CAPÍTULO 25
ANTES
Derek llevaba horas a solas en su celda, sin poder hacer otra cosa que pensar en Stiles. Hacía un buen rato que Kate se había marchado, después de decirle que tenía que preparar el viaje, y que debía portarse bien.
No tenía muy claro cuánto tiempo podía haber pasado, pero confiaba en que no fuera mucho… Estar a solas con Kate se había convertido en todo un suplicio, y prefería retrasar lo posible un nuevo encuentro.
De pronto la puerta del sótano se abrió, y entró el mismo chico que se llevó a rastras a Stiles hacía al menos cuatro horas. Llevaba una bolsa de plástico en la mano que olía a comida.
El estómago de Derek protestó, siendo consciente en ese momento de que llevaba casi dos días sin comer, aunque sabía que no sería capaz de probar bocado.
El chico, que debía ser de la misma edad que Stiles, se aproximó con cuidado a la puerta de su celda. No recordaba haberle visto antes por las calles de Beacon Hills o en el propio instituto, con lo que supuso que no era de allí… Claro que las pocas veces que Derek se había acercado al instituto, había tenido otras cosas en la mente como para prestar atención a todos los estudiantes.
Era un poco más bajo que él pero tenía buena musculatura, si acaso con un par de kilos de más. Aunque por el modo en que se movía, con la espalda encorvada y arrastrando los pies, apostaba que era de esos chicos que no son realmente conscientes de su propio cuerpo y que se infravaloran.
Le recordaba mucho a alguien….
El muchacho llegó hasta la puerta y levantó el mando a distancia para accionar la apertura.
- Si abro la puerta para darte la comida, ¿prometes estarte quieto y no intentar escapar?
Su voz era muy suave, casi dulce, en contraste con el lugar en que se encontraba. Un lugar en el que estaba claro que el muchacho no se sentía cómodo.
Derek no dijo nada. Siguió mirándole, terminando de catalogarle como un pobre idiota que no tenía ni idea del sitio al que había ido a parar, y sobre todo de la clase de compañía que se había buscado.
- Porque si lo haces Kate acabará cogiéndote. Pero luego se enfadará por haber intentado escapar… Y no quiero que ella se enfade.
El chico habló sin mirar a Derek a los ojos. Y aunque sus palabras podían ser interpretadas como una amenaza, el modo en que las dijo, casi susurrando, respondía más a una petición y un intento para que nadie resultara herido.
Definitivamente, aquel chico no era su enemigo.
- No haré nada – respondió el Beta, que incluso dio un par de pasos atrás y levantó las manos, para terminar de convencer al muchacho - Te lo prometo.
- Bien…
Accionó la puerta y la abrió con movimientos torpes, intentando ser lo más rápido posible.
Derek no se movió un milímetro. Pero contrario a lo que pensaba el muchacho, no lo hizo por cumplir su palabra, sino porque sabía que intentar escapar no serviría de nada… No cuando seguían cerca de Beacon Hills, y cerca de un Stiles al que podía volver a hacer daño.
Si es que seguía vivo…
"No pienses en eso"
El humano tiró la bolsa de comida a la celda y cerró rápidamente la puerta. Había empezado a sudar, y Derek esperó a que su corazón se calmara un poco. Cuando ya iba a salir del sótano, habló a su carcelero por primera vez.
- ¿Cómo te llamas?
El chico se quedó congelado ante la pregunta. Su corazón se aceleró un poco, aunque Derek dudaba de si era por el miedo o la sorpresa.
Tras varios segundos de silencio, finalmente el chico dio media vuelta. Se le veía nervioso, y Derek seguía sin saber exactamente por qué.
- Kevin – dijo muy bajito – Me llamo Kevin.
- Kevin – repitió Derek, mostrando una levísima sonrisa para intentar calmarle – Yo soy Derek. Pero creo que eso ya lo sabías – el chico asintió al tiempo que tragaba con dificultad - ¿Puedo hacerte una pregunta?
Kevin dudó, pero finalmente asintió y se acercó un poco más a la celda.
Derek disimuló su entusiasmo al ver que estaba siendo más fácil de lo que creía. Con un poco de suerte, podría averiguar algo antes de que Kate volviera. Entre otras cosas, saber quién demonios era Kevin y qué hacía allí.
- El chico que te llevaste… Stiles… ¿Dónde le dejaste? – intentó no sonar demasiado exigente - ¿Fue cerca de algún lugar habitado?
