Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K.R.
Catorce de mayo del año dos mil veintidós (14/05/2022.)
Aquel día sería uno que Nathan y Dominique recordarían para toda su vida. El nacimiento de su hijo fue ese día.
Dominique se había despertado a las tres de la mañana, al comienzo de las contracciones. Nathan fue despertado por su novia con suma delicadeza. Y quien dice delicadeza, se refiere a ser despertado de un golpe, con el libro Los pilares de la tierra (que vaya idea de regalo que tiene la gente.)
Luego tuvieron que esperar durante un cuarto de hora a que llegasen las matronas provenientes de San Mungo. Quince minutos, que se hicieron muy largos para la pareja.
Para fortuna de Dominique, Victoire había conseguido graduarse de la escuela de sanadoras, experta en el tema de los partos y la maternidad. Así que ella fue quien asistió como sanadora, al parto de su primer sobrino.
De todo eso hacía ya siete horas. Y, en ese momento, a las nueve y cuarenta y tres de la mañana, Dominique estaba a punto de traer al mundo, una nueva vida.
-Sigue empujando, hermanita -dijo Victoire-. Ya queda poco.
-¡Eso me lo has dicho hace como dos horas! exclamó Dominique, con expresión de dolor.
-Tranquila Dom -le susurró Nathan, cogiéndole la mano a su novia-. Victoire te esta ay... ¡AH!
-¡CIERRA LA BOCA, DI STEFFANO! -gritó Dominique, fuera de si-. ¡ESTOY ASÍ POR TU PUTA CULPA!
-No es que te quejases mucho -gruñó Nathan, frotándose la mano adolorida. Dominique le lanzó una mirada mortífera.
-¿Queréis callaros? -espetó Victoire, ya cansada de aquello. ¡Se había pasado las dos últimas horas con toda esa tontería!
-Em... ¿sanadora Weasley? -dijo tímidamente la chica que había venido a hacer de ayudante.
-¿Qué? -espetó Victoire de mal humor. La chica retrocedió un par de pasos.
-La cabeza del bebé esta saliendo...
-¡¿QUÉ?!
Victoire bajó la vista hacía la entrepierna de su hermana pequeña. Efectivamente, una pequeña cabeza sanguinolenta se abría paso desde el interior de Dominique, esperando a ver ese nuevo mundo que se le abría.
-Vamos, Dominique -le animó Victoire-. Ya casi ha acabado. Un último esfuerzo, y lo tendrás entre tus brazos.
-No me sueltes la mano -le suplicó Dominique a Nathan.
-Tranquila -susurró el italiano, besandole la frente-. No pienso moverme de aquí.
Nathan permaneció en silencio, apretando la mano de Dominique. La chica estaba completamente colorada por el esfuerzo, con su cabello rojo fuego hecho un desastre, y la cara perlada de sudor. Pero para Nathan, en ese momento, Dominique Weasley era la mujer más bella del planeta.
Entonces, ambos lo escucharon. El sonido más maravilloso que jamás podrían creer que oirían.
El llanto de un bebé.
Ambos padres voltearon sus cabezas al frente. Victoire estaba, en ese momento, envolviendo un pequeño bulto, que lloraba escandalosamente, con una mantita azul.
-Felicidades -susurró la rubia, sin poder evitar soltar unas cuantas lágrimas-. Es un niño. Y un Weasley con todas las de la ley.
Dominique cogió el bulto que su hermana le tendía, con lágrimas de felicidad. Su hijo tenía el cabello rojo como ella, y unas cuantas pecas en su rostro. Victoire tenía razón. Era un Weasley. Entonces, el niño abrió los ojos, y Dominique sonrió más ampliamente. Eran de un color verde azulado, iguales a los de Nathan.
-Tiene tu hermoso pelo -susurró Nathan contra su cabeza.
-Tiene tus hermosos ojos -replicó Dominique.
-¿Cómo se llamará? -preguntó Victoire. Ambos se miraron, antes de volver la vista a su hijo, quien finalmente había callado.
-Paolo. Paolo William di Steffano Weasley -dijeron ambos a la vez.
