ATENCIÓN: Los derechos son de sus respectivos dueños. No gano nada mas que dolor musa aplastada por esto.
Para este capitulo recomendaria tener a mano en el reproductor "October" y "The last song i am wasting on you" de Evanescence. No son exclusivamente necesarias, pero la verdad es que darian un lindo clima.
(Para más info leer nota al final)
Capitulo XXIV
La habitación se llenó de tensión, muchísima tensión. Remus optó por apartarse modestamente para darles su espacio. Sirius, su opuesto, hizo algo poco conveniente en esos momentos: abrió la boca.
.- ¿Qué haces aquí?-
Alison sin perder ese aire elegante le dedicó una muy especial miradita despreciativa, dándole a entender que no había reparado en su existencia hasta ese instante.
.- James, ¿puedes decirle a tu amigo que se retire? Debo hablar contigo a solas.- su voz sonó aterciopelada, cargada de fastidio combinado en buena y exacta cantidad con desprecio.
Antes de que el aludido respondiera, Black se levantó del sillón con aire que sólo utilizaba cuando quería aparentar ser mejor que alguien, llegó a su lado y sonrió de soslayo, con ojos centellantes en picardía.
.- No te preocupes, ya me retiro, el aire esta viciado. Ojo James, no te vayas a enfermar.-
Sirius contadas veces se comportaba como si fuese un imbécil de elite con aires de grandeza. Pero si había algo que le reventaba el bazo era aquella mujer, esa que pecó de querer tocar a su ahijado y haber hecho maldades al la madre del mismo. Por que tenerle indiferencia o molestia a alguien era una cosa y otra muy distinta era querer dañarla.
¡Con Lily nunca! Y ¡Con Harry JAMÁS! (oraciones inventadas por el mismísimo Sirius después de enterarse de la mala pasada en la fiesta y de cómo llamaba aquella mujer a su hermoso y perfecto ahijado).
Un Black jamás olvida.
Estaba a punto de cruzar la puerta en donde lo esperaba su castaño amigo, cuando las palabras de Alison le hicieron darse vuelta.
.- Saludos a tu esposa y buena suerte, la necesitará.- Sirius, que no era ni lento ni perezoso, conocía muy bien ese tipo de amenazas. La gente demasiado rica no tiene mucho con lo que entretenerse puesto que ya probó todo, y como dicen que la gente o el ser vivo en general vuelve a sus raíces, la clase alta procuraba hacer lo mismo, pero obviamente llamándolo de otra forma.
Una de las prácticas más viejas implementadas desde que el humano pudo hablar: el chismerío.
Nadie sobrevive en ese mundo si no tiene a los chismes de su lado (o a las personas correctas). Y Alison era peligrosa en ese sentido, no por nada era una de las amigas cercanas de su prima Bellatrix.
Destilando una seguridad digna de si (siendo su marca registrada) Sirius se giró para enfrentarla sin demostrar cuanto lo había molestado aquel comentario.
.- Lo mismo digo Alison, después de todo, aun no estas tan bien "ubicada" dentro de nuestro circulo.- Traducción: El nombre de tu familia aun sigue siendo medio desconocido, así que no hagas ningún movimiento estúpido.
Ella sonrió comprendiendo a la perfección.
Sirius, más que contento por haberse quedado con la última palabra, pasó por al lado de Remus y cerró la puerta que permitiría que Alison y James hablan en persona desde el rompimiento.
Una sonrisa siniestra se formó en el níveo rostro de la mujer, que para su suerte, su acompañante no percibió por estar perdido en sus propios pensamientos.
O-o-o-o-o-O
Llegó alrededor de las diez, suponía que para ese entonces su ahora esposa ya habría cenado. Siempre lo hacía. Era una maquina de cumplir promesas: "Si llegas después de x hora, me voy." "Si te atreves a comerte los pastelitos que compre, tiraré todas tus medias." " No es tan difícil, ahora, si lo dejas una vez más en el piso del baño, desprogramare todo tu sistema de home theater." Este último iba referido a la tendencia de Sirius de dejar su ropa sucia en el paso.
Cómo le iban a limpiar tres días a la semana, no era algo que lo incomodara, pero ahora con una mujer en la casa la cosa se ponía difícil.
Cuando echó una mirada general por todo el lugar la encontró en una esquina, alejada y relajada en uno de los grandes y simples sillones blancos frente al ventanal. La ciudad se reflejaba del otro lado dando una vista muy bonita.
.- Hola.- Saludó sin muchas ganas. El encontronazo con la ex de James lo había dejado cansado. Esa mujer era terriblemente venenosa.
Elis le miró.
.- Buenas noches.- dejó escapar ella sin moverse mucho.- ¿Cómo te ha ido?
