Siglos sin subir, no tengo palabras para disculparme...Pero bueno, e intentado como compensación redactar este capitulo de manera mas completa. Lamento los lectores que han decaído por la espera...y a los que siguen, miles de gracias por la espera, por estar ahí.
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Pasó su mano derecha por la fría piedra, llevándose consigo la escarcha de la mañana; sintiendo el frio punzante en la yema de los dedos. Después, dejó descansar sus dos manos en ese muro de roca maciza, viendo el vaho que surgía de su aliento caliente, perdiéndose suavemente fuera de la montaña, que permanecía en un absoluto silencio, solo roto por las pisadas de los centinelas y los panaderos más madrugadores.
No podía dormir. Hacía ya mucho tiempo que el sueño no le alcanzaba como el querría. Simplemente sus ojos agotados se cerraban y la neblina llegaba a su mente casi de manera inconsciente. Y al poco, siempre, despertaba entre gritos que salían de su propia boca, sudor frio y temblor incontrolable.
La primera vez que esto le sucedió, tuvieron que llevarlo a enfermería a escondidas de su reino recién reconstruido y con cientos y cientos de enanos exaltados y felices por haber vuelto a ese glorioso reino. Festejando mientras su rey tenía que ser llevando en volandas por sus sobrinos y su amigo de más confianza, Dwalin.
Pero el diagnostico era fácil. No era nada. Nada físico realmente.
Lo único que le ocurría es que sus pesadillas no cesaban ni un instante después de cerrar los ojos.
Lo torturaban desde que se durmió por primera vez semanas después de la batalla contra Azog.
Desde la primera vez que se vio obligado a dormir por su propia salud, despertaba exactamente igual.
No es de decir que ya al pasar el primer año allí, pudo controlar los gritos de pavor y los temblores tanto como podía.
Pero nada le devolvía el sueño y la tranquilidad del silencio en soledad. Y no es que él fuese especialmente sociable, pero se vio evocado a ello. Con presencia a su alrededor, sus pensamientos oscuros desaparecían.
Pero, a veces, y solo a veces, le gustaba pasear recién entrada la mañana, y respirar en silencio.
En ese muro.
Y siempre con el mismo proceso, apretaba sus manos con fuerza contra el muro, como queriendo arrancarlo, mientras intentaba recordar.
Recordar cada detalle, cada pequeño y específico recuerdo que aun poseía.
Dolía, sobre todo allí. En el sitio donde fue el ser más miserable de la Tierra Media; pero en el sitio donde más cerca podía recordar esa cara.
Y después de un intento frustrado, triste, pero tranquilo, volvía por el mismo camino, volviendo a ser el rey impermeable. El rey de Erebor. Donde todos esperaban que él les guiara, les cuidara.
Aun sin saber que su rey quería, pero no podía sentir.
Bastos pasillos llenos de risas, de cantos, de fuegos de forjas encendidas, de ribetes, de joyas, de pan, carne, pescado, libros, espadas, rizos, mejillas sonrojadas, abrazos, cunas, lloros de los más pequeños…todo aquello le llegaba a sus oídos con entusiasmo, tampoco podía negar eso.
Fue todo lo que soñó durante décadas, todo aquello por lo que comenzó la misión, estaba allí mismo, rodeándolo. Su hogar.
Pero aun así, él sabía, sus más allegados sabían, que no era todo.
Pero no todo en la vida se podía tener.
Después de papeleos, de acuerdos con Dale y otros diversos lugares; después de revisar todos y cada uno de los objetivos de reconstrucción, de entrenamiento y educación de su montaña, después de cada cena con su corte de amigos y familia más cercanos, después de saludos y despedidas de cortesía; sin saber bien por qué, bajaba a aquella sala.
Su sala.
La sala prohibida para todo ser viviente de la montaña.
Una sala de piedra fría, recubierta por unas cortinas que iban del alto techo hasta el suelo. Sin nadie que pudiese entrar que no fuese el rey.
Allí, descorría las cortinas, cogía aire antes de abrir sus ojos e intentaba no dejarse llevar por sus sentimientos.
