Abrí los ojos, y lo primero que vi fue el buró de madera aun lado de la cama, ahí habían botellas de licor, billetes, cigarros y una lámpara que permanecía encendida, estiré el brazo y apreté el interruptor apagándola, suspiré, había dormido en un lugar que no era mi departamento.
Dormido, sí, al lado de alguien más.
Me volví y lo miré, con el brazo sobre su vientre y el rostro imperturbable. Tom descansaba como si nada en el mundo pudiese molestarle, una sensación de completa tranquilidad me invadió con solo verle, quizás nunca logre alcanzar esa paz, pero al menos podía sentirla por medio de él y de su inquebrantable sueño.
Quería tocarlo, acariciarlo y decirle tantas cosas, pero la hermosa escena de verle dormir pudo más que cualquiera de mis impulsos.
Habíamos hablado en la noche, en medio de esa habitación que parecía que en cualquier momento se derrumbaría encima nuestro, no quería recordar absolutamente nada sobre las heridas abiertas anoche, esas heridas que yo mismo había abierto para que Tom pudiese ver y comprender.
Jamás pensé en dejar que alguien pudiese ver todos los demonios de Amber, los más fuertes, los más terribles. Tal vez ahora él piense que soy algún tipo de enfermo mental que no sabe siquiera quien era, pero qué puedo decir, tal vez sí lo sea.
No podía dejar de observarlo. El despertar con alguien a mi lado no era, en definitiva, algo que acostumbre hacer todo el tiempo. Pero Tom, con él era diferente… en realidad podría hacer esto siempre.
Me senté sobre la cama y toqué mi cuello desnudo, Tom era algo que iba más allá de Amber y de todos sus pecados, iba más allá de mi pasado, de mis sentimientos.
«Él iba más allá de ambos.»
Se movió, yo lo miré rápidamente pero sólo se había acomodado para seguir durmiendo, sonreí y supe que al fin ya no estaba solo, y no me refería al haber compartido la cama toda la noche con él, sino porque así era, así era desde ahora.
Necesitaba una ducha, me levanté y busqué entre el buró una toalla, quizás a él no le importe que invada su baño, quizás él aún esté dormido cuando salga..., quizá pueda despertarle para después prepararle el desayuno.
Al salir lo vi sentado a la orilla de la cama, llevaba puesto su bóxer, estaba de espaldas hacia mí con el móvil en las manos. Secaba mi cabello con la toalla cuando algo de inmediato me llamó la atención, algo de lo cual apenas me percataba, me acerqué. Sabía que él ya había sentido mi presencia, sin embargo seguía respondiendo mensajes desde su celular como si nadie más estuviese ahí.
Su espalda, la mancha que se extendía en su piel debajo del omoplato derecho…, mismo tamaño, mismo color, mismo lugar.
Se me fue el aire, me detuve justo detrás de él quien seguía concentrado en el móvil; eso no podía estar sucediendo. Eso era una puta broma de mi mente. Era completamente imposible que estuviera viendo eso. Esa macha color canela en la espalda…, la había visto muchas veces anteriormente.
«Dante».
—Dije buenos días —él se volvió hacia mí, no pude responder, la perplejidad se había apoderado de mí—. ¿Pasa algo?
—¿Puedo preguntarte algo? —dije intentando de disimular mi nerviosismo.
—Claro… —Me miró intrigado, comenzaba a sospechar.
Tomé un largo suspiro, deje la toalla sobre la cabecera de la cama y caminé hacia su lado, Tom me miraba con un gesto extraño, bien podría apostar que era por mi cara pasmada y el constante movimiento de mis manos.
—Oye, si es por lo de ayer…
Sacudí la cabeza. Me senté a su lado alisando la tela del vestido, intentando canalizar todo ese nerviosismo en otra cosa, lo que sea, me mordí los labios. Lo interrumpí:
—Olvidemos eso… Mejor cuéntame sobre la marca en tu espalda, ¿algún tipo de herencia familiar? —insinué fingiendo simpatía mientras rogaba por dentro que fuera todo, menos eso.
Era un estúpido haciendo esas preguntas.
—Ah…, eso. —bufó incómodo arrojando el móvil a la cama—. Sí… algo así —su rostro se ensombreció y su voz se tornó más profunda—. Es... el único recuerdo de... —hizo una breve pausa que yo sentí que tardó horas—, mi padre.
«Mierda».
—Esto es algo que hubiera preferido jamás tener. —continuó con semblante incómodo.
—¿Por qué lo dices? ¿Lo odias? —¡Idiota!, qué no ves su rostro, sus ojos. Él lo detesta.
—¿Odiar? quizás te suene estúpido pero ya no sé si lo odio o no. Hacerlo sería darle suficiente importancia a lo que no lo tiene.
Su rostro demostraba ira y a la vez, una tristeza inimaginable. Él le había hecho daño. Mucho.
—¿Lo conoces? —dije con voz temblorosa.
—Directamente no. Pero después de todo lo que viví, sé perfectamente de todo lo que es capaz.