- Kate me dijo que lo dejara en la carretera y…
- ¿Pero al menos estaba cerca de Beacon Hills? – el muchacho se mordió el labio, dudando en responder - Kevin… Él estaba muy mal herido… Y si no recibía ayuda pronto…
- Kate no quiere que hable contigo.
El hombre lobo trató de ocultar el disgusto ante su negativa a responder. Aunque en el fondo casi era mejor no saber lo que había ocurrido de verdad: Tanto si había sobrevivido como si no, jamás volvería a verle... Y mejor pasarse el resto de la vida creyendo que Stiles seguía sano y salvo, aunque fuera lejos de él; a saber que murió solo y en mitad de la nada por su culpa.
Por otro lado, no podía desaprovechar la oportunidad de hablar con aquel chico, Kevin. Un chico que cada vez estaba más convencido que era una nueva versión, esta vez humana, del Derek Hale que Kate conoció hace años.
Y no podía permitir que volviera a destrozar la vida de otro muchacho, simplemente porque podía y no tenía nada mejor que hacer para entretenerse.
- ¿Por qué no quiere que hables conmigo? – preguntó entonces, y el chico se movió inquieto.
- No estoy aquí para eso – se mordió el labio – Y no quiero que se enfade si no hago lo que me dice.
El Beta apretó los puños, pero consiguió que la expresión de su cara siguiera igual de relajada.
- Te entiendo… Y pareces un buen chico.
Kevin empezó a asentir, visiblemente más relajado.
- Es lo que Kate me dice siempre – sonrió con tal adoración que Derek tuvo que mirar a otro lado durante unos segundos. Hasta que Kevin volvió a hablar – Estoy seguro de que Stiles estará bien – dijo de pronto – Es tu novio, ¿verdad?
- Más o menos… - esta vez fue Derek el incómodo – ¿Te lo dijo él?
- No hizo falta… Le mirabas del mismo modo en que yo miro a Kate y… - se sonrojó un poco, transformándose en el ejemplo perfecto de la inocencia.
Derek tenía ganas de vomitar ante la idea de que Kate estuviera corrompiendo a otro chico; para luego ponerse a gritar y tratar de meterle en la cabeza a Kevin que ella no era como creía. Pero precisamente él, que vivió lo mismo no hace mucho tiempo, sabía que ese no era el modo de proceder. No si quería salvar a aquel muchacho.
- Es muy guapa, ¿verdad? – preguntó dando un paso hacia la verja, para estar más cerca de él. El chico asintió – Pero estoy seguro de que conocerás a muchas otras chicas.
- Ninguna es como ella.
El Beta se mordió la lengua para no decir lo primero que le pasó por la cabeza.
- Por supuesto. Pero conocerás a más chicas… ¿Alguna amiga de clase, tal vez?
- No… - el muchacho bajó la cabeza y volvió a morderse el labio – No tengo amigos en el instituto.
Por supuesto, pensó Derek.
Kate jamás elegiría a alguien popular o con la moral alta.
- ¿Y qué me dices de tu familia? – siguió el hombre lobo - ¿Ellos conocen a Kate? Tendrás ganas de presentársela.
- No… - murmuró con infinita pena – Ellos… Murieron hace un mes.
- Lo siento mucho, Kevin – esta vez no tuvo que fingir lástima hacia el chico - ¿Fue entonces cuando conociste a Kate?
- Sí – recuperó un poco la sonrisa – Apareció de repente y… - se sonrojó otra vez – Es la mejor.
Derek sintió un repentino mareo a causa de las nauseas. Cada palabra que decía aquel chico, eran las mismas qué él se decía cada noche cuando volvía a casa después de haber pasado toda la tarde con ella. Después de haberse creído todas sus mentiras.
- Kevin ¿Sabes por qué estoy aquí?
Kevin se puso serio de pronto, al tiempo que se estiraba en toda su envergadura. Pero no en un intento de impresionar o imponerse sobre la persona con la que estaba hablando; sino para aparentar tener más confianza de la que estaba sintiendo en esos momentos.
- No.
La mentira llegó clara a los oídos del hombre lobo.
- ¿Te ha dicho lo que va a hacer conmigo? ¿Lo que quiere que yo haga con ella?
- No.
Junto a la mentira que se leía en cada latido de su corazón; en el momento en que agachó la cabeza para ocultar su rostro, captó el olor propio de la humillación.
