Saint Seiya no es mío . Y sigo sin ganar nada con esto.
Comentarios de la Autora
Hola a todos, mis queridos lectores.
Ya hasta me da pena, de tanto que me he tardado con este capítulo, pero entre musas en huelga y la vida diaria… uf! Se me ha complicado un poco.
Pero mi agradecimiento a todos aquellos que no se desmotivan por mis tiempos milenarios de actualización y con especial cariño un agradecimiento a quienes se toman cinco minutitos de su tiempo y dejan reviews o algún PM.
Antes de continuar, además quiero darle un agradecimiento especial a Artemiss90 por su constante apoyo, no sólo con sus reviews, sino también con sus PM y en general con su buena vibra ¡muchas gracias amiga!
Y sin más… ¡continuemos!
Capítulo XXIV: Inevitabilidad
La mañana se presentó fría y nublada, pues el gris del amanecer dio paso a un tímido fulgor rojo y anaranjado que pronto fue reclamado por la niebla y la lluvia. Sí, nuevamente volvía a llover en el Santuario de Atena, aunque a diferencia de la lluvia torrencial de la noche anterior, ésta más que nada era una constante llovizna que helaba la piel de quien tenía la suerte de caminar bajo ella.
El frío viento también estaba presente y más de un habitante del Santuario se sintió incómodo por tener que realizar sus actividades diarias bajo semejantes condiciones.
Dokho había convencido a Kanon para que le acompañara a tomar un fugaz desayuno en Libra mientras ambos se secaban las ropas húmedas, ya que el chino no quería que el menor de los gemelos se encontrara solo en Géminis ante la posibilidad de que Saga llegara ahí con Aioros.
Libra no podía asegurar el motivo, pero dentro en su fuero interno el chino sabía que debía evitar a toda costa que Saga estuviera presente cuando su hermano y Sagitario se encontraran por primera vez y Dokho no había sobrevivido a dos Guerras Santas (bueno, técnicamente a la segunda no sobrevivió...) y no había vivido tantos años por ignorar sus instintos.
Kanon, por su parte, no se había quedado en la Tercera Casa porque sabía que Géminis estaba vacía y no quería ser víctima del silencio opresor que reinaría ahí por lo que cuando escuchó la invitación del chino aceptó más que gustoso, aunque el hermoso rubio sabía que debía de pensar en las palabras que Dokho y él habían intercambiado en la playa durante las oscuras horas de la noche y necesitaba estar solo.
Pero definitivamente no necesitaba estar solo en la Tercera casa.
Y de Géminis a Libra había un largo camino y el rubio sabía que le sería relativamente fácil, aun cuando era Dokho de quien hablaba, de escabullirse por uno de tantos recovecos que sólo él (y probablemente Shion) sabía que existían en las Doce Casas.
Pero cual no fue su sorpresa cuando al llegar a la Cuarta Casa se encontró a Aphrodite, perdido en sus pensamientos, con un aire de melancólica soledad pese a la compañía de Cáncer, quien pese a sus intentos de ocultarlo se mostraba preocupado, y con un aspecto tan desolado, que Kanon no pudo sino recordar cómo se había sentido cuando había sentido la presencia de Aioros entre ellos.
Y con el recuerdo de Aioros llegó la imagen de Saga, el hermano gemelo con quien estaba seguro siempre un abismo los separaría; y sin poder evitarlo, tal vez por toda la complejidad del asunto, tal vez por sentirse cansado y frío o tal vez porque simplemente así debía ser, con la imagen de Saga le llagaron las memorias de Cabo Sunión.
Y eso le heló la sangre, incluso más de lo que le hubiera gustado admitir.
Máscara de la Muerte, por su parte, miraba abiertamente y sin disimular su alarma a Kanon, pues en realidad la súbita presencia de dos caballeros dorados cuando sólo había sentido el cosmo de Libra le habían sobresaltado bastante.
