?
Regresó un momento y mantuvo quieto el dial, oyéndose de nuevo esas extrañas interferencias que destacaban por sonar particularmente agudas, como si se deslizaran entre sí dos pedazos de metal; croconaw, que iba con él, comenzó entonces a tener extraños espasmos que le dejaron clavado en el sitio, al tiempo que comenzaba a quejarse al respecto.
-¿Qué pasa, croconaw?
El pokémon de agua siguió emitiendo ahogados gemidos, como si no quisiera mostrar dolor ante su entrenador, pero Plata no dijo nada, observándole atentamente y mirando por un instante la pantalla de su poké gear, pensando a toda velocidad. En un momento dado movió el dial y las interferencias cesaron, como resultado croconaw pareció sentirse mejor. El ceño de Plata se arrugó, comenzando a pensar a toda velocidad y sopesando posibilidades.
-Espera… tal vez… y sólo tal vez…
Miró hacia delante, viendo la calle desierta y echando a andar.
-Vamos, croconaw.
El pokémon de agua siguió a su entrenador sin rechistar y perdiéndose entre las sombras de un callejón cercano, dejando atrás la calle principal vacía y solitaria.
Esa misma mañana, y tras un copioso y un tanto rápido desayuno, Oro no esperó más y se dirigió al gimnasio a no más tardar, siendo seguido de cerca por una acalorada Cristal.
-Oro, tranquilo, ve más despacio, el gimnasio no se va a ir a ninguna parte…
-Perdona, Cris, pero es que tengo unas ganas inmensas de combatir hoy, no sé, estoy como encendido…-argumentó el chico, caminando a paso ligero.
-No si ya te veo, ya, afloja un poco el paso…
El gimnasio se encontraba en la parte más confluida del centro, a unas cuantas calles de distancia del pueblo y situado en un austero edificio que no parecía decir gran cosa; cuando fueron a entrar salió de éste un hombre joven el cual se dispuso a cerrar con llave.
-¿Eh? ¿No está el líder?-inquirió Oro, contrariado.
-No, me temo que no, está fuera entrenando en la Ruta Helada, volverá dentro de un par de días a lo sumo, disculpa las molestias-explicó el hombre, girando la llave.
-Oh, vaya…-murmuró el chico, desanimado.
-¿Por qué no aprovecháis y hacéis algo de turismo? Dicen que últimamente pasan cosas muy raras en el lago de la Furia-recomendó el hombre antes de irse.
Tanto Oro como Cristal se quedaron ahí, aunque el chico se encontraba algo más molesto, ya que tenía muchas ganas de enfrentar al líder de gimnasio. Por su parte la chica trató de animarle comentando.
-Es una pena, aunque podríamos ir a ese lago, tengo entendido que recibe muchas visitas al año, si lo que quieres es combatir puede ser un buen lugar…
-Está bien, vamos, no me vendrá mal entrenar un poco…
Hacia el norte, y pasando la puerta de control, se extendía la ruta 43, una ruta dispuesta en pendiente de unos quince kilómetros de largo aproximadamente que llevaba directamente al lago de la Furia; no era muy larga y se caracterizaba por estar rodeada de vegetación y algunas elevaciones montañosas, el paisaje habitual que hacía destacar a toda esa zona de Johto. Por el camino se encontraron con bastantes entrenadores y Oro los retó para ir entrenando y así prepararse cuando el líder volviese; tras los quince kilómetros, los cuales recorrieron de forma pausada ya que la pendiente hacia arriba se hacía algo fatigosa, llegaron al lago de la Furia.
Dicho lago destacaba por ser el más grande y antiguo de Japón, se dice que fue creado por violentos gyarados, los cuales provocaron con sus feroces ataques un enorme cráter que luego se llenó de agua de lluvia. Con una superficie de 670,33 kilómetros cuadrados y una profundidad de 103,58 metros, el lago era cuna de una biodiversidad muy variada, con muchas especies de pokémon viviendo por sus alrededores. Aunque la especie más común en el propio lago eran los magikarp, los cuales se contaban a pares; el club de pesca del lago de la Furia tenía su sede ahí, y los aficionados a la pesca siempre competían por pescar el magikarp más grande.
Nada más llegar vieron que en la orilla sur se concentraban la gran mayoría de visitantes, entre ellos tanto propios como turistas. La gran mayoría de ellos eran entrenadores que habian oído los rumores de avistamientos de un misterioso gyarados de color rojo, deseosos de verlo y atraparlo, mientras que otros eran pescadores que se dedicaban principalmente a pescar en ese lago, pero la gran mayoría de ellos permanecían bastante serios y con actitud preocupada.
-Ey, ¿a qué vienen esas caras tan largas?-preguntó Oro, curioso.
-Se trata del lago-explicó una chica.
-Se han visto avistamientos recientes de muchos gyarados en el lago, especialmente uno que es de color rojo, lo cual es extraño, ya que normalmente no suelen tener ese color-reveló un anciano.
-Sí, y los magikarp escasean bastante últimamente, cada vez pican menos. Así es imposible competir-añadió un pescador, contrariado.
-Ya veo… creo que hay cierto patrón aquí-anunció entonces una voz.
Tanto Oro como Cristal se dieron la vuelta y vieron a un hombre bastante alto, al menos les sacaba una cabeza y media; era un hombre joven, tendría por lo menos unos treinta y pocos años, pelirrojo y con el pelo en pincho resultado de la laca. De ojos oscuros, su mirada era profunda y analizadora, vestía con una especie de uniforme que constaba de un traje de neopreno azul oscuro con rayas naranjas. Portaba una gran capa negra sujetada con un broche plateado, con el reverso rojo, y calzaba unas botas negras y rojas.
-¿A qué patrón se refiere?-preguntó Oro con educación.
El hombre bajó la vista y miró detenidamente a Oro, analizándole con su mirada; enseguida se interesó por él.
-Muchacho… ¿cómo te llamas?
-Oro, soy un entrenador pokémon de pueblo Primavera.
-Y yo soy Cristal, una criadora pokémon del mismo pueblo, encantada.
-Encantado de conoceros, yo soy Lance, un entrenador como tú-se presentó el hombre.
-¿Y por qué dices eso, Lance?-preguntó Oro, interesado.
-Llevo un tiempo investigando acerca de todos estos extraños sucesos en el lago durante las últimas semanas y no creo que sea por pura casualidad. Ningún pokémon que se precie puede llegar a evolucionar así sin más, sin antes pasar por un entrenamiento previo, y mucho menos un pokémon tan endeble como los magikarp-explicó el hombre con particular detalle.