Desde que James había roto con Laure, apenas se había acercado a Marlene. Sabía que era una estupidez, ya que había sido la propia chica quien le había confesado que estaba enamorada de él. Pero, sencillamente, James no podía acercarse a ella, sin sentirse idiota del todo. Él la había rechazado por otra chica. Todos esos años, intentando ganarse el corazón de Marlene y, cuando lo consigue, James la rechaza.
Por ese mismo motivo, cuando James se encontró de enfrente con Marlene, en el primer piso, su cerebro sufrió una especie de cortocircuito.
-Hola, James -saludó Marlene, de forma tímida.
-Em... ho-hola, Marlene -tartamudeó James. Joder, es hermosa-. ¿Qué haces por aquí?
-Iba a la biblioteca -respondió Marlene-. Ha hacer un trabajo de Aritmancia.
-Ya veo -dijo James-. Aritmancia... la Aritmancia mola.
-James, no has hecho Aritmancia en tu vida -replicó Marlene. James enrojeció.
-Hace un buen día -comentó el Gryffindor.
Un trueno sonó, mientras la lluvia golpeaba con fuerza las ventanas.
-Muy buen día -dijo la chica, con clara ironía-. Bueno, yo voy yendo a la biblioteca.
-¿Te puedo acompañar? -le pidió James, con algo de desesperación.
-Claro -murmuró Marlene, enrojeciendo levemente-. Si me llevas la bolsa...
Ni falta hace que acabará la frase. James se adelantó y cogió la bolsa de la mano de la chica. Entonces, guiado por un impulso, le dio un beso en la mejilla.
Rose jadeaba, en busca de aire, mientras se separaba de Scorpius. Su cabello rojo estaba hecho un desastre, los dos primeros botones de su camisa del uniforme, estaban desabrochados, su corbata roja y dorada estaba en algún lado de aquel armario de la limpieza, y su falda estaba bastante subida, tanto, que un poco más, se empezaría a ver su ropa interior.
Scorpius tampoco estaba mejor. Su cabello rubio también estaba despeinado. Él, directamente, no llevaba nada en la parte de arriba, dejando ver su torso al aire. Rose no podía dejar de mirarle. Dios, su amante estaba realmente bueno.
Amante.
Técnicamente, Vladimir seguía siendo el novio de Rose. Pero, desde que Rose había besado a Scorpius, la cosa entre ella y Krum había estado bastante tensa. Su relación se estaba pareciendo bastante a la que tenía la prima de Rose, Roxanne, con Kevin Zabini. Ahora, apenas pasaban tiempo juntos. Algunos decían que era por que se acercaba la tercera prueba, pero los más observadores, se daban cuenta de que algo extraño pasaba entre ellos.
-Rose -susurró Scorpius. Rose abrió los ojos, que los había cerrado momentáneamente. Scorpius ya se estaba poniendo la parte de arriba del uniforme, así que la pelirroja empezó a arreglarse.
-¿Qué vas a hacer con Krum? -preguntó Scorpius, mientras se arreglaba la corbata verde y plateada.
-Ni idea -confesó Rose-. Aún no sé como voy a a terminar con él.
-Dile la verdad -dijo Scorpius.
-Le digo que me estoy liando contigo, ¿no? -se burló Rose.
-Una verdad moderara -replicó Scorpius. Rose solo rió.
-Tira para adelante, verdad moderada -suspiró la chica.
El ruido resonaba entre las gradas. Aquella noche, se iniciaría la tercera y última prueba del Torneo de los Tres Magos. Hugo, Lily, Theo, Lisa, Colin, Selena y Anne, se encontraban entre el publico, dispuestos a animar al primo de los dos primeros.
-Déjame en paz, Lily -gruñó Hugo, cogiendo los brazos de su prima, para evitar que pintarrajeara su cara con su lápiz de labios.
-Por favor, Hugo -suplicó Lily, poniendo ojos de cachorro abandonado-. Solo déjame dibujarte algo.
-Agh... Esta bien -aceptó el Slytherin, ya fastidiado por la discusión con su prima. Lily sonrió, y empezó a dibujar en la mejilla de su primo. El resto los observaba, divertidos.
