"PRIMAVERA OTRA VEZ"
CAPITULO 22 UNA VISITA INESPERADA
En América la familia Andry estaba viviendo días de alegría y unidad.
Lilly y Peter habían ayudado mucho a Elisa a cambiar. Ahora ella estaba en un proceso de encontrarse a sí misma y lo estaba logrando bastante bien. Ya no era grosera con la servidumbre. Las palabras "gracias" y "por favor" estaban incluidas nuevamente en su vocabulario. Era otra.
Annie estaba tomando muy bien las cosas y ya no se sentía extraña al estar cerca de Archie. Fue menos difícil de lo que ambos pensaron.
Cuando todos estaban desayunando una sirvienta llegó a darle un sobre a Albert. Todos miraban impacientes. Era otro telegrama.
Albert abrió rápidamente el sobre y lo leyó en voz alta pues ya no había secretos en la familia.
"Londres, Inglaterra. 1916
Saludos Albert. Quiero informarte que todo está bien con Candy. Aún no recupera la memoria pero está contenta. Trabaja en el Hospital La Salpetriere y ya tiene su propio apartamento. Me enorgullece mucho que se pueda valer por si misma. Tiene muchos buenos amigos. Ella y yo hemos estado saliendo juntos y creo que de nuevo empieza a sentir algo por mí. Eso me da la seguridad de pronto pedirle que sea mi novia nuevamente. Yo soy muy feliz ahora que estoy con ella. Ahora estoy en Londres, vine por Paty para llevarla a París con Candy. Le he hablado de ti y de Annie y ella recordó su rostro, parece que Annie significa mucho para ella. Ha tenido pocos recuerdos espontáneos pero son solo imágenes que se van casi de inmediato, pero creo que es un buen avance. Seguiré ayudándola y cuando sea posible regresaremos a América. Gracias por haberme ayudado a encontrarla. Eres un gran amigo. Hasta pronto.
Terry Grandchester"
-¡Candy! – Annie lloró de felicidad.
-No tengo dudas – dijo Lilly – estoy segura de que esta chica es Alice. Perdió la memoria pero aún así recuerda a su hermana. Los lazos entre ellas son muy fuertes…
-así es – respondió Albert – ahora estoy mas tranquilo porque sé que Terry está con ella y pronto volverán a ser novios pues su amor es inmenso y nada podrá separarlos.
-me da gusto – añadió Elisa – cuando se casen yo quiero ser una de sus damas de honor. Espero que ella me lo permita.
-claro que si, Elisa. Candy es muy buena y te va a querer mucho cuando vea que has cambiado.
-gracias Annie.
-Ya solo tendremos que esperar a que se reanuden los viajes por el Atlántico para verla – añadió Peter – ya estoy ansioso por conocerla, se nota que es una chica extraordinaria pues tiene muchos amigos, según dice el telegrama.
-si, Peter, es extraordinaria. Pero cuando la conozcas te darás cuenta de que todo lo que podamos decir sobre ella es insuficiente. Mi hermana es muy alegre y tiene un corazón enorme – dijo Archie.
-Archie… es la primera vez que le dices "hermana". ¿No te sentiste extraño?
-No, Annie. Es increíble lo que los lazos de sangre influyen en uno. La verdad es que creo que siempre sentí afinidad con ella porque la sangre nos llamó. Estoy feliz de saber que de nuevo alguien me llamará… "hermano" – su tono fue muy melancólico.
Los presentes se enternecieron por las palabras de Archie y se les cristalizaron los ojos por las lágrimas que querían salir.
-Creo que el querido Stear nos envió este maravilloso regalo desde el cielo ante el vacío que nos dejó su ausencia… - Lilly no se pudo contener y dejó salir las lágrimas.
Annie y Archie también Lloraron. La tía Elroy no lloró pero estaba notablemente conmovida.
-Bueno familia, ya no lloren – los animó Albert – Ya todo es felicidad para nosotros. Y creo que debemos ir a compartir estas noticias con otras personas muy importantes para Candy.
-¡Señorita Pony! ... el Hogar… - exclamó Annie
-Si.
-Me parece una gran idea. ¿Por qué no vamos ahora mismo? – dijo Lilly.
-yo apoyo a la tía Lilly – dijo Archie.
-¿quiere venir con nosotros Tía Elroy? – le preguntó Albert.
-está bien – respondió con toda calma y seguridad.
Todos se sorprendieron de su respuesta, pensaron que no querría ir.
-¡que bien! Entonces toda la familia Andry irá al Hogar de Pony.