.- Complicado la verdad.- contesto sincero tirándose en sofá despreocupadamente, luego de haberse desprendido del saco.
No la entendía muy bien, bah, no la entendía y punto. Elis parecía una mujer muy calma, con cierto toque de serenidad cuando se encontraba en un momento así. Suspiró para sus adentros, probablemente estuviera cansada, lo cual produciría que no quisiese pelearle por pavadas.
Pocas veces le había preguntado cómo le había ido, en realidad, eran contadas las ocasiones desde que se mudó que le dirigió la palabra amablemente.
.- ¿Cómo te fue a con los vestidos?- recordó que ese era uno de sus deberes ese día.
La castaña se encogió de hombros y se acomodó los anteojos. Seguían con la misma graduación, sólo por las dudas, su oculista aun no estaba seguro de bajarla, aunque por suerte, le había dado luz verde para que usase lentes de contacto por unas dos horas. No es que fuesen más cómodos, es mas, Elis odiaba esos pedacitos incómodos que debía meterse en los ojos, pero los anteojos de culo de botella no eran para nada elegantes, por más que tuviesen el marco más reinado del mundo.
.- Bien, supongo.- aún no había recibido llamada de su pelirroja amiga. No le preocupaba, pero no dejaba de picarle.- Conseguí uno lo suficientemente cómodo para poder respirar y si me doy maña, hasta comer.
El hombre sonrió medianamente. Cerró los ojos y tiró su cabeza hacía atrás.
.- Mañana cenaremos con mi familia. Si lo pasamos, podremos respirar tranquilos hasta que mi madre organice la fiesta de "compromiso" y demás.- Elis cambió su postura, girándose para su lado. Tenía actitud de querer escucharlo. Debía tener cuidado, no estaba seguro cuanto duraría ese interés calmo de su esposa.
Ella por su parte permaneció en silencio unos cuantos minutos, al pasar los últimos, creyó que Sirius se había dormido. Respiraba pausadamente con cabeza semi apoyada de costado sobre el mullido almohadón.
La conversación con Lily era lo que realmente le importaba. No es que temiera que la pelirroja se enojase mucho y que no le hablara por algunos días, eso podría arreglarse, pero era un tema delicado. Tal vez le costaría darse cuenta y admitir la realidad. Ella tampoco estaría muy cómoda en su lugar.
Ya, tenía en consideración a Potter, no le conocía con suficiencia, pero las veces que tuvo la oportunidad de tratarlo y escuchar algunas cosas de boca de su amiga, podía llegar a considerarlo cómo una bestia en relaciones humanas, pero con Harry era excelente. El niño era la luz de sus ojos y era más que un hecho que ambos irían hasta el fin del mundo y más allá si fuese necesario.
Ahora, el problema residía en que James Potter había pasado de ser el hombre con que su amiga tuvo un hijo por accidente, al hombre con que Lily Evans se complementaba en muchos sentidos.
Pero eso no era difícil de imaginar que sus palabras calarían tan profundo en la pelirroja, la cosa no era para menos.
Lily no podía comenzar una relación así cómo así.
Harry era lo más importante que ambos tenían, y una relación fallida de pareja lo único que haría sería lastimarlo. No culpaba al inconsciente de Lily por querer ocultar la idea de que le padre de su hijo le interesase como hombre.
Hubiese seguido pensado, rompiéndose la cabeza con el tema, pero para lamento de su pereza a esa hora de la noche, el timbre sonó.
Se extrañó. Al comprobar que Sirius estaba dormido, puesto que no se había dignado siquiera a abrir los ojos, se levantó lentamente.
Sin embargo, antes de que pudiese caminar la mitad de la distancia que la alejaba de la puerta ésta se abrió. Su sorpresa fue aun mayor (casi tanto como su desconcierto) al ver una muy bonita mujer cruzar el marco cargada con una maleta de un lado y una botella de champaña en su otra mano.
Ambas se miraron en silencio.
.- Perdona pero… ¿Qué es lo que crees que haces?- Elis no era de andarse con rodeos. La morocha, con unos impresionantes y delineados ojos chocolate sonrió incomoda.
Era más que obvio que ninguna esperaba ver a la otra en aquella situación.
.- Eh, creo que debí haber esperado a que me atendieran.-
.- Supones bien. ¿Quién eres?- No, Elis no era ninguna estúpida. Sabia por donde podría ir la cosa e intentaba en ese momento, controlarse de no darle un jarronazo a su esposo por imbécil ¿Acaso a esta no le había llegado el memo de Sr. Black en el cual las descartaba hasta nuevo aviso?
.- Mi…mi nombre es Celia…esto… ¿Quién eres tú?-
.- Elis Br…Black- rápida, sin remordimientos, cómo si no hubiese estado a punto de cometer un error al nombrarse con su apellido de soltera. Celia dejó la maleta lentamente mientras abría los ojos.- Esposa del que ahora duerme tan tranquilamente en el sofá…- el tic le salió. ¿Ella enfrentándose a una de esas mujeres y él tan campante?- ¡Sirius!