-Bueno, aun así casi todos los pokémon suelen evolucionar, tal vez sólo es una parte natural de su ciclo de vida ¿no?-supuso en ese momento Cristal.
-Sí, es lógico pensarlo, aun así personalmente prefiero no pensar de forma tan pragmática; no te lo tomes a mal, pero yo siempre he creido que hay una relación causa-efecto en todo proceso natural que se precie, y la evolución es uno de esos procesos. Si los pokémon evolucionan es porque van acumulando una energía en su interior a lo largo de su entrenamiento que luego se libera, ocasionando que cambien de forma. Es por eso por lo que me extraña que estos evolucionen así sin más, sin pasar antes por ese proceso de acumulación de energía-argumentó Lance.
-Bueno, visto así tiene sentido, pero en tal caso… ¿por qué lo hacen?-inquirió la chica, extrañada.
-Es lo que estoy tratando de averiguar.
-Pareces saber bastante en ese aspecto…-observó Oro, curioso.
-Sí, es que además de entrenar también investigo parte de lo que hace a los pokémon ser unas criaturas tan curiosas y únicas. Soy algo así como un entrenador científico.
-Interesante…
Ambos entrenadores comenzaron a conversar entre sí sobre combates, lo que dejó a Cristal un tanto de lado, ya que como tal no sabía nada sobre entrenamiento. En ese momento consultó la hora en su poké gear, viendo que ya eran las diez y media.
-Oh, es la hora del canal variedades, a ver qué ponen hoy…
Accedió al modo radio y estuvo moviendo el dial, sin embargo tan solo podía captar unas interferencias muy raras que resonaban con fuerza desde el altavoz.
-Oh, qué horror, parezca que están chirriando tizas contra pizarras…-murmuró la chica, arrugando el gesto.
Tanto Oro como Lance estaban tan absortos conversando que ni siquiera se dieron cuenta, a lo que la chica comentó.
-Esto… pasa algo con la radio, las interferencias son horribles…
En ese momento la señal enmudeció de golpe y no se oyó nada más, sobreviniendo la calma más absoluta.
-Vaya, parece que ya ha parado…
Sin embargo, y de golpe y porrazo, algo emergió del lago tan abruptamente que todo el mundo reaccionó por igual, mirando hacia la orilla y viendo qué había sido eso. La sola visión dejó a todo el mundo de piedra, incapaces de creerse lo que veían.
-¡El gyarados rojo!
El imponente y fiero pokémon soltó entonces un rugido y comenzó a cargar un hiperrayo, apuntando hacia la orilla.
-¡Todo el mundo atrás, fuera!-gritó Lance.
La gente reaccionó enseguida y comenzó a correr despavorida hasta que el hiperrayo impactó en la orilla, provocando una explosión que lanzó lejos a varias personas que no llegaron a moverse a tiempo, entre ellas a Cristal.
-¡Cris!-exclamó Oro.
Fue hacia ella y la ayudó a levantarse, inquiriendo de seguido.
-¿Estás bien?
-Sí, eso creo…-masculló ella, un poco adolorida por la caída.
-¡Escóndete en el club de pesca, rápido!-indicó el chico.
La chica obedeció y tanto Oro y Lance analizaron la situación rápidamente.
-Está desbocado, podría destruir el lago…
-Sí, y no sólo eso, sino que también destruiría toda la biodiversidad de éste, obligando a muchos pokémon a emigrar sin ser la época, pudiendo trastocar su ciclo migratorio. Y además, podría ponerse a bucear y acabaría encontrando el desaguadero del lago, una corriente subterránea que sale hacia el río que pasa al lado de ciudad Endrino, el cual a su vez atraviesa la ruta 45 y posteriormente da al océano Pacífico-analizó Lance con más profundidad.
Ante esa situación Oro se quedó horrorizado, viendo lo evidente.
-Es un peligro…
-Sí, tenemos que detenerlo, yo lo haré.
-¡Déjame que te ayude! ¡Ampharos, impactrueno a toda potencia!-exclamó el entrenador, sacándolo.
Nada más salir de su ball, el pokémon obedeció y soltó la energía de golpe, dando de lleno en gyarados; sin embargo éste logró soportar el golpe sin mucha dificultad y contraatacó con un súbito hiperrayo que fue directo hacia él.
-¡Ampharos, cuidado, esquívalo!-exclamó Oro.
-¡Cúbrele, dragonite, hiperrayo!
En un visto y no visto, dicho pokémon apareció y lanzó otro hiperrayo lo suficientemente potente como para detener en seco al del gyarados. Hubo entonces una potente explosión que separó a ambos pokémon del peligro, al tiempo que dragonite se ponía junto a Lance.
-No deberías precipiarte así sin más, Oro-murmuró el hombre, reprendiéndole ligeramente.
-Perdón, es que soy un poco lanzado… ¿estás bien, ampharos?-inquirió el chico.
El pokémon eléctrico asintió, a lo que Lance murmuró.
-Me alegro de ver que te preocupas por tus pokémon, eso dice mucho de ti…
-Por supuesto ¿qué clase de entrenador sería si no lo hiciera?
Ante esa respuesta Lance esbozó una sonrisa, como si le agradara, sin embargo en ese momento el humo se despejó y gyarados les vio, dispuesto a atacarles de nuevo.
-¡Atento! ¡Dragonite, garra dragón!
Moviendose a una gran velocidad, se acercó a gyarados y le asestó un gran zarpazo con sus garras que le hizo cierto daño; gyarados trató de contraatacar asestándole un mordisco con sus fauces, sin embargo el pokémon dragón esquivó fácilmente el golpe sin que Lance tuviera que decirle nada.
-¡Ahora, trueno!
Acto seguido, y demostrando una gran precisión, cargó energía en su gran cuerpo y la soltó con una fuerza arrolladora; gyarados se tambaleó ligeramente, aun así consiguió soportar el golpe y fue a contraatacar.
-¿¡Lo ha aguantado?! ¡Imposible!-exclamó Lance, incrédulo.
-¡Tenemos que ablandarlo! ¡Puño trueno!-exclamó por su parte Oro.
Ampharos pegó un salto con el puño envuelto en electricidad y golpeó con todas sus fuerzas a gyarados antes de que llegara a atacar; aun a pesar de ese rápido movimiento, el pokémon agua-volador resistió una vez más su envite, latigando su cola y golpeando a ampharos con ella, lanzándolo hacia atrás.
