.: Capitulo veinticuatro :.

Sin esperar ni un instante mas, Kikyou tomo diestramente aquel arco suyo y poso en el una flecha que se ilumino con su poder espiritual, mientras que apuntaba hacia aquel hombre que le había producido desconfianza desde el primer instante en el que vio, sin embargo al pensar que no había nada malo en el le había dejado en paz. Mas ahora que por fin veía la realidad de su negra alma no pudo evitar sentir un escalofrió al pensar que ese mismo hombre había estado con ella y con su hermana por tanto tiempo, realmente la idea le producía algo mas parecido al horror. Onigumo retrocedió al instante, temiendo por su vida y maldiciendo profundamente a la sacerdotisa recién llegada que había roto aquel hechizo que le había resguardado tan bien todo ese tiempo.

-¡Eres un simple humano! -grito despectivamente Kikyou, mientras tensaba mas la flecha en el arco que sostenía en manos- Dime... ¿Qué pretendías lograr maldito? -su marrón mirada se entrecerraba con una frialdad que causaba miedo, incluso una que Kagome no había visto mas que en aquel lejano futuro del que venia-.

Al verse acorralado el hombre, opto por usar la salida mas fácil, después de todo quizás si jugaba bien las ultimas cartas que le quedaban podría salvarse de alguna u otra forma, no tendría caso intentar engañar a la guardiana de Shikon fingiendo bondad y mucho menos mintiendo, estaba seguro de que ella podría descubrirlo sin duda alguna.

-Vengo por la Shikon no Tama -dijo, con cualquier atisbo de pena o de miedo completamente erradicado de su voz-.

-¡Eso es por lo que todos vienen! -se sintió molesta, MUY molesta ante las intenciones de aquel hombre... mas se dio cuenta de algo, el no podría haber ocultado aquella esencia perversa suya por si solo, de eso estaba segura... además en la magia que había roto Kagome pudo notar algo muy familiar- ¿Quién te ha envidado? -siseo, aun apuntando con su arco dándole a Onigumo muy claro el mensaje "Das un paso en falso, y te mueres"-.

-Me mando Tsubaki -mintió, pues la realidad era que había ido a buscar la ayuda de la sacerdotisa oscura por su propio pie-.

-Tsubaki -siseo con cierto rencor Kikyou... así que había sido esa zorra- ¿Cuál era su plan? -y tenso mas el arco, dándole a entender que si no respondía, esa negación le costaría la vida en aquel instante-.

-El prendedor... Tsubaki lo diseño especialmente para usted... para que le robase la energía y así ella podría atacar con la mayor facilidad del mundo -bien, no le quedaba mas que decir la verdad-.

¿.¡El prendedor!.? .¿Esa cosa? Con razón había sentido tanta desconfianza cuando lo había tomado... sabia que había algo malo en el no porque fuese Onigumo quien se lo diese, sino porque la sensación era algo que saltaba por si sola. Así que ese había sido el plan de Tsubaki... ¡Que tonta! Esa torpe sacerdotisa empeñada con quitarle la perla sin duda alguna estaba más que desesperada para haber recurrido a una vil escoria humana como la que tenía en frente.

-Pues creo que fallo... lo que te demuestra que nadie podrá quitarme la perla por más que lo intenten -entrecerró aun más su mirada con rencor- Y por atreverte siquiera a pensar en algo como quitarme la perla... tendrás un justo castigo -y aquel tono que había utilizado sin duda alguna provocaba un escalofrió.