Si el volumen de grito no lo despertó fue el tono histérico.
El aludido se despertó torpemente mirando hacia ambos lados perdido.
¿Ahora que había hecho?
.- ¿Qué pas…?- la pregunta murió en cuanto sus ojos enfocaron a Celia.
Una amiga y por qué no, amante. Ambos se conocían desde hace mucho y compartían buenos momentos de vez en cuando.
.- Oh.- Se levantó medianamente rápido al tiempo que se rascaba la nuca. No es que el ambiente estuviese tenso. Celia no tenía intenciones de pelearse con nadie, pero no podía decirse lo mismo de Elis. La castaña le miraba expectante por una explicación, con la ceja levantada y la boca en una mueca algo macabra.- Cielos, ahm… ¿Cómo estás?
Esto era el colmo. No solo estaba condenada a ese matrimonio, ni a aburridas tardes aprendiendo protocolo ni a las fastidiosas excursiones a las tiendas de ropa, sino que además, debía tolerar que las "amigas" de su no tan querido esposo entrasen a su departamento como si nada.
Le dedicó una mueca de fastidio total a Sirius, dándole a entender que ni le hablase. Se giró nuevamente hacia Celia.
Cuando lo pensó, la chica no tenía la culpa de lo que ocurría. Sirius debía haber prevenido algo así.
Caminó a paso decidido hasta la joven, pasó de largo, tomó sus llaves y su abrigo.
.- Arréglalo para cuando vuelva.- dura, determinante. Con seguridad en las palabras daba a entender que las cosas se pondrían peores si él no se dignaba a poner las cosas en su lugar para cuando regresase.
El sonido pausado de su taco chino resonó con calma en el hall del edificio, no trasmitiendo en nada lo que Elis estaba sintiendo en ese instante.
Para ese entonces y a menos de tres minutos de separación de su esposo y su nuevo hogar, la muchacha se frenó bestialmente. Apretó las llaves en sus manos, sintiendo el llavero hecho con goma eva (regalo de Harry). ¿Por qué tenía que irse y darles el espacio? Una esposa no dejaba a su marido así como así ante una desconocida.
Se mordió el labio y dio la vuelta.
Antes de que el silencio entre Sirius y Celia instalado después de que ella le preguntara como estaba, se rompiera, Elis entró nuevamente al departamento con una máscara de furia digna del mejor demonio.
Sirius tembló un poco, aunque estuviese aliviado de que ella se hubiese dado cuenta del error al dejarlo con Celia. La susodicha intento que no se le notara el nerviosismo.
.- Perdón, me deje llevar.- Si Sirius no se dejó caer fue porque estaba seguro de que su cabeza golpearía dolorosamente contra el filo de una mesa angosta colocada detrás del sofá. Era eso o el florero se rompería en el mismo lugar.- Sé que no tienes la culpa, que tal vez no te hayas enterado.- Elis avanzó hacía Celia con aire solemne pero amenazante.- Pero estoy casada con él, así que te pediría que te retires de mi propiedad antes de que corra sangre.
Cielos, que más clara no podía ser. Elis definitivamente no tenía tacto para las amenazas.
Celia tragó pesado y asintió lentamente.
.- Gracias y en el futuro, procura borrar el nombre de mi marido de tu lista, no estará disponible siquiera el día que se lo entierre.- sonrió siniestra. Sin gritos la gente se entendía, y lo mejor, comprendía el significado de las cosas mucho más rápido.
No fue necesario que nadie la escoltara a la salida, Celia y sus pertenencias volaron de allí más rápido de lo que Elis había tardado en bajar las escaleras de emergencia por impaciente.
Ambos se miraron intensamente durante unos segundos bien largos, me arriesgaría a decir que de tan extensos ya parecían minutos. Sirius se rascó la cabeza nuevamente, queriendo decir algo pero no decidiendo qué con exactitud.
.- Eso fue…-
.- ¿Si?-
.- Desastroso.- Sirius también era sincero, se cruzó de brazos muy molesto.
.- ¿Perdón?- no podía creer lo que estaba escuchando.
.- ¿Eso es una escena de celos para ti?- Elis no supo que responder, nunca había celado a nadie más que como amigos.- ¿No puedes poner un poquito más de énfasis cuando lo haces?
Esto no era nada grato de oír. Los cabellos de la nuca de Elis se erizaron.
.- ¿Prefieres que grite posesa y te tire un jarrón por la cabeza?- espetó enervada.
.- ¡Mínimamente!
Peligro en la escala de Elis ya no aguanta: Ocho.
