Qué tal?

Yo bien aunque un poco molesta con FF.

No he podido subir capítulos por mucho tiempo a esta historia. No sé porque o si alguien me reportó o algo por el estilo.

Lo único bueno es que ahora realmente no tendrán que esperar mucho por cada capítulo pues tengo este libro terminado, incluso dos de "La Cámara Secreta" listos.

Espero que les guste este capítulo y me perdonen por el laaaaargo retraso.

Espero sus comentarios y críticas.

Importante: Harry Potter y sus personajes y mundo pertenecen a J. , todo lo escrito en negrita es de su propiedad, el resto es obra de mi imaginación.


El despertar a este nuevo día fue mucho más pacífico y tranquilo que el anterior.

Al menos no hubo nadie irrumpiendo en las habitaciones.

James y Lily fueron los primeros en despertar, a pesar de haber dormido poco y que el día anterior hubiese sido tan largo.

Anoche Lily se había permitido llorar y liberar todo el estrés y la pena que sentía en su interior, mientras que James la sostenía en sus brazos, también con lágrimas en sus mejillas.

No era sólo por las penurias que había sufrido su hijo, sino también por no haber estado ahí para él.

El saber que se habían perdido 14 años de la vida de Harry, que nunca recuperarían, el temor de no saber si de ahora en adelante podrían continuar estando con él o si tendrían que volver a la noche de Halloween, y volver a desaparecer de la vida de su hijo.

Pero también estaba la incertidumbre de qué papel jugarían en la vida de Harry si se quedaban. Ni james ni Lily estaban seguros de poder desempeñarse como padres del adolescente. Veían cómo interactuaba con las personas a su alrededor y se daban cuenta de que lo más cercano a una figura paterna para Harry era Sirius. Y canuto ya era un hombre adulto, por muy inmaduro que pudiera comportarse a veces.

Entre ellos y Harry sólo había seis años de diferencia, lo que hacía muy difícil aceptar a alguien como padres. Y Lily no se imaginaba llamando la atención de Harry o castigándolo sin que este la mirara raro. Aunque, pensándolo bien, Harry ya no necesitaba ser educado o castigado, pues este ya demostraba un nivel de madurez extraordinario.

Ese pensamiento sólo la hizo llorar más, pues se dio cuenta de que su hijo prácticamente no los necesitaba, y eso la hería profundamente.

Pero James pudo ver el punto de luz en todo esto, y así se lo hizo ver a su esposa.

―Puede que él no necesite padres que lo eduquen, pero si necesita y quiere padres que lo amen, y tú y yo lo hacemos con todo nuestro ser― dijo James suavemente.

Esas palabras fueron lo que les dieron paz y les permitieron dormir algunas horas.

La razón por la que despertaron temprano fue porque sólo querían compartir con su hijo sintiendo que cada minuto que pasaban junto a él podría ser el último. Y sabían que deberían pasar al menos un par de día para que ese sentimiento desapareciera.

Se tomaron su tiempo para prepararse, pues sabían que era poco probable que Harry estuviera despierto a las seis de la mañana.

Cuando Salieron al área común de la sala, sólo Dumbledore y la profesora McGonaggal estaban presentes y, aunque intercambiaron saludos cordiales, no quisieron acercarse a conversar, pues Lily y James tenían fuertes sospechas de la manipulación de Dumbledore, y no creían poder tener una conversación amigable sin reprocharle el que pusiera a su hijo en peligro.

Pasaron veinte minutos sólo conversando entre ellos hasta que empezaron a salir de las habitaciones el resto de los lectores, y pronto Harry también apareció.

Se acercaron rápidamente a él y Ginny y una gran sonrisa apareció en la cara de ambos al ver que las manos de la joven pareja se encontraban enlazadas.

Ambos se sintieron un poco más ligeros y contentos cuando vieron el brillo de felicidad, e incluso amor, que apareció en los ojos de Harry cuando los vio.

El desayuno pasó de forma rápida, entre chistes y comentarios de parte de todos en las diferentes mesas, en las cuales se habían vuelto a separar.

Cuando todos terminaron, incluyendo Ron, se pusieron de pie y esperaron unos segundos para que desaparecieran las mesas y reaparecieran las butacas y sillones. Se sentaron casi en las mismas posiciones que el día anterior.

―¿Quién leerá ahora? ― preguntó Seamus, pues ya había olvidado quién se había ofrecido el día anterior.

―Yo ― dijo Remus acercándose a la mesa en la cual estaban los libros.

Tomó asiento y se preparó para leer.

La obvia curiosidad y deseo de conocer qué más sucedía en la historia se evidenció cuando el tiempo que tomó que todos se ubicaran y guardaran silencio fue mucho más corto que la mañana anterior. Remus supuso que también tenía que ver que era evidente que quedaban muy pocos capítulos para acabar el libro.

Norberto, el ridgeback noruego

La profesora McGonaggall se tensó, esperando que el título del libro no significara lo que ella creía, no le gustaría que fuera gracias a Hagrid que sus alumnos se veían enredados en cosas peligrosas, en especial si tenían que ver con un animal lanza fuego.

Aún recordaba perfectamente la noche en la cual le restó ciento cincuenta puntos a su propia casa por rumores de un dragón.