Kagome quien había permanecido callada y aun saliendo un poco de aquel shock inicial que le había dado ver a aquel hombre, origen de todos los males que cincuenta años en el futuro harían sufrir a tantas y tantas personas en su mayoría inocentes... escucho cada palabra dicha asimilando la información. Mas lo ultimo que había sido pronunciado por los labios de Kikyou la alerto, haciendo que su corazón se encogiese un poco con temor... sin duda alguna la guardiana estaba planeando matar a aquel insolente ¡Y eso era lo que debía hacer! Con la muerte de Onigumo el futuro quedaría resguardado y ella habría cumplido la misión que se había impuesto a si misma... era lo mejor sin duda ni reproche alguno... pero no lo aceptaba... ¡No lo aceptaba! No era capaz de concebir que Kikyou, aquella mujer tan fría que le había provocado tanto dolor y desaires por parte de Inuyasha... ahora mas pura y bondadosa a como jamás le conoció se fuese a convertir en ese mismo instante en una asesina a sangre fría. Era más que verdad que Onigumo merecía morir... pero no así, desarmado, indefenso, expuesto... no, no, tampoco quería que Kikyou manchase sus manos a sentido figurado con la muerte de esa persona. Kagome sintió entonces perderse en un abismo de indecisión al no saber que hacer, su corazón le decía ¡NO! pero su razón le decía ¡SI!... ¿Qué iba a hacer? .¿A quien le haría caso? Estaba tan confundida y esos escasos segundos que estaban pasando parecían toda una eternidad. Pero en medio de todo aquel titubeo de algo estaba más que segunda... a ella... a ella no... no le gustaba la muerte.

-Espera Kikyou -la voz temblorosa de Kagome obtuvo un espacio en la atención de la otra miko, sin embargo esta no volteo a verla pues no perdería de vista a aquel maldito que tenia en frente-.

-¿Qué pasa? -su tono de voz había sido frió, inerte... ese tono de voz que tanto Kagome odiaba pues le recordaba a la primera Kikyou que había conocido-.

-No... no lo hagas -soltó con un suspiro, había llegado al fin a aquella resolución, aunque su mente le estaba diciendo que se equivocaba rotundamente, su espíritu bondadoso le decía que estaba haciendo lo correcto-.

-No Kagome, no empieces con esas cosas -refuto Kikyou, con un tono de voz que parecía tener impreso un tanto de enojo por las palabras que acababa de escuchar, mientras que sus marrones ojos aun no perdían de vista a Onigumo-.

-Por favor Kikyou... no es del todo su culpa, la tal Tsubaki también ha tenido mucho que ver -claro que ella conocía a Tsubaki ¿Cómo olvidarla? Si aquella sacerdotisa había lanzado sobre su persona un terrible hechizo- Déjalo así Kikyou... el no logro nada, no lo mates... sabes lo que pienso de eso -y si, su tono de voz efectivamente se trataba de una suplica-.

La miko guardiana sintió crisparse ante tal petición... que no pudo evitar voltear a mirar a la otra por breves instantes pero que fueron suficientes. En los ojos de Kagome una muda suplica que abogaba por la existencia de aquel despreciable ser vivo se notaba, Kikyou siempre se había preguntado como es que Kagome podría tener tanta bondad, tanto cariño y tanta magnificencia hacia todos los seres vivos... Kagome sin duda era inocente, noble y misericordiosa, cada vez que miraba a esos marrones ojos suyos veía la pureza de su inmaculada alma. A veces cuando veía a Kagome de frente sentía que estaba mirando un reflejo suyo, pues el parentesco era muy grande... pero siempre sus ojos y los de la miko mas joven creaban la discrepancia... eran tan diferentes.

Se sintió derrotada ante la suplica de la otra, y en el fondo creía que tenia toda la razón, una sacerdotisa debería de demostrar bondad cuando pudiese... aunque a veces los excesos de piedad acarreaban consigo grandes consecuencias.

-¡Vete! -gruño Kikyou, bajando por fin aquel arco en el cual también estaba una flecha que había estado lista para ser utilizada- Perdono tu miserable vida... pero si vuelves a cruzarte en mi camino no voy a dudar en eliminarte -guardo la flecha- Y dile a Tsubaki que sus estupideces no funcionan conmigo... también esta advertida, cuando vuelva a verla... pagara.