Suspiró y pasó las manos por su cara. Este no era un tema del todo agradable para él, sin embargo, estaba demasiado tranquilo mientras me hablaba de ello. Más de lo que yo esperaba. Acaricié dulcemente su brazo, bufó poniendo la mano sobre la mía, esa incomodidad al hablar sobre el pasado; ya la conocía a la perfección.
—Él... —inicié, con voz temblorosa, tuve miedo de continuar. Tom, ¿el hijo de Dante?
—Él jodió nuestras vidas.
—¿Los abandonó?
Tom soltó una risa irónica y negó con la cabeza.
—No sólo eso. Despojó a mi madre de todo lo que tenía... la engañó. Le hizo creer que se mudarían a Dresden —pausó sus palabras mientras parecía recordar—. Él abandonó a su mujer y a su hijo en la carretera en medio de la noche.
«Dante, hijo de puta».
—Eso es horrible —comenté sintiendo la gravedad de todo eso. Ese tipo en verdad era despreciable.
—No lo sé, pero pudo haber sido peor. —Él respondió bajando la cabeza. Permanecí a su lado acariciándole, haciéndole saber que en verdad me importaba.
Y era cierto, a pesar de todo, él me importaba más de lo que alguna vez creí.
—Joder —él estaba incómodo, sin duda, ese tema estaba totalmente prohibido en los cajones de su mente—. No debería estar hablando de esto.
—Tom —estaba a punto de levantarse pero lo sujeté de antebrazo—. A veces es necesario soltar algunas cosas, aunque sea al aire, sólo para desahogarse...
Él me miró y frunció las cejas.
—Es irónico que tú me digas esto. —dijo acompañado de una sonrisa irónica.
Sonreímos, pero aquello no pudo disipar las nubes del pasado. El doloroso pasado.
—Eso es lo que me has enseñado.
Lo vi a los ojos, pero él desvío su mirada de mí. Noté que su pierna izquierda se movía dando de golpecitos contra el piso, él detestaba estar en esta situación, pero puedo asegurar que, al igual que yo, Tom en verdad agradecería el poder mostrar su verdadero yo aunque sea una vez, sin temer a ser juzgado.
—¿Y..., qué pasó con tu madre? —Cada pregunta me ponía más nervioso, temía siempre de la respuesta.
Él apretó la mandíbula y detuvo el movimiento ansioso de su pierna. Vio hacía el frente, perdiendo su mirar entre la pared envejecida color beige.
¿Era acaso una mala pregunta?, su rostro se tornó serio y su mirada se volvió más distante y entristecida.
—Ella... siempre me sobre protegió. Ella estaba haciéndome débil, y en un mundo en donde todo es difícil, ser débil significa morir —Su voz era grave y pausada, yo sólo lo escuchaba atentamente, ya bien sabía lo difícil que era sobrevivir cuando estabas con todo en tu contra—. No teníamos nada, y alguien debía conseguirlo... de cualquier modo —bajó la cabeza y la cubrió con sus manos—. Joder, pensé que podía hacerlo. Sin embargo me volví un idiota, un estúpido que sólo pensó en sí mismo. Con el tiempo llegaron las apuestas, el alcohol, los robos..., las drogas, y ella sólo sufría en silencio. Ella sufrió demasiado, Bill. Por mi padre, por mí, hasta el último momento de su vida.
Estaba por abrazarle cuando él volvió a hablar:
—La maté —confesó—. Terminé haciendo todo lo que ella jamás quiso. No pensé en todo lo que mis malditas decisiones acarreaban —frotó su rostro mientras evitaba a toda costa mis miradas—. Tomé el poco dinero que tenía. Esa noche quería apostar y ganar lo suficiente para conseguir cocaína. Ella lo supo y peleamos..., me fui de la casa amenazándole con que jamás volvería —hizo una pausa prolongada mientras cerraba los ojos evitando llorar—. Cuando volví... ella colgaba en el árbol del jardín trasero de la casa. Ella estaba muerta. ¿Sabes por qué? —volvió la mirada hacia mí—. Por qué después de todo, su hijo también la había abandonado. Porque no le había importado lo suficiente como para quedarse y luchar a su lado... —Tom hablaba con un dejo de tristeza y frustración—, porque era demasiado para ella sola que yo fuese igual que él...
—No —dije de inmediato tomándolo de las mejillas—, tú no eres igual que él.
—No lo sé —se apartó suavemente—. Al menos intento no serlo. Después de ese maldito día..., me prometí jamás volver a consumir. —suspiró y después de unos breves momentos continuó—. Creo que si no hubiese sido por ayuda de Johansson, seguiría en el mismo hoyo.
—Llegaste aquí por él, ¿verdad?
Él asintió levemente y continuó:
—Él nos reclutó, a Zack y a mí, casi al mismo tiempo. Si no hubiese sido por él y Dante… quizás yo no estaría aquí.
Él en verdad se notaba agradecido, agradecido del hombre que le había hecho tanto daño en la vida, el mismo que lo llevó hasta ahí como si fuese uno más de su séquito de matones. Nos quedamos en silencio unos momentos, yo lo miraba sin siquiera saber qué hacer o qué decir… él, ¿en realidad es el niño de la fotografía?
