Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Rabia y vergüenza burbujearon dentro de él mientras tomaba el cuerpo del hombre en su mano, apretando despacio y saboreando la sensación de los huesos rompiéndose contra la palma de su mano, los gritos de dolor entre los estallidos de risa extraña. Cómo se atreve este terrícola a ser tan fuerte, cómo se atreve este terrícola a hacerle daño, ¡cómo se atreve este terrícola a tener éxito e incluso a mantenerse con vida! Odio se movió a través de él como evisceración y su mano convulsionó, el cuerpo del hombre haciendo un sonido horrible mientras era aplastado. Miró hacia abajo a la boca del hombre gritando, los molares ya no eran ni un poco blancos mientras la sangre manaba de su garganta. Dejando la presión sólo un poco, oyó el ruido ronco de los pulmones trabajando contra las costillas rotas mientras el hombre en sus manos trataba de respirar. "No tenía ni idea que eras tan fuerte," el hombre jadeó, una sonrisa torcida en su rostro y un brillo extraño en sus ojos, ahora morados y apenas abiertos debido a la hinchazón. "Esto es maravilloso."
"¿Qué?" respondió. "¿Te gusta morir?"
El hombre sacudió su cabeza, la sangre fluyendo de su nariz y las comisuras de su boca. "No, no es divertido. Pero tú eres asombroso. Creo que si vivo te puedo ganar, no hay problema."
Sintió la rabia animal tomarlo de nuevo en sus garras envenenadas, sus mismas venas ardiendo con emoción. "¿No hay problema?" gritó, sacudiendo la tierra con su ira. "¿Te atreves?" Apretó de nuevo, anticipando el momento en que la presión se volvió demasiada para el hombre y su cráneo estallase.
"Sí," el hombre gorgoteó con una sonrisa. "Si me tengo que ir, esta es una manera honorable," alcanzó a murmurar, y luego comenzó a gritar una vez más.
Zarbon estalló en la casa, la capa blanca aleteando, y examinó las habitaciones. Nadie estaba en la cocina y no había un solo ruido, ni siquiera un goteo de agua del grifo. Volvió su cabeza de lado a lado, un gruñido torciendo sus perfectos rasgos. ¿Dónde estaban? No tenía esperanzas de encontrar a Vegeta si no tenía un scouter. Hizo una pausa por un momento, aguzando sus oídos y calmando su respiración para escuchar mejor. Sí, allí estaba, un débil ruido por encima de él. Corrió por la habitación y encontró la escalera, volando cuando sus piernas podían cargarlo tan rápido como él quería ir. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Realmente no había pensado a Kakarotto como una amenaza, y sin embargo el hombre parecía saber cómo incitar a Vegeta. Cuando Vegeta estaba enojado a veces era estúpido, y Zarbon podía verlo molestarse y haciéndose volar. Sudor se asomó en su frente mientras subía las escaleras, el sonido cada vez más fuerte. Sonaba como gente hablando... oh, ¡ella tenía que estar allí! Apoyó sus pies en el suelo y los hizo correr una vez más, redondeando la esquina y estallando en la habitación con un chasquido de su capa. Sentados de espaldas a él habían dos personas, una cabeza rubia y la otra negra. Él debió haber efectuado algún tipo de ruido gruñendo, porque la cabeza rubia se volteó y sus ojos le parpadearon. "Señor Zarbon, ¿cuál es el problema?" Preguntó la Sra. Briefs.
Zarbon miró más allá de ella, de pronto fascinado por la caja que justo había notado. Parecía una pantalla de comunicación, pero la gente allí no se estaba comunicando, parecían estar actuando. "¿Qué es eso?" preguntó, señalando con el dedo y olvidándose de su urgencia por un momento.