Al abrirlos, por muchísimas veces que repitiese esa acción diariamente siempre que estaba en la montaña, un pequeño temblor en sus piernas surgía, y apretaba con fuerza la mandíbula.
Esas palabras. Intactas. Escritas de mala manera, con un cuchillo. Escritas con nerviosismo y desesperación. Un mensaje que se quiso transmitir con ansia, con anhelo de ser leídas.
Un mensaje para él.
Su último mensaje. Su último signo de que existió. Su última voluntad.
Y como casi siempre que iba, no podía evitar que su garganta ardiese, y que un dolor frio y terrible se instalase en su pecho, con esa interminable sensación de que algo podría suceder si permanecía mirando esos trazados.
Como si de allí pudiese salir una voz que le susurrase. Como si allí mismo, pudiesen surgir unos brazos que lo arropasen. Una sonrisa calmada. Unos ojos verdes y brillantes que le mirasen con ternura.
Pero la piedra nunca le contestó. La piedra nunca reaccionó.
Allí solo seguía él.
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"¡Estoy cansado de esto!"
Thorin paró de cabalgar, sin demasiado asombro, pues no sabía bien que había ocurrido, pero poco le importaba.
Estaban con él, sus sobrinos, su hermana, Dwalin, Balin y algunos otros más.
Kili, se había bajado de su poni real, mientras tiraba su arco y espada contra el suelo nevado. Los demás lo miraban estupefactos, como si el silencio que siempre acompaña a Thorin fuese roto después de años.
"¿¡Para que todo esto!? ¡Decidme! ¿¡Para que esta farsa tan absurda!?" respiraba con fuerza, rojo por el enfado, como si hubiese tenido que aguantar el habla por años. Miro a su tío, ya que nadie contestaba. "¿¡A qué viene este ridículo de fiestas y banquetes!? ¿¡Tiene algún sentido todo eso!? ¡Contesta!"
Su madre no intervino, tampoco su hermano que permaneció con la cabeza agachada. Pero aun así los demás intentaron acallarlo. No era quien para gritar al rey. Por muy familiar suyo que fuese.
Thorin, como si no se hubiesen dirigido a él en siglos, no sabía que contestar. Pero no iba a ser de buen tono. Con su pueblo podía fingir, pero bien sabían sus más cercanos, que el Thorin amable brillaba por su ausencia.
"¿Cómo dices?" dijo en un susurro firme.
"¡Digo, mi rey, que estoy cansado de esta felicidad falsa!" le increpó, sin miedo.
Silencio.
"¿Cómo?" hizo como si no le entendiese, para acongoje de todos. De todos menos de su sobrino.
Este, rió con asco.
"Digo" tomó aire, antes de que Dwalin tuviese tiempo para bajar de su montura y detenerlo. "Que es un despropósito, una vil mentira y una sucia crueldad celebrar estos festejos tan grandes en busca de una felicidad… ¡QUE NI SU MALDITO REY SE CREE POR QUE SE PASA TODO EL TIEMPO DE SU REINADO AUSENTE Y DEJANDOSE ARRASTRAR POR LAS ESQUINAS EN LA OSCURIDAD BUSCANDO A UN FANTASMA! ¡A UN MALDITO FANTASMA QUE YA NO EXISTE!
Kili cayó en la nieve, con un reguero de sangre que caía por su nariz, pues el puñetazo del rey impactó de lleno en su cara, con todas sus fuerzas posibles.
E iba a seguir, de no ser por qué un fuerte Dwalin agarró al enano por la espalda, mientras Dis tapaba a su hijo, junto a Fili que se colocaba de pie entre ambos, mirando a su tío fieramente, con una amenaza clara:
Si pegaba de nuevo a su hermano, intervendría en la pelea. Y le daba igual la lealtad al rey.
Thorin no dijo nada, ni tembló su pulso, solo frunció el ceño, mirando a su sobrino mayor.
Todos estaban alborotados, pero sin intervenir. Era mejor no hacerlo.
Kili gritó y gritó.
"¡Suélteme madre! ¡Fuera! ¡Fuera!" apartó a su hermano, que intentó sujetarlo, pero no pudo, y se colocó cara a cara con su tío, tan cerca, que sus respiraciones golpeaban la cara del otro. "¡No necesito que me protejan de ti! ¡Yo no necesito que me protejan de ti, tío! ¡Si quieres golpearme de nuevo, ADELANTE!" Thorin intentó moverse, pero Dwalin lo tenía bien sujeto, así que gruñó como amenaza.