Se puso de pie y caminó bordeando la cama, dirigiéndose al closet.
—Tom… —le llamé tratando de controlar el temblor de mi voz y de mis manos—, y si algún día él aparece en tu camino…
—Si algún día eso pasara… —sonrió y sacó una playera blanca para después ponérsela sobre el hombro. Me miró. —, ten por seguro que ese maldito no vivirá para contarlo. Se lo debe a mi madre..., después a mí.
Lo miré fijamente, él ahora parecía tranquilo, incluso, más que yo mismo. Su verdad, su pasado, me perturbaban mucho más.
Nos observamos en silencio, él hablaba enserio, podía sentir ese desprecio hacia el hombre que había destruido su vida; el mismo hombre que también había destruido la mía.
En su rostro podía ver el odio hacia todo lo que le había tocado vivir, a todos sus errores, a sus heridas y tal vez, hasta él mismo.
Sí, eso. El odio no era hacia Dante, sino hacia él mismo quien había cometido esos terribles errores que lo habían conducido hasta ahí. Tom sentía ese desprecio por haber dejado morir a su madre, por haberse dejado llevar, por perder la orientación cuando más lo había necesitado.
Todo ese odio contenido no era hacia el padre que los abandonó, sino a sus propios errores que se sumaron a la avalancha de dolor que tanto había querido evitar, y además, por terminar hiriendo a la persona que se suponía debía proteger.
Quise abrazarlo, decirle…, decirle tantas cosas. Las palabras no me salieron, ni mucho menos mi cuerpo respondió, el hecho de que él y Dante fuesen… ¡dios! Esto no puede ser, por el demonio que esto no puede ser verdad.
Cuando al fin llegué a mi departamento, las lágrimas salieron por sí solas. Me dejé caer en el piso a un lado de la cama, esto en verdad se me había salido de las manos.
«Tom…, ¿hijo de Dante?».
—Maldita sea, maldita sea —gruñí cubriendo mi rostro, en realidad me negaba a creerlo.
Esa maldita marca lo confirmaba, era más que obvio, ¿no?
¿A quién engaño? Eso es verdad. Por eso el trato preferencial con él, las precauciones que siempre tuvo. Por eso Dante lo acercó a su círculo de confianza y lo fue introduciendo a nuestro mundo hasta llegar a los estratos más altos, con los hombres del concejo. Todos ellos lo sabían, joder. Sabían que él sería el siguiente. Por eso Dante se expresó así de su hijo, su sucesor, el que continuaría todo lo que él había comenzado. Para eso lo buscó, lo educó y lo entrenó de manera casi perfecta para que se pareciera a él en cuestión del manejo de todos los negocios y demás aspectos.
Dante sólo buscó a un descendiente que se hiciera cargo de todo lo que él iba a dejar algún día. Y ahora, con el nombramiento del concejo, Dante en verdad necesitaba a alguien igual que él para dominar el territorio que tendría que dejar.
«Esto es una mierda. Dante es una mierda».
Por eso lo protegía, lo mantenía siempre cerca, bajo su protección. Por eso lo dejó a él al mando del Inferno y otras cosas más. Ante sus ojos, Tom no era un trabajador más, él era el banco de ingresos que tendría en el futuro. Dante no sólo dominaría todos los negocios de droga y trata de personas, sino también dominaría por medio de Tom, y todo lo que él tocase sería automáticamente de su propiedad. A Dante no le importaba tener un hijo, le importaba tener a un soldado más el cual mover a su antojo, alguien capaz de poder hacerse cargo de todo lo que él había construido de diferentes maneras, alguien joven, con el mismo ímpetu que él… alguien que lo protegiera y estuviera dispuesto a dar su vida por él en cualquiera que fuera la situación.
A Dante no le importó si su hijo sobrevivía o no, sino hasta que se vio con la necesidad de pensar en el futuro, en toda la mierda que él había construido y que se quedaría sin dueño. Por eso él lo buscó por medio de Johansson, para hacerle creer que, tanto él como el ruso, eran sus salvadores, tratando de diluir el odio que seguramente Tom le tendría.
Tal vez nunca haya pensado en decirle la verdad. Dante es muy inteligente en este tipo de decisiones, por eso Tom ha llegado hasta aquí sin sospechar siquiera que ha estado trabajando y arriesgando su vida por el hombre que tanto desprecia en el mundo.
«¡Esto no puede ser verdad!»
El hijo de Dante, la persona a la que se supone que yo también haría daño sólo para provocar su ira. El hombre que me serviría para hacerle sufrir, es el mismo que sabe todo de mí, el mismo que yo…
No puedo, simplemente no puedo. No pude haber confiado en él.
«¡Es su hijo, su maldito hijo!»
Lleva su sangre, la marca en la piel.
Tom… ¿debería ser mi enemigo también?
Grité, sentía un deseo desesperado de hacerlo, eso no podía ser verdad. Mi mente daba vueltas en cada uno de los episodios en los que la cercanía entre ellos me había despertado curiosidad. Había pensado en todo, cualquier cosa, menos esto.
