Muchachas guapas –w– ¿cómo están?, bueno, espero que les guste este cap~ XD y ehmm… volví a meter al KiMidori~ yo sé que les debía hacer falta y si no ya que.

* Sai: arma japonesa dada en Okinawa. Punta alargada filosa, de su mango salen otras dos vertientes más pequeñas que la del centro.

** Tatami: piso típico japonés, con cierta medida predeterminada, conserva el calor de los hogares y es muy utilizado en las casas que conservan las tradiciones del país.

*** Tanto: Cuchillo pequeño que usualmente se mantiene amarrado al Obi y es muy típico en los samurái.

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¿A salvo contigo?

Si de algo su endemoniado jefe estaba seguro era de su gran equipo de seguridad, los mejores maleantes de varios países habían sido entrenados para vigilar a la mansión y a cada uno de sus miembros con sumo cuidado, había horario de entrada y salida, restricciones de lugares en donde podían o no estar, eran en míseras palabras, la exageración del ser precavido, pero en ese preciso momento aquella utópica realidad se había ido al caño por la intromisión del peli plateado al lugar. Sin importar que el moreno le estuviese apuntando con un arma. Shirou le observaba amenazante, sus ojos eran odio puro, el solo verle le causaba temor; Yuka, la pobre niña estaba debajo de esa cama rezando por seguir con vida luego de eso, ¿cómo iba a salvarle?, ¿Cómo iba a salvarse si ya no veía razón alguna para hacerlo?

– Dame un arma –Exigió Ichirouta sin perder de vista los movimientos de estos dos– Someoka, no creo que sea necesario dudar ahora

– ¡Vamos Ryuugo! –Exclamó Fubuki elevando sus manos rápidamente– quizás esa sea la única manera en la que puedas vencerme

– Cierra tu mugrosa boca maldito traidor –Vociferó con un gruñido bastante inesperado el poseedor de la seguridad del lugar– esta no es tu lucha, así que solo siéntate a observar como acabo a este condenado mocoso

– Cuida tus palabras –Murmuró molesto el más bajo, recordando en veloces imágenes los años anteriores, aquellos días en los que se encontraba con aquel sujeto al que ahora deseaba quitarle la vida– aquí el traidor eres tú, ¿Dónde están tus promesas de protegerme hasta que yo fuera capaz de realizarlo por mi propia cuenta?, ¿Por qué estas con la rosa negra? ¡¿Por qué?!

– ¿Acaso importa? –Preguntó el moreno con una gran sonrisa en sus labios– lo único que pasa por tu mente es volver a estar conmigo sin que te importe lo que yo quiera

– Solo cállate –Masculló desenfundando su Desert Eagle calibre 50, un arma bastante grande y ostentosa, la cual curiosamente le recordaba a Someoka, ¿acaso todo debía ser parecido a él? – no vale la pena seguir hablando cuando he venido a acabar contigo y a llegarme al idiota que estas protegiendo

Ichirouta perdiendo por varios segundos el hilo de la conversación de esos dos, fijó su mirada en el espejo que se encontraba al lado de la cama y buscó desesperadamente el rostro de la chica, aunque odiase a Goenji no se permitiría generar ese sentimiento sobre una pequeña que no tenía anda que ver en esas cadenas que los apresaban generación tras generación. Debía sacarla como fuera posible de ese lugar. Una sonrisa se asomó en sus labios y como si esta fuese una señal para Yuka, ella le mostró un par de sai (*). ¿De dónde los había sacado?

– Si tienes tiempo de ver tu sucio rostro en el espejo deberías estar diciendo tus últimas palabras –Indicó con una sonrisa bastante siniestra, típica de sus años de infancia en donde se dejaba llevar por el odio, en donde le consumía el deseo de saber en dónde se encontraba su hermano, esos días de oscuridad…, mordió su labio inferior y lanzó su primer ataque.

Shirou Fubuki había sido entrenado en los últimos años en un simple Dojo en la zona más rural de todo Hokkaido, con la simpleza de la educación de ese lugar y todos sus conocimientos en las artes marciales, podía ser un as en toda arma de fuego, sin embargo, su verdadera habilidad era con las armas tradicionales japonesas, le habían educado bien, bastante bien.