-¡oh, que emoción! Elisa, sé que antes despreciabas todo lo relacionado con el Hogar de Pony pero es porque nunca lo conociste. Ahora que conozcas el Hogar estoy segura de que te gustará. Es un lugar hermoso y lleno de paz.
-tienes razón Annie. Nunca debí juzgar sin antes conocerlo. Me dará mucho gusto poder ir.
-¡que bueno, hija! Que te parece si compramos algunos regalos para llevarle a los niños ¿quieres?
-claro, mamá.
-Gracias ¡La señorita Pony se pondrá muy contenta! Ya estoy ansiosa por verla y decirle todo lo que hemos descubierto. Sé que a ella también le dará mucho gusto.
-Entonces debemos darnos prisa. Vamos – dijo la tía Elroy.
Todos se levantaron de la mesa y se fueron a sus habitaciones a prepararse para el viaje de vuelta a Chicago.
Albert fue a la oficina de Telégrafos para notificar que estaría en Chicago unos días y que cualquier telegrama que recibiera se lo hicieran llegar a Lakewood.
Toda la familia estaba a bordo del tren para medio día y el recorrido fue largo.
Al siguiente día muy temprano llegaron y se instalaron todos en la gran mansión de Lakewood.
-¡oh, todo sigue igual! – dijo Lilly al ver el hermoso jardín que en su tiempo cuidaron con mucho esmero y cariño la abuela Catherine Juliette, luego Ángela y después Anthony.
-si. Este jardín me trae muchos recuerdos – dijo Albert.
-a mi también – añadió Archie – Anthony amaba cultivar las rosas…
-¡pero que bella estirpe de rosa es esta! – dijo Lilly maravillada por la fina y exquisita rosa blanca que sostenía entre sus dedos.
-esa es una estirpe única en su tipo. Anthony la cultivó para regalársela a Candy en su cumpleaños. La llamó "Dulce Candy" en su honor y solo se da en este jardín – le presumió Archie.
-¡oh pero que regalo tan maravilloso! y solo el querido Anthony la pudo haber creado. Se nota que la hizo con mucho amor, su aroma es el más dulce que conozco.
-si, Anthony era un genio con las rosas – Dijo muy orgullosa la tía Elroy.
Siguieron caminando por el hermoso jardín hasta que entraron a la casa. La servidumbre los esperaba. Estaban todos formados para recibirlos.
-Bienvenidos, señores – saludaron con una reverencia.
-gracias – contestaron todos
-veo que la casa también sigue igual.
-si, Lilly. Los años no pasan por aquí. Todo está tal y como mis padres la dejaron – dijo la tía Elroy – y espero que así siga… - volteó a ver a Albert.
Él asintió con la cabeza y una sonrisa.
-deben estar cansados por el viaje. Descansemos hoy y mañana iremos al Hogar. Así tendremos tiempo de ir al pueblo con calma a comprar los regalos para los niños.
-me parece bien, querido Albert. Yo muero por recostarme un par de horas…
-yo también, mamá. Tengo mucho sueño – dijo Elisa.
-oh, es verdad hija. Cuando una está de encargo da mucho sueño. La naturaleza es sabia, se necesita descansar mucho por el bien del bebé. ¡Y nada de corsés de ahora en adelante!
-¡mamá!
Todos se rieron ante la cómica escena de madre e hija.
Después de que descansaron un poco se fueron al pueblo para comprar víveres y regalos. Regresaron con dos automóviles bien cargados de muchas cosas.
Al siguiente día estaban ya listos para partir.
Después del desayuno abordaron los automóviles y se fueron al Hogar de Pony.
El paisaje era verde por todos lados y lleno de flores. Las mujeres lo estaban disfrutando mucho.
Cuando estaban ya cerca pudieron ver la colina de Pony y el gran árbol a la distancia. Annie respiró profundamente el aire puro y se sintió de nuevo en su hogar.
Los niños se dieron cuenta de la comitiva de autos que se acercaba y corrieron a avisar a las amorosas madres.
-¡señorita Pony se acercan varios autos!
-¡niños no griten tanto que aun no estoy sorda! ¿Qué pasa?
-señorita Pony vimos que varios autos se acercan…
La hermana María se asomó por la ventana y se dio cuenta de que 4 lujosos autos estaban afuera de la casa.
-es verdad señorita Pony. ¡Oh es Albert! – lo vio descender a él de uno de los autos.
-¡vamos a recibirlo! niños deben portarse bien. Nada de travesuras ¿entendido?
-¡Si! – respondieron todos.
La señorita Pony y la hermana María salieron a recibir a sus visitantes.
