Bueno, antes que nada, pedir perdón por el retraso [enorme] que ha habido en mis actualizaciones, pero la universidad no me ha dejado respirar ni un minuto T_T Intentaré ahora escribir más a menudo [pero con las que me quedan para septiembre.........]
Disclaimer: Detective Conan y Magic Kaito son de Gosho Aoyama [más quisiera yo ser la dueña, que si no más de un giro en la historia hubiese habido ya +.+]
Shinichi no apartaba la vista del lugar donde segundos antes estaba la sirena.
Conan lo miró y bajó la mirada apesadumbrado. Observó al dios, que estaba ante él sin mover ni un solo músculo. Giró la cabeza unos grados y posó la mirada al ladrón, que se encontraba pálido en el mismo lugar donde se había detenido para ir en la ayuda de su amiga.
Por fin se movió y fijó la mirada intensamente a Poseidón. Empezó a caminar hacia ellos con los puños blancos por la fuerza de apretarlos. - ¡Tú! – Exclamó llamando la atención. Llegó ante el rey y le agarró furibundo por el cuello de la camisa. – No sé quién coño eres pero por lo que he visto esa mujer la tiene tomada contigo. ¿Por qué se ha llevado a Aoko? ¿A dónde se la ha llevado? – El joven dios no contestaba, lo que ponía más nervioso y furioso al mago. - ¡Contesta maldita sea!
El detective bajó la cabeza y vio a sus pies el collar que Ran había tirado antes de desaparecer. Se agachó y lo tomó. Lo dejó colgando ante sí, viendo la estrella de oro blanco brillar bajo la luz de luna, para luego guardarlo en el bolsillo del pantalón. – Cálmate Kuroba. – Le intentó tranquilizar mientras se volvía a levantar.
- ¿Cómo coño quieres que me tranquilice? – Miró al chico por el rabillo del ojo.
- ¿Crees que no tengo ganas de estrangularlo con mis propias manos? – Se le acercó y le puso una mano en el hombro. – Ahora mismo él es el único que sabe cómo piensa esa mujer.
El mago volvió a mirar al impasible dios y le soltó, empujándolo hacia atrás. Poseidón se colocó la camisa de nuevo sin muchas dificultades. – Gracias.
- No nos las des. Aún podemos darte tu merecido en cuanto todo esto termine. Ahora lo que tenemos que hacer es encontrar a esa tal Pandora. Lo más seguro es que aparezca en cuanto la encontremos. Tendremos que idear algún plan para protegerla y rescatar a las chicas. – Razonó llevándose la mano al mentón.
El mago chasqueó la lengua, molesto. – "Pandora" no es ninguna mujer. – El detective le miró. – Es un rubí.
Shinichi arqueó una ceja y sonrió irónicamente. – No esperaba menos de mi eterno rival.
- ¿Cuándo te diste cuenta? – Sonrió burlón.
- Desde antes de volver del viaje.
- Raro que no me hayas detenido aún.
- Necesitaba pruebas. Y ahora los dos hemos perdido a alguien importante. Tú me necesitas, y yo te necesito. Deberíamos dejar de lado nuestras diferencias, ¿no crees? – Le extendió la mano.
El mago miró la mano que le extendió el detective y volvió a mirarle a los ojos mientras se la estrechaba. – Para qué negar lo evidente… Necesitamos de nuestras habilidades para rescatarlas. Aunque tienen que explicarme todo desde el principio.
– Seréis un gran equipo. – Comentó el dios.
Los dos lo miraron. – Esta asociación sólo será temporal. – Dijo Kaito.
- Exacto. – Dijo el detective. – Y a todo esto, ¿dónde está la joya? – Soltando la mano del mago y cruzándose de brazos.
- Si lo supiese, hace tiempo la hubiese conseguido. Es la joya que ando buscando desde el principio.
- Querrás decir que la hubieras robado. – Matizó Conan con Sebastián asintiendo sobre su hombro.
- Es otra forma de decirlo. – Dijo el mago cruzado de brazos. – Pero no vamos a discutir por trivialidades, no tenemos tiempo para eso.