Sin embargo, no pasaron ni unos segundos cuando el menor de los gemelos, consciente de la penetrante mirada del albino, le regresó la mirada con desfachatez, incluso retándolo a comentar algo, aunque siempre con un deje de alerta en sus profundos pozos esmeralda, lo cual hizo que Ángelo confirmara que era con Kanon con quien estaba tratando (no es que tuviera muchas dudas, sabiendo que Saga se encontraba unos templos más arriba y conociendo mejor la mirada del mayor que se diferenciaba enormemente de la de su hermano, pero aún así con los gemelos era mejor cerciorarse)
Incluso Aphrodite había dejado su ensimismamiento ante la súbita presencia de dos caballeros dorados cuando sólo había sentido el cosmo de uno y miraba también a los recién llegados.
"Buen día Caballeros" saludó Dokho, afable como siempre, tratando de aligerar el ambiente, pero alerta por cualquier percance que se pudiera presentar.
"Pfff" resopló Cáncer intentando recobrar la compostura rápidamente, no queriendo que su sorpresa e incomodidad por la forma en que el griego ocultaba perfectamente su cosmo se malinterpretara en inseguridad. "¿Se ahogaron en algún charco?" comentó socarronamente estudiando las ropas y cabellos mojados de Libra y Géminis.
Dokho rió y Kanon arqueó su ceja izquierda. Sin embargo, Aprodite pudo ver que el menor de los gemelos temblaba levemente.
Kanon frunció el ceño cuando vio las marcas amoratadas en el cuello del Caballero de Piscis, pero por la actitud corporal de éste era claro que Cáncer no había sido el causante del daño. Dokho también lo había notado.
También era claro para el hermoso griego que Aphrodite estaba sumamente incómodo con la situación y no era para menos, pues si alguien sabía lo perturbador que podía llegar a ser estar frente a un caballero que ocultara su cosmo completamente, ese era el mismo Kanon.
Después de todo, el ex marina era un estratega innato y por lo tanto desde muy temprana edad estuvo consciente de cada una de las ventajas y desventajas de sus técnicas y poderes, tanto física como emocionalmente hablando.
Pero por más que intentó dar con la respuesta e imaginando mil y un explicaciones, Géminis no podía dar con la respuesta que le dijera qué había pasado con Aphrodite y para su sorpresa Kanon estaba preocupado por el guardián de la Doceava Casa.
"Pisicis" llamó Kanon ignorando el comentario de Cáncer. El sueco se tensó y el italiano se dispuso a intervenir en caso de que el griego se pasara de curioso "¿Aun sigue en pie la oferta de las rosas?" la pregunta de Kanon sorprendió a todos e incluso Aphrodite dejó a un lado esa melancólica pasividad para centrar su atención en el otro rubio. [1]
"Si, claro" respondió finalmente el sueco.
"Bien" Kanon asintió y se cruzó de brazos, esperando.
Por un momento Cáncer, Libra y Piscis miraron expectantes a Géminis, pensando que algo más diría, pero el silencio se alargó, aunque curiosamente no fue incómodo o tenso.
Finalmente los ojos turquesa de Aphrodite se iluminaron por la sorpresa cuando entendió lo que Géminis estaba esperando.
"¿Ahora?" preguntó atónito Piscis
"Pues sí, al menos que tengas asuntos pendientes que atender, claro" Kanon aclaró, dandole la oportunidad a Piscis de rechazar si así lo quería, pero para Aphrodite la arrogancia natural de la voz de Kanon incluso le pareció amistosa.
"No, la verdad es que nada urgente exige mi atención en estos momentos" respondió Piscis sorprendiendo a Cáncer. "Vamos pues" y sin más se puso en camino hacia la Doceava Casa, dejando en el Cuarto Templo a un muy confundido Cáncer.
SS SS SS
Aiola se sentía tranquilo, pero no de manera superficial, como la calma antes de la tormenta que había podido definir el sosiego del guardián de la Quinta Casa desde que la Princesa Atena había revivido a su élite dorada; no, esta tranquilidad superaba el estado de ánimo del griego y se colocaba al nivel de su espíritu mismo.