.- ¿Eres enfermo o miras muchas telenovelas?- el ojigris pareció no sentirse tocado por el intento de insulto.
.- ¿Es que tengo que hacer todo en este juego? ¡CELOS, MUJER! ¡Celos! ¡No son tan difíciles!
Peligro: nueve.
No lo juzguen, no del todo por lo menos, el chico había sido víctima de muchos arranques de celos y sabía cómo iba la cosa, tenía una colección de relatos sobre ello.
.- ¡Se que eres como una piedra, más dura que el hielo del ártico y mucho menos expresiva que un muerto, pero actúa aunque sea!
Silencio.
Elis prefirió darse vuelta y caminar hacia su habitación, si continuaba escuchándolo probablemente le tirara con toda la vajilla china, mandada a hacer especialmente por un familiar muy cercano del mismo emperador siglos atrás.
Sirius se frustró, no solamente por el carente accionar de su esposa sino por verse tan olímpicamente ignorado, en un arranque de dar en la nota solo por gusto, espetó un perceptible y más que audible:
.- Por eso mismo deseaba que fuera tu hermana, por lo menos ella sabría comportarse como un ser humano con sentimientos, aunque fuesen act…- No llegó a terminar. Elis en ese momento mirándole con los ojos inyectados en sangre estaba a menos de un metro.
.- ¡JAMAS VUELVAS A DECIRME ALGO ASI!- con ambas manos, tomó el mismo jarrón que estaba en la mesa angosta y lo tiró lo más lejos que pudo. El objeto se hizo añicos, llenando la habitación de típico sonido a guerra de parejas.
.- ¡Pero qué…!
.- ¿Quieres celos?- no muy lejos, en una repisa, descansando desde la mitad del modular con puertas de vidrio, la colección de copas de cristal se tambaleó levemente al abrirse el mueble. Elis tomó tres de ellas y con la poca puntería que tenía se las lanzó al susodicho. Sirius en un intento torpe y desesperado se movió rápidamente, con la gravedad en su contra o de su lado, cayó hacia atrás antes de sentir como la tercera copa rozaba su coronilla antes de estrellarse en la pared detrás. .- ¡TE DARE TU MALDITA ESCENA PUERCO NARCISISTA!
Peligro: …
Del otro lado de la puerta, no muy lejos, Celia escuchó como más cosas eran rotas dentro de la residencia. Su perplejidad primera ante la tranquilidad amenazadora de Elis le había impedido tomar aquello con ojos importantes, pero al escuchar la pelea con ruidos incluidos, no pudo más que sacar su móvil y marcar con premura.
Caminó hasta el ascensor y para su suerte este llegó enseguida. Antes de que las puertas del mismo se encerraran, la voz del otro lado le dio la seguridad para hablar.
.- Viven juntos. Por primera vez esa revista no mentía. La cosa es más seria de lo creía -
O-o-o-o-o-o-O
Del otro lado de la línea, sentada en un confortable sillón y con la vista puesta en la noche oscura, una mujer tomó la taza de té a medio llenar de la mesita ratona a su lado, con aire pensativo y cauteloso.
En su rostro (sin arrugas) la falta de reacción alguna podría confundir a cualquiera que no la conociera. Pero era ella, en su existencia, una mujer de pocas reacciones externas y grandes deducciones internas. No era estúpida en lo más mínimo y si algo se le metía en la cabeza no descansaría hasta que el ultimo átomo del problema se viese resuelto.
Dejó la taza en su lugar nuevamente y con su otra mano arrugó un fax mandado con anterioridad por un conocido.
Llamaron a la puerta.
Siquiera se giro para ver quién era, simplemente dio la voz de permiso para sumirse en su monologo interno, silencioso y temido por muchos.
.- Señora. Lo último que ha mandado a hacer termino. Pido permiso para retirarme si no ha de tener ninguna tarea más.-
.- Claro que no. Puedes irte.- respondió seca. El hombre que no era otro que el encargado del servicio en general, hizo una reverencia y se fue.
Lo único que se oía a esa hora de la noche era el tic-tac continuo del antiguo reloj de pie colocado estratégicamente a la derecha (y detrás) de un voluminoso escritorio, trabajado a simple vista siglos atrás, por personas que ya por obvias razones no pisaban el planeta, pero que habían dejado en aquel valioso objeto algo más que arte.
Supuso que su esposo ya estaría dormido, jamás lograba que ese hombre se mantuviera despierto después de las diez y media, a excepción de que fuese en una fiesta.
Cómo en pocas ocasiones, lo bendijo.
No deseaba escuchar sus preguntas cargadas de escepticismo. Tampoco tenía ganas de explicarle nada, no tenia por que hacerlo.