-¡Aguanta, ampharos! ¿¡Cómo puede soportar así sin más unos ataques tan efectivos?!-masculló Oro, anonadado.
Ante eso Lance no dijo nada, mirando al gyarados rojo con el ceño fruncido y pensando a toda velocidad hasta que finalmente exclamó.
-¡Dragonite, danza dragón!
Al punto el cuerpo del pokémon dragón brilló en un aura morada intensa mientras se movía frenéticamente, aumentando de esta forma tanto su ataque como su velocidad; gyarados fue a atacar con otro hiperrayo, pero dragonite aprovechó su mejorada velocidad para evadirlo.
-¡Ahora, garra dragón!
Esta vez el golpe fue el doble de fuerte, golpeándole en su resistente cuerpo y ablandándolo un poco más.
-¡Hay que seguir atacando! ¡Puño trueno de nuevo, ampharos!-exclamó Oro.
El pokémon eléctrico se adelantó con su puño en alto y, antes de que gyarados contraatacara, le asestó un fuerte golpe que le hizo tambalear por un instante. Sin embargo sus ojos brillaron en un resplandor rojizo intenso y volvió a estar a tope otra vez. Lance se percató de esto enseguida, exclamando de seguido.
-Maldición… ¡garra dragón una vez más!
Dragonite se abalanzó a una velocidad endiablada sobre él y le asestó un duro golpe en la cabeza; sin embargo, al mismo tiempo y casi de manera imperceptible, una dura sacudida eléctrica azotó su enorme cuerpo, añadiéndose al daño producido por garra dragón y combinándose en el proceso, dando como resultado una fortísima explosión que lo sacudió de arriba abajo.
Gyarados emitió un prolongado aullido hasta que finalmente se derrumbó en el suelo, completamente KO.
-¿¡Qué ha sido eso?!-exclamó Oro, anonadado.
Sin embargo Lance no cuestionó nada, aprovechando entonces ese momento para lanzar una ultra ball al pokémon. La ball le cogió, pegó un par de toques y saltó el seguro, capturándolo así.
-Será lo mejor para todos y para él mismo. Aunque eso sí, bien pensado en atacarle en el momento justo, Oro.
-¿Eh? No, pero si yo no he sido…-murmuró el chico.
-¿No? Pensé que habías sido tú con ampharos…
-¿Estás de broma? Mi ampharos es fuerte, pero no tanto, en todo caso le hubiera dicho que hiciera puño trueno ya que es más de ataque físico ¿verdad, ampharos?
El pokémon eléctrico asintió vehementemente, dando a entender que no había sido cosa suya. Eso dejó tanto a Oro como a Lance bastante intrigados al respecto, aunque en ese momento vino Cristal con el pokégear en la mano.
-Ey, chicos, en cuanto derrotasteis al gyarados las interferencias cesaron…
-¿De veras? Déjame ver un momento-indicó Lance cogiendo el aparato.
Estuvo trasteando un buen rato con él mientras iba comentando.
-Antes vi como el gyarados se empoderaba de golpe, como si algo le hubiese obligado a resistir el daño. Si dices que esas interferencias estaban presentes en el momento que gyarados hizo su aparición, entonces ambas cosas deben estar relacionadas. Con este pokégear tal vez pueda rastrear esas señales…
-¡Vaya! ¿Se puede hacer eso con un pokégear?-inquirió la chica asombrada.
-Se pueden hacer muchas cosas si sabes cómo hacerlas.
Tras unos breves minutos manejándolo anunció.
-Creo que tengo algo, no estoy seguro de su verdadera naturaleza, pero parece ser que están emitiendo unas extrañas señales que tal vez, y sólo tal vez, sean las reponsables de que gyarados se comportara de ese modo.
-¿¡Qué?! ¿¡Estás seguro?!-exclamó Oro.
-¿Y todo eso lo has sabido sólo con el pokégear?-inquirió la chica, alucinada.
-No, eso ya lo sospechaba de antes, el pokégear me ha ayudado a cerciorarlo. Podemos usarlo para rastrear la señal emitida, quizás así podamos encontrar la emisora.
-¿Pues a que esperamos?-animó Oro.
-La señal proviene del sur, vayamos a ver-indicó Lance.
Sin perder mucho más tiempo, los tres se pusieron en marcha siguiendo la estela de Lance, el cual portaba el pokégear consigo mientras rastreaba la señal usando la propia radio. La orilla sur del lago se quedó así desierta, sin nadie a la vista.
-Vaya, buen disparo, ni siquiera lo vieron venir…
-Gracias, supe que era el mejor momento para atacar, combinar ataques siempre es efectivo si quieres conseguir una mayor potencia. Ese dragonite era bastante fuerte, y el humano de la capa sabía manejarlo bien…
-Sí, menos mal que decidimos quedarnos por aquí, aunque ¿Qué hacemos ahora? El peligro ha pasado, al menos de momento, y con ese humano al frente puede que no tengan ningun problema…
-Puede, pero prefiero asegurarme, nos quedaremos por aquí cerca por si las moscas.
-Está bien.
Las dos figuras se retiraron para no ser vistas, dejando tras de si la calma más absoluta.
Siguieron la emisión de las ondas hasta regresar a pueblo Caoba, donde Lance encontró un punto de referencia tras peinar todo el pueblo de arriba abajo.
-Vale, parece que aquí es donde las ondas se concentran-murmuró, devolviéndole el aparato a Cristal.
Alzaron la vista y se encontraron entonces con un frondoso árbol junto a una pequeña tienda frente a la calle principal; a simple vista no parecía que hubiese nada extraño, aunque en cuanto se fijaron mejor vieron que había algo raro en él, sobre todo en la punta.
-Que me aspen si eso es una antena-murmuró Cristal con rotundidad.
-No te equivocas, mira-añadió Lance, descubriendo unos cables que recorrían el tronco al apartar algunas ramas.
-¿El árbol es la antena?-inquirió Oro.
-Eso parece… vamos a hacer una visita a la tienda-indicó Lance.
Entraron en ella, el interior era como una tienda de recuerdos cualquiera, con artículos artesanales locales expuestos en estanterías; el ambiente era normal, vieron al tendero, un hombre de mediana edad, junto a una persona más, al verles entrar éste se dirigió a ellos cortésmente.
-Buenos días ¿en qué puedo ayudarles?