Kili tenía los ojos llorosos. No recordaba la última vez que vio a su sobrino con los ojos llenos de lágrimas. Bueno si, pero de eso hacía ya unos años….cuando…
"Tú no eres el único…maldito egoísta…" susurraba con la voz rota, agarrado por su hermano, pero este ya sin hacer esfuerzo. "No eres el único que ha sufrido…no eres el único que sufre por el pasado…"
Thorin dejó de forcejear, atontado por las palabras.
"Siempre damos este maldito rodeo a la colina…y lo entiendo…Lo entiendo más de lo que tú te crees o quieres admitir. Lo que no entiendo es que mi madre volvió hace unos meses después de tantos años... ¡Y TAN SIQUIERA HAS NOTADO LA PRESENCIA DE TU PROPIA HERMANA! ¡TAN SIQUIERA ERES CAPAZ DE VERNOS A NOSOTROS! ¡DE VER A LOS QUE SEGUIMOS AQUÍ CONTIGO! ¡TE PASEAS SIN SABER QUE TUS SERES QUERIDOS SEGUIMOS A TU LADO EN TODO MOMENTO, INTENTANDO SEGUIR VIVIENDO! ¡¿CUANDO DEJAMOS DE ESTAR AQUÍ PARA TI?! ¡¿CUANDO!?"
Se soltó de su hermano, y sin recoger sus armas, se alejó de allí a pie, gritando y mirando a su tío, que lo miraba desaparecer colina abajo, hacia la montaña.
"¡NOSOTROS SEGUIMOS VIVOS! ¡NOSOTROS SEGUIMOS AQUÍ!¡ NOSOTROS NO HEMOS MUERTO, TIO! ¡TODOS PERDIMOS A ALGUIEN ESOS DIAS!"
Y en silencio, vio a Fili seguir a su hermano sin dedicarle si quiera una mirada, respiraba con fuerza, con dificultad.
Y levantando por fin la mirada, desde hacía tanto tiempo que ya ni se acordaba, miró a su hermana.
Que lloraba en silencio. Mirándolo con desesperación por llegar hasta él.
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Inmerso en sus pensamientos; que ahora si daban vueltas, miró de nuevo a su sobrino más joven. Este, comía animadamente mientras hablaba con Dain sobre no sabía que cosa, pero que parecía realmente divertida.
Habían pasado varios días después de la pelea. Unos días en los que el rey no salió de sus aposentos.
Lo miró y lo miró, notando el cambio de su sobrino en esos tres años. Su barba había crecido, débilmente, pero lo había hecho. Y sus ojos…aun llenos de jovialidad, parecían más maduros, y un poco cansados. Unos ojos con un poco más de sabiduría.
Los contempló tanto, que no era de extrañar que él se diese cuenta de que lo hacía.
Se miraron a los ojos en silencio durante unos instantes. Y aunque el rey intentó endurecer el gesto, la ternura de ver de nuevo a su sobrino no pudo evitar que él lo notase. Y este sonrió, emocionado. Y sin poder evitarlo, después de años comiendo al lado de sus dos sobrinos sin tocarse y mirarse; cogió por los hombros a sus pequeños enanos, a los que crió y enseñó a andar, a los que protegió cuando su padre murió en batalla, a los que enseñó a luchar y regañó a cada momento por cada lio que montaban a donde iban, esos seres tan pequeños que se dormían en su regazo cuando les cantaba para que se durmieran; y los atrajo hacia él y los abrazó con fuerza, con amor. Como si llevasen una eternidad sin verse.
Sus pequeños enanos traviesos.
Parecía que nadie se daba cuenta de este gesto. Pero si lo hacian. Dis se dio cuenta, y alcanzó la mano de su hermano y la apretó. Y otros enanos de la mesa sonrieron, incluido el serio Dwalin.
Y aunque ese íntimo toque paso casi desapercibido, fue algo.
