Complicaciones y discusiones
—¡No me iré, y es mi última palabra!
—¡Helga!
—No. Esta también es mi casa, y no voy a volver a Westwood solo porque Bob salió de la cárcel. Ni siquiera están seguros de que venga para acá o si todavía está interesado en alguna de nosotras. No lo hemos visto por más de tres años, así que bien, puede que no se interese en vernos ni a Olga ni a mí.
—Tu no lo sabes, y no voy a arriesgarte a…
—No, Miriam. Eres mi madre, pero no pienso seguir escondiéndome de él y de las demás personas, solo por lo que ocurrió en el pasado. Eso no fue mi culpa, así que no le veo el caso a volver con los abuelos… Y lo siento si los ofendo, pero quiero quedarme aquí, abuela. No es justo que, después de todo lo que espere en volver a Hillwood, me regresen. Tú sabes las ganas que tenía que regresar.
La mujer, de rasgos caucásicos y cabellos rubios casi platinados le sonrió. Helga sabía que, de todos, quien más oportunidades tenía que la defendiera era la mujer frente a ella.
Y no se equivocaba. La fémina se le adelantó a su hija y tomó la palabra.
—Miriam. Me parece que la niña tiene razón en no querer abandonar la ciudad. Creo que deberías escucharla.
—Pero, mamá…
—Piénsalo. Aquí conocen gente que puede ayudarla cuando lo necesite, y si se presenta la oportunidad, te recuerdo que Bob fue procesado en este lugar, así que ya tiene un antecedente con la policía, en Hillwood… No creo que sea tan tonto como para atreverse a hacer algo contra ella aquí, y me parece que eso tú no lo habías pensado.
Aun y cuando Miriam reconocía que las palabras de su madre tenían un dejo de razón, no la tranquilizaba el hecho de que tuvieran los antecedentes de Bob en el lugar.
Menos ahora que se veía en la necesidad de viajar, por el trabajo de su marido.
Por supuesto, John no tardó en expresar las mismas dudas que rondaban por su cabeza.
—Lo siento, pero creo que no comparto tu punto de vista, Loise, y estoy seguro de que tu marido estaría de acuerdo conmigo, si no se hubiera tenido que ir a atender su trabajo a Westwood.
—Una pena, pero créeme que no. Es más, me parece que él podría decírselos cuando lo contacten. Él y yo ya hemos hablado de esto y, llegamos a dos conclusiones sobre el tema. Primero, los razonamientos que les di son más validos que los que tienen ustedes, e incluso él habló con uno de los oficiales que detuvo a Bob hace años. El hombre le aseguró que, en estos casos, la probabilidad de que una persona reincidiera a cometer un crimen en la misma ciudad donde lo atraparon, era de menos del 30%.
—Sí, entendemos eso mamá, pero no creo que…
—Segundo, ni Helga ni Olga son unas niñas, Miriam, aunque te empeñes en ver lo contrario. Olga ya va para los 28 años, y Helga está a meses de cumplir los 17. Ambas pueden hacerse responsables de una casa por varios días, y te lo han demostrado; así que no le veo el caso a que quieras regresarlas a Westwood solo porque Bob salió de prisión.
—Mamá, él podría aprovechar que no estamos para…
—No son tontas, querida. Saben lo que tienen que hacer, si lo ven rondando por la ciudad, ¿No es cierto, chicas?
Olga fue la primera en asentir.
La muchacha había estado callada la mayor parte del tiempo, y aunque eso en un principio desesperó en sobre manera a su hermana, cuando la chica de cabellos cortos expuso su opinión, Helga estuvo a nada de tirarse sobre sus brazos para darle un enorme y efusivo abrazo.