Hugo, mientras Lily seguía con su obra de arte, miró al estadio, donde se hallaban los tres campeones. Fred y Sophie se hallaban en uno de los lados, mientras que Krum se encontraba en otro, bastante taciturno. En realidad, estaba así desde que Rose había roto con él, hacia una semana.
-Buenas noches, señoras y señores -la voz del señor Wood, resonó en todo el estadio-. En breve, empezará la tercera y última prueba del Torneo de los Tres Magos. Esta prueba es bien sencilla, los campeones tendrán que entrar dentro de este laberinto, que se expande por debajo de la tierra, y moverse a través de los túneles, hasta alcanzar la copa, que se haya en el nivel inferior del laberinto. En primer lugar, entrará el señor Weasley -Hogwarts aplaudió-, en segundo lugar, el señor Krum, -ahora fue Durmstrang quien aplaudió-, y finalmente, la señorita Levesque -Beauxbatons aplaudió, con algo de desgana. Hugo y sus amigos vitorearon a la chica francesa, quien les saludó con la mano, tímidamente.
El sonido de un silbato sonó en la distancia. Hugo vio como Fred besaba a Sophie, antes de internarse dentro del túnel.
-Lumos -murmuró Fred, sacando su varita. La punta de esta se iluminó, permitiendo ver un largo túnel que descendía hacia la tierra.
Dando un suspiro, Fred empezó a caminar. Miraba nervioso a su alrededor. Tenía la misma sensación que cuando estuvo en el Bosque, de que algo lo atacaría de la nada, pero aquello era peor. En el bosque, Fred tenía libertad de movimiento. En ese laberinto, la cosa no era así. Allí, solo podía moverse hacía delante y hacía atrás, limitando su movimiento.
Llegó a una bifurcación. Fred miró los dos túneles, dudando sobre cual coger. Del túnel de la izquierda, venía cierta brisa, que hizo que el chico se decantase por el lado derecho. Si tenía que bajar hasta el nivel inferior para conseguir la copa, no podía sentir el aire del exterior.
Fred avanzó por ese túnel, mirando alrededor suyo, con más nerviosismo que antes. ¿Dónde estaban los obstáculos? No es que se quejase, claro esta. Solo que le sorprendía no verlos. Y también le ponía nervioso, el no hacerlo.
Giró una esquina, y Fred se detuvo. Era un callejón sin salida. Maldiciendo su mala suerte, se dio la vuelta, solo para encontrarse con un muro de rocas. Fred se detuvo. Estaba seguro que había un túnel aquí. Era más, él había pasado por ese túnel.
-¿Qué mierda ocurre? -gruñó Fred, mirando la pared detrás de él.
No había nada en especial en ella. Sin embargo, algo impulsaba al pelirrojo a ella.
Alargó una de sus manos, y esta atravesó la pared como si fuese aire. Sonriendo, Fred atravesó la pared corriendo, y se siguió internando bajo tierra. Hubo recorrido unos cuantos cientos de metros, cuando sintió que su pie derecho resbalaba con algo, cayendo al suelo con fuerza, y cortándose la mano. Fred hizo una mueca, al vr su mano izquierda sangrando, antes de bajar la vista al suelo.
El suelo de roca de aquella parte, estaba húmedo. A lo lejos, podía escuchar un suave murmullo. Poniendo especial cuidado, el campeón de Hogwarts, fue avanzando lentamente por el largo túnel, hasta que llegó al final.
Una enorme caverna se abría ante él, con un gran río corriendo por el medio de esta. Fred fue hacía la corriente de agua, y metió la mano herida en aquel líquido cristalino. Se estremeció ante el frío contacto. Después, se mojo la cara, y se atrevió a beber un par de sorbos, ya que el agua no parecía estar contaminada.
-¿Por dónde voy? -se preguntó Fred, en voz baja, tras beber el agua. Levantó la varita para poder alumbrar mejor su alrededor. Ignorando el túnel por el cual había entrado, habían otros cinco más-. Genial... una pista estaría bien.
Del túnel del centro, el que estaba más cerca del río, sonó un rugido, que hizo que Fred tuviese un escalofrío.
-¿Por qué estoy convencido que es el túnel correcto? -masculló en voz baja, internándose en ese túnel.