Aquellas palabras fueron la última sentencia que dio la miko. Onigumo sin más al saber que definitivamente ya no le quedaba nada más que escapar, se dio media vuelta regalándole una mirada mortal a Kagome, mientras que casi torpemente comenzaba a correr... ¡Esa chiquilla! La maldita chiquilla le había quitado la oportunidad que tenia de obtener a la Shikon no Tama, de obtener a Kikyou... ¡Pero las cosas no se quedarían así! Claro que no, el buscaría la forma de conseguir lo que tanto deseaba y vengarse también de esa mocosa entrometida... todos su planes se habían venido abajo por la ineptitud de Tsubaki, por la intromisión de aquella tipeja... ¡Todo había salido mal! Pero no, no, el encontraría la forma de obtener lo que quería, el siempre conseguía sus deseos y sin mas estaba seguro de que este no seria la excepción... a como diera lugar tendría a la perla y a su guardiana.

-No debí dejarlo escapar -murmuro Kikyou, volteando hacia la otra miko y mostrando cierta expresión cansina- Kagome... ¿De donde conoces a ese hombre? -quiso saber, pues la reacción que la colegiada había tenido al verlo daba claramente la impresión de que le conocía de otra parte y al parecer no era nada bueno el recuerdo-.

La joven no supo que decirle de manera inmediata... técnicamente ella nunca conoció a Onigumo, ella conoció a Naraku... el peor de los monstruos, el mas cobarde y el mas manipulador que siempre mandaba a alguien mas a intentar arreglar sus asuntos. Pero eso era algo que no podía decirle... al menos no ahora.

-Yo... -murmuro Kagome- Es... bueno, Onigumo es un reconocido bandido... yo, cuando vivía en mi aldea... tuve la desgracia de que el llegase con sus... compañeros a atacarnos un día, hicieron cosas terribles... y es por eso que no he podido olvidarlo, es un monstruo sin corazón -de acuerdo, aquella mentira acababa de inventarla justo en aquel instante, e incluso comenzaba a pensar que estaba desarrollando agilidad en esas cosas- Pero aun así... lo mejor es dejar que el encuentre su castigo por si mismo, no me hubiese gustado que tu te convirtieses en su verdugo... -suspiro, desviando un poco su chocolate mirada hacia el cielo- Sabes que odio las muertes... y mas odiaría que tu fueses la responsable de una de ellas, si no es necesario no veo el motivo por el cual matar... ¿Tu si?

Ante la pregunta Kagome volteo a ver a la otra miko, quien le observaba detenidamente como si la analizase, como si estuviese viendo dentro de ella y dentro de sus palabras antes de poderle responder, aunque la mirada de Kikyou era penetrante en ningún momento llego a sentirse incomoda aunque no sabia a ciencia cierta el porque.

-Como siempre... tienes la razón Kagome-chan -murmuro Kikyou, con un tono de voz ligero, tranquilo-.

Aquellas palabras hicieron que la miko mas joven sonriese con sinceridad, definitivamente ahora se sentía mejor con lo dicho por parte de la otra miko. Mas Kikyou no estaba del todo tranquila y su mirada inquieta se perdió por la misma dirección que había tomado Onigumo, no estaba nada segura de haberle dejado ir sin mas, pero ante todo quizás era lo mejor... solamente era un simple humano así que aunque tuviese tanta maldad en su ser no significaba nada para un par de sacerdotisas como ella y Kagome, o un medio demonio como Inuyasha... quien quizás le preocupaba un poco era su hermana, pero siempre estaba a su cuidado así que no tendría ningún problema con eso. Si, debió haber sido lo mejor... después de todo así aquel hombre iría donde Tsubaki y le contaría lo sucedido, estaba segura de que esa sacerdotisa necia no aprendería lección alguna pero al menos quizás la próxima vez le diese la cara y así acabarían con aquel problema de una vez por todas.

-Y... ¿Quién es Tsubaki? -no pudo evitar el preguntar, quería escuchar la opinión que le daría su amiga de aquella sacerdotisa-.