-¡señorita Pony! – Annie corrió a sus brazos.
-¡Annie!...mi niña ¡pero que hermosa estás!
-¡oh, siempre me siento feliz cuando estoy aquí! Hermana María… ¡Cuánto las he extrañado!
Annie abrazó a las dos damas que estaban felices de verla.
-Buen día señorita Pony y hermana María – saludó Albert.
-Buen día Albert, que gusto verte.
-espero que no seamos inoportunos. Vine con toda mi familia. Se los presentaré.
-familia, quiero presentarles a estas dos bondadosas damas que han entregado sus vidas al cuidado de niños sin hogar. Ellas son la señorita Pony y la hermana María.
-Mucho gusto señores Andry – saludaron ellas sonrientes.
-ella es nuestra querida Tía Elroy – la presentó Albert.
-es un placer conocerlas al fin señoras – dijo la tía abuela
-el placer es nuestro señora Andry. Bienvenida a nuestro humilde hogar.
-ella es mi prima Lilly y su hijo Peter, nos visitan de Texas.
-¡que honor conocerlas! – Lilly fue más efusiva y abrazó a las dos anfitrionas que se quedaron asombradas.
-si, gracias. Bienvenidos….
-y mi sobrina Elisa…
-bienvenida señorita Leegan, es un placer conocerla – dijo la señorita Pony.
Ella sabía que Elisa le hizo mucho daño a Candy pero aún así fue amable con ella.
-gracias por recibirme tan amablemente. No se como expresarles mi gratitud por mostrar bondad conmigo inmerecidamente. Solo quiero decirles que he cambiado y que ahora valoro lo que es realmente importante. Espero me perdonen por haber hecho tanto daño a Candy en el pasado.
-señorita Leegan, solo Dios nuestro señor es el único que puede perdonar. Nosotras la disculpamos, los errores del pasado se quedan en el pasado. Siempre es un buen momento para enderezar nuestro camino y me alegra mucho que usted haya rectificado. Ahora podrá ser feliz, se lo aseguro.
-muy bien dicho – dijo Lilly – ahora veo de donde sacó Annie tanta bondad. Recibió un buen ejemplo. Aprovecho para decirles que Elisa no es hija de los Leegan sino mía. Es una larga historia. Hay muchas cosas que deben saber, por eso estamos aquí.
-Buen día señorita Pony y hermana María. Es un placer verlas de nuevo – las saludó finalmente Archie.
-Eres bienvenido cuando quieras Archie… ¡oh, no me digas que vienen a invitarnos a su boda! – la señorita Pony volteó a ver a Annie.
-¡oh no! – se sonrojó ella.
-No habrá boda entre ellos nunca – dijo Albert.
Las dos anfitrionas se miraron muy sorprendidas.
-hay una razón muy poderosa y nos gustaría platicar de eso con ustedes.
-ya veo. Entonces pasen por favor. Esta es su casa. Parece que será una plática muy larga e interesante. Prepararemos el té…
Todos pasaron a la casa y se sentaron alrededor de la mesa. La hermana María les ofreció una taza de té y galletitas.
Luego Albert empezó a hablar:
-Antes que todo quiero darles las más recientes noticias sobre Candy.
-¡oh! ¿Cómo está? hemos estado pidiendo mucho a Dios por ella. Incluso los niños del hogar la incluyen en sus oraciones…
-pues Dios ha escuchado las peticiones de todos. Candy está bien.
-¡gracias al cielo! – exclamó la hermana María.
-Solo hay un inconveniente. Ella resultó herida en el campo de batalla y a consecuencia de eso cayó en coma.
-¡oh por Dios! mi Candy… - la señorita Pony se preocupó mucho.
-pero despertó a los 15 días gracias a Terry. Él está con ella ahora y están muy felices.
-pero no entiendo, ¿entonces cuál es el inconveniente?
-Candy perdió la memoria. Solo recuerda las cosas recientes de su vida pero de su infancia y de todos nosotros no se acuerda. Ni siquiera se acuerda de Terry.
-pero eso no es algo peligroso ¿verdad?
-no, señorita Pony. Ella está haciendo su vida con normalidad. Trabaja en un hospital de París y ya tiene su propio apartamento.
-¡oh, esa es nuestra Candy! puede valerse por sí misma. Nos sentimos muy orgullosas de nuestra chica.
-así es. Por eso pueden estar tranquilas. Terry estará cuidándola y cuando menos se lo espere ella recuperará su memoria. Pero ahora es feliz. Terry me envió un telegrama para informarme todo esto y además dice que Candy se está enamorando de él nuevamente y pronto le pedirá que sea su novia.