Camino con lentitud por aquel largo túnel, sin muchas ganas de encontrarse con lo que estuviese allí, aguardando a su próxima presa. Notaba los latidos de su corazón. No sabía cuanto tiempo había estado bajo tierra, pero sabía que el tiempo pasaba de forma distinta allá abajo. Así, que a lo mejor le daba la sensación de haber estado veinte minutos allá abajo, cuando había pasado ya una hora en realidad.
Entonces, algo embistió contra él, a una velocidad de vértigo. Antes, de que pudiese recuperarse del impacto, sintió una fuerte presión en su hombro izquierdo, como si muchas cosas puntiagudas y duras, se hubiesen clavado en su hombro. Fuera lo que fuese, consiguió perforar la piel, los músculos y las venas, hasta alcanzar el hueso.
-¡Expulso! -bramó Fred, apartando a aquella criatura, no si antes sentir una sensación de desgarró, proveniente del lugar donde segundos antes, había estado la dentadura de aquel ser.
Miró su hombro izquierdo. Aunque no fuese muy profundo, se dio cuenta de que aquella criatura, fuese lo que fuese, le había conseguido arrancar un trozo de su hombro. Reprimiendo las lágrimas de dolor, Fred se giró para enfrentarse a aquel ser. El alma le cayó a los pies, al darse cuenta de que era como una especie de manto, que se deslizaba por el suelo.
Un lethifold, un animal carnívoro, clasificado como uno de los más peligrosos del mundo mágico, tanto por su sigilo, como por su forma de acabar con él.
-Expecto patronum -dijo Fred, agitando su varita. Una hiena plateada salió de la punta de su varita, pero apenas hubo dado dos pasos, se desvaneció. Fred apretó los dientes, cayendo sobre una de sus rodillas. El dolor del hombro era insoportable.
El lethifold dio un par de pasos. Entonces, un loro de color plata entró por el túnel que estaba detrás de Fred.
-¡Fged!
Sophie se colocó a su lado, casi como si ella hubiese estado allí todo el rato. Oyó como hacía un ruido al ver su herida del hombro.
-Asqueroso, ¿verdad? -susurró Fred. Sophie lo abrazó con cuidado, vigilando el lethifold, que estaba peleando con el patronus de la francesa. El loro batía sus alas, y lanzaba gañidos a la criatura.
Fred parpadeo un par de veces. Su vista se le nublaba. Veía como unos contornos negros alrededor de su vista. La voz de Sophie parecía lejana, al igual que el dolor de su herida, el cual no paraba de sangrar.
Un toro plateado entró en escena, y Fred alcanzó ver la figura de Vladimir Krum, apareciendo de Dios sabía donde.
Y entonces, sintió que todo se oscurecía. Lo último que alcanzó ver, fue la expresión preocupada y angustiada de su francesa.
-Entonces, ¿no sabéis como entró ese lethifold?
Louis apartó la vista del lago, para fijarla en su novia. Gwen estaba apoyada en su pecho, acariciando el cabello rubio rojizo del chico. Louis se frotó los ojos. Llevaba sin dormir un par de días, desde que se había abierto una investigación en su departamento para saber el origen de aquella criatura, que casi mata a su primo.
-No, aún no lo sabemos -susurró Louis, frustrado. Gwen examinó su rostro.
-Deberías dormir -le susurró.
-No puedo -gruñó Louis, con algo de enojo en su voz. Se fijó en el rostro de Gwen, y vio que estaba dolida-. Gwen...
-Déjalo -susurró Gwen, en voz baja-. Supongo que estás demasiado ocupado, como para preocuparte por tu salud... o por que alguien más se preocupe.
Gwen se levantó, dejando a Louis sentado en el suelo, quien estaba aturdido.
¡Rápido, di algo! ¡Lo primero que se te pase por la cabeza! pensó Louis.
-Cásate conmigo -dijo Louis.
Vale... ¡Lo SEGUNDO que se te pase por la cabeza!... ¡Idiota!
Gwen se dio la vuelta, confundida.
-¿Has dicho algo? -preguntó la chica. Louis suspiró, aliviado. No, no la había oído.
-Que lo siento -inventó Louis-. ¿Vuelves a sentarte conmigo?