-Es una sacerdotisa... una muy molesta sacerdotisa -entrecerró su mirada marrón, que en ese momento lucia un tanto fría- Cuando los exterminadores de youkais necesitaban quien purificase la perla pues a ellos ya se les hacia imposible mantenerla bajo su cuidado debido a que esta despedía demasiada energía maligna, me escogieron a mi y a Tsubaki para ser las candidatas a custodiar la perla... al final fui yo la elegida pero eso a Tsubaki no le pareció nada bien... desde entonces ha estado buscando la forma de adueñarse de la perla y deshacerse de mi... y veo que no encuentra siquiera ya que hacer, jah... mandar a un simple humano contra mi... vaya tontería.

-Si, claro -las palabras que acaba de escuchar sin duda alguna le habían dejado pensando-.

-No puedo creerlo... no se como no me di cuenta antes -apretó los puños molesta, apretando también contra si el arco que en una de sus manos tenia- No se como estuvo tanto tiempo aquí y no fui capaz de darme cuenta.

-¿Cómo fue que llego con ustedes?

-Se presento como un viajero que necesitaba un lugar para quedarse durante algunos días... y yo fui lo suficientemente ingenua como para ofrecerle el templo, que tonta... no se que hubiese pasado si no me hubiese dado cuenta ahora -frunció el seño, aun resentida con lo que acababa de pasar-.

-Ya, calma, todo esta bien -intento en algo consolar a su amiga, si, ahora si sentía que podría llamarla de aquel modo y no seria una mentira piadosa de su parte- Lo bueno es que ya acabo, lo descubriste -coloco una de sus manos sobre el hombro de la sacerdotisa-.

-Si, quizás...

Kikyou volteo a mirar a Kagome, quien le sonreía de forma reconfortadota a pesar de la situación que pasaban, le regreso el gesto sonriendo, si, había sonreído mas no tan flamantemente como la miko colegiada, sin embargo también había sido una bella sonrisa.

-Creo que si no hubieses llegado no me hubiese dado cuenta, te debo una -aunque en realidad sentía que le debía mas que un mísero favor como aquel, no, ella le debía mucho mas como el haber traído luz y compañía a su solitaria vida-.

-Sabes que no importa -se aparto un poco de ella- Anda vamos, regresemos al templo.

-...-pero Kikyou no dijo nada, se limito solamente a asentir-.

No había vuelta atrás... había perdonado la vida de Onigumo, y fuesen cuales fuesen las consecuencias que aquello traería, no le quedaba nada mas que aceptarlo. Sin mas ambas sacerdotisas comenzaron camino hacia el templo, la marcha fue silenciosa ya que ninguna de las dos sentía que pudiese decirle algo a la otra, tenían mente muchas cosas que pensar, demasiadas cosas que analizar que quizás había sido eso lo que había cortado la comunicación entre ambas. Llegaron al fin a la construcción que se suponía era el lugar mas seguro pues se encontraba resguardada por los poderes espirituales de Kikyou, quien sabiamente había puesto un poderoso campo de energía alrededor que evitaba así el acceso a los enemigos o a los youkai, sin embargo a veces para los humanos resultaba un tanto sencillo de traspasar, aunque con la llegada de Kagome aquel campo de seguridad se había fortalecido mucho gracias a las presencias divinas de ambas sacerdotisas.

Ya estando dentro hicieron un acuerdo en el mutismo, lo mejor seria actuar como si nada hubiese pasado, no traería nada de tranquilidad ni a Inuyasha ni a Kaede saber que en esta ocasión habían tenido al enemigo tan cerca de ellos, que incluso fácilmente hubiese podido atacarlos, esta vez casi los tomaron desprevenidos. Al entrar se encontraron al instante con la pequeña que despreocupadamente caminaba por los pasillos sosteniendo un cuenco de abundante arroz.