Una parte de mí me indicaba que debía continuar, que no había esperado tanto como para detenerme, la venganza debía seguir, a pesar de cualquier cosa. Me recordaba a mí mismo que todo lo que tenga que ver con ese maldito debía…, tenía que ser destruido.
«Tom es parte de todo eso».
¡No! Él no era parte de eso. Él también había sido víctima suya. Él también quería verlo desaparecer, sufrir. Tom era diferente, lo era. Lo había sentido, todo este tiempo.
Yo..., yo no podría hacerle daño.
«¿O sí?»
¡Joder!
Mi cabeza me dolía, apreté mis labios, esto se volvía insoportable. Me debatía en algo que no debería importarme en absoluto.
O quizás que me importaba demasiado.
¿Debería decirle?, ¿debería él saberlo? Yo no podría decirle tal verdad, sería destruirlo, lastimarlo más de lo que ya. No quería herirlo. Nunca quise hacerlo.
¿Amber qué haría? ¿Bill qué haría?
Mierda. Si tan sólo supiera qué hacer. Tom, el dueño de mis secretos, él único que sabía quien era yo en verdad. Él, el hijo de mí peor enemigo.
Arrojé la bolsa con saña. Apreté mi cabeza, esto era peor que los constantes golpes de Dante. Él dolor era punzante, como si taladraran mi cabeza desde adentro, apretaba la mandíbula intentando soportarlo, pero no podía, era incontrolable.
Mi propio ser me estaba obligando a no pensar más en eso, sin embargo no podía, mi yo interno lloraba, se sentía desilusionado por lo descubierto. Volvía a sentirse solo, como si me hubieran arrebatado algo sagrado, único...
«¿Eso es él para mí?»
Mis lloriqueos llenaban toda la habitación, pegué la frente contra la cama, mientras apretaba mi cabeza entre mis manos; el mismo dolor no me permitía levantarme.
Perfecto, este es el momento indicado para revolcarte por una migraña.
—Lo lamento lindura —el hombre del parche en el ojo derecho habló mientras soltaba una maleta llena de marihuana al piso—, tendremos que esperar hasta nuevo aviso.
Me levanté del sillón y lo miré sorprendido.
—¿Esperar?, ¿qué acaso no eso era lo que querían, destruir a Dante?
Él sonrió y caminó hacia mí. La habitación era pequeña, con una gran ventana frente a nosotros, había una mesa llena de cajas, papeles y cartuchos de diferentes pistolas, un casillero viejo y dos sillones viejos acomodados contra la pared, uno al lado del otro. Kaz, se acercó tanto que al retroceder volví a sentarme, él se inclinó poniendo las manos sobre los brazos del sillón, su mirada era autoritaria, este tipo parecía creer que tenía poder sobre mí.
—Se hará lo que yo diga. Y si digo que esperaremos, tú lo harás. Sigue manteniendo el perfil bajo mientras nosotros…, nos apoderamos de más zonas —esbozó una sonrisa de lado y yo fruncí los labios, quería acabar con esto ya. —Tranquila, tú también saldrás beneficiada —comentó apartándose de mí.
—Yo sólo quiero ver a Dante muerto —dije volviendo a levantarme—. Mientras más pronto, mejor.
¿Qué esperaban? Tenían las cuentas, las conexiones con los compradores más importantes, el filtro de la droga, tenían demasiado dinero que le habían robado, ¿qué diablos esperaban?
—Tranquila, fiera —movió las manos y caminó hacia la larga mesa repleta de cosas, tomó un sobre de cocaína—. Nosotros sabemos lo que es mejor. Dejaremos al infeliz sin posible apoyo de sus aliados de los demás distritos. Él se quedará solo.
—Él ya está solo. Es cuestión de…
—Se nota que no sabes de esto —contradijo Kaz sopesando el sobre en su mano—. Escucha, "cara bonita", nosotros sabemos el manejo de cada uno de sus camaradas en el negocio. Si no los distraemos o debilitamos antes, tu jefe nos dará una enorme patada en el trasero haciendo gala de su posición en la mafia. Tu jefe es más poderoso que nosotros, sí, pero eso no lo hace invencible.
Caminé hacia él, golpeé la mesa con la palma de la mano y él me miró.
—Pues entonces demuéstralo y atácalo ya.
Él negó con la cabeza de manera relajada, dejó caer el sobre. Y tomó un desarmador de la mesa.
—Al parecer el odio te está cegando, Amber. Hacer un reino caer, no es sólo guiarse por ideas absurdas y arrebatadas. Esto, es mucho más que eso. Hay que saber mover las piezas del juego para poder llegar a la meta —con la punta del desarmador trazó un camino ascendente por mi brazo que desapareció en cuanto yo me aparté—.Ya deberías saber eso.
—¿Entonces cuándo? —pregunté ansioso.
—Yo te informaré.
Irritado me di la media vuelta dispuesto a salir de ahí, de inmediato Kaz hizo un sonido con la garganta que me indico que volteara a verle.