La Sra. Briefs puso un dedo índice en sus labios y lo hizo callar con cuidado, señalando a la persona sentada a su lado. "Está durmiendo," ella dijo en voz baja, y Zarbon vio que Radditz estaba reclinado al lado de ella, sus ojos cerrados y un poquito de baba saliendo de la comisura de su boca. El pecho del gran hombre se movía en respiraciones lentas y regulares, y el tenue sonido de los ronquidos sacudía todo en la extensión de su caja torácica. Radditz realmente estaba dormido. "Y eso es un aparato de televisión," dijo ella. "¿Nunca has visto uno?"
Zarbon sacudió su cabeza. "No. Se ve como una de nuestras pantallas de comunicador, pero la gente parece estar actuando o algo así."
"Lo están," respondió suavemente. "Es una telenovela. Vienen después de los talk shows que Radditz y yo vemos."
"¿Sólo se sientan y ven esta cosa?" dijo con escepticismo.
Ella asintió, ladeando su cabeza. "Sí. Es una especie de teatro como en tu propia casa. ¿No tienen teatro?"
Zarbon se escuchó olfatear indignado. "Por supuesto que tenemos teatro. Es sólo que la mayoría de las civilizaciones tienen algo mejor que hacer con su tiempo, como sobrevivir o mejorar su forma de vida."
Ella inclinó la cabeza. "Bueno, eso puede ser, pero aquí en la Tierra nos gusta nuestro entretenimiento. En realidad, puede ser divertido."
Estuvo a punto de protestar cuando algo llamó su atención. Miró la pantalla mientras todo tipo de diferentes mujeres y hombres aparecían en la pantalla, riendo y bailando alrededor de un campo, cada uno con ropa diferente. "¿Qué es eso?" preguntó rápidamente. Le habían gustado realmente algunos de los trajes.
La Sra. Brieds miró a la pantalla y sonrió. "Eso es un anuncio para una tienda de ropa," dijo. "Están teniendo una venta."
"¡Pero sus ropas son tan decorativas!" dijo, sintiendo la sangre yéndose a sus mejillas.
"Como dije," contestó. "Aquí en la Tierra nos preocupamos por el entretenimiento. La moda es una industria enorme."
"¿Tienen toda una industria basada en cómo hacer que las personas se vean bien?" dijo levantando una ceja.
La Sra. Briefs se echó a reír. "¡No sólo una!" dijo alegremente. "Sabes, de seguro te verías muy bien en algunas de esas ropas. Si vas a estar aquí por un tiempo no podemos tenerte corriendo en armadura todo el tiempo."
"No, supongo que no," murmuró, al instante pensando en todos los distintos tipos de tela que debían tener.
Ella asintió. "Voy a tener que llevarte de compras a ti y a Vegeta en algún momento," dijo, mirando de nuevo a la televisión.
La sangre de Zarbon se heló. Se había olvidado totalmente de Vegeta. "No has visto hoy a Vegeta, ¿verdad?" preguntó.
La Sra. Briefs se llevó un dedo a su sien, aparentemente pensando. "No. Se suponía que todos ustedes iban a aparecer para el desayuno, pero el único que llegó fue Radditz. Incluso Goku se perdió la comida."
"Por favor, dime que estás bromeando," dijo, pánico creciendo en él y su sabor amargo anidándose en la parte de atrás de la garganta.
Ella sacudió su cabeza. "No, han estado afuera todo el día. ¿Por qué?"
Zarbon frunció el ceño, el frío sudor estallando en su frente una vez más. "¿Dónde está tu hija?" espetó.
"¿Bulma? ¿Por qué?"
"¿Dónde está?" preguntó endureciendo su voz.
La Sra. Briefs frunció el ceño un poco. "Está en su habitación."
"¿Dónde queda?" dijo, aumentando la voz.
Ella trató de hacerlo callar de nuevo. "Radditz..."
"¡No me importa Radditz!" gritó. "¡Esto es en parte culpa suya! Ahora, ¿dónde está su habitación?"
La Sra. Briefs lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza. "Son seis puertas por el pasillo a tu izquierda," dijo, señalando.