- Kevin, mírame – luchó porque no fuera una orden – Kevin… Sabes que no está bien lo que quiere, ¿verdad? Que no es justo que me pida eso… Y menos cuando tú estás con ella.
- Yo soy especial – susurró el chico, sin mirar a Derek – Fue lo que ella me dijo. Que no tengo que sentir celos de ti, porque yo siempre seré especial para ella.
Derek sintió que se le encogía el pecho ante tanta vulnerabilidad, y sintió pena de si mismo al comprender que no hacía mucho él estuvo en esa misma situación. Que igual que Kevin, no fue capaz de verlo cuando desde fuera era tan claro que todo eran las mentiras de una manipuladora…
- Kevin… Te está mintiendo.
Kevin alzó la vista de pronto y la inseguridad, vergüenza y miedo que había visto en él hasta ahora; habían desaparecido por completo.
Ahora sólo había rabia.
- ¡No!
- Kevin… – no alzó la voz. Seguía sin captar el corazón de Kate fuera de aquella sala, con lo que todavía no debía haber vuelto; pero no podía arriesgarse a llamar la atención, empezando una discusión – Tienes que creerme. Sé que no me conoces, pero yo estuve en tu misma situación hace años y…
- No.
- Ella también me dijo que era especial… - Kevin abrió los ojos antes aquella revelación, y Derek aprovechó para seguir - Lo hizo cuando me dio una sorpresa y fue a esperarme después de clase. Entonces yo me sentí en una nube y creía que ella me quería pero…
- Ella me quiere.
- Ella te está utilizando – dijo un poco más alto, más agresivo – Sabe que no tienes a nadie y que tú sí la quieres… Pero en cuanto tenga de ti lo que quiere, se olvidará de ti… Créeme, lo hará. Conmigo hizo lo mismo.
- Ahora estás aquí. ¿Cómo puedes pensar que se ha olvidado de ti? – dijo con una mezcla de lástima y odio – No sabes lo que daría porque ella quisiera que yo fuera el padre de sus hijos.
Derek apretó los labios y puños, cerrando los ojos unos segundos. Ya era duro ver a un chico espejo de sí mismo sin saber si podría ayudarle; como para que encima él le recordara algo en lo que no podía ni quería pensar.
- No sabes lo que estás diciendo.
- Sé que la quiero – susurró - Y que ella me quiere a mí.
- Es mentira – esta vez lo dijo con rabia – Hace casi diez años ella me dijo lo mismo. ¿Y sabes lo que hizo después? Mató a toda mi familia. La quemó viva en su propia casa, y yo no pude hacer otra cosa que mirar…
- Ella no lo hizo – negó antes siquiera de dejarle terminar de hablar – Es imposible.
- Kevin…
La impotencia de ver que, daba igual lo que dijera, no conseguiría hacerle entrar en razón; estaba logrando que Derek perdiera la poca paciencia que había reunido. Pero tampoco podía culparle. Y estaba claro que a base de gritos y llamarle idiota no iba a conseguir nada.
Pensó en lo que Stiles haría en una situación como aquella, más acostumbrado a razonar, y de pronto se le ocurrió un cambio de estrategia.
- ¿Por qué no lo compruebas? – preguntó – No me conoces y es normal que no me creas. Pero si vas a la comisaría de Beacon Hills y hablas con el Sheriff, él te dirá lo que ocurrió.
- ¿El Sheriff Stilinski?
- ¿Le conoces?
- Él vino a verme cuando mis padres tuvieron el accidente… Es una buena persona.
- ¡Exacto! – vio renacer la esperanza - Él es el mejor… Y jamás te mentiría, ¿verdad?
- No…
- Ve a hablar con él. Pregúntale qué ocurrió exactamente con el incendio de la casa Hale.
- Yo… - miró a la puerta de metal por la que había entrado hacía un buen rato - No puedo…
- No me iré a ningún sitio – le aseguró – No es que pueda hacerlo. Y aunque pudiera, te doy mi palabra de que no lo haré – mostró una sonrisa falsa pero que el chico se creyó – Yo tampoco quiero que Kate se enfade.
- Llegas tarde para eso, cielo.
La voz de Kate llegó a través de las paredes de hormigón, y un segundo después abrió la puerta de golpe.
Derek sintió que se le erizaban los pelos de la nuca y dio un paso atrás de manera instintiva.
¿Cómo demonios no la había oído llegar?
- Kate.