-Sí, mire, he visto el árbol que tienen ahí fuera y personalmente me he quedado ciertamente asombrado, se nota que han puesto mucho esmero en su cuidado y crecimiento ¿es suyo?-preguntó Lance.
-Ah... el árbol, sí… sí, bueno, es nuestro, me alegro… me alegro que les guste, lo traje del jardín de mi abuelo-murmuró el hombre entrecortadamente.
-Pues permítame decirle que es un árbol precioso…-siguió Lance.
-Sí, sí, por supuesto, por algo es de mi abuelo, ¿sabe? Sí, desde luego…
-Es indudable, su abuelo hizo un trabajo excepcional, posee unas ramas finas pero resistentes, me he fijado.
-Sí, sí, sí, por supuesto, tiene usted toda la razón… si es que mi abuelo tenía un arte plantando árboles…
El otro hombre que acompañaba al tendero les miraba fijamente con un gesto inquieto grabado en su cara, extrañado por el comportamiento de Lance, el cual seguía hablando con una seguridad y convicción apabullantes.
-Jamás había visto un árbol así, tan sano y lustroso, es espectacular.
-Impresionante, diga usted que sí…
-Y no sólo eso, sino que además posee una belleza interior inigualable.
-No se lo discuto, todo se lo debe a mi abuelo… mi abuelo era un plantador de árboles magnífico, lo suyo era arte.
-Con un tronco fuerte y resistente, con unas hebras similares a hilos.
-Totalmente de acuerdo, si es que ese árbol es incomparable, no hay otro igual en toda la prefectura de Johto…
-Y con una antena sólida y resistente-añadió Lance en ese momento, sin inmutarse.
-También, también, y no nos costó casi nada, estaba a mitad de precio…-admitió el hombre, casi sin darse cuenta.
Hubo un brevísimo segundo en el que se percató entonces de su metedura de pata, tratando de corregirse lo antes posible sin apenas resultados.
-¡Dice antena, señor mío! ¡Qué chistoso que es usted, ja, ja, ja!
-Sí, mucho… y ese armario… también silba-anunció entonces Lance, señalando al susodicho el cual se encontraba justo detrás del tendero.
Otro breve silencio condicionó todo lo demás, llegando incluso a oírse dicho silbido, el cual era característico del aire al pasar por una estrecha rendija.
-¿Que silba, dice? No, no, será la radio, que tengo bajado el volumen…-se excusó el tendero pobremente.
-Aparte del medio-le increpó Lance, empujándolo a un lado.
En ese momento el otro hombre se levantó y exclamó.
-¿Qué hace? ¡No tiene ningún derecho a hacer esto!
-¡Cállese, vuestra tapadera se acabó!-exclamó Lance.
Acto seguido empujó el armario hacia un lado de una patada, cayedo al suelo con estrépito y dejando a la vista unas escaleras que bajaban hacia lo que parecía una localización secreta.
-Lo que me suponía. Muy bien, yo me adelantaré; Oro, ven en cuanto estés listo. Cristal, ve al centro pokémon y llama a este número de mi parte, explícales lo que ocurre y que vengan enseguida-dio indicaciones Lance rápidamente, entregándola un papelito doblado.
-De acuerdo-asintió la chica, yendo a hacer su cometido rápidamente.
-¡Maldita sea!-exclamó el otro hombre sacando entonces a un raticate.
-¡Todo tuyo, Oro!-exclamó Lance, escabulléndose hacia las escaleras.
-¡Quilava, rueda fuego!-exclamó el chico, sacándolo.
Nada más salir de su ball el pokémon realizó el movimiento con tanta rapidez que no le dio tiempo a su contrincante a reaccionar, cayendo KO de un solo golpe.
-¡Muy bien! ¿Qué está pasando aquí, qué es todo esto?-inquirió el chico, molesto.
Sin embargo, tanto el derrotado hombre como el tendero salieron huyendo sin decir nada. Esperó entonces un poco más por si Cristal volvía, pero como la curiosidad por descubrir lo que estaba pasando era tan grande finalmente no pudo más y bajó las escaleras.
Nada más entrar por la puerta se encontró entonces en una especie de guarida ninja muy grande, un pasillo bastante largo se extendía hasta el fondo de una espaciosa sala. Al lado de la puerta había una estatua de un imponente persian, pero en cuanto pasó por delante de ésta, la alarma comenzó a sonar con estridencia y para su sorpresa, un tropel de soldados del Team Rocket apareció de improviso acercándose hacia él.
-¡Intrusos, intrusos!
-¡Acabemos con ellos!
-¡El Team Rocket! ¡Me lo debí de haber imaginado!-exclamó Oro, poniéndose en guardia.
Los soldados le presentaron batalla entre todos y sacaron a pokémon como raticate, muk, zubat, golbat o grimer; Oro usó a todos sus pokémon a la vez puesto que ellos hacían lo mismo, enfrentándolos entre todos. Durante la batalla, que fue encarnizada, a ariados le brillaron los ojos y, con gran fuerza, envolvió a varios de los pokémon que los atacaban en un aura brillante, haciéndolos levitar mientras les dañaba en el proceso.
-¡Eso es psíquico! ¡Genial ariados, psíquico otra vez!-indicó su entrenador.
Ese último ataque fue la guinda final, haciéndoles hacer volteretas en el aire, y los soldados se fueron corriendo hacia la salida, derrotados. Siguió recorriendo el lugar, pero en cuanto pasó por delante de otra estatua la alarma volvió a sonar y otro tropel de soldados se echó sobre él, luchando contra ellos rápidamente.
Esta vez la batalla fue algo más rápida, aunque fue entonces cuando descubrió que los ojos de la estatua eran en realidad cámaras de vigilancia ocultas.
-Claro, por eso me descubren…-pensó Oro.
Pensando en alguna forma para desactivar esas cámaras, llegó a una sala cercana donde se encontró con un científico que, al verle, salió huyendo por patas.
-Pero hay que ver qué cobardes son… espera ¿y esto?-murmuró al ver algo en la pantalla de un ordenador cercano.
Vio entonces en el monitor la vista de las distintas cámaras en diferentes ventanas dispuestas en mosaico, cubriendo así todos los ángulos posibles de ese primer piso.
-Ajá, así que éste es su sistema de seguridad… veamos-murmuró Oro, sentándose ante la pantalla.
No era ningún experto informático, ni mucho menos, pero tenía ciertos conocimientos básicos gracias a que siempre se quedaba algo más de tiempo en el aula de informática del colegio. Tras unos cuantos minutos trasteando con el sistema, encontró algo y pudo desactivarlo.