-¡ah, que gusto! Candy ya se merecía ser feliz con ese joven. Desde que se separaron ella ya no fue la misma. Estaba triste y su espíritu quebrantado. A la hermana María y a mi nos partía el corazón verla así.
-pero eso ha quedado en el pasado también, gracias a Dios – dijo la hermana María – Ahora podemos estar aún mas tranquilas sabiendo que ella está al lado del amor de su vida. Porque yo estoy segura de que Terry es el amor de su vida.
-si, yo también lo creo – dijo Annie – Candy es otra desde que se enamoró de él, ¡y que decir de Terry! no es el mismo muchacho rebelde y caprichoso que era en el colegio, Candy lo ayudó en muchas formas a ser una mejor persona. Su amor es muy fuerte a causa de todo lo que han tenido que superar.
-tienes razón Annie. Pero dime ¿Cómo esta eso de que tu y Archie no se casarán nunca? si estaban muy enamorados…
-bueno, a decir verdad, nunca estuvimos enamorados, nos teníamos mucho cariño y es que… Archie y yo somos hermanos.
-¡¿Queeee?! – exclamaron al mismo tiempo la señorita Pony y la hermana María.
-Si – dijo Lilly – y no solo eso. Estamos seguros de que Candy también es hermana de Annie y Archie.
-¡¿Queee?! – volvieron a exclamar ante la sorpresiva revelación.
La señorita Pony se puso de pie de golpe al escucharlo pero se mareó un poco y sintió que le faltaba el aire.
-¡señorita Pony! – Annie corrió a su lado – siéntese por favor, trate de respirar profundamente.
La señorita Pony obedeció y respiró profundamente varias veces.
-¿se siente mejor?
-si, Annie. Gracias. Es que… es que… no lo puedo creer. ¿Candy es tu hermana?
-si. Candy y yo somos hermanas gemelas.
-¡oh! – la hermana María también estaba sobresaltada - ¿pero como es posible? ¿Como lo saben?
-Resulta que Albert tenía dos hermanas gemelas: Ángela y Alice. Alice llegó a ser la madre de Stear, Archie, Annie y Candy. Se casó con Edward Cornwell, quien era heredero al trono de Inglaterra…
-¡válgame Dios! esto es demasiado para una vieja como yo. ¡Un príncipe era su padre!
-así es. Edward renunció al trono para poder casarse con Alice. Luego nacieron Stear y Archie y tres años después nacieron las gemelas Alice y Mary. Una era rubia y la otra de pelo negro. Pero un trágico día, cuando Edward y Alice regresaban del pueblo, un carruaje les cerró el camino y por la fuerza le arrebataron las niñas a Alice. Ella forcejeó para impedir que se las arrancaran de los brazos pero uno de los villanos la golpeó muy fuerte y ella se cayó del carruaje. Se golpeó la cabeza contra una roca al caer y murió al instante. Edward también fue fuertemente golpeado. No pudo ayudar a su querida Alice y a sus preciadas hijitas… los hombres se las llevaron y nunca mas las volvimos a ver…hasta ahora.
-¡Dios mío que tragedia! pobres pequeñas, las arrancaron de los brazos de su madre y las alejaron de su familia. ¿Por qué?
-no lo sabemos aún. Pero ahora estamos muy contentos porque después de 18 años descubrimos el paradero de las niñas.
-¿Y porqué están tan seguros de que Annie y Candy son esas niñas desaparecidas?
-porque afortunadamente Annie es la viva imagen de su padre. Mírenlo ustedes mismas…
Lilly les mostró el medallón con la foto de Edward para que constataran el gran parecido.
-¡es increíble! – Dijo la señorita Pony
-¡son idénticos! – añadió la hermana María.
-¿pero como no se dieron cuenta del parecido antes?
-es que todos recordaban a Edward con barba y bigotes y solo yo lo recuerdo desde que éramos casi unos niños. Él y yo fuimos amigos en el colegio y lo recuerdo muy bien. Pero yo vivo en Texas y durante muchos años no había venido a Lakewood. Y ahora que vine con mi hijo Peter para la boda de Elisa Archie me presentó a su novia y yo me quedé petrificada cuando la vi. Supe en seguida que Annie era una de las hijas de Edward y Alice, la menor. Su nombre de nacimiento es Mary y la otra chica es Alice.
-es sorprendente…
-además hay otra prueba de que Annie es quien creemos. Tiene un lunar en la nuca, es el lunar que han heredado todos los miembros de la casa real de Inglaterra. La reina Victoria y Edward también lo tenían.