Por primera vez desde hacía tanto tiempo que ni siquiera él mismo recordaba, el caballero de Leo podía decir que estaba en paz, y mientras esa mañana bajaba la escalinata de Virgo a Leo, el griego se dio el lujo de analizar el porqué de tan repentino cambio, pues hacía no menos de un par de días a Aioria le parecía que no iba a poder soportar esa nueva oportunidad de vivir.
Así que, recordando los eventos de los últimos días, incluso de las últimas semanas, Aioria se dio cuenta que esa esperanza que ahora le permitía tener una calma que le había eludido por años no sólo se debía a la presencia de su hermano, como en un principio había estado dispuesto a pensar.
No, otros factores habían contribuido al cambio de percepción… como la tierna fortaleza de Marin, el silencioso, pero siempre presente apoyo de Mu, la fogosa compañía de Milo, las sabias palabras de Dokho, la contundente amistad de Shaka y hasta la extraña indiferente calidez de Camus habían sido elementos clave para que poco a poco, y sin siquiera ser consciente de ello, Aioria de Leo se reencontrara a sí mismo.
Incluso los errores cometidos contra los gemelos Saga y Kanon habían, de alguna manera, ayudado al guardián del Quinto Templo a salir de su tremendo dolor.
Esto último sorprendió tanto al griego que se detuvo abruptamente a unos cuantos metros de Leo. Porque ahora se daba cuenta que Kanon no sólo había querido aclarar las cosas con respecto a la responsabilidad de Saga en todo el debacle del asesinato de Shion y la usurpación de la investidura del Patriarca, sino que también el menor de los gemelos se había dejado golpear tan violentamente por Leo porque quería ayudarlo.[2]
Kanon le quiso ayudar aún a costa de sí mismo y aunque Leo ya lo había vislumbrado [3] sólo ahora lo entendía y reconocía por completo.
Ese fue un pensamiento que no esperaba, no cuando justamente estaba analizando lo que le había llevado a creer nuevamente en la vida.
Y por ello en ese momento Aioria decidió buscar a Kanon, no para agradecerle, sino para reconocerle su presencia entre los Doce, ahora Trece caballeros de la élite de Atena, pues a su juicio, el menor de los gemelos le había demostrado que ya no era ese vil ser que había manipulado al poderoso príncipe Poseidón por su ansia de querer controlar mar y tierra.
SS SS SS
"Milo..."
"Lo quiero matar. A él y a Saga"
"¿En verdad?" Camus lo miró fijamente, pero sin juzgarlo, con esa fría mirada que para Milo era un bálsamo que le hacía recobrar la compostura.
"No" respondió sinceramente Escorpio y suspiró sentándose pesadamente junto a su mejor amigo.
Milo y Camus habían llegado sin contratiempo a Escorpio, donde inmediatamente se habían dirigido a la parte privada del templo para evitar encontrarse con alguno de sus otros compañeros. Las palabras de Shaka aun resonaban en la mente de Milo, quien se había abocado a la tarea de dar vueltas alrededor de su pequeña y desordenada habitación, mientras Camus, conociendo a su amigo, se había limitado a sentarse en la cama a esperar a que el griego acabara de ventilarse.
Y aunque el francés parecía esperar pacientemente, en realidad Camus estaba también dándole vueltas a todo el lío entre Milo y Aphrodite, maldiciendo para sí constantemente a Ares, cuyas acciones parecía jamás dejarían de repercutir en la Orden de Atena.
Finalmente, cuando Milo se sentó junto a él Camus lo miró nuevamente. "¿Qué vas a hacer?" preguntó el pelirrojo.
"No lo sé Cam. La verdad es que no lo sé"
"Está bien."
"¿En serio? Porque incluso a mí me parece sumamente irresponsable. Soy el caballero dorado de Escorpio, tengo que..."
"Milo. Está bien." Camus le interrumpió viendo la creciente frustración del rubio y tomándolo de los hombros le miró fijamente "Justamente porque eres el guardián del Octavo Templo no tienes que hacer nada. No hay nada que demostrar Milo."