-¡Onee-chan! .¡Kagome-chan! -expreso alegre al verlas a ambas juntas- Veo que ya se han encontrado -sonrió- Llegan justo a tiempo, Inuyasha-san esta comiendo mucho ¡Se nota que tenia hambre! Así que he decidido servir ya la comida ¿Ustedes tienen hambre? -pregunto aun con su sonrisa, alegre de ver a sus dos "hermanas" juntas otra vez-.

-Si, muchas gracias Kaede-chan -le correspondió la sonrisa Kagome-.

-Oye onee-chan ¿Dónde se encuentra Onigumo-san? -pregunto ella, de lo mas inocente y ajena a lo que había sucedido-.

Ante aquel nombre ambas mikos sintieron crisparse, Kagome supo disimular muy bien la situación, pero fue la guardiana de Shikon quien había decidido tomar cartas en el asunto.

-Kaede, tenemos que hablar -anuncio Kikyou, pues aunque no iba a decirle la verdad completa, al menos le daría una buena excusa para la ausencia de aquel hombre-.

-Claro -asintió confundida- Solo le llevare esto a Inuyasha-san -hablaba refiriéndose al tazón de comida humeante que en manos llevaba-.

-No hay cuidado, yo se lo llevo -intervino al instante Kagome, sospechando de que podría tratar la platica de Kikyou con su hermana menor-.

-De acuerdo, gracias -sonrió ligeramente mientras Kagome tomaba en cuenco entre sus manos-.

-Bueno, las esperamos entonces -y sin mas decidió encaminarse hacia la mesa que utilizaban para comer, pues seguramente ahí se encontraba el hanyou de ojos dorados-.

-Anda Kaede, sígueme -indico su hermana dándose la vuelta-.

-Hai -y nuevamente con un asentimiento de cabeza se dispuso a seguir a la mayor-.

Kagome por su parte ya había entrado a la habitación, encontrándose como se lo esperaba a Inuyasha que sin el menor cuidado comida vorazmente, como si hubiesen sido días en los que no probaba bocado.

-Toma -le dijo suavemente, mientras dejaba el cuenco sobre la mesa y se hincaba a su lado-.

-Feh -fue lo único que expreso antes de abalanzarse sobre la comida-.

Permanecieron unos instantes mas en silencio, el medio demonio no decía mucho pues se encontraba un tanto molesto de solo pensar que se había apresurado por tanto, y solamente para nada, debía aceptar aunque le molestase un poco... el instinto de sacerdotisa de Kagome sin duda alguna necesitaba un poco mas de entrenamiento.

-Y... ¿Cómo esta la perra? -repentinamente el hanyou rompió el silencio-.

-Kikyou esta bien, muy bien -dijo, remarcando el nombre como si quisiese recordarle al medio demonio que aquella miko tenia un nombre-.

-¡Feh! nos matamos en el camino por nada ¡Si yo decía que la perra no tenia nada! -molesto cerro los ojos, mientras con los palillos engullía el arroz-.

-Bueno ya, me equivoque... -replico Kagome haciendo una especie de puchero, no quería decirle a Inuyasha cual era la verdad realmente-.

-No importa... -se encogió de hombros despreocupadamente- A veces eres un poco torpe.

-¿Torpe? -Kagome entrecerró un ojo, dejando ver cierto brillo molesto en su chocolate mirada- Inuyasha -cerro sus orbes marrones- No sabes a veces cuantas ganas me dan de mandarte al suelo... lastima que no puedo -y suspiro en completa resignación-.

Ante las palabras de su amada, el medio demonio volteo a verla con la duda y la confusión enmarcadas en el rostro... definitivamente no había entendido nada.