—Mamá, la abuela tiene razón, y perdona que te lo diga, pero Helga ya no es una niña que puedan secuestran tan fácilmente. Tú lo has visto, incluso con el "incidente" que tuvo y que la hizo entrar a la correccional de menores —, en ese punto, la vista de la mayoría se posó en un punto lejano a donde se encontraba la rubia de gorra gris —. Ella sabe defenderse, hicieron un buen trabajo en eso, así que no le veo el punto a que quieran regresarla a Westwood. Vamos, si hasta el punto de la abuelita es muy cierto. No creo que alguien más se atreva a acercarse a ella, de nuevo. Ni Bob, ni Nick Vermichelli.
Ante las palabras de su hija, Miriam se mordió el labio con fuerza y volteó a ver a su esposo.
Ya no se veía tan segura de querer seguir hablando sobre el tema, y el también parecía estar mucho más tranquilo con la declaración de Olga, que con lo dicho por su suegra y su hijastra menor.
Por fin, cuando parecía ser que el silencio se extendería de forma indefinida, el hombre asintió y se llevó una mano a la nuca, donde se la paso una y otra vez, al son de sus palabras.
—Supongo que en eso no puedo refutarles nada. Tienen razón de querer quedarse y, si les soy sincero, me parece que lo de la plática entre mi suegro y el policía si me convence un poco. Él no es de las personas que deja las cosas al azar, así que me parece que no es tan mala idea el que se queden en Hillwood, por el momento —, eso último lo digo alargando cada letra, a la par que le dedicaba una veloz mirada a todas y cada una de las chicas.
Olga se limitó a lanzar un suspiro y se cruzó de brazos.
Por los gestos que Helga le vio hacer, estaba casi segura de que no estaba contenta con que todavía no le dieran el visto bueno a sus capacidades como responsable de la casa.
Por supuesto, Helga poco podía hacer hasta que cumpliera los 18 años, así que se limitó a encogerse de hombros y suspiró.
—Bien, ¿Qué te parece a ti, Miriam? Yo puedo decir lo que pienso, pero al fin y al cabo, la que tiene la última palabra eres tú.
La aludida les dedicó una mirada tensa a ambas, antes de hablar.
—Yo solo espero que sepan lo que hacen… Lo que si les digo es que están sobre aviso. Si Bob vuelve a intentar algo contra alguna de ustedes, no me importa que no quieran irse o que puedan zafarse de la agresión, ustedes volverán a Westwood y se quedaran en la casa de sus abuelos hasta que podamos asegurar que no les pasara nada, ¿Entendido?
Aquello fue demasiado para Helga, pero quien expreso su enojó por ella fue su hermana mayor.
Lo que menos esperaba que pasara, ocurrió en el instante en que su madre hizo aquella pregunta.
—No.
—¿Olga?
—Lo siento pero no, mamá. No voy a acceder a algo que nos hará infelices a ella y a mí. Ahora, si ya no nada más de que hablar, les sugiero que todos volvamos a nuestras tareas cotidianas… Yo tengo que preparar mi clase de mañana, así que, con su permiso.
Dejando a todos con la boca abierta, Olga se puso de pie y se fue de la cocina, donde habían estado hablando, con dirección a su habitación.
En cuanto se perdió, la abuela tomó la mano de Helga y le dedicó una breve sonrisa. Parecía ser que, aunque no lo esperaba, ya tenía dos aliadas a su causa.
Uy, parece que nadie me extraño porque no hay un solo mensaje en la historia. Que triste, y yo que traía un montón de nuevos capítulos y... ¿Saben que? No hay problema. Dije que iba a terminar esta historia y eso es justo lo que pienso hacer.
La cosa se está poniendo peliaguda para la rubia, y ni que decir de su "pequeño" pleito con Arnold. ¿Cómo creen que les ira a los dos? ¿Qué pasara con Bob? ¿Volverá para atormentar a su hija? ¿Por fin sabrán que pasó con Helga cuando se encontraba fuera de Hillwood?
Todo eso y más en los capítulos que vienen.
Y antes de que se me olvide, ¡Gracias a mis nuevos lectores! Para que vean que si se cuando alguien agrega a favoritos la historia o la sigue, les mando un saludo a DavidC20OfficialWriter, lizbethluna359 y areespiral.
Ahora si, a la siguiente semana.