- ¡Qué demonios estás haciendo! – se dirigió al chico cuando llegó a su lado en un par de zancadas, y él tembló de pies a cabeza - ¡Te dije que no hablaras con él!
- Quería… Él quería saber cómo estaba su novio y…
- ¡Su novio! – se transformó en un segundo, y Derek estaba convencido de que lo hizo sin darse cuenta a causa de la rabia - ¡Así es como llamas a ese niñato paliducho y llorón!
- Kate – Derek trató de llamar la atención de la mujer y distraerle del chico. No era la primera vez que la veía enfadada (aunque no tanto como ahora), y sabía que sería capaz de cualquier locura en ese estado… Más locuras que las que ya había hecho – Sólo quería saber donde estaba Stiles. Sólo eso.
Pero Kate seguía demasiado ocupada con el humano, como para prestar atención a lo que dijera su prisionero.
- Te di órdenes expresas para que sólo le entregaras la comida. ¿No es así? – el chico asintió, temblando - ¿Y sabes lo que pasa cuando no me haces caso? – el chico se mordió el labio y bajó la mirada al suelo. Pero ella le agarró de la barbilla con sus garras, causándole varios cortes, y le obligó a mirarla a sus ojos color esmeralda - ¡Dilo!
- Que… Que… te en… enfadas – tartamudeó.
- Entonces, si sabes lo que pasa, ¡por qué demonios siempre me llevas la contraria!
- Kate… - al otro lado de la verja Derek contemplaba la escena con horror, desesperado por salir de allí y ponerse entre medias de la mujer jaguar y el muchacho. Entre medias de la bestia y el inocente – Ha sido culpa mía. Si quieres enfadarte con alguien, hazlo conmigo.
El comentario de Derek esta vez sí consiguió su objetivo, y por fin Kate le prestó atención… Aunque no soltó la barbilla del muchacho.
- ¿Contigo? – preguntó con curiosidad, los ojos entrecerrados – De qué me sirve castigar a un hombre lobo que se curará casi en el acto… No tendría mucho sentido.
- Pero así sabré de lo que eres capaz – dijo sin pensar, aun sabiendo que se estaba arriesgando… Pero lo que fuera por sacar a aquel pobre infeliz del punto de mira de Kate – Desde que he llegado no has hecho más que presumir de lo fuerte que eres. Que nadie puede contigo – mostró un sonrisa de prepotencia que sabía acabaría sacándola de sus casillas - Si realmente es así, no tendrás muchos problemas para hacerme morder el polvo.
- ¿En serio quieres jugar ahora a ver quién es el más fuerte?
- ¿Por qué no? – preguntó, irónico, al tiempo que sacaba los colmillos y sus ojos brillaban - Sabes que en cuanto tenga una oportunidad te atacaré… Aunque acabe en el mismo sitio y no pueda volver a Beacon Hills, te atacaré sólo para tener la satisfacción de clavar mis garras en tu cara… ¿Por qué esperar?
Kate miró de arriba abajo al hombre lobo, ya completamente transformado, y sonrió con cierta satisfacción.
- Tú lo has querido, cielo – pero antes de entrar en la celda, hizo una última advertencia al humano – Tú quédate quietecito. Aún no he acabado contigo.
Kevin asintió, todavía temblando, y se hizo a un lado para que Kate pudiera entrar cómodamente en la celda.
El temor que sintió Derek cuando Kate entró en su celda, no duró mucho. No porque creyera que tenía posibilidades de vencerla; sino porque era todo un alivio saber que por fin tendría una pelea justa con ella…
Las otras veces que se enfrentó a ella, cuando tan sólo era una psicópata pero humana, Kate utilizó todos sus trucos de cazador para hacerle morder el polvo sin apenas esfuerzo. Ya fuera por medio de porras eléctricas o utilizando a su propia sobrina para que le usara como diana, Kate nunca le dio la oportunidad de enfrentarse a ella con las manos desnudas, y poder así dar rienda suelta a todo el odio que sentía desde hacía años.
Ahora iba a ser distinto.
Sabía que seguía estando en desventaja porque el hombre lobo, a diferencia del jaguar, sólo era superior cuando actuaba en grupo. Y estando él solo y después de saber que su vida a partir de ahora sería un infierno, sabía que no era más que un Omega. Kate, por el contrario, llevaba más de un año no haciendo otra cosa que dejarse llevar por su instinto animal, lo que la hacía especialmente peligrosa.