Hacía décadas, desde en sus veinticuatro años, ella era la ama y señora de todo aquello que tocaban sus ojos en las propiedades Black y de alguna manera se creía con el poder de inmiscuirse en la vida de sus hijos como se le diera la gana.
No permitiría que el descarriado de su primogénito tirara por la borda todo el apellido únicamente porque era un caprichoso.
No había otra manera de describirlo. Tan altanero, desobediente, tan endemoniadamente predispuesto a hacer cosas que le perjudicaran y con ello a toda la familia ¿no podía acaso haber tenido una hija? Las mujeres Black eran mucho más gráciles, educadas, sofisticadas y encantadoras.
Bellatrix, su adorada sobrina, hasta Narcissa en su bajo perfil era fascinante.
Pero no.
Sus manos se movieron irasciblemente, tratando de controlar su ira.
Maldito el momento en que su esposo puso eso como clausula para darle parte de la herencia. Pero claro, para cuando ella se había enterado del detalle ya era tarde.
Sabía que su marido estaba harto de los continuos vaivenes de Sirius, deseaba verlo sentar cabeza y poder descansar en paz yéndose a alguna isla perdida para desconectarse. No es que no confiara en Regulus, el muchacho era un ejemplo a seguir, pero era tradición que los hijos mayores se ocuparan del emporio Black.
Se levantó grácil, con ese aire seguro y añejo. Caminó hasta la ventana del despacho y las nubes ocultaban de vez en cuando la impávida luz de luna.
¡¿Casado con una desconocida?! ¡Seguramente una más de la lista! Una imbécil sin dos dedos de frente. O tal vez algo peor, una trepadora de primera línea dispuesta a hacer lo que sea por dinero.
Permitiéndose un poco de descontrol, sus manos nerviosas tomaron la revista de poca monta, amarillista hasta la medula, en donde su hijo estaba en primera plana en una imagen tomada al pasar, sin que ellos se dieran cuenta.
Parecían serios, como si estuviesen hablando de algo importante. Ella con una actitud relajada, aunque sus ojos reflejasen incomodidad, él, tomándole de la mano y señalando hacia la derecha.
¿No podía haber considerado a alguien de su círculo? Mujeres de la edad de él edad no escaseaban y las interesadas en eran la misma cantidad. Fuera del desastre que le consideraba, Sirius Black eran un buen prospecto (o pedazo de pastel como le dirían en mis tierras).
Alto, apuesto por demás (si se puede catalogar de alguna forma), elegante, seguro, inteligente (para la mayoría de las cosas), estratega y además, rico. ¿Qué mujer no lo querría?
Ella era una buena madre, quería créelo por lo menos, le había presentado a cuanta candidata adecuada se le apareciera, muchachas decorosas, de familias importantes, finas, delicadas, perspicaces.
Pero nada… ¿Tenia justo que liarse con una cualquiera de aspecto simplón, descuidado y desgarbado?
A simple vista, "esa" no tenía ni el más mínimo porte, siquiera para cruzar una simple calle.
¡Encima ya se la había presentado a la mayoría de sus conocidos y amigos!
¡Qué vergüenza, madre santa!
Cuanto más siguiera con esa farsita, mas difícil seria para ella arreglar los baches que dejara.
Porque era todo mentira, que no le viniesen con otro cuento porque no lo creería. Era un teatro mal puesto de su hijo mayor para llevarles la contra, para nuevamente hacerlo que se le antojara dentro de los mismos limites. Ya, a los pocos que se apegaba.
Debía encontrar la manera de desenmascarar todo antes de que la cosa se pusiese seria, antes de que periódicos formales y revistas conocidas e importantes dieran por concreto que el heredero a la fortuna Black estaba casado con…una cualquiera.
Con el escalofrío recorriéndole aún, Walburga dejó los papeles entre sus manos con asco irrefutable.
Descubriría a su hijo en medio de la farsa y lo utilizaría como arma, después de todo, toda rebelión bien debía ser pagada, y aquella vergüenza que le estaba haciendo pasar ante los ojos de la sociedad, destruyendo todo lo que le había costado mantener a lo largo de su vida, no caería en vano.
O-o-o-o-o-o-O
La furia primera que le había embargado en el inicio no menguó hasta estar bajo la ventana del departamento. Ahí, en la oscuridad de la noche y con el motor apagado abruptamente, sus ojos apenas si distinguían a lo lejos las luces de la avenida.
No era digno de él. Jamás había sentido semejante oleada de malestar a causa de algo así. Era como si una gran prensa posada únicamente sobre su estomago lo oprimiera cortándole cualquier tipo de circulación. Su cerebro, falto de aire, punzaba quejoso y su corazón luego de ser liberado de la atadura, latía a mil por hora en intento vano de recuperar las pulsaciones perdidas.