Mientras tanto Draco se enderezó en su silla. La verdad es que nunca supo qué dragón habían movido Potter y Granger, pero si su memoria no le fallaba, era alrededor de esas fechas en las que fue castigado y enviado al bosque prohibido. Y lo mejor es que todos sabrían que él no había mentido. Al menos no en aquella ocasión.

Charlie no sabía muy bien cómo enfrentar el capítulo. Pues era lógico suponer que sería en este en el cual aparecería su participación en la extracción y movilización de un dragón ilegal desde Hogwards. Prefería no aparecer, pues no era divertido escuchar los gritos de su madre.

Sin embargo, Quirrell debía de ser más valiente de lo que habían pensado.

―O farsante ― comentó Ron con rencor, no le agradaba la idea de haber estado todo un año siendo engañado por alguien como Quirrell. Hermione y Harry le sonrieron como apoyo, sabiendo perfectamente qué es lo que estaba pensando.

En las semanas que siguieron se fue poniendo cada vez más delgado y pálido, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido. Cada vez que pasaban por el pasillo del tercer piso, Harry, Ron y Hermione apoyaban las orejas contra la puerta, para ver si Fluffy estaba gruñendo, allí dentro.

Snape seguía con su habitual mal carácter, lo que seguramente significaba que la Piedra estaba a salvo.

―No ― dijo Sirius con el ceño fruncido ―, solo está siendo el bastardo de siempre ― Lily lo miró feo por decir malas palabras frente a los niños, pero no le corrigió mientras se escuchaban algunas risitas que se sofocaban rápidamente, al fin y al cabo la mayoría de los presentes eran alumnos de Snape y no querían estar en su lado malo. O al menos no que los odiara y denigrara abiertamente como a Harry Potter.

Cada vez que Harry se cruzaba con Quirrell, le dirigía una sonrisa para darle ánimo, y Ron les decía a todos que no se rieran del tartamudeo del profesor.

―Cómo me arrepiento de eso ― gruñó Harry, siendo confortado por su familia y leves sonrisas de los presentes, ya no valía la pena ocultar que Quirrell era el culpable de todo, mal que mal Sirius ya lo había anunciado. Y era más liberador despotricar contra el antiguo profesor.

Ron asintió con la cabeza, apoyando completamente la declaración de su mejor amigo.

Hermione, sin embargo, tenía en su mente otras cosas, además de la Piedra Filosofal. Había comenzado a hacer horarios para repasar y a subrayar con diferentes colores sus apuntes. A Harry y Ron eso no les habría importado, pero los fastidiaba todo el tiempo para que hicieran lo mismo.

Hermione, faltan siglos para los exámenes.

Diez semanas —replicó Hermione—. Eso no son siglos, es un segundo para Nicolás Flamel.

―No es sabio ni saludable comparar lo que haces o no en tu tiempo comparándolo con un hombre de más de medio siglo Hermione ― amonestó suavemente Remus, él entendía la necesidad de Hermione de demostrar de lo que era capaz, pero a veces la chica pecaba de soberbia y eso no era algo recomendable.

―Lo sé ― dijo la chica avergonzada ― es que me siento más segura cuando estudio porque es algo que sé que hago bien y en aquel tiempo estaba muy nerviosa.

Los que la conocían asintieron con la cabeza, ya conociendo y entendiendo los hábitos de la chica, y los que no, se sorprendieron un poco de que la forma compulsiva de estudiar de la chica tuviera una razón más allá de querer sobresalir en lo académico.

Pero nosotros no tenemos seiscientos años —le recordó Ron—. De todos modos, ¿para qué repasas si ya te lo sabes todo?

Hubo algunas risitas al escuchar eso, pues más de uno había querido preguntarle lo mismo a la chica.

¿Que para qué estoy repasando? ¿Estás loco? ¿Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exámenes para entrar en segundo año? Son muy importantes, tendría que haber empezado a estudiar hace un mes, no sé lo que me pasó...

―Tienes que aprender a relajarte ― le dijo Lily suavemente ―, no es bueno que te estreses tanto solo por los exámenes de fin de año ― continuó antes de que Hermione pudiese objetar ―, sí sigues así vas a colapsar cuando sean los exámenes de este año o los de séptimo. Es bueno preocuparse, pero el volverte loca y perder la confianza sólo te harán cometer errores tontos.

Hermione la miró un poco preocupada, sabía que exageraba un poco cuando eran los exámenes de fin de año, pero no podía evitarlo, y tenía que admitir que este año ya se estaba poniendo ansiosa, y, aunque siempre le había ido bien, le era imposible relajarse. Tendría que buscar más tarde a la madre de su mejor amigo y pedirle consejos.

Pero desgraciadamente, los profesores parecían pensar lo mismo que Hermione. Les dieron tantos deberes que las vacaciones de Pascua no resultaron tan divertidas como las de Navidad.

―Nunca lo son ― comentó Sirius decepcionado, él también había pasado por lo mismo en sus años escolares.

Era difícil relajarse con Hermione al lado, recitando los doce usos de la sangre de dragón o practicando movimientos con la varita.

Lily hizo una mueca, la inseguridad de la chica no solo la afectaba a ella si no a los que la rodeaban. Esperaba que nadie se lo dijera de forma áspera, o heriría mucho a la niña.