Pero eso no le preocupaba a Derek ahora.
No cuando, por fin, podría tener la satisfacción de darle unos cuantos golpes por su cuenta.
No la dio tiempo a que terminara de entrar.
Si Kate esperaba a que diera una señal para iniciar el combate, enseguida se dio cuenta de que ese no iba a ser su juego. Porque apenas dio un paso dentro de la celda, recibió un arañazo brutal a la altura del estómago, seguido de un puñetazo en la cara que la hizo estrellarse contra uno de los extremos de la celda.
Las chispas azules saltaron por los aires, cuando su cuerpo entró en contacto con la verja electrificada, y Derek sintió la satisfacción de ver a su enemigo morder el polvo y acabar con sangre manchando su cara y cuerpo.
Por desgracia, no pudo sonreír muchas más veces.
Kate tampoco lo hizo.
No estaba acostumbrada a que la pillaran por sorpresa (era una jaguar al fin y al cabo, y uno de los seres más rápidos del planeta), y menos que lo hiciera alguien del que se vanagloriaba que conocía mejor que él mismo.
Jamás había esperado que Derek, aquel cachorrito al que conoció hacía años y al que volvió a encontrar cuando buscaba al Alpha (y que en ningún momento dio la sensación de seguir siendo otra cosa que un crío asustado); ahora la hubiera atacado con esa violencia. Con ese deseo de sangre.
Al final iba a ser verdad lo que decía ese crío, y que en el tiempo en que ella estuvo fuera, Derek por fin se convirtió en el Alpha que se suponía que debía ser.
Kate escupió en el suelo los restos de sangre que se le habían quedado en la boca, y miró con rabia al que tenía la firme intención de convertir en "el Alpha" de su propia manada.
Pero una cosa era ser el Alpha, y otra muy distinta que creyera que tenía algo que opinar en toda esta historia, o incluso en su propia vida… Eso sólo lo podía decidir ella.
Y tenía la firme intención de dejárselo claro.
Aunque fuera destrozando ese cuerpo que tan bien había crecido desde la última vez que lo vio desnudo.
Derek esperó a que se aproximara, sabiendo que esta vez no conseguiría cogerla por sorpresa.
Sin apartar un segundo la mirada de sus ojos, estudiando cada uno las intenciones del otro, dieron casi un círculo completo dentro de la celda, tan solo observando los movimientos de su enemigo.
Kate, cansada de esperar, se precipitó sobre él al tiempo que lanzaba un rugido. Derek respondió al rugido con otro de su cosecha, y consiguió frenar el ataque de una de sus garras con un brazo, aprovechando para dar un barrido con su pierna izquierda, y que consiguió que ella acabara en el suelo, boca arriba.
Pero lejos de estar en desventaja, Kate simplemente esperó a que Derek lanzara otro ataque, convencido de que ella estaba a su merced… Y cuando ya tenía el brazo levantado, dispuesto a dejarlo caer sobre el pecho de ella en un brutal arañazo, Kate no tuvo más que moverse más rápido que él, y levantar sus propias garras justo en el momento en que Derek estaba dejando caer todo su peso sobre ella.
Las garras se clavaron con facilidad en el centro del pecho del hombre lobo, y Derek soltó un quejido de dolor, quedándose momentáneamente sin respiración.
Kate no le dio tiempo a reaccionar.
Giró con violencia la garra, causando el mayor daño posible, y uso entonces ambas piernas para, usándolas como una catapulta, lanzarlo lejos de ella.
Esta vez fue el Beta quien provocó una lluvia de chispas azules. Pero cuando aún no había terminado de caer al suelo, luchando por recuperarse, Kate ya estaba allí.
Le agarró del pelo a la altura de la nuca, tirando de él con saña, y le empotró contra la verja para que recibiera una nueva corriente de electricidad. Y aunque sabía que de ese modo ella también notaría la electricidad, al estar en contacto con el cuerpo de Derek, lo prefería si sabía que él estaba sufriendo el mismo daño.
Dejó que la corriente recorriera el cuerpo aún sin curar del hombre lobo durante casi diez segundos, tras lo que dejó que Derek cayera por su propio peso. Y de nuevo, antes de que hubiera terminado de chocar contra el suelo de granito, clavó sus garras, esta vez en el centro de su espalda, a la altura de los hombros.
Derek aulló de dolor, tratando de liberarse, y entonces sintió cuatro colmillos clavándose en su hombro.