-¡oh! ahora lo recuerdo… Candy también tiene un lunar en la nuca, justo en la naciente del cabello…
-¡¿es cierto eso hermana María?! – la miró con sorpresa la señorita Pony.
-¡claro que es cierto! Estoy segura de ello pues yo peinaba a Candy de pequeña. Cuando le hacía sus coletas veía siempre ese lunar.
-cada vez se van juntando mas piezas del rompecabezas – dijo Lilly – aunque ya teníamos la corazonada de que nuestras sospechas sobre Candy eran ciertas. Ella es idéntica en carácter a mi prima Alice: muy alegre, optimista, trabajadora y con una risa que contagia a todos.
-¡Si, esa es nuestra Candy!
-además hay una gran conexión entre Annie y Candy. Pueden sentir las emociones de su gemela aún cuando están separadas. ¿Verdad Annie?
-si. Desde pequeñas ella y yo sentíamos cuando estábamos tristes o muy contentas.
-Además, en su telegrama Terry me dijo que Candy recordó por un momento el rostro de Annie. A pesar de haber perdido la memoria ella la recuerda.
-no recuerda a nadie pero a Annie si… Yo tampoco necesito más pruebas para afirmar que Candy efectivamente es la hermana de Annie. Y creo que hay algo que debo darles…
La señorita Pony abrió un viejo baúl y de ahí sacó la muñeca que Candy traía consigo el día que la encontraron abandonada a las afueras del hogar. Se la entregó a Lilly.
-Candy traía consigo esta muñeca cuando la encontramos abandonada afuera de la casa en un frio día de invierno. Es lo único que venia con ella.
-¡oh, no puede ser! – Dijo Lilly con una mano en el corazón – ¡esta es la muñeca de Alice!
-¿te refieres a la muñeca que Alice le regaló a Edward? – preguntó Albert.
-si, esa misma. La reconozco aunque ahora esta muy maltratada por el paso del tiempo…
-y porque Candy jugó mucho con ella – agregó la hermana María – siempre la traía arrastrando por todos lados y solo comía o se dormía si su muñeca estaba a su lado.
-¡Oh, Alice hacía lo mismo!... esta es la ultima pieza del rompecabezas que hacía falta. No hay lugar a la más mínima duda ya.
-No puedo creer que mis pequeñas Candy y Annie sean gemelas… siempre se quisieron mucho, los lazos de sangre son muy fuertes… ¡oh! pero entonces tú y Archie…
-tranquila señorita Pony, nada pasó nunca entre Archie y yo, ni siquiera un pequeño beso. Como usted dice, los lazos de sangre son muy fuertes y por eso yo nunca permití que se me acercara demasiado. Creo que mi extrema timidez con él era en realidad un presentimiento o una especie de alerta de que algo estaba mal.
-que alivio, si no hubiera sido una situación muy complicada para ustedes. ¿Y como se sienten ahora al saber que son hermanos?
-bien. Lo tomamos con asombrosa tranquilidad y naturalidad – respondió Archie.
-a mi tampoco me tomó mucho tiempo asimilarlo. Fue un shock cuando nos lo dijeron pero después lo asimilamos muy bien – agregó Annie.
-que bueno que no fue un trago amargo para ninguno de los dos. ¿Y ahora que piensas hacer Annie? ¿Ya decidiste con quien te vas a quedar?
-no, aún no. Estoy esperando a que Candy regrese para platicar con ella.
-me parece bien. Candy te ayudará a despejar tus dudas. Ella te conoce mejor que nadie.
-si.
-Bueno pues ya están enteradas de todo. Las seguiré manteniendo informadas de lo que pase con Candy. Por ahora solo es posible mandar telegramas. Si ustedes quieren mandarle algún mensaje escríbanlo en una hoja de papel y yo mismo haré que se lo hagan llegar.
-¿de verdad? ¡Gracias Albert!
-por nada. Ahora yo soy el dueño de la compañía de telégrafos del país y pienso poner oficinas de telégrafos en todos los pueblos de Estados Unidos para que la gente pueda comunicarse con sus seres queridos al otro lado del Atlántico. Y si ustedes quieren escribirle a Candy más seguido solo manden una carta a mi oficina con el mensaje que deseen enviarle. También les prometo que les haré llegar los telegramas que ella les mande.
-¡oh, eres muy gentil Albert! gracias por hacer esto por nosotras.
-no tiene nada que agradecer hermana María. Es lo menos que podría hacer por ustedes que cuidaron tan bien de mis sobrinas.