- Tú sabes dónde está, ¿no? – Preguntó Shinichi mirando al rey.
- Si. – Dijo tranquilamente.
- Pues lo único que tenemos que hacer es aparecer por allí, conseguir la joya y aparecerá la bruja, ¿no?
- No es tan sencillo. No puedo usar mis poderes. Si lo hago, romperé las normas del juego de Eris. Los humanos que participan deben conseguir llegar hasta el final sin la ayuda de los dioses.
- ¿Y qué pasaría si rompieses las normas? – Inquirió el ladrón.
- Podría matar a Ran y a Aoko. – Dijo Conan apesadumbrado.
- Joder… - Maldijo entre dientes. – Si Kuroba no ha encontrado la joya en estos años, no sé cómo la vamos a encontrar de la noche a la mañana. Aunque juntemos nuestras mentes, hay cientos de joyas que éste aún no ha robado.
- Está en un crucero. – Los jóvenes miraron a Poseidón sorprendidos. Sonrió. – Las normas son no usar poderes, pero no dice nada sobre dar pistas a los humanos.
Se quedaron pensando un tiempo. – Un crucero… - Repitió susurrante Shinichi.
- Symphony of the Seas… - Murmuró pensativo Kaito. Los miró. – Es un crucero que está a flote desde hace unos meses. A bordo hay expuesta una turmalina, "Symphony", de incalculable valor por la forma que tiene y el excelente trabajo de orfebrería.
- ¿Una piedra? – Inquirió el detective.
- Por eso no me ha llamado tanto la atención. – Metió las manos en los bolsillos y levantó polvo del suelo con una patada.
- ¿Pero "Pandora" no es un rubí?
- Solo he comentado un crucero que tiene expuesto algo. Puede que se haya flotado alguno en estos días y no me he enterado. O puede que lo lleve encima algún pasajero. Si es así lo tenemos más complicado.
- Bueno. Será mejor que vayamos a informarnos. Aquí no pintamos nada.
- Voy a enterarme de algún otro crucero. – Dijo dando la vuelta para irse.
- Espera Kuroba. – Le detuvo posando la mano sobre su hombro. – Dos mentes trabajan mejor que una, ¿no crees? – Se giró hacia los habitantes marinos. – ¿Qué vais a hacer?
- Como no podemos usar nuestros poderes, no podemos volver a casa. – Dijo el caballito de mar.
- Debemos acompañaros a todas partes, pero mientras investigáis no hace falta. – Informó el rey.
El detective se quedó pensativo. – Conan, id a casa y esperad allí. – Se volvió a girar al mago. – Vamos.
Comenzaron a caminar y salieron del parque. - ¿Y bien? – Preguntó Kaito. – ¿Quieres explicarme todo desde el principio?
Shinichi suspiró cansado y empezó a narrarle todo lo relevante desde que llegaron al país después del viaje.
Los dos chicos caminaban por las solitarias calles en la madrugada. - ¿Así que desde que conoces a Ran estás viendo cosas de tu pasado que no recuerdas haber vivido?
El detective asintió. – Desde que la vi por primera vez, he tenido la sensación de que la conozco desde siempre.
- Puede que sea así. – Comentó pensativo el mago. – Por lo que hemos visto, a nuestros nuevos amigos les encanta jugar con nosotros. Quizás, nuestro amigo acuático os borró la memoria a todos los que conocieron a Ran, la mantuvo con él un tiempo, y luego la soltó para ver todos sus movimientos. Sinceramente, a mi me borran la memoria y me mosquearía mucho. – Cruzándose de brazos.
- Buena teoría. – Reconoció Shinichi. – Deberías ser detective.
- No gracias, me divierte ver cómo intentas detenerme. – Sonrió burlonamente.
El detective sonrió. – Aunque a tu razonamiento le falta algo. – Vio que el mago le miró inquisitivo. – Recuerda que tú y yo nos hemos enfrentado unas cuantas veces cuando estaba encogido. Y tengo un par de recuerdos de Ran en esa época. Eso quiere decir que a ti también te han tocado la memoria.
