Capítulo 25

No podía dejar de ver mis manos que aún temblaban con fuerza. Sentí vagamente como alguien me quitó el arma de las manos pero no fui capaz de apartar la mirada. Sin embargo ya no miraba mis manos sino ningún lugar en específico. Veía pero no miraba, oía pero no escuchaba. No podía hablar ni moverme. Lo único que se repetía en mi cabeza era que yo le había quitado la vida a alguien. No sólo a alguien. Alguien que yo conocía, alguien que yo había tratado y querido por muchos años. Me sentía como encerrada en una burbuja muy lejos del lugar en donde estaba. Había ruido a mi alrededor pero lo oía a kilómetros de mí. Mis ojos no enfocaban nada y sin embargo lograba vislumbrar sombras que se paseaban a escasos pasos de mí.

Sentí una mano fuerte y fría sobre mi piel y segundos después algo me cubrió los hombros dándome calor. Sentía mucho más ruido y alboroto cerca de mí pero no era capaz de volver a la realidad. Todavía no podía creer y mucho menos aceptar que yo hubiera asesinado a alguien. No sé cuánto tiempo pasó, pero fueron las palabras de James las que me hicieron reaccionar.

—¿Estas embarazada Katherina? Reacciona por favor, necesito saber… —Exigió con pesar.

Mis ojos al fin buscaron su silueta y lo hallé frente a mí, mirándome con desesperación.

—¡James! —Exclamé y me arrojé a sus brazos.

—Por dios Katherina, ¡al fin! Hermosa, ¿estás bien? —Me separé de él y lo miré— No, claro que no estás bien. Kat, escúchame por favor. Lo que hiciste, tienes que entender algo… Si no hubieras disparado, yo estaría… muerto. ¿Entiendes eso? Me salvaste. No hiciste nada malo, óyeme… —James tomó mi rostro entre sus manos con toda la delicadeza del mundo— No mataste a nadie Kat, lo que hiciste fue salvarme la vida. Sé lo difícil que es, sé lo que sientes, lo que piensas y no puedo dejar que te tortures como lo he hecho yo todo este tiempo.

—Él era mi amigo… —Dije casi en un susurro.

—Lo sé. Eso sólo lo hace más horrible. Pero necesitas aceptar la verdad. Ese cabrón te golpeó y estaba a punto de hacerte la peor cosa que se le puede hacer a una mujer. Eso no es amor, Kat, es obsesión. Por favor dime que lo entiendes.

Los ojos de James me pedían dolorosamente que aceptara todo, pero me estaba costando mucho. Podía aceptar que toda mi vida junto al que yo creía mi amigo había sido mentira. Podía aceptar que se hubiera vuelto loco de celos y que intentara hacerme suya a la fuerza… Pero no podía aceptar que yo le hubiera disparado. Eso no lograba digerirlo.

—Yo le disparé James… Por mi culpa él…

—¡NO! ¡Por tu culpa no! Hermosa, tú no tienes la culpa nada. ¿Qué hubiera pasado si tú no le disparabas? —Lo miré con terror— Dímelo.

—Te habría matado… —Respondí después de un minuto de silencio con un hilo de voz.

—¿Habrías preferido eso? —Preguntó James con voz extraña, como si le costara mucho hablar. De repente la ira creció dentro de mí llenándome por completo.

—¡Claro que no! ¿Qué dices? ¡No James, le disparé a George porque iba a matarte y lo haría de nuevo si de eso dependiera tu vida!

Fue solamente después de que dije las palabras, que por fin entendí el significado de ellas. Era simple. La vida del hombre que amaba, el padre de mi hijo o el amigo traidor. Ahora lo veía como realmente era. El velo se había caído. Miré al soldado fijamente.

—James, lo que dijo… Es cierto.

Algo pasó en los ojos de James. Fue como si lo oscuro desapareciera y lo reemplazara un brillo que cualquiera envidiaría.

—¿Me estás diciendo que…?

—Te estoy diciendo que dentro de mí hay un pedacito tuyo y que algún día podrá llamarte papá… —Mis ojos se aguaron sin previo aviso pero sabía que era por la emoción.

James sonrió tanto que temí que su cara fuera a quedarse así para siempre. Ya no parecía el soldado del invierno. Parecía un hombre normal, feliz, emocionado porque iba a ser papá. De repente al fin pude ver a Bucky Barnes en él. Se levantó y me abrazó cargándome y dando vueltas como un loco. Empecé a reír de pura felicidad y un momento después me di cuenta de que no estábamos en la habitación de George sino, en un lugar que yo conocía bastante bien.

—¿Qué hacemos en la torre Stark? —James me bajó sin soltar mis manos y sin alejarse mucho de mí.