Hermione también hizo una mueca, cuando entraba en su "modo estudio" no prestaba mucha atención a lo que la rodeaba, y no se había dado cuenta de que perjudicaba a sus amigos, y pensaba que sus reclamos se debían solo a la mayor cantidad de tiempo que gastaban estudiando en la biblioteca.

Quejándose y bostezando, Harry y Ron pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca con ella, tratando de hacer todo el trabajo suplementario.

Nunca podré acordarme de esto —estalló Ron una tarde, arrojando la pluma y mirando por la ventana de la biblioteca con nostalgia.

Era realmente el primer día bueno desde hacía meses. El cielo era claro, y las nomeolvides azules y el aire anunciaban el verano. Harry, que estaba buscando «díctamo» en Mil hierbas mágicas y hongos no levantó la cabeza hasta que oyó que Ron decía:

¡Hagrid! ¿Qué estás haciendo en la biblioteca?

―Al menos es bueno que no te distraigas fácilmente ― comentó Lily suavemente mientras acariciaba suavemente el cabello de su hijo, que se encontraba sentado a su lado.

Hagrid apareció con aire desmañado, escondiendo algo detrás de la espalda. Parecía muy fuera de lugar; con su abrigo de piel de topo.

Estaba mirando —dijo con una voz evasiva que les llamó la atención—. ¿Y vosotros qué hacéis? —De pronto pareció sospechar algo—. No estaréis buscando todavía a Nicolás Flamel, ¿no?

Oh, lo encontramos hace siglos —dijo Ron con aire grandilocuente—. Y también sabemos lo que custodia el perro, es la Piedra Fi...

―¡No des información importante en cualquier lado! ― ladró Moody, Haciendo que varios dieran saltos des susto y otros tanos apuñalaran con la mirada al ex auror.

―Lo Siento ― murmuró Ron luego de recuperarse del susto.

¡Shhh! —Hagrid miró alrededor para ver si alguien los escuchaba—. No podéis ir por ahí diciéndolo a gritos. ¿Qué os pasa?

En realidad, hay unas pocas cosas que queremos preguntarte —dijo Harry— sobre qué cosas más custodian la Piedra, además de Fluffy...

Moddy le echó una fea mirada a Harry, pues para él Potter era quien más demostraba potencial, y no le agradaba que demostrara tan poco sentido común.

―No deberías hablar sobre eso en un lugar público ― lo amonestó Tonks sin mucho problema, y un poco divertida por la expresión casi traicionada en la cara de su ex mentor.

―Pero de esa forma Hagrid se sentiría presionado para llevarnos a un lugar más privado, y ahí lo podríamos interrogar con más insistencia ― se defendió Harry, y con la mirada que le dio a Tonks dio a entender que era algo obvio.

Moddy levantó una ceja, al parecer el chico era más astuto y manipulador de lo que mostraba. Y eso le agradaba, muchas veces era necesario para sobrevivir.

¡SHHHH! —dijo Hagrid otra vez—. Mirad, venid a verme más tarde, no os prometo que os vaya a decir algo, pero no andéis por ahí hablando, los alumnos no deben saber nada. Van a pensar que yo os lo he contado...

Esa declaración sorprendió a algunos e hizo sonreír a otros, esa reacción del semi gigante demostraba que Harry lo conocía muy bien y que este no tenía problema en usar ese conocimiento para conseguir sus objetivos. Aunque por el momento habían sido cosas que no causaban daño, por lo que nose preocuparon demasiado.

Te vemos más tarde, entonces —dijo Harry Hagrid se escabulló.

¿Qué escondía detrás de la espalda? —dijo Hermione con aire pensativo. —¿Creéis que tiene que ver con la Piedra?

―No lo creo ― dijo Lily con una sonrisa tensa.

Ella también conocía bien a Hagrid y sabía que si Dumbledore le decía que se lanzara al lago desnudo a mediados de febrero, Hagrid lo haría y ni siquiera preguntaría para qué. Así que dudaba mucho de que quisiera averiguar por su cuanta algo relacionado con la piedra. Para Hagrid todo lo que decía y hacía Dumbledore era lo correcto y no había problemas con eso.

Voy a ver en qué sección estaba —dijo Ron, cansado de sus trabajos.

―Lo que sea para alejarte de tus estudios ¿Verdad? ―dijo Charlie divertido, entendiendo perfectamente a su hermanito, él tampoco había sido muy dado a los estudios.

Regresó un minuto más tarde, con muchos libros en los brazos. Los desparramó sobre la mesa. —¡Dragones! —susurró—. ¡Hagrid estaba buscando cosas sobre dragones! Mirad estos dos: Especies de dragones en Gran Bretaña e Irlanda y Del huevo al infierno, guía para guardianes de dragones...

Esa información no le calló bien a ninguno de los que conocían a Hagrid, pues sabían que este haría cualquier cosa por conseguir un dragón, incluso si fuera ilegal.

Neville puso más atención, pues siempre había querido saber la verdad de aquella noche, pues esta, y sus posteriores consecuencias, habían sido una de sus peores experiencias durante primer año.

Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocí —dijo Harry.

Pero va contra nuestras leyes —dijo Ron—. Criar dragones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, todos lo saben.