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Su familia estaba allí. Con él. Más que nunca. Porque por primera vez se dejó llevar por el amor de ellos para poder afrontar el dolor, para poder olvidar.
Seguía con sus andares nocturnos. Seguía visitando esa habitación diariamente sin falta, y sus silencios eran igual de melancólicos y lejanos. Pero se dejaba llevar. Se dejaba tocar las manos por sus sobrinos, abrazar a solas por su hermana. Le incomodaba, pero los entendía.
No podía enterrarlos a ellos también. Él no podía salir tan fácil de esa oscuridad. Pero no iba a arrastrar a los que lo querían con él.
Disfrutaba, no de ir a celebraciones y festejos realmente. Por no decir para nada. Pero ver a su familia feliz… hacia todo eso mas soportable al mirarlos reír y bailar.
Aunque a veces era insoportable.
En esos días se le hacía insoportable.
Se sentía rodeado. Sentía su paz vejada. Todos intentaban rodearlo. O más bien todas.
No supo de dónde demonios sacaron que deseaba casarse, pero ahí estaban. Mirándolo, siguiéndolo, intentando comer a su lado, seguirlo a su balcón privado, a sus mañanas solitarias, a su habitación de cortinas largas.
Y eso lo hacía enojar hasta puntos insospechados para él. No deseaba saber de otro tema que no fuese lo referente a sus seres queridos y a que su reino estuviese en perfectas condiciones.
Ni tenía intención de relacionarse, ni de que intentasen que se relacionasen con él. Pero a veces no podía huir fácilmente. En los festejos, donde comía en la misma mesa que otros nobles enanos, no podía simplemente mandar al diablo todo y apartarse. Hacía de tripas corazón y se quedaba allí plantado, casi sin dirigir palabra.
Y para su alegría, sus sobrinos siempre insistían comer a sus lados, quitando la posibilidad de que nadie lo atosigase y tuviese que cabrearse y ser poco cortes.
Los nobles enanos era su baza más fuerte para mantener su reino a salvo de peligros, un ejército fuerte y unido.
Y cuando, una noche cualquiera de esas absurdas en las que tenía que fingir que era otro, bebiendo de una fresca cerveza mientras escuchaba las andanzas de Kili por Dale, escuchó un terrible estruendo en su gran sala de celebraciones, y el instinto de cabreo asomó sin que él pudiese seguir fingiendo.
Un estruendo terrible e inusual en ese reino. Unos gritos atronadores que sobrepasaron las risas de Bofur que estaba ya a esas alturas tambaleándose por la cerveza.
A sus oídos llegaron las palabras de manera clara.
"¿¡COMO TE ATREVES A HABLARME ASI!? ¿SABES ACASO QUIEN SOY YO?!"
Fili se levantó de su silla lentamente, mirando el espectáculo, y así uno a uno, mientras Thorin apretaba los puños con fuerza, mientras sentía el cabreo aumentando.
"¿¡TU!? ¡UNA DESVERGONZADA QUE HA VENIDO A ESTA MESA SOLO PARA INSULTAR A MI FAMILIA! ¡Y SI CREES QUE ME VOY A QUEDAR SENTADA ESTAS EQUIVOCADA! ¡SI TE VUELVO A ESCUCHAR DECIR ALGO CONTRA MI HERMANA TE ARRASTRARE DE LOS PELOS HASTA SACARTE DE LA MONTAÑA!"
"Mierda…" susurró antes, justo un instante antes de explotar.
Golpeó la mesa con todas sus fuerzas, haciendo que algunos platos y copas volasen. Se dirigió hacia donde se originaba esa absurda pelea entre enanas y gritó.
"¡BASTA!" su voz resonó por toda esa enorme sala. La música se detuvo. Las risas se acallaron de golpe, el silencio abrupto fue total, y todas las miradas iban hacia él.
Una de las enanas nobles que siempre estaban en su mesa, estaba empapada de arriba debajo de vino, y totalmente fuer a de sí, pero en silencio, mirándolo.
"¿Que está ocurriendo?" dijo sin calma ninguna.
La empapada de vino, señaló a otra enana de una de las mesas de los comerciantes de su reino. Invitados por cortesía de Dis, que siempre invitaba a todo ser viviente de la montaña a las celebraciones.