—Kat, estuviste muchas horas en shock. Steve y Natasha fueron a ayudarme a sacarte de ese lugar. El sweater que tienes puesto es de Nat. Ella te vistió. Y entre los tres te trajimos aquí. Pensamos que un lugar con amigos, te caería bien.

Amigos. La palabra retumbó en mi cabeza.

—Quiero que sea varón. —Dije cambiando el tema drásticamente. James sonrió.

—Yo quiero que sea niña. Una muñequita tan hermosa como su madre. —Mi corazón se derritió y no podía dejar de sonreír.

—¿Cómo me encontraste? Y ahora que me acuerdo, ¿por qué carajo te fuiste James? ¿Sabes que fuiste un imbécil? —Le di un pequeño golpe a James en el pecho y esta vez me fijé bien en él. Tenía una venda en el brazo, y en las piernas, algunos golpes en el rostro y en el cuello, pero de resto, seguía tan hermoso y sexy como siempre.

—Perdóname. Sí lo fui. No soportaba que todo lo malo en tu vida fuera por mi causa. Pero no te dejé completamente sola. Hay personas, cuidándote. No, no pienso contarte sobre eso. Fue gracias a ellos que supe lo que pasaba. Se suponía que debían informarme de todas las personas que te visitaban y así yo podría saber si estabas bien. Cuando mi informante me hizo llegar la foto del hombre que te visitó y la vi no lo podía creer. Supe entonces que todo iba mal. Yo estaba en Rusia de nuevo. Ahí fui cuando dejé tu apartamento. Volví a la sede de la KGB. Encontré cosas interesantes allá. Incluida la ubicación de todas las propiedades de Lukin. Sólo tuve que revisar cuál había tenido movimiento últimamente y así di contigo.

—Pero si estabas en Rusia, ¿cómo llegaste aquí tan rápido? —Me senté de nuevo. James extendió su mano de metal y me mostró la palma— La gema, ¿funciona de nuevo?

—Sí, o al menos funcionaba. Le pedí a Stark que me la removiera. Ya no hay nada aquí dentro. —Cerró la palma y me miró— A pesar de sus ventajas esa gema sólo servía para controlarme y estoy cortando todas las cuerdas que me atan. Quiero ser libre.

—Lo eres. —Dije con una sonrisa. Me acerqué y besé a James.

—El teseracto está de nuevo donde debe estar y ya no hay nada ni nadie que me maneje. Sólo tú…

—Yo no te manejo. —Dije indignada pero a punto de estallar de risa.

—No me manejas pero tu amor si me tiene como un tonto… Ni modo. Tendré que rendirme. —James hablaba con picardía en sus palabras. Estaba arrodillado frente a mí, con sus manos acariciando mis piernas.

—¿Estás tratando de seducirme James?

—¿Está funcionando? —Me mordí el labio involuntariamente. Pero un golpe en la puerta nos hizo gruñir a ambos de frustración.

—No hay nadie. —Soltó James.

—Adelante. —Solté yo en medio de risas. Era Steve.

—¡Katherina! —El rubio se sorprendió de verme bien y se acercó a abrazarme. No pude evitar mirar a James y me complació ver que en sus ojos ya no se veían rastros de celos por Steve.

—Sé lo que has pasado Katherina, pero te aseguro que lo superarás. Cuando es de vida o muerte no es un asesinato, es defensa.

—Lo sé, James ya me hizo entenderlo.

—Steve, Kat y yo tenemos buenas noticias. Vamos a ten…

—Vamos a tener una fiesta. Sí, queremos una fiesta para celebrar que todo ya está bien y que estamos juntos. ¿Qué te parece? —James me miró confundido. Le hice seña de que me siguiera la corriente.

—Sí, digo, tengo que celebrar que he vuelto a la vida, ¿no crees?

—Me parece perfecto, háganla aquí. Seguro que a Tony no le importa, si esto aquí siempre es una fiesta… —Eso último lo dijo más para sí mismo que para nosotros. Steve nos sonrió y salió de la habitación.

—¿Por qué no me dejaste decirle a Steve que estás embarazada?

—Porque quiero disfrutarlo un poco más sólo contigo, ¿sí? Que sea nuestro secreto, nuestra alegría un poco más. Ya luego lo compartiremos con el mundo. Porfa… —Hice un puchero y James rodó los ojos.

—No conocía ese lado manipulador tuyo…

—Oye, no soy manipuladora. Soy… consentida.

—Qué lástima porque me hubiera gustado ser manipulado una vez más. —El tono ronco de James me dijo exactamente a qué se refería y me alegré de que ya pudiera usar lo que le había pasado para jugarse con ello.

—Ohhh, yo no necesito manipularte para eso… —Me acerqué a él seductoramente.