Una cosa era presentirlo, pensarlo, suponerlo. En cualquier instancia su humor no había mermado en lo más mínimo. La justificación de que aquello estaba bien era suficiente cómo para impedir cualquier pensamiento estúpido.
Tenerlo en frente como una verdad irrefutable era otra cosa.
Apretó los puños antes de tomar las llaves y salir del automóvil con intentos fútiles de controlar su malhumor.
Comenzaba a sentirse una caricatura de sí mismo. Sin fuerzas, sin razones. ¿Qué estaba a punto de hacer?
Mientras se hacía esa pregunta sacó las llaves de la entrada, no las había usado más que en ocasiones en las cuales la dueña de casa había dado su permiso, pero de seguro si tocaba timbre en ese momento, Lily no dudaría en pegarle con lo primero que tuviera a mano, no por la molestia del reloj, sino por el hecho de despertar a Harry.
No era de su incumbencia, ya, ¿pero y si lo fuera en algún grado? Tenían un hijo en común, alguien por quien velar ambos, debían tener en claro lo que deseaban en sus vidas y lo que harían de ellas para poder hacer un plan en conjunto y poder criar al pequeño.
Repentinamente las palabras de aquella mujer que una vez creyó capaz de ser su compañera de vida, retumbaban en su cabeza en tono burlón, constante, aguerrido. Alison sabía en donde golpear duro, su sexto sentido perverso le funcionaba a la perfección. Debió darse cuenta antes de ello.
Las puertas del ascensor se abrieron dándole vista del pasillo solitario. Las luces estaban a medio prender.
Y nuevamente su conciencia le pregunto qué hacía allí. Era absurdo pensar que ella le daría una explicación de lo que supuestamente pasaba, primero que nada, porque no era hora, y segundo, porque no tenía obligación alguna.
Y le dolió. Lily no le debía ningún tipo de información con respecto a su vida personal. Con quien volvería a hacer su vida, a quien presentaría a Harry como padrastro, con quien le daría más hermanos. En definitiva el hombre que se la llevaría lejos.
Se detuvo a la mitad del camino, con los ojos puestos en el suelo y con la sensación de estar a punto de descubrir algo importante.
Su vida con ella, con su hijo. Eran cosas a los cuales se había acostumbrado. Las reuniones de padres, las salidas familiares, los caprichos combatidos en conjunto, las charlas cortas pero llenas de sentido entre ambos, las miradas cómplices antes de darle una sorpresa a Harry. Los silencios respetados, incluso las peleas continuas eran parte de su existencia, tenían tal importancia que si no fuese porque la Gravedad lo mantenía con los pies pegados a la tierra, aquello podría ser el peso que lo hiciera.
Por primera vez se daba cuenta que no existiría un Harry sin Lily presente. No eran más su hijo y la mujer con quien lo había tenido. Esa frase, por que fuese repetida en su consciente millones de veces, no cargaba con la misma importancia.
Por que Lily había dejado de ser aquella simple mujer.
Ellos eran su familia. Ambos, él con sus pequeños pasos y un futuro glorioso por delante, y ella…
Tal vez eso era lo que le perturbaba en sobre manera, el saber que el futuro de ella no estaría atado siempre al de él. Lo tenían a Harry ¿y cuando ya no estuviese para unirlos?
¿Y cuando no existiesen más reuniones de padres? ¿O visitas al zoológico? ¿O fiestas de cumpleaños en casa de los abuelos? ¿Cuándo los años pasasen y sea su turno de ser abuelo? ¿Lily en dónde estaría? ¿Con quién? ¿Sonriendo y permitiéndose feliz con que desconocido?
A pesar de tener la sangre hirviendo, tomó su móvil y en discado rápido, pudo escuchar los pitidos dentro del departamento. Pasos, un golpe, una queja por lo bajo que le hizo sonreír.
.- Hola.- Lily estaba más del otro lado que de este.
.- Estoy en la puerta, voy a entrar.- el sonido de las llaves siquiera le dio tiempo para reaccionar, para cuando pudo enfocar bien, James entraba por la puerta con aspecto cansado, pero seguro.
Tardó en poder organizar una oración comprensible.
.- ¿Qué haces aquí a esta hora?- no pasó mucho antes que largara un preocupado- ¿Ocurrió algo?
Él se rascó la cabeza, medio intimidado por el tono.
No es que estuviese enojada con él, por su culpa sí, pero no con él. Recién minutos antes había conseguido conciliar el sueño. La tarde se le hizo eterna con las palabras de Elis rebotándole en la cabeza sin ningún pudor y creyéndose las dueñas de todos sus pensamientos.
Contemplarse de esa manera no ayudaría en mucho si deseaba que la tensión bajara de alguna manera. Lily dio el primer paso poniendo cara de interés, dándole pie para que se explicase en vez de mandarlo a volar por su presencia.