―Criados por los magos ― corrigió dulcemente Lily, pues cuando ella había preguntado le dieron la misma respuesta.

Para los sangre pura, aunque fueran amigables con los nacidos muggle, era fácil olvidar que no sabían las mismas cosas que ellos.

Ron le lanzó una mirada de disculpa, pues luego de cinco años siendo amigos de un nacido muggle y un criado muggle, había aprendido que lo que él creía era de conocimiento común entre los magos, no se aplicaba siempre a sus dos mejores amigos.

Era difícil que los muggles no nos detectaran si teníamos dragones en nuestros jardines. De todos modos, no se puede domesticar un dragón, es peligroso. Tendríais que ver las quemaduras que Charlie se hizo con esos dragones salvajes de Rumania.

La señora Weasley no pudo evitar lanzar una mirada preocupada a su hijo. Siempre había pensado que ser cuidador de dragones era una carrera demasiado peligrosa, pero su hijo no había querido escucharla, y siguió con su sueño.

Pero no hay dragones salvajes en Inglaterra, ¿verdad? —preguntó Harry

Por supuesto que hay —respondió Ron—. Verdes en Gales y negros en Escocia. Al ministro de Magia le ha costado trabajo silenciar ese asunto, te lo aseguro. Los nuestros tienen que hacerles encantamientos a los muggles que los han visto para que los olviden.

Charlie sonrió, al parecer su hermanito sí le prestaba atención cuando les contaba cosas relacionadas con sutrabajo.

Entonces ¿en qué está metido Hagrid? —dijo Hermione.

―En problemas de seguro ― dijo James suspirando. No le gustaba la idea, pero sabía que su hijo intentaría ayudar a Hagrid si este se metía en problemas, y lo más probable es que Harry también tuviera problemas.

Lily le sonrió y apretó su mano. Al parecer ambos estaban en el mismo carril de pensamiento.

Cuando llamaron a la puerta de la cabaña del guardabosques, una hora más tarde, les sorprendió ver todas las cortinas cerradas. Hagrid preguntó «¿quién es?» antes de dejarlos entrar, y luego cerró rápidamente la puerta tras ellos.

Ese pequeño trozo provocó que varios alzaran una ceja, era obvio que el guardabosque estaba intentando ocultar algo.

En el interior; el calor era sofocante. Pese a que era un día cálido, en la chimenea ardía un buen fuego. Hagrid les preparó el té y les ofreció bocadillos de comadreja, que ellos no aceptaron.

Entonces ¿queríais preguntarme algo?

Sí —dijo Harry No tenía sentido dar más vueltas—. Nos preguntábamos si podías decirnos si hay algo más que custodie a la Piedra Filosofal, además de Fluffy.

Se escucharon un par de risas por la forma tan directa de Harry de enfrentar a Hagrid. Aunque estaban en silencioso acuerdo en que era la mejor forma de enfrentar esa conversación en particular.

Hagrid lo miró con aire adusto.

Por supuesto que no puedo —dijo—. En primer lugar; no lo sé. En segundo lugar, vosotros ya sabéis demasiado, así que tampoco os lo diría si lo supiera. Esa Piedra está aquí por un buen motivo. Casi la roban de Gringotts... Aunque eso ya lo sabíais, ¿no?

―Y si no lo hubiesen sabido tú se los dijiste ahora ― suspiró Bill, quien estaba a la par preocupado y orgulloso por su hermanito y sus amigos. Él ya sabía de qué iba este capítulo, porque Charlie se lo había contado un par de años antes, aunque había sido en forma de anécdota. Supuso que escuchar los hechos de forma más literal sería diferente.

Me gustaría saber cómo averiguasteis lo de Fluffy.

Oh, vamos, Hagrid, puedes no querer contarnos, pero debes saberlo, tú sabes todo lo que sucede por aquí —dijo Hermione, con voz afectuosa y lisonjera. La barba de Hagrid se agitó y vieron que sonreía. Hermione continuó—: Nos preguntábamos en quién más podía confiar Dumbledore lo suficiente para pedirle ayuda, además de ti.

Con eso muchos dejaron salir carcajadas, era obvio lo que la chica estaba tratando de hacer y les parecía un poco hilarante que fuera la más apegada a las reglas quien recurriera a tales tácticas.

― Muy bien hecho Hermione ― la felicitó Sirius―. El apelar al ego suele ser una buena forma de acceder a algunas personas.

Hermione solo se rio suave y tímidamente, antes de lanzarle una mirada de disculpa a Hagrid, quien le quitó importancia sacudiendo la mano.

Con esas últimas palabras, el pecho de Hagrid se ensanchó. Harry y Ron miraron a Hermione con orgullo.

Bueno, supongo que no tiene nada de malo deciros esto... Dejadme ver... Yo le presté a Fluffy... luego algunos de los profesores hicieron encantamientos... el profesor Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall —contó con los dedos—, el profesor Quirrell…

Algunos hicieron muecas, pues era lógico que esa "protección" sería menos que inútil.

y el mismo Dumbledore, por supuesto. Esperad, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el profesor Snape.

¿Snape?

Ajá... No seguiréis con eso todavía, ¿no? Mirad, Snape ayudó a proteger la Piedra, no quiere robarla.