Gwen se mordió el labio, antes de caminar hacia su novio.
-Por cierto, Louis -susurró Jordan.
-¿Qué?
-Sí quiero casarme contigo -murmuró en su oído, antes de besarlo.
Fred abrió los ojos. Le dolía el cuerpo, aunque estar tumbado sobre una superficie blanda como esa, ayudaba lo suyo.
-Se esta despertando -susurró una voz, que él bien conocía.
Abrió sus ojos, topándose con el rostro de James, a escasos centímetros suyos.
-¿Vas a darme un beso? -le preguntó Fred, en un susurró ronco. James rió entre dientes.
-Lo haría, pero creo que Sophie me mataría...
-Pog supuesto -dijo la voz de su amada francesa-. Yo soy la única que puede besag a Fged.
Y dicho esto, en el campo de visión del pelirrojo, apareció una rubia que se inclinó para darle un beso.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Fred, incorporándose en la cama, para mirar a quienes estaban allí. Estaba en la enfermería, donde estaban James, Erik, Frank, Roxanne y Sophie.
-Te desmayaste por perdida de sangre -respondió Frank-. En cuanto al hombro, te pudieron volver a hacerte crecer la parte perdida.
-Ya veo -suspiró Fred, echándose de nuevo, ante una mirada de Roxanne y Sophie-. ¿Quién ganó el torneo?
-Vladimig -respondió Sophie-. Tgas que te desmayases, yo me quede contigo, y él fue a buscag la copa. No quegía dejagte solo.
Fred le apretó la mano a su novia, en señal de agradecimiento.
-En fin... ¿alguna noticia interesante? -preguntó el enfermo, tras un par de minutos en silencio.
-No mucho -respondió Erik-. Roxanne ha roto con Zabini...
-¡No es algo que tengas que contar! -espetó Roxanne, sonrojada.
-Y James se ha convertido en mi cuñado -siguió Erik, sin hacer caso a la mirada de Roxanne.
-¿De verdad? -preguntó Fred, interesado-. ¿Cuanto de lejos habéis llegado?
-Pues...
-¡Ah, no! -exclamó Erik-. ¡Mi hermana es un ser puro e inocente!
Y dicho eso, el chico se marchó de la enfermería, con los dedos metidos en los oídos.
-Voy a buscarlo -gimió Frank, saliendo en pos del su pelirrojo amigo, dejando a los otros cuatro con sonrisas divertidas en sus rostros.
-¿Cuanto tiempo he estado inconsciente? -preguntó Fred, de golpe.
-Unos dos días -respondió Roxanne.
-¿Dos días? Pero eso quiere decir que...
-Que el curso termina hoy -confirmó James-. Mañana volvemos a casa.
Aquello le sentó a Fred fatal. Que el curso terminase ese día, significaba que ya no podía pasar más tiempo con Sophie. Ella volvería a Francia, con sus compañeros, y a saber cuando volvería a verla de nuevo. Miró a Sophie, esperándola verla triste, pero no sonriendo misteriosamente.
-¿Sucede algo? -preguntó Fred, notando que algo se le escapaba.
James y Roxanne miraron a Sophie, quien seguía sonriendo.
-Fged, tengo algo que decigte -susurró Sophie.
-Estás embarazada -soltó Fred.
-¡No! -exclamó la rubia-. Solo que... el cugso que viene, estudiage en Hogwagts.
Hola gente,
vigésimo quinto capítulo. ¡Por fin a terminado el tercer curso!
Creo que en este capítulo, las cosas han pasado algo rápidas, pero era para poder acabarlo de una vez este curso. (¿En qué momento se me ocurrió esto?)
Bueno, Vladimir ha sido el ganador. ¿Una sorpresa? Planeaba que fuese Fred el ganador del Torneo, pero al final ha salido esto. Bueno, los que queréis más momentos entre James y Marlene, lo tendréis, y lo mismo con Rose y Scorpius... pero, por ahora, vamos a darle más protagonismo al protagonista de este fic, es decir... ¡E.T!
Nah, ojala. Me refería a Hugo, así que el siguiente capítulo será... ¡El cumpleaños de Hugo!
Espero que os haya gustado.
Se despide,
Grytherin18.