El salió corriendo de la habitación sin decir nada, corriendo por el pasillo y encontrando la puerta. Sin pensarlo dos veces la pateó y entró en la habitación. Bulma estaba sentada en su cama, leyendo una revista, sus ojos muy abiertos cuando lo miró fijamente. "Tú," gruñó, sus fosas nasales dilatándose.
Ella palideció de miedo. Este la asustó un poco bastante, especialmente cuando su belleza se veía distorsionada por la violencia. "¿Q-qué quieres?" balbuceó, inconscientemente levantando sus rodillas hasta el pecho para protegerse.
Él le tendió la mano, sus ojos dorados destellando con frío fuego. "Scouter. Ahora," gruñó, mostrando su palma.
"¿Qué?" dijo ella, la voz comenzando a temblar. Podía ver la arteria en su cuello latiendo y le dio miedo.
"¡Dije que me des el scouter ahora!" dijo, aumentando su voz casi a un grito mientras daba otro paso hacia ella.
Ella retrocedió más en su cama y se estremeció, llevando sus brazos cerca de su lado cuando dejó la revista. "¿Qué es un scouter?" ella dijo, la voz cada vez más suave mientras él elevaba más la suya.
El puño se cerró con violencia, temblando mientras lo sostenía frente a ella. "El dispositivo de de lectura de poder que usabas cuando bajamos de la nave," dijo. "El que sacaste de Radditz. Lo necesito ahora," ordenó.
"No sé dónde está. Está en algún lugar del laboratorio," dijo, sus ojos cada vez más amplios a medida que él avanzaba.
De repente él estuvo justo delante de ella, sus ojos brillando mientras la retaban, su naricita perfecta a pulgadas de la suya. Estaba tan cerca que podía ver la impecable suavidad de su piel azul-verdosa y sentir su aliento en ella. "Lo traerás ahora a menos que quieras que las cosas se pongan muy, muy feas para este planeta," dijo con frialdad.
Su tranquilidad la asustó más que su ira. Estaba demasiado controlado, demasiado mortal en su compostura, al igual que el borde afilado de un cuchillo decorativo. "¿Por qué?" tartamudeó ella, tiritando a pesar del calor que su cuerpo en pánico comenzaba a crear. "¿Pasa algo malo?"
"¡Sólo tráelo!" dijo, poniéndose en pie de repente mientras un brazo se azotaba, capturándola por la camisa. "Darte explicaciones no va a hacer bien a nadie ahora mismo."
"Bien," dijo ella, tratando sin éxito de soltar su camisa fuera de su agarre. "Sólo dame un poco para encontrar la cosa."
Él la soltó bruscamente, entrecerrando sus ojos. "Muy bien. Dispones de diez minutos."
Sus cejas se dispararon hacia el techo. "¿Diez minutos?" dijo ella, agrietando su voz. "¡Eso es ridículo!"
"El reloj está en marcha," dijo él en voz baja, señalando hacia la puerta con la cabeza. "Será mejor que lo encuentres para que puedas decir cuando mi nivel de poder se eleve lo suficiente para destruirlos a todos ustedes."
"Suenas como esa desagradable Vegeta," Bulma gruñó, ajustando la camisa y salir de la habitación.
"Debería. Yo le enseñé cómo gobernar," dijo con frialdad, viéndola pasar por el pasillo. Llevaba unos pantalones muy ajustados y no pudo dejar de apreciarlo mientras se alejaba. Buenas piernas y trasero, se dio cuenta. Frunció el ceño para limpiar los pensamientos de su mente y se concentró en cambio en elevar gradualmente su nivel de poder. Desde el pasillo pudo oírla chocar afuera y se movió a la ventana para verla correr por el césped a un edificio de laboratorio. Sintió el cálido resplandor de su poder comenzar en sus músculos y muy lentamente lo dejó crecer. Cuando encuentre el scouter sabría en qué clase de peligro estaba.
