-Hace tres semanas dejé de escribir paraq este fic. Las razones no se las puedo dar por que no tengo una en realidad. Es solo que me bloquee creativamente y no supe que escribir. De hecho, se me acaban las ideas para este fic, por lo que a lo mucho pienso que el proximo capitulo será el último.

-¡¿Lo vas a acabar así nada más?!

-Si y no. El siguiente será un capítulo algo largo, si logro ordenar todas mis ideas. No sé cuando se publicará ni del como terminará aún. Estén al pendiente. Entrego entonces el penultimo capítulo, capítulo 25.

XXV

Aoi caminaba de regreso a casa esa tarde. Recién había salido de su clase de armamento, la que le dejó agotada y hambrienta. Le agradaba mucho la idea de vivir en Konoha, acompañada de muchas personas que parecían quererla: varios niños y niñas que al tratarla se fueron encariñando con ella. Pensaba mucho en lo que le iba a escribir a sus padres ese día, cuando la noche llegara y la luz de su habitación le motivara a recordar. Los echaba de menos, pero al igual que ella, ellos también le escribían todo el tiempo, usando un halcón personal para enviar los mensajes: durante la mañana ella mandaba uno antes del colegio, y por la tarde recogía su nueva carta, por lo general la carta que respondía al mensaje de la mañana anterior.

Ya tenía muchas cosas que escribirle a sus padres, sobre todo acerca de la emoción que significaba tener más gente a su alrededor que en el castillo, entró en la casa que compartía con Naruto y dejó sus cosas a velocidad botando los zapatos, la mochila y el abrigo al suelo de la entrada. Pasó corriendo por el pasillo y comenzó a subir las escaleras, deteniéndose cuando "eso" le llamó la atención. Por el escalón tres, una imagen subliminar hizo que en el séptimo escalón se detuviera en seco, casi cayéndose por la sorpresa que este flashazo de imagen provocó en ella. Con una sonrisa de alegría volvió sus pasos hasta poder ver mejor lo que ocurría en la cocina. Allí, Naruto y Sakura estaban unidos labio a labio en un beso, recostados en el suelo él sobre ella, acariciándole las mejillas, mientras unos platos servidos en la mesa se enfriaban. Hambrienta y risueña por esa linda imagen, Aoi fue acercándose a la mesa, sentándose con cuidado en la mesa para ver lo que había servido, encontrándose con un platillo delicioso de arroz al vapor, verduras cocidas y cerdo asado al grill.

–Cerdo asado… –Aoi fue acercándose los palillos y dando una fuerte palmada dio gracias por la comida, lo que sacó de su mundo feliz a la pareja que apenas se habían dado cuenta de la presencia del infante–. Gracias por la comida.

–¡Aoi!

–¡AAAH! ¡No me asusten así! ¡Casi muero de un infarto cardiaco al corazón!

–¡¿Desde a qué hora estás allí?! –dijo Sakura acomodándose el peinado y alisándose la camisa.

–Tengo poco. Solo pasé y me senté a comer –Aoi aderezaba la carne con un poco de salsa de soya, y agregaba unos cebollines para deleitarse mejor, se deleitó con un bocado encontrándose con una sazón diferente que disfrutó con todo encanto–. ¡Esto es delicioso! Mis felicidades al que hizo esto.

–Gracias.

Unos segundos de silencio en el que la niña seguía degustando de la comida, y la feliz y apenada pareja no podía sino mirarse entre ellos frotándose la cabeza y el brazo para sacudirse un poco la pena. Aoi notaba esta pena, y comenzó a analizar la escena. La comida seguía caliente, y había dos platillos servidos con dos vasos de jugo de lichi.

–¡Esto era una comida romántica para dos! ¡Lo siento, maestro Naruto! ¡No quería interrumpir su cita-cena…! ¿Qué estaban haciendo?

–Recibiendo unas noticias esplendidas –dijo Naruto poniéndose de pie solo para arrodillarse a espaldas de Sakura y abrazarla tanto o más feliz por estar en ese momento vivo–. Sakura me ha dicho que a partir de hoy se viene a vivir con nosotros.

Aunque la primer reacción de Aoi fue sonreír, pronto se dio cuenta de lo que ocurría en esa casa. No era muy grande, si, tenía dos pisos y tres habitaciones, las mismas que debían compartir ahora cinco personas.

