Nota: Todos los drabbles están conectados de alguna forma y creo que llevan una especie de orden no del todo fijo.
No sabía realmente en qué momento había sucedido, pero en cuanto se percató de lo constante que era la presencia del otro dios en su mente, se prometió que trataría de recobrar cierta autonomía. En ocasiones se preguntaba qué pensaría Hades de tal o cual cosa, o lo que haría cuando lo viera más tarde. Era prácticamente absurdo seguir esas actitudes, por lo que se había decidido a ponerle un fin a las visitas del mayor a su reino. Sin embargo, al día siguiente el dios del inframundo no se presentó en su templo, tampoco al día siguiente. Ni al otro.
Nadie se atrevía a decir nada, pero era claro que sus marinas preferían evitarle, a menos que fuera algo absolutamente necesario, preferían dejarlo a solas en la sala del trono, mientras meditaba acerca de lo absolutamente tedioso que resultaba todo y de cómo se vengaría de Hades en cuanto lo viera. Todo esto era su culpa, y de alguna manera había conseguido echarlo todo a perder. Si no se presentaba, ¿cómo se supone que le dijera que quería más espacio para estar a solas consigo mismo?
Había pasado poco más de una semana cuando vio algo que no esperaba. Era el mayor sentado sobre su trono, como lo había hecho ya en tantas ocasiones. Su mirada aguamarina estaba perdida en algún punto de la habitación, pero en cuanto vio entrar a Poseidón, se giró en su dirección y le dirigió una sonrisa cargada de ironía.
—Estos días he estado…
—¡Maldito bastardo! ¡¿Por qué no habías venido?!
El aludido simplemente le observó, algo sorprendido con ambas cejas enarcadas, antes de sonreírle con cierta diversión. Por un momento el menor olvidó su fallido intento de distanciarse de Hades para entregarse al placer de gritarle y reclamarle su ausencia.