– La historia de Hokkaido se basa en generaciones y generaciones de luchas por su lugar, ¿sabes lo triste que es eso? –Preguntó lamiendo delicadamente la punta de su arma– fue tan triste su vida que les prohibieron usar armas, las historias de los ancianos dicen que en el pueblo solo había un cuchillo y que si necesitaban usarle debían hacer una fila bastante larga… es por eso que sus armas son tan extrañas y maravillosas, ¡usaban un pedazo de tatami (**) como escudo!, también las guadañas con las que cortaban el arroz

– ¿y eso porque debe importarme? –Dudó lanzándole un puño hacia el rostro, golpe que el otro esquivó fácilmente– deja de hablar tanto y más bien busca una manera de seguir con vida

– ¿por qué debería importarte?... porque te asesinaré lentamente solo para poder ser feliz –Buscó con su mirada objeto alguno que le pudiera lanzar, tomó el hermoso recuadro familiar de Shuuya con la estúpida mocosa y se lo tiró directamente al rostro, lográndole dar una un fuerte golpe debido a la distracción, definitivamente Fubuki había mejorado.

Esa patada no la había visto venir, si bien lo sabía, el combate cuerpo a cuerpo era la mayor debilidad de su oponente. En definitiva tanto odio consumado le había vuelto un adversario digno de tomar en cuenta. Limpiándose la sangre que corría ya en su barbilla, chasqueó la lengua y en un rápido movimiento le tiró al suelo solo con un empujón.

– ¿Estás seguro de querer comenzar? –Espetó pateándolo en su abdomen– aun podrías escapar y tener la vida de un adolescente común y corriente, Shirou

– ¿Adolescente?, ¿Común y corriente?, vamos Ryuugo a parte de tener ya veintiún años, tu sabes que la sangre llama a la sangre, una vez dentro de este turbio mundo la única manera de salir de aquí es muerto –Musitó Fubuki con voz baja, señalando a Kazemaru mientras se ponía de pie– él lo sabe muy bien puesto que ha estado huyendo del ángel de la muerte desde hace ya bastante tiempo

– Él no es un humano como nosotros –Dijo el moreno lanzando un segundo golpe– su vida ha sido vendido al demonio de la rosa negra, ya nada puede hacer para recuperar su alma

– ¿Y ese es mi problema? –Preguntó lanzándole varias agujas a Someoka, el cual para esquivarlas elevó su brazo izquierdo.

– ¿así que piensas que con estos pequeños juegos vas a ganarme? –Chasqueó nuevamente su lengua y bajo la atenta mirada de los tres espectadores comenzó a quitarse los objetos afilados– patético

– En realidad, es más patético que hayas creído que solo iba a derrotarte con una aguja que no tuviese al menos algún paralizante en ella.

Ichirouta sonrió ampliamente, le habían quitado un peso de encima, ahora solo debía asesinar a ese idiota y salvaguardar a Yuka.

Tenía dos opciones, o agarrar el arma de Shirou y asesinarle con un simple disparo al corazón o atacarle con las armas que tenía la niña bajo la cama, las dos eran más arriesgadas, pero era más sencillo la segunda opción, así que se tumbó en la cama y dio rápido una vuelta hasta llegar al borde de esta, bajó su mano y esperó sentir las sai en su mano, debía pensar en cómo acabarlo sin hacer mucho ruido, aunque por lo que veía el entrar a la mansión cada vez era más sencillo.

– Te aplaudiría, pero en realidad me da pereza –Dijo elevando rítmicamente sus piernas– creo que debes estar contento de haber derrotado al amor de tu vida, ¿Qué se siente el haber sido cambiado por alguien que no ama a Someoka?, sé que es lo que es estar bajo órdenes de Shuuya, no tienes opción de amar, de decidir por ti mismo, solo aceptas y acatas cada cosa que se te diga por más inhumana que sea, para este trabajo debes ser patético.