—Por cierto, me han informado que hace unos días hubo un incidente con el protegido de Dante… casualmente, por ti —él sonrió y mientras hablaba, rodeó la mesa para luego irse a sentar al sillón donde anteriormente yo estaba—. Eso me parece muy interesante.
—¿Qué es lo que quieres?
—Que me lo entregues —La sangre se me congeló de inmediato, la sonrisa ruin de Kaz me provocó nauseas—. Quiero a ese infeliz, aquí. Y tú, me lo vas a dar.
—Lo que pasó…
—Lo vas a hacer —levantó la voz—. Porque ya eres uno de nosotros —singularmente sacó una navaja de entre sus pantalones, sacó el filo y comenzó a jugar con la punta brillante—. Si no, algo malo podría pasarte… "cara bonita". Y supongo que tú no quieres eso, ¿verdad?
Mi silencio le hizo sonreír, me miró como quien mira a alguien de menor rango, con una simpatía fingida y una superioridad que podría abofetearte.
—Míralo por el lado amable, si el pequeño cachorro muere, todos saldremos beneficiados. E incluso se nos hará más sencillo dar fin al imperio de Dante.
Kaz hablaba como si…
—¿Por qué lo dices? —me crucé de brazos, él sonrió mientras observaba la cuchilla entre sus dedos.
—¿Qué no sabes? ¡Bah! Eres tan ingenua —Kaz sonrió—, el perro fiel de Dante, no es más que su hijo. El hijo al cual nosotros mataremos.
—No veo el por qué quieres hacerlo. Tu objetivo es Dante.
—Al acabar con él, debo acabar con todo. ¿Entiendes? Todo. Y ese infeliz sigue siendo una maldita piedra en el camino. No me importa si destruimos el imperio de tu jefe y el bastardo se queda sin puesto y desprotegido. Yo quiero la cabeza de los dos. Es más por precaución, lindura.
Me quedé de pie a un lado de la puerta, Kaz continuó con la navaja.
—Tienes tres días, lindura. Si no, alguien más caerá junto con Dante… y no precisamente será el bastardo.
¿Qué me tocaba hacer ahora?, de alguna manera Tom debía saberlo, para estar alerta, para saber qué hacer.
Salí de ese lugar furioso, tratando de poner en orden el caos de mí mente para poder resolver el maldito problema en el que yo solo me había metido.
¿Dejar que ellos lo maten? Jamás.
«El hijo de Dante».
Mi maldita mente me lo repetía como si fuese algo que no debía olvidar. Me burlaba de mí mismo al estar en esa situación, a Amber nunca se le iban las cosas de las manos, ella siempre sabía qué hacer, parecía siempre tener la respuesta a todo. Pero yo...
Mierda, los problemas parecían asediarme como moscas a la miel. No podía permitir que Kaz se saliera con la suya. Nadie de ellos podía lastimar a Tom.
¿En qué momento dejé de pensar primero en mí mismo?
O más bien, ¿en qué maldito momento dejé de pensar en él como el hijo de Dante?
—Tendremos que esperar, hasta nuevo aviso —hablé al teléfono mientras daba vueltas de un lado a otro en mi habitación, ésta se miraba completamente limpia. Sí, cuando mis nervios dominaban, siempre terminaba por hacer limpieza excesiva—. Por favor, esperemos un poco —supliqué, más por Tom que por Kaz.
—Te notas nervioso. ¿Pasa algo? —la voz de Leo se escuchó calmada y preocupada, mientras yo me deshacía en el estrés.
—Es algo complicado —dije masajeando mi sien.
—Bien sabes que soy especialista en casos difíciles.
—Yo... —suspiré, en realidad lo necesitaba—, quizás puedas saber. Es referente a Dante. Pero... no por aquí. —comenté con un ligero temblor en mi voz.
—De acuerdo —asintió amablemente.
A veces hablar con él me relajaba. Espero sea este el caso, si no, he de declararme completamente perdido.
Según nuestra cita, habíamos quedado en vernos al día siguiente por la mañana, no era mi momento favorito, sin embargo era cuando más seguro me sentía.
Olvidando un poco lo de Tom, esa noche asistí al Inferno, por la orden de Dante y un supuesto cliente que había llamado por mí, esperaba no ver a Tom, aunque bien sabía que era imposible.
Estaba en la habitación donde todas las putas se preparaban, me encontraba en una esquina, como siempre, pretendiendo ignorar a las demás, esperaba a que al fin pudiese salir al encuentro del tipo en cuestión.
No me sentía animado a nada, pero quizá un par de copas y una plática superficial, inventándome mil vidas, pueda distraerme un poco.
Sólo espero que aquel tipo no quiera cogerme toda la noche.
Eso sí sería detestable.
Tom apareció de entre las mujeres, les sonrió y apuró a un par de bailarinas, estas salieron de inmediato soltando bromas sobre el cómo se les miraban las piernas. Él portaba el uniforme de los tipos de seguridad, pero a diferencia de ellos, el conjunto era algo más elegante ya que eso le distinguía como encargado del Inferno.