Harry sabía que Ron y Hermione estaban pensando lo mismo que él. Si Snape había formado parte de la protección de la Piedra, le resultaría fácil descubrir cómo la protegían los otros profesores. Es probable que supiera todos los encantamientos, salvo el de Quirrell, y cómo pasar ante Fluffy.

―La idea no está mal encaminada, lo que está mal es en quién estáis pensando ― dijo Kingsley, intentando animar un poco al trío, pues lucían bastante molestos consigo mismos por haberse equivocado.

Ellos le sonrieron, agradecidos por su comentario. Los hacía sentir menos tontos.

Tu eres el único que sabe cómo pasar ante Fluffy, ¿no, Hagrid? —preguntó Harry con ansiedad—. Y no se lo dirás a nadie, ¿no es cierto? ¿Ni siquiera a un profesor?

Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo —dijo Hagrid con orgullo.

Bueno, eso es algo —murmuró Harry a los demás—. Hagrid, ¿podríamos abrir una ventana? Me estoy asando.

―¿No le preguntarás cómo pasar al perro? ― preguntó Teodore sorprendido.

―No era necesario― dijo Harry encogiéndose de hombros ―, no era como si quisiera sobrepasar al perro. En ese momento sóloquería asegurarme de que estuviera a salvo.

Nott frunció el ceño, lo que dijo Potter tenía sentido, pero aún así le pareció raro que el chico no quisiera enterarse de todo.

No puedo, Harry, lo siento —respondió Hagrid. Harry notó que miraba de reojo hacia el fuego. Harry también miró.

Hagrid... ¿Qué es eso?

Pero ya sabía lo que era. En el centro de la chimenea, debajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.

Se escucharon gemidos de frustración, aunque muchos ya se esperaban algo como esto, era bastante preocupante el hecho de que hace algunos años Hagrid hubiera podido hacerse con un huevo de Dragón en las narices de todos y que solo los tres primer año supieran.

Ah —dijo Hagrid, tirándose con nerviosismo de la barba—. Eso... eh...

¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron, agachándose ante la chimenea para ver de cerca el huevo— Debe de haberte costado una fortuna.

Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero.

―Cualquiera si sabe que algún auror está tras sus pasos ― dijo Zabini, pues había escuchado de que a veces algunos contrabandistas escapaban de los aurores mientras se deshacían de las mercancías.

Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —preguntó Hermione.

Bueno, estuve leyendo un poco —dijo Hagrid, sacando un gran libro de debajo

de su almohada—. Lo conseguí en la biblioteca: Crianza de dragones para placer y provecho. Está un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo. Mantener el huevo en el fuego, porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarón, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, cada media hora. Y mirad, dice cómo reconocer los diferentes huevos. El que tengo es un ridgeback noruego. Y son muy raros.

―No creo que Hermione se refiriera a eso ― dijo Charlie e hizo una mueca. Le tenía mucho cariño a Hagrid, pero era obvio que este no estaba pensando lógicamente. Leer sobre dragones y su crianza era muy diferente a la realidad, solo esperaba que no se hiciera daño a sí mismo o a otros con su terquedad. O estupidez, le ofreció una parte de su mente.

Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero Hermione no.

Hagrid, tú vives en una casa de madera —dijo.

Pero Hagrid no la escuchaba. Canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego.

Así que ya tenían algo más de qué preocuparse: lo que podía sucederle a Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dragón ilegal en su cabaña.

―En el momento en el que el dragón aprenda a lanzar llamas o a volar todo se descubrirá ― dijo Charlie suspirando ―. O se sabe porque su cabaña se incendia o porque un dragón vuela cerca de la escuela. Los dragones no son animales a los cuales les guste ser contenidos.

Hagrid estaba a punto de refutar, pero la mirada que le dirigió la profesora McGonaggall lo calló.

Me pregunto cómo será tener una vida tranquila —suspiró Ron, mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les daban los profesores.

―Aun me lo pregunto ― dijo Ron con una mueca recostándose en una silla.

Hermione había comenzado ya a hacer horarios de repaso para Harry y Ron. Los estaba volviendo locos. Entonces, durante un desayuno, Hedwig entregó a Harry otra nota de Hagrid. Sólo decía: «Está a punto de salir». Ron quería faltar a la clase de Herbología e ir directamente a la cabaña. Hermione no quería ni oír hablar de eso.

Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón saliendo de su huevo?

―Muy cierto ― estuvieron de acuerdo varias personas, incluso adultos.

Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo...

¡Cállate! —susurró Harry.

Algunos lo miraron sorprendidos, era raro que el chico fuera brusco con Hermione. Pero antes de que alguien pudiera comentar, Remus continuó leyendo.

Malfoy estaba cerca de ellos y se había quedado inmóvil para escucharlos. ¿Cuánto había oído? A Harry no le gustó la expresión de su cara.

Varios miraron mal al rubio, lo que lo hizo que este se irritara. Eran Potter y sus amigos los que estaban haciendo algo malo y era a él a quien lo censuraban, lo que era injusto y todo porque era "San Potter".