–¿También vivirá aquí?

–¿Pasa algo malo?

–Me hace feliz, pero… ¿dormirá también conmigo y la señorita Mamori?

Naruto cayó en cuenta apenas de lo reducida que era su casa para recibir personas. Aunque cuatro habían sido suficientes, cinco personas, sobre todo cuando Mamori y Aoi dormían en la misma habitación por ser ambas mujeres. Hoy, que Sakura se unía a ellos las cosas daban un giro muy extremo…

–No te preocupes, Naruto. Dormiré…

–En mi habitación…

–Estas comenzando a faltar a mi confianza.

–No, me refiero a que dormirás en mi habitación… y yo aquí abajo, en el sofá. Mientras se me ocurre algo.

–¿Cómo cuando yo llegué aquí, maestro?

–Debo organizar la habitación, antes de que entres. Tu… ustedes coman. Tengo cosas que hacer.

Sakura tomó a Naruto del brazo, impidiendo que saliera.

–No, señor, tú te sentarás con nosotras a comer.

.

En otro lugar, Mamori se enfrentaba a Tenten en un duelo de armas, con una limitante para la experta en esta disciplina que le impedía usar armas peligrosas, por lo que acordaron usar varas de dos metros de largo, con las que Mamori podía demostrar lo mucho que aprendió sobre el uso de armas en un combate. Aunque Tenten jamás fue tocada, Mamori podía soportar un mayor tiempo en combate que al comenzar su entrenamiento.

–Al parecer ya ha podido sobrepasar la hora y media –dijo Kakashi mirando el cronometro.

–Es seis veces más de cuando inició. Creo que puede pasar el examen genin en unos… seis meses, diría yo.

–Sin mencionar que tendrá un equipo menor que ella, lo que podría ser algo vergonzoso.

–Nunca debe apenarse por tener compañeros.

–No, pero hay varios lustros de diferencia.

Tenten marcó el final de la batalla deteniendo el cronometro en 1:42'37'', retrocediendo un poco tras del último impacto. Kakashi comenzó a avanzar hacia Mamori, que estaba tan cansada y aporreada que no podía levantarse por sí misma.

–Parece que ha sido suficiente –Kakashi tomó del brazo a Mamori, ayudándola a levantarse–. Vamos al hospital, podrán rejuvenecerte allí.

–No soy tan vieja, maestro.

–Al parecer te dieron un buen golpe, o tienes un humor que no me habías mostrado.

–Tengo ganas de volar.

–Me inclino por la primera. Tenten…

–Bueno, tal vez me pasé con ese último impacto. Pero te juro que no lo he hecho a propósito. Con la pasión del combate y su talento para enfrentarme, solo pude dejarme llevar.

-Ahora si hay que llevarla al hospital –mientras Mamori caminaba en zigzag, Kakashi logró colocarse por delante para poder cargarla de a caballo.

–¿Estarás bien solo? –preguntó Yamato.

–Sí, llegaremos en un rato. ¿Puedes avisarle a Naruto que la llevé al hospital?

–Por supuesto.

Kakashi emprendió el camino al hospital, encontrándose a pocos pasos con el anciano Souji Senju, conocido ahora solo como plumas de paloma para protegerlo de la persecución Senju (quizás si sabían que Tsunade no era la última Senju, algunos problemas se causarían en Konoha o incluso en el imperio. No es verdad esto, pero es mi historia y me agrada más como plumas de paloma).

–Mamori se sobre esforzó nuevamente, ¿Me equivoco?

–La señorita Mamori tuvo una buena pelea, pero aún le falta condición –El anciano observó a Yamato con cierta incredulidad–. No, no es que no tenga condición, es solo que no tiene suficiente, no es que no sea atlética ni sea sana, sino que para la estirpe hace falta mucha más condición, tal vez aún más de la que tiene ahora, que es un buen nivel…

–Basta…

–Y no quiero que piense que…

–Tranquilo…

–La verdad me siento bastante…

–Señor Yamato, conozco la estirpe, alguna vez fui parte de ella. Solo pregunté si se había excedido.

–Lo siento, señor. Le pido mis…

–Yamato, no permitiré que me trates como a un superior. Ni siquiera soy parte de su estirpe ya más. Solo soy un anciano, un carpintero que diseña y crea buenas piezas de madera.