– No lo dudes Ichirouta –Dijo mirándole fijamente– lo eres, das lástima, pesar, ¿acaso crees que alguien debe estar buscándote en este preciso momento?, estás muerto, desde hace bastante tiempo lo estás, desde que tu madre se juntó con alguien que no debía, desde que pusiste un pie en este asqueroso lugar, desde que objetaste por primera vez una orden de esa persona que tanto dice amarte, desde que te enamoraste del poseedor de una familia yakuza… llevas bastante tiempo sin una razón para vivir

Algo dentro de si se quebró, nuevamente su pecho dolía, a veces aceptar la verdad era una cosa bastante cruel, ¿Por qué seguía creyendo que Endou le salvaría?, vamos, le había vendido, había sido completamente un idiota, podían tratarle de animal y no tenía como negarlo, nunca tenía un razón para objetar, sabía que era muy cierto.

– No sabes el verdadero significado de esa palabra –Mustió manteniéndole la mirada al otro– Shirou, no todo lo que brilla es oro, lo que puedes ver como oscuro en realidad es la luz pura, puede que ahora mi estado de lástima, pero cualquiera la daría luego de sufrir todo lo que me ha pasado en este mes.

– ¡No te excuses! – Gritó batiendo sus manos al aire molesto, pero recordó que debía mantenerse al margen, o al menos intentarlo, así que pasó su mano entre las finas hebras de su cabello plateado y tomó aire lentamente– ¿Acaso crees que vivir de los demonios de un macabro pasado te llevará a algún lado?... no lo niegues idiota, si eres patético

– Te lo repito pequeño Fubuki –Bajó lentamente sus piernas y se sentó con la misma velocidad, alzó su mirada y estas chocaron, hielo y fuego, luz y oscuridad, blanco y negro, cuando sus ojos se vieron con tanta intensidad se reflejó la incredulidad de uno y el odio del otro– patético proviene Griego Pathos, lo cual significa pasión, por eso es que trabajar en esta rosa es un completo sacrificio, Kidou y Terumi son la muestra de la tenacidad y esperanza, nosotros somos pasión y poder, estar aquí es un infierno, quizás es por eso que entre demonios y caídos nos llevamos tan bien… Entre mafias la dignidad y los lazos es lo que más interesa, sin embargo, estas rosas olvidan eso con tal de terminar todo trabajo que se haya adquirido, es por eso que… todo se limita al acto de morir o matar

– Bonitas palabras –Dijo Shirou sacando de su chaqueta un Tanto (***) – ¿qué tan bien se te da el combate cuerpo a cuerpo con arma de este tipo?

– Aunque sean un poco excéntricas y parezcan sacadas de un libro que habla de ninjas o samurái en realidad me parece que no soy tan malo en ello –Contestó honestamente, no sabría que más armas podía llevar consigo, al final podría tener más agujas con veneno en alguno de sus bolsillos. Esto sería un serio problema desde el punto en el que le viera– pero según Someoka esa es tu mayor debilidad

– No lo es –Murmuró sacando otro par de las mismas armas– no creo que necesite usar algo más sabiendo que te encuentras en una desventaja bastante desalentadora

– No te fíes tanto de lo que ves –Alzó una de sus manos, la cual poseía aquel artefacto dado por la joven Goenji minutos antes– por lo que puedes observar tengo algo que no esperabas

– Eso no te salvará de la muerte –Espetó con un gruñido al final de su frase y sin decir más se lanzó al ataque.

El cuarto en donde se encontraban no era muy amplio por lo que no habría muchos lugares en donde sus cuerpos podían caer sin hacerse más daño del necesario, Ichirouta tenía su cabello totalmente recogido, a excepción de los pocos mechones rebeldes que se encontraban sueltos, tenía su torso descubierto, la camisa que tenía ya había sido cortada lo suficiente como para que por cualquier momento se hubiera caído sin darse cuenta de ello, gracias a esto se podían notar todas las cortadas que tenía esa parte de su cuerpo, aunque la que más le estaba preocupando era una hecha muy cerca de su ojo izquierdo, tanta sangre corriendo por esa herida le hacía detener a limpiarse para poder ver bien, lo único bueno de aquella situación era que aún no había sacado su segundo sai, pero quizá aún no podía manejarlo como deseaba.