Kaito pensó detenidamente durante un tiempo y entrecerró los ojos, mosqueado. – Mataré a ese viejo.
- Esto demuestra que soy mejor que tú. – Sonrió orgulloso.
- Esto demuestra que llevo casi veinticuatro horas sin dormir. – Aclaró mirándole de reojo.
Se detuvo ante la puerta de un club de billar algo demacrado y comenzó a tocar sobre ella.
- ¿Crees que va a haber alguien a las cuatro de la madrugada? – Cuestionó Shinichi mientras le veía con los brazos cruzados.
- Más le vale que sea así. Si no le amargaré la existencia durante el resto de su vida. – Dijo tranquilamente. Viró el rostro para mirar a su acompañante seriamente. – Te pido que lo que averigües de mi…
- No lo usaré contra ti cuando nos enfrentemos en el futuro, descuida. – Dijo igual de serio, para luego ver dibujada una leve sonrisa en sus labios. – Sería muy aburrido atraparte mientras estés robando si uso algo que averiguo ahora.
El mago asintió divertido. – Si es que lo consigues. – Volvió a mirar hacia la puerta del local y siguió golpeándola. – Venga… - Insistió mientras se desesperaba poco a poco.
Shinichi seguía parado a unos pasos tras él con las manos en los bolsillos del pantalón. - ¿Por qué no la abres sin más? – Preguntó tranquilamente. – O es que sólo abres cajas fuertes…
- Si entro sin avisar me mata. – Contestó en un bufido. – Y no es plan de enfadarlo cuando necesitamos su ayuda, ¿no crees?
A los pocos segundos, escucharon el cierre de la puerta sonar desde el interior. Vieron abrirse una pequeña abertura, dando a la oscuridad del local compaginada con la de la calle.
La voz de un hombre mayor llegó al detective. - ¿No ven que está cerrado pedazo de cegatos? Váyanse a una discoteca a seguir con la juerga.
- Abre la puerta. – Dijo el ladón como si no hubiese escuchado nada provenir del interior.
Se produjo un pequeño silencio y se cerró la puerta. – Creo que lo has cabreado, o si no, espantado. – Comentó Shinichi.
El ladrón no contestó, se quedó donde estaba sin apartar la vista de la puerta. Se escuchó una cadena arrastrando y la puerta se volvió a abrir, asomando un hombre de unos sesenta años en una bata azul oscuro rodeándole el cuerpo. – Señorito Kaito, ¿qué está haciendo aquí a estas horas?
- Siento haberte despertado, Jii, pero es importante. – Dijo entrando por la puerta sin esperar ninguna invitación.
Shinichi entró tras el mago, seguido por los ojos del anciano dueño del billar. Cerró la puerta en cuando el chico terminó de entrar y caminó en medio de la oscuridad hasta darle al interruptor de la luz. Era un pequeño local con varias mesas de billar, palos colgados en las paredes, y una barra para servir bebidas donde se encontraba el hombre, con un palo de billar con gemas colgado de la pared, encerrado en un cristal.
Kaito se sentó en un taburete y se apoyó en la barra. – Necesito las joyas que estén en el mar.
El anciano miraba al detective, que estaba echando un vistazo por el local. – Señorito Kaito…
- No te preocupes por él. – Dijo señalando con el dedo gordo tras su espalda. – Lo sabe, y ha prometido no contar a nadie nada.
Jii no estaba tan convencido. Shinichi le miró seriamente. – Yo siempre cumplo mis promesas.
El hombre arrugó la nariz, pero finalmente accedió, mirando al chico que estaba sentado frente a él. - ¿Las que están en el fondo?
Negó con la cabeza su interlocutor mientras el detective se sentaba a su lado, frente a la barra. – Por encima.
- ¿Barcos museo? – Inquirió.
- Toda clase de barcos. – Respondió el chico de cabello alborotado.
- Preferiblemente, cruceros. – Terminó de aclarar Shinichi.