–No debe culparlo –dijo Tenten acercándose y apoyándose con el bastón para descansar un poco (estaba agitada, no agotada)–. Al igual que con cualquier miembro de la familia de los Hokages, el pueblo y, sobre todo, los shinobis acostumbran tratarlos con mucho honor. Y como usted es el sobrino-nieto de nuestro primer hokage, el nieto del segundo y el primo segundo de la quinta, es común que lo traten como a uno de nuestros superiores.

–Lo sé, pero es muy molesto.

–Sobre todo cuando han pasado gran parte de su vida viviendo en la humildad –El comentario de Yamato causó una nueva mirada seria, que lo hizo hablar nuevamente a gran velocidad puras incoherencias similares.

–Mira, mejor atiende a mi pedido. Necesito que me hagas un favor.

–El que sea, solo pídalo.

–Verás, hemos vivido por algunas semanas en la casa de Naruto, y eso no es muy bueno para mi hija y para mí. Él ha sido muy amable de compartir su casa con nosotros, pero pienso que ha llegado el momento de recuperar nuestra propia independencia. Me han comentado que eres un constructor talentoso del estilo madera…

–¿Quiere que le construya una casa?

–Quizas te preguntes el motivo por el que te lo pido, siendo yo un conocedor del estilo madera. Bueno… jamás saqué provecho de mi estilo. Incluso mis muebles, esculturas y trabajos son completamente manuales. Además, estoy demasiado viejo para construirla yo solo. Sé que los clones de Naruto serían de mucha ayuda, y que Tsunade me daría mano de obra para la construcción, pero no quiero molestarlos.

–Comprendo.

–Quiero recuperar nuestra independencia lo más pronto que se pueda. Así que, si estás de acuerdo… podrías ayudarme.

–Con mucho placer.

–Y a cambio, si tú estás de acuerdo, podría darte algunos de los secretos de la familia Senju en el estilo madera. Te servirán más a ti que a mí.

–Con esa recompensa no puedo negarme señor. Tal vez sus técnicas le hagan bien a la aldea.

–Tal vez. Aunque no me engañas con eso, de verdad te llama el deseo de saber más sobre esas técnicas.

–Bueno, sí. Pero más es por la aldea. Bueno, veamos algún lugar donde podamos construir esa casa, mi señor…

–Souji, o plumas de paloma.

–Bueno, sí. Plumas de paloma.

.

Mamori agradeció la atención de Kakashi y las enfermeras y salió al exterior de la institución de salud. Aunque la pelea duró cierto tiempo, en Konoha era tarde, la brisa del bosque era fresca y arrastraba un fresco y refrescante a pino y cedro, impregnando a la dama de una calma casi celestial. No bien había salido del hospital, comenzó a recorrer los pasos necesarios para llegar a su destino de cada tarde: la prisión de la aldea. Cada tarde, ella iba a visitarlo. Pese a lo mucho que pudo haberlo odiado, aún sentía algo de cariño por él, y aunque no era posible que volvieran a ser una feliz pareja, ella lo visitaba como si de un amigo en prisión se tratara.

Cada día, la recepcionista la recibía con los brazos abiertos. Ella era su primer amistad en la aldea lejos de la estirpe a la que aspiraba. Con un abrazo y un favor, Mamori se adentraba en la prisión caminando libremente hasta la celda de Keisuke, quien seguía siendo drenado para evitar el nuevo control de alguien o algo. Solo que esta vez no estaba solo. Sentada frente a él estaba la hokage, al parecer leyendo sentencia al desertor del clan Yamanaka.

–Comprendo y acepto lo que disponga.

–Lamentablemente te descubrieron tiempo después de haber comenzado tus delitos, pero suficiente tiempo como para haber pedido un buen deseo.

–Si algún día me atrapaban, debía contar con el favor del emperador.

–¿Qué ocurre aquí?

–Mamori, charlaba con tu marido. Llegó una carta del emperador, donde está proclamado uno de los deseos del supuesto Hiroto. Dice que él había pedido un deseo acerca de la inmunidad por un delito. Según esto, el tal Hiroto firmó el pacto escribiendo su deseo –Tsunade le entregó a Mamori el pergamino del emperador–. ¿Puedes leer lo que dice?