Escorpio aferró a su vez los hombros del francés, pues justamente, como siempre, Camus había entendido perfectamente el problema atrás de la frustración de su mejor amigo, algo que hasta entonces sólo Acuario podía hacer.
La verdad es que Milo se sentía orillado a actuar para demostrarse así mismo y a los demás que podía vivir esa nueva oportunidad que Atena les había brindado y que podía cambiar sus circunstancias sin importar que tan complicado se hubiera enredado su pasado.
Pero Camus tenía razón, no había nada que demostrar. No aún. No si eso significaba tomar decisiones cuyas consecuencias serían demasiado onerosas para el nuevo futuro que quería construir junto con Camus y sus demás compañeros. Porque Milo sabía que cualquier curso de acción que tomara, Camus lo respaldaría aun sin importar las consecuencias para el mismo Acuario, aun si eso significaba rechazar contundentemente a Piscis, y por lógicas razones, a Cáncer.
Y si algo tenía claro Escorpio es que no quería costarle la felicidad a su mejor amigo. Eso nunca.
"Voy a matar a Ares" dijo Milo abruptamente, sin soltar los hombros o la mirada de Camus. Acuario suspiró.
"Por mucho que comparto tu sentimiento Milo, Ares está fuera de nuestro alcance y seamos sinceros, siempre lo estará. Además si alguien es quien debe hacer justicia por los crímenes que cometió esa es la Princesa Atena, quien no dudo que algún día lo hará. Así que es inútil dirigir nuestras energías hacia algo que simplemente jamás se cumplirá. Es mejor que ahora te enfoques en Piscis"
"Detesto cuando tienes razón" dijo Milo con un mohín que significaba que estaba ya asimilando el asunto.
"No, más bien detestas cuando crees haberte equivocado"
"¿Sabes Cam? Hay veces que me inquieta lo mucho que puedes llegar a conocerme, y si no confiara tanto en tí, te vería como una amenaza"
"Lo sé Milo, eso lo entendí desde que comencé a llamarte amigo, hace ya tantos años atrás."
SS SS SS
El silencio no había cambiado aun con la ausencia de Saga. Aioros y Shura seguían sumidos en un incómodo silencio que ninguno sabía cómo romper.
"Es triste." dijo abruptamente Aioros, Shura lo miró expectante, aunque la desolación de la mirada del griego hizo que un nudo se formara en su garganta "La amistad"
"¿La amistad es triste?" quiso aclarar el español, no entendiendo muy bien lo que el griego quería decir.
Aioros asintió. Shura frunció el ceño, pues esas palabras jamás las hubiera esperado de Aioros de Sagitario.
"No, la amistad es todo menos triste" discrepó el español vehementemente "Es compleja y a veces difícil, pero es maravillosa y vale la pena morir por ella... vale la pena vivir para ella"
"Pero cuando acaba, es triste" se empeñó Sagitario. "Y al parecer nuestra amistad ha terminado, pues yo no..."
"No crees poder volverme a llamar amigo" terminó Shura apenado, pero sin titubear, como si no sólo entendiera la decisión del guardián del Noveno Templo, sino que la aprobara y no esperara nada menos.
"No. Te equivocas Shura, la verdad es que nunca te he dejado de considerar mi amigo, incluso en ese momento fatal cuando... cuando sentí a Excalibur cortándome... nuestra amistad siempre se basó en el sentido del deber y tú estabas cumpliendo lo que considerabas como tal."
"Pero Aioros, niega que no sientes repulsión hacia mí. Hace unos momentos cuando Géminis aun estaba aquí, claramente me di cuenta de cómo dirigías tus ojos hacia mi brazo y tu mirada...
Yo te asesiné, Aioros de Sagitario, fue por mi mano que perdiste el último aliento de vida y de una manera lenta y dolorosa. Y nada puedo hacer frente a ese pasado."
"Es por ello que lloro por nuestra amistad. Mírame a los ojos Shura y dime que no sientes culpa."
"¡Claro que la siento!"