―Sé lo que está pensando, y estás mal ― le dijo Sirius, lo que sorprendió a Draco, pues no esperaba que fuera él quien le hablara ―. Aunque lo olvides sigo siendo un Black, y sé muy bien lo que estás pensando. Se refleja en tu rostro. No te miramos mal porque sea a Harry a quien descubriste haciendo algo mal, sino porque lo que buscas es que alguien lo castigue.

―Estaría bien si le informaras a un profesor porque crees que puede dañar a alguien ― continuó Lily ―, pero lo único que buscabas es lastimar a Harry. Las personas así solo están condenadas a fracasar en lo que quieren ― ahora, Lily no solo estaba hablando de Draco, sino también de Severus, y este se dio cuenta, pues se negó a mirar a la pelirroja.

Draco prefirió ignorarlos a ambos.

Ron y Hermione discutieron durante todo el camino hacia la clase de Herbología y, al final, Hermione aceptó ir a la cabaña de Hagrid con ellos durante el recreo de la mañana. Cuando al final de las clases sonó la campana del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y corrieron por el parque hasta el borde del bosque. Hagrid los recibió, excitado y radiante.

Ya casi está fuera —dijo cuando entraron. El huevo estaba sobre la mesa. Tenía grietas en la cáscara. Algo se movía en el interior y un curioso ruido salía de allí. Todos acercaron las sillas a la mesa y esperaron, respirando con agitación. De pronto se oyó un ruido y el huevo se abrió. La cría de dragón aleteó en la mesa. No era exactamente bonito. Harry pensó que parecía un paraguas negro arrugado.

Algunos rieron por esa descripción.

―Totalmente de acuerdo ― dijo Ginny riendo, y Charlie también asintió mientras se reía.

Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacucho. Tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las puntas de los cuernos ya le salían y tenía los ojos anaranjados y saltones. Estornudó. Volaron unas chispas.

¿No es precioso? —murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos colmillos puntiagudos. —¡Bendito sea! Mirad, conoce a su mamá —dijo Hagrid.

―Creo que más bien reconoce a su posible comida ― susurró Blaise a Draco y Theo, que rieron silenciosamente.

Hagrid —dijo Hermione—. ¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks noruegos?

―Buena pregunta ― dijo Fred levantando una ceja. Le sorprendía que no se hubiera enterado de la existencia del dragón.

Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro palideció. Se puso de pie de un salto y corrió hacia la ventana.

¿Qué sucede?

Alguien estaba mirando por una rendija de la cortina... Era un chico... Va corriendo hacia el colegio.

Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible: Malfoy había visto el dragón.

―¿Puedo saber por qué no me informó de inmediato de esto en vez de esperar días? ― Malfoy no respondió pero evitó la vista de la profesora. Todos ya sabían que había esperado el momento para hacer el mayor daño posible.

• • •

Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana siguiente ponía nerviosos a Harry, Ron y Hermione. Pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la oscura cabaña de Hagrid, tratando de hacerlo entrar en razón.

Déjalo ir —lo instaba Harry—. Déjalo en libertad.

No puedo —decía Hagrid—. Es demasiado pequeño. Se morirá.

Charlie solo negó con la cabeza, sabía que intentar hacer entrar en razón a Hagrid era una tarea perdida.

Miraron el dragón. Había triplicado su tamaño en sólo una semana. Ya le salía humo de las narices. Hagrid no cumplía con sus deberes de guardabosques porque el dragón ocupaba todo su tiempo. Había botellas vacías de brandy y plumas de pollo por todo el suelo.

He decidido llamarlo Norberto —dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos húmedos—. Ya me reconoce, mirad. ¡Norberto! ¡Norberto! ¿Dónde está mamá?

Ha perdido el juicio —murmuró Ron a Harry.

―Definitivamente ― musitó George, por muy bien que le callera Hagrid, esto era insano.

Hagrid —dijo Harry en voz muy alta—, espera dos semanas y Norberto será tan grande como tu casa. Malfoy se lo contará a Dumbledore en cualquier momento.

Hagrid se mordió el labio.

Yo... yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo.

Harry se volvió hacia Ron súbitamente.

Charlie —dijo.

Tú también estás mal de la cabeza —dijo Ron—. Yo soy Ron, ¿recuerdas?

Fred y George fueron quienes más rieron ante eso, pero no comentaron.

No... Charlie, tu hermano. En Rumania. Estudiando dragones. Podemos enviarle a Norberto. ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad!

―Razonamiento, amenaza, solución. Buen avance táctico ― dijo Moody asintiendo con la cabeza. Toncks solo negó con la cabeza, Ojoloco estaba evaluando las acciones del Harry de once años como si fuera un nuevo recluta a auror.

¡Genial! —dijo Ron—. ¿Qué piensas de eso, Hagrid?

Y al final, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie.

―Al menos ahora hay una vía de solución ― dijo la señora Granger preocupada. Ella y su esposo sabían por su hija de la existencia de los dragones, pero los ponía nerviosos el que hubiese estado tan cerca de uno. Y por lo que habían escuchado, incluso siendo una cría era peligroso.

La semana siguiente pareció alargarse. La noche del miércoles encontró a Harry y Hermione sentados solos en la sala común, mucho después de que todos se fueran a acostar. El reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la nada, al quitarse la capa invisible de Harry Había estado en la cabaña de Hagrid, ayudándolo a alimentar a Norberto, que ya comía ratas muertas.