El dolor fue uno de los más intensos que había sentido en toda su vida.
Los colmillos, los más afilados y duros que había visto jamás y que en nada se parecían a la mordedura que podía causar un hombre lobo (ni siquiera un Alpha), rompieron en un segundo la carne y el hueso de su clavícula.
Aun así, sabía que era afortunado, porque Kate no clavó sus dos pares de colmillos hasta el fondo.
Si lo hubiera hecho, podría haberle arrancado el brazo de cuajo.
Esta vez ni siquiera intentó alejarse de ella o, más inútil aún, atacarla aprovechando que la tenía justo encima.
Todo eso era demasiado complicado, cuando todos sus esfuerzos iban dirigidos a no desmayarse del dolor.
Kate, sabiendo que la pelea ya había acabado, se lo tomó con calma.
Sacó muy lentamente las garras y colmillos del cuerpo de Derek, recreándose con la visión de la sangre cayendo a mares, y le agarró de nuevo del pelo, obligándole a ponerse de rodillas.
- ¿Eso es todo lo que sabes hacer? – susurró en su oído, satisfecha cuando él sólo respondió con varios quejidos de dolor, unidos a una respiración fatigosa.
Sabía que una de sus garras había perforado el pulmón. Y aunque en cuestión de minutos estaría como nuevo, se alegraba de lo mucho que le tenía que estar doliendo ahora mismo.
Derek no respondió.
Cerró los ojos, tratando de concentrarse para que el proceso de curación empezara lo antes posible, pero todo fue inútil cuando ella recorrió todo su pecho con una garra, dejando marcas sobre las que aún no habían terminado de curarse.
El rugido que soltó fue una mezcla de dolor y rabia.
Más rabia que dolor, al haber sido vencido de un modo tan rápido y absurdo. Y cuando ella le soltó y cayó como un peso muerto, viendo estrellas cuando el hueso roto chocó contra el suelo, el rugido se convirtió en otro quejido de dolor.
Oyó las pisadas de Kate alejándose de él, con la vista demasiado borrosa como para ver nada.
- Espero que te sirva de lección – ronroneó la mujer jaguar, saliendo de la celda.
Pero en vez de cerrarla, sabiendo que ahora mismo Derek estaba a punto de perder el conocimiento y no podía siquiera moverse, la dejó abierta de par en par.
Se acercó entonces al humano, todavía conmocionado por la paliza tan brutal que acababa de presenciar… Sabía que ella era peligrosa, pero jamás había imaginado cuánto, y mucho menos que pudiera ser tan sanguinaria.
- En cuanto a ti, corazón, creo que también te mereces un castigo.
- Kate… - fue Derek quien gimió su nombre, todavía tumbado en la celda y apenas consciente, pero más que seguro de lo que iba a pasar – Él ya no te sirve de nada.
- Tienes toda la razón – respondió mirándole por encima del hombro, para luego centrarse en su nueva víctima – Es hora de hacer un poco de limpieza.
Sin dar tiempo a que el muchacho pudiera decir nada, aunque, por la palidez de su rostro, dudaba que fuera a hacerlo; Kate clavó una garra en el mismo sitio en que acaba de hacerlo con Derek, casi entre los dos hombros. Aunque en el caso del humano, los daños fueron mucho peores.
El grito de Derek se mezcló con el de dolor de Kevin, quien cayó de rodillas y con la garra de la mujer aún bien enterrada en su cuerpo.
Desde el suelo Kevin trató de pedir perdón una vez más, pero ella no le dio tregua: Aprovechando la ventaja de su posición, se inclinó sobre la cabeza del chico y, en un movimiento tan rápido que casi no se vio, clavó los colmillos en el cráneo del muchacho.
Los estertores duraron unos segundos, si bien Kevin ya estaba muerto mucho antes de que Kate sacara los colmillos, tras haberle atravesado el cerebro.
El cuerpo sin vida del adolescente cayó al suelo cuando Kate desclavó sus garras, y Derek tuvo un buen primer plano de su rostro cuando ella se dio media vuelta.
La sonrisa de la mujer jaguar, con los colmillos llenos de sangre, revolvió el estómago del hombre lobo, al tiempo que lloraba de impotencia por lo que acababa de presenciar.
Si al final no vomitó, sólo fue porque ese fue el momento exacto en que su cuerpo dijo basta.
Lo último que oyó antes de perder el conocimiento, fue la risa de Kate Argent.