Unos momentos más tarde salió del edificio, jugando con algo mientras entraba en el edificio principal. Sus pasos pronto hicieron eco en la escalera y estuvo frente a él, presionando el botón mientras lo miraba. El color de repente drenándose de su rostro y miró a Zarbon través de la lente verde, su expresión una máscara de alarma. "Hay un enorme poder por ahí," jadeó. "Y otro, desvaneciéndose."
La mano de Zarbon se liberó y arrancó el scouter de su cabeza. Ella ahogó un grito y retrocedió, apretando sus ojos cerrados. Su expresión se suavizó por un instante, temeroso de que pudiera haberla herido, luego apretó el scouter, mirándolo. Lo alzó a su oreja y lo sujetó a su cabeza, tocando el botón en el lateral. "Maldita sea," dijo entre dientes, y azotó su cabeza de lado a lado mientras Bulma miraba. Finalmente extendió un brazo e hizo volar todos los vidrios de su ventana, los fragmentos volando por todas partes. Ella gritó y cerró sus ojos, tapándose la cabeza con sus antebrazos. Cuando se atrevió a mirar de nuevo, todo lo que quedaba de su presencia eran astillas de vidrio quemado.
El scouter titiló mientras él angostaba sus ojos contra el viento, el aire estado bastante helado a su altura. Se concentró en los pequeños símbolos revoloteando a través del ocular, ignorando los que no entendía. ¡Maldita sea ella por cambiarlo a su idioma! Incluso a pesar que los terrícolas hablaban estándar ciertamente no escribían en él. Frunció el ceño y dejó su aura crecer un poco más alta para amortiguar algo más del viento, virando hacia el norte como indicaba el scouter. Bajó la vista y vio al suelo acelerando debajo de él, los frondosos bosques dando paso a desiertos rojizos y afloramientos rocosos. El pitido del scouter se volvió más intenso, un triángulo más grande destellando contra el verde vidrio. Acomodó su boca en una determinada línea y se apresuró hacia el suelo, finalmente deteniéndose cuando había llegado a una altitud rondando los doscientos metros. Una brillante luz en el cielo llamó su atención, y entrecerró sus ojos, tapándose arriba de los ojos con una mano. ¿La Tierra tenía dos soles? No, sólo habían visto uno en su entrada al sistema, ¿entonces qué podría ser? "Oh no," jadeó Zarbon, sus ojos ampliándose repentinamente. La segunda esfera brillante en el cielo tenía un tono diferente, y supo que no estaba fuera de la atmósfera. Era una orbe de luna Saiyajin. Su mandíbula cayó abierta y sus ojos observaron rápidamente, la esquina de sus fosas nasales torciéndose cuando los vio. La forma oozaru asaltó sus sentidos, el hedor a sangre emanando de la gruesa capa de pelo marrón mientras los rojos ojos brillaban enloquecidos en la cabeza de la criatura. ¿Qué demonios había provocado que Vegeta se volviera oozaru? Subió un poco los párpados inferiores de sus ojos para reducir el resplandor de la luz y miró con más intensidad, jadeando violentamente. Vegeta estaba sosteniendo a un hombre, tan horriblemente roto y sangrante que Zarbon no lo hubiera reconocido si no hubiera sido por el horrendo cabello único de los Saiyajin. Extendió su mano y tocó el scouter rápidamente, rechinando sus dientes mientras los números parpadeaban a través del ocular en símbolos de la Tierra. La flecha no había sido alterada, sin embargo, y pudo ver que Kakarotto estaba al borde de la muerte. ¡Si Vegeta mataba al otro hombre ahora toda su misión sería para nada! Flotó sobre una roca y desconectó el scouter de su cabeza, apoyándolo suavemente en la piedra. Convocando a su poder, aumentó su energía y se preparó para un ataque, instantáneamente saliendo con una táctica para separar a los dos guerreros. Su aura estalló a su alrededor y comenzó a explotar en un resplandor de luz pero fue retirado repentinamente hacia atrás, casi tropezando en una roca. Bajó la vista en sorpresa a la presión ejercida en su hombrera, encontrándose mirando a largos dedos verdes. Se volteó en shock y estudió las facciones del Namekiano.