La otra enana noble que acompañaba a la enana manchada fue la que habló con rapidez, inclinándose y señalando con energía.
"Mi señor, pasábamos por aquí, y esta enana, que ha sido humildemente invitada aquí, nos ha atacado, echándonos su copa de vino encima, manchándonos, y amenazándonos. Y-"
"¡ESO ES MENTIRA!" gritó la enana a la que señalaban, y Thorin miró ahora a la alborotadora. "¡ESO ES MENTIRA! ¡HAN VENIDO Y HAN INSULTADO A MI HERMANA! ¡A MI FAMILIA!"
La enana de familia de comerciantes parecía fuera de sí. Ella, y otros enanos que intentaban agarrarla, pues tenía puesto un pie en la banqueta, como si estuviese dispuesta a saltar y patearles la cara a las nobles enanas.
"¡ESO ES MENTIRA!" la nobleza volvía a la carga. "¡ESTA CLARO QUE LA GENTE COMO TU SOIS UNOS MENTIROSOS!"
Y parecía que eso solo enfadaba más a la enana corriente.
"¿¡QUE HAS DICHO!? ¡REPITELO SI TE ATREVES!" dijo, y el enano que la agarraba tuvo que hacer muchos más esfuerzos para que no se le escapara.
Thorin no podía consentir tal gesto a la nobleza.
"¡HE DICHO QUE BASTA!" volvió a gritar el enano, levantándose de su silla. "¡NO VOY A TOLERAR PELEAS EN MIS CELEBRACIONES! ¡ASI QUE DISCULPESE!" la miró a ella, dándole una orden muy clara
"Lo lamentamos mucho, oh mi rey, estamos avergonzados por haberlo importunado" una enana más mayor y temblorosa, se inclinó exageradamente. "Lo lamentamos de verdad. Y a estas jóvenes también les pedimos nuestras más sinceras disculpas."
Pero Thorin no estaba contento con aquello.
"Supongo que es la que ha importunado la que tiene que disculparse a ellas y a mi" volvió a hablar, ignorando a su hermana que le estaba dando golpecitos en el pie "¿Que dice usted?"
Miro a la joven campesina, seguramente pescadera, que parecía estupefacta por aquellas palabras.
"No..."
"¿Como dice usted?" le pregunto este, sorprendido y enfadado.
"¡He dicho que no voy a disculparme, mi rey" no se inclinó para dirigirse a él, ni agachó la cabeza, como era protocolario. "¡Estas enanas han venido a nuestra mesa para insultarnos, para insultar a mi hermana! ¡Para dejar claro que la gente humilde como nosotros no deberíamos estar aquí! ¡Que deberíamos besar el suelo por donde ellas pasen! ¡Si tengo que disculparme por defender el honor de mi familia, si tengo que disculparme por renegar mi vida a la servidumbre por no ser de sangre noble...! ¡Entonces, aunque sea usted el que me lo ordene, no me disculparé! ¡NO VOY A DISCULPARME! ¡Y SI EN EREBOR TIENES QUE DISCULPARTE POR NO SER NOBLE, POR SOPORTAR SER INSULTADO Y OBLIGADO A DISCULPARSE, YO NO DESEO PERMANECER AQUI"
Todos cuchichearon, con caras de desconcierto, sin poder creerse la desfachatez de esa enana vulgar. Todos y cada uno de los presentes la miraban, incluido él.
Furioso. Pero desconcertado.
La susodicha pegó un tirón y se soltó de la mano de un enano y enana que la agarraban, pasó por en medio de la sala silenciosa y salió de allí a toda prisa, con pasos firmes y cabeza muy alta.
Y la sala se quedó en silencio absoluto. Todos mirando al rey.
Todos a la espera, pero este no sabía que decir.
"¡Músicos!" oyó Thorin a su hermana ordenar con alegría. "¡Que esto no detenga la fiesta! ¡El rey se hará cargo después, mientras tanto sigamos disfrutando!" y la música siguió.
No tuvo claro que pasó en el resto de la cena, pues todo eran reproches de los nobles hacia su persona, insistiendo que echase a esa desvergonzada enana de la montaña.