Por otro lado, Shirou estaba en peores condiciones, aunque lo sabía disimilar muy bien, el andrógeno había sido capaz de cortar y chuzarle varios nervios y tendones con los que la movilidad de su cuerpo podía realizarse, bajó su mirada rápidamente al suelo y vio el charco de sangre que había bajo su pierna izquierda, suspiró pesadamente y lanzó el tanto que tenía en su boca. El de hebras azuladas con el sai la esquivó, necesitaba dar el golpe final y salvarse por fin, así debería esconderse por varios años lo haría, necesitaba libertad, aunque muriese en el intento necesitaba hablar con Mamoru y contarle toda la verdad, el merecía saberla, deseaba que este lo abrazara y le disculpara, sin resentimiento alguno, solo amor, pero él lo sabía muy bien, ese tipo de cosas solo sucedían en los cuentos de hadas, ningún sicario podía ser feliz, eso le recordaba…

– Vamos Shirou no quiero matarte, así que hazte a un lado o llévate a Someoka a algún sitio en donde puedas estar con el todo lo que necesites –Con una sonrisa sardónica la cual hizo helar tanto a su contrincante como a la menor del lugar, rápidamente lanzó el segundo sai, aquel que todavía tenía guardad, Fubuki no le había visto venir, había prestado atención a los movimientos que ejecutaba Ichirouta con su mano izquierda, por lo que no vio cuando la otra arma se clavaba a un costado de su abdomen.

El más bajo cayó al suelo rápidamente, logrando ver toda su vida lentamente, recordó la sonrisa de su hermano, como le amaba, debía haberle obedecido, debería haber perdonado a Someoka y haber seguido con su vida de "joven común y corriente". Las batallas generaban odio, ese odio generaba guerras, las guerras a su vez provocaban muertes, muertes que harían nacer la venganza, venganza que haría nacer nuevamente aquel círculo vicioso en el cual ahora se encontraba.

– Dile a mi hermano que lo amo –Dijo con un hilo de voz bastante lastimero– así que los dioses de la muerte vienen por mí después de todo

– No toqué ningún órgano vital, así que no vas a morir –Con pasos lentos y decididos se acercó hasta sentarse hasta sentarse a su lado– ¿Deseas un cigarrillo?

– Me encantaría –Contestó tosiendo en varias ocasiones– pero por lo que vez… no creo poder hacerlo

De una sola patada la puerta fue derrumbada, dejando entrar a una voluptuosa mujer de cabellos castaños a la habitación, observó el cuerpo de Shirou y negó con la cabeza, al ver a Kazemaru, sacó una 9mm, le quitó el seguro y puso su dedo en el gatillo, caminó hasta quedar en frente de este y puso su pistola en medio de sus ojos.

– ¡Bang! ¡Bang! –Gritó provocando que los ojos Kazemaru se abrieran de par en par– Ichirouta–Chan levanta tu trasero del piso y acompáñame, Endou le espera en el auto

– Yuka –Murmuró gateando hasta la cama– es hora de irnos

– Prefiero morir antes de recibir ayuda de Natsumi –Contestó saliendo de su escondite lentamente– llama a mi hermano y déjame en un punto de encuentro, tú debes ir a ver a cierto yakuza

– ¡Vámonos! –Gritó lleno de felicidad, tomando a la menor de los Goenji de la mano– Tu que dices señorita, ¿segura que podemos confiar en ella?

– Tu si –Mustió lentamente– yo no

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Dio nuevamente un vuelco en su cama, no podía dormir, en realidad desde hace varias semanas no podía pegar el ojo como se debía, pero, ¿Quién podría hacerlo cuando el asesino de tu propia vida seguía libre?, podía estar calvo, quemado, con grandes cortaduras y en un calabozo, pero eso no quitaba la sensación de vacío que su pecho tenía, Ryuuji quería matarle con sus propias manos, había aprendido técnicas de tortura en una vieja lección con Hiro, habrían bromeado con tener sexo practicando una que otra posición de esas, aunque nunca hubiera pensado que su vida terminaría así. Se sentía inservible, era basura de la sociedad.