-fue un placer… – respondió con lágrimas en los ojos la hermana María.
Annie llegó a su lado para abrazarla y demostrarle por medio de ese abrazo cuanto le agradecía por todos sus cuidados y enseñanzas y cuanto la amaba y respetaba.
-hay algo mas para ustedes – dijo Albert.
-¿mas?
-si, señorita Pony. Les hemos traído algunos regalos a los niños y más víveres. Vamos afuera para que se los entreguemos.
-¡Oh, los niños estarán muy contentos!
Todos salieron. Los niños estaban jugando con los choferes y los autos.
-¡niños! – los llamó la señorita Pony.
En seguida todos los pequeños se arremolinaron en torno a ella.
-niños, el señor Andry y su familia les han traído algunos obsequios. Debemos dar las gracias.
-¡Gracias señores Andry! – respondieron al unísono todos los chiquillos.
-¡vengan niños! – los llamó Albert para abrir los paquetes y sacar de ellos los juguetes, ropa y artículos de limpieza.
Los pequeños estaban muy felices viendo como salían cosas y mas cosas de las cajas. Las sonrisas alegres en sus caritas no cesaron. Nunca habían visto tantos juguetes juntos.
-oh, Albert que generoso de tu parte….
-no me agradezca a mi Señorita Pony. Fue Elisa la que les trajo los juguetes a los niños. Mi prima Lilly trajo la ropa y todo lo demás.
-¡ah, Gracias señorita Elisa! los niños están muy felices gracias a su generosidad. Ha regalado usted felicidad y eso no se compra ni con todo el dinero del mundo. ¡Que Dios la bendiga!
Elisa no esperaba recibir esas hermosas palabras de agradecimiento y se sintió feliz también. Ahora comprendía que "hay mas felicidad en dar que en recibir".
-Yo… yo… de nada – respondió ella conmovida. Su madre la vio con gran orgullo y satisfacción.
-gracias también a usted señora. Los niños nunca habían estrenado ropa ¡y ahora tienen mucha!
-oh, no es nada – respondió Lilly – me da mucho gusto ver a los pequeños tan contentos.
-¡si que lo están! – dijo la hermana María.
-Señorita Pony, yo también quiero ayudarlos. Pero me gustaría más que usted me dijera que necesitan, lo que sea, yo me haré cargo – ofreció Albert.
-bueno, ya que tu mismo nos ofreces tan generosamente tu ayuda, me gustaría pedirte un favor muy grande.
-claro, lo que sea.
-nuestra casa ya es muy vieja y en época de lluvias la pasamos muy mal con tantas goteras…
-¿oh, de verdad? Eso está muy mal. Pero no se preocupe. Mañana mismo mandaré un arquitecto para que eche un vistazo y se encargue de las reparaciones. Ya no tendrán que preocuparse por eso.
-que amable, gracias otra vez Albert. Que Dios te bendiga por ser tan bueno.
-nosotros también queremos ayudar – dijo Archie – Annie me dijo que necesitan camas nuevas para los niños y también para ustedes…
-nosotros les regalaremos camas y cobertores – dijo Annie.
-¡oh Annie! tu mejor que nadie conoces nuestras necesidades por que viviste aquí de pequeña. Gracias por recordar que necesitamos más camas.
-es lo menos que podría hacer por ustedes y los niños, señorita Pony.
Annie abrazó a su "madre" sintiéndose muy feliz.
La visita al hogar resultó muy provechosa para ambas partes. Las anfitrionas terminaron con las manos llenas de regalos y los visitantes con el corazón lleno de satisfacciones.
Incluso Elisa jugó con los niños y a las pequeñitas les encantó hacerle trenzas, les llamaba mucho la atención su suave cabello color rojo encendido.
Los Andry regresaron a casa por la noche. Estaban cansados pero muy satisfechos.
…
En Paris, esa misma noche, Candy estaba en casa de Flammy acompañada por sus dos amigas que trataban de consolarla.
Candy estaba muy triste y dolida porque Terry no la dejó explicarle las cosas.
-Parece que Terry no ha cambiado en ese aspecto. Sigue siendo muy impulsivo y no escucha razones – dijo Paty
-pero se controló muy bien – intervino Flammy - No se puso a gritar ni a golpear de mas al doctor. Creo que su reacción fue normal. ¿Cómo habrías reaccionado tú, Candy, si te enteraras que él se besó con otra chica?
-bueno, no lo sé…
-además, él no se enteró de la mejor manera. No escuchó toda la verdad, eso debes considerarlo…
-si, creo que tienen razón. Pero ¿Cómo le hago para hablar con él? me dijo que no quería verme nunca más….