Mamori tomó el pergamino y comenzó a darle lectura:

"En este momento, yo, el emperador Nobunaga Aoda, declaro que he de cumplir a cualquier plazo que sea necesario el deseo del combatiente Hiroto: Deseo que mi apoderado, Keisuke Yamanaka quede exento de culpa en un crimen, sea el que él elija."

–Comprendo.

–Hay varios cargos sobre él, pero lo más probable es que, con buena conducta y demasiado merito, pueda salir quizás en seis años.

–Para entonces el divorcio será inminente –dijo Keisuke, lo que no pareció importarle a ninguna de ellas.

–Bueno, al parecer ese deseo le sirvió de algo. Los dejo solos. Y Mamori, dile a Kakashi que necesito su reporte lo más pronto posible.

–Conociéndolo lo entregará tarde, como de costumbre.

Una vez estuvieron a solas, Mamori tomó asiento frente de Keisuke, mirándolo de frente y recordando sus recientes palabras.

–No creo que hayas dicho eso solo por que querías dejar claro que nos vamos a separar.

–Lamento mucho lo que hice injustamente. Pero durante mi infancia fui alimentado con tanto odio, con tanto rencor… que simplemente forma parte de mí. Aún ahora no puedo controlar mi ira hacia mi familia, los culpables del sufrimiento de mi madre. No tengo un destino y no poseo la capacidad de convivir con la gente.

–Aun así, no creo que dejes de ser vigilado. Alguien con tu capacidad de control podría ser peligroso, ya sea como aliado o enemigo.

–No, ya no más. Saliendo de aquí me perderé por completo. No deseo ver a nadie más. Si hubiera una forma de desaparecer por completo…

Mamori pensaba un poco, encontrando la forma de hacerlo desaparecer. No encontró una respuesta estando con él durante varias horas, pero seguiría buscando una solución.

.

En casa de Naruto, el joven rubio comenzaba a ordenar las habitaciones para ver cómo podía distribuir a sus invitados y su pareja, pero por más que lo intentaba, no encontraba ninguna otra solución fuera de dejar a Sakura en su cama y dormir… en algún otro lado. Para cuando el sol se ocultaba, ambos habían ordenado la habitación de Naruto, mientras Aoi estaba afuera practicando el lanzar kunais, Kunais sin filo con tinta en el extremo agudo que recargaba con un pomito de tinta respaldado cerca de la puerta (Que, no le daré un Kunai verdadero a una niña hasta que cumpla nueve. KAEDE: ¡Eso igual de malo!).

–Dime, Naruto, ¿Alguna vez pensaste que estaría viviendo en tu techo?

–Si quieres que te diga la verdad, era un sueño tan lejano como improbable. Incluso Kiba me apostó que jamás lograría conquistar tu corazón. Ahora mismo me debe mucho dinero.

–¿Apostaste por nuestra relación?

–No estaba seguro, pero si al final terminabas con Sasuke… o con alguna otra persona, no solo le daría todo lo que tengo, sino que además gastaría todo lo que me sobrara en el alcohol.

–Claro, el Naruto positivo embriagándose en una cantina de mala muerte en Konoha.

–No creo que fuera en Konoha. En fin, ya mucho ha pasado desde esa apuesta. Yo solo era un niño, y él una bestia. En ese entonces solo mi esperanza me obligaba a hablar, y mi cerebro estaba dormido –Naruto terminó de trapear el piso y comenzó a cargar con algunas bolsas de basura, miró la habitación limpia y no pudo evitar suspirar de orgullo–. No Veía esta habitación tan limpia desde que la construí. Y aún en ese día había aserrín de pulimento por todas partes.

–Sí, suena al viejo Naruto.

–¿Puedo hacerte una pregunta?

–Sí.

–¿Por qué últimamente has preguntado demasiado sobre el cómo me siento?