"No interfieras," gruñó el Namekiano, mirando tras él a los dos combatientes.
"¿Estás loco? ¡Kakarotto morirá!" protestó Zarbon, arrojando una mano hacia la batalla.
El Namekiano sacudió su cabeza. "No servirá de nada. No depende de ti decidir cómo termina esta batalla."
"¡Creí que eras amigo de Kakarotto!" dijo Zarbon, frunciendo el ceño. "¿Cómo puedes quedarte y ver?"
"No soy amigo de Goku en ningún aspecto," respondió el Namekiano. "Sólo soy el maestro de su hijo y sucedo luchar del mismo lado. Pero no puedes evitar que Vegeta cometa este error."
"¡De seguro puedo tratar!" espetó Zarbon, moviéndose hacia adelante de nuevo.
La mano de uñas blancas del Namekiano se estiró y lo golpeó en la cara, fuerte. Zarbon se tambaleó hacia atrás un metro o dos y miró al hombre verde en confusión. "Esta no es tu decisión," gruñó. "Depende de Vegeta ver esto hasta el final."
Bulma se deslizó en la habitación, agarrando el respaldo del sofá y mirando ausente a su madre. "¿Lo estás haciendo ver televisión?" dijo, sorprendida.
La Sra. Briefs sonrió y asintió. "Por supuesto. No parecía querer hacer otra cosa hoy," dijo, mirando la siesta de Radditz.
"Lástima," gruñó Bulma, golpeando a Radditz fuerte en el hombro. "Hey, tú, ¡despierta!" gritó. Él murmuro´algo y se apartó de ella, todavía durmiendo. Bulma frunció el ceño y agarró su oreja, tirando duro. "¡Dije que te levantes!" gritó, haciendo saltar a su madre.
Radditz gimió y parpadeó, sentándose. "Qué," gruñó, frotándose los ojos. Su expresión se apretó cuando la vio, sus labios apenas separándose mientras hablaba. "Bulma," susurró. "¿Está todo bien?"
"¡Demonios que no!" gritó ella. "Zarbon acaba de venir y casi me golpeó para obtener el scouter, luego salió corriendo. ¡Creo que Goku está en problemas!"
"Pero Kakarotto está entrenando con el Príncipe Vegeta," Radditz protestó, girando para mirarla a la cara.
¿Príncipe Vegeta? Oh, sí, él era una clase de persona importante, se había olvidado. "Lo sé, pero Zarbon me hizo darle el scouter y se lo puso, ¡y uno de los poderes se desvanecía rápidamente!"
"El Príncipe," jadeó Radditz, poniéndose de pie, su negro cabello derramándose hasta sus rodillas. "Tengo que ir ahora." Pasó a su lado y se dirigió a la ventana, abriéndola de golpe y listo para saltar hacia el cielo.
Ella se lanzó y agarró su tobillo. "Oh no lo harás. No sin mí," ella gruñó.
"Es peligroso," advirtió, frunciéndole el ceño.
"¿Qué eres, mi novio? Dios mío, hablas como Yamcha," escupió. "Ahora estoy yendo contigo y es definitivo."
Un leve sonroje se extendió a través del puente de su nariz y mejillas. "Bien," murmuró él, agachándose y tomándola en sus brazos. "Espera."
