En el capitulo anterior se me olvidó agradecerle a Sha Shiori su comentario, bueno pues¡¡gracias!!.

Dejo el siguiente, a ver q os parece.


CAPÍTULO 25

Mientras tanto el grupo de Sanzo estaba dando buena cuenta de los demonios que habían salido de las puertas.

Sanzo y los demás intentaban que no los rodearan, así que se habían dispuesto en una especie de fila, para que los youkais no tuviesen oportunidad de colocarse a sus espaldas.

Cada uno luchaba con los demonios que tenía delante, pero claro, con las armas de Gojyo y Goku era un poco difícil y éstos derribaban a los de sus compañeros también, lo que provocaba en alguno, un cierto enfado.

-¡Oye! No te pases, que ese era mío.-le reprochó Hana a Gojyo.

-Lo siento chica, es ley de vida, los que la tenemos más grande nos llevamos a más.-una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro.

Hana arqueó una ceja y mirándolo de arriba abajo le contestó:

-Lo que importa no es el tamaño, sino la manera en que la uses.

-Bueno ¡Ya está bien!-Sanzo se había girado hacia ellos.-¿Se puede saber de qué coño estáis hablando?

Hana y Gojyo se miraron y volviéndose hacia Sanzo con cara de no haber roto un plato en su vida, contestaron:

-Pues de armas.

Y dicho esto, Hana hizo girar sus tonfas por encima de su cabeza y poniéndose en posición de ataque, se lanzó contra un grupo de demonios que avanzaban hacia ella.

Gojyo se quedó con la boca abierta; la muchacha se movía a una velocidad impresionante, al primero de los demonios le había abierto un buen tajo con la tonfa izquierda, sin darle tiempo a reaccionar le había dado una patada en la cara y lo había lanzado contra otros tres demonios. Seguidamente, y aprovechando que estaba levemente agachada, le asestó un golpe con su arma de abajo arriba a otro demonio matándolo al instante. Los demás corrieron suertes parecidas.

Cuando hubo matado a todo ese grupo se giró sonriendo a Gojyo quien seguía mirándola perplejo.

Hana se miró, extrañada del comportamiento del otro, y aparte de verse llena de sangre, no veía nada raro, excepto…

-¡Mierda!

En su vestido se había abierto una raja en el lado derecho que le llegaba hasta la cadera.

Volvió la vista al pelirrojo y lo único que se le ocurrió decir a éste fue:

-…Se te han visto las bragas.

BANG

-¡Sanzo¡Cuidado!, además es verdad.-se excusó Gojyo.

-Me da igual. Poneos a matar tontos de estos que se nos acumulan.

-Sí, Sanzo-sama.

Goku disfrutaba de lo lindo, dejaba que se le acumularan unos pocos y luego se lanzaba, ayudándose de su Nyoi-bou, contra ellos, derribándolos a todos de una.

-Jejeje, mira que son tontos. Ya se lo he hecho como un millón de veces y todavía caen, jeje.

Hakkai, que estaba a su lado, lo miró y no pudo hacer otra cosa sino sonreír. "Este Goku nunca cambiará".

-Hakkai ¡Cuidado!-el grito de Goku lo sacó de sus pensamientos.

Hakkai se giró mientras de sus manos salía una esfera blanca.

El demonio cayó muerto encima de Hakkai.

-Pf, gracias Goku.

-De nada, pero ¿quién se pone a pensar y a despistarse mientras tenemos a todos estos atacándonos?-mientras hablaba iba golpeando a los demonios que se le acercaban, como si fuera ya algo innato en él, no le hacía falta ni mirarlos.

-Tienes razón.

-Pues claro que tengo razón. Pero…¿Hakkai?

-¿Si?

-También tengo hambre.-en ese momento las tripas de Goku hicieron su aparición- GGRR

-Jajajaja. En cuanto acabemos con esto nos daremos un buen banquete.

-¡Vivaaa! Pues entonces hay que darse prisa.

Como si lo hubiesen puesto a cámara rápida, Goku redobló sus patadas, puñetazos e incluso mordiscos.

Hakkai abrió los ojos como platos "Desde luego nunca cambiará".

En la otra esquina mientras se peleaba también se hablaba sobre velocidad.