"¿Y qué clase de amistad puede florecer bajo la sombra de la culpa? Siempre te considerarás culpable junto a mí, Shura. Siempre. Siempre que me mires no me verás a mí, aquí y ahora. Me verás malherido y muriendo... siempre muriendo... Shura he estado muerto muchos años y ahora, yo... quiero vivir. Pero no quiero que mi vida te cause pesar"
"¡Jamás! Tu presencia aquí me llena de esperanza... si tu no hubieras regresado, yo..."
"Hubieras seguido con esta nueva vida, por considerarlo tu deber. Pero aquí estamos ambos, vivos y frente a una nueva oportunidad"
Un pesado silencio cayó sobre ambos caballeros dorados, mientras que el Sol de Mediodía que tímidamente se dejaba entre ver bajo nubarrones grises y que arrancaba destellos aúreos y rojizos a sus cabellos y a sus miradas.
"Establece la pena que he de pagar para hacerte justicia entonces, y dejemos esto atrás, porque Aioros, lo que más quiero es dejar de verte muriendo" dijo decididamente el español, ya que si algo le había enseñado los momentos que había pasado con Escorpio y Acuario era que una amistad como la de ellos siempre definiría el futuro, lo quisieran o no. Y Capricornio lo quería.
"Bien." La voz de Aioros era naturalmente grave, pero la emoción había hecho que se enronqueciera hasta el punto de ser un susurro que sólo Shura podía escuchar "Entonces lo que te pido Shura de Capricornio, para traer justicia a tus acciones que me causaron la muerte mientras seguías las órdenes del impostor es lo siguiente: quiero que te perdones a tí mismo"
Shura sintió que su corazón dejaba de latir, porque de alguna forma, esa era la respuesta que esperaba del caballero de Sagitario que hacía más de trece años había llegado a considerar su amigo.
SS SS SS
Virgo sintió el cosmo de Saga antes de ver al caballero de Géminis, aunque en realidad, Saga no estaba tratando de llamar la atención. Lo único que quería el mayor de los gemelos era estar solo y qué mejor lugar que Géminis para evitar ver a nadie, por lo que era su prioridad llegar a la tercera casa sin que su presencia se notara.
Y es que el mayor de los caballeros de Géminis sentía una felicidad inmensa, pues ahora las cosas no sólo se habían arreglado con Kanon (o al menos él así lo creía) sino que por fin había podido hablar con Aioros y aclarar mucho de lo que le consumía el alma. Incluso las cosas con Shura habían salido mejor de lo que el hermoso rubio había pensado aunque para Géminis esa tácita y fría aceptación serían todo lo que podría esperar del guardián de la décima casa.
Ahora bien, siendo sinceros Saga pensó que el camino de Capricornio a Géminis carecería de contratiempos al sentir que la mayoría de los caballeros de oro cuyos templos se encontraran en medio o bien estaban ausentes (como Libra) o bien estarían atendiendo sus propios asuntos (como Escorpio y Acuario en la Octava Casa). Pero hubo un detalle que el astuto Saga de Géminis no pudo prever: Shaka de Virgo.
Porque el rubio budista tenía pendiente una conversación con el que había liderado a los caballeros dorados revividos por Hades y cuando Shaka quería resolver algo, lo hacía sin mayor dilación y para Virgo había llegado ya el momento.
De hecho, lo único que le había impedido a Virgo buscar al mayor de los gemelos había sido que los pensamientos del griego estaban demasiado afectados por Sagitario, pero ahora que Shaka había podido constatar que Aiolos y Saga habían resuelto de buena forma sus inquietudes, el indio supo que era su turno.
Y fue así que Saga se encontró sorpresivamente frente a frente con uno de los pocos caballeros cuyo cosmo ardía con igual poder que el suyo y su mirada esmeralda se vio perdida en los pozos lapislázuli que reflejaban la eternidad.
Continuará...
No olviden dejar sus comentarios... en verdad son apreciados.
[1] Referencia a la promesa de Aphrodite a Kanon en los primeros capítulos de esta historia.
[2] Referencia a la conversación de Aioria y Kanon en el capítulo X de esta misma historia.
[3] Referencia a la conversación entre Aioria y Marin en el capítulo XI de esta misma historia.