-Soy el hombre invisible-anunció dando al enter.
Tras eso las imágenes se congelaron y las cámaras dejaron de grabar, despejando de esta forma el camino.
-Menos mal que atiendo siempre en clase… es de las pocas interesantes-pensó Oro, satisfecho.
Tras eso pudo continuar recorriendo el lugar sin que más tropeles de soldados le abordaran; al otro lado de ese piso encontró unas escaleras que bajaban a un nivel inferior, donde se encontró con Lance.
-Ah, Oro, aquí estás. Este lugar es enorme, será mejor que nos separemos para registrarlo todo entre los dos.
Antes de ponerse en marcha Lance curó a sus pokémon, ya que estaban algo cansados después de tanta lucha seguida, y se separaron; en ese mismo pasillo donde se encontraba había una puerta hermética, pero permanecía cerrada mediante una cerradura electrónica que no tenía teclado ni nada parecido, tan solo un pequeño micrófono, por lo que siguió adelante al ver que no podía hacer nada por abrirla.
Un poco más adelante se encontró con otras escaleras que bajaban y llegó al tercer nivel de la gran base. Allí se reencontró con Lance, el cual le explicó.
-Oro, al parecer hay dos puertas que necesitan claves de acceso para abrirlas, no sé cuáles son, pero es posible que algún rocket sepa alguna, así que estate atento.
-Vale ¿nos separamos de nuevo o vamos juntos?
-No, mejor separados, así cubrimos más terreno. Te veo luego aquí.
Tras eso los dos se separaron, yendo cada uno por un lado y buscando a soldados Rocket a los que interrogar; probablemente eso llevaría más tiempo de lo esperado, así que debían darse prisa.
Entrar en el lugar fue más fácil de lo que se esperó, tan solo tuvo que seguir la estela que esos dos dejaban tras de si, aprovechando de esta forma la oportunidad. No creía que tuviera problemas a la hora de avanzar, pero siempre y cuando que tuviera a sus pokémon consigo para defenderle era más que suficiente. Croconaw iba con él ojo avizor, preparado para lanzarse sobre el enemigo a la menor ocasión.
-Vale ¿dónde estáis, cerdos?-se preguntó él, ardiendo de rabia.
Había estado tanto tiempo buscándolos que ardía en deseos de combatir con ellos y darles su merecido. Después de todos esos años de búsqueda, por fin los había encontrado. Y pagarían caro, muy caro. Les mostraría quien era el más fuerte.
En su búsqueda se encontró entonces con un pequeño cuartito donde estuvo buscando alguna pista de su siguiente objetivo, encontrando principalmente papeleo variado y poco más. Sin embargo estaba tan absorto buscando que no se percató de que alguien le vigilaba hasta que croconaw le alertó. Se dio la vuelta, dispuesto a todo, pero en cuanto vio quien era se detuvo en seco.
-Vaya, vaya, mira quién es… pensaba que no te volvería a ver más…
-¡Tú! ¿¡Qué estás haciendo aquí?!-masculló el chico.
-Pues lo mismo que tú, aparentemente.
Hubo un breve silencio en el cual se sostuvieron la mirada fijamente, diciéndoselo todo en nada; finalmente ella fue la primera en hablar.
-Es una pena, cuando me dijeron que se habian colado unas ratas pensé que se trataban de unas molestias cualesquiera de las que nos podríamos encargar, pero… ahora resulta que has vuelto. Cual hijo pródigo…
-¡Cállate, no estoy aquí por eso y lo sabes bien! ¡Vengo a terminar con todo, no pienso dejar que un equipo de fracasados se salga con la suya!
-Oh, entonces es eso ¿no? Es una pena, y yo que pensaba que habías heredado su garra y su carácter…
Esas palabras no hicieron más que encender al muchacho, el cual gritó.
-¡No! ¡Cállate, no digas más, no es cierto! ¡Yo soy yo, no él! ¡Ya basta de tanta palabrería barata!
Sin embargo ella tan solo esbozó una lacónica sonrisa, como si reafirmara lo evidente.
-Eres igualito que él, esa rebeldía, esa forma de hablar… lo quieras o no, eres quien eres, y eso no lo vas a poder cambiar por mucho que quieras. Sin embargo es triste, sobre todo después de lo que hicimos por ti. Cría murkrows y te sacarán los ojos…
Para entonces el chico se encontraba a punto de estallar hasta que finalmente no pudo más, soltando todo lo que sentía.
-¡Mentira, mentira, todo es mentira! ¡Nunca hicisteis nada por mí, sólo os importaba vuestra estúpida organización, nunca pensasteis en mí, nunca obtuve nada de vosotros! ¡Es todo mentira!
Tras esa diatriba el chico se quedó callado, mirándola con furia, sin embargo ella no dijo nada, devolviéndole la mirada con gesto de circunstancia y murmurando al poco rato.
-Pues así están las cosas, supongo, si eso es lo que quieres creer. Que no se diga que no te he dado la oportunidad, después de todo creo que no soy tan horrible…
-Oh ¿eso crees?-inquirió él, burlonamente.
Finalmente la mujer lo dejó estar, aunque antes de irse murmuró por última vez.
-Realmente te pareces a él, aunque no quieras admitirlo.
Tras eso el chico se quedó allí, a solas con su rabia y sintiéndose peor que nunca.
Hacer hablar a los soldados con los que se iba encontrando no fue para nada complejo, ya que después de todo la base estaba hasta arriba de ellos. Encontró en ese mismo nivel una sala repleta de ordenadores donde había varios soldados protegiendo a un científico que destacaba por ser tuerto, ya que tenía un parche en el ojo izquierdo. Nada más entrar se dirigió a ellos con voz queda.
-¡Muy bien, esto va a ser sencillo si colaboráis, necesito dos claves para acceder al despacho del jefe según me han contado!
-¿Y crees que te las vamos a decir?-inquirió uno de los soldados, una chica joven.
-Yo creo que sí…-murmuró Oro, sacando una ball.
Tras un combate bastante corto, ya que después de todo los soldados no eran precisamente fuertes, una de las soldados murmuró.
-Vale, vale, de acuerdo, tú ganas, una de ellas es colaslowpoke, pero la otra no la sé, lo juro.
-Colaslowpoke… qué poca vergüenza tenéis-les espetó Oro, recordando a aquel soldado, Protón.