-lo dijo porque estaba dolido Candy, pero él te ama de verdad y eso no se borra de un momento a otro. Deja que se tranquilice y después podrás hablar con él – Flammy era una fuente de apoyo emocional. Era la más ecuánime y muy sabia a su corta edad.
-¡oh! ¿Pero y si se regresa a Londres esta noche? – Paty temió.
-¡no! debo verlo. ¡No puede irse así! - Candy se levantó de inmediato y quiso salir.
-¡espera Candy! nosotras te acompañaremos – dijo Flammy.
-iré a tu casa por un abrigo para ti y después nos vamos – dijo Paty.
Cuando Paty salió del departamento de Flammy vio que Terry llegaba.
-¡Paty! ¿Dónde está Candy?
-Terry…. ella está con Flammy iba a salir a buscarte en este momento para hablar contigo. Temía que te fueras a Londres sin escucharla.
-Candy… actué como un adolescente Paty y vine a pedirle perdón. Necesito hablar con ella. ¿Te puedo pedir un favor?
-si, claro…
Unos minutos después Paty volvió a casa de Flammy después de haber hablado con Terry.
-lo siento Candy….
-¿Por qué? ¿Qué pasa Paty?
-cuando salí por tu abrigo vi a Hanz en tu puerta y me dijo que Terry ya se había marchado.
-¡oh no! Terry… - Candy se desplomó en el sofá y empezó a llorar nuevamente.
Paty le guiñó el ojo a Flammy y ella no supo que pensar, pero sabía que debía seguirle el juego a Paty.
-Vamos Candy, te llevaré de vuelta a casa. Debes dormir un poco y mañana estarás mejor.
-Paty tiene razón, Candy. Duerme y mañana pasaré por ti para irnos juntas al hospital. Será mi primer día ¿recuerdas?
Candy no se sentía con ánimos ni de contestar. Se dejó llevar del brazo por Paty hasta su apartamento.
Paty llevó a Candy a la recámara y la acostó en la cama.
-¡oh, olvidé algo en el departamento de Flammy! ahora vuelvo Candy, no tardo…
Paty salió nuevamente dejando sola a Candy. Ella se paró de la cama pues no tenía ganas de dormir. Solo pensaba en cómo hacer para ir a Londres a buscar a Terry.
Salió al balcón de su ventana y miró la luna, aún con lágrimas en los ojos.
De pronto escuchó una voz…
-¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, resplandeciente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura!
-¡Terry! – Candy se sorprendió al verlo y su corazón volvió a latir con fuerza.
Él estaba al pie del balcón recitando unas líneas de Romeo y Julieta. Llevaba una rosa blanca en la mano.
Luego siguió recitando:
-Habla. ¡Oh! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un alado mensajero celeste ante los ojos extáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire…
Terry se puso la flor en la boca y empezó a trepar por el gran árbol que daba hasta el balcón de Candy.
-¡Cuidado Terry, está muy alto!
Él contestó, aún recitando su dialogo de la escena del balcón de Romeo y Julieta:
-Con ligeras alas de amor subiré estos muros, pues no hay cerca de piedra capaz de atajar el amor, y aquello que el amor se atreve a intentar…
Finalmente Terry llegó hasta el balcón de Candy. Entró en él y se arrodilló ante la hermosa mujer que tenía frente a sí, la miró, con ojos llenos de amor y tomó la flor que llevaba en su boca para entregársela.
-Mi Julieta…- Terry le dio la rosa.
Candy sintió un remolino de emociones en su interior. Pasó del miedo a la amargura del abandono, luego llegó la esperanza y la dicha de verlo ahí, frente a ella, con una rosa y el corazón en la mano, dispuesto a entregárselo solo a ella.
-pensé que te habías ido… - le dijo aún con lágrimas en los ojos mientras recibía la rosa.
-no podría alejarme nunca de tu lado mi amor. Quiero pedirte perdón por haber actuado como un tonto. Debí escucharte.
-si, debiste escucharme. Pero yo también debí habértelo dicho antes. Terry, Greg no me…
-shhh, lo sé. Sé que me amas solo a mí. Igual que yo solo te amo a ti…
Terry la tomó por la cintura y la apretó fuertemente contra su cuerpo para besarla apasionadamente.
Ella correspondió con todo su ser y puso sus brazos alrededor de su cuello para besarlo con amor. Se entregaron a ese beso por varios segundos que parecieron eternos.
-¿eso significa que me perdonas, Candy?