.- Bueno…- le notó osco, la voz salía seca y sin fuerza. Tal vez no era la única que había estado meditando.
.- Tomemos algo de café.- le interrumpió caminado a la cocina, pasó por al lado sin siquiera mirarlo realmente, pero con actitud en todo el cuerpo para que la siguiera.
No se hizo esperar, para cuando llegó y acomodándose en una de las sillas de la modesta cocina, ella estaba colocando la cafetera en el fuego mínimo. No hubo manera de no mirarla realmente, no bajo aquella luz blanca de bajo consumo pero potente, no cuando el brillo de las hebras rojas destilaban calor especial.
¿Por qué no lo había notado antes?
Ella terminó de servir el líquido en tazas medianas.
No le preguntó cuánto quería de azúcar o si prefería edulcorante. Lo conocía lo suficiente como para saber que con una cuchara y media de medida lograba que el café estuviera a su gusto.
Lily llegó a la conclusión, antes de caer en los brazos de Morfeo, que si quería terminar con todo ese calvario, hablar era la solución más lógica. Ella nunca había sido una mujer que escapara a sus problemas y esta ocasión no sería la excepción.
Posó suavemente la taza delante de él, y con la poca gracia que le quedaba a esa hora con el cabello suelto, enmarañado, con las pantuflas de diferentes colores (travesura de Harry escondiendo el izquierdo y derecho de ambos pares) y su piyama gastado, se sostuvo de la mesada, apoyándose levemente.
James por su parte sorbió de su bebida antes de proseguir.
.- ¿Y bien?- preguntó Lily con cautela.
.- Creo que nos debemos una conversación.- no le refutó. Eso era bueno.- Tal vez no sea el horario, pero quería hablar contigo de algo que me tiene un tanto…- no sabía cómo definirlo, preocupado sonaría fuerte, histérico: fulminante. Optó por lo primero que se le cruzó y que no sonaba a teleteatro. – desconcertado.
Lily se movió incomoda.
.- ¿Y qué es?- indagó solemne manteniendo sus ojos cerrados tratando de encontrar fuerzas en el sabor amargo de su café.
.- Sé que hemos quedado que nuestras vidas sentimentales intentaríamos mantenerlas apartadas.- permitiéndose un mínimo descanso, se dio el lujo de observarla. Sus ojos verdes le miraban sin demostrar mucho.- Pero, creo que por mi parte si me gustaría saber acerca de…bueno, con quien podrías llegar a relacionarte.
Le miró algo desconcertada por lo oído, estaba tratando de procesar para encontrarle algún sentido.
.- ¿Te refieres a saber con qué clase de hombres salgo?- el tiempo, ese presente le revolvió las tripas de manera brusca. ¿Entonces era cierto? ¿Lily estaba saliendo con alguien? Porque habría sino de utilizar ese maldito: salgo; en vez de saldría. Ella se aclaró la garganta.- Bueno…- sonrió de soslayo, nerviosa.- No sé qué decir. Siempre has sido tú el que deseaba mantener todo en secreto.
.- Para no escucharte criticarme.- soltó molesto y sin poder parar aquella oración cargada de reproche. El mal humor desaparecido momentos antes, y que había sido suplantado por el nerviosismo, ahora regresaba con fuerza.
Ella no respondió más que con un levantamiento de cejas.
.- ¿Ahora es mi culpa?- desvió la mirada, sin poder responderle.- Ya, ¿A qué se debe el cambio?
Tal vez no era conveniente para su orgullo largar un simple: porque me llegó la información de que sales con alguien y eso me da nauseas, tantas que desearía conocer al individuo en persona para romperle la cara a patadas.
Tras este pensamiento, las pupilas de James se dilataron de tal manera que debió bajar la vista por miedo de asustarla. Apretó la taza entre sus manos dándose cuenta lo que aquello significaba. Estaba celoso, más que eso, enfermo de celos por ese individuo que había o estaba osando acercarse a la pelirroja. A intentar de alguna forma romper su familia, esa que lo mantenía alegre de una u otra manera todos los días de su vida, cómo nunca lo había sido.
En su mente los recuerdos no lejanos de aquel beso encerrado en el olvido, aunque no desplazado por mas esfuerzo que hiciera. La calidez de ella, el roce de sus labios y la danza torpe e inexperta, como si hubiesen sido dos adolescentes besándose por vez primera. La alegría desenfrenada, junto a la caída rápida y abrupta luego del íntimo roce.
Visto en retrospectiva había cometido un error inconcebible, algo que estaba seguro, aunque en su inconsciente, que le traería problemas. La imagen de ella saliendo de la cocina, su respuesta apagada o mejor dicho, nula, aquel silencio lleno de reprimendas.