Ella soltó un gruñido mientras era presionada contra su pecho y repentinamente sintió todo el viento irse de sus pulmones. Jadeó por respirar, y repentinamente fue como si alguien hubiera puesto una barrera frente a ella. Alzando sus ojos, se dio cuenta de un brillo rodeándolos a los dos, señal de que él había empleado su aura. El suelo se aceleró debajo de ellos y ella sintió el regocijo, la velocidad liberándola de sus confines terrestres normales. Rió de alegría y serpenteó sus brazos alrededor de su cuello. Él se movió en sorpresa debajo de sus manos y la miró mientras ella se retorcía en su agarre para mirarlo a él, sus mejillas coloreándose una vez más. Ella le sonrió, sus ojos brillando de alegría. ¡Él era tan Yamcha la había llevado a volar una vez, pero no había sido tan fuerte y tan rápido. Estaba más allá de cualquier experiencia que hubiera tenido en su vida. Para su sorpresa Radditz le devolvió la sonrisa, los afilados ángulos de su rostro suavizándose sólo por un momento. "¿Te estás divirtiendo?" preguntó con suavidad.
"¡Sí!" rió, y giró su cabeza una vez más para mirar al paisaje acelerando muy, muy por debajo de ella.
Él empezó a decir algo en respuesta, pero la piel alrededor de sus ojos se apretó y su cabeza volvió a atender, su mirada concentrada delante de ellos.
"¿Qué sucede?" dijo ella, repentinamente sintiéndose nerviosa.
"Alguien se está muriendo. Tenías razón," dijo en voz baja. "Esto puede ser muy peligroso. Te puedo bajar aquí si quieres."
"No, yo me quedo contigo. Quiero ver lo que está pasando," dijo tercamente, frunciendo el ceño.
"Bien," suspiró él. "Estaremos allí en unos minutos."
Vegeta miró fijamente al hombre en sus manos, sus dedos temblando con el esfuerzo de no aplastar a Kakarotto al olvido de inmediato. "Sabré mejor que enojarte la próxima vez," jadeó el hombre. "Dile a Bulma que lo siento. Pídele que se despida de mi familia por mí."
Los rojos ojos de Vegeta se angostaron mientras el hedor de la sangre de Kakarotto llenaba sus fosas nasales. Vio sus blancos guantes manchados con sangre, la tela teñida con pegajoso rojo. Kakarotto no viviría mucho más. "Luchaste bien," dijo Vegeta tan suavemente como su estruendosa voz oozaru le permitía.
"No hay problema. Eres increíble. Sólo no esperaba el truco del mono gigante," Goku respondió con una tos y una risa. "Lamento que todo esto arruine tu trato de tecnología," dijo, sus oscuros ojos pareciendo repentinamente tristes.
"¿Eh?" Vegeta dijo, tratando de desvanecer los azules ojos de su mente.
"Sí," soltó Goku. "Bulma odia la violencia."
"No me importa," Vegeta gruñó, apretando más fuerte. "Haré lo que quiera. La mataré y tomaré lo que quiera."
Goku se echó a reír. "¡Ni siquiera sabes qué hacer con ella!" rió, el sonido cayendo en tos mientras un pulmón era perforado por una costilla rota. Hizo un terrible sonido de deflación, balbuceando pánico mientras él pánico tomaba de sus ojos.
Vegeta mostró sus dientes mientras miraba al otro Saiyajin sufrir. Agoniza, Kakarotto, soporta el peso de saber que alguien es más fuerte que tú, lastimándote, y no puedes hacer nada al respecto, pensó. Experimenta lo que experimentado toda mi vida. Sabe que nunca te dejaré ser más fuerte. Rugió en ira, escuchando fragmentos de montañas deslizarse y estrellarse en el suelo debajo mientras su voz los sacudía. Goku lanzó un grito en agonía, sus ojos ausentes con dolor, y se dejó caer en el agarre de Vegeta, su cabeza colgando a un lado, la sangre goteando de su boca y nariz sobre el guante de Vegeta. Vegeta miró a Goku por un largo momento con sus rojos sangre, observando la vista del derrotado hombre. "Patético," gruñó, y enderezó sus dedos. El cuerpo de Goku cayó al suelo, rebotando una vez más descansando a sus pies.