—Eso es cierto… —Gruñó James en mi boca cuando capturé sus labios con urgencia. Él me tomo de la cintura y me levantó de la silla donde estaba sentada. Ni siquiera sabía en cuál cuarto estábamos pero me daba igual. La ausencia de James y el susto con George me habían hecho apreciar cada minuto de mi vida, y en estos momentos sólo quería fundirme dentro de mi apuesto soldado y olvidar que el mundo exterior existía.

Moví mis manos temblorosas sobre James y lo desnudé, él hacía lo mismo y besaba cada espacio de mi piel que iba quedando desnuda. Necesitaba volver a tener su olor sobre mí y borrar cualquier mal recuerdo que aún pudiera tener. Me dejé llevar por el deseo que me provocaba James y nos amamos como jamás lo habíamos hecho. James fue tan delicado conmigo que me derretí cada vez que me tocaba y me besaba con necesidad. Sabía que estaba siendo delicado por el bebé y lo dejé serlo, ya tendríamos demasiado tiempo para el sexo salvaje.

—Tengo que confesarte algo… —Dijo James mientras me besaba una y otra vez como si yo le facilitara el aire para respirar.

—¿Qué? ¿Que no puedes dejar de besarme? Ya lo había notado. —James rió en mis labios y su aliento rozando mi piel me hizo estremecer.

—No. La verdad es que, aquel día cuando me desmayé frente a ti en la selva, ¿recuerdas? —Asentí— Pues, yo había estado observándote por varios días…

—James Buchanan Barnes, ¿me estabas asechando? —Dije fingiendo indignación.

—En realidad estaba tratando de descifrar si eras de confianza. Tenía mucho tiempo huyendo y necesitaba… un descanso. Al verte en la selva, con tu cabello oscuro y largo, y esos ojos que te gastas, caí preso de ti. Pero no quería arrastrarte a mi vida de porquería y cuando quise huir fue cuando me encontraste. Es increíble pero no pude alejarme de ti…

Algo se derritió dentro de mí, si es que aún quedaba algo por derretirse.

—Parece que el destino se empeñó en unirnos… No sé a quién debo darles las gracias pero me siento muy agradecida…

—¿Qué tal si, me lo agradeces a mí? —James volvió a tomar posesión de mi boca y no me dejó ni responder. Igual no importaba. Dejaría que mi cuerpo hablara por mí.

Días después nos reunimos de nuevo en la torre Stark para la gran celebración. Steve estaba tan feliz de tener a Bucky de vuelta, que hasta besó a Nat en frente de todos, tomándolos definitivamente por sorpresa. Creo que nunca habría podido imaginarme a La viuda negra sonrojándose si no la hubiera visto con mis propios ojos. Sin embargo el asombro duró poco y cada quien regresó a seguir festejando. Me alegré de ver a Sam, a Pepper, y a muchos otros que había conocido en mi estancia en la torre.

Me dejé envolver por el ambiente festivo y sonreí abiertamente cuando James se me acercó y me tomó de la cintura posesivamente.

—Quieto soldado, ya no tienes que protegerme tan celosamente. —Le dije con la sonrisa pegada a mi rostro. James colocó disimuladamente su mano sobre mi vientre y me miró a los ojos tan intensamente que las rodillas me flaquearon.

—Ahora tengo que cuidarlos a los dos. Te lo prometo Katherina, que mientras yo viva, nada malo les ocurrirá a ambos. Aunque si tenemos una hija, no respondo por los chicos que se le acerquen. —No pude evitar reír a pesar de lo serio que se veía James.

—Amor, aún no nace nuestro hijo y ya estás de celoso. Supongo que algunas cosas nunca cambian… Y la verdad, me alega que así sea. —Me quedé en silencio por unos segundos, luego puse mi mano sobre la de James que estaba sobre mi vientre. —Prométeme que nunca volverás a dejarme…

—Puedo prometértelo con palabras, pero espero que esto sea más efectivo.

James me pegó contra su cuerpo de una manera intima, pude sentir como algo crecía dentro de sus pantalones y sentí que me ardía la cara. Me besó de manera posesiva, como diciéndome que no pensaba irse a ningún lado más nunca. Entendí la indirecta y le respondí de la misma manera. Él era mío y yo de él. En eso no había dudas.

A veces los hechos decían más que las palabras y con ese beso pude entender que James elegía quedarse conmigo y con nuestro hijo para siempre. No hizo falta nada más. Comprendí que los demonios de James habían desaparecido y que él ahora volvía a ser el mismo de antes, tal vez con sus diferencias, pero siempre con el mismo amor por los suyos y la valentía que lo caracterizaba.

Y era mío, sólo mío. Algo muy bueno debía de haber hecho yo para que me recompensaran con alguien como James Buchanan Barnes.

FIN.