Su maldito error había sido hacerle creer a ella que el beso no había tenido cabida alguna en su mundo, que no era nada importante y que no debió haber pasado. Cuando en realidad, esas palabras eran manejadas por el mismo consciente, aún no preparado para soportar aquella verdad que le tocaba vivir en ese instante.
.- James- llamó al no ver respuesta.
No lo pensó, el no era un hombre que manejara bien las palabras en esos temas. Se levantó casi con torpeza al tiempo que la miraba fijamente.
.- Por que sí.- intento que fuese suficiente, rogó para que así fuera, pero por lo visto Lily no deseaba o no podía hacerlo simple. Dejó la taza de café sobre la mesada con actitud algo disgustada. Eso había sonado a orden caprichosa y si había algo que le fastidiaba eran los caprichos.
.- Deja de comportarte como un chiquillo, una respuesta así me dan ganas de sacarte a patadas de mi casa.- espetó con actitud casi amenazante, a pesar de que su apariencia antes nombrada no ayudase en nada.
No era lo que esperaba, no lo que su cuerpo gritaba que dijese para poder de alguna manera calmar el clamor ensordecedor de su corazón acompañado de sus instintos revolucionados. Su estado se podía comparar con la de un depredador al acecho, un arma a punto de ser disparada ante el menor movimiento.
Porque el mundo de sentimientos encontrados dentro de sí mismo no eran más que el resultado fatídico de una auto-respuesta impuesta, por que el hecho de que se diera cuenta con una alegría desconocida que amaba a Lily Evans tal vez no era tan fuerte como el ardor al pensar que quizá sería la única mujer que no podría tener.
No sabía porque, pero lo presentía.
Su cuerpo se tensó y no pudo masque avanzar abruptamente, con los ojos clavados en la pelirroja de enfrente.
.- Si no tienes más que decir, vete.- sus labios apenas se movieron, o eso creyó él. Cuando pudo ser dueño por completo de su cuerpo, las tres zancadas que dio lo habían acercado peligrosamente a ella con mas que seguridad destilada por sus poros fueron como un regalo y una maldición al mismo tiempo.
Su mirada se fijaba en su rostro con intensidad en aumento determinando cual sería el siguiente paso en una inconsciencia automática y perfecta. Porque lo único que podía sacar como conclusión era cual bonitas se veían las pecas recorriendo parte de su nariz, o el cabello revuelto pero suave, invitándolo a perder sus manos en él cuanto desease, ni como el cuerpo de ella soltó un perceptible (pero pudoroso jadeo) al sentirlo tan cerca.
El calor que emanaba era intoxícante, irremediablemente adictivo a sus sentidos.
Y una vez más volvió a repetirse que no era bueno orador, que las palabras eran como enemigos punzantes en esas situaciones.
Esto último le dio el impulso de aprovechar el aturdimiento de ella para tomarla de la cintura con energía casi posesiva. Y antes de darse cuenta por completo de la delicadeza de ese cuerpo tan pequeño en comparación con el suyo, sus labios recorrían los de ella con imperiosa necesidad.
Nada de delicadeza, casi sin cariño.
Era la sensación de saciarse de ellos, la misma que tiene aquel que está a punto de morir asfixiado y encuentra la manera de respirar nuevamente, anhelando con desesperante pasión la vida misma.
Ella era su aire.
Continuara
¡Hola a todos! Pues hemos empezado un año nuevo, espero que lo hayan pasado bien, con la familia o sin ella XD. Yo por mi parte he comido muchisimo, asi que ando contenta jejeje.
Este capitulo fue algo extraño, puesto que la ultima parte fue lo que mas facil se me hizo para terminar, pero lo otro me costaba horrores. Por suerte consegui inspiracion y pude terminarlo.
Con respecto a mi nota de arriba, pues si desean mas informacion de las canciones que utilice para el capitulo pasen por mi pagina, que subi las letras. Le rezo a Evanescence para que me siga inspirando.
¬¬ Y para que mi gemela deje de pisar mi musa.
Por otra parte, se esta haciendo un concurso de fanfics en una pagina que conoci gracias a una lectora. La direc la pondre en mi blog puesto que si sigo escribiendo se hara demasiado largo y estare rompiendo reglas.
¡Me voy!
¡Gracias a todos por su apoyo!
Grisel
Chibi Harrys bebes vestidos de leoncitos para: macaen, TinaaH, dragonfly81, LilyMolly, Mandy1890, Fran Ktrin Black, allabouthim, Lamister, katherinblak, bele, .Wonderland, Prongs, NerwenInWonderland, kaori Potter, amy_malfoy, Joslin Weasley, palas, Karix7, Evasis, JinP, Ely, Tabata Weasley, Ludmy, Ceciss, Skuld Dark, kili black, Francis*, grint eliloca, tildita, Ly Malfoy, RociRadcliffe, Biank Radcliffe, eliana152