"¡Ya está bien!" oyó a alguien gritar, y hubo una gran explosión de luz. Sus huesos se movieron por un terrible segundo mientras su cuerpo se bajaba de nuevo a su forma habitual, el cabello desapareciendo de su cuerpo, sus colmillos y rojos ojos siendo lo último en desaparecer. Dio un paso hacia el cuerpo de Kakarotto y se tambaleó, y de repente Zarbon estaba detrás de él, manos deslizándose debajo de sus axilas y manteniéndolo en posición vertical. "Entonces decidiste no matarlo," Zarbon le susurró al oído.
Vegeta suspiró. "No. No hay necesidad de matar a otro Saiyajin sólo porque sea más débil. Ya hay una escasez de nosotros."
Zarbon sacudió su cabeza. "Mucha gente no estaría de acuerdo contigo," murmuró, sus ojos mirando hacia adelante.
Vegeta siguió su mirada. Un gran Namekiano estaba de pie al lado del cuerpo de Kakarotto, empujándolo con un dedo del pie. "No está muerto todavía," dijo el sujeto.
Zarbon asintió. "Bien," gritó.
"¿Cuánto tiempo estuvieron los dos mirando?" Vegeta gruñó.
Vio la boca de Zarbon abrirse para responder, pero en cambio un rostro de verde más oscuro estaba en su visión y llamando su atención. Sus ojos se encontraron con los del Namekiano y sintió un escalofrío de reconocimiento volando por su espina. Era parecido al Namekiano, de alguna manera. "Suficiente," dijo el Namekiano, aparentemente ignorando su expresión. "Eres muy fuerte."
"El más fuerte," gruñó Vegeta, tratando de levantarse.
El Namekiano sacudió su cabeza. "Ahora no. Tenemos compañía," dijo suavemente, apuntando al cielo. Una figura oscura se acomodó y una más pequeña salió disparando de él, corriendo hacia Goku.
"Oh dios mío," una aguda voz gritó. "¡Goku!"
"¿Está vivo?" dijo una voz masculina, la figura más grande corriendo.
"Vivirá, si podemos meterlo en un tanque," contestó la mujer. "Mira, por ahí."
Una negra melena de cabello se azotó en su dirección. "¡Príncipe Vegeta!" gritó el hombre, y terminó en un instante. Un pie golpeando detrás de él.
Vegeta parpadeó a través de la sangre corriendo en sus ojos. "Radditz," murmuró. "Deberías entrenar con tu maldito hermano. Tal vez harías de él un buen soldado."
Radditz giró su cabeza a un lado como si hubiera sido golpeado, cerrando sus ojos y arrodillándose junto a su señor. "¡Eres un cretino increíble!" escupió la mujer.
Vegeta ni siquiera levantó su cabeza para mirarla. "Cállate," comenzó a decir, pero fue interrumpido por un ataque de tos, sangre goteando por su mentón y sobre su traje.
"Oh no," dijo ella, arrodillándose junto a él y poniendo una mano en su pecho. "¿Estás bien?"
Vegeta la miró entonces, mirando directo a sus azules ojos, penetrándolos, luchando meterse dentro de su cabeza, encontrar qué la hacía lo loca suficiente para tocar a alguien como él, que le daría nada más sino muerte. "Estoy bien, estúpida humana," gruñó.
"Bulma, realmente no deberías presumir de tocar al Príncipe Saiyajin," la voz de Radditz dijo suavemente, su gran mano descansando en su hombro y tirando de ella, haciendo que su mano rompiera contacto con el pecho de Vegeta.
Zarbon rió y estuvo a punto de decir algo cuando notó que los ojos de Vegeta y Radditz se encontraron. No se dijo nada, de hecho sus rostros no cambiaron expresión o siquiera movieron un músculo, pero de repente el aire entre ellos se volvió espeso como si alguien lo hubiera tomado y cuajado. Las colas de ambos hombres se desenvolvieron y Zarbon sintió el malestar echar raíces en su abdomen.