Pero el rey no escuchaba a nadie. Ni a las nobles que le gritaban con lloros al oído ni a sus padres.
Seguía muy enfadado y sorprendido.
Y así se mantuvo hasta que pudo refugiarse en su habitación, por fin solo.
Se desvistió y anduvo con lentitud por toda la habitación, delante de la chimenea, bebiendo vino y rascándose la barba con suavidad. Aun pensando.
Sin saber bien en que estaba pensando.
Miró el vino en su copa durante largo tiempo. Pensando el castigo para la enana por ese espectáculo.
Lo agitó y una gota saltó a su camisa blanca de noche.
Miró la mancha. La frotó con el dedo, y no se iba. El vino era difícil de hacer desaparecer en la ropa.
Y pensó en la noble.
Y ni siquiera él podía creerse lo que sucedió un instante después, en la privacidad de su habitación en penumbra.
Se rio. Se rió con fuerza, a mandíbula abierta.
Esa maldita enana sabía perfectamente que era lo que más podía dolerle a una insulsa noble.
Y pensó en ella.
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Se apretó con fuerza la barriga, intentando mantener calor en esa zona. Después, de manera automática, se sintió asqueada. Asqueada y confusa.
Embarazada.
Asqueada y confusa era poco. Pero aun así, mantuvo ese calor con todas sus fuerzas, evitando cualquier daño posible.
Cuando dejó de galopar a toda velocidad, durante toda la noche, a través del lago congelado, Dale y la pequeña tundra antes del Bosque Negro; bajó y golpeó al caballo en los cuartos traseros para que huyese de allí, lejos del bosque.
También anduvo durante horas y horas, sin saber bien a donde ir. Gritando únicamente un nombre. Con la esperanza de que fuese real aquella pequeña esperanza.
No sabía bien por qué allí, por qué lo sabía, por que tenía esa certeza. Pero así era. Casi que sus pies avanzaban antes de que pudiese pensarlo, como si recordasen, como si la llamasen.
Y llegó a un pequeño claro, lejos según sus cálculos de los territorios de Thranduil. Ese, era el antiguo territorio de aquellas arañas gigantes que ya no habitaban allí. Casi nada habitaba allí ya.
Pero si seguía alguien.
Oyó un ruido casi imperceptible a su espalda. El ruido de un arco al tensarse.
Pero ella no era la de antes. Ni la de ahora. No lo iba a pensar.
Giró en sí misma y de sus manos surgieron un chorro de fuego preciso, que derribó a su atacante sigiloso, tirando el arma que la apuntaba a ella, y tirándolo al suelo.
Y antes de que el sujeto se pudiese incorporar de nuevo, ella recogió el arco y apuntó al ser encapuchado que se incorporaba del suelo.
"¡No te muevas! ¡No te muevas o te mato!" le gritó "¡Estoy embarazada, pero eso no me impedirá que te mate si te levantas e intentas hacerme daño a mi o a esta cosa que llevo dentro!"
La figura paró de retorcerse en seco. Se quedó estática.
Y lentamente se quitó la capucha.
Y unos ojos ambarinos, muy abiertos y sorprendidos contemplaron a la bruja, que respiraba fuerte y aun apuntando. Un pelo rojo cayó al suelo. Rojo fuego.
Tal y como la recordaba.
"Scatha" una voz suave, melosa, de un ángel.
Scatha sonrió de medio lado, con sorna.
"Tengo algunas preguntas que hacerte, ex capitana, Tauriel. Preguntas muy importantes."
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"¡Mi amor! ¡Mi amor!" gritó, tirando con fuerzas del brazo de su esposo, mientras este, sin escucharla, se subía a uno de los ponis más rápidos del reino. "¡No podéis iros ahora! ¡No entiendo que está pasando! ¿¡Por qué iba a querer la pequeña Scatha hacerte eso?!
Él no escuchaba, pero aunque se soltó de su brazo, ella no dejó de gritar.
"¡¿QUE ES LO QUE NO QUERÉIS DECIRME?! ¿¡QUE ES ESO QUE ME OCULTAS THORIN!?" gritó aún más, con todas sus fuerzas, debajo de la lluvia.