¡Me ha mordido! —dijo, enseñándoles la mano envuelta en un pañuelo ensangrentado.

Eso preocupó a Charlie, sabía perfectamente que esa raza de dragones era venenosa, solo esperaba que Ron acudiera a la enfermera lo antes posible.

No podré escribir en una semana. Os aseguro que los dragones son los animales más horribles que conozco, pero para Hagrid es como si fuera un osito de peluche. Cuando me mordió, me hizo salir porque, según él, yo lo había asustado. Y cuando me fui le estaba cantando una canción de cuna.

Todos los Weasley miraron mal al guardabosque, no les agradaba que él no se preocupara por la mano de rony que no se asegurara que estaba bien.

Se oyó un golpe en la ventana oscura.

¡Es Hedwig! —dijo Harry, corriendo para dejarla entrar—. ¡Debe de traer la respuesta de Charlie!

Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.

Querido Ron:

¿Cómo estás? Gracias por tu carta. Estaré encantado de quedarme con el ridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí. Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos llevando un dragón ilegal. ¿Podríais llevar al ridgeback noruego a la torre más alta, la medianoche del sábado? Ellos se encontrarán contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad. Envíame la respuesta lo antes posible.

Besos, Charlie

―¿Sabias? ― la señora Weasley le dijo a su hijo indignada. No podía creer que no le contara algo tan importante.

Era obvio por lo que habían leído que Charlie sí sabía, por lo que no tenía sentido que respondiera, y antes de que Molly pudiera agregar algo, remus continuó leyendo.

Se miraron.

Tenemos la capa invisible —dijo Harry—. No será tan difícil... creo que la capa es suficientemente grande para cubrir a Norberto y a dos de nosotros.

La prueba de lo mala que había sido aquella semana para ellos fue que aceptaron de inmediato. Cualquier cosa para liberarse de Norberto... y de Malfoy.

Se encontraron con un obstáculo. A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal. No sabía si convenía ir a ver a la señora Pomfrey ¿Reconocería una mordedura de dragón? Sin embargo, por la tarde no tuvo elección. La herida se había convertido en una horrible cosa verde. Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno.

Molly y Arthur miraron preocupados a su hijo, supusieron que debió haber sido doloroso, pero sabían que se había recuperado sin secuelas, así que prefirieron no comentar.

Ron por su parte se frotó la mano, mientras un dolor fantasma la atravesaba al recordar la mordida. Rose le acarició la mano al darse cuenta y Ron le sonrió agradecido.

Al finalizar el día, Harry y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron y lo encontraron en un estado terrible.

No es sólo mi mano —susurró— aunque parece que se me vaya a caer a trozos.

Más de uno hizo muecas ante la imagen mental que ese comentario evocó.

Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo riendo de mí. Me amenazó con decirle a ella quién me había mordido (yo le había dicho que era un perro, pero creo que no me creyó). No debí pegarle en el partido de quidditch. Por eso se está portando así.

James hizo una mueca, sabía que no era culpa de la enfermera, pero le gustaría que evitara que personas desagradables visitaran a su hijo o sus amigos en la enfermería cuando estos estaban ahí.

Harry y Hermione trataron de calmarlo.

Todo habrá terminado el sábado a medianoche —dijo Hermione, pero eso no lo tranquilizó. Al contrario, se sentó en la cama y comenzó a temblar.

¡La medianoche del sábado! —dijo con voz ronca—. Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie estaba en el libro que se llevó Malfoy, se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto.

Harry y Hermione no tuvieron tiempo de contestarle. Apareció la señora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir.

Es muy tarde para cambiar los planes —dijo Harry a Hermione—. No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechuza y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Y tenemos la capa invisible y Malfoy no lo sabe.

Los adultos no estaban contentos con el desarrollo de las cosas, pero no podían hacer mucho, en especial porque eso ya había pasado y regañar a los chicos solo causaría retraso y todos querían saber cómo habían terminado las cosas para todos los involucrados.

Encontraron a Fang, el perro cazador de jabalíes, sentado afuera, con la cola vendada, cuando fueron a avisar a Hagrid. Éste les habló a través de la ventana.

―Creí que Fang era tu amigo, y lo estás abandonando cuando estaba herido ― dijo Fred con una falsa mueca de decepción. Pero se arrepintió de sus dichos cuando vio la mueca culpable de Hagrid, pero antes de que pudiera decir algo más, la lectura continuó.

No os hago entrar —jadeó— porque Norberto está un poco molesto. No es nada importante, ya me ocuparé de él.

Cuando le contaron lo que decía Charlie, se le llenaron los ojos de lágrimas, aunque tal vez fuera porque Norberto acababa de morderle la pierna.

¡Aaay! Está bien, sólo me ha cogido la bota... está jugando... después de todo es sólo un cachorro. El cachorro golpeó la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas.

Charlie se tuvo que morder la lengua. Ya sabía que intentar razonar con Hagrid sobre el dragón era inútil, pero aun así era casi ridícula la actitud del semi gigante. El dragón claramente estaba buscando su libertad y Hagrid era un obstáculo para ese fin. Si Hagrid no se hubiera desecho a tiempo del dragón, lo más probable es que este lo hubiera atacado.

Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensación de que el sábado no llegaría lo bastante rápido.

Tendrían que haber sentido pena por Hagrid, cuando llegó el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocupados por lo que tenían que hacer. Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaña de Hagrid, porque tuvieron que esperar a que Peeves saliera del vestíbulo, donde jugaba a tenis contra las paredes. Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.

Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje —dijo Hagrid con voz amable—. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo.

Hubieron risas por lo ridículo de esta acción y Hagrid se puso rojo, aunque la verdad es que aun con todo lo que había escuchado, no veía el problema en sus acciones.

Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que hicieron pensar a Harry que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito. —¡Adiós, Norberto! —sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa invisible y se metían dentro ellos también—. ¡Mamá nunca te olvidará!

Hagrid se sintió triste una vez más, aunque gracias a Charlie sabía que Norberta era muy feliz en Rumania.

Cómo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre del castillo fue algo que nunca supieron. Era casi medianoche cuando trasladaron la jaula de Norberto por las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Subieron una escalera, luego otra... Ni siquiera uno de los atajos de Harry hizo el trabajo más fácil.

¡Ya casi llegamos! —resopló Harry, mientras alcanzaban el pasillo que había bajo la torre más alta.

Todo aquel que había estudiado en Hogward hizo una mueca, aunque estaban impresionados. El solo hecho de pensar en subir desde el primer piso hasta la torre de astronomía los cansaba, no podían imaginar lo agotador que podía ser subir todas esas escaleras con el peso agregado de un dragón del tamaño de la casa de Hagrid.

Entonces, un súbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula. Olvidando que eran invisibles, se encogieron en las sombras, contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres metros de ellos. Una lámpara brilló. La profesora McGonagall, con una bata de tejido escocés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

¡Castigo! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Vamos, Malfoy!

Varios estaban contentos con ese giro de los acontecimientos, aunque no querían celebrar aún, porque sabían que algo debió ir mal. Aún recordaban los 150 puntos menos que descontaron a Griffindor ese año. Aunque los alumnos de cuarto hacia abajo no estaban muy seguros de la razón de las caras de pesar de los mayores, supusieron que algo había salido mal.

Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre más alta les pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto.

¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar!

―Realmente lo detestas ¿Verdad? ― dijo Alicia riendo. No conocía bien a la chica, pero no parecía del tipo cantante. Hermione solo le dio una pequeña sonrisa como respuesta. Malfoy ni se inmutó.

No lo hagas —la previno Harry. Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndose en su jaula.

Diez minutos más tarde, cuatro escobas aterrizaron en la oscuridad. Los amigos de Charlie eran muy simpáticos. Enseñaron a Harry y Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto entre ellos. Todos ayudaron a colocar a Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les dieron las gracias. Por fin. Norberto se iba... se iba... se había ido.

Bajaron rápidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón, y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad?

La respuesta los esperaba al pie de la escalera.

―Por favor díganme que no dejaron la capa atrás ― dijo James con un quejido.

La mirada de disculpa de Harry fue respuesta suficiente.

James y Sirius gimieron.

Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad.

Bien, bien, bien —susurró Harry—. Tenemos problemas.

―Tu reacción es increíblemente calmada para el tremendo problema en el que te acabas de meter ― dijo el señor Granger mirando al amigo moreno de su hija.

Por lo que había escuchado poco antes el vagabundear por la noche era causa de castigo y pérdida de puntos, y no creía que Harry tuviera trato preferencial.

―El que entrara en pánico no mejoraría las cosas ― dijo Harry, pensando en las veces en las cuales había suplicado piedad a los Dursley cuando era niño y eso sólo había provocado que lo trataran peor.

Sirius pareció leerle la mente, porque gruñó y le lanzó una mirada mortal a los Dursley, que se encogieron de miedo sin estar seguros de lo que había pasado para que Sirius los mirara así.

James miró a su amigo y este le hizo un gesto para que supiera que luego hablarían.

Habían dejado la capa invisible en la torre.

―El capítulo acabó ― declaró Remus, marcando la página y dejando el libro sobre la mesa antes de levantarse y sentarse entre Sirius y Dora.

―¿Quién quiere leer el siguiente? ― preguntó Dumbledore, y James se puso de pie de inmediato para alcanzar el libro.

Tenía curiosidad por saber qué había pasado con su padre, pues había notado las miradas de algunos estudiantes mayores, por lo que supuso que el castigo había sido de conocimiento público. Y quería saber cómo enfrentaba los castigos su padre.

Cuando abrió el libro y leyó el título del capítulo, levantó una ceja sorprendido.

Tomo aliento y comenzó a leer

El bosque prohibido.


Bien, aquí hay un capítulo más espero que les haya gustado.

Informo que actualmente estoy subiendo esta misma historia a Wattpad, con el seudónimo de LenaCalquín, que es mucho más parecido a mi nombre real.

Así también quiero agradecer a la persona que hizo me hizo comentar que LeNashSkoll había plageado esta historia.

Aviso de paso que me comuniqué con ella y, después de conversar un tiempo, di mi autorización para que usara esta historia como ayuda en su propia historia, aunque ahora me da los créditos correspondientes.

Gracias por leer y no me odien por el retraso.

Besos a todos los que me leen.

Bye.