Él se veía tan bien, la camisa blanca, que había dejado desabrochada de la parte superior, dejaba al descubierto parte de la piel de su pecho y el saco gris oscuro resaltaba la fuerza de su mirada... Porque él me miró, un breve instante, unos cuantos segundos que valieron para erizarme la piel.
—Amber —me llamó—, ya llegaron por ti.
En ese instante, Johansson entró y se detuvo detrás suyo.
—Esta vez será él quien te lleve. Si surgen problemas, ya sabes que hacer —noté un poco de frustración en sus palabras.
—Claro —me puse de pie—. No te preocupes.
Caminé hacia afuera sin esperar al ruso, no quería tener a Tom cerca por más tiempo, más bien, no quería verlo desempeñar su labor como "dueño" del Inferno.
Entendía los motivos de Tom para no acompañarme, sin embargo me sentía ligeramente decepcionado por no poder compartir con él aunque sea ese breve camino por el pasillo hacia el lugar donde me esperaría amante de turno.
—Oye, espera —exclamó el ruso caminando rápidamente hacia mí—. ¿Por qué tanta prisa?
—Eso es algo que no debería importarte —respondí sin dejar de caminar.
—Amber, por favor —intentó tomar mi brazo, pero yo me aparté—. De acuerdo, entiendo —dijo al sentir mi agria mirada hacia él—, no te tocaré. Sólo escúchame. ¿De acuerdo?
Levantó ambas manos apartándolas de mí. Otro grupo más de mujeres salieron y nos hicimos a un lado para que pudiesen salir. Él ruido estridente del bar se escuchó en cuanto atravesaron la puerta.
—¿Qué quieres? —me crucé de brazos y lo miré irritado—, te recuerdo que tengo un cliente que espera, así que será mejor que seas rápido.
Le hablé como siempre me había dirigido a él, Johansson se miraba serio, como si lo que diría a continuación fuera algo sumamente importante.
—Quisiera... Disculparme contigo —habló por debajo de la música del primer show, yo reí incrédulo—. Hablo enserio, Amber.
—Ah, claro. Claro. Como digas, imbécil, ahora debo ir a trabajar. —dije sin tomarle mucha importancia.
Estaba por irme, pero él reanudó su diálogo:
—Amber, en verdad me he comportado como un idiota contigo. Sea como sea estamos juntos en esto, somos compañeros, no podemos estar siempre en conflicto, no nos conviene.
—¿No nos conviene?, ¿a quién, a ti o a mí?
—A ambos.
Negué con la cabeza, él se acercó e hizo el intento de tomarme de la cara y besarme, me aparté de un empujón. ¿Qué le pasaba a este tipo?
—No sé qué tengas entre manos. Pero te anunció, Johansson. Que no soy tan idiota como para confiar en ti. Por mí, puedes quedarte con tus malditas disculpas.
Salí de ahí, me pareció escucharlo maldecir y gritar mi nombre, sin embargo no le tomé importancia, me detuve a observar a mi alrededor, a mi lado estaba el escenario en donde una de las mujeres, completamente desnuda, bailaba en la barra de acero situada al centro de la pista. Preferí ir hacia el segundo piso, pero de repente sentí un fuerte agarre en el antebrazo, violentamente fui empujado a una de las mesas; me oprimieron por los hombros obligándome a sentar.
—Escucha, maldita zorra: a ti es al que más le conviene esto.
—¡Suéltame! —gruñí, intentando apartarme de su fuerte agarre.
Se acercó más y yo me moví como animal acorralado, Johansson sonrío.
—Sé todos tus secretos, maldito oportunista y créeme, esto a Dante no le gustará.
—¿A qué te refieres? —hablé, esto comenzaba a ponerse feo.
—Pensé que serías una puta fácil, sin embargo —pasó el dedo por mí mejilla, me aparté—, me he dado cuenta que no es así.
— ¿De qué mierdas estás hablando? —él se levantó y acomodó su traje.
—Será mejor que nos vayamos, tú "amigo" nos espera.
¿A qué diablos se refería?, ¿qué sabía Johansson que podría interesarme? Acaso él... No, no, sería imposible que él lo supiera.
Mi mente se desató a pensar mil y un cosas sobre eso, ¿alguien le había dicho?, ¿él se refería a otra cosa? Joder, ese maldito ruso sólo me estaba causando problemas.
Esa mañana, antes de salir para ir a ver a "Leo", llamaron a mi puerta, extrañamente me habían enviado un paquete en calidad de urgente, lo recibí y revisé antes de pasar a abrirlo. No tenía remitente, así que dudé un poco. Era una pequeña caja color manila de 20 por 20, la abrí y en su interior encontré un sobre blanco, sellado con fecha de ese mismo día, no decía más, lo abrí y extraje el contenido.
No, no, no. Esto no puede ser.
Dentro, habían sólo tres fotografías..., maldije de inmediato al verlas. Estaba completamente perdido. Las fotos tenían pésima calidad, sin embargo se podía notar que éramos Tom y yo en la oficina de Dante, besándonos contra la pared. Sí, esto era nefasto, habíamos sido capturados en el momento exacto, sin oportunidad de negar nada. Y joder, en la tercera fotografía, estábamos junto a los americanos.