Thorin la miró fijamente. Y pareció desaparecer el resto de enanos montados a ponis, al príncipe elfo arrestado junto con sus pequeños amigos. A Gimli sin estar esposado pero si rodeado de soldados. De toda aquella locura.
Y por fin supo formular la pregunta correcta.
"¿¡QUIEN ES SCATHA!?"
El rey solo parecía mover los labios, sin emitir sonido, pero ella entendió lo que le decía.
"Es algo más antiguo que tú y que yo. Más antiguo que casi ya mi memoria. Pero el pasado ha vuelto, mi reina. Y mi pasado necesita ser por fin eliminado"
Legolas se revolvió, pero no pudo zafarse de tantos soldados. Pero aun así lo intentaba con todas sus fuerzas.
Y la reina seguía allí, viendo como su esposo se alejaba bajo la lluvia.
"¿¡QUIEN ES ESA BRUJA!?"
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"¡SAL! ¡SAL MALDITA COBARDE! ¡BRUJA ASQUEROSA!" gritó fuera de sí.
Sus otros enanos de confianza habían seguido las huellas del caballo en la nieve, pero él sabía los trucos de la bruja.
Y siguió unas huellas mal borradas en la nieve por el borde del bosque negro, entre claros llenos de nieve virgen.
Continuó gritando a toda voz, esperando a que saliese, o que algo la delatase y la encontrase.
"¡SAL QUE TE VEA, Y QUE TE ARRANQUE CON MIS PROPIAS MANOS ESA ASQUEROSIDAD A LA QUE LLAMAS CORAZÓN! ¡ESTO ES ENTRE TU Y YO!"
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"Bueno, todavía no se me nota demasiado" se giró para mirarse el vientre a la luz de un fuego tenue y cálido. Se había cambiado las ropas mojadas y rasgadas por una túnica y pantalones blancos y reconfortantes que le había entregado la elfa. Esta, por su parte, movía con lentitud una rica comida que llenaba la caseta de madera de un olor maravilloso.
Volvió a acariciarse la barriga con suavidad antes de bajar la túnica y volver a la realidad. Pero le era imposible, por instinto sus manos se colocaban en el vientre a cada rato, como protegiéndolo de cualquier cosa.
"Entonces…" se dirigió a Tauriel "¿Ahora vives fuera del reino?"
La elfa asintió, sombría, con un deje melancólico.
"No tenía otra opción, ya te lo dije fuera, las dos hemos traspasado fronteras prohibidas. Y por eso estamos así" dijo con voz grave. Scatha se rio con acritud.
"Bueno, no es por suponer demasiado, Tauriel, pero solo una de las dos murió y ha vuelto a un mundo nuevo, en el que, por cierto, está embarazada." Se sentó en una silla baja, junto a la elfa "Así que creo que de alguna manera, gano yo" levantó un brazo con una efusividad irónica.
Después se quedaron en un silencio absoluto por unos instantes, asumiendo la realidad, bajo el crepitar del fuego.
"Así que la Scatha a la que le he robado la memoria y la existencia…ha sido… ¿Feliz?" susurró.
"Exacto" afirmó su compañera. "Mucho, me atrevería a decir."
La bruja suspiró con calma.
"Me alegro. Quiero decir, de alguna manera horrible y pendenciera, la odio y envidio, pero…me alegro." Volvió a tocarse el vientre. "Pobre Legolas…"sintió su garganta cogida. "Mi pobre Legolas…siempre termino haciéndolo sufrir de alguna manera…mi pobre príncipe…"
Unos terribles golpes hicieron retumbar toda la caseta. Tauriel cogió su arco y apuntó a la puerta, que temblaba a punto de caerse a trozos. Scatha se incorporó con lentitud, retrocediendo, y cogiendo el atizador del fuego y protegiendo con la mano libre su vientre.
"Ya está aquí"
Cogieron aire, a la espera.
"¡SAL MALDITA BRUJA; SE QUE ESTAS AHÍ! ¡SAL!"
"Ya ha llegado" dijo Tauriel, posicionándose justo delante de la bruja, protegiéndola. "No te apartes de mí, Scaha. Quiere matarte"
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Muchisimas gracias por leer, por vuestras opiniones y vuestro apoyo.