-¡Ríe ahora, pero el experimento ha sido un éxito, lo he conseguido, mi teoría de las ondas electromagnéticas funciona, el gran Giovanni me recompensará!-exclamó el científico tuerto en ese momento.
-¡¿Cómo?! ¡Explíquese!-exclamó Oro, cogiéndole de la bata.
-Desde hace tres años he estado estudiando el comportamiento fisiológico de los pokémon ante ondas electromagnéticas de gran poder. Al principio sólo las usaba en personas para anularlas la voluntad, pero luego descubrí que esa energía, combinada con impulsos eléctricos, lograba enfocarse en los puntos focales de la médula espinal de los pokémon, entre ellos el que se conecta con la parte baja del lóbulo temporal, en donde se dice que es donde comienza a darse la evolución. Al principio los resultados no eran los que esperaba y los especímenes acababan muriendo, pero seguí insistiendo, aumentando la fuerza de las ondas, hasta que conseguí por fin forzar a evolucionar a los estúpidos magikarps de ese lago, siendo un éxito total. Ahora el periodo de prueba ha finalizado, el verdadero experimento está a punto de empezar… ¡Y el gran Giovanni me recompensará a mí, el gran Gil, con miles de millones de yenes! ¡Ja, ja, ja!
Ante semejante Oro no podía estar más asqueado y furioso.
-¡Es usted un monstruo! ¡Apártese de mi vista!-le gritó, tirándolo al suelo.
El tal Gil se levantó y huyó, gritando y riendo mientras lo hacía.
-¡Miles de yenes, miles, miles…!
Dado que aún le quedaba una contraseña por descubrir siguió buscando por los alrededores más soldados a los que interrogar; en esa planta encontró sobre todo muchos suministros y objetos que, a todas luces, parecían ser robados, encontrando de todo: poké balls de todo tipo sin comercializar, medicinas, vitaminas y hasta varias MTs que se encontraban tiradas por el suelo, entre ellas las de rayo hielo, enseñándosela a lanturn, y la de bomba lodo, enseñándosela a ariados. No sabía con qué se iba a encontrar de ahí en adelante, por lo que debía de estar preparado para lo que le echasen.
En otra sala contigua se encontró entonces con un soldado solitario al que, un poco de insistencia, consiguió sonsacarle la siguiente contraseña, la cual resultó ser colaraticate.
-¿En serio? qué original…-murmuró el chico, con sorna.
-¿Qué pasa? Yo no decido esas cosas, si tienes quejas se las puedes hacer llegar a los ejecutivos si tanto te importa…
-Pues mira, tal vez se las haga llegar yo mismo.
-Muy bien, pues ya tienes lo que quieres ¿no? Enhorabuena.
-Muchas gracias.
Tras eso el soldado ahuecó el ala rápidamente y Oro tuvo vía libre para proseguir con su búsqueda.
Llegó entonces al otro lado de ese piso, donde encontró unas escaleras que llevaban hasta un ala inexplorada en el piso superior, donde se encontró con otra puerta hermética; vio entonces que ésta sí que tenía un panel electrónico que admitía texto, por lo que fue a abrirla con las contraseñas. Sin embargo en ese justo instante una voz que le era familiar exclamó.
-¡Espera!
Se dio la vuelta y se encontró con alguien que no esperaba encontrarse en un sitio como éste.
-¿¡Plata?! ¿¡Qué diablos haces tú aquí?!
-¡Encargándome de esos asquerosos del Team Rocket! ¿Y tú, qué haces tú?-inquirió el chico con su ya conocida chulería.
-¡Lo mismo! ¡Y ahora lárgate, no tengo tiempo para batallas ahora!-exclamó Oro, molesto.
-Ni aunque quisiera me enfrentaría a ti, ese tipo pelirrojo de la capa me ha machacado, y sin cambiar de pokémon siquiera…
-Espera ¿hablas de Lance?
-Sí, el mismo ¡y encima se puso chulo conmigo! ¡Me dijo que no quería ni confiaba en mis pokémon!
-¡Oh, pues vaya novedad!
-Bah, puede ser muy fuerte, pero con esa actitud tan estúpida en el fondo sólo será un débil. ¡Yo quiero pokémon ganadores que me ayuden a alcanzar la victoria! ¡Y ya he tenido bastante enfrentándome a tipos como tú!-exclamó Plata.
Oro tuvo que recurrir de todo su autocontrol para no estallar, sin embargo en cuanto se dio la vuelta para replicarle, el chico se había largado.
-Bah, paso de él, bastante tengo ya con todo lo que tengo encima-pensó el chico.
Sin esperar mucho más introdujo las dos contraseñas y la puerta se abrió; ésta daba a un amplio despacho decorado suntuosamente, había una mesa de reuniones a mano izquierda y las paredes estaban llenas de estanterías con libros de todo tipo. En una esquina al lado de un escritorio de madera había una percha donde un murkrow se encontraba posado, observando al chico con gesto inalterado. Tras dicho escritorio se encontraba un hombre enfundado en una gabardina negra, dándole la espalda.
-¿Quién es usted?-inquirió el chico.
-Yo soy… el gran Giovanni, el líder del Team Rocket-anunció entonces para su sorpresa.
-¿¡Qué?!
Sin embargo la silla se dio la vuelta, al tiempo que el hombre se levantaba y, tras un tirón de sus ropas, dejaba ver su verdadera identidad.
-¡Ja! Más quisieras que fuera el gran Giovanni...
En realidad era un hombre de mediana edad, vestía de forma muy similar a Protón, con el uniforme negro pero con las rayas amarillas distintivas y otro cinturón multiusos. Iba enguantado con guantes blancos y calzaba unas botas del mismo color. Tenía el pelo tintado de morado, con un extraño flequillo lobulado hacia arriba y una corta perilla del mismo color.
-¿Quién eres?-repitió Oro.
-Puedes llamarme Petrel, rey del disfraz… encantado-saludó como si fuera una estrella invitada.
-Pues yo no lo estoy tanto.
-Ya me dijeron que se habían colado dos ratas en nuestra querida base, si los demás no han podido voy a tener que quitarte del medio personalmente-anunció, con socarronería.
-Te dejo que lo intentes-le animó Oro, sacando una ball.
Aunque no difirió tanto de una batalla normal contra un grupo más o menos grande de soldados, Petrel le dio algo más de cancha, pero no fue complicado tumbar a sus pokémon con ataques bien dirigidos y potentes. Tenía un zubat que no resitió un buen puño trueno de ampharos, un koffing que no duró ni un telediario con el psíquico de ariados y un raticate que fue algo más durillo pero que finalmente cayó ante la velocidad y fuerza de quilava y su rueda fuego.