– ¿Quieres que te traiga el brebaje que te preparé para que puedas dormir mejor? –Preguntó el pelirrojo levantándose del sillón en donde estaba– Ryuuji, no niegues mi ayuda, solo esta vez déjame ser feliz

– Hiroto… –Sin decir más, asintió varias veces, se sentía terrible, era un asqueroso ser humano al intentar no enamorarse de esa maravillosa persona que siempre le daba ayuda y amor, pero él no era su Hiro, él era su hermano, no podía hacerlo– deja de hacer esto por favor

– Lo haré cuando puedas ser capaz de vivir sin que yo te obligue a hacerlo –Contestó llevándole un vaso con un líquido verdoso bastante maloliente– no preguntes que es, solo tómalo y descansa

– Deja de ser mi niñera y esto no es un favor, es una orden –tomo la bebida en sus manos y la puso sobre sus piernas– ¿por qué lo haces? ¿Crees que con esto me olvidaré de tu hermano? No sabes cómo enamorarme, no sabes cómo me he sentido a su lado, no sabes nada, solo quieres ser el reemplazo de un muerto que fue todo para mí

– No lo dejaré de hacer porque te amo –Sin verle a los ojos se sentó en el borde de la cama, era muy sucio lo que iba a hacer, se lo había prometido a su hermano, pero él ya no estaba y no era capaz de ver a la persona que más amaba de esa manera, tan acabada y humillada, tan miserable en su aspecto– sé cómo te sientes, sé cómo piensas, sé que te enamoras, sé lo que te gusta y lo que no, porque aquel que te escribía todas esas cartas de amor no era Hiro… era yo, no me creas, qué más da, pensarás que uso este cuento barato en tu momento de debilidad, pero encima del sofá dejé una carta que espero que leas así te darás cuenta de la verdad

– Kiyama… –El otro no cruzó mirada ni le dirigió algún gesto o palabra, solo se paró de su lugar y con pasos lentos y pesados salió de la habitación.

Midorikawa se quedó en la misma posición durante varios minutos, ¿debía ver aquella carta?, no, en realidad no debía, ¿Qué sucedería si eso era todo cierto?, se jodería más su cabeza en un mal momento, debía estar atento a cualquier problema en las misiones que llevaría a cargo en menos de 48 horas, sin embargo la curiosidad es más grande que su cordura y tomó aquel papel, suspiró pesadamente, era hora de olvidar completamente a esa persona que tanto amó y a esa que lo ama, solo por su bien y el bien de la rosa.

"Querido helado parlante:

La misión que debes realizar es el infiltrarte en la Mafia Italiana con tal de obtener la información necesaria para que nuestra rosa sea cada vez más poderosa…

Y ahora que he captado tu atención, solo quiero decirte que aquel poema que te escribí en la décima carta, ese que decía que cada año partía a pedirle a dios tu corazón, es tan cierto como la luz del sol, siempre seré tu apoyo, tu sostén, tu guía… te lo prometí cuando llené de rosas tu cama y te dejé ese helado de pistaches que tanto amas, te lo recordé cuando Hiro te envió esa canción…

Puede que sea un mal hermano al decirte toda la verdad cuando él está muerto… pero no soy capaz de no tenerte, te amo demasiado…"

Negó con su cabeza, ¿por qué le sucedía eso?, ¿por qué tenía que pasar en el momento menos indicado?... ¿aquello era cierto?, aquella carta se resbaló de sus manos, sin terminarla de leer regresó a su cama, se tomó aquel líquido raro que le había dejado Hiroto… no dijo palabra alguna, no quiso pensar en ello, solamente se recostó lentamente y luego de tanto tiempo se permitió llorar. Lloraba como nunca lo había hecho, gemía desesperadamente, odiaba su vida, odiaba la mafia, odiaba ese mundo, pero lo que más odiaba era el no saber qué hacer con su situación actual, si esa carta era cierta… ¿se había enamorado de Hiroto en vez de Hiro?