-no tengo nada que perdonarte mi amor. Soy yo la que te pide perdón por haberte ocultado algo tan importante.
-hagamos una cosa: de ahora en adelante nos diremos todo. No habrá secretos ni mentiras en nuestra relación. Y hablaremos cualquier cosa que parezca un malentendido antes de actuar. ¿Te parece?
-si, estoy de acuerdo. Te amo Terry, me sentí muy triste y sola cuando Paty me dijo que te habías ido.
-perdóname por eso también. Yo le pedí a Paty que fingiera para que pudiera darte esta sorpresa. Ahora estoy contigo mi amor y nunca te dejaré sola…
-Terry…
Candy lo abrazó y lo besó nuevamente. Él la tomó en sus brazos y la cargó hasta la cama. Ahí la recostó y él se acostó a su lado. La miró a los ojos para descubrir si ella quería que continuara o si debía detenerse.
Ella le extendió los brazos y rodeó su cuello jalándolo hacia si. Estaba diciéndole que quería más.
Terry la besó y luego empezó a acariciarla suavemente. Primero su rostro y ella cerró los ojos para sentir plenamente sus caricias. Luego deslizó su mano mas abajo, recorrió su cuello hasta llegar a sus hombros. Con sutileza deslizó la manga de su vestido para desnudar su hombro y depositó besos sensuales muy ricos ahí. Ella empezó a respirar agitadamente ante el placer que estaba sintiendo. Después besó su cuello y su oreja, haciéndola estremecer. Continuó con esos besos pues vio que le gustaban mucho. Luego buscó sus suaves labios y la besó intensamente, ella sintió contracciones en todas direcciones de su cuerpo como respuesta a ese beso. Arqueó la espalda y lo abrazó fuertemente. Terry sintió que su piel se erizaba y empezó a tocarla delicadamente. Primero deslizó su mano hasta uno de sus senos y lo apretó muy suave por encima de su ropa. Ella gimió ante tal caricia y le dio miedo continuar.
-¡ohh! … no…creo que aún no estoy lista para esto Terry… discúlpame.
Terry detuvo sus caricias y se apartó de ella muy a su pesar. Pero fue comprensivo y no se molestó.
-esta bien, mi amor. Sucederá cuando tenga que ser. Yo sabré esperar.
-gracias mi amor. Eres muy comprensivo. No sé que me pasó. Yo…
-no te preocupes. Te entiendo. Yo te amo profundamente y nunca te obligaré a hacer nada que no quieras.
-es que… si me gustó y mucho, tus besos y caricias me provocaron un…
-si… me di cuenta. Me alegra que lo disfrutaras. Pero aún no te sientes segura de continuar.
-si… creo que debemos ir mas despacio. Pero quiero que sepas que ha sido la experiencia mas intensa que he sentido y fue maravilloso. Gracias mi amor.
-de nada, pequeña. Yo también lo disfruté mucho. Eres hermosa.
-oh Terry…
Candy abrazó a su novio y él la recibió en sus brazos con ternura. La besó en la frente y le sonrió.
-No quiero que te vayas – le dijo ella.
-si quieres puedo quedarme.
-si, quiero que te quedes conmigo.
-muy bien, entonces prepararé el sofá para dormir.
-no, quédate aquí… conmigo. Solo dormiremos juntos, nada más.
A Terry le pareció una petición muy sorpresiva pero le agradó mucho la idea.
-esta bien, pequeña. Solo dormiremos abrazados.
-si, quiero sentir que tus brazos me protegen y me dan calor. Quiero sentirte cerca.
-lo que tu quieras mi amor…
La pareja de novios se acurrucó en la cama y se abrazaron, era sublime sentir la cercanía de sus cuerpos y escuchar sus respiraciones en medio de una paz y un amor infinitos.
A Terry le parecía un sueño hecho realidad. Muchas noches solitarias había deseado poder dormir así junto a su amada pecosa, pero en su cama solo las almohadas le hacían compañía. Ahora todo era diferente, ya no había soledad, ni dolor, ni amargura, la felicidad era completa al lado del gran amor de su vida.
Candy y Terry durmieron juntos esa noche, solo abrazándose y sintiéndose cerca. Estaban viviendo libre y responsablemente su gran amor.
Esa noche Candy soñó que unos inmensos brazos la rodeaban y la protegían, pero no era solo un sueño, era real que los brazos de Terry la aprisionaban y la apretaban contra su cuerpo, tan cerca, que Candy escuchaba el latir del corazón de su caballero inglés, arrullándola y llevándola al mundo de sueños más hermosos. Si era un sueño, no quería despertar…