"¿Hice algo mal?" Bulma interrumpió, mirando de un hombre a otro. Ambos se habían quedado repentinamente muy callados, y el ánimo había cambiado, volviendo las cosas espeluznantes. Se volteó para mriar a Vegeta y de repente esos ardientes ojos la atraparon de nuevo, absorbiéndola como si hubiera derramado algo y no lo hubiera sabido. Se dio cuenta con shock que él estaba molesto, molesto por estar vivo. La muerte vivía en sus ojos con certeza, y era la suya.
"No," Zarbon dijo, intercediendo. Ella solo estaba empeorando las cosas. "Es sólo que Vegeta probablemente tiene muchas heridas internas, y hay que tener cuidado en manejarlo o..."
"¿Vas a balbucear todo el día o tengo que llevarlos ustedes de vuelta yo mismo?" una voz áspera demandó.
"¿Piccolo?" Bulma jadeó, poniendo una mano en su garganta. El hombre verde siempre la había puedo extremadamente incómoda, y ahora no era la excepción.
"Será mejor que alguien lleve a Goku de vuelta a la Corporación Cápsula. Morirá si no lo hacen. Pueden dejar morir a su príncipe aquí, por mí, pero lleven a Goku de regreso ahora," sentenció Piccolo, cruzando sus brazos y mirándolos.
Zarbon frunció el ceño y miró a Radditz. "Bueno, si él no va a ayudarnos, deberías llevar a Kakarotto de regreso," dijo él. "Yo llevaré a Bulma y a Vegeta."
"Yo soy un Saiyajin, yo debería cargar al Príncipe," protestó Radditz, mirando a Bulma con inquietud.
"Tonterías. Soy más fuerte que tú, así que yo debería llevarlos a los dos," respondió Zarbon, "Y Kakarotto es demasiado grande para llevar."
"Entonces déjame llevar a Vegeta y a Bulma," siseó Radditz, mirando a Zarbon.
Zarbon giró sus ojos. "Por el amor de Dios, Radditz, ¡no estás lo suficientemente fuerte!" dijo, la voz comenzando a afilarse de ira.
Radditz abrió su boca de nuevo y gritó en exasperación. "¡Cállense, los dos!" bramó. "Radditz, tú lleva a Vegeta y Zarbon puede llevar a Goku. Yo volveré por mi cuenta."
Radditz alzó una ceja. "¿Qué? ¿Y dejarte aquí sola?" dijo.
Ella frunció el ceño. "Tengo cápsulas, tonto," se quejó, metiendo la mano en un bolsillo. Arrojó la cápsula a un lado y un vehículo aéreo emergió.
"Radditz, vamos," dijo Zarbon.
Bulma se apresuró hacia el lado de Vegeta, apoyando su cabeza mientras Radditz lo levantaba con facilidad. "¿Estás seguro que estás bien?" dijo ella.
"Bulma, te preocupas demasiado. Él no te devolvería la misma cortesía," dijo Piccolo, dándole la espalda mientras se alejaba.
Ella frunció el ceño y volvió a mirar a Vegeta. "Estas heridas no son nada para alguien como yo," Vegeta gruñó en respuesta con odio.
Radditz miró a los dos y Zarbon notó los celos untados por todo su rostro. Podía ver la situación deteriorándose, así que fue hacia ellos y rápidamente pellizcó un nervio en el cuello de Vegeta. El Príncipe se retorció una vez y cayó en la inconsciencia. Radditz lo miró con odio sin disimular y Bulma tragó en voz alta, sus ojos haciendo eco en miedo. Zarbon suspiró. Le sorprendió que vivió para ver el día en el que Vegeta era el único que más le gustaba su presencia. Riendo con amargura, caminó de nuevo hacia el cuerpo de Kakarotto. "Vamos," ordenó, y miró mientras todos despegaban hacia el cielo.