-Esto es un muermo. Así vamos a tardar años.-decía Hana mirando al fondo de la sala y viendo los que todavía quedaban.

-Ea, y ¿qué quieres que haga yo?-le contestó Gojyo apretando la cadena alrededor del cuello de un demonio.- ¡Muere, pesao!

-Hm, yo te diré lo que vas a hacer.-le dijo Hana. Gojyo la miró y la decisión y locura que vio en sus ojos lo asustó.

-¿Q…qué piensas hacer?

-Tú sólo tienes que…-y acercándose a su oído le contó su plan.

-¿Segura?

-Por supuesto.

Hana se alejó de Gojyo lo máximo que pudo, hasta casi llegar a las puertas gigantes por las que habían entrado. Sanzo, que no perdía ripio de la conversación de los otros dos, la miró y Hana dándose cuenta de esto le guiñó un ojo.

De pronto bajó la mirada al suelo, su rostro se puso serio, y salió corriendo en dirección al pelirrojo. Éste ya estaba preparado, había entrelazado sus manos y las había colocado en su rodilla. Cuando Hana casi había llegado a su altura lo miró, dando un salto se apoyó en sus manos, y Gojyo la impulsó con toda su fuerza.

La cara de Sanzo era un poema.

-¿Pero…qué?-Todos se habían vuelto hacia ella. Parecía que habían ralentizado el momento. Veían a Hana atravesar la sala, directa al centro de ésta, donde se concentraban la mayoría de los demonios. Mientras volaba por la sala, Hana había realizado un giro para quedar de cara a sus amigos. Cuando puso los pies en el suelo el tiempo volvió a la normalidad. Hana había aterrizado en medio de todos los demonios, doblando sus piernas y apoyando las manos en el suelo. Una media sonrisa adornó su rostro.

-Es hora de divertirnos.

Agarró las tonfas con fuerza y girando sobre sí misma acabó con todos los demonios que estaban a su alrededor.

Habían sido tomados por sorpresa y eso jugaba en su contra, uno a uno iban cayendo ante la furia de la muchacha.

Atacaba a todo el círculo, un demonio recibía una patada y el golpe siguiente iba para el demonio de su izquierda.

Le había roto el cuello a uno cuando al pasar al de su izquierda y darle una patada, ésta no lo derribó. Hana se quedó sorprendida, a la velocidad a la que iba ni siquiera le daba tiempo de mirar al demonio que atacaba, por lo que levantó su rostro y a la altura de sus ojos sólo pudo ver su camisa.

De pronto un puñetazo la lanzó contra una columna dejándola aturdida. Los demonios se habían apartado para dejar paso al que la había atacado.

Con la visión un poco borrosa por el golpe, Hana, apoyándose en la columna que tenía a su espalda, se levantó.

No pudo reaccionar a tiempo, antes de que pudiera hacer nada, una mano la había cogido del cuello y la había levantado hasta quedar a la altura de su cara.

Agarró esa mano, intentando aflojar la presión que estaba ejerciendo sobre su cuello. Pero todos sus esfuerzos eran en vano. Sus pies ni siquiera tocaban el suelo, pataleaba inútilmente en el aire, intentando aunque fuera darle una patada a su agresor. Al fin pudo verle la cara, era un demonio de más de dos metros de alto, muy robusto, pelo y ojos grises, y en la cara una sonrisa de satisfacción por tener entre su mano el frágil cuello de la muchacha.

La presión iba en aumento, y sus fuerzas decaían, no podía deshacer ese agarre de ninguna manera. Notaba que la visión se le nublaba, pataleó aún más fuerte pero su agresor ni siquiera se inmutaba. Sus piernas poco a poco perdían ese movimiento, hasta que se quedaron inmóviles y uno de sus zapatos cayó al suelo. Seguía intentando apartar esa mano de su cuello, pero cada vez la fuerza con la que se resistía era menor, rezaba para que el aire entrara a sus pulmones pero eso nunca pasó. Cerró los ojos y se resignó. Sus manos soltaron las armas, que cayeron al suelo de mármol con un gran estruendo y sus brazos colgaron lánguidos a ambos lados de su cuerpo. Lo último que alcanzó a oír fue el sonido de un disparo.