"Te dije que te convenía, princesa."
—¡Hijo de puta!, ¡hijo de puta! —grité arrojando las fotos—. Esto no puede estar pasando.
De inmediato tocaron la puerta, contuve la respiración, algo me decía que aquello no iba a estar nada bien.
Suspiré, volvieron a tocar, de inmediato abrí, Johansson entró, empujándome violentamente cerrando la puerta detrás suyo.
—¿Te gustó mi regalo, perra?
Él se movió obligándome a retroceder rápidamente, Johansson, sonreía triunfante y yo moría por golpearle la cara.
—¡Eres un maldito hijo de puta! —grité encolerizado.
Él rió manteniendo esa cara tan asquerosa que desataba, apreté la mandíbula para no gritarle tantas cosas que en ese momento llegaban a mi mente. Sabía que si explotaba, él me atacaría de peor manera.
—¿Qué quieres? —pregunté indignado.
—Supongo que ya viste mi regalo, ¿no es así? Siempre supe que eras un maldito oportunista, pero no pensé que llegaras a semejante extremo de rebajarte a coger con un simple matón.
—Te hice una pregunta, idiota. —dije a punto de lanzarle un golpe.
—Quiero negociar contigo... —sonrió mirando la habitación—. Vaya, pensé que Dante te mantenía de mejor manera. Ahora entiendo por qué tienes que acostarte con sus trabajadores.
Él caminó reconociendo la habitación, pasando la mano por el tocador, su actitud me daba náuseas.
—De todos los hombres de Dante, ¿por qué Tom? —Se detuvo tomando un frasco de perfume—. Es tan sólo un chiquillo que sólo juega a matar. A ti te llama el dinero, él poder, y él, no tiene nada de eso.
Permanecí en silencio, observándolo con deprecio, Johansson sonrió y dejó caer el perfume, este se rompió dejando en el ambiente un profundo olor a flores.
—Lo suponía. Desde hace mucho —afirmó—, sólo esperaba el momento indicado y..., sin esperar tanto, sucedió —Se detuvo al lado del tocador y cruzó los brazos—. Debieron haber cerrado esa maldita puerta. Imagina, Amber, si no hubiese sido yo, sino Dante. —Sonrió como su hubiera contado un chiste—. Él de seguro los mataba, ahí mismo.
Caminó hacia mí, aun sonriendo.
—Me dan asco —dijo a mi cara con profundo odio—. Siempre me pregunté qué tenías para que todos perdieran la razón por ti. No entiendo qué les puede brindar una basura como tú. Tan sólo mírate, maldita travestida asquerosa, lleno de tanta...
Me fui contra él, le di un puñetazo y corrí a tomar mi bolso para buscar la pistola, él me tomó del cabello justo antes de llegar a la mesita de noche al lado de la cama. Me volví dispuesto a pateare las pelotas cuando sentí el cañón de la pistola en mi estómago, él me empujó a la pared paralela a la cama, acorralándome con su cuerpo, sólo pude escuchar el percutor de la pistola, ese maldito estaría contento si me matara en ese instante.
—Creo que llegó el momento de negociar. Y te lo diré claramente y sin más rodeos: quiero que acuses a Tom de ser el traidor.
—¿Qué? —exclamé sorprendido—. ¿Quieres acaso que lo maten?
—Acertaste, muñeca.
Esto estaba cada vez peor. Entendía que en este mundo no se puede confiar en nadie, pero en verdad pensé que Johansson tenía especial afecto por Tom ya que lo había encontrado y criado para que él fuera lo que es ahora.
—Necesito muerto a ese maldito bastado. Lo antes posible.
Lo miré fijamente, el rostro del ruso despedía odio, y una rabia terrible. De inmediato supe el porqué.
—Quieres desaparecer al hijo de Dante... —afirmé, Johansson pareció sorprendido.
—Veo que también lo sabes —recuperó la postura y subió la pistola hasta dejarla debajo de ni mandíbula—. Esto beneficiará nuestra relación.
Sujetó mi cabello y aferró el cañón a mi piel, yo apreté su muñeca.
—Tú... vas a contribuir a esto.
—¿Y sí no lo hago?
Él rió y tiró más de mí cabello.
—Te lo diré literalmente, princesa: o me ayudas a joder a ese bastardo, o quien resultará señalado como el traidor, serás tú. Y sumando a esto, tú nada pasional relación con Tom... —chasqueó la lengua y sonrió—. ¡Vaya! Creo que con eso ya no te quedarán opciones.
—No lo haré —gruñí apretando su muñeca, él alejó la pistola de mí y me tomó por el cuello.
—Lo harás. Porque no te conviene morir por ese imbécil —apretó mi garganta y yo intentaba empujarlo—. Tan sólo piensa en la clase de tortura que te hará Dante cuando se entere que no sólo lo traicionabas con los americanos, sino que también cogías con su hijo. Eso jamás te lo perdonaría, Amber.
Me soltó para enfundar la pistola, como acto reflejó me encorvé comenzando a toser y jalar aire, el ruso me empujó contra la cama, caí bocabajo, se puso sobre mí aprisionándome con su pesado cuerpo, me tomó del cabello hundiendo mi mejilla contra la cama, él carcajeó divertido.