–Bueno, para serte sincera, he estado pensando mucho en lo que deseo. Desde que gastaste nuestro deseo en la torre de madera para cancelar el evento, he pensado mucho en lo que hubiera pedido, y solo una cosa quiero que el emperador podría darme: una casa en las orillas del país del fuego, con vista al mar, algunas hectáreas de pasto y arboleda, y algunas aves exóticas y hermosas que me hicieran compañía. Pero, eso solo era vanidad. Luego, recuerdo haberte preguntado en aquel balcón de la casa del señor Senju sobre lo que desearías. Y no pude evitar quedarme perpleja ante la sinceridad con la que me confesaste que me desearías a mí. Sin titubear ni dudar un segundo pese a lo mucho que hemos vivido y que sabías que podías causar que te golpeara. Pero esa seguridad me hizo pensar que todo lo que deseabas era a alguien que pudiera acompañarte desde ahora y para siempre. Y comparando tu deseo con los míos… me di cuenta que yo deseaba lo mismo, pero no estaba segura de sí era correcto. Siempre crecí con la idea de que no valía la pena aceptar a la persona que no tuvo a quien quería, y decidió tener al segundo en la lista. ¿Cómo podría siquiera mirarte a la cara cuando era yo quien causaba que el dolor de tu corazón se reavivara. No quiero ser poeta, ni nada por el estilo, pero deseaba darte la felicidad que tu perseguías para mí, acertándote tanto dolor como solo tu podías soportar. Odiaba ser yo a quien amaras, y sigo odiando ser quien te frenó por tanto tiempo –Sakura se sentó en la cama a punto de llorar, aunque no parecía estar triste. Más bien esas lagrimas hacían que sus ojos brillaran de felicidad–. El día que me dijiste que estabas harto de alegrarte por algo que jamás será realidad, que solo conseguías ser golpeado o te deprimías por mi causa, lo ví como un ataque, el último ataque de un chico que me amó y ahora se rendía ante su falta de esperanza de ser correspondido por la mujer que amaba. Por dentro me destrozó, no quise que terminara, que dejaras de pretenderme, porque eso, en parte, me hacía feliz. Pasó el día, y mi molestia crecía más que mi incapacidad por volverte a los días que me alababas y me pretendías. Había llegado el momento de pretenderte yo, aunque no estoy segura si quería hacerlo realmente, o si serviría de algo. Así fue que comencé a tratarte mejor, y busqué la oportunidad de atraerte con buenas acciones, tratándote diferente. Luego apareciste vestido de… Galán de película clase B. Te vi celoso y me enterneció, me acerqué a ti… y sin desearlo provoqué al galán que interpretabas –ahora el rostro de Sakura se tornaba un poco apenado–. Me recitaste las palabras que hicieron a mi corazón temblar, estremecer y estallar de emoción. Te tomé en mis manos, te pedí perdón y me confesé en ese instante, esperando que aún me amaras como lo hiciste durante tanto tiempo.

Naruto se sentó a su lado, tomándola de las manos y sintiéndose tan feliz Por escucharla confesarse.

–Sakura, jamás creí que llegaría el día en que tú y yo llegaríamos realmente a vivir juntos, aunque me lo imaginé miles de veces en mis sueños. Sin importar a quien hubieras elegido, yo hubiese llorado un tiempo y justo después de ello me alegraría mil y un días. Gracias, Sakura. Gracias por todo.

–No, Naruto. Gracias por ser el hombre de más esperanza que conozco.

La noche ya había llegado para cuando Naruto y Sakura se abrazaron en esa habitación. Afuera aún se escuchaba a la niña lanzando las herramientas de metal, y lamentándose frustrada por no haber acertado a su blanco.

–Aoi debe estar cansada. Iré a ver si se encuentra bien.

Cuando Naruto se retiraba, Sakura lo llamó una última vez, deteniéndolo en el cruce del marco de la puerta.

–Naruto… yo, quisiera ir mañana a presentarte formalmente a mis padres. ¿Crees poder acompañarme a cenar con ellos?

–¡En serio! –Naruto saltó de alegría cerrando los puños y moviéndolos con emoción–. ¡No sabes lo mucho que deseaba que me presentaras a tus padres como mi novia, Sakura! ¡Te juro que no te pondré en vergüenza!

Y cuando Naruto salió de la habitación vitoreando a voz alta, Sakura sonreía con nerviosismo negando la cabeza.

–Tonto, eso da dejó de importarme.

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-Bueno, nos veremos en el final.

-Tal vez no sea el final más épico, pero será uno... agrqadable.

-La verdad no sé ni lo que voy a escribir para el final. Comenten, diganme qué es lo que quisieran ver en el final y/o si les gustó el fic. Este capitulo es meramente de relleno, pero no por eso deja de ser parte de la historia.

-Hasta la próxima, no nos dejaremos de leer.