En otra parte del templo, Kikyou avanzaba hacia la parte trasera llevando en sus manos un hermoso prendedor con forma de una flor de Sakura. Sin mas detuvo su paso y apretando el adorno con una de sus manos haciendo que un brillo que quedaba entre el lila y el rosado saliese tan solo para destruir y reducir a polvo aquel objeto. Dejo caer los restos en el solo y entrecerró sus ojos mirando hacia la nada... aun estaba molesta. No le había dado muchas explicaciones a su hermana, solamente que el hombre se había ido repentinamente pues un mensajero le había llevado una noticia de que uno de sus familiares lo necesitaba, era lo único que le había dicho a su hermana menor pues no había querido darle demasiados detalles mas que los necesarios. Después de eso le había pedido aquel prendedor de Sakura que le había dado a lo cual y extrañada su hermana se lo regreso con algo de pesar, pues el adorno le había gustado mucho.

Así había sido, Kaede había tenido bajo su poder todo aquel tiempo en objeto encantado por lo cual no se había activado... la trampa era para Kikyou mas al no tenerlo ella consigo nada sucedió... ahora que ya lo había destruido se daba cuenta de cómo los poderes del conjuro que en el había se disolvían, y entendió porque al traerlo consigo aunque hubiese sido poco tiempo se había sentido mal y mareada... no había duda de que Tsubaki hacia muy buenos hechizos, pero Kikyou estaba completamente segura de que no importaba lo que aquella sacerdotisa hiciese, podría superarlo.

No estaba sola... claro que no, tenia de su lado una "familia" en la cual confiaba y estaba segura de que cualquiera de ellos tres le apoyarían siempre ¿Cómo lo sabia? Solamente lo presentía... sencillamente lo sabia.

Continuara...

CcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcC

Si, tienen todo el permiso de crucificarme y hasta de cabeza si gustan ¡Me lo merezco! Miren que los he hecho esperar tanto tiempo con este capitulo ¿Y para que? Pues para que resultase ser una cosa mediocre, corta y sin talento... pero no me queda nada mas que pedir perdón y que me disculpen la tardanza... pasan tantas cosas en mi vida que bueh 9.9 no me había sentido con ánimos ni intenciones de venir a escribir y cada vez que lo intentaba sencillamente no podía, escribía tres letras y ya ni seguía ¿Por qué? bueno quizás haya sido un bloqueo o algo así, sea cual fuese el caso yo agradezco mucho que me tengan tanta paciencia, no solamente ahora, sino también durante todo el tiempo que lleva este fanfic y no se preocupen, que estoy completa y enteramente dispuesta a llevarlo hasta su final sin importar lo que pase (con todo y epilogo) así que una vez mas agradezco de todo corazón que sean tan buenos conmigo y me aguanten cuando me tardo en actualizar... sin ustedes seguramente yo ni fics escribiría ;.; son ustedes mis amados lectores de Inuyasha los que me ayudan a seguir ¡Y estoy tan feliz por eso! bueno ya, ya... snif... snif, siento que me conmuevo, mejor le paro a esto y paso a agradecer enormemente sus bellos reviews n.n

Nee-chan Belén

Inuangelp

Inukan

Kagome-inulove

Monica

Karina Ishida

Minatostuki

Dark Princess Inu

Lady Higurashi

paulina-chan

Shinihami-Shia

AiShina

Angel1234

Anoriyasha

LimChan

Javiera

Teniente Hikaru Ichijo

Riku Arely

H.fanel.K

Y bueno eso ha sido todo por hoy mis adorados... en serio, lamento la espera y de todo corazón deseo poder actualizar mas a tiempo la próxima vez, si es que aun me tienen paciencia... pero no duden que estoy muy agradecida con todos ustedes mis adorados lectores, sin ustedes yo no seria nada... en serio GRACIAS POR APOYARME, espero verlos en el siguiente capitulo y a mi adorada hermanita Belén ¡Discúlpame! Se que no hemos hablado por el msn, pero créeme que no me he olvidado de ti mi pedacito de dulzura, te extraño mucho T,T pero ya mero vamos a volver a hablar espero que estés bien ninia linda. Bueno eso es todo n.n ¡Gracias por leer!

Atte.

Celen Marinaiden. "...Soy una soñadora... que algún día volara con sus propias alas..."