-Vaya, menudo elemento…
-¿Cuál es la contraseña de la puerta de arriba?-inquirió el entrenador, con voz queda.
-Bueno, si tanto quieres saberlo, yo te la digo, es "viva Giovanni"-explicó Petrel.
-Muy bien…
Con esa información ya aprendida fue a marcharse para abrirla, sin embargo en ese momento Petrel comentó como quien habla del tiempo.
-Ah, pero… ¿sabes qué es lo divertido? Que esa puerta sólo se abre reconociendo mi voz, creí conveniente que lo supieras.
Antes de que Oro pudiera decir o hacer nada más, hizo explotar una bomba de humo de su cinto.
-¡Oh, no, mierda! ¡Noctowl, despéjalo!-exclamó el chico, sacándolo de seguido.
El pokémon volador no tardó mucho en disipar el humo batiendo sus alas, sin embargo para entonces Petrel había desaparecido.
-Maldita sea…-masculló el chico, contrariado.
Sin embargo el murkrow de la percha, que no se había movido durante todo el combate, exclamó con un tono de voz bastante exacto al de Petrel.
-¡Viva Giovanni, viva Giovanni!
El detalle no fue ninguna sorpresa para él, ya que después de todo sabía, gracias sobre todo al profesor Elm, que algunos pokémon voladores como en el caso de murkrow eran capaces de imitar sonidos variados e incluso palabras que oían gracias principalmente a que poseían una lengua carnosa, lo que les permitía vocalizar como lo haría un humano. Fue entonces cuando se le ocurrió una gran idea, y pensó en ponerla en práctica rápidamente.
-Ven, murkrow bonito… ven con el tío Oro…
El pokémon le miró fijamente durante unos breves segundos y entonces se acercó a él, posándose en su hombro derecho.
-Así me gusta, que colabores…
Sin embargo, y en un visto y no visto, el pokémon le dio varios picotazos en la cabeza y se largó volando mientras gritaba.
-¡Viva Giovanni, viva Giovanni!
-¡Agh, pero si serás…! ¡Espera!
Comenzó entonces una frenética persecución por toda la base mientras trataba de alcanzarle, la recorrieron de arriba abajo hasta llegar eventualmente a la puerta cerrada. El murkrow se acercó a ella y exclamó una vez más.
-¡Viva Giovanni, viva Giovanni!
Fue entonces cuando la cerradura electrónica reconoció la voz y la puerta se abrió.
-¡Genial!-exclamó Oro.
Sin embargo en cuanto quiso cruzar por la puerta una voz femenina exclamó.
-¡Quieto ahí, no muevas ni un músculo!
Oro se dio la vuelta y vio entonces a una mujer acompañada de un soldado Rocket; el murkrow, en cuanto la vio, revoloteó hasta su hombro y la hizo arrumacos.
-Murkrow, travieso, no te vuelvas a escapar…-le dijo ella, acariciándole.
Dicha mujer era pelirroja, con el pelo muy bien peinado; por alguna extraña razón su sólo aspecto le recordó a Plata, sin embargo apenas prestó mucha más atención a ese detalle. No vestía como Protón o Petrel, llevaba un vestido completamente blanco, con una insignia del Team Rocket a la izquierda del pecho y el cuello, los bordes de las mangas y el bajo del vestido negros. Calzaba unas botas blancas, llevaba unos pendientes dorados y sus ojos eran de color rojo.
-¿Quién es usted?-inquirió Oro.
-Esa no es la verdadera pregunta, más bien sería: ¿Quién eres tú, criaturita?-le corrigió ella, manteniendo la calma.
-Me llamo Oro y voy a echaros de aquí cagando leches-soltó el chico, con rotundidad.
Por un momento nadie dijo nada, pero entonces la mujer se rió tontamente, murmurando de seguido.
-Hay que ver, los chavales de hoy en día son unos metomentodo ¿no crees, murkrow? Yo soy Atenea, una ejecutiva del Team Rocket, y vas a ver qué hacemos con la gente que no ha sido invitada.
Acto seguido tanto ella como el soldado presentaron batalla, sacando a un arbok y un golbat respectivamente. Por su parte Oro se puso en guardia, dispuesto a luchar, sin embargo en ese momento llegó Lance, el cual comentó.
-Vaya, así que atacando a la vez ¿eh? Dos contra uno no es muy justo que digamos…
-Ah, con que tenías un aliado… pero esto no cambia nada, acabaremos con vosotros aquí y ahora ¡Arbok, deslumbrar!
-¡Golbat, ataque ala!
-¡Dragonite, trueno!
-¡Ariados, psíquico!
El primero y más rápido en atacar fue dragonite, cuyo trueno fulminó a golbat, que cayó nada más empezar; por su parte Oro sacó a ariados y fue el siguiente en atacar, tras esquivar con facilidad el deslumbrar de arbok. Un solo golpe bastó para ponerle KO, demostrando así una gran fuerza.
-¡Vamos, murkrow, tinieblas!-indicó Atenea, tras recoger a arbok.
-¡Adelante, raticate, cara susto!-exclamó el soldado, sacándolo.
-¡Dragonite, dragoaliento!
-¡Ampharos, puño trueno!
Una potente ráfaga de dragoaliento arrastró a raticate y ampharos esquivó las tinieblas dando un salto; acto seguido, alzó su puño envuelto en electricidad y le asestó a murkrow un golpe fulminante, que cayó a los brazos de Atenea.
-¡Murkrow! Descansa, mi chiquitín…
-¡Lo siento, jefa, me quedé sin pokémon!-se excusó el soldado, amedrentado.
-Argh, panda de incompetentes… ¡ordena evacuar, rápido!
-¡Sí, señora!-exclamó el soldado, yéndose.
-Me tendré que encargar personalmente… ¡vamos, vileplume!-exclamó la mujer, sacando a uno.
-¡Noctowl, tajo aéreo!
-¡Repélelo con ácido!
El pokémon volador fue el primero en atacar, lanzando una serie de corrientes de aire que fueron directas hacia vileplume, pero éste atacó lanzando un líquido venenoso que los detuvo a tiempo.
-¡Dulce aroma!
Antes de que noctowl atacase, esparció por el lugar una fragancia dulce y aromática que dejó noctowl algo alelado, a merced de sus ataques.
-¡Somnífero!