—No tienes más opciones, infeliz —susurró a mi oído—. Estas no son las únicas pruebas que tengo sobre tu traición con los americanos, así que si eres inteligente, más te vale no hacer nada contrario a lo que te digo. Porque si no, lo vas a pagar muy caro.
—Eres un maldito… ¡Tú también estás con los americanos! —gruñí intentando apartarme, él apretó más mi cabello.
Él rió con autosuficiencia, grité de enojo por verme sometido ante él. Si tan solo pudiera tocarlo, juro que lo acabaría a golpes.
—¡Pruébalo, zorra! No tienes armas contra mí.
—De alguna manera obtuviste esas fotos —gemí intentando levantarme, su peso aplastaba mi abdomen y su mano enterraba mi cabeza contra la cama—, tú sabías que iría, tú lo sabías porque también eres uno de ellos.
—Sigue intentándolo, perra, no lo lograrás.
—Tú fuiste el que sangraba las entradas de la droga, ¡maldito traidor! —grité enterrando las uñas en su mano que aun sujetaba mi cabeza—, tú dabas la orden para que los paquetes fueran llevados con ellos. Tú… tú maldito infeliz, ¡le dijiste a Kaz que Tom es el hijo de Dante para que él lo matara!
—¿Y crees que Dante creerá todo eso? —haló de mi cabello hacia arriba obligándome a curvar la espalda, el tirón me desconcentró y solté su muñeca—. Por si no lo sabías, yo soy el único en el que Dante confía, tu palabra no valdrá nada después de todo lo que le has hecho.
—Eso no hace más que… reafirmarme que eres tú el traidor.
—Mira quien habla —se burló—. Tú no estás en posición de reclamar nada, perra. Así que escucha —sacudió mi cabeza y habló a mi oído, me sostenía con las manos para no lastimarme, sin embargo, él lo estaba haciendo—, en dos horas, van a llamarte y tendrás que presentarte en el Inferno: ahí dirás que Tom intentó convencerte para que le dijeras todo lo que sabes sobre Dante. Te negaste, entonces él te "conquistó" para conseguir su cometido. Tú le engañaste haciéndole creer que confiabas en él sólo para descubrir todos sus planes, lo descubriste mientras desviaba la entrega de la droga y ahora hablas… ¿entendido?
—Eres demasiado creativo —reí irónico—, deberías escribir novelas.
—Idiota.
Me empujó y se apartó de mí, de inmediato me di la vuelta y me levanté de la cama, él me apuntó con el dedo frenando cualquier impulso de golpearlo.
—Yo me encargaré que las pruebas lo inculpen, y tú, le darás el tiro de gracia. No quiero nada de sorpresas, princesa… porque te irá mal.
—¡No lo haré!
—Lo harás —dijo mientras caminaba tranquilamente hacia la puerta.
—No, no lo haré —contradije, Johansson se volvió mirándome furioso.
—Perfecto —sacó su móvil deslizando sus dedos mientras buscaba en la pantalla—. Una llamada mía, y él lo sabrá. Las pruebas pueden llegar a manos de Dante en cuanto yo lo ordene. Y tú, estarás automáticamente muerto.
Se volvió y siguió caminando de manera firme, mis piernas me temblaron al instante, él estaba decidido, lo seguí.
—Johansson. ¡No!
Él se detuvo de inmediato, yo toqué mi frente, sudaba, estaba temblando, el ruso apartó el móvil de su cara.
—Yo…, lo haré. —dije con voz temblorosa.
Él sonrió y guardó el móvil.
—No esperaba menos de ti, Amber.
Atravesó la puerta y la cerró de un azote, apreté los puños y volví a caer a la cama. Las lágrimas de impotencia escurrieron por mis mejillas, en dos horas tendría que presentarme en el Inferno para condenar a muerte a Tom.
Las fotografías estaban en el piso, delatándonos de manera cruel. Recordándome ese error fatal. No había más que hacer. Si Johansson contaba con más pruebas, todo por lo que había vivido se iría a la mierda.
Después de un momento, me asomé por la ventana, Johansson daba instrucciones a un hombre en la acera de enfrente, me mordí los labios, el ruso entró al auto y éste se alejó, el hombre, que se quedó parado contra la pared, levantó la mirada hacia donde me encontraba, de inmediato bajé la cortina y me alejé de la ventana, esto no estaba bien.
Yo no quería morir, no ahora que estoy tan cerca de la venganza.
Debía pensar, hacer algo, Tom no puede ser juzgado como el traidor.
Sin embargo… si lo inculpaban a él; Dante dejaría de sospechar de mí y todo se movería fácilmente a mi conveniencia.
«Tienes que hacerlo».
No podía hacerle esto a Tom… Debía pensar algo antes de que se acabara el tiempo. Algo, cualquier cosa. Esto no se podía quedar así.
Alguno de los dos, al final del día, iba a estar muerto.
O era él, o yo.
Su vida o la mía. No había más.