-¡Vuela, noctowl, que no te alcance!-indicó su entrenador.
El pokémon volador alzó el vuelo y pudo evitar así caer dormido; tras revolotear brevemente cerca del techo, bajó en picado y golpeó con todas sus fuerzas a vileplume, que cayó KO. Atenea lo recogió, comentando de seguido.
-Maldición, sois muy fuertes…
-¡Esto se ha acabado, la Interpol está al caer, no tenéis oportunidad!-exclamó Lance.
Sin embargo Atenea no se mostró nerviosa ante ese comentario, murmurando de seguido.
-Oh, pero ¿os creeis que entrando aquí y desbaratando nuestra máquina es suficiente como para detenernos? Pobres ilusos, después de todo las pruebas han terminado, ya no necesitamos este sitio. Aun así nos volveremos a ver y la próxima vez no seremos tan condescendientes, de hecho… ¡seréis testigos del auténtico poder del Team Rocket!
Y, tras esas palabras, lanzó una bomba de humo para ocultarse; noctowl no tardó casi nada en disiparlo, pero para entonces ya había huido.
-Otra cosa no sé, pero son unos expertos escapistas-murmuró el chico, algo molesto.
-Es igual, puede estar en cualquier parte, al menos ahora tenemos vía libre para llegar a esa habitación-murmuró Lance.
Entraron por la puerta y nada más hacerlo vieron una enorme máquina irradiando un calor muy fuerte, funcionando a pleno rendimiento. Encima de la misma había una pequeña esfera donde la energía se concentraba, siendo enviada hacia la antena mediante unos gruesos cables adoasados al techo.
-Ésta debe ser la máquina que emite esas ondas que fuerzan a los pokémon a evolucionar-pensó Lance en voz alta.
La estuvieron examinando un poco por encima, pero no había ningun interruptor o palanca que la controlara, aunque a ambos lados de la misma encontraron un total de seis electrode que parecían ser los principales suministradores de energía.
-No parece haber ningún interruptor ni nada por el estilo… no queda otra, debemos derrotar a esos electrode que suministran energía a la máquina. Me sabe mal por ellos, ya que no tienen la culpa de nada, pero no hay otra salida. Yo me encargaré de los del lado derecho, ocúpate de los del izquierdo.
Aunque igual de contrariado que Lance, Oro no tuvo más remedio que obedecer y luchó contra los electrode que estaban conectados a la máquina; no les llevó demasiado tiempo, en cuanto el último cayó KO la máquina dejó de funcionar, apagándose de seguido.
-Lo logramos, bien hecho, Oro.
-Sí, menos mal… aunque la mayor parte del trabajo ha sido gracias a ti, eres impresionante, Lance-le elogió el chico.
-Para nada, tú lo eres más, te estuve observando luchar contra Atenea y he de decir que tienes mucho potencial, Oro, no lo desaproveches y tampoco te rindas.
-Gracias, Lance, después de todo tengo intención de participar en la conferencia Plateada de este año-le agradeció el chico.
-¿De veras? Vaya, esa es una buena meta, estoy seguro de que serás capaz de llegar muy lejos.
-Sí, estoy seguro.
En ese justo momento llegó Cristal con varias personas más, entre ellas alguien familiar para el chico.
-¡Clever!
-¡Hombre, Oro, cuanto tiempo!
Entre él y Lance le explicaron todo acerca del escondite del Team Rocket y lo que había pasado, mientras el agente iba tomando nota.
-Ya veo. Vinimos todo lo deprisa que pudimos, pero aun así… maldita sea-farfulló el agente, contrariado
-Tranquilo, Clever, les encontraremos, estaré vigilando de cerca-aseguró Lance.
Lo único que pudo hacer la Interpol fue precintar el escondite y la tienda-tapadera, que acabó clausurada por un tiempo, además de recuperar todos los productos robados que allí se encontraban. Por su parte Lance se despidió y se fue volando en su dragonite hacia el este. Clever se fue poco después con sus hombres una vez que terminó sus pesquisas.
-Bueno, Oro, nosotros nos retiramos ya, mantenme al tanto.
-Tranquilo, le avisaré si veo algo-aseguró el chico.
Una vez solos, Cristal comentó.
-Menuda mañanita…
-Dímelo a mí, aunque al menos con la tontería he acabado entrenando, seguro que cuando llegue el líder podré derrotarlo sin problemas-murmuró Oro, mirando el lado bueno.
La chica quiso decir algo, pero fue cortada enseguida por un suave gruñido bastante audible; Oro se apresuró a comentar.
-Vale, esta vez he sido yo, combatir da hambre…
Ante eso ella se rió, comentando acto seguido.
-En ese caso vayamos a comer, ya viene siendo hora…
-Cierto, vamos-murmuró él, consultando la hora en su pokégear.
Los dos se dirigieron al centro pokémon, dejando atrás la precintada tienda junto con el árbol, al cual se le había quitado la antena por parte de la Interpol y había sido archivada como prueba. Justo al otro lado de la calle una sombra observaba la tienda acompañada de un croconaw, recordando aún las últimas palabras que le dijeron.
-No… no soy como él. Y se lo demostraré derrotándolos a todos. Por esta.
Finalmente se fue de allí, dejando la calle vacía y solitaria.
¡Y aquí está uno de los capítulos fuertes de esta generación! Aunque me ha sorprendido, ya que no me ha quedado tan largo como en un principio pensé que me quedaría, y añadiendo incluso una escena no programada, por así decirlo. Y sí, es justo lo que estais pensando, es solo una teoría sugerida por el fandom y no hay nada oficial al respecto, pero oye, dicen que de los padres se hereda casi todo ¿no? XD en esencia es más o menos lo mismo que vemos en los juegos, aunque he tratado de darle algo más de detalle y conectar con algunos puntos antes tratados, para darle un poco más de continuidad y visión general al conjunto. La inclusión de Lance es un gran punto a su favor, y por supuesto no puede verse más badass porque no puede XD dado que Cristal es criadora y apenas podría ayudar en ese aspecto pues la he tenido que dejar un poco de lado, pero no os preocupéis los que os gusta este personaje, tendrá sus buenos momentos en posteriores capítulos.
Para el siguiente capítulo habrá un nuevo combate de gimnasio y será el preludio del segundo plato fuerte, en el cual daré carpetazo a la trama principal del Team Rocket. Esperad mucho este fin de arco, ya que pienso hacer algo diferente a lo que se ve en los juegos, ya veréis, ya...
Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
